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lunes, 13 de junio de 2016

POR EL MAR CORREN LAS LIEBRES...



"Ahora que vamos despacio, vamos a contar mentiras" dice una vieja canción infantil. No sé si vamos despacio o vamos deprisa. Lo cierto es que estamos en campaña electoral y nunca como en campaña se ofende más y más evidentemente a la verdad. No hay más que ver o escuchar los debates que en estas fechas enfrentan a los representantes de los distintos partidos en radios y televisiones, Y es que no pueden ser verdad una cosa y la contraria y, en ellos, se dicen continuamente y sin rubor una cosa y la contraria.
Eso, por un lado. Por otro, ese refugiarse en el arcano, en el misterio de las cuantas de Bruselas, aún más difíciles de explicar que el de la santísima trinidad, al que el ministro De Guindos recurrió ayer mismo en el debate sobre economía ofrecido ayer en la Sexta, para no verse obligado a explicar cómo va a eludir España la multa que le corresponde por incumplir el control del déficit a que él mismo se comprometió. No lo explicó, pero lo dijo. Lo dijo el ministro del gobierno -gobierno, no país- al que "apadrina" la neoliberal Bruselas, dejando para después de las elecciones la sanción que pondría en evidencia, una vez más, la política económica de un gobierno obediente que acata sin apenas rechistar las órdenes alocadas e injustas que han hundido a gran parte de la otrora floreciente clase media de este país,
Mienten en eso, especialmente el partido del gobierno, como mienten cuando dicen que recortan y recortarán los impuestos equitativamente y lo hacen después de haber subido el IVA de tantas cosas esenciales para pobres y ricos, mientras reducen el IRPF, también "equitativamente", a unos pocos ricos muy ricos y a millones de pobres o casi pobres, dejando claro que, en la conciencia y en la boca de De Guindos, son lo mismo las decenas de miles de euros que se rebajan a uno pocos privilegiados y los apenas cincuenta que dejarán de pagar, si es que dejan de pagarlos, los millones de trabajadores sometidos a una nómina.
Dudo que, en tanto debate, con tanta "verdad" confrontada, los votantes puedan llegar a conclusiones más o menos claras. Más bien al contrario, creo que estos señores apenas convencerán a unos pocos, porque hablan sólo para sus respectivos convencidos y, difícilmente, creen en sus propias mentiras. Por eso, lo que deberíamos exigir de cada uno de los espectadores u oyentes es que, como los seres inteligentes que se suponen que son, comparen lo que les prometen o dicen que van a hacer o han hecho con su voto con su propio día adía, con su propia realidad.
Se lo pediría especialmente a los pensionistas, a los que descaradamente se les dice que en estos cuatro últimos años se les ha subido por ley su pensión, pero no se les dice que sólo un 0.25 %, cuando, desde que gobierna el PP, se les cobran las medicinas, no ha dejado de subírseles la luz y el gas, se les recortan, cuando no se les niegan, las ayudas a la dependencia y, por si fuera poco, tienen que hacerse cargo de las comidas y meriendas de los nietos y, muchas veces, también, años después de crear su propio hogar, de los hijos.
Nos van a contar muchas mentiras, bienintencionadas o aviesas. Nos van a pintar el paraíso si ellos gobiernan y el infierno, si lo hacen los otros. Tomar una decisión escuchándoles va a ser más que difícil.  Por eso os recomiendo un ejercicio. Elaborar un cuadro de honor de cada uno de los partidos, real o imaginario, en el que coloquéis la foto de sus personajes más destacados, y, bajo cada foto, lo que dijeron que iban a hacer en anteriores campañas y lo que finalmente han hecho, Repasar antes de dormirse estos "cuadros de honor", ayudará sin duda a definir el voto. Eso, y olvidarse de promesas que no exijan sacrificio, ni, mucho menos, las que dejan de lado lo que dice la Constitución respecto a trabajo, vivienda, educación y sanidad. Lo demás son liebres corriendo por el mar y sardinas por el monte.

martes, 1 de octubre de 2013

EL CAMINO INVERSO

 
 


Yo fui uno de esos niños que jugaba en medio de los estercoleros y que fabricaba espadas de madera con un par de tablillas de un cajón de fruta y una cuerda o un clavo. Fui un niño de esos que sentados en el escalón del portal de casa se pasaba horas contando -y exagerando- las películas vistas o las profesiones de sus tíos, hasta que alguien dejaba callado al resto, no porque fuera médico o ingeniero, sino policía y, a veces, "de la guardia de Franco". Fui de esos niños que estudió en un colegio de barrio, con aulas abarrotadas en las que, en invierno, se encendían una o dos estufas de butano, con lo que se hacía difícil no adormilarse con esa mezcla de tedio y aire viciado. Fui un niño que conoció el metro con bombillas, los autobuses con suelo de madera y las escupideras en los ambulatorios, un niño que, en verano, campaba libre en el pueblo con los abuelos y que era feliz jugando al tejo con otros niños en la plaza. Fui un niño que conoció los "teleclubs" de Fraga, un niños que heredaba ropa y algún que otro libro del primo o el hermano mayor. Fui un niño que iba de excursión o a comer al campo, a tomar el sol, con sus padres y hermanos en un modesto "seiscientos" sobrecargado.

