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jueves, 3 de julio de 2014

ESPAÑA EN SELFIE


Mateo Renzi, el animal político que gobierna Italia y que lo ha conseguido manejando como pocos aquello que es común a sus electores, aún no sé si con buenas o malas intenciones, nos regaló ayer en Estrasburgo una de esas imágenes que valen más que mil palabras y que describe a la perfección lo que está ocurriendo en el continente que se tiene por "sancta sanctórum" de la civilización. La imagen de Renzi, construida con palabras para que cada uno la reproduzca en su imaginación era ésta “Si Europa asistiera hoy a su propio selfie, mostraría cara de cansancio, de resignación, un rostro aburrido. Y es curioso porque el futuro necesita mucho de nosotros”, 
Y tiene razón. Europa, los europeos están cansados y aburridos. Se ha cambiado política por gestión, algo que reconocen hasta dentro del PP, y el arte de gobernar que en democracia debería consistir en conseguir el bienestar y la felicidad de los ciudadanos se ha convertido en el arte de alcanzar el poder y mantenerse en él a toda costa. Por emplear un símil muy de actualidad, algo así como esos aburridos partidos del mundial resueltos en las prórrogas o por penaltis, porque nadie arriesga lo bastante como para dar el vuelco necesario al resultado. Y es que los partidos políticos, como las selecciones, juegan todos igual, con esquemas parecidos y, salvo excepciones, apenas se diferencian en la camiseta, ya que su esquema de juego, su estrategia, es prácticamente la misma.
Es lo que tienen el marketing y la sociología aplicados a la política. Se pierde la perspectiva y se dejan de lado los principios. La identidad pasa a ser asunto menor, si difuminando los perfiles se consiguen más votos. Y, por si fuera poco, los gobernantes se convierten en esos padres que, a sus hijos, en lugar de proporcionarle lo que realmente necesitan para su bienestar, les llenan las manos con bicis y trenes eléctricos comprados a plazos que dejan de funcionar a los dos días.
No es de extrañar que, cuando las cosas han comenzado a ir mal, el hastío que, más que la política, los políticos producen en la gente se ha transformado en ganas de cambio. Y, cuando los ciudadanos, desengañados por estos partidos que en demasiados aspectos sólo se diferencian en las siglas y los colores, se ponen en movimiento llegan el miedo y el cabreo. Miedo a perder los privilegios que da el poder y cabreo porque a casi nadie le gusta que le digan la verdad ni que otros retomen las ganas de transformar la sociedad que ellos perdieron hace tiempo.
Hay quien dice que, con la perdida de la fe en los partidos y con la caída en picado del prestigio de la monarquía, las cosas están peor que nunca, Yo creo que no, creo que estamos empezando a estar mejor. La diferencia es que antes estábamos igual de mal, pero no lo sabíamos y ahora que ya lo sabemos podemos hacer el diagnóstico y aplicar el tratamiento.
Con nuestra imperfecta democracia nos hemos contagiado de algún que otro mal, soportable pero incómodo, con el que hemos convivido pese a que poco a poco iba minando nuestras fuerzas y ganas de vivir. Ha sido ahora, cuando nos ha subido la fiebre, cuando nos hemos visto la cara en el último selfie y hemos comprobado que esa cara ya no es la de aquellos días felices en que nos creíamos todo y a todos, cuando nos hemos puesto en movimiento. Sobre todo, porque en ese selfie también hemos visto que, detrás de nosotros, hay una maraña de personajes que llevan décadas burlándose de nuestra desgracia mientras meten la mano en nuestro bolsillo.
Si Renzi dice que el selfie de Europa muestra un rostro aburrido, el de España quiero creer que hoy saldría movido porque unos y otros, especialmente la gente que lo está pasando peor, estan cambiando el gesto, porque lo que está claro es que,a sí, mucho tiempo no podíamos durar.


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viernes, 15 de junio de 2012

LA EUROPA DE...



