viernes, 1 de junio de 2018

MOCIÓN DE DOBLE USO


Antes de nada, es obligado dar las gracias a Albert Rivera por no haber defraudado mis expectativas y haberse mostrado en el debate de la moción de censura tal cual es, por haber dejado que, por una vez, sin la estudiada contención con que se muestra en escenarios más cómodos y amistosos, sin banderas, himnos ni martas sánchez, y así, enfrentado a la evidencia de su actitud maniobrera, a su desesperación por haber perdido en apenas dos días el prestigio demoscópico tan trabajosamente conseguido. sin toda esa protección que da poner siempre una vela a dios y otra al diablo, se vio traicionado por los nervios y cabreado y hasta lívido en ocasiones permitió que le viésemos el culo, un culo ultra y egoísta que, a mí al menos, no me gustó ni un pelo.
Suponiendo que, no sólo a mí, sino a más gente le sucediese lo mismo,  sólo por eso, habría que dar por buena la moción, porque quien avisa no es traidor y Rivera nos dejó avisados y bien avisados de lo que es capaz, tratando de agarrarse a la desesperada al único socio posible que le quedaba ayer en el Congreso, de una manera tan descarada, que fue desde los escaños populares desde donde más se le abroncó, como en estos momentos le está abroncando el portavoz popular, Rafael Hernando. Erró el tiro y debería pedir, como la iracunda Reina de Corazones de Alicia, que les corten la cabeza a esa legión de asesores que le rodean, por no haber sido capaces de anticipar que iba a pasar lo que está pasando.
Pedro Sánchez acertó presentando su moción, una moción que iba dirigida contra Mariano Rajoy, al que, a estas horas parece claro, acabará desalojando a Rajoy de la Moncloa, pero que, también, va a tener la virtud colateral de haber desenmascarado a Rivera y su Ciudadanos que, ahora, tendrán que dejar el cómodo parapeto en que, como le recordó ayer Sánchez, se había refugiado, promoviendo el enconamiento del debate nacionalista, ante la falta de iniciativa política de Mariano Rajoy, su partido y su gobierno.
Ayer, Albert Rivera dejó de ser el hombre tranquilo de los carteles y las vallas para deshacerse en gestos y palabras atropelladas, a veces desesperadas, mendigando al PP, su enemigo hasta ayer, el apoyo para impedir que las próximas elecciones que Ciudadanos quiere ya, las acabe convocando Pedro Sánchez, ya desde la Moncloa, cuando estime oportuno, agotando incluso la estéril legislatura inaugurada por Rajoy. Rivera pasará a la Historia, así al menos lo deseo, como una víctima colateral de la corrupta pachorra de Rajoy que, por no dejar, ni siquiera le deja ahora la púrpura del liderazgo de la oposición que, no se sabe muy bien por qué, se había arrogado.
Solo y aparentemente aislado Rivera, nos queda por saber el futuro de Mariano Rajoy y del Partido Popular, un Rajoy al que ayer, de golpe, le afloraron todos los esqueletos que tenía escondidos en el armario. entre ellos el de sus obstinados errores respecto a Cataluña, su política de palo sin zanahoria para con el nacionalismo catalán que ha propiciado que en los dos partidos nacionalistas catalanes y el vasco haya pesado más la aversión a Rajoy que las diferencias ideológicas con los socialistas o con Podemos. 
Ese y así lo dejó dicho el propio Sánchez ha sido el pegamento que ha hecho posible el triunfo de esta moción. Una moción absolutamente legítima y democrática, como acaba de señalar el propio Rajoy que ha dividido el parlamento en dos bloques, uno formado por el PP y Ciudadanos, espalda contra espalda y con las pistolas cargadas, dispuestas a disputarse el territorio de la derecha, porque el centro ni existe ni ha existido, y el otro bloque, mucho más dispar, con dos partidos progresistas al frente y una amalgama de ideologías e intereses cruzados, en la que el mayor peso estará en manos de los nacionalistas.
La moción que lleva a Pedro Sánchez a La Moncloa ha tenido muchas virtudes. La primordial, la de sacar a Rajoy de La Moncloa, pero también la de aclarar y dinamizar el panorama político de este país, corroído por la corrupción y narcotizado y paralizado ante la deriva impredecible del avispero catalán. Junto a esto y no es menos importante, está la posibilidad de desmantelar el andamiaje de bloqueo legislativo, las leyes coactivas, la sequía presupuestaria para políticas sociales y la odiosa manipulación informativa levantada por personajes como el tabernario José Antonio Sánchez, que han dejado a la fachada de democracia española prácticamente irreconocible.
Sin embargo, y lo tengo muy claro, la mayor virtud de esta moción ha sido la de dejar al descubierto las miserias del PP y la actitud tramposa e impaciente de Rivera. En definitiva, una bendita moción de doble uso.

