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jueves, 25 de enero de 2018

LA "COMPULSIBILIDAD" DEL PP


La verdad es que, cuando ayer escuché a Ricardo Costa describir ante el tribunal, en la Audiencia Nacional, el mecanismo mediante el cual se financiaban las carísimas campañas electorales del Partido Popular en Valencia, me quedé un tanto frío. No sé si fue porque, como a cualquiera con ojos, orejas y memora, nada de lo que contó me era del todo desconocido, el caso es que lo único que sentí es que la última pieza del puzle, la única que encajaba en el único hueco que quedaba libre se había colocado por fin.
Lo que sí me sorprendió, lo confieso, es que la noticia de la confesión de Costa, de consecuencias aún desconocidas, apenas fue destacada, si es que aparecía, en la edición digital de EL PAÍS, en tanto que el resto de los digitales la destacaban con un enorme despliegue de informaciones relacionadas, como si al esconderla mitigase las consecuencias para quienes en los últimos tiempos protegen al que fuera, pero ya no es, el gran periódico, el referente, de la democracia española.
En esas están quienes nos han traído hasta donde estamos y quienes han venido callando lo que sin duda sabían, lo que sin duda estaban viendo, silbando y mirando para otro lado, como Rajoy que, a esa misma hora, silbaba y miraba para otro lado cuando era preguntado por el asunto, la corrupción, que está minando que lleva meses, años, minando sin piedad los pies de barro cenagoso del gigante que ha hecho y deshecho cuanto y como ha querido con las vidas y haciendas de los españoles.
La foto, tomada prestada de EL PLURAL, con que ilustro esta entrada es más que significativa, porque explica el portento de que Rajoy, estando en medio de la fiesta valenciana, la que nunca acababa, la que ganaba elecciones aquí y allá, entre quienes la vivían y organizaban, no se hubiese enterado de nada. Simplemente, este señor, este paradigma del cinismo, al tiempo que metía el cucharon en la paella, cerraba los ojos y se tapaba las orejas para no enterarse de cómo y quién pagaba la fiesta, esa que tanto le divertía y que tanto le beneficiaba.
Ricardo Costa, secretario general del PP valenciano en los tiempos de la  eufórica soberbia, so se sabe muy bien por qué, se animó ayer a colocar el mismo y ante el tribunal la pieza que completaba ese puzle fallero del que os hablo, ese que permitía cerrar campañas en una plaza de toros repleta, con regalos y atenciones para los asistentes con palmeras de fuegos artificiales, con bandas de música, con espectáculo, no sólo político, en el escenario, y todo gratis para el partido, porque lo pagaban los empresarios adjudicatarios de obras y contratos de la administración valenciana que, a cambio de un contrato hinchado, sufragado con el no cemento y los no ladrillos de las aulas de los15.000 niños valencianos, que en Valencia estudian hoy en barracones, pagaban las facturas que "graciosamente" les giraban, Orange Market y empresas similares o, simplemente, contribuían con sobres a los gastos del partido.
Tengo la sospecha, ojalá la hubiesen tenido también tantos y tantos periodistas sordos y ciegos junto a los que ha crecido el monstruo, de que todo el PP y no sé qué otros partidos se han financiado así o de modo parecido. Sin embargo, he de reconocer que el caso valenciano es especial, es único, tiene algo que lo hace fascinante, algo que quizá fuese eso que Ricardo Costa llamó "compulsibilidad", eso que llevaba a Francisco Camps, el presi, a la verborrea compulsiva, la de "amiguito del alma, te quiero" o a adornar los mítines con fuegos artificiales, banda de másica y tocayo famoso para cantar el himno de Valencia. Sólo espero que esa compulsividad que ha llevado al PP a robarnos sin parar para pagarse las campañas con que situarse o mantenerse en el poder para seguir robándonos compulsivamente, sea la que lleve a prisión a quien corresponda y la que acabe con la presencia de un partido tan corrupto como el PP en ayuntamientos, comunidades autónomas y el Gobierno.

miércoles, 13 de abril de 2016

COMO CAMPS, COMO ROLDÁN...

