Mostrando entradas con la etiqueta Garzón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Garzón. Mostrar todas las entradas

miércoles, 3 de julio de 2013

PLEITOS TENGAS...

   
                      
 
Hablan de ese "pleitos tengas y los ganes, como una de las más terribles maldiciones que recoge el refranero. Y no me extraña, porque cualquier pleito, por sencillo y leve que parezca, supone siempre un desgaste, incluso para el que sale con bien del trance. Y, si eso les ocurre a los ciudadanos de a pie, imaginaos qué puede ocurrir con personajes relevantes, más si se trata de políticos. Pese a todo, no hay que olvidar que hay toda una fauna de personajes que ha hecho del territorio judicial su hábitat perfecto. Gente dispuesta a pleitear por todo, gente con tiempo y dinero para, como quien juega al póker sobrado de resto, sabe que hay que apostar, porque, antes o después, le llegará la racha.
Lo que está claro es que, si quien es llevado ante el juez es un político o un famoso, el morbo se multiplica y, lo que para cualquier ciudadano sería una sucesión de trámites interminables y de declaraciones, se convierte en un serial, una novela por entregas, que, a las redacciones, les permite prever el calendario de la actualidad, al tiempo que tenerla localizada geográficamente. Así, resulta curioso, que por ejemplo, hubiese toda una legión de redactores y cámaras desplegados junto al portal del domicilio de Luis Bárcenas, por si entraba o salía de él, con la única compensación para los hombres de a pie que allí estaban, de poder narrar si entraba o salía y si estaba contento o cabreado.
¿Qué harán, ahora que Bárcenas está en una celda de Soto del Real, me pregunto, esos centinelas, esos jóvenes periodistas? ¿Habrán trasladado sus reales a la entrada de la cárcel?
Hay jueces y abogados que controlan muy bien las interferencias de los medios de comunicación en los procedimientos en que están inmersos. Garzón lo descubrió pronto y, por ellos, apuntalaba en la prensa, mediante las correspondientes filtraciones, cada paso que daba en la instrucción, algo que, durante un tiempo le dio muy buen resultado, pero que, con el tiempo, acabó perdiendo eficacia, porque de entonces a acá todos hemos aprendido y las tácticas de Garzón, que incluso han sido perfeccionadas, están ya al alcance de casi todos.
Filtrar a la prensa amiga cada paso de la instrucción es sólo una parte del juego. Hay otra, sobre todo cuando se investiga a "presuntos" con cargo político o allegados, que es, como en el juego de las damas, dar los pasos justos para avanzar sin que el aforamiento de algún implicado le expulse del tablero. Lo hizo con habilidad Garzón, que investigó a conciencia los alrededores del, por entonces, senador Luis Bárcenas, sin llegar a tocarle, para que el caso no saltase al Tribunal Supremo, como le hubiese correspondido. Y lo acaba de hacer ayer la jueza Alaya, la que investiga el asunto de los ERE de Andalucía, que se ha cuidado muy bien de "ir" a por cualquier personaje aforado, para no perder el control sobre el sumario.
Autos espectaculares, con razón o sin ella, que interfieren en la vida política de este país y que, para nuestra desgracia, permiten marcar los tiempos y las consecuencias de sus decisiones. La trama Gürtel, ahora caso Bárcenas, al PP y el asunto de los ERE al PSOE andaluz, están alterando y lo están haciendo seriamente, la vida política de este país. Y, mientras, los tiempos se van extendiendo, los sumarios se destripan y novelan en crónicas y en tertulias. Y eso lleva a que la sociedad otorgue y quite razones y esas instrucciones se crucen con procesos electorales, en los que el público, como en un terrible "Gran Hermano", otorgue en las urnas  a diputados y concejales actas de inocencia.
La justicia, quién va a negarlo, es un derecho y es necesaria para la higiene de un país, pero debe ser más rápida y más discreta, porque, si no, ese "pleitos tengas y los ganes" se convierte en realidad.
 
 
 
Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/

viernes, 21 de junio de 2013

JUECES Y JUECES

 
 
