Mostrando entradas con la etiqueta Policía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Policía. Mostrar todas las entradas

viernes, 19 de octubre de 2012

ESCONDER LA REALIDAD

 

Nuestro presidente, que por desgracia lo es, habla poco, pero, cuando lo hace, sus palabras podrían fundirse en bronce. Qué frases, qué pensamientos tan profundos. Lástima que el motor que mueve su verbo suba con dificultad las cuestas y no esté pensado para circular por el espeso y pegajoso tráfico de las ruedas de prensa y los "canutazos" improvisados. En ellos, renquea, a veces se cala y, en ocasiones tiene que llevárselo al garaje la grúa de la escolta. Pero cuando se arranca a hablar, como digo, nos suele regalar pensamientos profundos.

Recordáis, por ejemplo, de aquella su primera entrevista en nueve meses de gobierno, la sublime frase que lo explicaba todo, aquella que rezaba "la realidad me ha impedido cumplir mi programa electoral". Quién puede negarle la razón. Quién puede decirle que no desde el convencimiento que tal cosa ocurre porque su programa era irreal. Quién desde quienes le apoyan y aún se fían -y cada vez son menos- de su buena voluntad. Quién, desde la indiferencia, puede no calibrar el peso, tremendo, de la realidad.

Por eso, Rajoy y su gobierno han llegado a la conclusión de que el enemigo no es la crisis, qué va, el verdadero enemigo, lo que puede poner en peligro su continuidad en ese poder que tanto les ha costado alcanzar, es la realidad. Y, si el enemigo a combatir es la realidad y la realidad es tan tozuda y tan evidente, lo mejor es esconderla. Ocultarla bajo las alfombras, en lo más profundo de los telediarios, tras las portadas y los titulares de los periódicos o en las tertulias grandilocuentes y mentirosas de las radios.

Estos señores de la derecha no son más que el instrumento del poder que impera que estos tiempos, ese poder económico que tiene por el mango la sartén en que nos freímos los demás y el cucharón dispuesto para devolver al fuego a quien pretenda escapar de él. No hay más que ver el resultado de todo lo que han hecho hasta ahora, resultado que puede resumirse y así lo resumen las agencias internacionales que se pronuncian, en "ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres y más numerosos". Por eso, los sesudos propagandistas del Gobierno ya no se esfuerzan en manipular la información, en maquillar la verdad. Sería una tarea inútil, porque nadie mejor que los parados, los desahuciados, los padres de alumnos, los que han perdido sus ahorros por culpa de la codiciosa ludopatía de los bancos, para saber lo que está pasando sin matices ni maquillaje. Por eso en lo que consumen su esfuerzo es en ocultar esa odiosa realidad, para que quienes se quedan en casa, quienes no ven más que los telediarios de orden, quienes, si leen prensa, la leen en el mejor de los casos con grapa, y quienes escuchan la radio prefieren los cuentos de terror al sentido común, no sufran, para que crean que lo de la realidad es algo pasajero y para otros, sigan confiando en la buena voluntad del presidente.

Pero, todo el mundo lo sabe, la realidad es muy tozuda y acaba por imponerse. Rajoy y sus palmeros se han pasado dos días, vendiéndonos la importancia y lo crucial de la cumbre de la pasada noche en Bruselas, hablando de ella como la gran esperanza, todo bien aderezado con la intervención de Rajoy en Bucarest, para que, al final, todo sea otra vez decepcionante y Rajoy no haya pasado de ser en la cumbre más que un convidado de piedra.

Pero, ellos, erre que erre. Negando la evidencia de que, ayer, la mayoría de las aulas se quedaron casi vacías y de que muchos de los padres que mandaron a sus hijos al cole lo hicieron porque, trabajando los dos, no tenían con quién dejarlos. Negando también lo concurrido de las manifestaciones, así como la diversidad de quienes defendían en ellas la enseñanza pública. Ellos tienen el poder, el sueldo, el coche oficial, la escolta, los gabinetes de prensa y un futuro asegurado, al igual que Nacho Vidal, en alguna tertulia o algún "reality show".

