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jueves, 16 de marzo de 2017

REPARTIR EL MARRÓN

No sé si estoy hipersensibilizado en contra de quienes no sólo me meten la mano en el bolsillo, sino que, además, me toman por tonto, pero me ocurre que algunas coas me sublevan y, como en política hace tiempo que dejé de creer en la violencia y, si, como a Leonard Cohen, a veces me entran ganas de romper cristales, me las aguanto y me esfuerzo, aunque me cueste, en confiar en la Justicia. 
El caso es que yo, que cuando me enteré de que Caja Madrid se había jugado y había perdido la mitad de mis ahorros en preferentes le dije al director de mi sucursal que vería a Rato y Blesa en la cárcel, llevo meses, y lo sabéis, escamado más que extrañado porque Esperanza Aguirre, elemento común de los responsables de todas las tramas corruptas organizadas en torno al PP madrileño, no haya sido llamada a declarar ante el juez, ante ninguno de los jueces, para explicar su relación con las mismas y que tampoco ninguno de esos magistrados se haya puesto a investigar el papel de esta señora en la generación de tanta podredumbre.
Más aún me extraña que la existencia y el análisis de la carta dirigida por Francisco Granados a la señora Aguirre, con ·acuse de recibo" al juez encargado de la Púnica y a la prensa, apenas hayan ocupado titulares, eclipsadas por las elecciones holandesa, el decreto de la reforma de la estiba y quién sabe si la más que previsible clasificación del Atlético de Madrid en la Champions League. 
Me extraño porque Francisco Granados señala, de su puño y letra, todo lo que todos desde hace tiempo sospechamos, sin que nadie parezca estar interesado en aclararlo. Granados en un tono falsamente cordial pide a Esperanza Aguirre que niegue la existencia de las tramas corruptas que, según el "ilustre" interno de la cárcel de Estremera no podrán haberse creado sin su autorización o, en el mejor de los casos, sin su conocimiento, porque, le recuerda, nada pasaba en el partido sin que ella estuviese al tanto. Granados da a entender que se siente desamparado y un chivo expiatorio y no hay que ser muy listo para descubrir en sus palabras una clara amenaza de "tirar de la manta" y contar todo lo que sabe de todas esas tramas que durante tanto tiempo han alimentado la maquinaria electoral del PP.
Tengo muy claro que quien está dispuesto a dejarse "dopar" electoralmente, como se ha dejado dopar la ex tantas cosas del PP madrileño, no colca a su alrededor gente honrada y sacrificada aino, más bien, personajes que nadas escasos de escrúpulos y se manejan bien en los bajos fondos de la política y la empresa, capaces de inventarse proyectos, necesarios o no, de los que "rascar" las mordidas y los donativos que acabarían después, una parte en carteles, mítines y vallas publicitarias y, otra, en casas de lujo, horteras pero de lujo, fincas, relojes, joyas y viajes.
Se trata de dos tipos de personajes. Por un lado, los que construyen las tramas -los Marjaliza y los Correa de turno- por otro los consejeros, alcaldes y demás que adjudican los proyectos -cargos que precisaban siempre y bien que presumía de ello, el visto bueno de la "condesa"- y, claro está, esos empresarios capaces de ganar concursos para todo y en cualquier parte, con su información privilegiada y su generosidad para con alcaldes, consejeros y el partido.
Ayer bromeaba yo con el hecho de que la carta de Granados, la carta de quien no está dispuesto a comerse solo el marrón de la Púnica, con su teatralidad, su cercanía y su falsa cordialidad, recuerda ninguna duda por el tono aquel chiste del dentista con su torno en la mano, al que el paciente tiene cogido por los testículos, mientras le dice "no nos haremos daño ¿verdad?". Eso mismo le está diciendo a Esperanza Aguirre quien fue su mano derecha en aquellos días de vino y rosas del PP, en que se ganaban elecciones una tras otra y se derrochaba como si no hubiese mañana el dinero de los madrileños. 
Granados le está diciendo a quien fuera su "jefa" que no quiere comerse el marrón solo y que "no quiere hacerle daño". Y, de paso, sabiendo que, para él, el mal está hecho, le pide al juez que la llame a declarar, quizá para repartir el marrón que le ha caído.