De todos los personajes cuyos nombres han aparecido hasta ahora en los papeles del despacho Mossack-Fonseca, el más patético sin duda, aunque seguido de cerca por Bertín Osborne, con sus malos modos y su nada santa indignación, es José Manuel Soria que, con su tozudez y su casi infantil modo de mentir, va de radio en radio, de televisión en televisión, siempre amigas, claro, desvelando poco a poco y a regañadientes la realidad que desde un primer momento denunciaban los papeles. Tanto ha mentido y en tantos sitios, que, de haber sido de madera, como Pinocho, no habría espacio en este mundo para contener su nariz.
Soria, como los malos estudiantes, evita el mal admitiendo la verdad "de a poquitos" y pasa del "ni yo ni mi familia tenemos nada que ver" a admitir que la empresa a la que se le vincula en los papeles fue fundada por su padre que tuvo en vida la mitad de las acciones. Pasó de la firma que figura al pie de los documentos se parece a la de mi hermano a admitir la relación, paso del "todo es una coincidencia, un error", un error que, por cierto, se repite tozudamente en Panamá y en Londres, a admitir que fue durante un tiempo administrador de las sociedades aludidas, aunque nunca asistió a ninguna reunió ni tomó decisión alguna.
Mentira tras mentira, datos que, sólo cuando se evidencian en pruebas tan solventes como las hojas del registro mercantil británico, se admiten y se admiten con excusas tan infantiles como que, si no lo había hecho antes, era porque no s e le había preguntado por ellos. Un tipo balbuceante de mirada huidiza, demasiado parecido, para mi gusto, a José María Aznar, del que parece un clon dos o tres tallas más grande, un tipo al que nadie se atrevería a comprarle un coche de segunda mano, que, para nuestra desgracia, es el ministro de la luz, el gas y el agua y, siempre, a favor de los poderosos que sientan a sus amigos y colegas, a los de su clase, en sus consejos de administración.
Y qué se podía esperar de quien pretende cobrar impuestos al sol, de quien, para desalentar a los que pretender independizarse de la tiranía de las eléctricas, les hace pagar cada kilovatio como si les llegase envuelto en celofán y, además, lo explica o, al menos, pretende hacerlo. Brillante carrera para un tipo gris donde los haya que, sin embargo, ignoraba que el pasado le aguardaba en los ficheros de un despacho de abogados en ultramar y que la prensa ya no es lo que era y la información, de un modo u otro, acaba por fluir libremente.
José Manuel Soria, acorralado por la verdad y sus propias mentiras, me recuerda al Francisco Camps de las mentirijillas sobre los trajes, al que sólo un tribunal complaciente libró de la condena, pero que tuvo que dimitir, para ver desde el Consejo Consultivo de la Generalitat como su partido se estrellaba en las autonómicas y como salían a la luz los chanchullos que tuvieron lugar bajo su gobierno.
También me recuerda quizá más todavía, a aquel Luis Roldan que peregrinaba por estudios y redacciones con su carpeta de excusas y aquella bolsita de cuero de contenido ignorado que siempre interponía entre él y sus interlocutores, más propia de un espía que de todo un director de la Guardia Civil, Roldán que juraba y perjuraba, nunca mejor dicho, su inocencia, acabó juzgado y en prisión tras una rocambolesca huida. Ahora, quien citara a la prensa en lujosos hoteles de París, parece que vive humildemente en un piso de mala muerte, 
Ese pequeño detalle, ese final, parece ser lo único que le separa del todavía ministro Soria y del ex presidente Camps: haber sido tan canalla y tramposos como ellos, pero no haber compartido una cuna noble que le pusiese a salvo de la desgracia final., Peri, en el fondo, Soria es como Camps, como Roldán...

