miércoles, 7 de noviembre de 2012

¿Y SI NO HUBIESE GANADO?

 

Tenía puestas muchas esperanzas en la victoria de Obama y las había puesto por muchas razones. Fundamentalmente, porque, si algo encarna el primer presidente negro de la historia de los Estados Unidos, es la constatación de que el hombre es capaz de vencer a la fría maquinaria de la economía ciega e injusta y a ese conglomerado de odios, creencias e intereses excluyentes que acaban por convertirse en el espejo en el que se mira lo más miserable y egoísta del ser humano.

Soy perfectamente consciente de que Obama ha incumplido bastantes de las promesas de su primer programa electoral. También de que en no pocas ocasiones ha pasado, fundamentalmente fuera de las fronteras de Estados Unidos, por encima de los derechos fundamentales que deberían asistir siempre, insisto, siempre, a cualquier ser humano. No, no me he olvidado del asesinato "made in Hollywood" de Bin Laden ni del prometido y frustrado cierre de la vergüenza de Guantánamo. Pero también tengo claro que, sin él, la situación económica y social en Estados Unidos y, por extensión, del resto del mundo sería mucho peor y más desesperanzadora. Por eso y a pesar de lo otro, si yo hubiese podido votar en los Estados Unidos, sin duda lo hubiese hecho por Barak Obama

Escribo esto porque demasiado a menudo nos perdemos en exquisiteces y remilgos que, al final, se conviertes en patadas a los causantes de nuestras frustraciones, pero, y esto es importante, dadas en nuestro propio culo. No quiero decir con esto que el voto debas ser siempre ese voto útil que se han han acostumbrado a pedirnos. No, ni mucho menos. No debe ser un voto útil, sino un voto práctico.

Hay que caminar hacia delante y Obama, pasito a pasito y con todas las dificultades que podamos imaginar puso en la pasada legislatura las primeras piedras para muchas de las reformas. También se erigió en paladín de lo público contra el egoísmo ciego del neo conservadurismo y supo mirar a la gente desde abajo, poniéndose a su lado y no desde la superioridad de una fe o un color que no hacen sino esconder los intereses inconfesables de una clase dirigente y excluyente.

El voto a Obama, a veces con pinza en la nariz, ha sido un voto práctico, el voto práctico que le dé la fuerza que necesita para reafirmarse en su lucha contra el conservadurismo religioso y político que empapó todo en los años Bush. El voto práctico en España será el que permita cambiar todas esas anquilosadas leyes, constitución incluida, que, no sólo han asfixiado y adormecido cualquier sueño de transformar la sociedad, sino que la han convertido en mucho más injusta de lo que era.

No cabe duda de que la próxima vez el voto tiene que ser en España mucho más imaginativo y mucho más práctico de lo que ha sido hasta ahora. Los partidos, el PSOE en especial, debe ser consciente de ello e incluir esas reformas, especialmente la tan necesaria de la ley electoral, en su programa.

Por nuestra parte, debemos usar nuestro voto, no para castigar, sino para encontrar soluciones ¿Os imagináis de qué estaríamos hablando ahora si, en lugar de resultar vencedor Obama, hubiese ganado las elecciones Romney? Todos estamos seguros de que hoy el mundo es un poco mejor de lo que hubiera sido tras una victoria del republicano y de eso estoy hablando ¿Sois capaces de imaginar que sería de nosotros si las próximas elecciones vuelva a ganarlas, con o sin Rajoy, el PP?

Pues, insisto, de eso es de lo que estoy hablando.
 
