lunes, 24 de marzo de 2014

TORPEZAS POLICIALES

                                FOTO: 20minutos

A estas horas, mientras muchos españoles, con más o menos sinceridad, con mayor o menor conocimiento, lloramos la muerte del hombre que condujo en España el tránsito del franquismo a una democracia más o menos homologable con las del resto de Europa, llama la atención la protesta de decenas de antidisturbios y sus sindicatos por lo que consideran una torpe coordinación de los mandos que organizaron el dispositivo "contra" la gran marcha ciudadana del 22-M, porque dejaron aislados a un grupo de ellos, sin el material adecuado y a merced de las pedradas y el lanzamiento de otros objetos por parte de grupos que, en contra de la tónica general de la marcha, desataron toda su violencia contra ellos.
Si digo que el dispositivo se organizó contra la marcha, es porque, desde que ya en las primeras horas de la mañana, mediante controles en las carreteras y estaciones de ferrocarril de acceso a Madrid, durante la misma con un despliegue ostentosos y, a la vista de los resultados, poco eficaz, y, finalmente, con "la guinda" que supuso comenzar a disolver la marcha media hora antes de que expirase la autorización para la misma, estaba claro que el despliegue policial tenía una finalidad muy distinta a la de la protección de los derechos de los manifestantes, tan cacareada por la delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes.
Está claro que el despliegue se había dispuesto torpemente para molestar a quienes acudimos a la marcha en contra de los graves d recortes en derechos, salarios y servicios que venimos sufriendo los españoles desde que el PP llegó al poder.
El grueso del despliegue no estaba destinado a blindar los alrededores del Congreso de los Diputados y, sobre todos, los de la sede nacional del partido que está detrás de todos los recortes que otra vez nos habían llevado a la calle y eso, a pesar de que el grueso de la marcha, por no decir toda la marcha acudió a ella para dejar constancia del enorme malestar ciudadano y de contrarrestar el mentiroso mensaje que repite una y otra vez el gobierno, hablando de crisis y tormentas económicas superadas. También quedó claro, con la orden, dada a las nueve, de despejar la Plaza de Colón, media hora antes de expirar la autorización para disolver la concentración, precisamente a la hora en que arrancan o hacen su resumen los telediarios.
Ese era, a la vista de los resultados, el fin primordial del despliegue: convertir una enorme marcha pacífica en una sucesión de altercados violentos, para poder confirmar sus mensajes descalificadores repetidos con tesón en las horas previas a la marcha, convirtiendo a pacíficos manifestantes en radicales, unas veces de extrema derecha y, otras, de extrema izquierda, de los que hay que alejarse y a los que nunca tiene que seguir la mayoría silenciosa que tanto le conviene a Rajoy.
Pero la cosa se les escapó de las manos, porque, pese a sus cuentas ridículas y tramposas, hubo más gente que nunca y, sobre todo, porque un grupo de antidisturbios ¿lo becarios? mal dotados y peor organizados quedó aislado en medio de muchos manifestantes doblemente indignados y, lo que fue peor, para ellos y para el resultado final de la marcha, entre numerosos alborotadores dispuestos a acosarles. Mal asunto, del que el que salió peor parado fue u manifestante que ha perdido un testículo por el impacto de una pelota de goma, utilizada irresponsablemente, sin que hubiese frontera alguna que señalar. Y menos mal que ninguno de los policías cometió la imprudencia de hacer uso de las armas de fuego que reglamentariamente portan, porque, debieran saberlos sus mandos, hay cosas que se sabe cómo empiezan, pero no como terminan.
Se quejan los policías de las bajas sufridas por la irresponsabilidad de sus mandos, pero no se quejan, como no se han quejado nunca, de los daños producidos por sus excesos. Parece que, como ocurre siempre con los que buscan la vida fácil, sólo quieren ventajas, sueldo y empleo garantizados, y no los inconvenientes. Lo siento, pero todo viene en el paquete. El mirar por encima del hombro, amenazantes y con una porra en la mano a los ciudadanos tiene estas consecuencias. Riesgos como los padecidos el sábado y, sobre todo, el desprecio de los ciudadanos que está volviendo a los niveles de cuando iban de gris y a caballo. Por eso me limito a recordarles que, en ese trabajo, como en todos, hay una puerta de salida.
No creo que las torpezas policiales del sábado acarreen dimisiones. No es el estilo del ministro que motivos tendría ya para presentar la suya. Sin embargo, de seguir así las cosas, todo puede ir a peor. 