jueves, 31 de mayo de 2018

EL CULO DE RIVERA


En estos momentos en que escribo, arranca en el Congreso la moción de censura socialista contra el gallego impasible, contra un hombre incapaz de reaccionar, de tomar decisiones, o de hablar, si no es para negar la realidad, un hombre que sigue inmóvil y en silencio aun después de que, pese a haber declarado en el juicio por la primera Gürtel, entre algodones y casi casi sentado en un trono junto al tribunal, por encima del bien y del mal, figura en la sentencia con su credibilidad puesta en duda por los jueces ante los que estaba obligado a decir la verdad.
La sentencia en la que se condena a penas inhabituales a varios dirigentes del PP, que lo eran cuando se cometieron los delitos y eso es lo que importa, y al propio partido por haberse beneficiado de los mismos no mereció una sola palabra de perdón de la dirección del Partido Popular y, claro, el resto del Parlament no podía permanecer, como el PP y su gobierno, agazapados y en silencio. Todos de un modo u otro se expresaron y se movieron. Los primeros, los socialistas que se dieron roda la prisa en presentar, casi por sorpresa, sin tiempo a estrategias, sin tejemanejes del PP, tratando de enredar en la parta del PSOE amiga, si no de ellos, sí de sus padrinos, para enredar a Sánchez otra vez frente a su partido.
En ese momento, aún a la espera de la decisión que el resto de partidos, al margen del demoscópico partido de Rivera, Ciudadanos, anunciasen la intención de su voto, Pedro Sánchez y su partido ya habían ganado, porque habían descolocado y puesto ante el espejo de su responsabilidad a todos, y, de todos, el peor parado ha sido sin duda Ciudadanos, que, acostumbrado a llevar la iniciativa y de sacar ventaja de la división del resto de la oposición, se ha visto pillado con el pie cambiado y sin amigos, quizá porque, de repente, como al mago chino de los platos, ese que los hace bailar sobre cañas, han comenzado a perder el control de los socios que, de aquí y allá, mantiene, y los platos se están cayendo con estrépito, dejando al mago con dos palmos de narices.
En esta moción todos nos jugamos mucho, los primeros todos los españoles, porque, a pesar de lo que se nos dice, cómo nos vaya depende mucho de quién esté al frente del gobierne, Sánchez también se juega mucho, se juega la carrera según el voluble y olvidadizo Pablo Iglesias, se juegan aún más el presidente Rajoy y su partido, a quienes podría tragarse la Historia, por el agujero de esa causa, de esa sentencia que, a toda costa, trataron de abortar, pero quien, a mi modo de ver, más se juega es Albert Rivera, porque la astucia y la rapidez de los socialistas, al romper con la pesadez mastodóntica, de los protocolos y los plazos, han dejado a Rivera sin discurso, solo en medio del Paramento, agarrándose a las encuestas que, hasta ahora, sin tener que mojarse en gobiernos y dando una de cal y otra de arena, le han sido favorables.
A partir de ahora Rivera y su partido van a tener que mostrar sus cartas, van a tener que ser algo más que un producto del marketing. A partir de ahora, Rivera y los suyos van a tener que dar la cara, van a tener que abandonar esa pose en la que, como en el cartel de sus primeras elecciones en Cataluña, parecen ofrecérsenos sin enseñarnos nada de lo que pretenden prometernos. A partir de ahora y pase lo que pase en esta moción de censura y en las sucesivas, si, finamente, llega a haberlas, le va a hacer falta un traje nuevo y verdadero, porque así, pretendidamente desnudos como en el famoso cartel, sólo pretendidamente, está empezando a vérseles el culo.

