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martes, 24 de marzo de 2015

CONJUGAR EL VERBO DIMITIR



Escucho a Iñaki Gabilondo describir a Rajoy como aquejado de una enfermedad mental que le impide percibir la realidad y, mucho más, asumir responsabilidades y, una vez más, tengo que darle la razón. Sin embargo, no puedo coincidir ni coincido, salvo que sea un sarcasmo, en que alrededor de él haya esa buena gente que él invoca para que le lleven al médico. Esa buena gente de la que habla Iñaki, lo acaba de dejar por escrito el juez Ruz, cobró sobresueldos, se reformó el despacho y ganó su escaño con el dinero que los españoles pagamos de más en contratas, obras y compraventas de las que se han venido beneficiando los generosos donantes del Partido Popular.
No puede ser que, en apenas veinticuatro horas, el partido que con mano o con dedo de hierro preside Rajoy se hunda estrepitosamente  en Andalucía y no pase nada y no puede ser que un juez deje por escrito todas las irregularidades, punibles o no, por arte de birlibirloque, por prescripción o por falta de legislación, que ha encontrado tras dos años de investigación en las cuantas del Partido Popular a lo largo de dieciocho años de cajas B, C y las que hicieran falta, desde que Rosendo Naseiro, un joven  Zaplana y no sé cuántos más se librasen por los pelos y artimañas legales de ir a la cárcel por financiar ilegalmente hace ya veinte años el partido. No puede ser que se sepa todo eso, puesto negro sobre blanco, y no pase nada, porque según Rajoy y las buenas personas que le rodean, en las conclusiones del juez no hay nada nuevo.
Nadie asume responsabilidades, nadie dimite ni, mucho menos, hace nada por moverle la silla a quien antes de ayer los andaluces y dentro de nada el resto de los españoles señalarán en las urnas como los responsables de todo el sufrimiento que vienen soportando desde hace más de tres años, sin que mi sus sueldos ni sus chollos se hayan visto afectados en la misma medida, nadie. Es más, hay quienes, como la señora Villalobos, va repitiendo el mantra ensayado con su marido en la alcoba, tan increíble como el de que el de ayer fuese un día radiante en Madrid, de que la verdadera derrotada el domingo fue la confirmada presidenta Susana Díaz.
No tienen vergüenza. Nadie asume nada y nadie se marcha a su casa. Quizá, porque llevan demasiado tiempo viviendo de esto, cobrando sueldos y dietas los más "decentes" y haciendo sus negocietes más de uno y más de dos. Se han acostumbrado al poder y no son capaces de volver a ser ciudadanos de a pie, como tú, lector, o como yo. Pero n es algo que pase sólo en el PP. Ni siquiera es algo que ocurra sólo en los partidos en el poder. También pasa en los que aspiran a tenerlo. No hay más que ver lo que ´le cuesta a la vieja guardia de Izquierda Unida levantar el culo de las sillas y alguna poltrona que vienen ocupando desde hace años y le pasa de manera especial a Rosa Díez, incapaz de asumir el tremendo error cometido al rechazar la mano tendida antes de las elecciones por Ciudadanos.
No hubiese sido el mismo el resultado de las andaluzas del domingo si Izquierda Unida - Los Verdes se hubiese integrado en la candidatura de Podemos, como no hubiese sido el mismo el reparto de escaños, si el partido creado por Rosa Díez a su imagen y semejanza hubiese hecho un ejercicio de humildad y se hubiese sumado al tirón de Ciudadanos.
Al final va a tener razón la madre de Arguiñano que, tal y como me contó una vez el cocinero, le decía que la que había sido consejera de Turismo en Euskadi no era capaz de vivir sin coche oficial, porque, si no era completamente acertado ese análisis de la amá de don Karlos, sí se parece mucho a la realidad. Y es que la tránsfuga , en tiempos socialista, es incapaz de asumir que su negativa a la alianza con Ciudadanos va a acabar con ese partido cuyas siglas responden cada vez más a "Unos Pocos y Díez", porque, papa ella, lo importante es estar en lo alto, aunque solo sea de un bordillo.
Rosa Díez se empeña en no dar su brazo a torcer, en no asumir su grave responsabilidad en la derrota y en no marcharse a casa discretamente, mientras su partido se desmorona. La enseñanza, triste para quienes creían en el proyecto, está en que, al final serán los militantes de base los que busquen asilo en las filas de Ciudadanos, más necesitado que nunca de cuadros y candidatos para asumir el éxito del domingo y los éxitos por llegar. De momento, algunos miembros de la dirección ya han dimitido y, como la diputada Irene Lozano,  han pedido que Rosa Díez haga otro tanto