 
 

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martes, 6 de noviembre de 2012

UN MAL DÍA LO TIENE CUALQUIERA

 
 
A todos nos pasa. Todos tenemos días de esos en los que, no es que no te apetezca salir de la cama, es que, si pudieras, darías marcha atrás o hacia adelante al calendario para no tener que vivirlos. Hoy, no me cabe duda, para Rajoy debe ser un día de esos.
Vayamos por partes. En primer lugar, hoy Rajoy recibe muy malas noticias de Bruselas, porque su cuento de la lechera de los presupuestos, el que presentaron el cuentacuentos Montoro, primero, y la cándida y devota Báñez después. Malas noticias que destrozan todas esas, más que optimistas, delirantes previsiones de déficit que lo sitúan por encima del 8%, muy por encima de la cifra que pretende hacernos creer el gobierno y sobre las que ha construido sus fabulosos números. Pero no sólo eso, porque no hay que olvidar que este gobierno habría sido tan malo y tan mentiroso como dice que lo fue Zapatero en la contención del déficit.
Las cifras del paro, hechas públicas ayer y analizadas hoy en toda la prensa de papel que es al que queda en las hemerotecas, demuestran que nada de lo hecho por el Gobierno hasta ahora ha servido para acabar con el mayor problema que tiene y tendrá en los próximos años España y que no es otro que la cifra de casi seis millones de parados, de los que dos millones ya no tienen ingreso alguno.
De Guindos, con las bendiciones de Rajoy y su partido, ha puesto a dieta al enfermo hasta matarlo por hambre, mientras atiborraba a vitaminas al verdadero virus que ha causado la crisis que no ha sido otro que la banca y sus desmanes.
Por seguir con las malas noticias, parece que hoy es el día en el que el lento, lentísimo, Tribunal Constitucional despejará las absurdas y semánticas dudas del Partido Popular y su presidente sobre la constitucionalidad de que la unión legal de parejas homosexuales pueda llamarse matrimonio como el de las peras y manzanas de la siniestramente torpe alcaldesa de Madrid. Curioso remilgo lingüístico de quienes en horas libres "maridan" vinos con quesos y pasteles. Pues bien, parece que esta tarde, por fin, el TC despajará todas las dudas y el presidente se arrepentirá de no haber tenido valor para retirar un recurso que, no sólo era ridículo, sino que hubiese creado un problema jurídico y social de proporciones bíblicas. Si, de la noche a la mañana, los matrimonios contraídos con la ley de Zapatero dejan de serlo, con su rosario de compromisos en común, especialmente los hijos de las parejas.
También afloran, para desgracia de Rajoy, las escandalosas ramificaciones de la trama Gürtel, que ya asoman en el gobierno de Esperanza Aguirre y están poniendo al descubierto el cruce de favores cruzados entre gastos electorales y concursos públicos amañados o eludidos. Y, por no salir de Madrid, que decir del horror vivido en el Madrid Arena que está sacando a la luz una macabra trama de rodeos legales, irresponsabilidades, negocios de amiguetes inconfesables, trampas contables, con estafa a la hacienda pública y, sobre todo, temeridad consentida que desembocó en la tragedia de la noche de Halloween.
Sobre esto último, en las últimas horas se ha probado que el Ayuntamiento ha borrado de las páginas web que controla la publicidad de la trágica fiesta en las que invitaba a los jóvenes a acudir al Madrid Arena, aludiendo al contenido de los montajes de los DJ contratados, entre otras esta "DivierTT, ha preparado un espectáculo global, en el que el montaje desempeña un importante papel con un impresionante pasaje del terror", textual.
No saben la razón que tenían.
Buenos días, señor Rajoy, si es que tiene el cuajo de pensar que lo son.


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lunes, 5 de noviembre de 2012

RAZONES Y MANIPULACIÓN

 
 