Fui un niño que pudo ver como todo aquello quedaba atrás, como el metro que acabó llegando a su barrio, ya sin bombillas, después de largos meses en que la calle principal, la que, para los más viejos, seguía siendo "la carretera". Un niño que conoció los huertos junto al Puente de Toledo y el río Manzanares recién canalizado, niño que  jugaba a sus orilla, cuando sobre el trazado, desnudo de cemento y asfalto, de lo que sería la M-30 y entonces era apenas un proyecto de nombre tan oficial y rimbombante como Avenida de la Paz, se jugaba al fútbol y se rodaban películas de acción. Fui un niño que vio crecer el Estadio del Manzanares, desde los descampados, hoy parques y parkings que rodean los cementerios, junto a cuyas tapias jugaban los niños de día y practicaban el amor furtivo, o lo que fuese, las parejas de noche. Fui un niño que conoció los bocadillos de pan y mantequilla, a veces con una onza de chocolate, un niño que estrenó el tulipán, un niño de una familia que, para festejar los domingos, comía pollo asado en casa, primero, y luego traído de la calle. Fui un niño que, cuando las cosas empezaron a ir mejor, iba con su familia a comer "con los tíos" a un restaurante económico y agobiante llamado redundantemente "El Bulevar", la calle en donde estaba, Alberto Aguilera, lo fue un día, para luego ir a un cine de estreno o, si el tiempo acompañaba, a comer un helado en el Rosales.

Fui, en fin, un niño que, como su país, fue a mejor, porque pudo asistir al regreso, en principio sólo de vacaciones, a los emigrantes y los exiliados, con sus coches y sus potentes radios, para no perderse las emisiones de "La Pirenaica". Un niño que pudo ir a la universidad, como sus tres hermanos, que hizo su carrera, se casó, encontró trabajo, tuvo una hija, una moto de segunda mano, luego otra a estrenar y después un coche. Un niño grande que, cuando encontró trabajo, dio rienda suelta a su pasión por la música y los libros. Un niño al que todo le fue a mejor durante muchos años y que estaba, y sigue estándolo, orgulloso de que su hija, en lugar de un título como su padre o su madre tuviese dos. Un niño hombre que creyó que su hija, mucho más brillante y preparada que él, iba a tener una vida mucho más cómoda y feliz que la suya. Y menos mal que su hija al menos es feliz, porque, si no, no sabe en qué se convertiría su rabia, ahora que ve cómo el mundo, el país, que le ha tocado vivir está haciendo el camino inverso al que hizo el suyo. Un país al que ayer, de golpe y porrazo, los presupuestos han devuelto a 1988, cuando, si no éramos ricos, manteníamos la ilusión de serlo y de ser felices. Un país en el que la frontera entre encontrar o no trabajo está en euro o los euros con que comprar el billete de autobús para acudir a la correspondiente entrevista. Un país en el que, como relataba ayer Concha Caballero en EL PAÍS, el futuro de muchos de nuestros jóvenes, "sobradamente preparados" depende de tener o no tener el dinero para el puto autobús que les lleve a la Universidad y, lo que es peor, el ministro del ramo, su querida secretaria de Estado de Educación no se lo dan, quizá porque esta última tiene declarado un patrimonio que se acerca a los quince millones de euros.

No sé si un gobierno de pobres nos mantendría en la senda del futuro. Lo que sé es que este gobierno de ricos y tramposos que pretende hacernos creer que  estos presupuestos de regresión lo son de recuperación, nos está obligando a hacer el camino inverso. Y habrá que hacer algo, porque todavía estamos a tiempo de eviar que nuestros hijos tengan que vivir lo que nosotros tuvimos que vivir.