Soy de una generación para la que Europa era un sueño de libertad y bienestar y era, sobre todo, el futuro. A mi generación la convencieron, muy a regañadientes, para que diese su SÍ al ingreso de España en la OTAN, porque, nos dijeron, esa era la condición, la llave, para entrar en lo que entonces se llamaba Mercado Común y mi generación les creyó, mi generación llegó a pensar que los de aquí llegaríamos a ser, que de hecho éramos, como los alemanes. Por eso, por todo lo que llegamos a creer y querer, la decepción, el despertar de aquel sueño europeo, es tan duro.
Creímos que la vieja y cansada Europa llegaría a ser la Europa de los ciudadanos, la Europa del derecho unificado y la justicia social, una especie de estado supranacional, una federación, en la que se cumpliese el sueño de extender el bienestar, la riqueza, la justicia social y el progreso de los países del norte a los del sur.
En cierto modo, para algunos, no para todos, se cumplió parte del sueño. Los pensionistas alemanes pudieron vivir su retiro en España, en pueblecitos blancos, con casi todos los días del año soleados. Pudieron, incluso, elegir a los alcaldes de esos paraísos, dejando lejos, en su país, el frío invierno y la frialdad metodista de la severa sociedad alemana. Algunos empresarios, algunos inversores, han podido, también, llevar su dinero a esos fríos países donde era menos necesario, aunque estaba más seguro y era más rentable. También los trabajadores de baja cualificación han podido cruzar Europa en autobús para ganar en Alemania u Holanda lo que aquí no podían soñar. Lo que no ha habido es trabajadores alemanes que hayan hecho el viaje inverso para ser mano de obra en España. Y, eso, porque las fronteras, como el cristal, ya no se ven, pero ahí siguen y son demasiado exquisitas a la hora de regular el flujo de quienes las cruzan.
Nos engañaron. Nos dijeron que la unión política podía esperar, que lo que urgía era la unión económica y, de la noche a la mañana, nos convertimos en mercado, en el mejor de los mercados para los coches y los electrodomésticos alemanes, por ejemplo, mientras ellos se comían nuestras hortalizas con la aprensión de quien se come lo que crece en los muladares. Y les bastó un episodio fuera de control, de pericia y de prudencia, para echar abajo uno de los sectores más boyantes de la economía española.
No hemos tenido suerte. Hemos quemado el sueño eligiendo un parlamento mastodóntico que se mueve como un mastodonte cansado para aprobar pasados reglamentos leyes que rara vez llegan a cumplirse porque a los gobiernos les viene bien asumir las multas a costa de los ciudadanos. Hemos "parido" un ejecutivo europeo, la comisión, al que paraliza el miedo, o la prudencia, que a veces es una forma de miedo, cada vez que tiene una decisión urgente que tomar que pueda no agradar a la todopoderosa Alemania. Hemos creado, en fin un gobierno que no gobierna y que, cuando lo hace, lo hace después de haber mostrado sus cartas a diestro y siniestro, arruinando la jugada.
Es triste y me duele mucho reconocerlo, pero apenas queda nada de aquella Europa que nos vendieron González y Kohl, Kohl y González. De aquella Europa de los ciudadanos, apenas queda nada y, a cambio, estamos malgastando el tiempo y el dinero que no tenemos en mantener viva, con respiración asistida, la Europa de los mercachifles y los politicuchos, la que sólo se mueve por egoismo, la que sólo se mueve por el dinero.
Pese a todo, sigo creyendo en Europa, pero no en esta Europa.


