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lunes, 6 de abril de 2015

DE SU PROPIA MEDICINA



Va a resultar más que interesante ver cómo este presidente pasmarote se enfrenta a un partido, el suyo, que se resquebraja ante la falta de perspectivas de repetir la ocupación del poder de que han disfrutado en los últimos años, pero especialmente desde hace tres. Lo de proclamar con orgullo que se militaba en el PP o que se le votaba nunca ha sido fácil, siempre ha sido algo vergonzante, pero, últimamente comienza a ser una carga demasiado pesada, diría incluso que insoportable. 
Mientras ha habido cuotas de poder que repartir, cargos, sueldos, canonjías y contratos que adjudicar resulta fácil invocar el prietas las filas y conseguir esa piña de voluntades que da la opulencia y esa ausencia de la más mínima crítica que ha permitido a personajes que, como Javier Arenas, han ido de fracaso en fracaso, cada vez más alto en el partido y cada vez con más poder. Y quien dice Javier Arenas, dice también, Carlos Floriano, María Dolores de Cospedal, ahora en desgracia, o, sobre todo, Pedro Arriola, ese ser inexplicable que, como la misa en latín, era más eficaz cuando se escudaba en el misterio.
Ahora que vienen, no sólo mal, sino muy mal dadas, en el PP, como allí donde no hay harina, todo es mohína, sobre todo porque, por primera vez en muchos años bastantes de sus cargos tienen ante sí la puerta de salida y ya se sabe que en la calle hace frío, mucho frío. Por eso no me explico y nunca me explicaré, salvo que Rajoy haya trabajado estos años para lo más negro de la economía neoliberal y especulativa, devaluando la vida y la dignidad de la mayoría de los españoles, para convertirnos en mano de obra dócil, por maniatada y amordazada, y barata. Y no me lo puedo ni me lo podré explicar porque se supone que su propósito es volver a ganar las elecciones y, para ganarlas, necesita el voto de cuantos más ciudadanos mejor y, la verdad, ningún gobierno ha conseguido en democracia tener una nómina de perjudicados y ofendidos como éste.
Rajoy ha dejado a los españoles, que es lo que en realidad es o debería ser España, indefensos y más que desasistidos, tanto que sólo la caridad y esa otra forma de caridad laica que es la solidaridad, que no son, ambas, otra cosa que sucedáneos de la justicia social, han conseguido que la población más perjudicada conserve un mínimo de dignidad. Por eso no entiendo qué ha pretendido o qué pretende hacer Rajoy. Tanto, que a veces he dudado que en el horizonte de Rajoy estuviese convocarlas.
Pero sí, las habrá y las más cercanas están convocadas para dentro de ocho semanas. Por eso las prisas, por eso ese reprise de última hora en gestos y promesas, por eso el carrusel de inauguraciones, de balances positivos exhibición de estadísticas favorables, la última la del paro registrado en marzo, con la que nos van a hartar en los próximos días.
Pero la cosa no va a funcionar, porque la gente ya se ha cansado de promesas incumplidas, de que digan que a quienes no pueden ni pagar impuestos que van a bajárselos, sobre todo teniendo como contrapartida todos los recortes en políticas sociales que son las que acortan los desequilibrios y restituyen el expolio de la riqueza, valor de la fuerza de trabajo incluida, a que nos someten este gobierno por encargo de sus patrones.
Con lo que no contaba Rajoy, probablemente aturdido por las letanías y consejos de Pedro Arriola, es con que el descontento de la sociedad, tradicionalmente abstencionista, encontrase en el impulso del 15-M el interés perdido por la urnas, ni que, también en la derecha, apareciese una nueva marca, la de Ciudadanos, capaz de dar refugio a los cada vez más numerosos decepcionados del PP. No contaba con ello y toda la estructura organizada durante tantos años se desmorona. Y no sólo eso, sino que se desmorona con muy pocas posibilidades de volver a ser lo que fue.
Por eso, al igual que los españoles hemos visto como nuestra vida se desmantelaba, los militantes y cargos del PP están probando de su propia medicina viendo como su bienestar, que lo ha sido a nuestra costa, y su futuro, que corre en sentido contrario al nuestro, tienen los días contados. Mañana, en la primera Junta Nacional convocada por el presidente del PP en dos años,  podrían volar los cuchillos… o no, porque ya se sabe que en el país de los ciegos, el tuerto es el rey y Rajoy ha sabido, al menos hasta ahora, rodearse de gente muda y sin ojos.