viernes, 17 de febrero de 2017

LA JUSTICIA, UN MUNDO RARO


Qué destina esta foto de la hermana del rey y su marido, saliendo del tribunal, de esas otras a las que nos tenía acostumbrados el HOLA.  Habrá quien piense y con razón que esa y otras fotos parecidas, dentro y fuera de los juzgados y el tribunal donde se celebró el juicio son ya por sí mismas un gran triunfo de la Justicia y que lo son, o sólo por un malsano espíritu de venganza, una satisfacción para ese rebelde republicano que, en mayor o menor medida, muchos españoles llevamos dentro. Pero no sólo por eso, en absoluto, porque no debemos olvidar que esas fotos son, de alguna manera, el trofeo, decir botín le restaría dignidad, de una larga batalla, en la que ha quedado demostrado que la Justicia, hoy con más mayúsculas que nunca, antes o después alcanza a todo el mundo.
Se lo debemos a un juez "de provincias", el cordobés José Castro, que desde su juzgado mallorquín tiró de todos los hilos de un caso, el Palma Arena, hasta dar con la familia real, sin "arrugarse" ante el hallazgo y soportando contra viento y marea todas las presiones y han sido muchas que ha tenido que soportar dentro y fuera de su juzgado, incluida esa incomprensión del fiscal del caso que ha preferido creer en una infanta incauta enredada "por amor" en los chanchullos de su esposo antes que reconocer que la infanta, con una excelente educación pagada por todos y cada uno de nosotros, es una persona adulta, preparada y responsable incapaz de firmar nada que no conociese, consciente de que el lujo de que disfrutaba tenía un origen lícito y celosa de que su marido no comprometiese el buen nombre de su familia, abusando de su posición como yerno entonces y cuñado hoy del rey de España.
A menos de dos horas de que la sentencia del caso Noós, el nombre de la fundación empresa con que Iñaki Urdangarín se "forró" y que leído suena como ese plural mayestático tan querido de las casas reales de otra Europa y otro tiempo, prefiero no conocer todas y cada una de las penas impuestas a los condenados y lo prefiero porque, sinceramente, me basta con haber llegado hasta aquí, me conformo con haber podido ver a un ministro, a militantes y cargos del PP y a una infanta de España con su marido y el socio de éste sentados en el banquillo de los acusados y respondiendo o delatándose con su silencio a las preguntas del tribunal.
Me reconforta, especialmente un día después de haber asistido al lamentable espectáculo de tener que escuchar como un ministro, un ministro de ese mismo reino del que Cristina de Borbón es infanta, criticaba sin piedad y sin rubor y amenazaba veladamente a las dos fiscales, de "base" remarcó no sin desprecio el ministro Catalá, por haber osado proponer la investigación, que es como se denomina hoy la imputación, del presidente de la Región de Murcia, Pedro Antonio Sánchez, por intentar sin conseguirlo, contratar un servicio para mejorar su reputación en la red con una empresa ligada a la red Púnica "montada" por el que fuera número dos de Esperanza Aguirre, Francisco Granados, hoy y desde hace más de dos años en prisión como responsable y creador del entramado corrupto.
El ministro, Rafael Catalá, que llegó a la cartera de Justicia desde la secretaría general de una de las empresas punteras del sector del juego en España, se la jugó, porque nunca un ministro de Justicia había osado en España mostrar tantos comportamientos ilegales en España, porque, con su cara de empollón, descargó toda su ira contra quienes sólo cumplían con su deber, sino que pasó por alto el hecho de que el presidente murciano tuviese conocimiento del criterio no hecho público de cuatro magistrados del Supremo sobre su caso.
Está claro que al Gobierno no le gusta ver a sus amigos en el banquillo, sean o no condenados por el tribunal, y que están dispuestos a todo antes de consentirlo y que lo de ayer no fue más que un aviso para navegantes, para que nadie ose "jugarse" la carrera, sentando o proponiendo sentar a los amigos del gobierno ante un tribunal. Por eso tiene más mérito aún si cabe la perseverante y discreta labor del juez Castro, del que. sin duda, quienes desde ese "mundo raro" que es el de la Justicia, creen más en ella y la cuidan más que defienden y "cuidan" su propia carrera.

