lunes, 29 de febrero de 2016

UN AÑO DE BOCHORNO


Ayer, si no  un año exacto, sí se cumplió un curso completo desde que Rita Barberá, envuelta en los vapores de la fiesta, se asomó al balcón del ayuntamiento valenciano para invitarnos a disfrutar del "caloret" de las fallas, sin saber que, esa, era la última vez que lo hacía ni que de ser la alcaldesa de Valencia,  jaleada y consentida durante un cuarto de siglo, iba a pasar a ser el "ninot" que encarnase la corrupción y el despilfarro de toda una época, en la que Valencia, ciudad, provincia y comunidad, pasó a ser una gran falla, al servicio del PP y sus interesas, del PP y suyos particulares, a costa de los ciudadanos de allí y también de aquí.
Un curso entero, un año, en el que la máquina de hacer dinero del partido, manejada por un selecto ramillete de militantes, se ha gripado y ha saltado por los aires, dejando al descubierto las vergüenzas de un sistema mafioso, onerosamente consentido por la prensa, por algunos jueces y por la oposición que, primero con recalificaciones tramposas del suelo de todos y luego con cualquier otra decisión que hubiese de tomar cualquier administración, siempre proporcionando las mordidas y pelotazos que ahora, día sí y día también, se están revelando ante nosotros.
Un curso en el que hemos pasado del caloret de la alcaldesa al bochorno de todo su partido, en el que los militantes de una cierta categoría se muelen a codazos mientras tratan de subirse a los botes de un escaño, una embajada o un consejo de administración y el resto se parten abiertamente la cara por los pocos salvavidas que quedan a bordo.
En la foto que ilustra esta entrada, aparecen los personajes principales de esta zarzuela de ambiente fallero y huertano: la propia Rita Barberá, el histriónico Francisco Camps, capaz de pasar de la risa al llanto, del regalo a la amenaza, en un abrir y cerrar de ojos, y el no sé si hierático, no sé si paralizado por su propio cuajo, por su pachorra, fundamentales todos en esta trama de corrupción y miseria en la que lo mismo se tiende una alfombra de billetes, que pagamos todos, para que Fernando Alonso haga el ridículo en las calles de Valencia, que se condena a los niños valencianos a estudiar en barracones helados en invierno y tórridos en verano, mientras al partido y sus gerifaltes le rebosa el dinero en los bolsillos y Alejandro Agag lleva a su suegro a las carreras.
Ha sido un año, especialmente desde que Rita se dio la gran "hostia" en las elecciones de mayo, en el que hemos visto y oído de todo, en el que, por fin, la prensa se ha puesto a trabajar para escarbar en la mugre que cubre ese partido en Valencia y en lo que no es Valencia. Un año en el que, al PP, se le ha perdido el respeto o, por qué ocultarlo, el miedo, el respeto que no merece y el miedo a que cierre la espita de las campañas publicitarias institucionales que ya no controla. Un año en el que unos y otros tratan de recolocarse de cara a unos años que ya no volverán a ser los mismos.
Un año con un día más, el de hoy, que muy bien podría servir para reflexionar, para que la gente con algo de decencia que aún debe quedar en el PP asuma la responsabilidad que le corresponde y acabe con el reinado de un Rajoy que está sentado sobre un polvorín a punto de reventar con consecuencias difíciles de prever.
Mañana, Rajoy va a tratar de meterle el dedo en el ojo a Pedro Sánchez que, por quererlo todo, puede quedarse sin nada, va a tratar de hundir al que un día, ante millones de españoles, le llamó no decente. Y quizá lo consiga, lo que no va a conseguir es que Ciudadanos, en un todavía improbable, intento de alcanzar la investidura, le apoye a cara descubierta ni mucho menos que olvidemos este año, este curso, que arrancó con "caloret" y va camino de terminar en bochorno.