lunes, 29 de febrero de 2016

UN AÑO DE BOCHORNO


Ayer, si no  un año exacto, sí se cumplió un curso completo desde que Rita Barberá, envuelta en los vapores de la fiesta, se asomó al balcón del ayuntamiento valenciano para invitarnos a disfrutar del "caloret" de las fallas, sin saber que, esa, era la última vez que lo hacía ni que de ser la alcaldesa de Valencia,  jaleada y consentida durante un cuarto de siglo, iba a pasar a ser el "ninot" que encarnase la corrupción y el despilfarro de toda una época, en la que Valencia, ciudad, provincia y comunidad, pasó a ser una gran falla, al servicio del PP y sus interesas, del PP y suyos particulares, a costa de los ciudadanos de allí y también de aquí.
Un curso entero, un año, en el que la máquina de hacer dinero del partido, manejada por un selecto ramillete de militantes, se ha gripado y ha saltado por los aires, dejando al descubierto las vergüenzas de un sistema mafioso, onerosamente consentido por la prensa, por algunos jueces y por la oposición que, primero con recalificaciones tramposas del suelo de todos y luego con cualquier otra decisión que hubiese de tomar cualquier administración, siempre proporcionando las mordidas y pelotazos que ahora, día sí y día también, se están revelando ante nosotros.
Un curso en el que hemos pasado del caloret de la alcaldesa al bochorno de todo su partido, en el que los militantes de una cierta categoría se muelen a codazos mientras tratan de subirse a los botes de un escaño, una embajada o un consejo de administración y el resto se parten abiertamente la cara por los pocos salvavidas que quedan a bordo.
En la foto que ilustra esta entrada, aparecen los personajes principales de esta zarzuela de ambiente fallero y huertano: la propia Rita Barberá, el histriónico Francisco Camps, capaz de pasar de la risa al llanto, del regalo a la amenaza, en un abrir y cerrar de ojos, y el no sé si hierático, no sé si paralizado por su propio cuajo, por su pachorra, fundamentales todos en esta trama de corrupción y miseria en la que lo mismo se tiende una alfombra de billetes, que pagamos todos, para que Fernando Alonso haga el ridículo en las calles de Valencia, que se condena a los niños valencianos a estudiar en barracones helados en invierno y tórridos en verano, mientras al partido y sus gerifaltes le rebosa el dinero en los bolsillos y Alejandro Agag lleva a su suegro a las carreras.
Ha sido un año, especialmente desde que Rita se dio la gran "hostia" en las elecciones de mayo, en el que hemos visto y oído de todo, en el que, por fin, la prensa se ha puesto a trabajar para escarbar en la mugre que cubre ese partido en Valencia y en lo que no es Valencia. Un año en el que, al PP, se le ha perdido el respeto o, por qué ocultarlo, el miedo, el respeto que no merece y el miedo a que cierre la espita de las campañas publicitarias institucionales que ya no controla. Un año en el que unos y otros tratan de recolocarse de cara a unos años que ya no volverán a ser los mismos.
Un año con un día más, el de hoy, que muy bien podría servir para reflexionar, para que la gente con algo de decencia que aún debe quedar en el PP asuma la responsabilidad que le corresponde y acabe con el reinado de un Rajoy que está sentado sobre un polvorín a punto de reventar con consecuencias difíciles de prever.
Mañana, Rajoy va a tratar de meterle el dedo en el ojo a Pedro Sánchez que, por quererlo todo, puede quedarse sin nada, va a tratar de hundir al que un día, ante millones de españoles, le llamó no decente. Y quizá lo consiga, lo que no va a conseguir es que Ciudadanos, en un todavía improbable, intento de alcanzar la investidura, le apoye a cara descubierta ni mucho menos que olvidemos este año, este curso, que arrancó con "caloret" y va camino de terminar en bochorno.