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sábado, 22 de marzo de 2014

UN SPOILER


Siento por Adolfo Suárez, no sólo el mayor de los respetos, sino una gran simpatía, una simpatía que nace,  quizá, de la necesidad de compensar la incomprensión de que hice, hicimos, víctima los españoles de mi generación a un personaje, en el que no supimos en su día  ver el coraje y el instinto con que desactivó un sistema diseñado para defenderse ç de los ciudadanos, en lugar de trabajar para ellos, un  sistema al que parece que inexorablemente regresamos.
También me lleva hacia esa simpatía la solidaridad con un hombre que ha sufrido como pocos en lo privado y que lo ha hecho, sin embargo, con dignidad y discreción. Es horrible parase a pensar en todo el dolor que ha tenido que sufrir este hombre, partiendo de la falta de gratitud  y el abandono por parte de quienes a su lado hicieron carrera cuando no fortuna en la política y acabando en su tragedia familiar, en su mujer y su hija arrebatadas por la enfermedad, en la enfermedad de su otra hija, en la soledad que debió vivir cuando pasó de serlo todo a ser apenas un diputado marginal en el Congreso.
Y todo después de haber sido uno de los protagonistas de la maniobra política más arriesgada e inteligente que cabía imaginar para llevar a este país de la más rancia y sangrienta de las dictaduras hacia un sistema de convivencia que, con sus más y sus menos, nos ha permitido llegar hasta aquí, con más reproches ahora que en aquellos años y no por culpa de Adolfo Suárez, sino por la que deriva del desencanto y, por qué no decirlo, del aburrimiento y la inacción de los ciudadanos.
Considerando todo esto, en estas últimas horas ha sido un lugar común hablar del Alzheimer, la enfermedad que ha acompañado al primer presidente de la reinstaurada democracia española, la que le ha privado del conocimiento y sus recuerdos, como una bendición que le ha puesto a salvo de toso ese dolor insoportable quizá para un hombre sano. Una cruel enfermedad que, pese a toda esa literatura, está acabando con su vida como acaba cada año con la de centenares o miles de españoles.
Por todo ello, por esa simpatía, por ese agradecimiento y todo lo demás no entiendo lo que está pasando.
No entiendo que el hijo de este hombre primordial para la reciente historia de España haya tendió la absurda ocurrencia de convocar a la prensa para anunciar con cuarenta y ocho horas de antelación la muerte de su padre. No alcanzo a entender qué ha pretendido con ello, si reclamar la atención de este país sobre su padre, un tanto olvidado en este trepidante país que hoy mismo trae a decenas de miles de ciudadanos a la capital, para reivindicar la dignidad perdida que Adolfo Suárez contribuyó a traernos.
Lo que hizo ayer el hijo del expresidente fue una especie de "spoiler", una especie de "destripe" innecesario con elq ue los amigos nos revientan las historias que nos interesan, un spoiler con el que ha pretendido despejarnos, ignoro con qué fin, insisto, la última incógnita que quedaba por despejar sobre el final de la vida de su padre. Un spoiler que, a estas horas, corre ya el peligro de volverse en su contra, teñido de sarcasmo y que resta intensidad a ese momento en que nos sorprende el anuncio de la muerte de una persona querida o admirada.


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viernes, 21 de marzo de 2014