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martes, 14 de mayo de 2013

COMO UN BARCO EN MANOS DE UN BORRACHO

Desde que, ya va para cinco años, la economía española comenzó a hacer agua, quienes estamos a bordo, o al menos yo, tenemos la sensación de que quien maneja el timón, arriba en en el puente es un capitán que, o está ciego y sordo, o está borracho. Cómo explicar, si no, todas las maniobras equivocadas que se vienen ordenando, mientras la nave, inexorablemente, se dirige hacia el desastre.
Cuando estalló la burbuja inmobiliaria y la nave comenzó a escorarse, los grandes constructores, los que viajan en primera clase, ayudados por la banca, corrieron a poner sus enseres -todos o casi todos en negro- a salvo en botes salvavidas que partieron a idílicas playas de paraísos fiscales, usando para moverse el combustible que tan necesario le era a la nave con problemas. El resto, lo que les pareció demasiado pesado o poco rentable, lo dejaron a bordo.
Mientras tanto el capitán ciego o borracho comenzó a desmantelar la misma nave, siguiendo las órdenes del armador que, sentado en su cómodo sillón en tierra firme, hace las cuentas de lo que costará salvar la nave y lo que podría sacar de ella como chatarra. Por eso el capitán comenzó a tirar por la borda elementos fundamentales del banco t a mandar marineros a la bodega del paro, cuando en éstas ya se apretaban los que trabajaban al servicio de los privilegiados pasajeros de primera clase y que no quisieron llevarse consigo.
Obsesionado por la sobrecarga, el armador siguió con lo suyo, ordenando arrojar más peso por la borda. Y el capitán, confundido y borracho de poder, decidió también deshacerse de la comida que regaló a los oficiales para que también se pusiesen a flote, alegando que su supervivencia era vital para todos. Y, claro, comenzó a usar la violencia para contener a quienes, algunos desde la primera señal de alarma, habían sido arrojados al fondo de las bodegas. Únicamente los más fuertes y mejor preparados para nadar se atrevieron a saltar por la borda de la frontera para ponerse a salvo por sus medios en un gesto que, desde el puente, se consideró fruto de su espíritu aventurero.
Mientras, el resto, con las máquinas paradas, sin apenas nada para llevarse a la boca, desalojados de sus modestos camarotes, esperamos en alta mar el milagro de la llegada de una ayuda que no sea interesada o quién sabe si de un motín que ponga fin a tanto desatino.
 
 
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viernes, 12 de octubre de 2012

FILÓLOGOS Y PRESTIDIGITADORES


 
 

Recuerdo con una media sonrisa la sorpresa que me produjo, en los primeros años de mi trabajo como periodista, conocer la formación académica de los consejeros del primer gobierno vasco que presidió Carlos Garaikoetxea. Y, si lo recuerdo sonriendo, es porque en ese gobierno abundaban los teólogos, supongo que principalmente debido a la idiosincrasia de las gentes de Euskadi y al peso que entonces tenía en la sociedad vasca la Universidad de Deusto.

No sé qué utilidad tuvo para Garaikoetxea y Euskadi la abundancia de teólogos en aquel gobierno. Lo que sí tengo claro es lo conveniente que sería para Mariano Rajoy tener un gabinete lleno de filólogos y prestidigitadores, porque, si algo ha quedado claro en estos primeros diez meses de gobierno es que el principal cometido de los ministros de Rajoy, ese al que han dedicado sus mayores esfuerzos, ha sido el de la búsqueda, incluso a la invención, de palabras que envolviesen en complejos tecnicismos el verdadero significado de lo que ocultan.

¿De cuántas maneras distintas han nombrado lo que todo el mundo conoce por rescate? ¿De cuántas la inflación? ¿Cuántas veces han recorrido de punta a punta el escenario de la crisis, colocándose hoy con Angela Merkel, mañana frente a ella, pero siempre sembrando la incertidumbre que, como todo el mundo sabe, son la sal y la pimienta que estimulan el apetito de los especuladores? ¿Cuántas malas noticias nos han escamoteado delante de los ojos y cuántos pañuelos de seda sin nada detrás se han sacado de la manga para engatusarnos?

La última gran estafa que prepara este gobierno de trileros va tomando forma poco a poco. Todo el mundo sabe que Rajoy utilizó la congelación de las pensiones decidida hace un año por Zapatero como su principal ariete contra Rubalcaba en la campaña electoral. Y todo el mundo sabe que le dio resultado, porque, si hay un colectivo asustadizo y con razón, porque nada puede hacer ya para defender su economía, ese es el de los pensionistas. Le dio resultado, pero, también, se convirtió en una hipoteca cuyo primer plazo vence de aquí a un mes, justo en el momento en el que tenga que decidir si revaloriza las pensiones con arreglo a la subida del IPC, las congela como hizo Zapatero o se saca de la manga algún pañuelo o alguna paloma con la que distraer a quienes conforman uno de los colectivos más sensibles a la hora de votar.

No sé si por torpeza o lanzando un estratégico globo sonda, lo cierto es que, ayer, el secretario de Estado de Economía, Fernando Jiménez Latorre, presentó en sociedad el último truco del imaginativo ex responsable de la polémica Goldman Sachs en Europa, el hoy ministro de Economía Luis de Guindos. Un truco que no es otro que inventarse un nuevo Índice de Precios al Consumo, fosilizado y congelado en el tiempo, descaradamente te ficticio que trataría de ocultar inútilmente la repercusión de la subida del IVA -otra promesa incumplida de Rajoy- en el precio de la cesta de la compra de los españoles, sean catalanes o no, pensionistas, parados, trabajadores con empleo o rentistas.

Está claro que al gobierno le sobran los economistas, los especialistas en derecho o los sociólogos. Le basta con unos cuantos filólogos que encuentren oscuros sinónimos para nombrar los desastres que provocan y unos cuantos prestidigitadores que, cuando menos se espera, saquen un conejo de la chistera.