viernes, 26 de febrero de 2016

HUELE A QUEMADO


Si una cosa está dejando clara estos días es que, al periodismo español, a nuestro periodismo, le falta imaginación. Salvo honrosas excepciones, las empresas periodísticas, aplicando estrategias del más feroz de los capitalismos, se han deshecho de todo aquel que rebasase determinada edad, llamémosle antigüedad, y determinado salario  Hay que perdonarles, porque, después de hipotecar sus cabeceras a base de emprender "negocios" delirantes, lo fácil era contratar a una consultora y encomendarle una fórmula, un algoritmo, que permitiera rediseñar sus plantillas, trazando una línea, la línea a partir de la cual, estar en uno u otro lado era razón suficiente para ser despedido, Un fórmula, un algoritmo, en el que la experiencia, las fuentes, los contactos, el criterio o el temple, no suman sino, más bien, al contrario.
Digo esto porque, ahora que los dirigentes del PP y el PSOE tienen que hacerse perdonar esa autarquía de ruedas de prensa sin preguntas, en la que tan cómodamente han vivido, tienen que enfrentarse otra vez a la improvisación sin papeles, a la respuesta refleja, a preguntas no pactadas previamente, y eso, claro, ha pillado a unos y otros, al del atril y a los de abajo, desentrenados. Por eso se habla tanto de "mochilas" y se pide a todo bicho viviente que ponga la mano en el fuego por su compañero de turno y se hace como si no hubiese un mañana.
Lo malo es que a pregunta tipo, respuesta "de serie" y que llevamos demasiado tiempo escuchando que Fulanito o Menganito ponen o no ponen "la mano en el fuego"· por Zutanito. Eso me aburre, del mismo modo que me aburre que se consienta a personajes como la ex alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, "soltar" su largo monólogo exculpatorio, apenas ensayado y repleto de dardos envenenados para amigos y enemigos, con ataques salvajes al Estado de Derecho al borde mismo de la subversión, descarada y chabacana, con un aplomo digno de mejor causa y con un desprecio absoluto a la verdad y a la inteligencia de los ciudadanos.
Hace ya mucho tempo que en el PP huele a quemado. Hace mucho tiempo que sus despachos están llenos de carne abrasada y, cuando se pregunta a alguien si pone la mano en el fuego por alguien, en lo único que piensa es en ese olor a chamusquina que le rodea y se da por satisfecho con que no sea su carne la que se abrasa. Es como cuando empieza a oler a quemado. Lo primero que tratamos de hacer es identificar ese olor, saber si es eléctrico, si es de la cocina, si es madera lo que arde y, a partir de ahí, repasamos en milésimas de segundo si hemos dejado la sartén en el fuego, un aparato encendido demasiado tiempo o un cigarro, el que fume, mal apagado. En resumen, tratamos de averiguar cuál es nuestra relación con el fuego y en cómo ponernos a salvo si el fuego se extiende.
Es el instinto de supervivencia. Es lo que lleva a los dirigentes del PP a ponerse a salvo usando salidas de emergencia como "secreto del sumario", "persecución", "causa general" o, si la cosa se pone fea, arrojándose por la ventana del "y tú más".
Ayer, de la mano de Rita Barberá, vimos las consecuencias que puede llegar a tener poner o dejar de poner la mano en el fuego por ella, Hubo una larga lista de agradecimientos que, como un bumerán, puede volverse en contra de los nombrados y hubo otra de reproches. Es lo que tiene el fuego, que no respeta nada y menos cuando, desde hace tiempo y en todas partes, huele a quemado.

