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martes, 18 de marzo de 2014

GALARDÓN NO TAN CAMPEADOR



Pensar que durante un tiempo el hoy ministro de Justicia pretendió pasar por simpático resulta chocante, también que pretendiese hacernos creer que lo suyo era el progresismo, pero más chocante resulta aún pensar que durante años llegó a conseguir una y otra cosa. Es lo que tiene el poder, especialmente el que administra presupuestos, uno puede coserse, con billetes, subvenciones y prebendas el disfraz que crea conveniente, porque siempre tendrá una legión de corifeos dispuestos a cantar sus alabanzas.
Tampoco descubro nada si digo que el motor que mueve a Alberto Ruiz Gallardón es el de una ambición desmedida que, durante años, le ha llevado a consumir toneladas de pólvora, no del rey sino del pueblo soberano en fuegos de artificio que diesen brillo a su figura. La misma ambición que llevó a Gallardón a construir la carísima y quizá no tan necesaria "Calle 30", todavía hoy inacabada, o a trasladar la sede del ayuntamiento a Cibeles, convirtiendo el viejo palacio de Correos en el del príncipe de Cenicienta, desde el que presidir los prometidos triunfos olímpicos que nunca llegarían, una ambición que, por su necesidad casi enfermiza de acercarse al poder, a La Moncloa, le ha conducido al erial del Ministerio de Justicia, en el que lo más que puede regalar es algún que otro indulto o esas "leyes a medida", como la que desatasca juzgados en beneficio de quienes pueden pagarse un proceso, la que deja contentos a la Conferencia Episcopal y al núcleo duro de su partido, o esta última que pretende borrar de un plumazo cualquier intento de nuestros jueces de trabajar por la justicia universal.
No le ha ido bien a Gallardón el cambio. Y no la ha ido bien, porque desde el lugar en el que está son pocos los elogios que se escuchan y muchas las críticas. Justicia ha sido siempre un ministerio para tristes o para personajes un poco locos. Tanta toga y tanto armario rebosante de expedientes con el olor a moho de los expedientes traspapelados no contribuyen el escenario idóneo para conseguir el glamour y el lucimiento deseados.
Por eso quizá, en esta nueva etapa, consciente o inconscientemente, se ha desprendido del disfraz que durante tantos años ha llevado y ha dejado de ser el sobrino bisnieto de Abenuz que tanto le gustaba pasear por el Teatro Real o el Auditorio Nacional y otros escenarios También ha tenido que guardar en el cajón las tijeras de cortar las cintas de las inauguraciones y el talonario de invitar, a nuestra costa, eso sí, a todo aquel al que creía que tenía algo que sacar. Quizá por eso cambió el disfraz de alcalde "progre" y dispendioso por el de ese Cid Campeador, guardián de las esencias patrias, especialmente ese machismo trasnochado que tan difícil la ha resultado camuflar, un machismo miserable que ha dejado plasmado en la ley de reforma del aborto con la que pretende devolver a las españolas precisamente a los tiempos del Cid, a petición de esa grana aliada ideológica que es la Conferencia Episcopal Española.
Sin embargo, quienes hayan querido ver en él sólo un guardián de las esencias patrias y al fino jurista que, por pertenecer a la carrera fiscal, cabría esperar, se habrán llevado una sorpresa al repasar la última de sus tropelías, esa ley improvisada y burdamente armada para contentar, otra vez los poderosos, a los Estados Unidos y a China, con la que se ha pretendido desterrar de nuestros juzgados el principio de Justicia Universal
Ha bastado la voluntad de un juez recto y seguro de sí mismo, Santiago Pedraz, para desmontar sus argumentos. La decisión del juez de la Audiencia Nacional de no archivar el caso que instruye por el asesinato del cámara español José Couso, que podría haber sido toda una masacre pretendida por el ejército de los Estados Unidos, deja en muy mal lugar e este Gallardón Campeador que, pasándose por el arco del triunfo tratados internacionales suscritos hace décadas por España, se convierte en el fiel y servil escudero de China y Estados Unidos.
Aunque, mirándolo bien, a lo peor la acorazada mediática y el TDT Party ya están afilando las cuchillas de la picadora de jueces, preparándole el terreno al Tribunal Supremo para cargarse al tan melenudo y díscolo juez.