Partamos de una advertencia: tengo una desconfianza innata ante todo aquel que necesita disfrazarse para marcar distancias con quienes han depositado, o no, el poder que ejercen. Hablo de los hombres y las mujeres de la religión, la justicia, y las fuerzas armadas y de seguridad. M diréis que  por qué no también los médicos y demás trabajadores de la sanidad y rápidamente os contesto que, en su caso, lo que llevan es ropa de trabajo. No me gustan las sotanas, los hábitos, las togas ni, en general, los uniformes. 
En el caso de las togas, mi desconfianza innata se ha visto reforzada por alguna experiencia nefasta e indirecta en el mundo de los tribunales y por los años de profesión en que anduve ocupándome de la información de los tribunales. El único consuelo que me queda es que, en alguna ocasión, la justicia que no es justa puede llegar a ser poética. Lo puede comprobar cuando, por mor de un tramposo y ambiguo contrato de arrendamiento, se vio obligado a vender al arrendatario del local que era el resultado del trabajo de toda su vida por un precio fijado en el momento de la firma. El quid de la cuestión y del fallo judicial estuvo en interpretar que pese a que figuraba como una opción, tal opción obligaba a la venta. A mi padre le costó la salud, la minuta del abogad y las costas del juicio. Podría haber recurrido el fallo, pero la salud mandaba. La paradoja es que, al final, justicia se hizo poética cuando el avispado arrendatario sigue sin poder vender, ni al ventajoso precio a que entonces lo compró, el local que ha tenido que cerrar.
Esta digresión personal viene a cuento de que, desgraciadamente, justicia y jueces no tienen por qué ir de la mano y a que, cuando se entra en un juzgado, tiene más posibilidades de salir triunfante el más  avisado y no el que lleva la razón. Lo estamos viendo continuamente, porque continuamente observamos cómo quien tiene dinero y poder para rodearse de una buena cohorte de abogados tiene, salvo excepciones, más posibilidades de salir indemne o beneficiado de los tribunales. O es que hay alguien capaz de creer que otro que no fuese Miguel Blesa, un vulgar chorizo o un estafador de poca monta, por ejemplo, hubiese  podido salir de prisión tan fácilmente, pese a que el montante de su delito no llegase ni a la centésima parte de los 36 millones del crédito que sin garantías, más bien al contrario, concedió a su amigo Gerardo Díaz Ferrán.
Me diréis que la instrucción del juez Silva no ha sido ejemplar, que quizá se ha dejado llevar por la pasión, que quizá haya habido también algo de animadversión hacia el poderoso que se va de rositas y con una pensión de libro, después de haber hundido Caja Madrid y de haber estafados a decenas de miles de sus clientes, arrebatándoles sus ahorros.
Sin embargo, el método es el método y, en los asuntos de la justicia que tiene que ver con las togas, el procedimiento es lo que manda. Y tiene su lógica, porque si no fuese así, de qué vivirían los grandes bufetes de abogados, cómo desmontarían verdades evidentes, cómo conseguirían una segunda oportunidad para que los urdidores del caso Naseiro se zambullesen en la trama Gürtel. Es verdad, el método es el método. El método puede apartar de algunos casos y de la misma carrera judicial a los jueces incómodos con el poder. Ahí tenemos a Garzón que, a su manera, es verdad, consiguió llevar al sanguinario Pinochet ante los tribunales.
Ahora le ha tocado el turno al juez Elpidio José Alonso, de cuyas presuntas rarezas hemos sabido más, en apenas un mes, que del asunto que trataba en su juzgado. Y todo porque ha dado con un poderoso que ha afilado sus garras y ha puesto en marcha toda su maquinaria, haciendo circular dosieres por las redacciones, para presentarle como un juez raro y peculiar, lleno de trampas, capaz de ensañarse con el pobre Miguel Blesa, al que ni siquiera ha dejado casarse tranquilo.
Decía que tengo tendencia a desconfiar de las togas y de los disfraces que dan autoridad, es más, sinceramente creo que algunos de quienes se presentan a la judicatura lo hacen porque oposiciones para la plaza de dios hace mucho que no salen. Pero, aún así, hay jueces y jueces. Hay jueces Robin Hood toman partido por los débiles y hay jueces que, como Pilatos, se quedan siempre a la sombra del poder.
 
 
Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/

miércoles, 15 de febrero de 2012

CARAMBOLAS


Está visto que hay quien tiene a la suerte de su lado y a quien, por el contrario, se le puede aplicar eso tan políticamente incorrecto del circo y los enanos. Escribo esto, porque me acabo de enterar por EL PAÍS de que quien ocupará la plaza que dejará vacante Garzón cuando se materialice su expulsión de la carrera judicial es el juez Eloy Velasco, adscrito al juzgado número 6 de la Audiencia Nacional y que, casualmente, fue director general de Justicia de la Generalitat Valenciana, bajo los mandatos de Eduardo Zaplana y, atención al dato, Francisco Camps.
La cosa, por, más que paradójica, esperpéntica que parezca es legal. No hay nada que objetar,  porque quién iba a pensar que el ex colaborador de Francisco Camps iba a ocuparse de la instrucción de un asunto tan turbio como el de la trama Gürtel, en el que, más o menos presuntamente, hay implicados compañeros de su etapa en el gobierno valenciano. Tal cosa sólo hubiese sido posible si el primer juez que abandonaba la Audiencia Nacional era Baltasar Garzón y ningún otro y la salud del juez estrella, ahora estrellado, parecía buena así como sus ganas de seguir al frente de su juzgado las mismas de siempre.
Por todo lo anterior, que Eloy Velasco se situase al frente de la investigación de la trama Gürtel sólo hubiese sido posible por un accidente o por una carambola. El accidente no ha sido necesario, porque la carambola se ha materializado. Bastaba con que una de las tres tacadas hiciese chocar adecuadamente las bolas y alguien ha tenido la habilidad o la suerte de hacer chocar las bolas.
Como decía al comienzo, hay quien tiene a la suerte de su lado... y se crece. Lo digo porque ya hay fecha para que la expulsión de Garzón de la carrera judicial sea efectiva. Será el próximo 23 de febrero, treinta y un años después del fallido intento del golpe de Estado. Afortunadamente, en aquella ocasión, la carambola falló.

