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miércoles, 30 de mayo de 2018

EN LA CALLE TE ESPERO


Fue el de ayer uno de esos días en los que la actualidad se precipita. De repente, Pablo Iglesias nos contó, no ya que si Sánchez fracasa en su moción debería poco menos que dejar la política, eso ya nos lo había dicho, sino que presentaría su propia moción de censura la segunda después de su fracaso de hace once meses; de repente también, el huido conseller Toni Comín, sin dejar su escaño, renunció a su voto delegado en el Parlament, con lo que dejaba en minoría a los soberanistas en ese parlament, en el que pasan tantas cosas y no pasa nada. Y ya, por si fuera poco, el alegre y combativo Quim Torra, tocapelotas le llamarían en mi barrio, se la envainó, también lo dicen así, tachando de la lista de su gobierno el nombre de sus cuatro consejeros inviables por tener causas pendientes con la Justicia, sustituyéndolos por los de cuatro mujeres, haciendo posible su nombramiento efectivo y, de paso, alcanzando un aceptable nivel de paridad de género.
Todo esto, en medio de un día de contactos más o menos discretos que harán posible -o no, que diría el agonizante Rajoy- el triunfo de la moción de censura de Pedro Sánchez, que se debate a partir de mañana. Sin embargo, con ser mucho, no fue todo lo anterior lo único destacable de lo ocurrido. Sin salir de los muros del Congreso, nos encontramos con dos personajes inefables de ese partido que aún gobierna España y que llenan de sonrojo a quienes creemos en la democracia, personajes faltones y barriobajeros que parecen haber sido elegidos para los cargos que representan, más por su marrullero arrojo en la refriega que por cualquier otra cualidad, que, de tenerlas, no muestran habitualmente.
El primero, el presidente de Radio Televisión Española, José Antonio Sánchez, quien, a  menos de un mes de dejar su cargo y con gran parte de los trabajadores de los Servicios Informativos negros ya de vergüenza por verse manipulados y obligados a dejar a un lado su profesionalidad y criterio so pena de ser marginados, manteniendo una protesta dignísima en la que arriesgan mucho, mostró en  sus respuestas a los diputados de la comisión ante la comparecía toda esa zafiedad y cinismo que lleva escrita en la cara y anuncian sus ademanes. Tanto, que en apenas tres frases y para defenderse, que no contestar, de la pregunta de un diputado de Podemos sobre su presencia en los papeles de Bárcenas, nos regaló las imágenes de homosexuales colgados de grúas en Irán, de niñas apedreadas por "darse un revolcón· con sus novios o de manifestantes asesinados a tiros en Venezuela. En fin, una joya que, como digo, dejará su puesto convertido en un muladar lleno de toda la basura y el desprestigio acumulados en su mandato.
Por último, la secretaria general del PP y todavía ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal consiguió lo que parecía imposible: dejar aún más alto el listón de la falta de respeto a la verdad y a los cargos que ocupa, mintiendo descaradamente a casi todas las preguntas que le fueron formuladas en la comisión que investiga la corrupción.
La señora de los despidos en diferido dio una explicación aún más críptica sobre la indemnización pagada a Luis Bárcenas para cerrar su boca y, no contenta con ello, dedicó su tiempo y sus respuestas, ella que es abogada del Estado y debiera conocer el papel de los jueces y el valor de las sentencias, a mentir una y otra vez sobre el contenido de la sentencia sobre la primera etapa de la Gürtel, poniendo en duda el fallo de los jueces que insinuó tendencioso, lo mismo que los hechos que la sentencia da por probados. Y no fue eso lo más descarado. Lo más descarado fueron sus maneras con el diputado socialista que le advirtió que estaba mintiendo. Literalmente le dijo que se atrevía a hacerlo porque se amparaba en la inmunidad parlamentaria que le otorgaba el lugar y le invitó a repetirlo "afuera" ante la prensa, advirtiéndole que, si lo hacía, se querellaría contra él. Así, en el más puro estilo de su amiga Cristina Cifuentes, el que la devolvió a su casa.
Molesta por las preguntas, especialmente las relativas a la presunta implicación de la trama de su marido, parecía creerse en una taberna de barrio. Quizá por ello invito al diputado a repetirlo en la calle. Lo que no dijo es sí llevaría su escolta.