Escucho a Jordi Pujol en una larga entrevista radiofónica y vuelvo a ver en él ese gran estadista que siempre fue y caigo en la lógica tentación de compararle con Artur Mas, su sucesor al frente de CiU y, ahora, de la Generalitat, y compruebo que, por desgracia, esa comparación no es posible.
Sé perfectamente que uno y otro tienen mucho en común. De hecho Mas fue elegido por Pujol para sucederle frente a Miquel Roca para sucederle. Tampoco ignoro que los gobiernos del viejo líder del nacionalismo catalán estuvieron salpicados por la corrupción, ni que el victimismo nacionalista fue también enarbolado cuando le pareció preciso para cerrar filas en el nacionalismo a la hora de acudir a las urnas, ni mucho menos que su discurso estuvo demasiadas veces teñido de xenofobia.
Sin embargo, cuando les veo juntos a uno y al otro, al impecable Más, casi un galán, y al hombrecillo añoso, siempre carraspeando y nunca erguido que es Pujol, resulta evidente que no todo es altura física ni elegancia de sastre y asesor de imagen. La altura de Pujol es, si no moral sí intelectual, y sus palabras merecen un respeto que no siempre merece el discurso errático de Artur Mas.
Nada podía haber peor para los catalanes que honestamente creen en la independencia de Cataluña y esperan alcanzarla algún día, que ver su sueño atrapado en las redes tramposas de Artur Mas, porque lo más probable es que esa redes acaben por romperse, echando a perder los sueños, como se pierde la pesca cuando se pierde una red en el mar. Demasiados sueños flotando maltrechos en el proceloso mar de la política española.
Pujol lo explica muy bien. Pujol explica a la perfección el porqué del resurgimiento del sentimiento nacional en Cataluña plasmado en la pasada diada. Y lo resume en un solo episodio. Un episodio que no es otro que aquel "arreglo" con que el Tribunal Constitucional quitó todo sentido a la reforma del Estatuto de Autonomía. Y no me extraña, aquello me cabreó y me dolió también a mí, aquí en medio del páramo mesetario, y no me extraña que hiciera otro tanto con quienes tanta ilusión habían puesto en ello y que se sintieron engañados y frustrado por lo que Pujol ha calificado de "vergüenza".
Por eso Pujol, uno de los pocos líderes políticos españoles vivo que conoció las cárceles franquistas, asegura que hoy votaría sí en un referéndum por la independencia, pese a que - y lo ha dicho en más de una ocasión- ve muy difícil, si no inviable hoy por hoy, esa independencia.
Frente al sentido común de Pujol, frente a la razón que a mi modo de ver le asiste, Mas aprovecha la más mínima ocasión para envolverse en la bandera o, lo que es peor, para echársela a la cara a los catalanes, impidiéndoles así comprobar por sí mismos la realidad económica y social de su país y cuál es el origen del cierre de hospitales y centros de salud cerrados o las nóminas de escuelas sin pagar, cuando se siguen subvencionando actividades, si no absurdas, sí al menos innecesarias en este momento. Actividades, como, por ejemplo, su absurdo e improductivo viaje a Moscú.
Frente a las razones de Pujol, Mas, un producto más del marketing político, se ha especializado en la manipulación. Por eso se envuelve en la bandera, por eso llama al apoyo ciego de los catalanes en un "a mí la legión", en el que lo que menos importa es qué ha hecho el legionario y lo que más que es legionario.
Lo escribí ayer cuando comenté en FB su lastimero discurso pidiendo la mayoría absoluta para los próximos cuatro años: Mas se ha encerrado en un callejón sin salida y quiere tomar como rehenes de su causa a cuantos más votantes mejor, para luego utilizarlos como escudo humano cuando todo vaya mal y el sueño se esfume.
 
 
 
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domingo, 4 de noviembre de 2012

PIRÁMIDES

 
 

Son ya tantos los años que llevo pasando todos los días por la Plaza del Celenque de Madrid, justo a mitad de camino entre la Gran Vía y la Plaza Mayor, que ya es para mí, un poco como el pasillo de mi casa. Pasaba por allí a primera hora de la mañana o a media tarde, antes de entrar y salir de trabajar cuando lo hacía, y a media mañana, hoy, en mis largos paseos por Madrid.

Eran también muchas las ocasiones en a que entraba al enorme vestíbulo de la sede de Cajamadrid para sacar dinero de cualquiera de sus cajeros automáticos. De modo que, de alguna manera, la tan peculiar verja de la fachada de la Caja -Por qué las sedes de Cajamadrid son tan feas. Era un aviso y no los supimos ver- y los hombres y mujeres anuncio con sus chalecos y sus octavillas llamando a la venta de oro, eran parte del escenario de mi vida.