lunes, 22 de febrero de 2016

HASTA LOS COJONES


Mariano Rajoy, al que el ayuntamiento de su Pontevedra de adopción declarará perdona non grata por haber condenado a la capital gallega y a sus habitantes a sesenta años más de papelera, tuvo que verse ayer ante sus compañeros de partido de Vizcaya, para que, allí, el presidente del partido le sacase los colores por la corrupción o, al menos, lo intentase. Y hablo de intentarlo, porque, por lo que pudimos ver, nada ni nadie, salvo algunos amigos, algunos corruptos y algunos amigos que lo son, corruptos, parecen conmoverle.
Antón Damborenea le dijo, sin haber escuchado hoy la radio, que estaba "hasta los cojones! de ver un día sí y otro también a gente del PP pringada". Rajoy, con más cara de susto, que, de indignación, contestó a Damborenea y los presentes que no sabían hasta dónde estaba él de lo mismo, La verdad es que su respuesta no podía ser otra, porque su compañero se había encargado de recordarle "ante sus mismas narices que, mientras los compañeros del PP del País Vasco estaban siendo asesinados o amenazados por ETA, otros estaban "a otra cosa". Menuda papeleta, la de Rajoy, para alguien que ve como el suelo se mueve bajo sus pies y se creía en territorio amigo.
No sé qué diría hoy que la Cadena SER informa de que la trama de corrupción del PP valenciano es mucho más profunda y extensa de lo que hasta ahora se ha sabido, porque según los investigadores de la operación "Taula", en la que habrían detectado hasta cinco "cajas B" del partido en las distintas provincias, cajas que formaban parte de una estructura de financiación ilegal del PP, conectadas entre sí y con la organización nacional que preside Rajoy, Una estructura mafiosa que cobraba mordidas a constructores y contratistas por la concesión de obras y contratos, al frente de la cual estaría el ex presidente de la Generalitat, Francisco Camps, "el curita" de la trama Gürtel, que escapó indemne del asunto de los trajes y salió del gobierno, aunque , como Rita Barberá, convenientemente "blindado" por su fuero, como diputado de las Cortes valencianas, primero, y, ahora, como miembro del Consejo Consultivo de la Generalitat valenciana.
Lo que revela la SER, sumado a la detención, esta misma mañana, del malencarado número dos de Rita Barbera, Alfonso Grau, es lo que todos sospechábamos pero que así, contado por quien lo ha sabido de boca de quienes conocen el sumario, lo convierte en una obscenidad que nos lleva a la náusea y a un cabreo infinito, porque no hay que olvidar que el PP, en Valencia y en toda España, habría ganado elecciones durante años, comprando voluntades y apabullando con sus mítines, su propaganda y sus despliegues, financiados, todos, con las mordidas cobradas a quien contrataba con cualquiera de sus administraciones, convenientemente  blanqueadas mediante un complicado trasvase de dineros y facturas, de modo que un sobrecoste en la construcción de un colegio o un puente puede acabar en un escenario o unos autobuses para llenarlo de militantes contratados muy por debajo de los precios de mercado, para no sobrepasar los límites impuestos por la ley.
Antón Damborenea, harto de funerales y de escoltas, le ha dicho a Damborenea lo que muchos de sus compañeros de base piensan desde hace meses, si no años. Le ha transmitido lo que comienza a ser un runrún en las sedes de los barrios, un runrún del que pude ser testigo ayer en un autobús de la EMT, donde un viajero que hablaba "del partido" le decía a otro que esto no podía seguir así, sin respuesta a esa Rita Barberá que n se quiere comer sola el marrón y amenaza con "tirar de la manta".
Probablemente mis dos compañeros de viaje estaban también "hasta los cojones" de tener que pasar vergüenza por los delitos cometidos por otro. Imaginaos hasta dónde estamos yo y tantos como yo, que ni siquiera hemos podido felicitarnos por los triunfos de su partido sino, más bien al contrario, hemos sufrido en nuestras carnes los abusos de gobiernos alcanzados con las trampas de esa mafia que esconde el partido que más poder ha concentrado en la España democrática y que ahora, poco a poco, conforme vamos conociendo sus amaños, va camino de deshacerse como un azucarillo. Pues sí, estamos hasta los cojones y al borde de la náusea.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

COMO UN JUGUETE ROTO

 
 
 

Poco les duró la alegría a los trabajadores de la televisión valenciana. Fueron apenas unas horas, las que transcurrieron desde que se conoció al anulación por parte del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana del ERE que puso en la calle a más de mil de sus trabajadores y la filtración de la decisión del gobierno valenciano de cerrar el ente.

En cuanto supe que se había anulado el ERE, cruce mensajes con una amiga, que formaba parte de la minoría que había conservado su empleo y que, no por ello, había dejado de luchar al lado de sus compañeros despedidos.

Me decía que tenía sentimientos agridulces ante la anulación de aquel ERE-tan salvaje, añado yo- porque, con la admisión de todos sus compañeros cabía la posibilidad, fatalmente cumplida, de que la Generalitat decidiese echar el cierre de la radio y la televisión que durante tantos años había sido, para los gobiernos que pasaron por ella, poco más que un juguete propagandístico que era, en sí mismo, un insulto a la dignidad de sus trabajadores y a la inteligencia de los valencianos.

Canal Nou fue, a pesar de sus trabajadores, poco más que eso, un instrumento de propaganda, en el que ejercer con profesionalidad el periodismo y sentirse respetado era harto difícil. Su principal función era la de cantar las alabanzas de los presidentes de turno y, para lograrlo, como ya enseñó a hacerlo TVE en sus etapas más negras, se llenaban los pasillos de trabajadores decentes y rebeldes, sometidos a lo que aún no sabíamos que se llamaba mobbing, pero dolía igual, mientras se contrataba a trabajadores más dóciles, de esos que, alguien lo diría con cinismo, sienten los colores.

Esas plantillas infladas para colocar a los fieles y los seguimientos inútiles para el bien público, caros y arbitrarios de los Zaplanas y Camps de turno, no le bastaron a las sanguijuelas instaladas en la dirección del ente, sanguijuelas que, como las que se esconden en ríos, fuentes y abrevaderos, tienen la precaución de anestesiar la conciencia de sus principales víctimas, los ciudadanos.

No les bastó. También se ocuparon de alimentar sus bolsillos y dar gusto a su bragueta, porque no sé si primero en Valencia o en Madrid, aprendieron lo útil que resulta una radiotelevisión pública para saquear las arcas públicas a base de cargarle facturas escandalosamente hinchadas. Y no se sabe, porque la trama Gürtel nació simultáneamente en Madrid y Valencia, y fue la trama Gürtel la que clavó sus dientes en el dispositivo organizado para el seguimiento de la visita del Papa a Valencia, una visita que le vino de perlas a Camps para tapar la vergonzosa por evitable tragedia del metro de la capital valenciana. 

