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miércoles, 1 de marzo de 2017

JUANA DE ARCO HUELE A CHAMUSQUINA


Fue Mario Vargas Llosa, que hace mucho que dejó de ser genial, el autor de la peregrina idea de comparar a Esperanza Aguirre, entonces concejal del Ayuntamiento de Madrid, con la santa heroína francesa. quemada en la hoguera en 1431, con 19 años, en la ciudad de Rouen. En 1984, el autor de aquella ya lejana, en el tiempo y las ideas, "Conversación en la catedral" dijo de ella que "defender el liberalismo como ella lo hacía, le pareció entonces la manera más rápida de precipitarse en la hoguera del desprestigio y la ruina".
Qué equivocado estaba don Mario, porque, de momento y tras más de tres décadas de carrera política, no parece que la condesa de amianto haya ardido en la hoguera del desprestigio, al menos en la de su gente que, al parecer, es también la del Nobel, Es más, me atrevería a decir que, entre esa gente que añora la España de Franco y los privilegios, el autoritarismo y el lenguaje agresivo para el adversario, entre quienes no se paran  a pensar si lo que les dicen es verdad o es mentira, su prestigio ha crecido con los años.
Sin embargo y estoy seguro de que Vargas Llosa no pensaba en ello cuando dio e título de Juana de Arco del liberalismo o, si pensaba, debería explicarlo, Esperanza Aguirre, de heroína tiene poco. Lo digo, porque se ha cuidado muy mucho de quitarse de en medio en todas las marrullerías en las que han sido pillados sus subordinados, sus sapos y ranas que tanto hicieron por ella y su partido, en A o en B.
Los ha dejado siempre solos, con su cara de sorpresa, como si no supiese o, lo que es peor, tuviese que saber que sus hombres de confianza, los que ella misma había designado, los que le hacían las confidencias sobre los "hijos de puta" de turno, se lo estaban llevando crudo. Por dos veces se fue, dimitió, del gobierno de la comunidad y del partido, cuando la basura salió o estaba a punto de salir. La primera vez, apelando a su salud y a la necesidad que, dijo, tenía de estar con los suyos y de ver crecer a sus nietos. La segunda, para hacernos creer que asumía su responsabilidad "in vigilando" respecto del que fuera su mano derecha Francisco Granados, sorprendido en una nueva "gürtel", la "Púnica", con la que, cambiando el alumbrado público de decenas de municipios y recalificando, que es gerundio, su ex consejero Francisco Granados, su socio, David Marjaliza y algunos personajes más rebañaron el plato, mientras se forraban el riñón, disfrutando de la propiedad y encubierta de chalets tan grandes como horteras y fincas de caza pobladas de quads y escopetas.
Por extraño que parezca, la Juana de Arco del Liberalismo, que dijo Vargas Llosa, nunca se ha visto relacionada, ni judicialmente ni siquiera en la prensa, con tofos estos asuntos. A lo sumo, alguna que otra de sus campañas electorales, salpicada por el dinero turbio de estos negocios. Y eso, a pesar de que es un insulto a la inteligencia que ella, que obligaba a los cámaras de Telemadrid a repetir la toma de sus declaraciones cuando no se encontraba suficientemente agraciada en ella, no estuviese al tanto de los chanchullos de su gente ni cayese en la cuenta de que, ni con las cuotas del hinchado censo de militantes de su partido, daba para el dispendio de esas campañas electorales en las que, a base de trampear los números, tenía lo mejor de lo mejor, salvo los candidatos, claro, al mejor precio.
Por eso, por haber querido picar alto, sin reparar en gastos, métodos o medios, por haberse permitido morder los tobillos del hombre que avanza sin moverse y anda rápido sin correr, se ha visto relegada al papel de ladrar a Manuela Carmena, aún no sé si como rottweiler o fifí, rodeada por lo mejor de la "kale borroka" nacida en el barrio de Salamanca, sin poco más que ejercer de reina de corazones en el palacio al que Gallardón llevó el ayuntamiento madrileño.
Pero no desesperéis, siempre quedará algún rastro sin borrar, por ejemplo, en los papeles de esa gran estafa que fue el proyecto de ciudad de la Justicia. La soberbia y la prepotencia son malas consejeras, porque la impunidad también tiene fecha de caducidad, exactamente hasta que quien las disfruta deja de tener el poder. A partir de entonces, apenas se quedan en blesas o ratos. Nunca dudé que acabarían en la cárcel y lo deseé mientras tuve preferentes. Lo mismo me ocurre con esta Juana de Arco liberal que ya empieza a oler a chamusquina.