Pasos y gestos repetidos que, de un tiempo a esta parte, han cambiado, porque desde hace días esa verja que cierra la sala de los cajeros está cerrada y de ellas cuelgan las quejas y las peticiones de socorro de las víctimas de lo que nació como una Monte de Piedad, para ayudar a los desesperados a superar las malas rachas, y ha acabado arrojando al frío y la soledad de la calle a muchos de sus clientes, mientras que los irresponsables "responsables" de lo que ha sido la quiebra de la entidad, mitad por codicia y mitad por ineptitud, tienen sus bolsillos repletos y se sienten tan orondos como el anodino oso-hucha que, durante años, ha sido su imagen de marca.

Desde hace días ya no es posible utilizar los cajeros que quedan detrás de la verja, entre quienes pasamos por la calle y ellos está la verja cerrada y repleta de gritos escritos sobre tela y papel, a cuyos pies acampan con el frío y la lluvia de estos días quienes reclaman ayuda para que la ley medieval que rige el mercado hipotecario de este país no sólo no les arrebate la casa que el paro les impide, sino que no les deje encadenados a una deuda de por vida.

Como os digo paso cada día por allí y me llena de satisfacción no poder usar esos cajeros, porque los acampados no se han rendido. Es más, compruebo que cada vez son más y están más firmes y que quienes nos acercamos a firmar sus peticione somos más cada día. Mucho más me alegra que el gobierno se haya visto obligado a buscar una salida para ellos y otros como ellos, algo que harán, si lo hacen, porque ya son demasiados los afectados y demasiados los que se solidarizan con ellos. Tan grave, tan general y tan injusta es la situación que también los jueces están ponisndo su granito de arena para encontrar soluciones

Lo consigan o no, el ejemplo de estos ciudadanos, muchos de ellos trabajadores inmigrantes, es el que tenemos que seguir. Hay que salir a la calle, hay que contarle a la gente lo que nos pasa, mirarles a los ojos y, sobre todo, hacerles ver que quien también a nosotros, a ellos, nos puede pasar. Podemos perder el trabajo o la salud y, con ellos, todo lo que tenemos.

Hace unos años, podríamos pensar que la desgracia de los acampados nos quedaba lejos. Hoy no lo tenemos tan claro. Por eso esas mesas tienen ya tantas firmas. El PSOE, al menos en Madrid, también se está dando cuenta de que tiene que recuperar a sus votantes en la calle y de que tienen que ser sus militantes los que lo hagan, porque sus líderes, las estrellas de los carteles y de las ruedas de prensas están ya demasiado lejos y demasiado apagadas para encender nada.

Las grandes cosas se hacen desde abajo y hacia arriba. Desde arriba lo que se hace son pirámides, no de las que contemplaron a Napoleón y sus tropas, sino las que, al final, al último que llega le dejan un cargamento de detergente, unas preferentes, unas carpetas de sellos o unos diputados que no representan sus intereses.
 
 

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sábado, 3 de noviembre de 2012

ALGUIEN TENDRÁ QUE PAGARLO

 

Hace tiempo que descubrí, no sin horror, que la política no sirve a la noble causa de transformar la realidad en beneficio de la mayoría, sino que su empeño suele ser el de maquillar esa misma realidad a mayor gloria de unos pocos y de su patrimonio.

Ahora -y sé que es duro decirlo así- tenemos la muerte de tres jóvenes sobre la mesa y me agobia la sensación de que, una vez más, me están, nos están mareando, con perfiles de la tragedia que, en realidad no buscan explicarla para evitar que vuelva a producirse, sino que buscan la exculpación de los implicados.

Ayer, en un gesto muy efectista, la alcaldesa de Madrid, con esa fuerza casi mesiánica que da a los católicos la trampa confundir responsabilidad y culpa, una vez que se borró de la lista de los culpables, arrojó con la espada de fuego de la prohibición las macro fiestas como la de la madrugada del jueves del paraíso de las instalaciones municipales. Son malos y les castigo, parece decir Botella. Y lo ha conseguido, El titular más generalizado contiene esas dos palabras, Botella y prohíbe, y sabemos que, por desgracia, lo que queda es el titular.

