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miércoles, 18 de mayo de 2016

EMPRENDEDORES


No sé de qué nos quejamos. No sé por qué nos quejamos, si vivimos en un país, en un tiempo, en los que hacerse rico, obtener una fortuna de la nada, parece fácil y al alcance de cualquiera con alma de emprendedor. Ya lo dijo en su día ese ministro eternamente cabreado que en su día llevó las riendas de la durísima reconversión industrial de los primeros años de Felipe González en la Moncloa, para, más adelante, hacerse con las carteras de Economía y Hacienda. Se ve que de ese cometido se ocupaba y se ocupa gente malhumorada y faltona, como el actual Cristóbal Montoro, bastante dados a amenazas y regañinas, pero, también, a frases redondas como aquella del ministro navarro que no se cortó un pelo a la hora de decir que, España era entonces el país donde resultaba más fácil hacerse rico y en menos tiempo.
Recuerdo que, a algunos votantes del PSOE, yo era uno de ellos, nos chocó esa afirmación en boca de un ministro socialista, pero corrían buenos tiempos entonces, estábamos a las puertas de Europa y era todo de color de rosa. así que seguimos adelante con nuestro idilio con Felipe González, un héroe de la izquierda que, por aquel entonces ya nos hablaba de lo poco que importaba de qué color fuese el gato, blanco o negro, siempre que cace ratones o de su preferencia por morir apuñalado en el metro de Nueva York, antes que de aburrimiento en las calles de Moscú.
Debimos habernos mosqueado entonces, porque a nuestros gatos blancos, los que en 1982 iniciaron el cambio de este país, para que no lo conociera ni la madre que lo parió, se les estaba ennegreciendo el pelaje. Debimos mosquearnos por ellos, pero tanto o más por quienes estaban tiñéndoles el pelo, por todos esos empresarios y especuladores, que vivían arrimados siempre al poder, paralizándoles y guiando su mano a la hora de trazar planes de urbanismo o redactar los pliegos de condiciones para contratar con cualquier administración. Debimos mosquearnos y no lo hicimos, porque unos eran los nuestros y no nos cabía en la cabeza que se corrompiesen y porque los otros eran los de siempre.
Y así nos fue, así nos ha ido. Así ha sido este país, cada vez más enfangado en la corrupción, con sus políticos atrapados en ella, sin importar si eran blancos o negros, socialistas o conservadores. Se lo contó al juez David Marjaliza la mano derecha de Francisco Granados, mano derecha a su vez de la presidenta del PP madrileño, Esperanza Aguirre, a cambio de esperar su juicio fuera de prisión y de una hipotética benevolencia en la abultada condena que le aguarda cuando llegue a juicio este largo y laborioso sumario en el que se relatan pormenorizadamente corruptelas que sacarían los colores al mismísimo Alfonso Capone.
Marjaliza ha contado con mayor o menor precisión, con pruebas incontestables o sólo con sospechas cómo, dónde y, sobre todo, desde cuándo Francisco Granados, el mismo y muchos alcaldes del sur de Madrid decidieron cambiar los campos de cereal de ese territorio menos favorecido que el rico norte, por bloques de ladrillo a llenar con los sueños y la necesidad de miles de madrileños, incapaces ya de pagar una vivienda junto a su lugar de trabajo y condenados a pasar gran parte de su jornada en las atascadas carreteras que conducen Madrid con el paraíso de Granados y sus socios o, en el mejor de los casos, en abarrotados trenes de cercanías.
Todo, como hemos escuchado ayer de boca de Marjaliza, el especulador arrepentido, pagando tres mil o seis mil euros de más en cada una de las viviendas construidas en esos terrenos recalificados, tres mil o seis mil euros, que, según el arrepentido, irían a los bolsillos de los alcaldes recalificadores, para sí o para sus partidos. Todo, desde que Francisco Granados descubrió el chollo y diseñó esta trama que judicialmente se investiga en el caso Púnica y que arrancó en 1999 y funcionó hasta que, va ya para dos años, Granados, Marjaliza y unos cuantos alcaldes corruptos cayeron en manos de la Guardia Civil.
Confieso que lo de ayer me ha abierto los ojos, confieso que hasta ayer no he tenido claro de qué se hablaba cuando se hablaba del emprendimiento y los emprendedores. Y, sin embargo, era tan simple como que los emprendedores son quienes tienen una idea, se atreven y la llevan a la práctica, casi siempre, por su tenacidad y su osadía, con importantes beneficios económicos. Los emprendedores de que tanto ha hablado el PP, los héroes del enriquecimiento de que hablaba en su día el mismo Carlos Solchaga que hoy se sienta en consejos de administración, los emprendedores son ellos, Granados y sus "compañeros" de sumario.