miércoles, 18 de mayo de 2016

EMPRENDEDORES


No sé de qué nos quejamos. No sé por qué nos quejamos, si vivimos en un país, en un tiempo, en los que hacerse rico, obtener una fortuna de la nada, parece fácil y al alcance de cualquiera con alma de emprendedor. Ya lo dijo en su día ese ministro eternamente cabreado que en su día llevó las riendas de la durísima reconversión industrial de los primeros años de Felipe González en la Moncloa, para, más adelante, hacerse con las carteras de Economía y Hacienda. Se ve que de ese cometido se ocupaba y se ocupa gente malhumorada y faltona, como el actual Cristóbal Montoro, bastante dados a amenazas y regañinas, pero, también, a frases redondas como aquella del ministro navarro que no se cortó un pelo a la hora de decir que, España era entonces el país donde resultaba más fácil hacerse rico y en menos tiempo.
Recuerdo que, a algunos votantes del PSOE, yo era uno de ellos, nos chocó esa afirmación en boca de un ministro socialista, pero corrían buenos tiempos entonces, estábamos a las puertas de Europa y era todo de color de rosa. así que seguimos adelante con nuestro idilio con Felipe González, un héroe de la izquierda que, por aquel entonces ya nos hablaba de lo poco que importaba de qué color fuese el gato, blanco o negro, siempre que cace ratones o de su preferencia por morir apuñalado en el metro de Nueva York, antes que de aburrimiento en las calles de Moscú.
Debimos habernos mosqueado entonces, porque a nuestros gatos blancos, los que en 1982 iniciaron el cambio de este país, para que no lo conociera ni la madre que lo parió, se les estaba ennegreciendo el pelaje. Debimos mosquearnos por ellos, pero tanto o más por quienes estaban tiñéndoles el pelo, por todos esos empresarios y especuladores, que vivían arrimados siempre al poder, paralizándoles y guiando su mano a la hora de trazar planes de urbanismo o redactar los pliegos de condiciones para contratar con cualquier administración. Debimos mosquearnos y no lo hicimos, porque unos eran los nuestros y no nos cabía en la cabeza que se corrompiesen y porque los otros eran los de siempre.
Y así nos fue, así nos ha ido. Así ha sido este país, cada vez más enfangado en la corrupción, con sus políticos atrapados en ella, sin importar si eran blancos o negros, socialistas o conservadores. Se lo contó al juez David Marjaliza la mano derecha de Francisco Granados, mano derecha a su vez de la presidenta del PP madrileño, Esperanza Aguirre, a cambio de esperar su juicio fuera de prisión y de una hipotética benevolencia en la abultada condena que le aguarda cuando llegue a juicio este largo y laborioso sumario en el que se relatan pormenorizadamente corruptelas que sacarían los colores al mismísimo Alfonso Capone.
Marjaliza ha contado con mayor o menor precisión, con pruebas incontestables o sólo con sospechas cómo, dónde y, sobre todo, desde cuándo Francisco Granados, el mismo y muchos alcaldes del sur de Madrid decidieron cambiar los campos de cereal de ese territorio menos favorecido que el rico norte, por bloques de ladrillo a llenar con los sueños y la necesidad de miles de madrileños, incapaces ya de pagar una vivienda junto a su lugar de trabajo y condenados a pasar gran parte de su jornada en las atascadas carreteras que conducen Madrid con el paraíso de Granados y sus socios o, en el mejor de los casos, en abarrotados trenes de cercanías.
Todo, como hemos escuchado ayer de boca de Marjaliza, el especulador arrepentido, pagando tres mil o seis mil euros de más en cada una de las viviendas construidas en esos terrenos recalificados, tres mil o seis mil euros, que, según el arrepentido, irían a los bolsillos de los alcaldes recalificadores, para sí o para sus partidos. Todo, desde que Francisco Granados descubrió el chollo y diseñó esta trama que judicialmente se investiga en el caso Púnica y que arrancó en 1999 y funcionó hasta que, va ya para dos años, Granados, Marjaliza y unos cuantos alcaldes corruptos cayeron en manos de la Guardia Civil.
Confieso que lo de ayer me ha abierto los ojos, confieso que hasta ayer no he tenido claro de qué se hablaba cuando se hablaba del emprendimiento y los emprendedores. Y, sin embargo, era tan simple como que los emprendedores son quienes tienen una idea, se atreven y la llevan a la práctica, casi siempre, por su tenacidad y su osadía, con importantes beneficios económicos. Los emprendedores de que tanto ha hablado el PP, los héroes del enriquecimiento de que hablaba en su día el mismo Carlos Solchaga que hoy se sienta en consejos de administración, los emprendedores son ellos, Granados y sus "compañeros" de sumario.