Cuando enseñaba periodismo, ponía mucho empeño en inculcar a mis alumnos la idea de que esta profesión, tan depauperada hoy, consiste en hacerse preguntas y tratar de hallar las respuestas. Por eso me duele tanto que de un tiempo a esta parte se esté erradicando la pregunta de este ya triste oficio.

Sinceramente creo que en este asunto nos estamos perdiendo en detalles reglamentistas en cuanto al número de vigilantes o agentes de seguridad que debieran estar dentro o en los accesos al recinto, en el número de salidas de emergencia existentes y en si estaban abiertas o no. Parece que redujesen el valor de la vida de nuestros hijos a unas cuantas líneas escritas en un reglamento. Y no es eso.

Está claro, no sólo que el empresario Miguel Ángel Flores engañaba al Ayuntamiento de Madrid en sus previsiones y en sus cuentas, sino que, además, el Ayuntamiento se dejaba engañar y lo hacía a menudo. Está tan claro como el hecho de que, desde un principio, la empresa municipal que regenta el Madrid Arena hizo causa común con la empresa de Flores, empeñada en que todo estaba en orden y en atribuir al lanzamiento de una bengala el origen de todo, cuando hay un evidente desfase entre el lanzamiento de la bengala y el tapón que originó la tragedia.

La realidad, lo importante es lo que están mostrando las imágenes y el sonido registrado por las cámaras del recinto. Ese "¿Podéis creer que somos 15.000?" del DJ Aoki debe martillear los oídos de quienes, sin duda, vendieron más del doble de entradas de las que especificaban en la solicitud de alquiler del recinto. Ayer, en un programa dedicado al asunto dirigido por Rosa Villacastín, varios jóvenes explicaron como la venta de entradas por encima del aforo es algo habitual y, de hecho, uno de los jóvenes presentes que había comprado la suya a través de Internet aseguraba que el aforo se agotó hace mes y medio -el pago electrónico deja huella- y que el resto, hablaban de miles, se vendieron a través de eso que los jóvenes llaman relaciones públicas y a mí me suenan a mafiosos especializados en trabajos sucios.

Los jóvenes hablaron de agobio, de dificultades, no sólo para moverse, sino, incluso, para respirar.

Porque la tan elogiada retención de los asistentes una vez producida la tragedia, para llevar a cabo una evacuación ordenada, se prolongó hasta las seis de la mañana y llegó a generar pánico en parte de los asistentes, debido al calor y al aire viciado.

Está claro que el ruido de la fiesta y la misma masa de asistentes fueron las que impidieron que la avalancha -por cierto, según otro de los jóvenes presentes en el programa, las avalanchas son frecuentes en este tipo de actos- cobrase mayores proporciones y está claro, también, que, salvo para las cinco jóvenes afectadas, hubo mucha suerte.

En resumen, basta mirar la fotografía de EFE con que ilustro esta entrada para llegar a la conclusión de que cualquier atisbo de organización o seguridad brillaron por su ausencia. En ella se ve como en ese pasillo confluyen quienes entran, con quienes salen y con quienes arecen esperar junto a la puerta de lo que podría ser el servicio de "chicas". Tres flujos en sentido contrario sin nadie que los ordene que, lógicamente, antes o después tenían que acabar en remolino y presa.

Mientras las empresas de seguridad estén entrenadas para labores de orden público y se afanen más en proteger los intereses de la empresa que en salvaguardar la seguridad de los asistentes, seguirán produciéndose estas tragedias. No cabe duda de que el Madrid Arena no está diseñado para fiestas como la que acabó en tragedia. Y está claro, la foto es la prueba, que no había un plan de seguridad apropiado.

Y, eso, alguien tendrá que pagarlo, señora Botella.