miércoles, 30 de mayo de 2018

EN LA CALLE TE ESPERO


Fue el de ayer uno de esos días en los que la actualidad se precipita. De repente, Pablo Iglesias nos contó, no ya que si Sánchez fracasa en su moción debería poco menos que dejar la política, eso ya nos lo había dicho, sino que presentaría su propia moción de censura la segunda después de su fracaso de hace once meses; de repente también, el huido conseller Toni Comín, sin dejar su escaño, renunció a su voto delegado en el Parlament, con lo que dejaba en minoría a los soberanistas en ese parlament, en el que pasan tantas cosas y no pasa nada. Y ya, por si fuera poco, el alegre y combativo Quim Torra, tocapelotas le llamarían en mi barrio, se la envainó, también lo dicen así, tachando de la lista de su gobierno el nombre de sus cuatro consejeros inviables por tener causas pendientes con la Justicia, sustituyéndolos por los de cuatro mujeres, haciendo posible su nombramiento efectivo y, de paso, alcanzando un aceptable nivel de paridad de género.
Todo esto, en medio de un día de contactos más o menos discretos que harán posible -o no, que diría el agonizante Rajoy- el triunfo de la moción de censura de Pedro Sánchez, que se debate a partir de mañana. Sin embargo, con ser mucho, no fue todo lo anterior lo único destacable de lo ocurrido. Sin salir de los muros del Congreso, nos encontramos con dos personajes inefables de ese partido que aún gobierna España y que llenan de sonrojo a quienes creemos en la democracia, personajes faltones y barriobajeros que parecen haber sido elegidos para los cargos que representan, más por su marrullero arrojo en la refriega que por cualquier otra cualidad, que, de tenerlas, no muestran habitualmente.
El primero, el presidente de Radio Televisión Española, José Antonio Sánchez, quien, a  menos de un mes de dejar su cargo y con gran parte de los trabajadores de los Servicios Informativos negros ya de vergüenza por verse manipulados y obligados a dejar a un lado su profesionalidad y criterio so pena de ser marginados, manteniendo una protesta dignísima en la que arriesgan mucho, mostró en  sus respuestas a los diputados de la comisión ante la comparecía toda esa zafiedad y cinismo que lleva escrita en la cara y anuncian sus ademanes. Tanto, que en apenas tres frases y para defenderse, que no contestar, de la pregunta de un diputado de Podemos sobre su presencia en los papeles de Bárcenas, nos regaló las imágenes de homosexuales colgados de grúas en Irán, de niñas apedreadas por "darse un revolcón· con sus novios o de manifestantes asesinados a tiros en Venezuela. En fin, una joya que, como digo, dejará su puesto convertido en un muladar lleno de toda la basura y el desprestigio acumulados en su mandato.
Por último, la secretaria general del PP y todavía ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal consiguió lo que parecía imposible: dejar aún más alto el listón de la falta de respeto a la verdad y a los cargos que ocupa, mintiendo descaradamente a casi todas las preguntas que le fueron formuladas en la comisión que investiga la corrupción.
La señora de los despidos en diferido dio una explicación aún más críptica sobre la indemnización pagada a Luis Bárcenas para cerrar su boca y, no contenta con ello, dedicó su tiempo y sus respuestas, ella que es abogada del Estado y debiera conocer el papel de los jueces y el valor de las sentencias, a mentir una y otra vez sobre el contenido de la sentencia sobre la primera etapa de la Gürtel, poniendo en duda el fallo de los jueces que insinuó tendencioso, lo mismo que los hechos que la sentencia da por probados. Y no fue eso lo más descarado. Lo más descarado fueron sus maneras con el diputado socialista que le advirtió que estaba mintiendo. Literalmente le dijo que se atrevía a hacerlo porque se amparaba en la inmunidad parlamentaria que le otorgaba el lugar y le invitó a repetirlo "afuera" ante la prensa, advirtiéndole que, si lo hacía, se querellaría contra él. Así, en el más puro estilo de su amiga Cristina Cifuentes, el que la devolvió a su casa.
Molesta por las preguntas, especialmente las relativas a la presunta implicación de la trama de su marido, parecía creerse en una taberna de barrio. Quizá por ello invito al diputado a repetirlo en la calle. Lo que no dijo es sí llevaría su escolta.