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jueves, 19 de abril de 2012

EL CUARTO REICH


El asunto sobre el que hoy escribo lleva semanas rondándome la cabeza y de antemano os advierto que nada tengo contra el pueblo alemán, ni siquiera contra su gobierno que, como los de otros países europeos, es un mero instrumento de un nuevo partido hegemonista que, pese a no manifestarse como tal, se ha infiltrado en más de un gobierno y ha conseguido empaparlos de su ideológica simplista e insolidaria, orientando sus decisiones hacia el desmantelamiento del estado de bienestar en el sur y redirigiendo los beneficios de esta "liquidación por reforma" hacia los especuladores de siempre que hoy protegen su anonimato bajo la camisa parda de lo que llaman "mercados".
Monti, Guindos, el gobierno griego, el presidente del Banco Central Europeo y los responsables de Economía de diversos gobiernos europeos han tenido o tienen mucho que ver -cuando se entra en una secta nunca se sale del todo- con la fría e inhumana banca de inversión y mucho me temo que se estén comportando como lo haría una raposa al frente de un gallinero, racionando el grano a disposición de las gallinas y zampándose una o dos de vez en cuando.
No sé en qué momento se pudo haber parado lo que nos está pasando. Supongo que el momento clave fue aquel en el que se tomó la decisión, en España y en el resto de países, de reformar la constitución, renunciando al derecho a administrar el déficit. Zapatero estaba al frente del Gobierno y, en contra de la opinión de una parte significativa de su partido, tomó la decisión, con la cobertura del PP que faltó para otras cosas. De modo que, en este asunto, difícilmente puede el PP hablar de "herencia socialista".
Desde que todos estos tipos de la camisa parda y los correajes de los mercados están "situados· en los órganos de decisión de Europa, se ha producido la invasión (intervención) de Gracia, Portugal e Irlanda y se ha instalado en Italia un gobierno títere -o tecnócrata, como prefiráis- que obedece como un autómata las consignas del "partido". En España, no han hecho falta invasiones ni "golpes de Estado", porque el Gobierno, elegido por una mayoría de votantes que creyó en sus mentiras, ha abierto las fronteras a las "panzerdivisionen" de Goldman Sachs y compañía.
Estamos encerrados en guetos en los que se busca nuestro exterminio, o nuestra docilidad para ser esclavos de las multinacionales, aún no lo sé, abandonándonos a nuestra suerte, sin comida, agua, escuelas o medicinas
Poco importan el paro, el hambre o la salud de los ciudadanos. En opinión de este nuevo partido nazi, sin eslóganes sin insignias, son demasiados y llevan demasiado tiempo viviendo por encima de sus posibilidades, tienen la culpa de lo que está pasando, se han creído eso de la democracia y la igualdad y, ellos, se han encargado de recordarnos que tal cosa es imposible: el pan es para los chorizos.
El IV Reich cabalga triunfante y arrasará Europa como la arrasó la pesadilla soñada por Hitler. Nos queda el consuelo de que, entre las ruinas, surja un nuevo Núremberg para juzgar a los responsables.



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jueves, 8 de diciembre de 2011

EL RAPTO DE EUROPA




El rapto de Europa
Según la leyenda, Zeus estaba enamorado de Europa y decidió seducirla o violarla, siendo ambas versiones casi equivalentes en la mitología griega. Se transformó en un toro blanco y se mezcló con las manadas de su padre. Mientras Europa y su séquito recogían flores cerca de la playa, ella vio al toro y acarició sus costados y, viendo que era manso, terminó por subir a su lomo. Zeus aprovechó esa oportunidad y corrió al mar, nadando con ella a su espalda hasta la isla de Creta. Entonces reveló su auténtica identidad y Europa se convirtió en la primera reina de Creta. El acto amoroso tuvo lugar bajo un plátano, árbol que, según la mitología, debe el que sus hojas sean perennes a este acontecimiento.
Zeus le dio tres regalos: Talos, un autómata de bronce, Laelaps, un perro que nunca soltaba a su presa; y una jabalina que nunca erraba. Más tarde Zeus recreó la forma del toro blanco en las estrellas que actualmente se conocen como la constelación Tauro. Algunas leyendas cuentan que este mismo toro fue con el que se topó Herácles, y que finalmente engendró al Minotauro
(Tomado de Wikipedia)
Europa ya está en Creta. No sabemos si seducida o violada. Va a recibir como regalos un autómata, la que en tiempos fue clase obrera, un perro que nunca suelta la presa, los mercados, y una jabalina que nunca falla, la banca. Como resultado de los amores de Zeus, o quien coño sea, engendrará un monstruo, el Minotauro, la clase política encargada de vigilar el laberinto de nuestro futuro.