Telemadrid ha sido, y en especial después de la llegada de Esperanza Aguirre a la Puerta del Sol, un remedo del reino de taifas en que se convirtió la RTVV. La presidenta forzaba la repetición de tomas para "sacarla guapa", pero no sólo eso, también encargaba reportajes ideológicamente infumables, en los que la verdad casi siempre -y digo casi por ser generosos- quedaba fuera. Y lo peor es que, al menos en el caso de Canal Nou, el esfuerzo y la profesionalidad de la mayoría de sus trabajadores ponían en la antena un producto digno, seguido por una gran audiencia.

Eso fue así hasta que cayó en manos de los gobiernos autonómicos la varita mágica de la televisión digital. Desde ese momento ya no hizo falta justificar nada, Bastaba con conceder los nuevos canales a quienes tenían como único aval su facilidad para lamer la mano del amo. Las televisiones públicas dejaron de tener entonces interés para los sátrapas. Era más fácil sostener artificialmente las teles del digital party y, claro, hicieron lo posible para dejar caer las televisiones públicas que, hasta entonces habían sido su juguete. Un juguete caro y delicado, maltratado por su dueño hasta que pierde los brazos y las piernas o salta su cuerda y acaba irremediablemente en el cubo de la basura del niño déspota y caprichoso que lo destroza.

Es lo que ha hecho ayer Fabra, tirar a la basura el juguete heredado y roto o rajar su balón ahora que parece que va a perder el partido. 
 
 

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martes, 10 de enero de 2012

ENGAÑADOS


Como bien imagináis, no es mi caso, pero tengo la impresión de que a estas alturas de la incipiente legislatura ya debe haber quien se siente engañado. Me refiero, claro está, a los votantes del PP. Si me apuráis, podría incluir también a quienes pensaron que el PSOE merecía un escarmiento y le negaron el voto que hasta entonces le habían dado. Lo que no me explico es cómo unos y otros pudieron creer que las cosas iban a ser distintas.
Vayamos por partes. El PP se postuló como el partido de la honradez frente a escándalos que, si no mayores que los que afectan a alguno de sus dirigentes, apuntando en más de una ocasión a más de un despacho de la calle Génova. Rajoy y otros dirigentes populares pusieron la mano -también el codo- por Francisco Camps, el "querido Paco" de Rajoy, y Jaume Matas, el ministro eficaz de Aznar. Hoy los tenemos sentados simultáneamente en sendos banquillos, enredados en cuantas, facturas y otras madejas que o mucho me equivoco o tienen cabos comunes que a veces se confunden. Y no me extraña que uno y otro hiciesen lo que no está escrito para no acabar delante de un tribunal, porque hay que ver la cara de delincuente que s ele pone a uno sentado sobre la dura madera del banquillo de los acusados. Es decir, y sin hablar de caciques como Carlos Fabra o algún presidente de diputación gallego, escándalos también los tienen ellos y los tienen para dar y tomar como estamos comprobando y comprobaremos cuando enseñen sus vergüenzas ante el juez.
Si entramos en el capítulo de medidas económicas -un eufemismo de recortes- comprobamos que la cosa no va mucho mejor de lo que iba con los socialistas. Rajoy y sus presidentes autonómicos han "tirado" de tijeras con un entusiasmo digno de mejor, tanto que no sólo han estrechado el traje más de lo debido, sino que en más de un caso han alcanzado a la piel de los ciudadanos. Eso, sin que se vean por ninguna parte los estímulos a la inversión ni el entusiasmo que, según Rajoy, iba a traernos la felicidad que algunos ya ni recuerdan.
Dijeron que no tocarían los impuestos y sólo lo han hecho, o lo van a hacer, con los que afectan a quienes viven de un sueldo o consumen, en tanto que no se toca el patrimonio ni los beneficios de las grandes fortunas, algo que no sólo deprime, sino que hiela la sangre que tanto necesita este país para reaccionar.
Y si, ya por último, hablamos del peligro que corren las libertades o los pilares que sustentan el tan bien ganado Estado de Bienestar, la cosa es para echarse a temblar. Por eso creo que más de uno debe andar ya cabreado y tentándose la ropa ante el error cometido. Eso o que, más que las patadas en el culo o que se pisoteen sus derechos, les importa quién lo hace.
Sí, quizá sea eso. Quizá la mentira y el daño, si viene de los nuestros, es menos mentira y es menos daño.


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