martes, 29 de mayo de 2018

AHORA O NUNCA


Un diario europeo calificaba este fin de semana la situación política italiana, sin gobierno, con pocas o ninguna esperanzas de formarlo y a punto de llevarse por delante al mismísimo presidente de la república, como crítica, aunque no seria, una brillante e irónica descripción de una situación de bloqueo a la que no somos del todo ajenos, porque, aquí, con un gobierno repudiado en la calle por mujeres, pensionistas, sanitarios y estudiantes, condenado en los tribunales por beneficiarse de la corrupción organizada desde sus filas, abandonado por la mayor parte de sus palmeros, a los que ahora les va más el compás de un tal Rivera de mirada perdida, con ese panorama, no parecemos capaces de poner en la calle a los responsables de tanto delito y tanta injusticia.
Por imposible que parezca, con este PP al borde del precipicio, con este PP al que se le está abriendo el suelo bajo los pies, con este PP que tiene el mayor plantel de ex ministros y altos cargos entre rejas que ha conocido la historia de España, con unas encuestas que vaticinan para él una debacle electoral, con este PP, digo, nadie parece tener el coraje y la generosidad de apoyar sin contrapartidas la única salida legal y posible que no es otra que la moción de censura presentada por el PSOE, que debatirá el Congreso el jueves y viernes de esta semana.
La única esperanza que nos cabe de que la moción salga adelante y veamos por fin a Rajoy hacer las maletas es a de que los portavoces de los distintos partidos que tendrían que apoyarla estén haciendo teatro, como tienen por costumbre. Que, por ejemplo, al PNV le interese algo más que el ventajoso cupo arrancado al PP en los presupuestos, que el PDCAT y Esquerra Republicana de Cataluña, que tienen a Rajoy como su mayor enemigo, sean capaces de prestar sus votos para desalojar a quien ha dejado pudrirse la situación catalana, permaneciendo impasible ante su deterioro unas veces o siendo  actor fundamental y provocador del mismo otras, que Bildu preste su voto sin más o que Podemos piense más en nosotros, sus votantes y el resto de los españoles, que en sus cálculos de "sorpassos" y persiga algo más que el desprestigio de su más inmediato rival.
La izquierda española sólo ha sido fuerte y con capacidad transformadora de la sociedad cuando ha permanecido unida, del mismo modo que dividida y enfrentada no plantea más incógnita que la de la fecha en la que pasará a ser intrascendente, insignificante, para dejar en manos de ese nuevo Aznar, origen de todo lo que está pasando, que es el impostado Albert Rivera. Entonces, cuando esto acabe por ocurrir, ya será tarde, ya no habrá otra cosa que esperar a ver cómo sucede lo peor, cómo esta nueva derecha con piel de cordero saquea con más sutileza y mejor técnica lo poco que han dejado de España y los españoles sus padres políticos y sus mentores del IBEX 35.
No apoyar esta moción, con la excusa que sea, no es más que una frivolidad, una exquisitez más de quienes no ven más allá de sus propios intereses, de sus mezquindades, y se olvidan de todos los que han sufrido y están sufriendo las consecuencias de una política salvajemente inhumana llevada a cabo por abanderados de una patria que, en cuanto pueden, dejan atrás para esconder en otros paraísos, los únicos en que creen, el botín de sus saqueos.
Es ahora o nunca, porque si les dejan tiempo, Rajoy y Rivera, Rivera y Rajoy, que tanto montan el uno como el otro, reconstruirán de nuevo esa derecha monobloque que tanto daño nos ha hecho y nos está haciendo.