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lunes, 7 de julio de 2014

LAS CLASES MEDIAS



Revisaba hace dos días en la magnífica web de TVE un documental firmado por mi viejo compañero Fernando olmeda dedicado a la siempre inquietante figura de Josep Pla, uno de los mejores, si no el mejor, autores en lengua catalana del pasado siglo. En él, el ex presidente Pujol recordaba ante la cámara uno de sus encuentros con el escritor ampurdanés, en el que éste le manifestaba su desconfianza hacia la democracia, por lo que suponía de poner el poder en manos de la gente corriente ¡qué candidez y qué desconfianza tan atávica por parte de quien había sido espía de Franco durante la guerra! Pujol añadía que trató de mitigar los recelos de un Pla recluido en su casa de Llofriu, tranquilizándole con la idea de que a esas alturas, las de los tiempos de la transición, en España habían florecido las clases  medias, que, como el mismo Pujol decía, siempre había habido en Cataluña, pro hasta entonces no en España, remarcando al autor del "Quadern gris" que las clases medias dan estabilidad a los países.
Confieso que en ese momento pensé en lo listo que es y ha sido siempre Pujol, ahora puesto en cuestión por la corrupción familiar, y en lo torpes que son quienes ahora detentan el poder en España, porque, si tiene razón el ex president en lo que dice, y la tiene, Rajoy y su gobierno parecen empeñados en acabar con la estabilidad de este país. Y es que no hay más que mirar alrededor para darse cuenta de que, de un tiempo a esta parte, todas las medidas adoptadas desde Moncloa, leyes y decretos incluidos van destinadas a acabar con el balsámico estamento social del que hablaba Pujol a Pla.
Recordemos, si no, que no hace tanto tiempo eran habituales los hogares en los que entraban dos o más sueldos que garantizaban unos ingresos de entre tres mil y cinco mil euros al mes. Hogares de españoles alegres y confiados cuyas preocupaciones difícilmente iban más allá de pagar una hipoteca, que entonces era accesible, las letras del coche y los electrodomésticos, el colegio o la universidad de los hijos y, todo lo más, las vacaciones y la residencia de los abuelos.
Hoy, de esos dos o tres sueldos, con suerte sólo queda uno, la casa se ha perdido, ni se piensa en poder ir de vacaciones y el coche, que apenas se mueve, envejece cubierto de polvo a la puerta de la calle, los niños han cambiado de colegio, y muchas veces de barrio, y, gracias a que los abuelos conservan su pensión y a que ahora viven en casa, se puede garantizar al menos una comida decente al día.
Mariano Rajoy, como los malos capitanes, está hundiendo el barco de la hasta entonces alegre, confiada y estable sociedad española y, para salvarse él y salvar a los suyos, ha optado por sacrificar las cubiertas en las que viaja ese pasaje. De lo que no se da cuenta Rajoy es de que, cuando queda ya poco que perder, pretender que ese sacrificio sea tranquilo, como el de los corderos en el matadero, es una quimera ni de que, de momento y aunque sean capaces de intentar que sea de otra manera, su estancia en la Moncloa expira en menos de dos años, ni, mucho menos, de que esa clase media a la que pretende dirigirse ya no es la misma, si es que sigue quedando algo de ella, ni de que ya no tiene el fantasma del terrorismo para agitarlo ante el hocico de los silenciosos corderos que le llevaron al poder.
Si Rajoy recorta las pensiones de los abuelos haciéndoles "copagar" sus medicamentos, si convierte en una pesadilla el sueño de muchas familias de llevar a sus hijos a la universidad, si los pocos trabajos que "salen" son cada vez más precarios, con más horas y peor retribuidos, si, a la hora de pagar impuestos, son estos ciudadanos y siempre ellos los perjudicados, para que los ricos, también los de siempre y cada vez más ricos, eviten contribuir al mantenimiento de lo que es o debería ser de todos, si sigue por ese camino puede llevarse la sorpresa de que esa clase media se radicalice y ni siquiera admita el sucedáneo de izquierda que en los últimos años ha sido el PSOE.
Aunque ya es tarde, no estaría de más que Rajoy atendiese más a lo que Pujol e dijo a Plá, allá por los años setenta del pasado siglo, que a los de un tal Arriola que parece dispuesto a indicarle el camino para arrasar el jardín, el remanso de paz, de la clase media. Lo que pueda venir después nadie lo sabe, pero, desde luego, tendrá poco que ver con el presente.