viernes, 12 de febrero de 2016

ESPERANZA TRAS LOS VISILLOS


Ayer jueves, Esperanza Aguirre esperaba embolsarse los cinco euros que, contra diez de los suyos, había apostado con una colaboradora a que la delegada de Cultura del Ayuntamiento, Celia Mayer, presentaría su dimisión. Nos enteramos porque, como acostumbra, la presidenta del PP anunció la apuesta como si de un señuelo se tratara para que, entretenidos por el chascarrillo y pendientes del resultado del envite, no prestásemos la atención que merecería su comparecencia de hoy ante la Comisión de Investigación de la Corrupción que en la Asamblea de Madrid investiga los gobiernos de la Comunidad que, durante más de una década, encabezó con los ojos puestos en La Moncloa.
Sin embargo, en lugar de los cinco euros esperados, lo que recibió ayer la condesa fue la visita de la Guardia Civil a la sede de su partido a la búsqueda de pruebas suficientemente indiciadas de que el PP de Madrid, que aún preside, se financiaba ilegalmente.
Resulta que los "guardias" venían al despacho del ex gerente del partido, Beltrán Gutiérrez, uno de los imputados por el uso de las tarjetas "black" de CajaMadrid, asilado en la primera planta de la sede, la que controla, por expreso deseo de Aguirre. Se ve que la Guardia Civil y el juez Velasco no han querido dar ni un minuto a los ultra formateadores y machacadores de discos duros del partido para que borrasen la información contenida en los ordenadores usados por Beltrán Gutiérrez, fuese de quien fuese la propiedad de los mismos, toda una lección de eficacia para el juez que permitió con su falta de diligencia que el PP destruyese varios discos duros con importantes pruebas del caso que lleva el nombre del ex tesorero Luis Bárcenas.
El juez Velasco llegó a la primera planta de Génova 13 tirando del hilo de un cuaderno en el que, con las correspondientes claves, el que fuera mano derecha de la condesa, Francisco Granados, recogía los movimientos de la trama de corrupción investigadla en Operación Púnica, una trama que saqueo las arcas de varios ayuntamientos de la Comunidad de Madrid y que, ahora con ese registro en la sede del partido, propiciado por la colaboración del "arrepentido" Marjaliza, agudiza, si no confirma, las sospechas de que el partido de Esperanza Aguirre se ha financiado con las mordidas y comisiones cobradas a contratistas y constructores.
Precisamente y también ayer uno de esos constructores, Javier López Madrid, miembro del consejo de administración de OHL, la constructora de su suegro Juan Miguel Villar Mir, un tecnócrata metido en política, de la que salió para convertirse en constructor y desde su conglomerado d empresas en asiduo donante del Partido Popular, como, al parecer, queda registrado en el cuaderno de Granados traducido por Marjaliza para el juez.
Yo que doña Esperanza estaría preocupado, que es como parece estar a juzgar por "el careto" que luce últimamente, poco o nada resignada a hacer la oposición a Manuela Carmena, a la que parece odiar tanto como Rajoy odiaba a Zapatero. Lo cierto es que los jueces apuntan cada vez tiran más cerca de ella, porque Beltrán Gutiérrez era algo más que su escudero fiel, porque su papel en el partido, más allá de llevar, y como las llevaba, las cuentas del partido, se había convertido en el consejero áulico de la condesa a la que acompañaba cada vez que tenía que comparecer ante los jueces o la prensa por alguno de sus "marrones".
De modo que al igual que Rita Barberá, la todopoderosa, cínica y descarada ex alcaldesa de Valencia, tanto como lo es ella, se vea condenada, si no a vivir tras las rejas de una prisión, sí tras los visillos al que ha llevado el ostracismo de sus compañeros a doña Rita.