viernes, 10 de febrero de 2012

UN MUNDO RARO


A veces los sentimientos y las experiencias que nos depara la vida son válidas para situaciones muy diversas y, por tanto, intercambiables. Quién le iba a decir a José Alfredo Jiménez que los versos de "Un mundo raro" iban a encajar sílaba por sílaba en el comportamiento de los siete magistrados del Supremo que ayer decidieron, con una severidad digna de mejores causas, la inhabilitación, en la práctica, la expulsión de Baltasar Garzón de la carrera judicial.
"Y si quieren saber de tu pasado / es preciso decir una mentira / Di que vienes de allá / de un mundo raro / que no sabes llorar / que no entiendes de amor / y que nunca has amado"
No cabe duda de que lo que han hecho los magistrados de la Sala Segunda del Supremo tiene un nombre y ese nombre es ensañamiento. Se lo acabo de escuchar al valiente ex fiscal José María Mena. Los abogados, jueces y fiscales, al igual que los periodistas, desarrollamos ciertas habilidades para decir sin decir y callar sin callar. Pues bien, lo que ha subrayado el fiscal Mena es que el mismo instructor de la causa que señala la conducta imprudente de Garzón, sancionable con una leve
inhabilitación -de dos o tres años- que el juez ya habría cumplido, se ensaña con su compañero de carrera.
Por qué lo hace. He ahí la gran pregunta. Quizá porque Garzón es un heterodoxo. Quizá porque su fama y sus métodos ensombrecen y ponen en cuestión los suyos. Quizá porque los jueces son, casi por definición soberbios, y no soportan las presiones de la calle, a pesar de que, con demasiada frecuencia, a los largo de la Historia y ahora mismo, parecen plegarse al poder. Quizá porque va a haber movimientos en el sinuoso mundo de las togas y no está de más estar a bien con quienes pueden decidirlos.
Lo cierto es que sentencias como la de ayer, cuando, como me recordaban ayer, al juez que, por negligencia, dejó en libertad al asesino de la niña onubense Mari Luz se conformaron con imponerle una sanción de sólo 1.500 euros.
Decidme si tal cosa no es propia de un mundo raro. Mil quinientos euros por no haber cumplido con su obligación y haber propiciado la muerte de una niña. Claro que... las cantidades que se mueven en la Gürtel dan vértigo al lado de esos mil quinientos euros y el caso Mari Luz es una historia, trágica, pero de gente sencilla, una historia de barrio, y la historia de la Gürtel tiene personajes muy, pero que muy famosos. Sin ir más lejos Esperanza Aguirre que ayer no pudo disimilar su euforia y se puso al frente de los palmeros de la deprimente sentencia, desplegando en la Asamblea de Madrid su circo de tres pistas.
Lo dicho, un mundo raro.