Quizá la única en entender lo que pasó anoche fue la responsable de Política, Carolina Bescansa, que, pese a haber ganado quince escaños partiendo de la nada y con el esfuerzo de sus militantes, asumió implícitamente la necesidad de buscar nuevos socios en su asalto al cielo del poder, Mal nos va a ir a los españoles si tras un terremoto político como el del domingo nadie se atreve a conjugar verbos tan normales como dimitir o asumir responsabilidades.


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lunes, 23 de marzo de 2015

IR POR LANA...



Como la espuma que fue, el espejismo de la pasada victoria del PP en Andalucía, con sus falsas promesas, con sus mentiras con la labia antigua y cansina de "don" Javier Arenas, se ha disuelto en la marea de la cruel realidad con que el gobierno de Mariano Rajoy ja inundado en estos tres largos años los hogares de los andaluces que, cansados de recibir, como en una ducha escocesa, ora halagos, ora insultos, de quienes encarnan la eterna maldición de Andalucía, con sus latifundios y privilegios.
Andalucía recuperó ayer la cordura perdida y se convirtió en la primera comunidad autónoma en mostrarse en las urnas como realmente es, de izquierdas, y no sólo eso, sino que, además, inauguró la era de los parlamentos vacunado contra ese bipartidismo que tanto daño ha hecho a este país y a sus ciudadanos.
Y todo, porque la derecha, con un candidato más brillante y creíble que el señorito Arenas y de un origen más humilde que él, no ha sido capaz de rentabilizar los escándalos que cercaban, si no al gobierno de Susana Díaz, si a sus antecesores y, por el contrario, ha salido de las elecciones apaleada y más humillada que nunca. Una derrota humillante, que lo es más si tenemos en cuenta el esfuerzo de medios y humano que ha llevado al gobierno en pleno, con Rajoy al frente, a pisar tímidamente, que no patear, Andalucía en fin de semana y siempre que no hubiese toros que les entretuviesen en Valencia, como al locuaz ministro Margallo.
A Susana Díaz, las cosas le han salido bien. No quiero decir que las haya hecho bien, no, digo que, al menos de momento, la arriesgada carambola que intento no le ha salido tan mal. Y eso, teniendo en cuenta el batacazo que, a la vista de los fugaces resultados aventurados en la encuesta de Canal Sur, parecía haberse dado, convierte en victoria la pérdida de votos de su partido y el haber mantenido los escaños que a Griñán no le permitieron gobernar en solitario.
Porque la victoria de Susana Díaz no está en sus resultados, sino en la derrota de Rajoy que, haciendo pareja con Moreno Bonilla, ha cosechado los peores resultados del PP en Andalucía, y en un reparto de escaños entre, Podemos, Ciudadanos e Izquierda Unida, que, en estos próximos cuatro años, harán de la Aritmética un arte florentino, porque cualquier suma de fuerzas, salvo que sea contra natura y esas salen siempre mal, convierte en imposible otra alternativa de gobierno. De modo que hay que reconocer que la carambola no ha sido tan desafortunada.
Prueba de esto último es el empeño puesto anoche por Eduardo Inda en la Sexta que no desaprovechó un solo turno de palabra para enjabonar a la triunfadora ni para denostar los malos resultados del PP o minusvalorar los quince diputados de Podemos, que, para él y pese a que partían de cero, con los medios justos y con una campaña mediática a en contra,  la que el propio Inda no es ajeno, se han convertido en la tercera fuerza en Andalucía. Se ve que el repelente Inda anda a la búsqueda de un nuevo amo al que servir y que la presidenta andaluza le gusta para el cargo.
Lo que está claro es que, tras las elecciones de ayer, una verdadera Q-1 en Fórmula 1, quedan muchas enseñanzas. La primera, ya citada, que se acabó el bipartidismo, la segunda que los tiempos del PP como partido hegemónico están tocando a su fin, porque una derecha, tan derecha como ellos, pero más civilizada en las formas, como es Ciudadanos ha pisado fuerte en Andalucía, sin apenas tiempo para darse a conocer. Y la tercera y para mí muy importante, la del hundimiento de Izquierda Unida que no quiso sumar sus fuerzas a Podemos y que a punto ha estado de quedarse sin grupo propio en el parlamento, todo un aviso para no volver a caer en el mismo error, so pena de desaparecer.
Pero, sobre todo, la gran enseñanza de la jornada de ayer es la de que quienes ven y gobiernan el país desde un despacho tienen poco que hacer en el futuro, porque quienes no toman decisiones o, si las toman, las toman con un puñado de encuestas, no se enteran de la misa la media. De no ser así, Rajoy se hubiese ahorrado el trajín de tanto mitin, tanto viaje y tan poca siesta estos tres fines de semana perdidos en la tierra de María Santísima. Porque, aunque a la desesperada, porque sabía lo que se jugaba, fue por lana y, atando su destino al de su candidato, ha salido trasquilado y ha dado el primer paso hacía su fracaso definitivo.
Tic tac, tic tac


