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viernes, 10 de enero de 2020

SILLAS MUSICALES EN MONCLOA


No sin cierto tufo racista, se dice que los gitanos no quieren buenos principios para sus hijos y, de ser acertado el razonamiento, equivocarse y tropezar al arrancar el camino garantizaría un final feliz a la travesía que en el caso del gobierno de coalición que se está formando en medio de interferencias y sobresaltos, antes o después llegará a buen puerto, aunque, por el momento,  raro es el día que no nos provoca un vuelco en el corazón. Nos queda el consuelo del refrán, ese que dice que "amores reñidos son los más queridos", porque, de ser cierto, parece que vamos bien.
Digo todo esto porque, ayer, de golpe y porrazo, nos enteramos y Pablo Iglesias parece que también de que Pedro Sánchez se había sacado una nueva vicepresidencia de la manga, la que ha que velar por la transición ecológica y los cambios demográficos, la agenda 20-30, de cuyo control tan orgulloso se sentía Iglesias, hasta el punto de lucir en el pleno de investidura una chapa alusiva. El anuncio se hizo señalando a la actual ministra de Transición Ecológica, Teresa Rivera, como titular de la misma, lo que a Unidas-Podemos debió olerle a cuerno quemado, lo que tendría sentido en un ámbito, el de la política, en el que la ambición y el ansia de poder parecen, por desgracia, los motores de la acción.
Sin embargo, al margen de las prisas y ansiedades de Podemos, observando el panorama con mirada fría todo cobra su lógica, porque la ratio entre diputados de Unidas- Podemos y PSOE está en torno a uno a cuatro, con lo que cabría pensar que una sola vicepresidencia en manos de los socios del PSOE se ajustaría más a esa proporción, reservando la jefatura de gobierno y la vicepresidencia primera a los socialistas.
visto así, parece como si alguien, en medio de la euforia inicial de los de Iglesias, deseosos de cantar a los cuatro vientos sus logros y a "repartir", no sin cierto descaro, poder y despachos en las áreas que les corresponderían, hubiese caído en la cuenta de que las cuentas no se habían hecho del todo bien, al tiempo que habían quedado solapadas demasiadas competencias, como las patatas mal freídas para una tortilla que se pegan unas con otras, así que lo mejor ha sido sacarlas de la sartén una a una, para que queden sueltas y listas para componer juntas, pero no revueltas, la mejor tortilla posible.
Una vez más, a Podemos, mejor dicho, a Pablo Iglesias, le han podido las prisas y, sobre todo, esa ansiedad que tanto le caracteriza, mientras que, frente a él, Pedro Sánchez, mitad por carácter, mitad por experiencia, a "arrastrado los pies" con una cierta discreción, dejando tiempo para la rectificación que, ayer mismo, se produjo.
Son dos caracteres, dos formas de hacer, muy diferentes: las prisas y el ego del "líder", frente a esa aparente calma de Sánchez que, lento pero firme, va ocupando el terreno. Son dos personalidades muy distintas tratando de quitarse las sillas, en silencio o contándolo a los cuatro vientos, el viejo juego de las sillas musicales que, desgraciadamente, las más de las veces acaba mal. Sólo espero que acabe por ser verdad lo de que la experiencia de los socialistas y la audacia "podemita" sumen y no resten, para que nuestro trasero, que es el que en realidad está en juego, no acabe en el duro suelo.

miércoles, 13 de noviembre de 2019

PODER ERA QUERER


Sí, poder era querer. Poder formar un gobierno progresista en España consistía sólo en querer hacerlo. después de hacer el canelo durante meses, seis, para ser exactos, después de ver las orejas verdes al lobo del desencanto asilvestrado que cabalgan Abascal y sus amigos, han bastado veinticuatro horas para alcanzar un acuerdo que ha llenado de esperanza y alivio a más de la mitad de los españoles en edad de votar. No era tan difícil. Bastaba con ponerse a hablar sin vetos, pero también sin exigencias. Bastaba con pensar más en la gente que les necesita que en ellos mismos.
Para darse cuenta de que era lo que había que hacer, bastaba con ver y oír al casi siempre comedido Alberto Núñez Feijoo hablando del acuerdo en un receso de la reunión de la directiva del PP enfermo de sorpresa y desorientación, diciendo cosas que difícilmente diría sin arriesgar su fama de político sensato y equilibrado. Estaba claro que el "abrazo del comedor" había roto sus sueños, los del PP, de hurgar en el PSOE, como en otros tiempos, para dividirlo, para volver a desconectarlo de sus bases, convenciendo a González, en ausencia de Rubalcaba, de que lo mejor para el país sería la fusión de PP y PSOE, con los restos de Ciudadanos como palanganero, en la gran coalición que sueña el IBEX par amasar más beneficios aún, a costa del bienestar de la gente, agrandando la brecha ya de por sí
enorme que divide en dos mitades demasiado desiguales entre los que tienen más de lo que merecen y los que no tienen ni esperanza.
Bastaba también con ver el gesto sombrío de Pablo Casado, al que sucesivas carambolas han vestido de éxito sus fracasos electorales, desencajado al comparecer tras la reunión con los suyos, encarnando como nadie el papel de aquellos chuchos, por los que Don Quijote dijo aquellos de "ladran, Sancho, luego cabalgamos. Y es que Casado no tiene nada que ofrecer a los suyos, porque no llega ni de lejos a los resultados de Rajoy y porque ahora tiene a Vox, los cachorros asilvestrados que Aznar crío a sus pechos y que Esperanza Aguirre mantuvo a base de mamandurrias, a una treintena de escaños de sus resultados.
A mí me bastó con ver el alivio con que recibieron el acuerdo quienes tienen sobre sus espaldas un alquiler caro que puede serlo más, hasta que el sistema reviente y las calles se vuelvan tan inhóspitas como las de Barcelona y el chollo de los turistas de un par de días se acabe, el alivio con que quienes están en manos de banqueros sin escrúpulos, quienes ven a sus hijos expuestos a calles repletas de timbas electrónicas, quienes están enfermos o acabarán estándolo, a los que siempre les irá mejor en una sanidad pública que en manos de quirones privados. Me bastó con pensar que el gobierno que salga del acuerdo se debe a sus votantes y no a los intereses de empresarios vampiros que arrojarían a sus hijos a la pira, con tal de hacer caja.
Me alivió también la sorpresa de que el logro del acuerdo sólo se conociese apenas una o dos horas antes de firmarse. Me alivió también, por qué no decirlo, que todo se hiciese a espaldas de la prensa, que nadie metiese sus narices, dejándose utilizar o no, en la fulgurante negociación, porque este país, esta democracia, difícilmente podrían soportar otro circo como el de julio pasado.
Va a ser difícil, pero era necesario y, si son capaces de mantener la ilusión que ayer despertaron en muchos de nosotros lo conseguirán, porque, insisto, lo más difícil ya está hecho y porque ayer se demostró que para poder no basta con querer, pero querer, y en julio no lo fue, es imprescindible. Por eso insisto en que bastaba con querer y esta vez, por las razones que sea, a la fuerza o de buen grado, se ha querido.