jueves, 30 de octubre de 2014

ELLOS SON GRANADOS



Si hay algo que el PP ha cuidado como ningún otro partido, tal cosa es su política de comunicación, un campo en el que Génova siempre ha impuesto esa férrea disciplina que a muchos nos hubiese gustado que impusiese en las cuentas, públicas o del partido, que han estado en sus manos. Por eso me asombra y me indigna el desapego mostrado hacia Francisco Granados, quien, durante mucho tiempo, ha sido la voz más activa del PP en los medios de comunicación, al menos en Madrid, en tertulias radiofónicas o televisivas, Una actividad en la que ha dejado todo un historial de opiniones ante las cuales se hiela hoy la sangre de la gente decente. Por eso, porque el PP sujeta desde primera hora de la mañana la lengua de sus militantes, con ese argumentario que les dejan todos los días en el correo electrónico, no me cabe en la cabeza que este señor haya sido un cuerpo extraño, un grano que acaba de salirle en el culo al PP.
Con su aspecto de hortera de discoteca, siempre moreno, en invierno y en verano, con ese lenguaje chabacano y tabernario, pese a que anteponía siempre a cada nombre el tratamiento de don, con sus respuestas nada reflexivas se convirtió en la estrella de los medios hasta que apareció a su nombre aquella maldita cuenta en Suiza, el hilo que ha llevado a la sucia madeja de la "Operación Púnica". De su boca salieron, por ejemplo y no hace tanto, condenas a los corruptos "que se lo llevan crudo" o aquel comentario "soltado" en la radio, en el que recomendaba al vecino de la sierra pobre de Madrid que había hecho pública una carta en la que se quejaba de que la eliminación a consecuencia de los recortes de uno de los helicópteros de emergencias sanitarias ponía en riesgo la vida de su hija que, enferma, sufría crisis que requerían de un rápido traslado al hospital situado a decenas de kilómetros.
Granados, que por entonces, no tengo la más mínima duda, ya se lo estaba llevando crudo, no dudó en aconsejarle, poco menos que en tono de regañina, que se fuese a vivir a otra parte. Y nadie le dijo nada. Ni el conductor del programa ni, creo recordar, su chistoso oponente del partido socialista.
Quiero decir con ello que Francisco Granados no era un cualquiera, ni siquiera un "verso suelto" en el largo poema “opinativo” del PP. Contaba con el beneplácito de las altas instancias del partido y, en más de una ocasión, hizo el trabajo sucio que otros dirigentes populares, poco dados a mancharse en el barro de las polémicas. Era, estaba claro, un hombre de Génova que, defenestrado de la Comunidad de Madrid a consecuencia de su pelea con el hoy presidente Ignacio González, fue recuperado para el Senado y estos menesteres del show business, para los que siempre estuvo dispuesto.
Nos cuentan que esta trama en la que han "pillado" ahora a Granados perseguía el lucro personal de sus integrantes. Y, sí, me permito dudarlo. No sólo porque ahora vayan saliendo a la luz otros flecos que alcanzan al ayuntamiento y al gobierno regional de Madrid, sino porque, en caso de que así fuese, no sería más que una "privatización" de alguna que otra trama anterior, al servicio del partido, dormida cuando saltaron las alarmas con el destape de la trama Gürtel.,
No cabe duda de que es un asunto de gotas que colman vasos ni de que en Génova empiezan a ver con pavor como la gente ha dejado de callarse -no hay más que ver la cantidad de "soplos" que está recibiendo la Guardia Civil de funcionarios y ciudadanos de a pie sobre contrataciones sospechosas hechas por las más diversas administraciones públicas- y está recuperando la confianza en su fuerza t en la de sus votos canalizados en una candidatura progresista. Hoy se dice, por ejemplo, que en la encuesta que está a punto de publicar el CIS, podemos es ya la segunda fuerza y, en intención directa de voto, se acerca peligrosamente al PP.
Quizá, de ahí, el cambio de estrategia, esa moda de pedir perdón y renegar de los caídos en un intento desesperado y nada sincero de ponerse a salvo. Pero, no lo olvidéis, Granados nunca fue por libre y, si ahora su inmoralidad se les hace aparentemente, sólo aparentemente, insoportable, hace sólo cinco minutos no era así, porque ellos han sido y son Granados.