ALCALDES Y ALCALDES

Hace apenas unos días señalaba desde aquí que, por suerte o por desgracia, hay jueces y jueces que, con su impronta, transforman, para bien o para mal, lo que debiera ser tan claro y sencillo como la administración de la justicia. Pues bien, otro tanto ocurre con los alcaldes, cuyo cometido primordial debería ser el de procurar el bienestar o la felicidad de sus vecinos, les hayan o no votado. 
Bienestar y felicidad, qué sencillo y qué difícil a un tiempo. Sencillo de decir y proponer y difícil, muy difícil, de conseguir. Sin embargo, hay y ha habido alcaldes, incluso aquí, en España, que han conseguido que sus vecinos alcancen el deseado bienestar o, al menos, la felicidad  que siempre conlleva el orgullo de vivir en la ciudad que mantienen con sus impuestos y tasas, a cambio de facilitarles la vida.
Uno de esos alcaldes, por desgracia poco habituales, nos dejó ayer, Día Internacional de la Felicidad, Iñaki Azkuna, el veterano alcalde de Bilbao, proclamado el mejor alcalde del mundo, y no por los bilbaínos, que ay se sabe cómo las gastan con lo suyo y con los suyos, sino por la internacional City Majors Foundation que, en 2012, le distinguió con ese galardón. Yo, la verdad, no sé si Azkuna fue el mejor alcalde del mundo, ni siquiera sé si fue el mejor alcalde de España, lo que sé es que fue un buen alcalde de Bilbao y, sobre todo, un alcalde muy querido dentro y fuera de Bilbao. Dicen los que le conocieron que tenía tanta simpatía como mal genio y, la verdad,  siempre que tuvo ocasión dio muestras de una y otra cosa. Fue también un tipo muy peculiar, capaz de despedirse uno por uno de sus amigos y muchos colegas, bien en persona, en reuniones más o menos discretas,  o bien por cartas como la que encontró en la mesa de su despacho Xavier Trias,  el alcalde de Barcelona.
Qué diferente este tipo, que nos enseñó a los de fuera de Bilbao a querer a esa ciudad como la quieren los nacidos allí, sobre todo, en circunstancias no siempre agradables, qué diferente de la alcaldesa que nos ha tocado en mala suerte a los madrileños, una mujer que no dudó, en circunstancias tan terribles como las de la trágica muerte de cinco jóvenes en instalaciones municipales, a causa de una preocupante y escandalosa dejación de sus responsabilidades de funcionarios públicos y con los cuerpos aún calientes de las jóvenes víctimas, en regresar a sus relajado spa cerca de Lisboa. Eso, por no hablar de la desastrosa gestión de cuantos asuntos han caído en sus manos, desde esa crisis, que le costó la dimisión de sus colaboradores más directos, a otras como la de la candidatura olímpica de Madrid, la huelga de basuras, cuyos servicios mínimos inspeccionó en tacones y con abrigo de pieles. Un desastre, en fin, que esperemos que las urnas se lleven lejos, aunque hay quienes la sitúan ya, no sé con qué fundamento, al frente del Ministerio de Sanidad,
Una pesadilla de alcaldesa que ayer tuvo la desfachatez de bajarse, en un gesto más que demagógico, dos mil euros al año su salario, poco más de ciento cuarenta euros en cada una de sus catorce pagas, mientras son decenas de miles los trabajadores municipales que han visto recortado seria ente su salario, si no han ido al paro durante su gestión.
Está claro que esta señora, a la que abuchean hasta los devotos del Jesús de Medinaceli por saltarse la cola, no tiene la menor empatía con sus vecinos. Nada que ver con el desaparecido Azkuna o Tierno Galván, el "viejo profesor", cuya leyenda superaba con creces sus virtudes, pero que supo transmitir a esta ciudad de Madrid la ilusión y el orgullo de mirarse que nunca más ha vuelto a sentir. 


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jueves, 20 de marzo de 2014

CONVIVIR CON SU VERDUGO


Ayer, aún presa del escándalo que me produjo la sentencia de un juez de Jaén que autoriza al maltratador de una mujer a vivir en el domicilio de su víctima o, lo que es lo mismo, condenaba a dicha mujer a vivir con su verdugo, me preguntaba en Facebook qué hubiese ocurrido si víctima y verdugo cambiasen sus papeles, es decir, si la mujer fuese la agresora y el hombre la víctima. La verdad es que, salvo en determinadas esferas sociales,  es difícil imaginar tal caso, pero, aun así, estoy seguro de que ningún juez obligaría a un hombre maltratado a convivir con su agresora.
Lo más ofensivo de esa sentencia que, aun vista en abstracto y aislada de las circunstancias, algo que la sociedad espera que el juez, en su papel de árbitro de las leyes, nunca olvide, resulta incomprensible, es que el beneficiado por la decisión judicial había sido ya condenado en cuatro ocasiones por maltrato, por lo que cabría esperar que, en una nueva convivencia, se volviese a poner en grave riesgo  la vida de su víctima, es que el juez considera que el autor de tales delitos no tendría, si no, a donde ir.
La sentencia resulta ser todo un verdadero desafío a la lógica y al sentido común, que espero que el juez haya sabido argumentar con algo más, porque, la verdad, haberla conocido en pleno repunte de la epidemia de violencia machista que padece este país parece un insulto a la inteligencia o una burla a una sociedad que, afortunadamente, cada vez se muestra más refractaria a los atavismos "culturales" y religiosos que supeditan a la mujer al hombre y la condenan a sufrir su arbitrario dominio si se produjese.
A veces tengo la extraña visión de un juez encerrado en su despacho y enfrentado a montañas de sumarios que lanza al aire para decidir sobre ellos según caigan del revés o del derecho, para luego tratar de justificar esa decisión en un enrevesado y sádico ejercicio intelectual que demostraría que todo puede justificarse con las leyes en la mano, al tiempo que enerva a la gente simple como yo, que cree que justicia sólo hay una y leyes, demasiadas.
Algo les pasa a los jueces que, como este de Jaén, son capaces de ignorar la agresividad manifestada y ya condenada de este hombre hacia su víctima, pese que el fiscal ya esgrimió contra la pretensión de ese sujeto dicha circunstancia durante el proceso. No sé dónde hay que buscar, si en su vida pasada o en la presente, para llegar a entender que entienda lo que nadie entiende. 
Está claro que los que hacen las leyes y las hacen cumplir no son muchas veces de este mundo. Está claro que difícilmente se van a ver en sus vidas ante situaciones como ésta, porque cuentan, porque contarían con recursos suficientes, para no tener que llamar a la puerta de la ofendida. Está también claro que no viven su vida en un pueblo pequeño, que, todos los sabemos, a veces se convierte en un infierno grande, y que, por ello tienden a templar gaitas, a tomar decisiones que, sobre el papel, pueden parecer acertadas o, incluso, literariamente hermosas, pero en la vida real se convierten en insoportables.
Dice mi amigo Frenando Delgado, se lo he escuchado muchas veces, que habría que obligar a arquitectos e ingenieros a vivir un año en lo que levantan. Yo lo extendería a los jueces, porque sería interesante verles en los escenarios que dibujan en sus autos y sentencias. Seguro que, antes de tomar algunas decisiones, se lo pensarían y nunca obligarían a una mujer, o a quien fuese, a convivir con su verdugo.


