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viernes, 13 de mayo de 2016

SE ADELANTA POR LA IZQUIERDA


A mes y medio de las elecciones del 26 de junio, que no son ni una segunda vuelta ni un desempate, creo que conviene, como se debe hacer en los adelantamientos, no quitar la vista del frente, el futuro,
ni dejar de mirar de vez en cuando al retrovisor, el pasado. Sólo así tendremos las cosas claras en el momento de ir a votar. Mientras tanto, como en un coche cargado de niños, de familiares, de amigos o de desconocidos, conviene abstraerse de toso el ruido que nos rodea y nos va a rodear, para que lo único que nos importe es avanzar con nuestro vehículo, rebasar ese obstáculo que tanto nos retrasa y situarnos con bien ante la carretera despejada.
Quienes hemos conducido, especialmente en carretera, sabemos que, a la hora de adelantar, lo peor es la indecisión, las dudas, el miedo que agarrota los músculos y confunde los sentidos y, sobre todo, la falta de visibilidad, el no saber qué hay adelante y no tener claro si el vehículo que conducimos va a responder como esperamos y necesitamos. Porque, si me apuráis, nada hay peor que no saber cómo va a reaccionar el vehículo al que nos subimos, si se va a quedar sin potencia, si le van a fallar los frenos cuando los necesitemos o si tiene vicios en la dirección, si a la hora de la verdad se va a vencer hacia la derecha o hacía la izquierda, llevándonos a donde no queremos ir o, lo que es peor, a la cuneta.
Venimos de cuatro largos años de injusticia, de cuatro largos años en los que hemos retrocedido, unos más que otros, décadas en el tiempo, en el que quienes nos creíamos ya a salvo nos hemos visto de nuevo en peligro. Años en los que el capitalismo, ese gran capital oscuro y duro del que hoy hablaba Almudena Grandes, ha saqueado nuestra despensa, quitándoles el pan a quienes más lo necesitan para almacenarlo sin control y sin vergüenza en sus paraísos. De ahí venimos y de ahí necesitamos salir lo antes posible y, para salir, necesitamos subir a un vehículo potente, sólido y fiable que nos saque de ese infierno.
Ese vehículo no puede ser de ningún modo el que hace cuatro meses nos prometió el paraíso y trató por todos los medios de aparcar en un área de servicio, la de color naranja, porque el conductor, Pedro Sánchez, tenía necesidades que cubrir. Nos engañó entonces y, con el coche lleno de buitres graznando y esperando hacerse con sus despojos, es cualquier cosa, menos seguro, porque, aunque el propio Sánchez quiera ignorarlo, es imposible que acabe por llevarlo y llevarnos por sí mismo a buen puerto, porque va a necesitar ayuda y tiene el vicio o lo tienen los que le sujetan el volante de buscarla en la derecha.
La otra oportunidad que tenemos de salir de este barrizal es la de subirnos al tándem, improvisado, si queréis, que han formado Podemos e Izquierda Unida. La izquierda emergente, la surgida, si no en dirigentes, sí en votantes, del 15-M y la izquierda de siempre, tras años de intentos de renovación y de relativa marginalidad, juntos, sumando votantes, para rebasar a quienes nos dejaron en la cuneta, junto a compañeros de viaje indeseables a los que dio las llaves de contacto y el volante.
Estas elecciones que se acercan son muy importantes, quizá las más importantes que vamos a vivir quienes tenemos derecho a votar en ellas. Y no podemos equivocarnos. Tenemos que tener muy claro que cualquier rebaja en los impuestos, el reclamo con que nos engatusa le derecha, se transformara en un aumento del déficit y en recortes que nos quitarán lo que es de todos para dejarlo en manos de los que luego nos lo revenderán más caro y peor. En estas elecciones no tenemos que hacer caso de los que reniegan de "los comunistas", los mismos que impulsaron desde dentro, bajo el franquismo, la defensa de la libertad y los derechos de todos.