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miércoles, 29 de octubre de 2014

GENERACIÓN AZNAR


Las lágrimas de cocodrilo con las que ayer regó el salón de plenos del Senado Mariano Rajoy, apenas cuarenta y ocho horas después de afirmar que la cosa, el alien que ensucia t corrompe la vida pública española, era asunto de unos pocos y no de los cuarenta y seis millones de españoles, no han surtido el efecto deseado, entre otras cosas porque, casi al tiempo en que lo decía, Cáritas anunciaba con los datos de su prestigioso informe que casi doce millones de esos españoles aludidos vive por debajo del umbral de la pobreza y cerca de treinta millones están en riesgo de perder alguno de esos derechos fundamentales que le garantizaría la Constitución.
El bochornoso episodio de ayer, es el último, por el momento, de una historia que comienza hace más de quince años y viene forzado por el enorme sarpullido provocado conocer el alcance de la llamada "Operación Púnica", en la que más medio centenar de cargos municipales, desde técnicos a alcaldes, un alto cargo de la Comunidad de Madrid y varios empresarios fueron detenidos por haber amañado contratos públicos a cambio de comisiones que, esta vez, en lugar de ir a las arcas de sus respectivos partidos, acababan en los bolsillos o en las cuentas corrientes de los implicados.
Resulta insólito que en menos de veinticuatro horas dos duros de la política, dos duros del PP, hayan pedido perdón públicamente y aparentemente, sólo aparentemente, "motu proprio", porque lo cierto es que en las plazas de los pueblos afectados la indignación ya se estaba manifestando y también se estaban removiendo los cimientos de la reformada en negro sede nacional del partido.
La verdad es que la actitud mantenida hasta ahora por Aguirre y Rajoy, la de negarlo todo, ignorarlo todo, a la espera de que los escándalos se olviden y el temporal escampe que quizá sirvió en otros tiempos ya no sirve, porque llueve constantemente y llueve demasiado. Tanto, que en los telediarios apenas se informa de otra cosa que corrupción y las fachadas de los juzgados o las cárceles se han convertido en el paisaje más habitual de los políticos y los insultos de la gente indignada que lo ha perdido casi todo, para que estos sinvergüenzas conduzcan coches de lujo, forren sus muñecas de oro o de exclusivo acero, se han convertido en la banda sonora de sus apariciones.
Tampoco sirve, en tiempos de teléfonos armados de cámara y con conexión a internet, negarlo todo, porque cada camarero, cada curiosos, cada fan se convierte en detective o periodista, llenando la red en minutos de testimonios de aquello que se quiere negar, como le ha ocurrido a la pizpireta Aguirre que, con su desparpajo habitual, pretendió dejar fijada su versión, la que más le convenía, como la verdad, hasta ver inundada la red de besos, abrazos y arrumacos con todos esos alcaldes corruptos a los que ahora niega. Eso, o reivindicar, como hizo ayer tan inmoral personaje, la condesa en fuga, la sangre de los militantes del PP víctimas del terrorismo. Actitudes vomitivas, ambas, que definen a la perfección al personaje.