jueves, 25 de febrero de 2016

EN SUS MANOS ESTAMOS


Confieso que, quizá por la hartura de tener que volver siempre sobre lo mismo y con la esperanza de que, por fin, alguien pensado más en los ciudadanos que en sí mismo o sus padrinos, ayer, me alegré por ese acuerdo alcanzado por Pedro Sánchez y Albert Rivera, "vendido" con esa solemnidad que se da a las cosas trascendentes, las que cambian nuestras vidas y lo hacen para siempre. Pero, y bien que lo siento, engañado por los lazos y el papel de celofán en que iba envuelto, llegué a ilusionarme con el regalo de sentido común y altruismo que nos hicieron creer que nos hacían.
Fui demasiado torpe, porque tenía que haber sido capaz de ver la tramoya que se escondía detrás de esas cinco condiciones irrenunciables anunciadas por Rivera, condiciones que parecían sacadas del programa electoral del PSOE, que no tenían otra finalidad que la de "vestir el muñeco" del acuerdo que, apenas veinticuatro horas después y en setenta páginas, firmaron y presentaron al pie de la obra de Genovés que encarna los deseos de reconciliación que, hace ya cuatro décadas, hicieron posible el acuerdo entre españoles para darse la democracia tantos años perseguida.
Me engañaron, engañaron a los ciudadanos, y quiero creer que Pedro Sánchez, acuciado quizá por la ansiedad que genera, sin duda, estar al borde del todo o el nada en su carrera política, también se lo creyó. Pero, afortunadamente, no, parece que el engaños se haya extendido ni haya perdurad, porque, cuando Podemos se levantó de la mesa en la que negociaba con el PSOE y con la izquierda -sí, los he separado y lo he hecho a conciencia- una vez más, el gesto aparatoso acabó diluyendo las razones, y más teniendo en cuenta que Pablo Iglesias acababa de anunciar, al poco de que Sánchez aceptase las cinco premisas de Rivera, que no se iba levantar de la misma, agostando cualquier esperanza de que el acuerdo de PSOE y Ciudadanos creciese por la izquierda.
Supongo que es una cuestión de piel, pero me dejo convencer más fácilmente por el verbo tranquilo de Alberto Garzón que por la suficiencia de Iglesias, al que, por cierto, no se escuchó ayer, o por las explicaciones de Errejón, arropado por todo el elenco de la compañía. Lo cierto es que uno y otros me han convencido de que, como cantaba el gran Krahe, hombre blanco hablar con lengua de serpiente.
La misma lengua de serpiente que ha escrito la pregunta que se va a hacer en referéndum este fin de semana a los militantes socialistas, una pregunta sin salida, parecida a la que se formuló hace años en el referéndum de la OTAN y que, al consultar si respaldan éste y otros acuerdos que pueda alcanzar Sánchez de aquí a la sesión de investidura, deja abierta, incluso, la posibilidad de que el acuerdo crezca por la derecha incorporando al mismo la abstención del resto del IBEX ¡perdón! quise decir del PP, para que, por fin, la gran entente que está arrasando Europa, cabalgue también sobre España.
Sánchez dejó correr su imaginación o pensó que nosotros andábamos escasos de entendimiento, al "vendernos" que se derogaría la ley mordaza o la reforma laboral del PP. No será, desde luego, con este acuerdo que nos descubre a Albert Rivera como el líder que, desde hace tiempo, anda buscando la derecha de este país.
Ahora, como señalaba aquí mismo hace dos días, la respuesta y, con ella, el futuro de este país como franquicia de la Europa "neocón" o como la nación de ciudadanos conscientes y libres a la que, yo al menos, aspiro, está en las manos de los militantes socialistas que, con su voto, pueden darle a Pedro Sánchez un cheque en blanco para que se lo entregue a quienes nos han traído hasta aquí o pueden frenar en seco esta locura que no hará más que subvertir y traicionar el mandato que los ciudadanos dejamos escrito en las urnas.
Ojalá le nieguen el cheque, pero podemos acabar de nuevo en la pocilga del PP y, ante ese futuro, prefiero ir a unas nuevas elecciones, Pero, por el momento, ciento noventa mil militantes socialistas tienen la palabra y en sus manos estamnos.