Eso es lo que necesita el Gobierno. No este país, ni, mucho menos, sus pensionistas a quienes les quieren "tangar" un dos por ciento de la revalorización de sus pensiones con este "IPC a impuestos constantes" que nos quieren colocar. No creo que la sociedad española pueda aguantar mucho más y me acuerdo de lo que le decía a un amigo geriatra uno de sus pacientes que, por cierto, había vivido mucho en el extranjero: "Los españoles tienen mucho aguante. Tardan mucho en cabrearse, pero, cuando se cabrean, se cabrean mucho". En esas estamos.

 
 

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miércoles, 16 de mayo de 2012

UN CÍRCULO INFERNAL


Confieso que, de Economía, no tengo ni idea y que, de los oscuros mecanismos que mueven ese siniestro mundo, aún menos. Sí sé, porque la amarga experiencia me lo ha enseñado, que todo lo que acontece en él, antes o después, acabará por afectarme.
Aún recuerdo lo fácil que resultaba todo cuando todos estábamos abajo y contra el dictador y sus poderes fácticos -la iglesia, la banca y la oligarquía- eran fáciles de identificar y sólo eran esos. Hoy no sabemos muy bien si sólo son esos y tampoco sabemos si formamos parte de ellos, porque tener nuestros ahorros en los bancos, incluso tenerlos, o manejar el mando a distancia de la tele nos convierte en víctimas hasta cierto punto responsables de su poder.
Hoy todo resulta más complejo y mucho más terrible. Hoy, que podemos elegir a quien nos gobierne, se corrige nuestro voto una y otra vez hasta que el resultado sea el que conviene a quienes nos han llevado hasta donde estamos. No hay más que ver los mensajes de presión que, desde Berlín o Bruselas, se están enviando a Grecia para que, en las próximas elecciones, corrijan su castigo a quienes han pilotado el desmantelamiento de su Estado de Bienestar y vuelvan al impopular gobierno de los recortes y la miseria.
Menos mal que Francia, otra vez Francia y por las razones que sean, ha dejado cojo el tándem que, con Sarkozy en el Eliseo, ha impuesto en Europa el conservadurismo más rancio e injusto que hoy paraliza Europa. Y es que la sola elección de François Hollande ha bastado para traer un rayo de esperanza al doliente sur del continente de la ya casi olvidada prosperidad.
Llevamos ya demasiado tiempo amaneciendo cada día un poco más pobres, un poco más débiles y un poco más deprimidos. Y lo peor es que nada hemos hecho para estar así y nada podemos hacer para evitarlo. Al menos, nada con los instrumentos, llamémosles convencionales, como el voto, que tenemos a nuestro alcance.
Cada vez tengo más claro que los banqueros, los poderes económicos, con el concurso de los medios de comunicación que, directa o indirectamente, abierta o taimadamente, controlan, nos han traído, o nos han empujado a traer, a estos políticos incapaces en el mejor de los casos de evitar el desastre. Digo en el mejor de los casos, porque empiezo a creer que tanta torpeza no es inocente, empiezo a pensar que algunas declaraciones de algunos ministros son como campanadas que advierten a quienes rapiñan en los mercados del momento oportuno para echar sus redes y sacarlas llenas.
Los banqueros hacen todo lo posible para que nuestros gobernantes sean de determinada manera y esos políticos hacen lo imposible para tapar las vergüenzas de los banqueros, llevándonos a esta situación terrible y absurda en que nos encontramos.
No sé cuál será la solución. Históricamente, de estas crisis se salía con una guerra, a ser posible mundial. Se borraba de un plumazo una parte importante de la población, los jóvenes, y se arrasaba todo para reconstruirlo todo, mientras los supervivientes, satisfechos con haber quedado vivos, tragaban y tragaban con la miseria que trae toda posguerra.
Al parecer, ahora no cabe tal final, aunque el hombre parece especialmente capacitado para repetir sus errores y nada es descartable, porque el hombre, capaz de tanta grandeza, es capaz también de convertirse en un estúpido que corre ciego detrás de cualquier bandera.
Hoy, las calles de cualquier ciudad europea son prácticamente iguales. Los mismos comercios, las mismas ropas, la misma diversidad de colores en la piel, los mismos miedos, las mismas protestas... incluso, a veces, el mismo idioma, el inglés, en pintadas parecidas. Tanto es así que, en ocasiones, el único elemento que permite distinguirlas es el color del uniforme de los antidisturbios que, diciendo que nos defienden, nos reprimen.
A lo mejor -o a lo peor, quién sabe- la salida de este círculo infernal en que nos han metido está en esa guerra civil global que reclama el autor de la pintada, porque él, nosotros, no queremos ser esclavos.