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jueves, 22 de mayo de 2014

LA CULPA ES DE RAJOY


No sé qué pasará el domingo. No sé cuánta gente se abstendrá, dicen que unos 50.000 lo harán porque entre las urnas y la final de Lisboa optaron por el fútbol. No sé cuántos electores votarán en blanco. Sí sé que el hartazgo está generalizado y que, si, en lugar de optar por una papeleta, se permitiese al votante clavar uno o más alfileres en el muñeco vudú de quien consideran responsables de los males que le aquejan y aquejan a España, la afluencia sería masiva y la gente acudiría contenta y no resignada y avergonzada, como parece que lo hará en esta ocasión.
No sé si muchos de los que voten lo harán por Cañete. Parece que serán muchos menos que los que lo hicieron por Rajoy, incluso proporcionalmente, y, sin embargo, el que realmente se la jugaba y, a la vista de la campaña y el candidato elegido está, es Mariano Rajoy. Porque no hay que olvidar que la elección del candidato ha sido una decisión personal de Rajoy, adornada, eso sí, con los intereses personales y egoístas del propio candidato, que busca en estas elecciones el "pase" que le permitiría llegar a la comisión. Por eso, por más que lo traten de diluir ahora, quien más se juega este domingo en que lo que se juega es mucho es el propio Rajoy. Más, incluso, que Cañete que ya se cargó sus expectativas de ser comisario, hoy hace una semana, escupiendo su machismo hacia el cielo.
Si este proceso electoral ha tenido una virtud, ésta ha sido la de haberse convertido en una especie de maqueta de lo que hoy es la política española y, sobre todo, la de ser la primera oportunidad que tienen los españoles de "ajustar" cuantas con aquellos a quienes consideran responsables de la laminación que, desde hace cuatro años, está sufriendo las clases humildes españolas y, en gran medida, la propia clase media. No lo hicieron en aquellas municipales tras la victoria de Rajoy, probablemente porque quizá aún le creían y es más que probable que lo hagan el domingo.
Un exquisito diría que eso no es bueno que votar contra un partido y ajustar cuentas con él no es lo mejor.
Sobre el papel, la exquisitez sería razonable, pero en un país en el que en los programas electorales se miente a los votantes por sistema y, a veces, como en las últimas generales, al ciento por ciento, es perfectamente justificable que los ciudadanos acudan a su colegio electoral con el cuchillo entre los dientes.
La designación de Cañete ha sido, de todos los cometidos, el error más evidente de Rajoy. Y no digamos la política de comunicación que le ha seguido, pretendiendo, muy al estilo Rajoy, que el tiempo y el silencio se encargasen de desactivar la bomba que el mismo Cañete se puso en el pecho. Rajoy, sus Florianos y sus Arriolas se han equivocado de medio a medio. La burrada del candidato había pisado demasiados callos y Europa no es Jerez, ni mucho menos España. Allí, los ademanes cavernícolas del Santa Claus glotón y borrachín, no tienen buena prensa, como nunca los tuvieron los de Boris Yeltsin. Por eso, se dio un último volantazo, sacando de nuevo al candidato, físicamente desagradable como pocos, a la palestra, cruzando los dedos, porque, si él mismo, cómo dijo, se teme, no digamos cuánto le temen sus padrinos.
Rajoy creyó que estas elecciones serán un asunto menor que podía controlar con su legión de editorialistas y su coro de tertulianos, pero, una vez más, no contó con la fuerza del demonio de las redes sociales, capaz de devolver cualquier debate a su origen por más dinero que se ponga para engrasar periódicos, radios y televisiones. Rajoy, sin pretenderlo, se lo ha jugado todo a la carta del peor candidato y no me extrañaría que el suelo electoral del PP comenzase a agrietarse. La elección del candidato, el peor de los posibles, fue sólo de Rajoy y la culpa de lo que ocurra el domingo, y ojalá se lo hagan pagar, será sólo suya.


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jueves, 28 de marzo de 2013

MENTIROSOS REPULSIVOS

 
 