miércoles, 24 de febrero de 2016

ASÍ ES, SI ASÍ OS PARECE


Qué lejos, la foto de aquel debate electoral, de la triste, y preocupante, realidad en que nos movemos. Ayer, a Albert Rivera y Pedro Sánchez, por ese orden les faltó tiempo para anunciar un acuerdo que, lejos de facilitar la investidura del socialista, parecen alejarla, porque algunos socios, más que sumar, restan a quien los presenta a sus amigos y militantes.
Rivera presentó como las condiciones irrenunciables que había exigido a Pedro Sánchez, una batería de cinco reformas de la Constitución, de las que cuatro ya estaban asumidas por el PSOE. incluso en su propio programa electoral, y la cuarta, la supresión de las diputaciones tal y como las conocemos. parece difícil de asumir por algunos barones socialistas, Andalucía ya ha puesto el grito en el cielo, porque les privaría de una importante parcela de poder y un no menos importante "nicho de empleo" para sus militantes.
Además, por si fuera poca la oposición interna al acuerdo, aparentemente impuesto por Rivera y tan rápidamente aceptado por Sánchez, hay que sumarle la oposición frontal del PP y la del partido de, Pablo Iglesias, pese a que, por su parte, Iglesias lo ha hecho saber con la boca pequeña, puesto que no se ha levantado de la mesa a cuatro en la que el PSOE negocia con las fuerzas a su izquierda.
¿Qué está pasando entonces? ¿Qué pretenden PSOE y Ciudadanos con este anuncio tan insustancial que deja fuera de lo acordado asuntos tan cruciales como la redefinición del Estado o toda la política social? ¿No será que están "vistiendo el muñeco" para un acuerdo de salida que pueda crecer por la izquierda o por la derecha?
Apenas hay tiempo ya para algo tan crucial para el reforzamiento del pacto y parece como si Rivera, al esconder sus garras, estuviese facilitando el acuerdo con la izquierda y/o algunos nacionalistas para alcanzar uno de esos gobiernos de mayoría de geometría variable que busque sus apoyos a uno y otro lado de la Cámara, cómo y cuándo convenga. Un gobierno que apenas serviría para "ir tirando", si es que, finalmente, Pedro Sánchez consigue ser investido.
La investidura ya tiene día y hora, polémicos, por cierto, porque da ventaja al candidato para hacerse, sin réplicas, con los periódicos y los telediarios del día, pero el acuerdo o los acuerdos, si es que llega alguno más han de someterse a referéndum ante la militancia socialista que, sin apenas tiempo para la reflexión, va a ser llamado a consulta este fin de semana y, si Sánchez fracasa, nos encaminamos sin remedio a unas nuevas elecciones a celebrar el 26 de junio.
A estas alturas y después de ver que está pasando todo lo que, durante tantas semanas, unos y otros negaban que fuese a pasar, uno tiene el derecho de plantearse si no le estarán engañando, si todo esto no es más que una farsa en la que se niega en público lo que por debajo de la mesa se hace. Aun así, mantengo mis esperanzas en la militancia del PSOE que, contra viento y marea, venciendo la pereza del fin de semana tendrá que estudiar y dar su "sí" o su "no" a la propuesta que finalmente formalice su secretario general con el refrendo de la ejecutiva.
Va a ser difícil hacerlo y el resultado va a dejar al descubierto el alma del socialismo de base, porque ahora no tendrán que decidir entre una cara más o menos simpática o, en todo caso, con más opción de ser votada que otra. Ahora tendrán que decidir con quién y con qué acuerdos quieren que pacte su partido. No van a poder corregir esos acuerdos, no van a poder modularlos, sólo podrán aceptarlos o rechazarlos y, esa, será mucha responsabilidad, Pero, como digo, la consulta nos va a brindar la gran oportunidad de conocer la posición del partido, que es o debería ser como son sus militantes, respecto a esa línea que separa a la derecha de la izquierda.
A lo mejor, a la vista de los resultados, tienen que cambiar las cosas y se acaba esta cansina farsa del "así es, si así os parece".

martes, 23 de febrero de 2016

ESPEJITO, ESPEJITO...