Ellos a lo suyo, a ocultar la realidad que, como todo el mundo sabe, es perniciosa. Por eso y porque nada hay más peligroso para el honor y la carrera de un policía que verle actuar en determinadas y recientes circunstancias, el ministro más de la porra que hemos tenido desde que Fraga lo fue en los tiempos de la matanza de Vitoria, auxiliado por su director general de la Policía, que se como el marrón de proponerlo, quiere prohibir, bajo penas quién sabe si de prisión, que se tomen y difundan imágenes de policías en plena acción.

Parece que, como quienes, conscientes de su fealdad y de sus malas intenciones, apagan la luz, quieren jodernos, pero a oscuras.
 
 
 

Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/


martes, 26 de junio de 2012

PROTOCOLOS



Nada hay peor que un servidor público parapetado tras un reglamento p un protocolo. Viene sucediendo hace tiempo y en todos los ámbitos. Los funcionarios, que, por serlo, son reconocidos por el resto de los ciudadanos, si no como autoridades, sí como los instrumentos a través de los que el Estado les presta la ayuda que necesitan, se refugian en instrucciones y procedimientos, renunciando a la propia iniciativa que les humaniza y, casi siempre, ataja los obstaculos que les separan del ciudadano.
Ayer, a las cuatro de la tarde y en plena levantera gaditana fui testigo de un ejemplo de esto de lo que os hablo. Repito el dato: cuatro de la tarde, con el sol en todo lo alto, en una bahía que a esas horas rondaría los treinta y tantos grados y más a pleno sol.
Pues bien, en medio de esa solanera nos topamos con un hombre tendido, si no totalmente inconsciente, sí al menos aturdido, con el pecho descubierto y una herida, un corte, para ser más exactos, en el abdomen, al que habían acudido ya las moscas. Frente a él, junto a su coche patrulla y a la sombra, tres policías nacionales permanecían en pie a una cierta distancia sin atenderle.
A mí y a la amiga que me acompañaba, la escena nos llamó la atención, como llamó la de todo el que pasaba por allí, y nos preocupó, porque no entendíamos como esos tres servidores públicos podían permanecer impasibles, mientras ese hombre seguía, en su estado, tendido a un sol implacable. Tanto nos llamó la atención y tanto nos preocupó que acabamos pidiéndoles explicaciones a los policías por no hacer nada para retirarle de allí o al menos protegerle del sol. La respuesta de uno de ellos fue que la ambulancia estaba en camino y que tenían instrucciones de no tocarle, algo cuando menos absurdo si, por su aspecto, no parecía tener ninguna lesión en el cuello o la columna.
Les sugerimos que, al menos, le protegiesen con algo que le diese sombra y un turista español ue pasaba por allí propuso acercar una de las sombrillas de una terraza cercana que en ese momento estaba prácticamente vacía. Nada, como quien oye llover, se abrazaron al "nos han dado órdenes de no tocarle".
Finalmente, fuimos varios ciudadanos de a pie y sin uniforme los que, tras pedir permiso al propietario, acercamos la sombrilla al herido protegiéndole del sol. Para entonces no éramos dos ni tres, sino una decena de ciudadanos quienes pedíamos explicaciones a los policías que apenas balbuceaban lo de las instrucciones.
Yo les dije qu era muy cómodo eso de ceñirse al reglamento, pensando que así nunca se equivocarían, lo que en modo alguno garantiza, y lo de ayer fue un buen ejemplo, que, aplicando el reglamento, acierten.
El hecho es que media docena de ciudadanos: mi amiga y yo, un turista, un ama de casa de mediana edad, una joven valiente y decidida y alguien más que ahora no sabría encuadrar, acabamos afeándoles su conducta a tres policías que habían optado por convertirse en robocops trabajando a reglamento, en lugar de ayudar a un ciudadano que parecía necesitarles.
Lo de ayer, indignante, tuvo un feliz corolario y fue el de poder observar como la gente, no sólo se mostró solidaria con alguien que necesitaba su ayuda, sino que parecía haber perdido ese miedo reverencial a los uniformes que tanto daño ha hecho a este país. Me pregunto hasta dónde puede llegar esa rebelión tranquila y con palabras de la que fui testigo. Espero y deseo que llegue muy lejos y lamento que no hubiese comenzado antes.
Lo que este país, este mundo, necesitan no son robocops protocolizados y reglamentados, sino seres humanos capaces de empatizar con quienes no son otra cosa que sus iguales y que les necesitan.
Cuando varias calles más allá escuché la sirena de la ambulancia, Cádiz no es muy grande, media hora después de tropezarnos con la escena, lo reconozco, me sentí feliz y muy orgulloso de mis conciudadanos.