El de ayer volvió a ser un mal día para el Gobierno. Y todo porque la agencia Eurostat, la que se encarga de revisar y dar por buenas, o no, las estadísticas y las cuentas de los distintos países de la Unión, optó por esto último y obligó al señor Montoro a rectificar sus cuentas, incluyendo en el déficit de 2012 el dinero que debería haber devuelto a los contribuyentes con derecho a ello en los últimos meses del año y que no giró hasta el mes de enero, una vez cerrado el ejercicio.
Mal asunto este de maquillar las cifras y peor, si, además, te "pillan" la trampa, como así ha ocurrido.
De polvos como estos, vinieron los barros del rescate a Grecia, que allí si se llamó rescate, no como aquí, a pesar de que sus consecuencias no fueron muy distintas a las que padecemos en España. Allí, como aquí también hubo despidos masivos, recortes, pensiones a la baja, fuga de capitales, cierre de comercios y empresas, emigración de los mejor preparados, contenedores de basura como despensa de quienes ya no ocultan la vergüenza de su pobreza, desahucios y suicidios. Lo que no sé si ocurre en Grecia, aunque aquí, al menos, no se habla de ello es que también se haya desplomado el precio de la verdad, de lo que es evidente y sistemáticamente se nos niega.
Nada se nombra ya como antes. Lo que hacen o dejan de hacer, duele igual, se sufre lo mismo, abate como siempre, pero nunca lo llaman como antes. Es el signo de los tiempos y, en eso, el gobierno que, consciente o inconscientemente, nos dieron la mayoría de los españoles que votaron en las últimas elecciones, hay que reconocerlo, es un adelantado. A estas alturas parece evidente que, por tradición en el partido, que veinte años es mucho, y, por el pasado de algunos ministros, De Guindos, por ejemplo, en la economía especulativa, son expertos en eso que, también eufemísticamente, hemos dado en llamar "ingeniería financiera" y que no es otra cosa que el arte de quitar de aquí, esconder allá y camuflar siempre, para convertir en beneficio lo que, a todas, luces son pérdidas o todo lo contrario, si así conviene.
Con el mismo descaro, el mismo aplomo y la misma nocturnidad con que en Castilla La Mancha decidieron dejar a veinte de lo que en tiempos, so sé si ahora, conocíamos como partidos judiciales sin médico después de las ocho de la noche, negando que tal cosa fuese dejarles sin asistencia nocturna, con el mismo descaro -insisto- donde se dijo digo, se dice ahora Diego y se rectifica una decisión tomada a la ligera, haciendo números en un papel, sin tener en cuenta que, con ella, estaban poniendo en pie de guerra a comarcas enteras. Y me pregunto por qué, si hace meses ese servicio era ruinoso, cómo es que ahora ha dejado de serlo ¿quizá porque se ha tenido en cuenta el que debiera ser fin primordial de la política y que no es otro que el bien común?
Ingeniería financiera y también ingeniería jurídica, esa con la que nos amenazó el ministro Gallardón para retorcer la ley, saltándose a la torera la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que puso en evidencia la llamada "Doctrina Parot" que inauguró una nueva manera de contabilizar las condenas, para evitar la puesta en libertad de algunos etarras. Habrá quien piense que tal cosa sería lícita, pero, si la ley debe ser igual para todos y el principio de seguridad jurídica debe prevalecer en las hipotecas, beneficiando a los bancos, también debería prevalecer para los ciudadanos de a pie, sean o no etarras, y mucho más, una vez corregida la ley que dio pie a esas escandalosas, pero legales, puestas en libertad.
Un caso, el anterior, que deja muy claro que lo que le importa al gobierno es contentar y no asustar a su electorado, pese a que es evidente que lleva más de un año haciéndolo. Y, todo, porque abusan de otra ingeniería, la semántica, que les lleva a buscar, cual Indiana Jones en busca de la palabra perdida, sinónimos que no lo son, palabras de significado ambiguo y arcanos que oculten todas y cada una de las cagadas que van dejando en su camino. No hay más que detenerse y tratar de entender qué quiso decir la ministra de No Trabajo -ni lo crea ni parece hacerlo en su despacho- cuando leyó el lunes su interpretación de las cifras del paro, la incidencia en el de los eres, y sobre todo la incidencia de la Reforma Laboral que lleva su firma, pese que tiene más de Arturo Fernández, Díaz Ferrán y toda la caterva de la CEOE que de un gobierno que debiera ser de todos. Y es que lo de Fátima Báñez no es el mismo jardín que el de la torpe de María Dolores de Cospedal , pero, en otro estilo -Báñez leía, no improvisaba y, como de costumbre, no admitió preguntas- pero se le parece mucho.
Todos, subrayo, todos son unos mentirosos repulsivos. Y el que más, el presidente mudo que sólo vale para cantar goles, rebuscar herencias en el pasado y prometer paraísos futuros, sin olvidar a la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, que, con su carita de buena y sus congojas en la garganta, se presta a los trabajos más sucios, prestando su voz a las canalladas que pare el gobierno cada viernes y a los rifirrafes del Congreso todos los miércoles,
En fin, mentirosos repulsivos que, aunque a veces lo dudo, algún día pagarán sus mentiras, como pagaron esa gran mentira que repiten una y otra vez desde hace diez años y diecisiete días y que, al parecer, nació de esta frase atribuida al implacable Pedro Arriola: "Si ha sido ETA, arrasamos".
 
 
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