viernes, 12 de febrero de 2016

ESPERANZA TRAS LOS VISILLOS


Ayer jueves, Esperanza Aguirre esperaba embolsarse los cinco euros que, contra diez de los suyos, había apostado con una colaboradora a que la delegada de Cultura del Ayuntamiento, Celia Mayer, presentaría su dimisión. Nos enteramos porque, como acostumbra, la presidenta del PP anunció la apuesta como si de un señuelo se tratara para que, entretenidos por el chascarrillo y pendientes del resultado del envite, no prestásemos la atención que merecería su comparecencia de hoy ante la Comisión de Investigación de la Corrupción que en la Asamblea de Madrid investiga los gobiernos de la Comunidad que, durante más de una década, encabezó con los ojos puestos en La Moncloa.
Sin embargo, en lugar de los cinco euros esperados, lo que recibió ayer la condesa fue la visita de la Guardia Civil a la sede de su partido a la búsqueda de pruebas suficientemente indiciadas de que el PP de Madrid, que aún preside, se financiaba ilegalmente.
Resulta que los "guardias" venían al despacho del ex gerente del partido, Beltrán Gutiérrez, uno de los imputados por el uso de las tarjetas "black" de CajaMadrid, asilado en la primera planta de la sede, la que controla, por expreso deseo de Aguirre. Se ve que la Guardia Civil y el juez Velasco no han querido dar ni un minuto a los ultra formateadores y machacadores de discos duros del partido para que borrasen la información contenida en los ordenadores usados por Beltrán Gutiérrez, fuese de quien fuese la propiedad de los mismos, toda una lección de eficacia para el juez que permitió con su falta de diligencia que el PP destruyese varios discos duros con importantes pruebas del caso que lleva el nombre del ex tesorero Luis Bárcenas.
El juez Velasco llegó a la primera planta de Génova 13 tirando del hilo de un cuaderno en el que, con las correspondientes claves, el que fuera mano derecha de la condesa, Francisco Granados, recogía los movimientos de la trama de corrupción investigadla en Operación Púnica, una trama que saqueo las arcas de varios ayuntamientos de la Comunidad de Madrid y que, ahora con ese registro en la sede del partido, propiciado por la colaboración del "arrepentido" Marjaliza, agudiza, si no confirma, las sospechas de que el partido de Esperanza Aguirre se ha financiado con las mordidas y comisiones cobradas a contratistas y constructores.
Precisamente y también ayer uno de esos constructores, Javier López Madrid, miembro del consejo de administración de OHL, la constructora de su suegro Juan Miguel Villar Mir, un tecnócrata metido en política, de la que salió para convertirse en constructor y desde su conglomerado d empresas en asiduo donante del Partido Popular, como, al parecer, queda registrado en el cuaderno de Granados traducido por Marjaliza para el juez.
Yo que doña Esperanza estaría preocupado, que es como parece estar a juzgar por "el careto" que luce últimamente, poco o nada resignada a hacer la oposición a Manuela Carmena, a la que parece odiar tanto como Rajoy odiaba a Zapatero. Lo cierto es que los jueces apuntan cada vez tiran más cerca de ella, porque Beltrán Gutiérrez era algo más que su escudero fiel, porque su papel en el partido, más allá de llevar, y como las llevaba, las cuentas del partido, se había convertido en el consejero áulico de la condesa a la que acompañaba cada vez que tenía que comparecer ante los jueces o la prensa por alguno de sus "marrones".
De modo que al igual que Rita Barberá, la todopoderosa, cínica y descarada ex alcaldesa de Valencia, tanto como lo es ella, se vea condenada, si no a vivir tras las rejas de una prisión, sí tras los visillos al que ha llevado el ostracismo de sus compañeros a doña Rita.