Qué distinta esta España repleta de ciudadanos indignados, arruinados y cabreados de aquella otra que, según José María Aznar, ese mito barrenado por la carcoma de su propia obra que puso, con  su ley del suelo de 1998, la primer piedra para la corrupción a gran escala que nos ha traído a donde ahora estamos, porque aquella ley que abrió las puertas al campo, convirtió, de la noche a la mañana en urbanizable todo el suelo que no gozase de una especial protección, transformando la vida y las fuentes de ingresos y los recursos de los pueblos, que cambiaron naranjales o campos de cereal por chalés, apartamentos y bloques de viviendas y que transformaron a simples agricultores o poceros en constructores asiduos de los despachos y palacios de la política, tanto como de los de la banca.
Y llegaron los regalos, los donativos para las campañas electorales, cada vez más caras y sofisticadas y llegaron los chales de las mil y una noches, cuanto más horteras, mejor. Llegaron los coches de lujo, los vinos exclusivos, los viajes, los safaris, lo yates y las fiestas con prostitutas de lujo. Llego el lujo y, con él, por qué no decirlo, la cocaína y el viagra. Y este país de personajes calvos, ceñudos y cejijuntos, se llenó de adonis de tez morena y pelo aplastado por la brillantina o ensortijado por las modernas permanentes, Y alguien cayo en la cuenta de que, si se podía pedir en nombre del partido, por qué no hacerlo a título personal, si, al fin y al cabo, son ellos los que toman las decisiones y se juegan el prestigio y la cárcel.
Y así, lo que en la cabeza de Aznar y sus colaboradores pretendía ser un sistema de financiación para los ayuntamientos que liberase a la hacienda del estado de la carga de muchos servicios, se convirtió en una verdadera casa de putas en la que todos querían bailar con la más guapa, mientras la fiesta la fiesta la pagaban otros,
Pero la burbuja se pinchó, todo se fue al carajo, menos los vicios, que quedaron. Y, una vez más, los cerebros del PP se han equivocado, porque el lunes pensaron que una red corrupta y transversal como la destapada en la "Operación púnica" les serviría de coartada y desviaría la atención ciudadana de su propia financiación ilegal. Lo que pasa es que los personajes y los métodos son los mismos y porque son consecuencia de aquella Ley del Suelo del 98 que hizo creer erróneamente a muchos que España iba bien, cuando lo único que hacía era criar bien alimentada a la generación Aznar.


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martes, 28 de octubre de 2014