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jueves, 26 de abril de 2012

EL "ALAMÍN" DE MONTORO



Nadie puede ser más ridículo que aquel que pretende dar lecciones a los demás y, mientras lo hace, evidencia lo poco que sabe. Le acaba de pasar a nuestro -perdón, quise decir "su", porque un tipo así nunca puede ser nuestro- ministro de Hacienda que en un lance del debate de Presupuestos, intentó citar a Winston Churchill, paradigma de los conservadores que han sido y serán, tal y como acostumbraba a hacer Fraga, y lo hizo, como también acostumbran los políticos, "tirando" de librito de frases célebres o de discurso escrito por algún colaborador, algo de lo que sabe mucho, así como de las tarifas que se pagan por ellos, Jaume Matas que, pobrecito, acaba de salvarse del desahucio de su palacete de Palma. Leía el ministro sus notas y, a la hora de hacer la cita, nos dijo que Churchill la pronunció tras la batalla de El Alamín. Sí, dijo El Alamín, en lugar de decir EL Alamein, nombre de sobra conocido por quien ha leído dos libros, visto tres películas y seguido cuatro documentales sobre la Segunda Guerra Mundial o sobre la geografía de Egipto.
Es entonces cuando me planteo que, si los conocimientos de Historia de Cristóbal Montoro están así de hilvanados, por qué no puede ocurrir otro tanto con lo que sabe de Economía o, lo que es peor, sobre la situación real de la economía y la sociedad española. Si nos atenemos a lo que está asando desde que él y sus compañeros llegaron al Gobierno, parece que no sabe mucho ni de una ni de otra materia.
Lo mismo está ocurriendo en el resto de Europa, donde gobiernos neoliberales y serviles gobiernan desde la ideología con criterios estrictamente contables, sin empatizar con la sociedad que está sufriendo como no lo hacía desde la Segunda Guerra a la que quiso referirse ayer Montoro. Son como esas acémilas enganchadas a una noria, condenadas a seguir una y otra vez el círculo, vicioso, que les impone el amo.
Resulta paradójico, y evidencia la falta de sentido común de estos dirigentes, que, ahora que ya nos tienen a sus pies y sin un euro que gastar, caigan en la cuenta de que ya no podemos comprar sus coches, sus frigoríficos y sus lavadoras y que eso enfría su economía.
Es el signo de los tiempos. La economía especulativa llevada a los extremos en que la está llevando una mujer, educada en la Alemania Oriental, paraíso de los planes quinquenales, y reconvertida al capitalismo más duro, no puede tener otros resultados que los que estamos viendo.
El trabajo ha dejado de ser un bien en sí mismo. Las fábricas ya no valen lo que producen, sino lo que se puede sacar por ellas en una operación de venta o absorción meramente especulativa. Los derechos adquiridos en la construcción del Estado del Bienestar, argullo nuestro y envidia de otros países han pasado, de la noche a la mañana, a ser presuntamente insostenibles y, por tanto, dignos de ser desguazados, aunque la experiencia demuestre que la otra sanidad, la privada, es mucho más cara, en especial socialmente.
Reino Unido ha entrado en recesión, A Alemania comienzan a pesarle los pies, Francia parece harta del dúo Merkozy, Holanda se ha quedado sin gobierno. Y Grecia, Portugal, Irlanda, Italia y nosotros mismos estamos como estamos.
¿No será que Montoro y el resto de ministros del ramo en Europa saben tanto de Economía como de El "Alamín"?

jueves, 19 de abril de 2012

EL CUARTO REICH


El asunto sobre el que hoy escribo lleva semanas rondándome la cabeza y de antemano os advierto que nada tengo contra el pueblo alemán, ni siquiera contra su gobierno que, como los de otros países europeos, es un mero instrumento de un nuevo partido hegemonista que, pese a no manifestarse como tal, se ha infiltrado en más de un gobierno y ha conseguido empaparlos de su ideológica simplista e insolidaria, orientando sus decisiones hacia el desmantelamiento del estado de bienestar en el sur y redirigiendo los beneficios de esta "liquidación por reforma" hacia los especuladores de siempre que hoy protegen su anonimato bajo la camisa parda de lo que llaman "mercados".
Monti, Guindos, el gobierno griego, el presidente del Banco Central Europeo y los responsables de Economía de diversos gobiernos europeos han tenido o tienen mucho que ver -cuando se entra en una secta nunca se sale del todo- con la fría e inhumana banca de inversión y mucho me temo que se estén comportando como lo haría una raposa al frente de un gallinero, racionando el grano a disposición de las gallinas y zampándose una o dos de vez en cuando.
No sé en qué momento se pudo haber parado lo que nos está pasando. Supongo que el momento clave fue aquel en el que se tomó la decisión, en España y en el resto de países, de reformar la constitución, renunciando al derecho a administrar el déficit. Zapatero estaba al frente del Gobierno y, en contra de la opinión de una parte significativa de su partido, tomó la decisión, con la cobertura del PP que faltó para otras cosas. De modo que, en este asunto, difícilmente puede el PP hablar de "herencia socialista".
Desde que todos estos tipos de la camisa parda y los correajes de los mercados están "situados· en los órganos de decisión de Europa, se ha producido la invasión (intervención) de Gracia, Portugal e Irlanda y se ha instalado en Italia un gobierno títere -o tecnócrata, como prefiráis- que obedece como un autómata las consignas del "partido". En España, no han hecho falta invasiones ni "golpes de Estado", porque el Gobierno, elegido por una mayoría de votantes que creyó en sus mentiras, ha abierto las fronteras a las "panzerdivisionen" de Goldman Sachs y compañía.
Estamos encerrados en guetos en los que se busca nuestro exterminio, o nuestra docilidad para ser esclavos de las multinacionales, aún no lo sé, abandonándonos a nuestra suerte, sin comida, agua, escuelas o medicinas
Poco importan el paro, el hambre o la salud de los ciudadanos. En opinión de este nuevo partido nazi, sin eslóganes sin insignias, son demasiados y llevan demasiado tiempo viviendo por encima de sus posibilidades, tienen la culpa de lo que está pasando, se han creído eso de la democracia y la igualdad y, ellos, se han encargado de recordarnos que tal cosa es imposible: el pan es para los chorizos.
El IV Reich cabalga triunfante y arrasará Europa como la arrasó la pesadilla soñada por Hitler. Nos queda el consuelo de que, entre las ruinas, surja un nuevo Núremberg para juzgar a los responsables.