lunes, 6 de mayo de 2019

SER VOX, SER LA CUP O SER PODEMOS


Pedro Sánchez, claro vencedor de las pasadas elecciones y único con capacidad de formar gobierno con los escaños de que dispone en el Congreso y, más aún, con los que no tienen el resto de partidos, especialmente en la fracasada derecha, se dispone desde hoy a intercambiar intenciones con los tres partidos que le siguen en número de diputados y, para ello, ha convocado, entre hoy y mañana, a sus líderes en la Moncloa, en una jugada que, aunque ajustada al más exquisito protocolo, lleva implícito un claro mensaje, el de que el actual y más que posible futuro inquilino del palacio es él.
A Pablo Iglesias, cuyos sueños y aspiraciones, o lo que quiera que sean, van muy por delante de la realidad, no parece haberle gustado el orden y el formato de la convocatoria, entre otras cosas, porque no le gusta figurar como postre del menú de estas conversaciones, más protocolarias que otra cosa, que esta tarde se inicias, con la visita de Casado. Y no le gusta hasta el punto de que circula el rumor de que de que estaría dispuesto a rechazar la invitación.
Parece haberse olvidado, la memoria, si es flaca, flaca alivia el peso de la culpa, de que, desde que, en marzo de 2016, preso de la ansiedad por transformar sus escaños en poder y de la frustración, por otra parte lógica , por no haber cosechado en las urnas lo que las encuestas le prometían, ha vuelto a caer en el error de creerse imprescindible y hacerlo valer, cuando cualquiera con un lápiz y un papel y un poco de cultura política puede demostrarle que no es como dice, porque las posibilidades de gobernar en solitario con apoyos externos, como pretende el PSOE, son infinitamente mayores hoy de lo que lo fueron entonces.
Por qué, entonces, tantas prisas en alguien que presume de ciencia política y la enseña en la facultad del ramo. Quizá porque los cuarenta y dos escaños que Unidas Podemos obtuvo el domingo 28 son bastantes menos de los que tuvo en las dos convocatorias pasadas y alguien podría reprochárselo en su partido y porque la única manera de hacer olvidar el batacazo sería obtener un buen resultado en la triple convocatoria del día 26, algo que él cree posible pintando al PSOE cercano a la patronal y a las derechas y vistiéndole de intransigencia para con los planteamientos progresistas que él cree defender en exclusiva.
Debería pensar que la ciudadanía ha sido consultada, que la participación ha sido muy alta y que, si quienes han votado no han dado a Unidas Podemos la mayoría de los votos en las urnas y que si ni siquiera han dado a la izquierda la mayoría absoluta para gobernar y, en ella, a Unidas Podemos la cualidad de ser imprescindibles, es porque espera otra cosa, quizá que, como pretende Sánchez, se apoye en unos o en otros para gobernar, según y cómo.
Debería pensar también Iglesias en los más recientes ejemplos de fuerzas que han asumido, desde el poder que da ser minoría complementaria, el papel de determinar los gobiernos que apoyan. Hablo, claro está, de la CUP em Cataluña, que ha llevado al desastre de la proclamación de una República Catalana fugaz por imposible y al deterioro de la calidad democrática y el bienestar de un territorio que no hace tanto lo era todo en España. También, el desastre para los derechos ciudadanos y el retroceso que en sólo tres meses ha sufrido Andalucía, por el apoyo de Vox aceptado por el PP y Ciudadanos, acuciados por la prisa de tumbar al PSOE y a Susana Díaz.
Unidas Podemos, Pablo Iglesias en concreto, tiene que optar entre forzar ese gobierno tan progresista como débil que pretende o un gobierno que consolide y recupere los derechos deteriorados o perdidos en manos de Rajoy t que, además, conquiste otros. Tiene que saber si quiere ser la CUP nacional, el Vox de la Izquierda o si quiere volver al sueño que fue Podemos, que la ansiedad por conquistar el poder, dentro y fuera del partido, está asfixiando.