martes, 21 de febrero de 2012

CUANDO EL ENEMIGO PAGA EL SUELDO


Me veo en la necesidad de insistir en una idea, terrible, pero real, sobre la que ya he incidido aquí en otras ocasiones: el poder del que ahora está abusando el Gobierno es el poder que nosotros mismos les hemos dado.
Sin embargo, lo de ayer en Valencia supera cualquier expectativa. Cargar de manera tan "indecente" contra estudiantes de enseñanza media, cargar contra adolescentes como si se tratase de guerrilla urbana es desproporcionado, pero es, sobre todo, torpe.
Dar carta blanca a las fuerzas policiales para actuar como lo hicieron para conducirse como lo hicieron ayer en Valencia dice mucho de quienes son los nuevos responsables de la Policía y dice mucho de por qué se ha tomado tanta prisa el nuevo ministro en relevar a los que habían gestionado el orden público hasta ahora.
Estoy seguro, porque nadie ha podido demostrar otra cosa o ya lo hubieran hecho, de que la actitud de los estudiantes valencianos fue bastante más "proporcionada" que la de los antidisturbios que, no sólo los aporrearon, sino que pusieron en serio peligro la integridad de alguno de ellos, lanzándoles a empujones contra vehículos en marcha.
Creo que la borrachera de poder del PP no le deja tomar conciencia de para qué ha llegado Rajoy a La Moncloa. Los vapores de ese resultado, excesivo por alejado de la realidad social de este país, no les dejan ver que no sólo les respalda la mayoría de los ciudadanos, sino que muchos de quienes les han dado su voto pueden comenzar a arrepentirse si ven recortados sus derechos o si tienen que recibir a sus hijos en casa apaleados y rotos porque han osado protestar porque falta calefacción en sus clases y sobran aeropuertos inútiles, regatas, grandes premios, regalos y festines innecesarios.
Qué diría el jefe superior de Policía de Valencia, Antonio Moreno, si no recibiese su sueldo, el que le pagamos todos los ciudadanos, incluidos sus enemigos y los padres de sus enemigos, religiosamente cada mes. Seguro que se "rebotaba" y mucho.
Tengo la sensación de que todas estas "pasadas", policiales o no, ni son anécdotas ni son inocentes. Me temo que forman parte de una estrategia de "acojonamiento" generalizado de la población, con el fin de que los ciudadanos "traguen" y se entreguen de pies y manos a quienes parecen dispuestos en devolver este país al XIX en unos pocos meses.
Eso por un lado. Si, por otro, se desprecian movilizaciones pacíficas como las del domingo, falseando las cifras de asistencia, incluso por parte de la prensa que se etiqueta a sí misma como más o menos progresista, vamos a acabar volviendo a las pedradas a los escaparates y a los cócteles molotov, porque la candidez ante el papel de la Policía de la mayor parte de los indignados del 15-M, se está tornando en perplejidad, pero no tardará en convertirse en rabia si quienes están para protegerles a ellos y sus derechos, les consideran sus enemigos y les tratan como a tales.