lunes, 28 de mayo de 2018

CONSULTAS


Este fin de semana, mientras los irlandeses, dos de cada tres, ponían fin a décadas de oscurantismo religioso y misógino, aprobando a la despenalización del aborto en todas las circunstancias en las doce primeras semanas de embarazo, en España, los militantes y simpatizantes de Podemos, los inscritos, daban  respaldo, más o menos en la misma proporción, a la adquisición de una vivienda de precio muy por encima de la que se considera normal, por parte de la pareja de dirigentes Pablo Iglesias e Irene Montero.
No es necesario volver a explicar, ya lo hice la semana pasada, que la pareja tiene todo el derecho a hacer lo que crean conveniente con su dinero y con su futuro, pero que de lo que estamos hablando es de la coherencia exigible a quienes dicen representar, así lo creímos muchos a los indignados de aquel esperanzador 15-M. También de la enorme hipoteca que, desde la compra, pesa sobre el discurso de ambos y, lo que es peor, del mismo Podemos.
Va a ser muy difícil creer a cualquiera de los dos cuando hablen de la vivienda de alquiler social o de dar solución a la situación de quienes, en pareja o no, jóvenes como ellos o no, se ven obligados a seguir viviendo con sus padres o a aceptar, solos o en compañía, el trágala de pagar esos disparados y disparatados alquileres que la falta de incentivos al ahorro y el alquiler turístico han traído tras la crisis.
Más aun, estando como están tan acostumbrados como están nuestros políticos, especialmente los de la derecha y quienes se dicen de centro, a hacer puntería con sus reproche hipócritas contra quienes ni siquiera se acercan al nivel de inmoralidad y descaro que ellos exhiben, no me extraña que el chalé de La Navata se convierta en munición habitual y cansina contra Iglesias y Montoro, contra Podemos y contra  cualquiera que "imprudentemente" se atreva a colocarse junto a ellos o a defender lo que ellos defienden.
No era necesario. La compra de ese chalé ha sido un gran error y la de consultar a las bases sobre el futuro de ambos, a cuenta de esa decisión otro error y, para esas bases, además, una trampa. No creo quesea necesario aclarar que yo no formo parte de "los inscritos" con derecho a ser consultados, pero debo añadir que, de serlo, y con la que está cayendo, con una crisis política como la que por fin se ha materializado y las elecciones a la vuelta de la esquina, con un partido de derechas impostado en el centro si no en el centro izquierda, que se vende y por desgracia se compra como la gran fuerza capaz de regenerar las instituciones, hasta yo, en el caso de poder hacerlo, hubiese dado un sí a la pareja y su chalé, para no dejar descabezado a Podemos. 
En fin, una trampa y, más que nada, un tiro en salva con el que se han malgastado esfuerzos en un asunto que nunca debió dejar de resolverse de manera personal como de manera personal se creó el problema, si realmente lo hubo, que yo sí creo que lo hubo. También, una banalización del uso de las consultas que, creo, debe reservarse, como en Irlanda, para asuntos más serios o, en todo caso, para discutir de programas, pactos o cuestiones de mucho más calado. Lo otro es jugar al trile y taparse las vergüenzas propias con la buena voluntad o el temor de los demás.