Estas elecciones deben servir para salir cuanto antes de esta región tenebrosa y para ellos, nada mejor que ignorar toso ese ruido que nos rodea y nos va a rodear los próximos días, sujetar bien el volante, mirar al frente. sin perder de vista el retrovisor e ir rebasando, uno por uno, todos los obstáculos, sin olvidar que, aquí y ahora, sólo se puede adelantar por la izquierda.

miércoles, 29 de abril de 2015

TIEMPO DE PROMESAS



Da gusto entrar en este tiempo de elecciones. Da gusto, porque lo que a casi todos nos parece lógico e, incluso,  justo, comienza a parecérselo también a los políticos dulcificados, vestidos y maquillados como candidatos. Da gusto, porque ahora,  a menos de cuatro semanas de la elección de los alcaldes y algún que otro parlamento autonómico. Y da gusto, porque a los candidatos, a todos se les abren las orejas y les crecen lis pies para escuchar, a pie de calle, pateándolas o sentados, como la neocondesa, en falsos sofás, hinchables e hinchados igual que sus promesas, "recibiendo", las condesas siempre reciben, a los vecinos, oh paradoja, en sus propios barrios.
Da gusto y sería maravilloso que esas promesas llegasen a hacerse realidad, pero duran menos de lo que tarda en desmontarse uno de esos escenarios que montaban para el PP Correa y el Bigotes a precio de ganga en las facturas, para que cuadrasen los gastos limitados por la ley, pero pagados en realidad con las "mordidas" y la caja B del partido. Promesas que se desinflan porque, al final, los números no cuadran, porque se prometen imposibles o, las más de las veces, porque no son más que simples señuelos para captar el voto de las almas de cántaro capaces de creer a quienes, una y otra vez, utilizan el poder que ponen en sus manos tan inadvertidos ciudadanos, poder que utilizan en su propio beneficio o en el de quienes comparten sus verdaderos intereses.
Cuántos desahuciados en Toledo habrán dado su voto, por ejemplo, a la lista del PP, en la que fue elegido el diputado Agustín Conde que, luego, se dedica a defender los intereses del Banco Santander en los pleitos por impago, supongo que más de uno y de dos, que hoy se cortarían la mano con la que introdujeron la maldita papeleta en la urna.
Pero los engaños no son exclusivos de Toledo ni, mucho menos, del PP. También se dan en Madrid, donde mis paisanos presumen de ser más listos que nadie y tildan de paleto a quienes no han tenido el privilegio de nacer aquí. Listos, listillos, engañados una y otra vez y dispuestos, según las encuestas, a dejarse engañar otra vez por quienes intentaron y seguirán intentando desmantelar su sanidad pública, por quienes no quieren abrir los comedores escolares porque a los niños madrileños los ven gorditos, si no obesos, desde sus árticos. Dispuestos a dejarse engañar por quienes han subido el billete de los transporte públicos a precios insoportables para quien está parado o tiene un trabajo mal pagado y ven que la frecuencia de los trenes del metro ha pasado de dos a cinco o más minutos, mientras las averías se multiplican y viajar en ese transporte ya no es garantía de puntualidad alguna.
Se dejarán engañar por quienes les prometen devolver a la red pública cuatro hospitales que, pese a que lo intentaron, gracias a la marea blanca, nunca dejaron de pertenecer a ella. Se dejaran engañar por quienes no cubren desde hace años las bajas del personal sanitario o docente y, ahora, a semanas de las elecciones agilizan la concesión de plazas y los traslados, generando verdaderos caos en más de un centro, sólo para lavar su imagen ante un colectivo radicalizado por los años de gobierno del PP.
Darán su voto a quienes critican que los trabajadores de las contratas de limpieza, jardines y recogida de basuras vayan a la huelga después de que sus sueldos se hayan sido devaluados y no digamos sus condiciones de trabajo a cambio de una ciudad más sucia y más deteriorada que nunca,, con aceras deslizantes, pero más fáciles de limpiar por máquinas, pese a que los madrileños pagan el servicio dos veces, una en el IBI y otra en la tasa específica reimplantada, Darán su voto a quienes están haciendo negocio con el patrimonio en viviendas de alquiler social que están vendiendo a esos fondos buitre a los que no les tiembla el pulso a la hora de poner en la calle a ancianos y niños, y, así, hasta el infinito.

Y podría extenderme hasta el infinito recordando todas las falsas promesas con que los que gobiernan vuelven a presentarse a sabiendas de que el votante es el único animal dispuesto a tropezar cuantas veces sea necesario para que unos pocos que dicen ser "los suyos" les dejen desnudos de, vivienda, dinero y derechos. Promesas electorales que, como el sofá de la condesa, se inflan y, una vez usadas, se desinflan se recogen hasta la próxima campaña.



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