Mostrando entradas con la etiqueta Adolfo Suárez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Adolfo Suárez. Mostrar todas las entradas

martes, 25 de marzo de 2014

DESMEMORIA


Recuerdo, qué curioso comenzar así una entrada que he titulado "Desmemoria", cómo mi profesora de francés en el bachiller, Madame Ivette, nos aliviaba las clases haciéndonos leer artículos de una revista semanal francesa de aquellas que años después comenzaron en España a divulgar la Historia., una revista que, a finales de los sesenta, aún no tenía incómodos equivalentes en nuestro país. Recuerdo lo difícil que fue conseguirla, directamente en la distribuidora de la calle de la Reina, y recuerdo un artículo que me dio que pensar y que, de vez en cuando me viene a la cabeza. Ni de lejos sospechaba yo entonces que me dedicaría al periodismo y, sin embargo, aquel artículo versaba sobre la facilidad con que los medios transforman la realidad en sus audiencias.
El artículo estaba basado en una encuesta en la que, tras el multitudinario entierro del cómico Fernandel, el primer acontecimiento de masas retransmitido en directo por la aún entonces televisión en blanco y negro, se preguntaba a los encuestados si estuvieron en las calles de París al paso del cortejo. El curioso resultado no deja de sorprenderme aun hoy. Resulta que, al cabo de unos meses, una gran parte de los preguntados no era capaz de precisar si estuvo o no estuvo en las calles o vio el entierro en un televisor y, más curioso aún, gente que no estuvo allí afirmaba fehacientemente que fue uno de los miles de parisinos que se echaron a la calle.
Por qué traigo esto a colación. Está claro que si lo hago es para señalar que la memoria es muy débil, tanto como para que se borren o nos borren con facilidad recuerdos de lo vivido, como para que se fijen en ella recuerdos inventados. Algo que desde hace tiempo viene ocurriendo en España, y de lo que las largas horas que llevamos ya invertidas en la despedida de Adolfo Suárez se han convertido en paradigma, porque, de alguna manera, consciente o inconscientemente, intencionadamente o no. nos están cambiando la memoria.
Nos están hablando de la transición como un periodo de vino y rosas, cuando, pese al importantísmo y corajudo papel jugado por Adolfo Suárez en aquellos años, el aparato franquista siguió campando a sus anchas y la Policía y la Guardia Civil mostraron su peor cara, con manifestantes muertos en las calles, con torturas en comisaría y con algo tan espantoso como la matanza de los abogados del despacho de la calle Atocha. Y qué curioso que haya tenido que ser una joven estudiante que ni siquiera había nacido por aquel entonces la que haya puesto esta mañana en la radio los puntos sobre las endebles íes de nuestra memoria.
Se han dicho muchas cosas y no siempre ciertas, He escuchado, por ejemplo, elogiar a Suárez por haber sabido dimitir, cuando el pueblo dejó de estar conforme con su gestión. Nada más lejos de la realidad, porque si Suárez dimitió fue para tratar de evitar el golpe de estado que ya estaba en marcha y que, pese a su sacrificio, siguió adelante.
También he escuchado encendidos elogios, melosamente acríticos, de quienes no hicieron sino soltar hiel sobre su figura mientras estaba en el poder. Y la realidad no es ni una cosa ni otra., porque Suárez tuvo muchos aciertos, como también tuvo muchos errores y, aunque el resultado fue aparentemente bueno, podía haber sido otro o no ha sido tan bueno como quieren hacernos creer.
Para lo que si han servido tantas horas dedicadas al presidente fallecido y a aquellos tiempos ha sido para que podamos establecer diferencias, diferencias que dan vértigo y que confirman que, si no cualquier tiempo pasado fue mejor, sí, al menos, cualquier líder pasad tuvo más grandeza.
Hoy me ha sabido mal que, desde la izquierda y la derecha, todos se hayan echado sobre Artur Mas, un oportunista donde los haya, que se atrevió a decir que Suárez no hubiese dejado pudrirse el conflicto con Cataluña como lo está dejando pudrirse Rajoy -si las palabras no son exactas, ese es el espíritu de lo que dijo- y creo que fue tan inoportuno como certero y mucho menos demagogo que el succionado Margallo, que dijo sin inmutarse que Suárez habría hecho lo mismo que su jefe Rajoy.
En fin, lo que quiero decir es que la memoria es flaca y que, al igual que la radio,  la televisión y la prensa fijan con su omnipresente contaminación del lenguaje, horribles palabros de los que no nos defiende ni la Real Academia, la radio, la televisión y la prensa deforman groseramente la realidad y fijan recuerdos falsos o alterados en nuestra memoria, convirtiéndola en desmemoria. También que, como he escuchado a alguien que ahora no recuerdo. Los líderes políticos de este país, como otras muchas cosas en él, han ido de mal en peor.


Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/

sábado, 22 de marzo de 2014

UN SPOILER


Siento por Adolfo Suárez, no sólo el mayor de los respetos, sino una gran simpatía, una simpatía que nace,  quizá, de la necesidad de compensar la incomprensión de que hice, hicimos, víctima los españoles de mi generación a un personaje, en el que no supimos en su día  ver el coraje y el instinto con que desactivó un sistema diseñado para defenderse ç de los ciudadanos, en lugar de trabajar para ellos, un  sistema al que parece que inexorablemente regresamos.
También me lleva hacia esa simpatía la solidaridad con un hombre que ha sufrido como pocos en lo privado y que lo ha hecho, sin embargo, con dignidad y discreción. Es horrible parase a pensar en todo el dolor que ha tenido que sufrir este hombre, partiendo de la falta de gratitud  y el abandono por parte de quienes a su lado hicieron carrera cuando no fortuna en la política y acabando en su tragedia familiar, en su mujer y su hija arrebatadas por la enfermedad, en la enfermedad de su otra hija, en la soledad que debió vivir cuando pasó de serlo todo a ser apenas un diputado marginal en el Congreso.
Y todo después de haber sido uno de los protagonistas de la maniobra política más arriesgada e inteligente que cabía imaginar para llevar a este país de la más rancia y sangrienta de las dictaduras hacia un sistema de convivencia que, con sus más y sus menos, nos ha permitido llegar hasta aquí, con más reproches ahora que en aquellos años y no por culpa de Adolfo Suárez, sino por la que deriva del desencanto y, por qué no decirlo, del aburrimiento y la inacción de los ciudadanos.
Considerando todo esto, en estas últimas horas ha sido un lugar común hablar del Alzheimer, la enfermedad que ha acompañado al primer presidente de la reinstaurada democracia española, la que le ha privado del conocimiento y sus recuerdos, como una bendición que le ha puesto a salvo de toso ese dolor insoportable quizá para un hombre sano. Una cruel enfermedad que, pese a toda esa literatura, está acabando con su vida como acaba cada año con la de centenares o miles de españoles.
Por todo ello, por esa simpatía, por ese agradecimiento y todo lo demás no entiendo lo que está pasando.
No entiendo que el hijo de este hombre primordial para la reciente historia de España haya tendió la absurda ocurrencia de convocar a la prensa para anunciar con cuarenta y ocho horas de antelación la muerte de su padre. No alcanzo a entender qué ha pretendido con ello, si reclamar la atención de este país sobre su padre, un tanto olvidado en este trepidante país que hoy mismo trae a decenas de miles de ciudadanos a la capital, para reivindicar la dignidad perdida que Adolfo Suárez contribuyó a traernos.
Lo que hizo ayer el hijo del expresidente fue una especie de "spoiler", una especie de "destripe" innecesario con elq ue los amigos nos revientan las historias que nos interesan, un spoiler con el que ha pretendido despejarnos, ignoro con qué fin, insisto, la última incógnita que quedaba por despejar sobre el final de la vida de su padre. Un spoiler que, a estas horas, corre ya el peligro de volverse en su contra, teñido de sarcasmo y que resta intensidad a ese momento en que nos sorprende el anuncio de la muerte de una persona querida o admirada.


Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/

viernes, 20 de septiembre de 2013

FRANCISCO Y ADOLFO

 
 
 
¿Y si fueran verdad todos y cada uno de los gestos de Francisco? ¿Y si "el espíritu santo", cansado de la iglesia de los ricos y poderosos, hubiese dado un golpe de timón eligiendo al jesuita como papa? Como podréis comprender, para un ateo como yo sólo cabía contemplar con escepticismo todos esos gestos del papa jesuita. Sin embargo hay algo en ellos que me inclinan a la esperanza de un cambio real, siempre que Francisco sobreviva, claro, a las conspiraciones, los recelos y los caldos de tantos cardenales corruptos, decepcionados que se a estas horas se deben sentir amenazados por el ciclón en que se está convirtiendo el nuevo papa.
A estas alturas tengo la sensación de que Francisco es el Adolfo Suárez de la iglesia católica, surgido del mismo y apolillado sistema para cambiarlo, y temo por él. Temó que acaba teniendo el mismo o peor fin que tuvo Suárez, condenado, primero, por los suyos y después por el mal de Alzheimer que le ha privado -no sé si por suerte o por desgracia para él- de asistir al presente de lo que fue la obra de su vida, y llamado como aquel joven falangista de Cebreros a transformar una realidad que parecía inmutable.
Lo que está consiguiendo que cambie mi opinión sobre este papa, al igual que lo que consiguió que cambiara la imagen que un joven antifranquista podía tener de quien había sido ministro secretario general de aquel Movimiento inmovilista que se inventó Franco para decirnos qué y cómo podíamos y no podíamos hacer, es que los gestos que hace están siendo coherentes con los pasos que está dando en el seno de la iglesia de Roma.
Sin embargo, al igual que Suárez tuvo en su contra a bastantes, de esos viejos generales y almirantes, tan acostumbrados a privilegios y prebendas, como para considerar cualquier asomo de libertad que se nos concedía que se nos concedía al resto de los mortales, era una ofensa a su uniforme y su pasado que había que vengar con sangre... al igual que a Suárez, creo que los almirantes y generales de la iglesia, los obispos y cardenales, van a hacer lo posible para maniatar a este papa, si no es que intentan un golpe de Estado o algo peor.
Tal parece que a Francisco no le hace falta un Fernando Ónega que le inspire aquel "puedo prometer y prometo" porque parece brillante y habilidoso y ha sabido desde el primer momento que debe pisar los palacios vaticanos lo menso posible para no caer en las garras del sistema político más antiguo y más inmovilista de los que hemos conocido. Hace unos días leía un titular que recogía algo tan obvio como que el Opus Dei desconfía de Francisco y no me extraña porque la secta a la que se dice que perteneció Adolfo Suárez, se hizo muy poderosa durante el reinado de Juan Pablo II, no perdió del todo sus privilegios con Benedicto XII, pero parece que, si consiguen mantenerlos, no va a ser por gracia de Francisco, sino por toso el rancio poder que han acumulado.
Lo dicho por el Papa a la revista La Civiltà Cattolica, de la compañía de la que formó parte hasta alcanzar sus cargos en la iglesia, es de lo más revolucionario que se ha escuchado de un responsable de la jerarquía católica y tan inquietante para sus viejas estructuras como lo fue la publicación de "El origen de las especies" en el XIX. No sé qué va a ser de la mayoría de nuestros obispos y párrocos si tienen que abandonar su obsesión por el matrimonio igualitario o el aborto. No sé qué va  a ser de todos esos obispados y órdenes religiosas, cargados de propiedades y privilegios fiscales, si tienen que ponerlos al servicio de desahuciados e inmigrantes sin papeles. No sé a qué se van a dedicar si dejan de meter sus narices en las camas de quienes son sus fieles y quienes no lo son. No sé qué va a ser de ellos sin esa "injerencia espiritual en la vida personal de los ciudadanos" que tan bien se les da. Tendrán que ponerse a trabajar y eso, como escribió Sciascia, cansa.
Adolfo Suárez y el papa Francisco tienen algo en común. Si éste consigue culminar su obra como aquel el futuro del mundo será muy diferente, tanto como lo fue la España esperanzada que surgió de sus reformas. Y lo va a ser tanto para los católicos como para el resto de los ciudadanos del mundo, como lo fueron las reformas de Suárez para sus votantes y para el resto de los españoles.
 
 
Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/