Mostrando entradas con la etiqueta Espionaje. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Espionaje. Mostrar todas las entradas

miércoles, 30 de octubre de 2013

ENTRE ESPÍAS ANDA EL JUEGO

 
 

Andamos, mejor dicho, andan ellos, y que cada cual rellene la casilla "ellos"" como crea conveniente, andamos, digo, alborotados con las noticias sobre espionaje que, como de un grifo mal cerrado, gotean cada día sobre nosotros. Pero, no temáis, no hay por qué preocuparse, todo queda en casa.

Ya me extrañaba a mí la falta de cuajo, como el mismo diría, del presidente Rajoy -encerrad la palabra presidente entre admiraciones, comillas o interrogaciones como más os plazca- a la hora de indignarse al conocer que la Agencia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos maneja datos y conversaciones privadas de ciudadanos españoles -se habla de sesenta millones de conversaciones telefónicas que creíamos privadas registradas en un mes- que alguien ha puesto en sus manos.

La tardanza y la tibieza de Rajoy al manifestarse sobre el asunto denotaba o bien que su vida es tan aburrida como pretenden hacernos creer o que sabía perfectamente quién nos espiaba y para qué. Y es que, al final, o nuestro CNI ha sido subcontratado por su equivalente norteamericano o hemos hecho algún oscuro cambio de cromos, al que son tan dados los espías. Recordemos que, por ejemplo, el espionaje norteamericano "facilitó" el misil con un trasmisor disimulado que permitió localizar y llegar por primera vez al almacén de ETA en Francia y que fue también Estados Unidos quien nos facilito material sofisticado y de última generación para garantizar la seguridad de los juegos de Barcelona. Queda claro que España y Estados Unidos son aliados y que, como cabe esperar, sus servicios secretos mantienen relaciones de buenos colegas.

Abandonad toda esperanza dicen que puede leerse a la entada del Infierno, los espía son espías. Y no sólo se compran, se venden, sino que también se prestan y se es dan cursos de formación profesional como aquellos que controlaban patronal y sindicatos. Pero no hay que extrañarse, ni rasgarse las vestiduras. Los espías, sea cual sea el gobierno para el que trabajan, al igual que los militantes de los partidos políticos, tienen más que ver entre sí, que con los ciudadanos a los que dicen defender y servir. Hay menos distancia entre quien milita en el PP, el PSOE o IU, les van la marcha y la "sana" ambición de progresar en el partido, que entre dos gemelos. Lo mismo ocurre con los espías. El gran salto es admitir que husmear en la vida privada de los ciudadanos está justificado si es en aras del "bien común".

Qué más da que sean yanquis o de un pueblo de Extremadura, lo importante es saber que nos espían y aprender a vivir con ello, porque van a seguir haciéndolo. El juego en cuestión es entre espías y lo único que podemos pedir es que no los espías no sean ni muy listos ni muy torpes, que no molesten mucho y que nos salgan baratos.
 
 
 

Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/

 

viernes, 25 de octubre de 2013

ESPIADOS

 
 
