jueves, 30 de junio de 2016

EL MINISTRO Y SU APARATO


Hay personajes que escapan a su tiempo. Unos para bien, porque se adelantan a lo que les ha tocado vivir y tiran hacia delante del tiempo y el país en la que viven. Otros son como el sifón del váter que arrastran todo cuanto queda a su alcance a su oscuro y sucio torbellino. Jorge Fernández Díaz, supernumerario del Opus Dei e hijo de un militar que, en tiempos de Franco, probablemente en los años del nefasto alcalde Porcioles, fue nombrado subinspector jefe de la Guardia Urbana de Barcelona, es de esos, por eso está siempre dispuesto arrastrar a las alcantarillas todo aquello que le aleja de aquellos años felices, seguro, en los que su ciudad de adopción era española y bien española y se iba a misa y se comulgaba todos los domingos.
Quizá por eso, su amigo Rajoy, amigo desde los tiempos de aquella Alianza Popular que conservaba del franquismo la ideología y los correajes, le encargó del ministerio del Interior, un puesto clave para el control de todo el descontento que, sin duda, iban a producir y produjeron los crueles y arbitrarios recortes que, bien lo sabía, le iba a imponer la troika. Un puesto un cargo, que ha desempeñado con entusiasmo, reprimiendo manifestaciones, desalojando okupas ideológicos, los mafiosos parecen preocuparle menos, apaleando inmigrantes en las vallas de las fronteras africanas, dando la cobertura de sus antidisturbios a injustos desahucios que cada día dejaban a familias enteras en la calle y sin recursos, un cargo, en fin, desde el que hizo y deshizo en las fuerzas policiales, apartando a unos, curiosamente los que investigaron a su partido, y ascendiendo a otros, hasta configurar una verdadera policía política, puesta al servicio de los intereses de su partido y no de los de todos los españoles.
Ese sentido patrimonial de la patria que el ministro y la sociedad de que proviene es el que le lleva a enrocarse, enfermo de  autismo, cuando es pillado, una vez más, con la mano dentro dela lata de las galletas, negociando con el ya ex director de la Oficina Antifraude de Cataluña, el uso de informes incipientes o, simplemente, falsos, para ensuciar la imagen de líderes del independentismo catalán y alterar así fraudulentamente los apoyos de la ciudadanía a sus ideas o, aún mejor, para chantajearles y conseguir su neutralización.
Y llegado a este punto, me preguntó qué sabría el ministro de tan indigno magistrado, Daniel de Alfonso, como para ponerle a comer de su mano y servirle como un subordinado más, debiéndose como se debía a quienes le apoyaron en su nombramiento y no a quien quería acabar con ellos. Sin duda habrá un día en que acabaremos sabiéndolo, pero, mientras tanto, cualquier hipótesis va a ser creíble.
Siguiendo con este juego tan de moda de alterar la dimensión del tiempo, no sabéis cuánto hubiese dado por que el auto con que la Audiencia Nacional rechazó ayer el llamado "informe Pisa", un amasijo de recortes de prensa lleno de infundios e insinuaciones sobre la pretendida financiación ilegal de Podemos, se hubiese conocido en plena campaña electoral. Cuánto hubiera dado, también, por que la voz del ministro, despachando con el magistrado felpudo, de Alfonso, hubiese podido escucharse antes de que comenzase el calvario de los titiriteros que, en mayo, fueron acusados de ensalzar el terrorismo, cuando lo que denunciaban en su ficción era la falsificación de pruebas ¿le suena ministro? de un comisario contra su bruja protagonista, pruebas que un juez malvado daba por buenas en la ficción y otro juez admitió en la Audiencia Nacional.
Es el estado policial, no muy distinto del que persigue su odiado Nicolás Maduro, con el que sueña Jorge Fernández. Ese estado policial que dispara primero y pregunta después, el que da a la policía potestades que sólo corresponden a los jueces, es el que desea Fernández Díaz para "su" país, un país de patriotas, con policía patriótica, encargada de velar por la rectitud del pensamiento de sus pobres ciudadanos, expuestos al pernicioso contacto con la libertad.
Por eso el ministro que ha puesto en marcha un aparato conspirativo que vive en las cloacas y, desde ellas, tira de los pies de quienes se sienten libres y ejercen su libertad, para arrastrarlos a la sopa de falsedades y conspiraciones en que Fernández Díaz parece moverse como nadie.