 
 

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viernes, 2 de noviembre de 2012

TODO POR LA PASTA

 
 
Cuando se es joven se tiene un cierto sentimiento de inmortalidad que lleva a hacer cosas y a meterse en sitios imposibles. Con pocos años lo normal es tener poca experiencia de daño y tener, en cambio, muchos deseos de felicidad y diversión que, a veces, sólo consiste en estar junto a los amigos y la gente que se quiere. También nos embarga un espíritu gregario que nos lleva a probar y hacer cosas e ir a sitios, sólo porque van nuestros amigos. Curiosamente, ese sentimiento, esa desinhibición frente al peligro regresa a nosotros cuando alcanzamos determinadas edades, amparados en el "nunca me ha pasado nada", ignorando que algunas cosas, normalmente las más trágicas sólo nos pasan la primera vez que nos pasan.
Esto, hay gente que lo sabe muy bien hace mucho tiempo y lo aprovecha. Resulta paradójico, pero es así, los jóvenes tienen una capacidad y una alegría en el gasto de la que carecemos o no practicamos a otras edades. Las obligaciones, los miedos que llamamos prudencia, la previsión. El caso es que los jóvenes son, o al menos lo han sido durante estos últimos años, uno de los mercados potenciales más rentables, fácil de captar con una oferta sencilla.
No sé cuánto costaba la entrada para la trágica fiesta del Madrid Arena, ni me interesa. Lo que sí sé es que miles de jóvenes la pagaron, para entrar en un recinto abarrotado, en el que, a la vista de algunas imágenes, resultaba difícil, no sólo moverse, sino, sencillamente, estar. Y, cuando eso ocurre, una de dos, o se ha rebasado el aforo autorizado o ese aforo es cualquier cosa, menos realista.
En este caso, el recinto, una especie de pabellón multiusos, es propiedad del Ayuntamiento de Madrid y se gestiona a través de una empresa municipal que ayer, a las pocas horas de ocurrida la tragedia, curiosamente, ponía todo su empeño en afirmar que todo estaba revisado y en regla y en ponerse a salvo de posibles responsabilidades, no sólo a sí misma, sino a la organizadora de la fiesta concierto, que, por cierto, contaba, y ahora se sabe con un abultado historial de infraccione administrativas.
Entre los testimonios de los jóvenes asistentes a la fiesta hay un dato que resulta, cuando menos, curioso: no se registraron bolsos ni mochilas, no se pidió el DNI para impedir el acceso a menores y, al parecer, tampoco se puso mucho empeño en exigir la entrada. Y eso sólo ocurra cuando la taquilla ya está hecha y lo que importa es rematar el negocio con la venta de bebidas en el interior, Y, para ello, cuanta más gente dentro del recinto, mejor.
Es más, uno de los DJ, el encargado de dar la bienvenida a los asistentes dijo al comienzo de la fiesta que allí había 15.000 personas. Quizá eso explique por qué no se puso mucho empeño en el control del acceso. Para qué, si ya estaba vendido todo el papel, y, de ser cierto lo dicho por el DJ, la tercera parte de esa venta iba a quedar en negro. Lo que escribo no es un disparate, ahora mismo acabo de escuchar cómo, en Pamplona, la policía municipal desalojó una discoteca por doblar el aforo permitido, algo que comprobaron, tras contar uno por uno a los asistentes, cuando iban saliendo.
Otro importante detalle es el de las salidas de emergencia, de las que se dice que eran las correctas y que estaban abiertas. Sin embargo, está claro que algo fue mal, cuando tanta gente cayó en la trampa de ese pasillo taponado. Algo fue mal y los planes de seguridad del recinto no eran los apropiados. Eso no hay quien lo pueda poner en duda. Como tampoco puede nadie poner en duda que la Policía Municipal de Madrid no está en buenas manos, cuando se deja margen para que ocurran cosas así.
No hace muchos días nos enteramos, por otra cuestión relacionada con el aforo de otra macro fiesta, esta vez al aire libre -la de la MTV- de que apenas había una docena de policías municipales para velar por la seguridad de un acontecimiento que reunía a mas de 10.000 personas. En el Madrid Arena, que, insisto, es propiedad del Ayuntamiento de Madrid, la seguridad estaba subcontratada.
Ahorro, beneficio, negocio... esas son las palabras que parecen guiar la mano de quienes organizan y tienen la obligación de controlar y velar por la seguridad de estos espectáculos. Más valiera que, en lugar de hacerlo todo por la pasta, lo hicieran por la vida.
 