Andamos todos muy revueltos y preocupados porque a Angela Merkel y François Hollande les espían desde Washington. Y yo, más que preocupado, ando más bien y muerto de risa y preguntándome qué se pensaban estos señores, en un mundo en el que, afortunadamente no siempre, pero demasiado a menudo ni el teléfono o el correo de la pareja se respetan, porque vivimos en un mundo en apariencia sencillo, en el que, sin embargo, todo es mucho más complicado.
Y en ese mundo aparentemente perfecto y feliz en el que, si no fuese por el soldado Bradley Manning y, especialmente, el analista de información Edward Snowden, seguiríamos jugando alegremente con nuestras vidas y nuestra intimidad, creyendo que lo hacemos con el teléfono. Algo que, pese a todo, seguiré haciendo, pero de forma consciente, porque, si he de poner en una balanza, lo que he ganado y lo que puedo perder haciéndolo, no lo dudéis, el platillo de lo que he ganado y puedo ganar -amigos impensables, culturas hasta ahora negadas, libertad, afinidad, pensamiento que ya no es ni podrá ser nunca único- pesaría mucho más.
De lo que sí debemos ser conscientes es de que, ahora, la vida de cada uno de nosotros -recuerdos, fotos, poemas, canciones, pensamientos- cabe dentro de un teléfono, qué digo un teléfono, dentro de la uña de un meñique, y, también, de que para que tenga lugar la magia de ese nuevo jugar a la vida tenemos que dejar la llave a alguien que ya no es la portera o un vecino de confianza.
Estamos en manos de las empresas que no dejan jugar con sus aparatos y programas y vamos mal, muy mal, si pensamos que lo hacemos sin pagar nada a cambio. No se trata sólo, como hemos llegado a  pensar inocentemente, que abramos nuestras ventanas para que entre por ellas la publicidad, qué va, es que nosotros mismos somos la moneda de cambio, el valor añadido en sus negocios, porque Microsoft o Apple tienen copia de la llave de nuestros secretos y no dudan en dejarse presionar a cambio de dársela al gobierno que se la pida, como tampoco dudan en vender lo que han llegado a saben de nuestros gustos y costumbres. O es que alguien cree que para seleccionar la publicidad que nos llega, de cosas que nos interesan o nos han interesado en algún momento, se la inspira el pajarito de Chaves.
No hay que darle vueltas, estamos en manos de los gigantes del software y las redes y, si no llegamos a notarlo, es porque aún les importamos un pimiento. Porque, si alguna vez deja de ser así, nos vamos a enterar. Y, no nos engañemos, el problema no está sólo en el tráfico de la información, sino en su almacenamiento, porque las compañías de teléfono, Twitter, Facebook o cualquiera otra red, pasada o futura, almacenan todo lo que escribimos o decimos y lo hacen por mucho tiempo. Cómo creemos, si no, que graban y transcriben nuestras conversaciones, hasta las más íntimas, con personas en las que confiamos plenamente. Las almacenan y, cuando hace falta, previa autorización de un juez, dejan de ser privadas. Pero eso sólo cuando se quiere utilizar legalmente, porque, para un chantaje, o para el espionaje puro y duro, basta con tener los instrumentos o los amigos apropiados.
Hoy, los gerifaltes de la Unión Europea -uno de los cuales, el nuestro, acaba de decir que alguna que otra ley o sus consecuencias no le gustan- han mostrados su preocupación, no porque Estados Unidos nos espían, sino porque es a ellos a quienes espía, lo que es tan inútil como se alzar los brazos con cara de no haber roto un plato en su vida de los defensas leñeros.
En fin, que quizá estábamos más a cubierto cuando para espiarnos tenían que buscar el cable de nuestra línea y puentearlo, algo que siempre notábamos, pero, ahora, la misma enfermedad nos hace fuertes y quizá corramos peligro, pero como en las carreteras de alta montaña, el paisaje lo merece.
 
 
Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/

lunes, 17 de junio de 2013

LIBERTAD Y SEGURIDAD

 
Los papeles de Snowden van camino de hacer más daño a los paladines de la libertad mundial, con sede en Washington y Londres, que el que les hicieron, y fue mucho, los de Wikileaks, porque, si aquellos dejaban al descubierto y en carne viva la torpeza del servicio diplomático de Estados Unidos y sus socios, en estos lo que se evidencia es el "todo vale" con el que, en nombre de la seguridad, están mirando en nuestros correo, escuchando nuestras conversaciones y oliendo nuestras braguetas. Quienes se dejan embriagar por el poder y no sólo por el poder, como Miguel Ángel Rodríguez, lo saben de sobra. Por eso buscan información sobre adversarios y compañeros, por eso circularon como circularon los dosieres en la Comunidad de Madrid de Esperanza Aguirre. Todos ellos saben y cómo que la información es poder y por eso la buscan, la compran y la utilizan.
Por los papeles de Snowden acabamos de enterarnos de que Reino Unido espió en 2009 a varias de las delegaciones convocadas a las cumbres del G-20 celebradas allí y que, además, montó falsos cibercafés mediante los cuales controló los correos y los chats de quienes cayeron en su trampa. No es de extrañar. Yo doy por descontado que siempre hay gente asomada a lo que escribo y cuelgo en Facebook y a lo que digo o hago con mi teléfono móvil y creo que ese es el secreto de la libertad hoy en día: ser conscientes de que millares de ojos y oídos escrutan nuestra vida de la que, por suerte o por desgracia, una gran parte transcurre ya en teclados y pantallas.
Sabemos de sobra que bucear en los servidores que hacen posibles las redes en las que interactuamos es posible. Sabemos que la información que los gestores de esas redes tienen de todos nosotros se usa comercialmente y conocemos y sufrimos su puritanismo moralista ¿Cómo dudar entonces de que no tardarían ni un segundo en dar a sus gobiernos, Estados Unidos en el caso de Facebook, Google o Microsoft, la información que soliciten de nosotros, sus "clientes". No deberíamos olvidar que los programas que utilizamos a diario en nuestros ordenadores y teléfonos, pasan por infinidad de servidores y que, por definición, están llenos de "puertas de atrás" que alguien puede abrir en un momento dado, para que los gobiernos pasen y vean.
Os preguntareis qué hacer ante la evidencia, sospechada largamente y ahora confirmada, de que nos vigilan. La respuesta es, siempre lo es, un debate entre libertad y seguridad, aunque ahora se trataría de la libertad y la seguridad individuales. Un debate, en fin, entre cómo queremos vivir y a qué estamos dispuestos a renunciar para conseguirlo.
En mi caso, la respuesta es clara. No estoy dispuesto a renunciar a nada y por eso todo lo que hago o escribo en la red es accesible para todo el que quiera mirarlo. Por eso mi único límite es el daño que pueda hacer a quienes carecen de responsabilidad en lo que ensalzo o critico y por eso trato, sobre todo, de distinguir entre el ámbito público y privado que tienen todas las personas, incluso las que se mueven en lo público.
Teniendo esto presente y actuando así, seremos más fuertes, porque no nos inocularán su miedo ni su prudencia y nos expresaremos en libertad, como lo haríamos con amigos, y todos sabemos que algunas cosas no se las contamos ni siquiera a los amigos. Si lo tenemos claro y no nos dejamos poner el dogal, seremos más libres y si somos más libres ellos serán más débiles, porque se puede represar un río para controlar su caudal, pero, cuando el río viene crecido, no hay dique que lo retenga.
Lo “hablaba” hoy con una amiga. La libertad no admite apellidos. La libertad no puede ser prudente, no puede ser segura. La libertad –y sé que es una utopía- sólo puede ser LIBERTAD, con mayúsculas.
 