ARTE DRAMÁTICO Y MAFIA



Es lista, muy pero que muy lista, la condesa. A diferencia de Mariano Rajoy, capaz de hablar de buen tiempo justo en medio de un ciclón, sabe que hay momentos en los que no se puede mirar a otro lado y tratar de diluir la gravedad de los hechos llamando a las cosas y a las personas, en lugar de hacerlo por su nombre, Esperanza Aguirre sabe poner morritos y quebrar su voz y poner gesto compungido, lo mismo para hablar de su familia y del cáncer en su pecho, mientras niega a las mujeres madrileñas las imprescindibles mamografías preventivas, que para hablar de otro cáncer, el que corroe de corrupción a su partido, limitando si responsabilidad al nombramiento de Francisco Granados y las consecuencias a una dramática, pero simple, petición de perdón.
Doña Esperanza ha hecho como ese niño sorprendido con el morro lleno de mermelada, con una galleta a medio comer en la mano y junto a la caja de las galletas y al tarro de la mermelada, pero sólo admite, aunque pida perdón por ello, haber cogido la galleta. Son ya demasiadas casualidades, demasiada mierda a su alrededor como para no pensar que, por acción o por omisión, tiene algo que ver en el desfalco sistemático de lo que es de los madrileños.
Nadie puede pretender que una señora tan lista como ella haya estado pisando la moqueta de la Gürtel y ganando elecciones desde los carteles y los actos montados por aquella trama que nació en Madrid y pronto se extendió a toda España, sin enterarse de nada, sin tener la más mínima sospecha de que tanto dispendio no podía salir de la caja legal de su partido. Nadie puede pretenderlo, salvo ella que no dudo en convertirse en juez y parte y que, como un ángel exterminador de guardarropía, expulsó del partido a los implicados, aunque tan "de mentirijillas" que conservaron sus escaños y, desde ellos, la disciplina de partido.
Ayer, casi como el rey Juan Carlos, la presidenta del PP madrileño, la que hace y deshace, la que se preocupa de saber "qué tenemos contra" el "hijoputa" de turno a la hora de hacer los nombramientos, dijo haberse equivocado y pidió perdón. Nada dijo o nada se ha destacado, si lo dijo, de que no volverá a ocurrir. Se quedó más corta que aquel rey cazador y eso que al monarca y a la monarquía no dejó de irles mal desde entonces. Pero qué va a decir, si negó conocer a los alcaldes detenidos y, desde que lo dijo, la red se está plagada de fotos en las que aparece recibiendo besos, abrazos y demás cariños de los detenidos.
Pese a que maneja las tablas como nadie y que, camaleónica como es capaz de encarnarse cuando le conviene en verdulera, en amantísima abuela o en niñita de colegio de monjas, esta vez no parece haber contado con que la gente ya está cansada de tanto teatro, sea sainete o drama, porque a la gente ya no le da para llegar a fin de mes y ese tres por ciento que se paga en comisiones a todos esos, del PP y del PSOE, a los que la condesa no conoce, le llena las tripas de gatos y le hace hervir la sangre.
Ya no hay espacio para el desparpajo. Se les ha visto demasiado el culo y ya no caben componendas.
Las corruptelas de ayer, transversales, como se dice ahora, porque, aunque abundan los peperos, hay implicados de otros partidos, si es que lo eran para el lucro personal de los implicados, es la lógica consecuencia de unos tiempos en los que el tres por ciento era, aquí y en Cataluña, un impuesto más, que había que pagar al partido de quien decidía las recalificaciones de terrenos en los tiempos de la burbuja inmobiliaria y en contratas de  servicios ahora que ya nadie pone un ladrillo encima de otro.
Se dice que la función crea al órgano y de aquel hábito de pagar los favores de la administración ha quedado el vicio  de poner la mano y el músculo para ponerla.
Que Granados es un truhan engominado estaba claro. No hay más que seguir los cambios habidos en imagen con el paso del tiempo desde aquel pelo cortado a navaja y aquellos trajes de Cortefiel a los ricitos engominados, los relojes de marca y las gafas de diseño. Y es que a este señor le ha ido muy bien desde que hizo de barrendero para doña Esperanza, borrando en aquella infame comisión los rastros del Tamayazo, aquella marrullería desde la que Aguirre se encaramó al poder en Madrid.
Quizá por eso, a Granados, ese bufón tabernario y chulesco de las tertulias televisivas y radiofónicas, se le dejó una salida más o menos honrosa cuando apareció aquella primera cuenta en Suiza. Pero lo de ayer fue ya demasiado, porque tenía de mafiosa la imagen del partido en Madrid.
Aguirre haría bien en dejar la política, pero en dejarla del todo y de verdad, Y no porque haya perdido sus aptitudes para el arte dramático, que las sigue teniendo, sino porque el público, la gente, está ya harto de tanto teatro. No basta con asumir la responsabilidad por haber dado su confianza a Granados, Rajoy ya lo hizo con Bárcenas y ahí está, impasible y acorralado por sus propias mentiras, mientras todo se derrumba a su alrededor.



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