Llevo días, medio en serio, medio en broma, proponiendo a mis amigos hacer un "crowdfunding" para regalar a Pablo Iglesias un espejo como el de la madrastra de Blancanieves, un espejo capaz de decir a su dueño la verdad que no quiere oír, pero que es; un espejo que Pablo Iglesias, carente, al menos en apariencia, de verdadera crítica en su entorno, un espejo capaz de decirle que no tiene toda la razón ni, mucho menos, dice siempre toda la verdad.
Pablo Iglesias, empeñado en criticar "todo lo que se menea" por ser casta o doblegarse ante ella, que dice moverse sólo por ideología y en defensa de la gente, está cayendo, al final, en los mismos vicios que critica de la casta, porque lleva demasiado tiempo mirando y mirándose en las encuestas, como cualquier partido del "régimen del 78", para acomodar su comportamiento, su estrategia, porque, al final, es eso, la estrategia lo que le mueve, a la imagen que, como el espejo de la malvada madrastra, le devuelven las encuestas. 
Iglesias no soporta no ser el más listo, el más querido o el más guapo de los candidatos y no parece darse cuenta que, para ser quien pretende ser, tiene que colocarse bajo la lupa de los medios ni que esos medios son implacables y no le van a pasar ni una, especialmente si es de contradicciones de lo que hablamos. Y Pablo Iglesias, quizá porque la política es eso, está cambiando de discurso, cayendo en demasiados "donde dije digo, digo Diego", despreciando la capacidad de análisis, la memoria y el sentido común de los ciudadanos.
Supongo que las asambleas y el liderazgo en las asociaciones estudiantiles en la facultad, sumados a el tirón mediático, primero el de su "Tuerka" y después el de sus apariciones en "la Sexta" y a aquel primer e inesperado éxito en las elecciones europeas, fueron euforizante suficiente como para llevarle a esa borrachera de liderazgo que le convierte en soberbio y, por qué no decirlo, en sectario. Y ese es uno de sus mayores defectos, el del sectarismo, porque ese, que nace de la desconfianza y el afán del control absoluto, es el peor de los suyos.
Un defecto que se hace cada vez más evidente y que le lleva a rodearse de la guardia de corps de sus viejos compañeros y alumnos de la facultad de Políticas, un defecto al que no consigue sobreponerse y que le empuja, como a la madrastra, a mandar a sus cazadores al bosque para traerle el corazón de quienes, como los líderes de Podemos en Cataluña o el País Vasco o Teresa Fernández, en Andalucía, o Pablo Echenique, en Aragón, no la dan a cada momento sus síes incondicionales.
Iglesias es de "líneas rojas", cómo odio la expresión, hasta que el espejo de las encuestas le descubre, como ahora, que se equivoca y resalta sus arrugas y verrugas. Iglesias cree que cambiando las palabras se cambia la realidad, cree que no nos vamos a dar cuenta de que, en el caso del referéndum sobre la autodeterminación en Cataluña o el País Vasco, irrenunciable puede cambiarse por preferible o por "la mejor opción", sin dejarse un solo pelo en la gatera.
Está cada vez más claro que Pablo Iglesias piensa sólo en él y "su" partido. Ni siquiera lo hace en sus votantes, a los que, si son un poco, sólo un poco, críticos, deben estar desconcertados, porque, como el mayor de los Marx, Groucho, tiene unos principios, pero, si hace falta, puede tener otros. Iglesias ha forzado la máquina y ha perdido un tiempo valiosísimo con su intransigencia ante Pedro Sánchez, hasta que ha visto en el espejito que esa postura le costaría escaños en unas segundas elecciones, a las que, hasta entonces, parecía querer empujarnos a todos.
Con lo que no contaba el líder de Podemos es con que los españoles no le perdonarían, ni a él ni al PP, que, por creer que iban a mejorar sus resultados, les convenía torpedear la investidura y forzar unos nuevos comicios. Supongo que después de ver que los consultados premiarían a quienes se han esforzado en la búsqueda de un acuerdo de gobierno, PSOE, Ciudadanos e incluso Alberto Garzón, que mejorarían sus resultados a costa de los intransigentes.
Por eso creo que Iglesias necesita un espejo, si no mágico, sí honesto que le cuanta cada mañana la verdad y sólo la verdad de sí y de las consecuencias de sus actos.