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viernes, 5 de octubre de 2012

DE PIJOS, ÁCRATAS, FACHAS, JUECES Y DIPUTADOS


 
 
La verdad, resulta tentador entrar al trapo del diputado Rafael Hernando que ha actuado como los dobladores que en los encierros se llevan los toros difíciles para evitar que empitonen a los mozos. Yo no sé si era esa su intención al llamar ácrata pijo al juez Pedraz, pero, si era esa, mis más sinceras felicitaciones, porque lo ha conseguido, porque llevamos horas hablando de él y del juez y no del auto que archiva las delirantes acusaciones de la Policía contra ocho de los convocantes de las movilizaciones del 25-S.
Ese es el quid de la cuestión, ese es el terremoto que ha removido los cimientos de la burda estrategia policial, represiva y mediática, con la que el gobierno del PP pretendía y me temo que aún pretende, combatir y asfixiar cualquier atisbo de contestación a sus injustos recortes y a sus arbitrarias ayudas a la banca. Eso es lo que les escuece, porque, lo saben, ya ni los que se quedan en casa les defienden. Les duele y, para mi asombro, le duele también al PSOE, que el juez, hable a la hora de delimitar los motivos de la convocatoria, de "la convenida decadencia de los políticos": Le duele al PSOE, así lo expresaron ayer algunos de sus diputados, y a mí me duele que les duela, porque con esa total falta de autocrítica están dando la razón a quienes corean, escatología incluida, la consigna de que unos y otros la misma cosa son.
Esa es la clave hay un enorme descontento, tanto que la propia policía fijaba ya en agosto, cuando presentó la denuncia ante la Audiencia Nacional, en unos 42.162., como veis, muy lejos de los seis mil que, según la delegada del Gobierno, pusieron en jaque al Congreso de los Diputados, coaccionando su libertad. Está claro que en uno u otro caso exageraban mentirosamente.
De la lectura del auto se desprende un cierto cabreo del juez con la Policía, por haberle sacado a bailar esta apestosa pieza y una absoluta fe en dos de los pilares básicos del Estado de Derecho, la separación de poderes y la libertad de expresión., Y eso, insisto, es lo que molesta a quienes más que creer en él se sirven de él. Porque habría mucho que decir del pasado del jovencito Rafael Hernando en los años de la transición y sus querencias políticas.
De aquellos tiempos le queda ese espíritu fogoso e incontrolado que lo mismo le lleva a llamar ácrata pijo que a intentar agredir a Alfredo Pérez Rubalcaba, como quedó recogido por la prensa en julio del 2005 como podéis comprobar aquí. No sé si por aquel entonces estaba aún fresco el nebuloso pasado de Hernando, pero el caso es que la escena guardaba enorme parecido con la de aquel su querido y admirado Manuel Fraga que, armado de sus tirantes, aunque con toda la escolta detrás, se fue derecho a por quienes le abucheaban en un mitin.
Para terminar, debo expresar también mi desconcierto por las andanadas dirigidas contra el juez desde algunos medios que parecen no haber leído pausadamente o no haber entendido el auto del juez y el sentido de sus palabras. Lo lamento, porque lo que ha hecho Pedraz es mostrarnos de una vez a los promotores del 25-S como lo que son: gente preocupada por su futuro y por el futuro del país. Gente que demuestra, sin duda, más preocupación que quienes, decadentes ellos, deberían sentirla y no parecen sentirla.
El juez Pedraz ha retirado del platillo de la balanza el peso de las fabulaciones policiales, y lo ha devuelto al equilibrio que nunca debería haber perdido. Me acuerdo de Garzón y me pregunto qué se inventará ahora el falso sindicato verdaderamente fascista "Manos Limpias" para acabar con él. De momento, ya están tardando.
 
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