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miércoles, 19 de marzo de 2014

PARA QUÉ CEUTA Y MELILLA

                               FOTO: Laureano Valladolid / EFE

Será porque nunca he estado allí o porque nunca tuve un transistor o un reloj comprados allí más baratos que en la península, pero lo cierto es que nunca entendí muy bien para qué Ceuta y Melilla siguen siendo españoles. Recuerdo que, en todo caso, en tiempos servía para acudir un poco más acojonados al sorteo de la mili, porque, si la suerte no estaba contigo, podías dar con tus huesos,  encerrado en uno de los muchos cuarteles y posiciones que, esos sí, abundan en ambas "plazas".
Bien es verdad que también tienen su utilidad para justificar el absurdo que supone la existencia de enclaves que, como Treviño, que pertenece a Burgos y por tanto a Castilla, estando situado en plena provincia de Álava, que, como todo el mundo sabe, es Castilla. También, para que los militares, políticos y funcionarios "hagan carrera" y para que los españoles o guiris de vacaciones en las costas de Cádiz o Málaga puedan jugar a haber estado en Marruecos y, por tanto, en África.
Supongo que, a la vista de la facilidad con que hoy caen y se levantan las fronteras, pocos serán ya los que se atrevan a hablar del valor estratégico de esas dos puntas de la costa africana bajo bandera española. Más bien al contrario, porque es su misma situación y su condición de territorio europeo en África, la causante de los problemas que hoy genera a España su soberanía.
Ceuta y Melilla suponen para seguir siendo España un grave problema logístico al tener que ser abastecidas por mar, mientras a su espalda tiene tierra firme pero perteneciente a otro país, lo que genera una panoplia de problemas más propias de otro siglo, problemas que sólo se justificaban en tiempos en que la posibilidad de emplazar en ellos baterías que controlasen el paso por mar o por tierra, justificaban el esfuerzo humano y económico que suponía mantener dichos enclaves. Una situación que en tiempos de vigilancias por satélite y misiles de crucero raya en el absurdo de consumir demasiados recursos en defender y abastecer a los que se encargan de defenderse y abastecerse.
Una vez claro, siempre desde mi punto de vista, claro, lo poco beneficioso que resulta para España seguir presente en ambos territorios, sería conveniente ver para qué sirven a otros, por ejemplo a Marruecos, a quien, como Gibraltar a España, le viene bien de vez en cuando tener en ellos la coartada perfecta para distraer a lo más tierno de su ciudadanía de sus verdaderos problemas, agitando los más bajos instintos del patriotismo mal entendido.
También les sirve, y esa quizá sea su más honrosa utilidad, a quienes huyen del hambre y las guerras que hoy estremecen al continente africano y buscan pisar suelo europeo, sin arriesgarse a peligrosas travesías a través del Estrecho, en las que, sin que quizá lo sepamos nunca, habrán muerto centenares, si no miles de africanos.
Pisar Europa, por más que los tratemos como los tratamos, supone para estos hombres y mujeres, cansados de vagar durante meses, si no años, por África, atravesando el desierto del Sahara, para conseguir un poco de dignidad y esperanza en sus vidas. Y por ello siguen y seguirán intentándolo una y otra vez, con vallas o sin ellas, con afiladas concertinas, tensas sirgas o perros, porque en lo que no pueden pensar ya es en el regreso.
Sé que lo que escribo quizá resulte simple y demagógico, pero no deja de ser la visión de un español de Carabanchel al que nunca se le ha perdido nada allí y que a estas horas sigue preguntándose para qué le sirven, nos sirven a los españoles, Ceuta y Melilla.