miércoles, 18 de mayo de 2016

EMPRENDEDORES


No sé de qué nos quejamos. No sé por qué nos quejamos, si vivimos en un país, en un tiempo, en los que hacerse rico, obtener una fortuna de la nada, parece fácil y al alcance de cualquiera con alma de emprendedor. Ya lo dijo en su día ese ministro eternamente cabreado que en su día llevó las riendas de la durísima reconversión industrial de los primeros años de Felipe González en la Moncloa, para, más adelante, hacerse con las carteras de Economía y Hacienda. Se ve que de ese cometido se ocupaba y se ocupa gente malhumorada y faltona, como el actual Cristóbal Montoro, bastante dados a amenazas y regañinas, pero, también, a frases redondas como aquella del ministro navarro que no se cortó un pelo a la hora de decir que, España era entonces el país donde resultaba más fácil hacerse rico y en menos tiempo.
Recuerdo que, a algunos votantes del PSOE, yo era uno de ellos, nos chocó esa afirmación en boca de un ministro socialista, pero corrían buenos tiempos entonces, estábamos a las puertas de Europa y era todo de color de rosa. así que seguimos adelante con nuestro idilio con Felipe González, un héroe de la izquierda que, por aquel entonces ya nos hablaba de lo poco que importaba de qué color fuese el gato, blanco o negro, siempre que cace ratones o de su preferencia por morir apuñalado en el metro de Nueva York, antes que de aburrimiento en las calles de Moscú.
Debimos habernos mosqueado entonces, porque a nuestros gatos blancos, los que en 1982 iniciaron el cambio de este país, para que no lo conociera ni la madre que lo parió, se les estaba ennegreciendo el pelaje. Debimos mosquearnos por ellos, pero tanto o más por quienes estaban tiñéndoles el pelo, por todos esos empresarios y especuladores, que vivían arrimados siempre al poder, paralizándoles y guiando su mano a la hora de trazar planes de urbanismo o redactar los pliegos de condiciones para contratar con cualquier administración. Debimos mosquearnos y no lo hicimos, porque unos eran los nuestros y no nos cabía en la cabeza que se corrompiesen y porque los otros eran los de siempre.
Y así nos fue, así nos ha ido. Así ha sido este país, cada vez más enfangado en la corrupción, con sus políticos atrapados en ella, sin importar si eran blancos o negros, socialistas o conservadores. Se lo contó al juez David Marjaliza la mano derecha de Francisco Granados, mano derecha a su vez de la presidenta del PP madrileño, Esperanza Aguirre, a cambio de esperar su juicio fuera de prisión y de una hipotética benevolencia en la abultada condena que le aguarda cuando llegue a juicio este largo y laborioso sumario en el que se relatan pormenorizadamente corruptelas que sacarían los colores al mismísimo Alfonso Capone.
Marjaliza ha contado con mayor o menor precisión, con pruebas incontestables o sólo con sospechas cómo, dónde y, sobre todo, desde cuándo Francisco Granados, el mismo y muchos alcaldes del sur de Madrid decidieron cambiar los campos de cereal de ese territorio menos favorecido que el rico norte, por bloques de ladrillo a llenar con los sueños y la necesidad de miles de madrileños, incapaces ya de pagar una vivienda junto a su lugar de trabajo y condenados a pasar gran parte de su jornada en las atascadas carreteras que conducen Madrid con el paraíso de Granados y sus socios o, en el mejor de los casos, en abarrotados trenes de cercanías.
Todo, como hemos escuchado ayer de boca de Marjaliza, el especulador arrepentido, pagando tres mil o seis mil euros de más en cada una de las viviendas construidas en esos terrenos recalificados, tres mil o seis mil euros, que, según el arrepentido, irían a los bolsillos de los alcaldes recalificadores, para sí o para sus partidos. Todo, desde que Francisco Granados descubrió el chollo y diseñó esta trama que judicialmente se investiga en el caso Púnica y que arrancó en 1999 y funcionó hasta que, va ya para dos años, Granados, Marjaliza y unos cuantos alcaldes corruptos cayeron en manos de la Guardia Civil.
Confieso que lo de ayer me ha abierto los ojos, confieso que hasta ayer no he tenido claro de qué se hablaba cuando se hablaba del emprendimiento y los emprendedores. Y, sin embargo, era tan simple como que los emprendedores son quienes tienen una idea, se atreven y la llevan a la práctica, casi siempre, por su tenacidad y su osadía, con importantes beneficios económicos. Los emprendedores de que tanto ha hablado el PP, los héroes del enriquecimiento de que hablaba en su día el mismo Carlos Solchaga que hoy se sienta en consejos de administración, los emprendedores son ellos, Granados y sus "compañeros" de sumario.