lunes, 22 de febrero de 2016

HASTA LOS COJONES


Mariano Rajoy, al que el ayuntamiento de su Pontevedra de adopción declarará perdona non grata por haber condenado a la capital gallega y a sus habitantes a sesenta años más de papelera, tuvo que verse ayer ante sus compañeros de partido de Vizcaya, para que, allí, el presidente del partido le sacase los colores por la corrupción o, al menos, lo intentase. Y hablo de intentarlo, porque, por lo que pudimos ver, nada ni nadie, salvo algunos amigos, algunos corruptos y algunos amigos que lo son, corruptos, parecen conmoverle.
Antón Damborenea le dijo, sin haber escuchado hoy la radio, que estaba "hasta los cojones! de ver un día sí y otro también a gente del PP pringada". Rajoy, con más cara de susto, que, de indignación, contestó a Damborenea y los presentes que no sabían hasta dónde estaba él de lo mismo, La verdad es que su respuesta no podía ser otra, porque su compañero se había encargado de recordarle "ante sus mismas narices que, mientras los compañeros del PP del País Vasco estaban siendo asesinados o amenazados por ETA, otros estaban "a otra cosa". Menuda papeleta, la de Rajoy, para alguien que ve como el suelo se mueve bajo sus pies y se creía en territorio amigo.
No sé qué diría hoy que la Cadena SER informa de que la trama de corrupción del PP valenciano es mucho más profunda y extensa de lo que hasta ahora se ha sabido, porque según los investigadores de la operación "Taula", en la que habrían detectado hasta cinco "cajas B" del partido en las distintas provincias, cajas que formaban parte de una estructura de financiación ilegal del PP, conectadas entre sí y con la organización nacional que preside Rajoy, Una estructura mafiosa que cobraba mordidas a constructores y contratistas por la concesión de obras y contratos, al frente de la cual estaría el ex presidente de la Generalitat, Francisco Camps, "el curita" de la trama Gürtel, que escapó indemne del asunto de los trajes y salió del gobierno, aunque , como Rita Barberá, convenientemente "blindado" por su fuero, como diputado de las Cortes valencianas, primero, y, ahora, como miembro del Consejo Consultivo de la Generalitat valenciana.
Lo que revela la SER, sumado a la detención, esta misma mañana, del malencarado número dos de Rita Barbera, Alfonso Grau, es lo que todos sospechábamos pero que así, contado por quien lo ha sabido de boca de quienes conocen el sumario, lo convierte en una obscenidad que nos lleva a la náusea y a un cabreo infinito, porque no hay que olvidar que el PP, en Valencia y en toda España, habría ganado elecciones durante años, comprando voluntades y apabullando con sus mítines, su propaganda y sus despliegues, financiados, todos, con las mordidas cobradas a quien contrataba con cualquiera de sus administraciones, convenientemente  blanqueadas mediante un complicado trasvase de dineros y facturas, de modo que un sobrecoste en la construcción de un colegio o un puente puede acabar en un escenario o unos autobuses para llenarlo de militantes contratados muy por debajo de los precios de mercado, para no sobrepasar los límites impuestos por la ley.
Antón Damborenea, harto de funerales y de escoltas, le ha dicho a Damborenea lo que muchos de sus compañeros de base piensan desde hace meses, si no años. Le ha transmitido lo que comienza a ser un runrún en las sedes de los barrios, un runrún del que pude ser testigo ayer en un autobús de la EMT, donde un viajero que hablaba "del partido" le decía a otro que esto no podía seguir así, sin respuesta a esa Rita Barberá que n se quiere comer sola el marrón y amenaza con "tirar de la manta".
Probablemente mis dos compañeros de viaje estaban también "hasta los cojones" de tener que pasar vergüenza por los delitos cometidos por otro. Imaginaos hasta dónde estamos yo y tantos como yo, que ni siquiera hemos podido felicitarnos por los triunfos de su partido sino, más bien al contrario, hemos sufrido en nuestras carnes los abusos de gobiernos alcanzados con las trampas de esa mafia que esconde el partido que más poder ha concentrado en la España democrática y que ahora, poco a poco, conforme vamos conociendo sus amaños, va camino de deshacerse como un azucarillo. Pues sí, estamos hasta los cojones y al borde de la náusea.