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martes, 18 de marzo de 2014

GALARDÓN NO TAN CAMPEADOR



Pensar que durante un tiempo el hoy ministro de Justicia pretendió pasar por simpático resulta chocante, también que pretendiese hacernos creer que lo suyo era el progresismo, pero más chocante resulta aún pensar que durante años llegó a conseguir una y otra cosa. Es lo que tiene el poder, especialmente el que administra presupuestos, uno puede coserse, con billetes, subvenciones y prebendas el disfraz que crea conveniente, porque siempre tendrá una legión de corifeos dispuestos a cantar sus alabanzas.
Tampoco descubro nada si digo que el motor que mueve a Alberto Ruiz Gallardón es el de una ambición desmedida que, durante años, le ha llevado a consumir toneladas de pólvora, no del rey sino del pueblo soberano en fuegos de artificio que diesen brillo a su figura. La misma ambición que llevó a Gallardón a construir la carísima y quizá no tan necesaria "Calle 30", todavía hoy inacabada, o a trasladar la sede del ayuntamiento a Cibeles, convirtiendo el viejo palacio de Correos en el del príncipe de Cenicienta, desde el que presidir los prometidos triunfos olímpicos que nunca llegarían, una ambición que, por su necesidad casi enfermiza de acercarse al poder, a La Moncloa, le ha conducido al erial del Ministerio de Justicia, en el que lo más que puede regalar es algún que otro indulto o esas "leyes a medida", como la que desatasca juzgados en beneficio de quienes pueden pagarse un proceso, la que deja contentos a la Conferencia Episcopal y al núcleo duro de su partido, o esta última que pretende borrar de un plumazo cualquier intento de nuestros jueces de trabajar por la justicia universal.
No le ha ido bien a Gallardón el cambio. Y no la ha ido bien, porque desde el lugar en el que está son pocos los elogios que se escuchan y muchas las críticas. Justicia ha sido siempre un ministerio para tristes o para personajes un poco locos. Tanta toga y tanto armario rebosante de expedientes con el olor a moho de los expedientes traspapelados no contribuyen el escenario idóneo para conseguir el glamour y el lucimiento deseados.
Por eso quizá, en esta nueva etapa, consciente o inconscientemente, se ha desprendido del disfraz que durante tantos años ha llevado y ha dejado de ser el sobrino bisnieto de Abenuz que tanto le gustaba pasear por el Teatro Real o el Auditorio Nacional y otros escenarios También ha tenido que guardar en el cajón las tijeras de cortar las cintas de las inauguraciones y el talonario de invitar, a nuestra costa, eso sí, a todo aquel al que creía que tenía algo que sacar. Quizá por eso cambió el disfraz de alcalde "progre" y dispendioso por el de ese Cid Campeador, guardián de las esencias patrias, especialmente ese machismo trasnochado que tan difícil la ha resultado camuflar, un machismo miserable que ha dejado plasmado en la ley de reforma del aborto con la que pretende devolver a las españolas precisamente a los tiempos del Cid, a petición de esa grana aliada ideológica que es la Conferencia Episcopal Española.
Sin embargo, quienes hayan querido ver en él sólo un guardián de las esencias patrias y al fino jurista que, por pertenecer a la carrera fiscal, cabría esperar, se habrán llevado una sorpresa al repasar la última de sus tropelías, esa ley improvisada y burdamente armada para contentar, otra vez los poderosos, a los Estados Unidos y a China, con la que se ha pretendido desterrar de nuestros juzgados el principio de Justicia Universal
Ha bastado la voluntad de un juez recto y seguro de sí mismo, Santiago Pedraz, para desmontar sus argumentos. La decisión del juez de la Audiencia Nacional de no archivar el caso que instruye por el asesinato del cámara español José Couso, que podría haber sido toda una masacre pretendida por el ejército de los Estados Unidos, deja en muy mal lugar e este Gallardón Campeador que, pasándose por el arco del triunfo tratados internacionales suscritos hace décadas por España, se convierte en el fiel y servil escudero de China y Estados Unidos.
Aunque, mirándolo bien, a lo peor la acorazada mediática y el TDT Party ya están afilando las cuchillas de la picadora de jueces, preparándole el terreno al Tribunal Supremo para cargarse al tan melenudo y díscolo juez.