lunes, 25 de mayo de 2015

COMO TÚ, PIEDRA PEQUEÑA



Ayer el mapa electoral español se volvió como se vuelve un calcetín y lo más importante de todo lo sucedido, que fue mucho, es que, por primera vez en mucho tiempo, la gente se ha sentido, como en el poema de León Felipe, una piedra pequeña, una piedra pequeña y ligera, como hecha para una honda. Y no sólo eso, por primera vez, la gente no se ha sentido sola, la gente ha hablado con la otra gente y la gente ha vuelto a las urnas con ilusión. Por primera vez en mucho tiempo, la gente ha sentido su fuerza y la ha unido a la de la otra gente, cansada como ella de soportar tanta ignominia, tanto abuso y tanta soberbia. Por primera vez en mucho tiempo, la gente ha caído en la cuenta de que una lluvia de piedras pequeñas es siempre insoportable.
La victoria de ayer, porque, por muy diversos que hayan sido los resultados y por más fragmentado que haya quedado el voto, la derrota y el desmoronamiento del PP siempre será una victoria para la gente, para mi gente, la victoria, digo, es y debe ser una lección para todos estos caciques que como reyezuelos codiciosos han esquilmado lo que es de todos y, peor aún, han arruinado la vida y el futuro de mucha gente. La victoria debe servir para que los de siempre aprendan que amañar debates televisivos, comprar portadas y editoriales de periódicos o meterse en los taxis de la gente no basta para ganar unas elecciones cuando es tanto y durante tanto tiempo lo que se ha robado.
Esperanza Aguirre se dio cuenta, aunque tarde, de que la soberbia y el desprecio hacia sus rivales no habían sido buenos consejeros. Quizá por eso, a última hora ella, el ser más impío que conozco, se fue a misa para hablar con el espíritu santo y pedirle que inspirase a los madrileños a la hora de votar. Y, una de dos, o bien la palomita no existe o bien les inspiró para que el voto de los ciudadanos fuese mayoritariamente a sus, Dicho de otro modo: la palomita le cagó encima.
Resulta curioso que, habiendo apelado, como siempre hacen el PP y muy especialmente Esperanza Aguirre, al voto del miedo, que habiendo tratado de despertar los más bajos instintos y de despertar el odio hacia sus rivales lo que han conseguido ha sido concentrar el afecto ciudadano precisamente en quienes señalaban como objeto de su ira y atraer sobre si mismos, otra vez especialmente la condesa, el odio del resto.
 No sé si fue el espíritu santo quien inspiro a Esperanza Aguirre su campaña, pero si fue así, quedaría claro que la palomita tiene mala idea, porque nadie ha aunado más aversión ni más deseos de verla humillada que la condesa. Aguirre es de esas personas que inspiran conductas y sirven de referencia a los demás, porque basta con no hacer lo que hace o dice para acertar y comportarse como un buen ciudadano. Los madrileños, así en general, han tardado en darse cuenta, pero lo han hecho, hasta el punto de que su otra rival, la exdelegada del gobierno y candidata a presidir la Comunidad de Madrid,
Cristina Cifuentes ha obtenido más votos en el municipio de Madrid que la propia Esperanza, justo los votos que podrían haberle dado otro concejal, lo que habría dejado un resquicio para verla como alcaldesa.
No sé a cuanta gente le habrán alegrado los resultados de Podemos y sus alianza, los del PSOE, los de Compromis en Valencia o los de Ciudadanos. Lo que sí sé es que la gente que se ha alegrado de los resultados del PP, especialmente en Madrid, Valencia, Extremadura o Castilla La Mancha, fueron muchos más, porque habría que incluir a algunos militantes del PP, a los que ver a la condesa, la del caloret o a la del despido en diferido fuera de la política le habrá llenado de alegría.
Ayer, como predijo Emilio Lledó gano la decencia y millones de piedras pequeñas impactaron en las urnas hasta reventarlas desde dentro con millones de votos de la gente decente que ya no está dispuesta a dejarse robar ni humillar como hasta ahora. Piedras pequeñas, gente decente y consciente de su fuerza, contra la que nada pueden la soberbia o el dinero


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miércoles, 8 de abril de 2015