viernes, 22 de julio de 2011

MUROS, GRIETAS Y CUCARACHAS

Acabo de escuchar a la vicepresidenta Salgado referirse al acuerdo alcanzado ayer en Bruselas como un grueso muro que nos defenderá de las agencias de calificación de riesgo. No es una mala metáfora si consideramos que es el grosor de los muros y no los materiales de que están construidos o el lugar en que se colocan lo que determina su resistencia.
Sin embargo, lo que resulta evidente es que hubiese resultado más eficaz haber construido el muro de este grosor hace ya muchos meses, cuando el agua aún no nos llegaba a los tobillos, evitando así que la fuerza de la corriente se llevase la argamasa que poníamos en él y gran parte del terreno que pretendíamos salvar.
Es lo que pasa cuando se construye con racanería. Al final lo que construimos no tiene la resistencia requerida y tenemos que pagar dos obras: la primera, ineficaz y mal resuelta, y la de ahora, más difícil de llevar a cabo y más cara.
No es mala la metáfora de la ministra de Economía, porque ese conjunto de especuladores que hemos dado en llamar mercados, pese a que los especuladores son sólo una parte de los actores y no todo el escenario, se comporta como una riada en la que el agua mansa que constituyen individualmente los fondos de pensiones o el dinero que pedimos al banco que nos coloque a este o aquel interés, cuando cae en manos de, ahora sí, los malvados especuladores, se transforma en ese torrente que, al encontrar sacos terreros en el boquete de Grecia, busca otras grietas en Irlanda, Portugal, España o Italia, por las que aflorar con violencia.
Algo así es lo que viene ocurriendo desde hace dos años y ni siquiera sé si la de ayer será la solución definitiva. Ojalá sea así y las cucarachas que son las agencias de "rating" se ahoguen en el agua mansa de un euro unido y fuerte y no sigan buscando agujeros por los que pasar al otro lado, agujeros por los que les seguiría el torrente. Y es que las agencias, por seguir con las metáforas, son como esas cucarachas que, de repente, aparecen una noche en nuestras cocinas y nos vuelven aprensivos para siempre. Y no quiero contaros en que nos convierte si el que ve la cucaracha en nuestra cocina es de fuera de casa.

miércoles, 13 de julio de 2011

NOSTALGIA



No hay más que ver la americana que lleva Felipe en la foto para caer en la cuenta de que eran otros tiempos. Eran, pese a la chaqueta, tiempos de grandeza, de solidaridad y de sueños, tiempos en los que la marca Europa se anteponía a cualquier otra marca nacional o ideológica. La sincera colaboración entre el joven socialista español y el viejo conservador alemán, que devino en sólida amistad alimentó nuestra fe en Europa y nos hizo creer que dejábamos atrás siglos de vivir a espaldas de nuestros de continente.
Quizá por ellos, los españoles nos convertimos en los más entusiastas de la idea de Europa. Gracias a nuestros nuevos socios nuestro país tuvo acceso a infraestructuras que hasta entonces habían sido un sueño y aceptamos más o menos de buen grado que, de la noche a la mañana, nos cobrasen por un café las 166 pesetas de un euro, frente a las 100 que costaba antes. Adorábamos Europa y el hecho de ser europeos. Hoy, difícilmente diríamos lo mismo si nos preguntasen por nuestra fe en Europa.
Kohl tuvo arrojo suficiente como para aprovechar el desmoronamiento de los regímenes del Este para plantear la reunificación de Alemania, un proceso costoso y arriesgado, en el que se arriesgaban las proverbiales estabilidad y riqueza alemanas a cambio de un sueño perseguido durante medio siglo.
Habría que saber qué diría hoy el viejo canciller ante los desmanes teñidos de egoísmo y cortedad de miras de quien ocupa hoy la cancillería alemana y pretende liderar Europa con escaso éxito, qué diría de Ángela Merkel, una mujer que, pese a proceder de la Alemania del Este y a militar en el mismo partido que pilotó Kohl, tiene tan poco que ver con la grandeza -y no sólo física- tiene tan poco que ver con él.
Dónde están aquellas largas reuniones de los líderes europeos que no se levantaban hasta tener una solución. Qué poco tienen que ver con los simulacros de hoy que apenas consiguen calmar durante unas horas la ansiedad de quienes sienten el peso de un futuro hipotecado como consecuencia de la falta de coraje de sus gobernantes.
Hoy, esos intentos de acuerdo, sin voluntad de conseguirlo, que acaban siempre en aplazamientos que alimentan la voracidad de quienes especulan contra el euro y las economías del sur de Europa, aunque a veces el Sur, como ocurre con Irlanda, haya que buscarlo en el Norte. Es más, uno podría llegar a pensar que, como los pescadores de caña, buscan, con ese tira y afloja, que el anzuelo se clave firme e irremediablemente en nuestra boca.
No sé si ahora echo de menos aquellos días como también echo de menos aquella primera vez que leí a Camus. El caso es que, ante tanta mediocridad y tanta miseria de pensamiento, hoy siento nostalgia, una dulce y, a la vez, amarga nostalgia.