viernes, 19 de febrero de 2016

VUELVE LA INTOLERANCIA

Nunca sospecho el PP, y no hay más e ver la cara de funeral de sus dirigentes para confirmarlo, que iba a cocerse en su propia corrupción y que ese cocimiento iba a ser a fuego lento, tan lento para que cada uno de sus escándalos soltase todo el jugo, llenando el aire con toda su hediondez hasta hacerlo irrespirable. Nunca lo sospechó, pero, aunque quizá sólo por instinto, se ha estado preparando para lo peor a lo largo de estos cuatro años. 
Lo ha hecho a conciencia, blindando a sus "cargos" en las empresas amigas  o públicas, cubriendo a sus dirigentes más contaminados por la corrupción con el escudo del fuero, aunque para ello tuviesen que quitarse la máscara delante de todos, otorgando embajadas y canonjías a los más aguerridos y vergonzantes de sus "gladiadores" que cómo el exministro WERT, hoy embajador ante la OCDE en París, se dejó la piel y el prestigio defendiendo una ley de Educación infumable, asegurándoles, en fin, un futuro apacible en agradecimiento a los "servicios prestados".
Pero, siendo eso grave, lo más grave es el campo de minas y los francotiradores que han sembrado a su alrededor para mantener a raya a todo aquel que osase plantarles cara en la calle, la prensa o sobre los escenarios y lo han hecho con la pasividad de una oposición, no sé si aturdida o remolona, que se conformó con quejarse del rodillo parlamentario que, con su voto, pusieron en su mano once millones de ciudadanos, de los que muchos hoy están arrepentidos. Lo hicieron con la pasividad del PSOE que tardó en darse cuenta de que su lugar estaba en la calle con quienes estaban sufriendo en sus carnes la crisis que ellos no supieron diagnosticar.
Leyes y reformas, como la del código penal, que permiten sentar ante un juez a dos titiriteros sólo por haber puesto en manos de uno de sus títeres una pancartita no más grande que media cuartilla, que un policía malo quería "cargarle" a la bruja buena para llevarla a prisión. Leyes y reformas en las que se mantiene como delito lo que no es otra cosa que la blasfemia y que sienta a la portavoz del gobierno del ayuntamiento de Madrid por una protesta llevada hace cinco años, cuando sólo tenía veintiuno y estudiaba junto a la capilla de la facultad. Leyes que amenazan la libertad de expresión hasta el punto de llevar a creadores, actores y ayuntamientos a censurar y auto censurarse para no correr la suerte de los titiriteros.
Pero, como las leyes solas no bastan, este gobierno que aún controla, en funciones, eso sí, la nación, se ha ocupado de amaestrar y cebar a toda una corte de periodistas y opinadores, dispuesto a batirse de columna en columna, de tertulia en tertulia, contra cualquier cosa que amenace a quienes tan buen trato les han dado. Columnistas, correveidiles y opinadores que, con el beneplácito de los titulares de los medios para los que han trabajado y "trabajan" aún.
Lo que está sucediendo en este país está muy claro. Los sátrapas de los que os hablo y tanto os he hablado han quedado obscenamente desenmascarados y, por ello, han perdido gran parte del poder que, durante años, si no décadas, han ostentado. Han quedado retratados como los chorizos, malos gestores y poco atentos a lo social que son. Ya, ni el milagro económico que nos mostraba el ministro De Guindos en sus números de prestidigitador. La fantasía de los millones de puestos de trabajo, en realidad tajadas indecentes resultantes de trocear raciones de trabajo digno, se les han desmoronado también y por eso han recurrido a dos armas hasta ahora infalibles para ellos: el miedo y la ideología.
Dos armas que en sus manos se confunden, porque su ideología es la del miedo. El miedo a una ETA inexistente, el miedo a persecuciones religiosa en las que nadie piensa, el miedo a perder la pensión, insuflado por quienes las están devaluando. Ideología y miedo, pero, sobre todo, intolerancia. Intolerancia contra todo aquello que perturbe su plácido buen vivir, contra todo aquello que nos haga iguales ante ellos, iguales y libres, porque la libertad y la igualdad son y han sido siempre sus grandes enemigos. Por eso, ahora que ya todo lo han perdido o están a punto de perderlo, vuelve la intolerancia.