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sábado, 14 de abril de 2012

PODAR PUEDE MATAR


Quien tiene jardín o, simplemente, algún que otro rosal en macetas en su terraza sabe muy bien que, si bien podar adecuadamente es bueno, hacerlo en exceso o inapropiadamente puede causar la muerte de lo que se poda.
Quienes tenemos rosales en casa sabemos que los chupones, esas ramas tiernas y verdes que surgen bajo tierra, procedentes del tronco en que está injertado nuestro rosal, son tan inútiles como feraces y que no hacen otra cosa que "chupar" gran parte de la savia de la planta, arruinando la floración y, con ella, la aparición de frutos si los hubiere.
No. No es que me haya dado ahora por la jardinería -una afición que, por otra parte, recomiendo- sino que, por más que intento no caer en ello, veo a los ministros del Gobierno como jardineros malvados o enloquecidos que "desmochan" las ramas que dan los frutos de la riqueza y el empleo y dejan intactos los chupones de la especulación, la evasión fiscal y la corrupción, hasta dejar yerto el árbol metafórico que sería España.
Esto que digo no es muy distinto de lo que expresaba ayer un editorial del New York Times dedicado a la situación de la zona euro, en el que pone en tela de juicio las "podas" que, impulsadas por Alemania, están llevando a Europa a una nueva recesión, en lugar de reactivar las economías de los países que, como España, están en dificultades.
Lo que escriben los editorialistas del diario neoyorquino es lo que sabe por propia experiencia cualquier jardinero o campesino: que "cuanto más restrictivo sea el presupuesto, más caerá la recaudación y eso obligará a más recortes en las cuentas". La obsesión de Merkel por el control del déficit está en vías de agostar el jardín europeo, lleno de jardineros locos o tramposos que, en lugar de hacer podas curativas que permitan sanear lo plantado y multiplicar los frutos, se dedican a una poda generalizada y selectiva, para poner a los pies de la "dueña" de la finca, en su casa de Berlín, todas las ramas, algunas repletas de yemas dispuestas a dar flores y frutas, y hacer con ellas una hoguera en honor del dios mercado.
En el jardín arrasado y desolado por estos jardineros locos y desalmados sólo quedaran los troncos desnudos de algunos árboles, los bancos, dispuestos a beberse toda el agua del crédito que el Banco Central Europeo esté dispuesto a verter sobre sus raíces, sin dejar que una sola gota llegue a las de las pocas plantas que hayan conseguido retoñar.


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Lo peor es que en esa ruina de jardín, yermo y gris, los parásitos y los gusanos serán los amos, sacando partido de los restos de lo que en otro tiempo fue vida.