 
Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/



martes, 19 de febrero de 2013

MERCANCÍA

 
 
Apenas sé de espionaje ni, mucho menos, de qué sin capaces los profesionales de la política por seguir subidos en el machito, la imagen que usaba mi abuelo y usa mi padre para definir el poder. Lo que, como hijo y nieto de "tenderos" y paseante asiduo de las calles del Rastro, sé es que, para vender una mercancía, lo importante es venderla y, abiertamente o en la trastienda, mostrarla.
Viene esto a cuento de tratar de explicarme en qué consiste el trabajo de la agencia Método 3, la que, al parecer, suministraba a políticos y periodistas, principalmente en Cataluña, del material para el chantaje o la denigración de políticos, jueces y otros personajes de la vida pública española. No creo que nadie se haya dirigido a la agencia para encargarle abiertamente "un trabajito". Más bien creo que a los hipotéticos "clientes" les habrían llegado "referencias" de antiguos clientes o, quién sabe, un agente comercial con un maletín cargado de muestras y un catálogo con antiguos servicios prestados.
Tampoco hay que descartar la venta de lo que en argot policial se conoce por vigilancias y contra vigilancias. Ese volatinero ejercicio de averiguar y evidenciar los puntos flacos del futuro cliente para venderle un barrido de sus despachos y sedes o, con un poco de suerte, un dos por uno en el que se incluya además una vigilancia al adversario esté donde esté, sea el partido propio u otro cualquiera.
Esa es una técnica tan perversa como rentable, la de crear la necesidad para, después, satisfacerla. Por eso no descarto que la agencia se hiciese con una panoplia de material de futuros clientes con la que, como aquellos legendarios vendedores de cepillos, hacer números con el cliente. Precisamente ésta es, para mí, la hipótesis más verosímil de a qué se dedicaba Método 3 y probablemente le hubiese funcionado muy bien el negocio de no haber dado con una mujer tan aparentemente ambiciosa como la "novia" del aparentemente insaciable hijo de Jordi Pujol.
Fue precisamente ahí donde quedó al descubierto el hilo del que han tirado la prensa y la Policía, no sé en qué orden, para poner al descubierto los tejemanejes de esa agencia más propia de una película de los Hermanos Marx, en cuyas actividades, el mayor peligro era que los clientes se cruzasen en el ascenso o la escalera.
Todo esto es muy feo y parece que salpica a diestro y siniestro. Son embargo, de lo que no me cabe duda es que lo que ha precipitado todo ha sido el hecho de que el propio ministro del Interior, no sé si antes o después de serlo, haya sido una de las víctimas del espionaje. Ya hay detenciones y registros, ya era hora, pero aún queda mucho por saber y mucho material por encontrar y neutralizar. Material que no debe quedar sólo en conocimiento de Fernández Díaz, sino que, de alguna manera, debe compartirse -confidencialmente, claro está- con el resto de partidos afectados. Eso, y saber qué tiene que ver este asunto con aquellos presuntos informes de la Brigada de Delitos Económicos que manejó el PP en la campaña de las catalanas.
Y, al final, que quien tenga que pagar pague. Porque otra cosa sería deprimente y exasperante para una ciudadanía tan asqueada ya. Pero sin olvidar una cosa: si los ladrones roban -y espiar no deja de ser el robo de la vida privada- es porque, al final, hay alguien, el perista, que compra esa mercancía robada. Y es en este punto, donde algunos políticos y periodistas deberían comenzar a tentarse la ropa.
 
 
Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/