viernes, 25 de mayo de 2018

PUNTO DE INFLEXIÓN


Ya está. La Audiencia Nacional acaba de revelar el negativo de la hedionda imagen que todos, insisto, todos, teníamos desde hace años ante nuestros ojos, el negativo que, al positivarlo, nos devuelve la imagen de un partido atrapado en el bucle terrible de haberse convertido en una máquina de ganar elecciones "dopado" con las mordidas de constructores y contratistas que alimentaban con una parte del importe de las contratos, convenientemente incorporada al precio final, para que ese partido, ese gobierno siguiese dándole obras con las que seguir pagando la mordida para seguir recibiendo obras con las que seguir pagando y así hasta el infinito.
Una vez descubierta, juzgada y condenada esta trama, hace falta ser Mariano Rajoy, un extraterrestre incapaz, no ya de sentimientos hacia los demás, que no los tiene, sino hacia sí mismo, sin autocrítica, sin la mínima capacidad de arrepentimiento, con el único objetivo de seguir a flote sobre las heces de la corrupción, hace falta ser Mariano Rajoy, el peor compañero en un naufragio, el que va a dejar que te hundas si no es él mismo quien te hunde para seguir flotando, para no dimitir y marcharse pidiendo perdón y para siempre a su querida Sanxenxo o donde sea.
Ahora mismo, con la sentencia publicada y Rajoy atrincherado en la Moncloa, más pendiente de la final de mañana en Kiev que de la dignidad de ese país que tanto quiere y al que tanto debe, somos el hazmerreír del resto del mundo, especialmente de Europa. Y, dado que no ha hecho el menor gesto de contrición ni ha mostrado un solo síntoma de querer dejarlo, alguien tendrá que invitarle a desalojar la Moncloa, antes de que unas elecciones le saquen de allí a empellones.
La llave, para nuestra desgracia, la tienen esos mismos partidos que, con sus síes o sus abstenciones, le dieron permiso para seguir en La Moncloa cuatro años más. De entre esos partidos. Ciudadanos y PSOE, parece que a los socialistas no les va a quedar otro remedio que inmolarse en una moción de censura que difícilmente va a apoyar Ciudadanos, una moción de censura que, por su loca cabeza al dejar sus escaño antes de tiempo, Pedro Sánchez verá desde su despacho o sentado en la tribuna de invitados, hasta ser propuesto por su grupo como candidato, mientras Rivera, el contorsionista, se desarticula poniendo a caer de un burro a su amigo y enemigo Rajoy, mientras le sostiene negando su apoyo a la moción, para que sus muy desorientados y volubles votantes no le vean al lado de Pablo Iglesias.
La sentencia de ayer, que condena al PP por haberse lucrado con la trama y pone en duda por escrito lo que millones de españoles llevamos poniendo en duda la credibilidad de Rajoy, ha pillado a todo el mundo descolocado y eso, a pesar de que la esperábamos, quizá no tan dura, pero la esperábamos.
Sin duda al propio PP, en plena descomposición, también a Podemos, con una estúpida e innecesaria consulta a las bases sobre la coherencia de sus dos máximos líderes, cómo no al PSOE descabezado en el Congreso y, sobre todo, a Ciudadanos a quien, con más puestos de "salir" a cubrir en sus listas que militantes "pata negra" en sus sedes, no le viene nada bien quemarse en el auto de fe de Rajoy o llegar en obras a unas elecciones anticipadas.
De todo lo dicho hasta ahora, de todas las reacciones a la sentencia, la más comprometedora ha sido sin duda la de Albert Rivera que se ha visto obligado a decir que "marca un punto de inflexión", como si lo probado y lo que se condena no fuese de dominio público hace tiempo, como si otro fallo de otro tribunal hubiese podido cambiar lo que ya era de dominio público, la calaña del PP y la de sus dirigentes.
Tiene razón Albert Rivera, la sentencia marca un punto de inflexión, porque, si quiere poner a salvo su "angelical inocencia" cada vez más en entredicho, va a tener que mojarse en la censura del mismo personaje al que antes de ayer dio sus votos para sacar los presupuestos adelante y, con ello, regaló dos años más de gobierno, dos años que Rivera hubiese empleado en sus castings de candidatos, en moldear su discurso, hoy casi vacío, salvo de patriotismo interesado, con arreglo a las encuestas. Sí, sin duda es un punto de inflexión en el que todos, también nosotros, nos jugamos mucho. Y, por cierto, como en el anuncio que protagonizó un pastor de Majalrayo, cabe preguntarse ¿Y Aznar qué opina de esto?