UNO DE LOS VEINTICINCO



Daba gloria, que diría mi abuela, de ver a ese medio millar largo de dirigentes y cargos del Partido Popular, encerrados en un local que tenía más de garaje o local de uso común de una comunidad de vecinos, pagado, por cierto y según el juez Ruz, con dinero escamoteado a todos los españoles. Daba gloria ver en primera fila esas piernas de señora bien, perfectamente cruzadas al cincuenta por ciento, para la seducción y el recato,  enfundadas en carísimas medias, entre esos centenares de notables convocados para una especie de misa u homilía en la que, como en las iglesias no cabe la réplica al oficiante que, tras su "ite missa est", dio por cerrada la ceremonia sin conceder a los presentes ni el tiempo de persignarse.
Daba gloria verlos como internos de un estricto colegio religioso, callados y obedientes, los más revoltosos delante, para tenerlos bajo control, y todos deseosos, al menos aparentemente,  de encontrar un punto, una pausa o cualquier interrupción más o menos dramática en las palabras del oficiante, para romper en aplausos o en vivas a la virgen, mientras, sin duda, por las últimas filas, los codazos y cuchicheos, eso sí, discretos, se multiplicaban. Daba gloria verlos, como en misa de doce, esperando la hora del vermú o la comida entre amigos, para soltarse las lenguas, con cuidado siempre de quien podía escuchar, sea el cabo de la guardia civil, el alguacil o periodistas curiosos, deseosos de pillarles en cualquiera de esos enredos tan poco del agrado del convocante.
Sólo uno de los llamados a Madrid tuvo el valor o el descaro de confesar públicamente, al tiempo que adelantaba el resultado del encuentro, que no iba a hacerse presente en la calla Génova y a pedir que "la doctrina" se la hiciesen llegar por correo, porque ya no está “en edad de ir de palmero". Lo dijo el alcalde de Valladolid, habitualmente boquirroto, y no sabemos con qué intención lo dijo, aunque no cuesta nada pensar que, dado que, en líneas generales, adelantó la intención y el contenido de lo que Rajoy diría a los suyos y que, pese al AVE, se hace cuesta arriba eso de "ir a Madrid", prefirió no moverse del despacho. Lo que quizá no fue capaz de calcular, o sí, fue el alcance de sus palabras, que entraron en casi todos los telediarios y que tampoco sabemos cómo sentaron al cantaor, dado el muy escaso sentido del humor de Rajoy, especialmente si es él el protagonista del chiste y su ya conocido rencor, de proporciones casi bíblicas.
Por lo demás, ningún cambio, ninguna crítica, ninguna toma de posición ni, mucho menos, gesto de rebeldía alguno, ni siquiera de la pérfida Aguirre, en momentos en que, y lo entendió bien Rajoy, los maquillado e incompletos "buenos" datos económicos y la también falsa unidad interna son lo único que el Partido Popular puede poner en su escaparate de cara a las próximas elecciones. Por eso Rajoy, en lugar de presentarse ante los suyos con cambios, en lugar de optar entre Cospedal y Arenas, se sentó entre ellos y volvió a lo de siempre, apelando a sus treinta y dos años de militancia en el PP, como un obispo puede aludir a sus años en la iglesia desde que piso por primer vez el seminario, y por eso optó una vez más por esconder los jarrones rotos, en la confianza de que se repararán ellos solos.
Y sobre todo, como cuando se alborotan, les dice una madre a sus niños traviesos, pidió a los suyos que no enredasen, que no perdiesen el tiempo en cosas que no interesan más que a veinticinco. Pues bien, a uno de esos veinticinco, yo, le interesa, y mucho, saber qué es lo que pasa en ese partido que brilla por fuera y se pudre por dentro. Quiero saber quién es el que corta el bacalao y cuánto bacalao esperan cortar, porque tengo la impresión de que, pese a todos los puestos de trabajo de a quinientos al mes, si llegan, y a todas esas altas en la Seguridad Social que apenas duran unos días y que jamás van a garantizar las pensiones, somos muchos más que veinticinco los que queremos saber que está pasando en el PP y cómo van a afrontar el empobrecimiento general de los españoles y las condenas que, sin duda y si es que hay justicia, les caerán  cuando se juzguen los mil y un casos  de corrupción que planean sobre ellos.