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ahora 

jueves, 12 de marzo de 2015

¡QUÉ GANITAS TENGO!



Qué ganitas tengo de que el Congreso de los Diputados, que es de todos, se llene de caras y siglas nuevas, que los diputados, que el Congreso deje de recordarme aquellas Cortes de Franco, con sus sotanas y sus uniformes, en las que nunca pasaba nada, porque toso estaba escrito, atado y bien atado.
Tenemos ahora, la tendremos dentro de unos meses, la oportunidad histórica de romper ese tan traído y llevado bipartidismo que nos inocularon con reglamentos y leyes, para que, como nobles brutos que somos, no nos hiciésemos daño con ese juguete nuevo y peligroso que, para nosotros, era hace casi cuarenta años la democracia.
Ayer, como si gobierno y oposición hubiesen querido hacernos notar todas las carencias que se dan en ésta nuestra democracia, se enzarzaron en las discusiones sin salida que se dan cuando, durante cuatro años, de los que discuten, uno no tiene nada que perder y el otro lo tiene todo perdido. Es ese fatalismo de la contabilidad de los votos el que lleva a esa actitud intolerable de tomar el Congreso como el resumen del país, inamovible y estancada en el resultado de la correspondiente investidura, que justifica al investido ese no volver a pisar la calle ni someterse al control, tan digno como el que más, de la opinión pública a través de las preguntas de la prensa.
No es de extrañar por eso que Celia Villalobos se aburra mientras preside una de esas interminables sesiones del debate sobre el Estado de la Nación y se ponga a jugar al Candy Crush con el iPad, no una tableta cualquiera, todo un iPad que le hemos regalado para que esté informada y comunicada en todo momento y que usa para comerse esos caramelos virtuales que engordan y abotargan tanto como los otros. Todo está escrito, todo está resuelto y la única incógnita que queda por resolver es cómo y qué se dirán unos y otros en ese escenario de farsa en que se ha convertido el hemiciclo.
Está claro que, como en el circo, si no hay riesgo, no hay emoción, y riesgo no hay ninguno desde hace tiempo. En todo caso, que un ministro sobrado como el de Defensa,  que, desde que ocupa su despacho, se ha hartado de hacer negocios-en realidad los hacía ella- con la empresa en la que tuvo y tendrá su otro despacho, defienda lo indefendible y desprecie e insulte a la diputada que le preguntó por la comandante que vive la tragedia de haber sido acosada por un superior, con el que después de denunciado y condenado, tiene que volver a convivir. O espectáculos, como el que, también ayer, dieron Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, tapando cada uno sus vergüenzas con la exhibición obscena de la del otra, embarrando una pregunta sobre la trama Gürtel con el fango de los ERE en Andalucía.
Qué harto estoy y que ganitas tengo de que en el Congreso haya tres o cuatro partidos con capacidad de gobernar y quitar gobiernos. Qué ganitas tengo de que, después de las generales de final de año, el mapa del Congreso deje de tener sólo dos colores y unas pequeñas irisaciones y se convierta en un verdadero arco iris que refleje y recoja de una puñetera vez las necesidades y aspiraciones de todos los españoles. Que ganitas tengo de que nadie pueda despreciar a nadie, porque todos necesiten y teman a todos. Quizá entonces, los ciudadanos se acerquen más a sus representantes y viceversa. Quizá entonces tengamos los políticos que nos merecemos y, en lugar de atacarlos y despreciarlos como ahora los atacamos y despreciamos, los defendamos y admiremos.
Ojalá ¡Qué ganitas tengo!


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