viernes, 12 de febrero de 2016

ESPERANZA TRAS LOS VISILLOS


Ayer jueves, Esperanza Aguirre esperaba embolsarse los cinco euros que, contra diez de los suyos, había apostado con una colaboradora a que la delegada de Cultura del Ayuntamiento, Celia Mayer, presentaría su dimisión. Nos enteramos porque, como acostumbra, la presidenta del PP anunció la apuesta como si de un señuelo se tratara para que, entretenidos por el chascarrillo y pendientes del resultado del envite, no prestásemos la atención que merecería su comparecencia de hoy ante la Comisión de Investigación de la Corrupción que en la Asamblea de Madrid investiga los gobiernos de la Comunidad que, durante más de una década, encabezó con los ojos puestos en La Moncloa.
Sin embargo, en lugar de los cinco euros esperados, lo que recibió ayer la condesa fue la visita de la Guardia Civil a la sede de su partido a la búsqueda de pruebas suficientemente indiciadas de que el PP de Madrid, que aún preside, se financiaba ilegalmente.
Resulta que los "guardias" venían al despacho del ex gerente del partido, Beltrán Gutiérrez, uno de los imputados por el uso de las tarjetas "black" de CajaMadrid, asilado en la primera planta de la sede, la que controla, por expreso deseo de Aguirre. Se ve que la Guardia Civil y el juez Velasco no han querido dar ni un minuto a los ultra formateadores y machacadores de discos duros del partido para que borrasen la información contenida en los ordenadores usados por Beltrán Gutiérrez, fuese de quien fuese la propiedad de los mismos, toda una lección de eficacia para el juez que permitió con su falta de diligencia que el PP destruyese varios discos duros con importantes pruebas del caso que lleva el nombre del ex tesorero Luis Bárcenas.
El juez Velasco llegó a la primera planta de Génova 13 tirando del hilo de un cuaderno en el que, con las correspondientes claves, el que fuera mano derecha de la condesa, Francisco Granados, recogía los movimientos de la trama de corrupción investigadla en Operación Púnica, una trama que saqueo las arcas de varios ayuntamientos de la Comunidad de Madrid y que, ahora con ese registro en la sede del partido, propiciado por la colaboración del "arrepentido" Marjaliza, agudiza, si no confirma, las sospechas de que el partido de Esperanza Aguirre se ha financiado con las mordidas y comisiones cobradas a contratistas y constructores.
Precisamente y también ayer uno de esos constructores, Javier López Madrid, miembro del consejo de administración de OHL, la constructora de su suegro Juan Miguel Villar Mir, un tecnócrata metido en política, de la que salió para convertirse en constructor y desde su conglomerado d empresas en asiduo donante del Partido Popular, como, al parecer, queda registrado en el cuaderno de Granados traducido por Marjaliza para el juez.
Yo que doña Esperanza estaría preocupado, que es como parece estar a juzgar por "el careto" que luce últimamente, poco o nada resignada a hacer la oposición a Manuela Carmena, a la que parece odiar tanto como Rajoy odiaba a Zapatero. Lo cierto es que los jueces apuntan cada vez tiran más cerca de ella, porque Beltrán Gutiérrez era algo más que su escudero fiel, porque su papel en el partido, más allá de llevar, y como las llevaba, las cuentas del partido, se había convertido en el consejero áulico de la condesa a la que acompañaba cada vez que tenía que comparecer ante los jueces o la prensa por alguno de sus "marrones".
De modo que al igual que Rita Barberá, la todopoderosa, cínica y descarada ex alcaldesa de Valencia, tanto como lo es ella, se vea condenada, si no a vivir tras las rejas de una prisión, sí tras los visillos al que ha llevado el ostracismo de sus compañeros a doña Rita.

jueves, 7 de mayo de 2015

PARTIDO POPULAR S.A.