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lunes, 6 de abril de 2015

DE SU PROPIA MEDICINA



Va a resultar más que interesante ver cómo este presidente pasmarote se enfrenta a un partido, el suyo, que se resquebraja ante la falta de perspectivas de repetir la ocupación del poder de que han disfrutado en los últimos años, pero especialmente desde hace tres. Lo de proclamar con orgullo que se militaba en el PP o que se le votaba nunca ha sido fácil, siempre ha sido algo vergonzante, pero, últimamente comienza a ser una carga demasiado pesada, diría incluso que insoportable. 
Mientras ha habido cuotas de poder que repartir, cargos, sueldos, canonjías y contratos que adjudicar resulta fácil invocar el prietas las filas y conseguir esa piña de voluntades que da la opulencia y esa ausencia de la más mínima crítica que ha permitido a personajes que, como Javier Arenas, han ido de fracaso en fracaso, cada vez más alto en el partido y cada vez con más poder. Y quien dice Javier Arenas, dice también, Carlos Floriano, María Dolores de Cospedal, ahora en desgracia, o, sobre todo, Pedro Arriola, ese ser inexplicable que, como la misa en latín, era más eficaz cuando se escudaba en el misterio.
Ahora que vienen, no sólo mal, sino muy mal dadas, en el PP, como allí donde no hay harina, todo es mohína, sobre todo porque, por primera vez en muchos años bastantes de sus cargos tienen ante sí la puerta de salida y ya se sabe que en la calle hace frío, mucho frío. Por eso no me explico y nunca me explicaré, salvo que Rajoy haya trabajado estos años para lo más negro de la economía neoliberal y especulativa, devaluando la vida y la dignidad de la mayoría de los españoles, para convertirnos en mano de obra dócil, por maniatada y amordazada, y barata. Y no me lo puedo ni me lo podré explicar porque se supone que su propósito es volver a ganar las elecciones y, para ganarlas, necesita el voto de cuantos más ciudadanos mejor y, la verdad, ningún gobierno ha conseguido en democracia tener una nómina de perjudicados y ofendidos como éste.
Rajoy ha dejado a los españoles, que es lo que en realidad es o debería ser España, indefensos y más que desasistidos, tanto que sólo la caridad y esa otra forma de caridad laica que es la solidaridad, que no son, ambas, otra cosa que sucedáneos de la justicia social, han conseguido que la población más perjudicada conserve un mínimo de dignidad. Por eso no entiendo qué ha pretendido o qué pretende hacer Rajoy. Tanto, que a veces he dudado que en el horizonte de Rajoy estuviese convocarlas.
Pero sí, las habrá y las más cercanas están convocadas para dentro de ocho semanas. Por eso las prisas, por eso ese reprise de última hora en gestos y promesas, por eso el carrusel de inauguraciones, de balances positivos exhibición de estadísticas favorables, la última la del paro registrado en marzo, con la que nos van a hartar en los próximos días.
Pero la cosa no va a funcionar, porque la gente ya se ha cansado de promesas incumplidas, de que digan que a quienes no pueden ni pagar impuestos que van a bajárselos, sobre todo teniendo como contrapartida todos los recortes en políticas sociales que son las que acortan los desequilibrios y restituyen el expolio de la riqueza, valor de la fuerza de trabajo incluida, a que nos someten este gobierno por encargo de sus patrones.
Con lo que no contaba Rajoy, probablemente aturdido por las letanías y consejos de Pedro Arriola, es con que el descontento de la sociedad, tradicionalmente abstencionista, encontrase en el impulso del 15-M el interés perdido por la urnas, ni que, también en la derecha, apareciese una nueva marca, la de Ciudadanos, capaz de dar refugio a los cada vez más numerosos decepcionados del PP. No contaba con ello y toda la estructura organizada durante tantos años se desmorona. Y no sólo eso, sino que se desmorona con muy pocas posibilidades de volver a ser lo que fue.
Por eso, al igual que los españoles hemos visto como nuestra vida se desmantelaba, los militantes y cargos del PP están probando de su propia medicina viendo como su bienestar, que lo ha sido a nuestra costa, y su futuro, que corre en sentido contrario al nuestro, tienen los días contados. Mañana, en la primera Junta Nacional convocada por el presidente del PP en dos años,  podrían volar los cuchillos… o no, porque ya se sabe que en el país de los ciegos, el tuerto es el rey y Rajoy ha sabido, al menos hasta ahora, rodearse de gente muda y sin ojos.


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