viernes, 17 de febrero de 2012

EL MODO MOODY'S


Me estoy acostumbrando últimamente a leer el periódico "entre páginas". Lo hago porque con más frecuencia cada vez encuentro fuera de las portadas, en rincones más o menos escondidos, esas noticias que no sólo ayudan a explicar lo que está pasando, sino que, además, deberían sacar los colores de más de u gurú de la economía y la política.
Nos hemos hartado de escuchar que el mayor problema de la economía española estaba en el alto coste salarial, que hacía poco competitivos a nuestros productos. Cuál no habrá sido mi sorpresa al leer en las páginas de Economía de EL PAÍS que, por primera vez en la historia, en nuestro país los beneficios empresariales superan al total de los salarios devengados por todos los trabajadores con empleo. Quizá eso esplique el hecho de que cada vez haya más yates amarrados en nuestras costas, que sea más fácil vender un todo terreno de lujo, especialmente si es alemán, que un utilitario de fabricación nacional o que no haya dinero para pagar medicamentos, profesorado interino o los gastos de calefacción de colegios y hospitales y sí lo haya para organizar grandes premios de Fórmula 1, regatas planetarias, ligas galácticas o ferias taurinas con carteles que no se pagan sólo con el billetaje.
Toso esto es la consecuencia del triunfo de la economía especulativa, el imperio de las empresas que un día construyen apartamentos y viaductos y otro especulan con la producción de soja o los paneles fotovoltaicos, cuando no se dedican a comprar empresas que los gobiernos ultra liberales, que muchas veces ocupan sus amigos, van desgajando del sector público con la consiguiente pérdida de puestos de trabajo, calidad de empleo y salarios.
Estamos aplicando -y cuando digo "estamos", quiero decir "los gobiernos que elegimos están"- aplicando "modo Moody's" de ver el mundo, ese enfoque sobre la realidad que sólo es capaz de ver con nitidez los beneficios dinerario e inmediatos, olvidando los beneficios sociales del trabajo y la producción de bienes,
Siguiendo esa doctrina, estamos a punto de asfixiar a Grecia y, tras ella, a otros países europeos, entre los que, mal que nos pese, estamos. Y eso va a tener consecuencias. Lo ha dicho el líder de la izquierda italiana "no se puede matar a un país". Ya no sé si por desgracia, si las cosas siguen así, se esto sólo saldremos con una revolución, porque quienes detentan el poder -económico, por supuesto- no parecen dispuestos a apearse del machito ni, mucho menos, a dejar de rapiñar un céntimo caiga quien caiga. Una revolución... o una guerra, porque, lamentablemente, el odio a lo diferente, el nacionalismo y la xenofobia, son los únicos valores al alza entre la gente sencilla. Y sé lo que digo, porque el otro día, buscando unas jarapas que no encontré, en el Rastro, el propietario de una tienda me dijo que la culpa de que ya no haya jarapas allí la tienen los chinos y su monopolio.
Para reforzar su argumento me dijo: "tenía que verlos usted, bajándose de sus cochazos, con sus guardaespaldas". Yo me limité a replicarle que "como los banqueros".

jueves, 9 de febrero de 2012

ANOREXIA ECONÓMICA


Ante todo, mis disculpas por ilustrar esto que escribo con estas terribles imágenes que hablan de la muerte y destrucción de un cuerpo joven y probablemente hermoso. Sin embargo, creo que la dureza que se desprende de las mismas sirve de ejemplo, de alguna manera, de cómo pueden acabar algunos países europeos.
Grecia, sobre todo, Italia, Portugal, Irlanda y España están a dieta. Una dieta impuesta por la oronda Alemania y su novio francés que, de la noche a la mañana, han declarado su pasión por la delgadez, la delgadez, eso sí, de los otros.
Por eso machacan una y otra vez a sus aturdidas sociedades con la necesidad de reducir la talla de su déficit más allá de lo razonable. Los gobiernos, que de alguna manera son el cerebro que decide por esas sociedades, confundidos y obsesionados con dar la talla, hace tiempo que aborrecen cualquier plato que mantenga vivo al cuerpo que dirigen. Solo piensan en la cinta métrica de Alemania ceñida sobre un talle cercano ya a lo imposible.
España y Grecia vomitan trabajadores y funcionaros al inodoro del paro, mientras reducen al mínimo las aportaciones calóricas que ayudaban a mantener ese estado del bienestar con el que vivían felices hasta que les pusieron ante el deformante espejo de la crisis. Lo que están necesitando España, Grecia y el resto de PIGS es que alguien les ayude a recuperar la alegría de vivir, que alguien ponga e sus platos el crédito que les daba la energía para moverse.
Ayer nos dijeron que el número de parados en España se acercará este año a los seis millones Y la receta del gobierno no es otra que comprarle un vestido, una reforma laboral y un objetivo de déficit, en el que, a pesar de lo esmirriado de su figura, tampoco cabe, con lo que tendrá que volver a meterse los dedos para vomitar más parados, más servicios y más derechos.
Todos sabemos en qué acaba la anorexia y en Economía vamos derechos a ella. Mientras, Alemania y su novio francés siguen engordando y enriqueciéndose con los vestidos que nos "venden".