Acabo de escuchar en la SER que la trama PPúnica, la segunda pe es mía, rebañó, este verbo también es mío, quinientos millones de euros de dinero público, sólo en la Comunidad de Madrid y la mayor parte, en plena crisis, o lo que es lo mismo, en menos tiempo del que tuvo la otra trama del PP, la Gúrtel, para rapiñar en Madrid, Galicia, Castilla León y Valencia. Más dinero del que cayó en manos de Francisco Correa y mucho más concentrado en el espacio y el tiempo, lo que da idea de la avidez de Francisco Granados, hortera donde los haya, y su socio y paisano David Marjaliza, hombre éste último de plumas Montblanc y relojes de los que se guardan en la caja fuerte y sólo se ponen en la muñeca para fiestas y recepciones.
Dos señores de pueblo que hoy tienen cuentas en suiza y Singapur y que, según los sindicatos, se llevaron en comisiones y sobrecostes lo mismo que Ignacio González y Esperanza Aguirre recortaron en Sanidad y Educación, aunque la cara la dieron sus consejeros, quinientos millones de euros que sólo pudieron llevarse con la connivencia, por acción u omisión, de la dirección y el gobierno del PP en Madrid. O lo que es lo mismo, sólo pudieron hacerlo con la complicidad de Esperanza Aguirre, quien, pese a su rápida reacción y a sus pucheros ante la prensa, no puede negar, por más que insista en ello, que su hombre de confianza, el sepulturero que enterró la comisión que se supone que investigó en la Asamblea de Madrid, el Tamayazo, por el que el Partido Popular conservo el poder y las llaves de las cajas en la Comunidad de Madrid, después de haber perdido la mayoría absoluta en beneficio del pacto entre PSOE e Izquierda Unida.
Esa es la catadura moral de la gente que rodea a Esperanza Aguirre y cosas como esa nos dan o nos deben dar idea de hasta dónde están dispuestos a llegar los populares y quienes les sostiene, aunque en esto, como en la paradoja del huevo y la gallina, no se sabe quién es el instrumento de quién. Y es que no hay que olvidar que hay empresarios, y los hay de todo tamaño y pelaje, que aceptan pagar, si no son ellos los que proponen el pago, para adherirse a la administración, sea cual sea, como las sanguijuelas clavan las mandíbulas en sus víctimas para alimentarse de su sangre.
Desde que recuperamos la democracia o lo que quiera que sea esto, los partidos han estado recibiendo sin control el dinero de los empresarios que contratan o pretenden contratar con las administraciones, en especial PP, PSOE CiU y PNV, que han sido los que más gobiernos han controlado en la nación, las autonomías, los ayuntamientos y las diputaciones. Lo hacían ya en los años de la transición, con dinero nacional o importado, lo siguieron haciendo mientras hubo barra libre ante la ausencia de una ley de financiación de partidos y lo han seguido haciendo con ella, porque la ley vigente la hicieron ellos y ningún perro en su sano juicio se pone un collar que le apriete.
La excusa de unos y otros ante todos los escándalos que cada día aparecen es que las tramas, son obra de "compañeros" sin escrúpulos, lo acaba de decir Cristina Cifuentes, sin escrúpulos que buscan el enriquecimiento personal. Vana excusa, porque todas estas tramas, por más egoístas y "paletas" que sean y las hay muy egoístas y muy paletas, no serían posibles sin la cobertura que da existencia de esa financiación irregular con del debe y el haber de mordidas y favores que, en el PP y supongo que en otros partidos, ha sido y es una constante.
Tenemos que tener claro que algunos partidos, pero especialmente el Popular, han funcionado y funcionan como sociedades anónimas que venden una cosa a sus electores y otra bien distinta a sus otros clientes, para los que tienen establecidas tarifas, porcentajes, para cada decisión beneficiosa para ellos que tomen.
Los partidos que han venido gobernando este país han funcionado como sociedades anónimas que, para sus ingresos legales y para el poder que justifica las mordidas, para mantener sedes ostentosas, pagar aviones a candidatos, comidas, hoteles, secretarias, carteles, servicios de comunicación y prensa, para pagar tertulianos y para todo lo que diferencia a los partidos "de orden" de los "piojosos" sin experiencia, hace falta ese dineral. Los partidos, especialmente el Partido Popular, son sociedades anónimas y la única oportunidad que tenemos de que dejen de serlo de que dejen de engordar con lo que nos quitan en todas esas tramas oscuras, es dejando de ser sus clientes, dejando de comprar su producto. Es decir, dejando de darles nuestro voto y trabajando para que otros, que quizá no lo vean tan claro, puedan verlo y lo hagan también.


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