jueves, 24 de mayo de 2018

COMO EN LA PEOR VALENCIA


Dicen que la caridad bien entendida empieza por uno mismo y, aunque cooperar al desarrollo de esos países saqueados durante siglos por las metrópolis europeas no debe ser considerado caridad sino justicia. Por eso, de confirmarse los indicios que han llevado a la detención de una treintena de cargos de la administración local y autonómica catalanas, se cumpliría escandalosamente el aforismo cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos de nuestra cultura popular.
Más de una vez he escrito que detrás de todas esas movilizaciones y despliegues que, desde hace años, se llevan a cabo en las ciudades y pueblos de Cataluña, la base, el punto de partida, de ese procés que busca la autoafirmación de la gente en su identidad nacional catalana y, sobre todo, convertirla en escaparate internacional de las aspiraciones soberanistas, había, hay, una coreografía casi perfecta, con muchas horas de trabajo detrás y, no lo olvidemos, muchos, muchísimos, medios, mucho dinero, prácticamente inagotable, dinero que paga pancartas, cartelería, megafonías, multas y desplazamientos. dinero que, muy probablemente, pagó también el intento de referéndum del pasado 1 de octubre.
Según una investigación judicial, encomendada a la Unidad de Delitos Financieros de la Policía Nacional, la UDEF, esa que Jordi Pujol decía no saber qué coño era. esos treinta detenidos formaban parte de una estructura creada en la Diputación de Barcelona y en la Generalitat y dirigida a desviar fondos destinados a la cooperación con países en desarrollo, especialmente destinados a proyectos de abastecimiento de agua potable y tratamiento de residuos. Un escándalo que, de confirmarse, insisto, creará malestar en muchos catalanes, un pueblo caracterizado desde siempre por su solidaridad y por su participación en el voluntariado que trabaja en África, Asia o América.
Los dirigentes del procés siempre se han mostrado ufanos de su astucia y, como el propio president Torra, han considerado a "los españoles", incluidos, supongo, sus jueces y sus fuerzas policiales, como homúnculos, siempre un paso detrás de sus iniciativas. Sin embargo, hay entre sus filas algún que otro personaje que ha tomado apuntes de su estrategia, dejando por escrito todos o casi todos los pasos dados en el largo proceso que nos ha traído hasta aquí.
Bien es verdad que, una vez olido el peligro, se esforzaron en hacer desaparecer esas pruebas de todo, con tan mala fortuna, que esa policía que tanto han despreciaban, montaba guardia a la puerta de la planta de incineración a la que varios agentes de los mossos llevaban documentación "sensible", la que, por ejemplo, ha llevado a la operación de esta madrugada, para destruirla.
Una de las peores consecuencias de todo lo que está ocurriendo en Cataluña es el desprestigio a que está llevando a los catalanes en el resto de España y no me refiero a los falsos estereotipos creados en torno a su modo de ser o de su lengua, que lo de la tacañería o el "polaco" ya lo llevaban a la espalda. me refiero a la sensación de que virtudes como la de la hospitalidad, la prudencia, o el sentido común, eso que conocemos como seny, han defraudado a más de uno, entre los que me encuentro.
No sé si, una vez que se demuestre lo que ha dado origen a la operación "Estela", de la que hablamos, los catalanes de bien se sentirán decepcionados por el comportamiento delictivo de sus dirigentes y funcionarios. No sé si les molestará que el dinero que creían destinado a la cooperación, ese que iba destinado a esos proyectos a los que muchos catalanes se sumaban, aportando su trabajo voluntario en sus vacaciones. Lo que me asombra es que no se hubiesen preguntado como en el cuplé "La chica del 17" "de dónde sacan pa' tanto como destacan".
El procés no ha salido ni sale ni saldrá gratis. Tiene unos costes claros, y hay que buscarlos en todo ese dinero invertido en él que debiera haber ido a los fines a los que estaba destinado, todo lo perdido en desinversiones y traslados de empresas y todo el prestigio perdido por Cataluña y los catalanes entre quienes, como yo, somos o hemos sido sus mejores clientes. Y es que en Cataluña, como en la Valencia de los peores tiempos, los del "caso Cooperación", el dinero destinado a ayudar a otros se invierte sin control en beneficio propio.