jueves, 2 de febrero de 2012

LA JUSTICIA Y EL FRÍO


Un viejo dicho, basado menos en la razón que en la experiencia, que dios va con los malos cuando son más que los buenos. Algo de eso debe haber, cuando lo que ayer se pudo vivir en la sala del Supremo en que se juzga al todavía juez Garzón ha quedado enterrado por las vertiginosas contrarreformas del gobierno, la salvaje tragedia de Port Said y una ola de frío que, cuando llegue, ya nos encontrará congelados de tanto oír hablar de ella.
Y hablando de frío, qué pena que la justicia antes que justa sea fría. Cómo es posible, si no, que las ancianas que ayer contaron su tragedia sin fin ante el tribunal, sin fin porque aún no han aparecido los restos de sus seres queridos, no hayan obtenido respuesta después de tres cuartos de siglo de presunta paz, la de los cementerios y las cunetas, y de treinta y cinco años de democracia.
Dicen que, cuando la justicia llega tarde, ya no es justicia y, desde luego, en este asunto no lo va a ser. Apenas quedan supervivientes entre los hijos, hermanos, maridos y esposas de aquellos que fueron asesinados fría y sistemáticamente por un régimen impuesto tras una guerra sangrienta que duró más de lo militarmente razonable, porque lo importante era el exterminio de quienes, con mayor o menor acierto osaron acabar con la incultura, la injusticia y el hambre, endémicas en España.
¿Qué pretende la magistratura española? ¿Quizá restablecer su honor y sus derechos cuando hayan pasado varios siglos, como hace la iglesia católica con aquellos a quienes persigue? Ni siquiera sería ya justo hacerlo ahora. Sí un alivio para sus deudos que podrían tener un sitio al que ir para pensar en ellos después de tantos años de apretar los dientes y guardar silencio.
No he conocido en mi familia casos como los que de quienes reclaman justicia, excepción hecha de algún exilio, aunque hace poco he sabido que mi abuelo podría haber sufrido la misma suerte que sus desaparecidos. Sin embargo, tengo grabado en mi pensamiento el relato que nos hizo en la radio una mujer, creo que de Salamanca, que contó como domingo tras domingo veía comulgar en la iglesia del pueblo al hombre que se llevó a su padre y una caja de plata maciza que nunca apareció. Por eso me pregunto qué temen los hijos de los verdugos. Sus padres o están muertos o no están en edad de ir a prisión. Y la única respuesta que encuentro es que temen que alguien ponga en duda el origen de su patrimonio. Incluso el del dinero con que se pagó su carrera. Alguno, incluso, hoy será juez. Pero se equivocan. Lo que pretenden estos ancianos es que se sepa donde están sus desaparecidos y qué pasó con ellos.
Lo dicho, dios está con los que callan, porque siempre va con los malos cuando son más que los buenos y la justicia es capaz de una frialdad infinita antes de llegar a ser justa.
.La

martes, 17 de enero de 2012

GARZÓN


Hoy sientan en el banquillo al juez Baltasar Garzón. Han pasado muchos meses, demasiados, desde que los abogados de la trama Gürtel -y otras muchas tramas de o pelo- se querellaron contra él por haber tenido la osadía de intentar averiguar si colaboraban con sus clientes en la honrada tarea de mover dinero, presumiblemente negro, puesto a buen recaudo de las investigaciones más allá de nuestras fronteras.
A veces, uno tiene la sensación de que un tribunal es el altar en el que se consagra la hipocresía, disfrazada de togas y puñetas. Esto lo digo, porque estoy seguro de que los abogados que se han revuelto contra Garzóin ni siquiera pretenden su mal. Más bien al contrario, lo que persiguen es que olvidemos lo que hemos visto y oído. Su único fin es hacer desaparecer cualquier valor probatorio de la "pillada" en que se vieron sorprendidos por el juez, con el visto bueno, por cierto, de la Fiscalía Anticorrupción. Y no sólo eso, con una justicia tan garantista como la nuestra, se esfumaría no sólo lo escuchado, sino todo lo averiguado a partir de lo escuchado.
Por eso se juega tanto en esta vista. Si Garzón es condenado la mayor parte de lo investigado perdería valor, al igual que ocurriría con cualquier investigación parecida. Y no es de extrañar el interés de los abogados y de su colegio en Madrid, porque sus clientes se juegan mucha cárcel y ellos las elevadas minutas que suelen cobrar por alquilar su habilidad, su inteligencia y su falta de escrúpulos -curiosa profesión ésta, en la que esa falta de escrúpulos puede llegar a ser una virtud- a sus clientes.
Conocí a Garzón hace años, cuando me ocupaba de asuntos relacionados con los tribunales e Interior en la Cadena SER y he de decir que siempre me cayó bien, aunque, del mismo modo, he de reconocer que hay algo de tramposo en su planteamiento de los casos. Creo que se debe a que la mayor parte de ellos han tenido que ver con el terrorismo y que esta sociedad ha hecho siempre la vista gorda cuando a quienes se les perturban los derechos es a los terroristas.
Cuántas veces no se habrá hecho lo mismo que se hizo con los implicados en el caso Gürtel con imputados en terrorismo o con estafadores y chorizos de poca monta que no tienen padrinos o dinero suficientes como para pagarse esos caros abogados.
Es lo que tienen las leyes especiales, que acaban enseñando atajos a los que luego es difícil renunciar y, visto desde el otro lado y como apuntaba esta mañana un contertulio en la Cadena SER, qué difícil sería para esta sociedad condenar al juez que hubiese autorizado unas escuchas con las que se hubiese averiguado el paradero de los restos de Marta del Castillo. Pues eso, hipocresía solemne, pero, al fin y al cabo, hipocresía.