martes, 28 de junio de 2016

CASTIGOS


No hay vuelta de hoja. Los ciudadanos españoles han castigado con su voto o con su abstención a quienes desperdiciaron hace cinco meses la oportunidad de constituir un gobierno capaz de impulsar el cambio que este país, mejor dicho, la gente de este país, necesitan para vivir con dignidad, tanto como el aire que respira.
El cambio que reclamaba Pedro Sánchez en su campaña lo tuvo en su mano, ese cambio del SÍ que pedía, a gritos a veces, lo tuvo en su mano y prefirió decirle NO, porque él o sus padrinos  tuvieron miedo de emprenderlo con quien podían y prefirieron esconderse tras el escudo naranja que puso a su disposición Albert Rivera, con la esperanza de ser el lazo de esa "gran coalición" tan querida por las grandes corporaciones y por el estómago neo liberal de la UE que lleva tantos años comiéndose la merienda de los trabajadores y las clases medias de Europa.
Lo tocamos con la punta de los dedos, pero les dio miedo. Les dio miedo tener que ponerse manos a la obra para corregir tantas injusticias como se han "perpetrado" en este país desde que, va ya para cinco años, el Partido Popular tomó, por un ataque de cuernos de los españoles, las riendas de este país. Lo tuvimos en la pinta de los dedos y el PSOE tampoco Podemos tuvo la grandeza de compartir el nuevo diseño de este país con una fuerza emergente que sorprendió a propios y extraños tiñendo de morado una gran parte del hemiciclo del Congreso.
Pero tampoco tuvo Podemos la grandeza o la cintura necesarias para borrar sus "líneas rojas" o para no traspasar las de los otros, haciendo gala de una intransigencia que frustró el sueño de tantos con la vana esperanza, así se acaba de demostrar, de crecer y crecer hasta sobrepasar a los socialistas y así forzar un gobierno con su presidencia. Una intransigencia, la suya, que sumada a la de Ciudadanos conllevó el bloqueo a un pacto imposible, en el que los socialistas mostraron a las claras su cara más conservadora, que la tienen, y el peso que, también en el PSOE, tienen las grandes corporaciones.
Todos, en mayor o menor medida, han recibido su castigo en las urnas. Así, el PSOE de Sánchez ha abierto más la herida por la que se desangra, perdiendo cinco escaños más, a pesar de que mejora sus resultados en algunas provincias. Ha perdido Albert Rivera que se ha dejado casi la cuarta parte de sus diputados en esta "segunda vuelta" de aquellas elecciones de diciembre y ha perdido, sobre todo y a pesar de mantener sus escaños, la coalición Unidos Podemos que, a pesar de conservar el mismo número de escaños, se ha dejado un millón de votos en la "aventura".
Todos han perdido. Todos han tenido el merecido castigo a sus pecados en las urnas. Todos, menos el PP que, siguiendo la pauta de conducta de su líder, el inmutable Rajoy, ha recibido más de una veintena de diputados como premio a su inmovilidad, como las arañas, los reptiles y los pulpos reciben el premio de su presa tras horas de permanecer inmóviles en su rama, en su cueva o pagados al fondo, aguantando casi la respiración hasta que tienen a su víctima a su alcance y lanzan sobre ella su lengua pegajosa o envenenada, su aguijón o sus tentáculos.
El PP ha sido el único partido que no ha sido castigado en las urnas. Más bien al contrario. Por eso, tenemos que confiar en que su castigo sea de otra índole, por ejemplo, el castigo judicial a todos sus "crímenes", que son muchos y muy variados. Crímenes de corrupción, crímenes electorales o esos otros crímenes de Estado, los más odiosos, en los que pone a su servicio las fuerzas policiales o las de la Justicia a su servicio.
Un castigo merecido, en el que la prensa debiera jugar un papel primordial, aunque, después de escuchar al ministro Fernández Díaz y el indeseable director de la Oficina Anti Corrupción de Cataluña, pasando revista a sus huestes periodísticas, a uno se le desvanezcan las esperanza. Todos hemos sido castigados, nosotros también, porque hasta que no aprendamos que, por un escaño, la derecha moviliza asilos y conventos, y que, con la abstención, los primeros castigados somos nosotros, no habrá nada que hacer.