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lunes, 17 de marzo de 2014

JUECE S Y JUECES II


No me cabe duda de que, afortunadamente, no hay dos jueces iguales. Es verdad que se les puede ver juntos cuando salen a  comer o a tomar un tentempié a media mañana a alguna de las cafeterías que siempre hay, como siempre las hay cerca de los hospitales, cerca de los juzgados. Sin embargo, estoy convencido de que sus conversaciones tienen más que ver con el fútbol, la actualidad general o los asuntos de la carrera judicial, que con los casos que manejan en su juzgado. Y eso, como digo, es bueno, debe serlo, para la deseable y proverbial ceguera que se espera de la justicia. No se estaríamos hablando de otra cosa que de la independencia de cada instructor en su juzgado, de ese criterio que se espera de los jueces, para que no se dejen influir por nada ni por nadie a la hora de tomar sus decisiones. Pero eso, que es bueno, puede llevar a situaciones que rozan la paradoja, cuando no el absurdo puro y duro.
Qué puede haber sido, si no, lo que ha propiciado que en apenas cuarenta y ocho horas una juez sevillana, la ya famosa Mercedes Alaya, haya pedido casi treinta millones de euros a la ex ministra de Zapatero y ex consejera de la Junta de Andalucía, Magdalena Álvarez, por el caso de los ERE, elevando las fianzas que ya lleva pedidas a los diferentes imputados, haya sido revocada o no la imputación, muy por encima del total de lo presuntamente estafado, en tanto que el juez Ruz, de la Audiencia Nacional, apenas dos días después, tomaba la decisión de archivar la causa que estaba instruyendo contra el presidente y varios consejeros de Cajamadrid por la venta, aparentemente irregular, si no fraudulenta de preferentes a centenares de miles de clientes, porque, en opinión del juez, de las declaraciones de los imputados no se desprende que quisieran con ella atrapar el dinero de los ahorradores para tapar el enorme agujero patrimonial que su mala gestión había dejado en la entidad.
Se fía Ruz, al parecer cándidamente, de la declaración de los imputados interrogados, pese a la existencia de correos electrónicos en el buzón corporativo que, como presidente de la entidad, manejaba Miguel Blesa, del que, por esos absurdos trasnochados de la ley, tendría que olvidarse en la instrucción. Una actitud muy distinta de la juez sevillana que o hace de su fino olfato y de sus convencimiento expresado por escrito en el auto de que la ex ministra será, con toda probabilidad, condenada. Reglamento y olfato, "cogérsela con papel de fumar judicial", frente a irrumpir como elefante en cacharrería, en contra incluso de instancias superiores, guiada, al parecer, por ese "alguien ha matado a alguien" del que hacía gala un personaje del gran Miguel Gila.
Por seguir con las comparaciones, recordemos que, en el caso que instruye la juez Alaya, estamos hablando de una malversación de fondos públicos, parecida en cierto modo  a la que se ha detectado en Madrid con los fondos que destina la el gobierno que preside Ignacio González a la formación de los trabajadores, parte de los cuales, al parecer pertenecían a cursos inexistentes que se destinaban a pagar los abultados sueldos de los directivos de la patronal madrileña, uno de los cuales el hoy repudiado número dos de la misma fue detenido por ello.
Sólo espero que el juez que se encargue de instruir este asunto tenga el mismo olfato que su colega de los ERE y caiga en la cuenta, como he caído yo, de que, hace apenas unas semanas, la esposa del presidente del gobierno de la Comunidad de Madrid, Lourdes Cavero, trabajaba como adjunta a la presidencia de la patronal madrileña, cobrando un sueldo mareante que "con toda probabilidad" podría haber salido de esos fondos de formación desviados, sin que el gobierno que preside su marido cayese, qué casualidad, en la cuenta.
Un círculo vicioso éste que, espero, no se le escape al juez al que le caiga el caso. Aunque, como hemos podido comprobar, hay jueces y jueces, cada uno con su propia pituitaria. 


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