 
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jueves, 1 de noviembre de 2012

UN EURO POR RECETA

 
 
Está claro. El euro por receta es el equivalente en la Sanidad al peaje de las autopistas o al billete del metro. Si quieres acceder a la medicación que tu médico te receta, tienes que pagarlo y pagarás tantos más euros cuantos más medicamentos consuman, independientemente de que cojas el metro para trabajar o para ir de compras o de que salgas de la autopista en Villaverde o Marbella. Es otra tasa más, otra tasa ciega, que, como todas las tasas y más ciegas, es injusta.
Pero, con ser grave la decisión tomada ayer por el Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid, más siendo absolutamente contrario a todas las manifestaciones públicas hechas, en campaña o no, por la práctica totalidad de sus líderes; con ser contraria a la equidad, y más en un momento de serias dificultades para los madrileños, especialmente para los ancianos y pensionistas, que, con menores ingresos económicos, más medicación precisan; con todo esto, la medida no es más que un señuelo que aviesamente persigue desviar la atención ciudadana de la reforma sanitaria que, encubierta y sin debate, se incluye en los presupuestos aprobadas ayer.
En esa reforma, largamente perseguida por el Partido Popular, no con criterios de eficacia, porque nada hay más ineficaz para lo público que la corrupción y la han practicado y la practican con saña, sino con el ánimo de proporcionar "oportunidades de negocio" a los amigos que, más adelante, se mostrarán generosos en donaciones o colocando a parientes y amigos, como se puede comprobar si se repasan los nombres de algún que otro miembro de alguna que otra empresa del sector que contrata con la CAM.
De un plumazo, a escondidas y hurtando el debate a profesionales, usuarios y oposición, el Partido Popular ha privatizado la asistencia médica de media docena de hospitales, ha cambiado el uso de otros dos y pretende privatizar también la asistencia de un diez por ciento de los centros de salud, amén de externalizar los servicios de limpieza, comidas, suministros y quién sabe cuántas cosas más.
Toda una revolución desatada horas antes de la noche de difuntos. Una revolución que puede acabar definitivamente con la sanidad universal y gratuita, dejándonos a cambio hospitales de atrezo, con menos servicios, menos competentes y, eso sí, mucho más caros, porque, por ejemplo, el mismo gobierno que ha decidido ayer privatizar gran parte de la sanidad madrileña ha dado bajo cuerda, o al menos sin luz ni taquígrafos, quinientos millones de euros a los concesionarios de alguno de esos nuevos hospitales después de recibir inquietantes, cuando no amenazantes, cartas de sus gestores, incapaces de cumplir los conciertos por los que recibieron la concesión.
Ese es el mecanismo. Nos dicen que lo público es caro e ineficaz, lo sustituyen por hospitales de gestión privada o directamente privados, que se ofrecen como solución más barata a cambio de eliminar gastos superfluos y rebajan la calidad y las prestaciones. Luego, al cabo de un tiempo, lanzan sus SOS a la Administración y piden más dinero para seguir haciéndolo peor y, no lo dudéis, más caro.
Nos están quitando lo que es nuestro, porque el Estado de Bienestar es de todos y para todos y, por lo tanto nuestro, para dárselo a multinacionales. Poco a poco, están dejando lo público en el chasis y a nosotros más desprotegidos. Convendría recordar que a los pocos meses de que Margaret Tatcher, luz y guía de nuestros gobernantes, privatizase los ferrocarriles británicos, los accidentes se multiplicaron a causa de la falta de mantenimiento de los mismos. Otro dato: antes de la llegada de la señora Tatcher al poder, los niños británicos que vivían por debajo del umbral de la pobreza, con lo que eso conlleva de desnutrición, desescolarización y demás, era del 10%, Cuando Tatcher salió, que, nada más llegar al poder, quitó a los escolares el vaso de leche diario, el número de niños pobres había subido al 35%.
Está claro ¿no?
 
 
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