miércoles, 29 de abril de 2015

TIEMPO DE PROMESAS



Da gusto entrar en este tiempo de elecciones. Da gusto, porque lo que a casi todos nos parece lógico e, incluso,  justo, comienza a parecérselo también a los políticos dulcificados, vestidos y maquillados como candidatos. Da gusto, porque ahora,  a menos de cuatro semanas de la elección de los alcaldes y algún que otro parlamento autonómico. Y da gusto, porque a los candidatos, a todos se les abren las orejas y les crecen lis pies para escuchar, a pie de calle, pateándolas o sentados, como la neocondesa, en falsos sofás, hinchables e hinchados igual que sus promesas, "recibiendo", las condesas siempre reciben, a los vecinos, oh paradoja, en sus propios barrios.
Da gusto y sería maravilloso que esas promesas llegasen a hacerse realidad, pero duran menos de lo que tarda en desmontarse uno de esos escenarios que montaban para el PP Correa y el Bigotes a precio de ganga en las facturas, para que cuadrasen los gastos limitados por la ley, pero pagados en realidad con las "mordidas" y la caja B del partido. Promesas que se desinflan porque, al final, los números no cuadran, porque se prometen imposibles o, las más de las veces, porque no son más que simples señuelos para captar el voto de las almas de cántaro capaces de creer a quienes, una y otra vez, utilizan el poder que ponen en sus manos tan inadvertidos ciudadanos, poder que utilizan en su propio beneficio o en el de quienes comparten sus verdaderos intereses.
Cuántos desahuciados en Toledo habrán dado su voto, por ejemplo, a la lista del PP, en la que fue elegido el diputado Agustín Conde que, luego, se dedica a defender los intereses del Banco Santander en los pleitos por impago, supongo que más de uno y de dos, que hoy se cortarían la mano con la que introdujeron la maldita papeleta en la urna.
Pero los engaños no son exclusivos de Toledo ni, mucho menos, del PP. También se dan en Madrid, donde mis paisanos presumen de ser más listos que nadie y tildan de paleto a quienes no han tenido el privilegio de nacer aquí. Listos, listillos, engañados una y otra vez y dispuestos, según las encuestas, a dejarse engañar otra vez por quienes intentaron y seguirán intentando desmantelar su sanidad pública, por quienes no quieren abrir los comedores escolares porque a los niños madrileños los ven gorditos, si no obesos, desde sus árticos. Dispuestos a dejarse engañar por quienes han subido el billete de los transporte públicos a precios insoportables para quien está parado o tiene un trabajo mal pagado y ven que la frecuencia de los trenes del metro ha pasado de dos a cinco o más minutos, mientras las averías se multiplican y viajar en ese transporte ya no es garantía de puntualidad alguna.
Se dejarán engañar por quienes les prometen devolver a la red pública cuatro hospitales que, pese a que lo intentaron, gracias a la marea blanca, nunca dejaron de pertenecer a ella. Se dejaran engañar por quienes no cubren desde hace años las bajas del personal sanitario o docente y, ahora, a semanas de las elecciones agilizan la concesión de plazas y los traslados, generando verdaderos caos en más de un centro, sólo para lavar su imagen ante un colectivo radicalizado por los años de gobierno del PP.
Darán su voto a quienes critican que los trabajadores de las contratas de limpieza, jardines y recogida de basuras vayan a la huelga después de que sus sueldos se hayan sido devaluados y no digamos sus condiciones de trabajo a cambio de una ciudad más sucia y más deteriorada que nunca,, con aceras deslizantes, pero más fáciles de limpiar por máquinas, pese a que los madrileños pagan el servicio dos veces, una en el IBI y otra en la tasa específica reimplantada, Darán su voto a quienes están haciendo negocio con el patrimonio en viviendas de alquiler social que están vendiendo a esos fondos buitre a los que no les tiembla el pulso a la hora de poner en la calle a ancianos y niños, y, así, hasta el infinito.

Y podría extenderme hasta el infinito recordando todas las falsas promesas con que los que gobiernan vuelven a presentarse a sabiendas de que el votante es el único animal dispuesto a tropezar cuantas veces sea necesario para que unos pocos que dicen ser "los suyos" les dejen desnudos de, vivienda, dinero y derechos. Promesas electorales que, como el sofá de la condesa, se inflan y, una vez usadas, se desinflan se recogen hasta la próxima campaña.



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