viernes, 23 de septiembre de 2011

EL APOCALIPSIS DE TODOS LOS DÍAS


Lo malo que tiene la experiencia es que, en la misma medida que uno va recibiendo datos, disfrutando alegrías y sufriendo decepciones, uno va también generando los mecanismos que determinan las que van a ser sus reacciones ante situaciones similares.
¿A cuento de qué viene esto? Pues viene a cuento de que, desde hace demasiado tiempo, cada día me despiertan las trompetas del Apocalipsis que soplan desde los "parqués" de Tokio y Nueva York en un eterno ritornelo el Down Jones y el Nikkei, anunciando el fin del mundo, unos días, y el regreso a los días de vino y rosas otros.
Tantas veces me he despertado temiendo que se desplomase el cielo azul que, como dice el tango, ni es cielo ni es azul, que ya le he perdido miedo al fin del mundo. Es más, uno aprende a hacerle pedorretas al destino, hasta el punto de que de vez en cuando se agradece que la amenaza se torne en riesgo de morir descalabrado por la caída de un satélite del tamaño de un autobús, sin que se precise el tipo de autobús, algo que ayudaría mucho a tomar las medidas oportunas.
Supongo que a estas alturas tendréis ya claro que creo poco o nada en los mecanismos que mueven la economía. Es más, si nos detenemos a analizar las justificaciones que nos dan un día detrás de otro para explicar lo que pasa, comprobaremos con espanto que esas explicaciones se vuelven reversibles para glosar situaciones opuestas.
No creo en la economía, aunque, por desgracia, sí en sus consecuencias. Lo que sí es que, cuando toda la riqueza esté en manos de unos pocos y terminen por dejarnos en cueros, el mecanismo se agarrotará porque, para que algo tenga valor, hay que ponerlo en el mercado y, si no hay quién compre, no hay mercado.
Casi nada es lo que parece. Ahí tenéis en qué ha quedado la todopoderosa SGAE, tapándose como puede las vergüenzas, o el elevado pensamiento de los miembros del Consejo de RTVE, reducido, salvo dos honrosas excepciones, al de esa pandilla de pelotas del "cole" que se ofrecían a vigilar a sus compañeros cuando el profe dejaba la clase.
Volviendo a la economía, la primera lección en esta materia me la dio mi abuelo, el "tío tendero" de Espinosa, que, entre bromas y veras, presumía de haber partido un queso por la mitad para poner a la venta ambos trozos a precios distintos, eso sí. La lección estaba en que insistía en que siempre vendía primero el más caro.
Aunque no lo creáis, ayer tuve una buena noche entre amigos, lo que ocurre es que este otoño que no lo es me ha vuelto un poco más escéptico.

viernes, 12 de agosto de 2011

EL JUEGO (SUCIO) DE LA BOLSA


Aunque sospecho que muy probablemente me esteré repitiendo, tengo que insistir en que hace unas cuantas décadas, cuando yo todavía era un niño, cuando alguien se refería a la bolsa, hablaba del juego de la bolsa y, cuando alguien perdía su fortuna en ella, se decía que la había perdido jugándosela a la bolsa con el mismo tono de reprobación que se diría si la hubiese perdido en el casino.
No sé quién ni cuando consiguió convencernos a nosotros, los españoles -pobres paletos en opinión del muy viajado arzobispo de Toledo- de que metiésemos nuestros ahorros en es extraño circo. Lo que sí sé es que no nos explicaron que era un juego ni, mucho menos, que el juego, como casi todos, estaba lleno de trampas.
Hoy, mientras desayunaba plácidamente, como sólo pueden hacerlo en estos días quienes ni tienen ni van a poner nunca su dinero en la bolsa, he escuchado como se llevaban a cabo esas operaciones especulativas que, aunque de modo temporal por el momento, han prohibido los gobiernos de Francia, Italia y España y, os lo aseguro, ha estado a punto de atragantárseme la tostada, porque, escuchada así, sin eufemismos ni subterfugios, la cosa suena a timo. Un timo generalizado, de corbata y cuello duro, bendecido por las autoridades y disimulado por los medios de comunicación.
Una vez escuchada la explicación empieza a cuadrarme el hecho de que hace dos días, cuando las acciones del Santander cayeron de golpe casi ocho puntos y medio, el señor Botín no se arrojase desde lo alto de cualquiera de las sedes de su banco o no se arrojase bajo las ruedas del ferrari de Alonso en alguna de las vueltas de calificación. Está claro que ni Botín ni cualquiera de los otros grandes de la Economía toman tan drásticas medidas, porque saben perfectamente que tras ese frenético "sube y baja" hay un guión escrito y calculado fríamente, en el que todo o casi todo está previsto.
Escuchar a esas horas de la mañana de un día de verano que alguien acuerda con alguien comprarle a cincuenta lo que vale cien, con la promesa de revendérselo luego a ciento tres, pone los pelos de punta porque, claramente, se evidencia que alguien, el que gana limpios los cincuenta, y el que recompra a ciento tres, se está "inventando" esos tres euros de ganancia.
Lo que ocurre -y, para explicarlo, están las anécdotas de Rockefeller o Escamez sobre qué hacer cuando su limpiabotas "invierte" en bolsa o cuando está en juego el último duro de ganancia- es que los ciudadanos de a pie, el común de los mortales acude a la bolsa con sus ahorros como un mero comparsa para, en el mejor de los casos, sacarle esos tres euros de plusvalía.
Lo que tengo claro es que los especuladores a los que se les acaba de prohibir que jueguen con las cartas marcadas de las operaciones a la baja a corto plazo, en una partida de póker de esas de las películas del oeste, hubiesen muerto acribillados por tramposos.