lunes, 27 de junio de 2016

EINSTEIN, BREXIT, MIEDO Y UNAS GOTAS DE EGOÍSMO


Escuchaba hace dos días al siempre genial escritor gallego Juan Tallón relatar cómo le tocó sufrir el asalto de una empleada de su banco empeñada en venderle un crédito, un asunto que Tallón calificaba de "atraco por el procedimiento de llenarte de dinero los bolsillos". Magnífica definición que nadie que haya recibido y tenido que pagar un préstamo podría desmentir. Pues bien, nada más parecido a lo que ha hecho la prensa con Unidos Podemos, poniendo una diana sobre la coalición, con todas esas embriagadoras encuestas que predecían su fácil triunfo sobre el PSOE. Eso que imprudentemente hemos llamado "sorpasso", sin caer en la cuenta de que tal palabreja está maldita, porque, como dice mi amigo Orentino, el sorpasso siempre desemboca en un triunfo de la derecha.
Es aquí, en lo que tiene que ver con las encuestas, donde, a mi juicio, entra en juego la teoría de la relatividad de Einstein, el genio que nos enseñó que nada está quieto y que todo está en relación con la posición cambiante del observador. Porque eso es lo que ha pasado con las encuestas que dejan de tener valor en cuanto son conocidas por el observador que, ante ellas, cambia de posición y, por tanto, las altera. 
Esa es, yo creo, una de las claves. Tanta encuesta prediciendo el "subidón" de Unidos Podemos tuvo como consecuencia la llamada "a rebato" de PP y PSOE que movilizaron todos sus recursos y a todos sus fieles contra "el populismo extremista" de Podemos y sus nuevos aliados, los viejos comunistas que, de ese modo y con el odio eterno contra ellos, jurado de antemano por Ciudadanos, convirtió a la coalición en objetivo único de los demás, dolorosamente incluido el de los "compañeros" socialistas.
Una vez descontado el daño que las encuestas triunfalistas han podido hacer a Unidos Podemos, hay que tener en cuanta otro importante factor que no es otro que el terremoto mediático provocado por el Brexit, del que en las cuarenta y ocho horas previas a la jornada del domingo se hicieron sólo lecturas más que interesadas, atribuyéndoselo al extremismo populista y señalando, sin decirlo, también a Unidos Podemos, dando a entender que, con ellos en el poder, no sería descartable que España saliese de la Unión Europea. Pero, además, todo el tiempo y el espacio dedicado al Brexit se restó del que era lógico esperar que se dedicase a un último día de campaña y aun escándalo, el de la conspiración del ministro Fernández Díaz contra los independentistas catalanes, a mi modo de ver, junto con el de los vínculos del GAL con los gobiernos de Felipe González, el más grave atribuido a un gobernante en la reciente democracia española.
El Brexit barrió de los titulares y de las primeras cualquier alusión a tan sucio asunto. También a los nuevos casos de corrupción en Valencia, como trece millones destinados por los gobiernos populares de Valencia a torneos de golf conectados con la trama Púnica. El Brexit y la tormenta desatada en las bolsas de medio mundo enterraron y bien enterrados uno y otro asunto, sacándolos de un debate electoral, prácticamente desaparecido.
Estoy seguro de que muchos españoles fueron a votar asustados por las consecuencias, reales o sólo presentidas, que, en su puesto de trabajo o en sus ya castigadas inversiones en Bolsa, un triunfo de la izquierda progresista, un miedo alimentado por el desplome del IBEX 35 el mismo viernes, un miedo aderezado, como casi todos los miedos, por unas gotas de egoísmo, que llevó a muchos votantes a correr su voto a la derecha y a cerrar filas a los más asustados con el dontancredismo de Rajoy, borrando la sonrisa del rostro de Rivera y a muchos hipotéticos votantes de Podemos a refugiarse en el "valor seguro" de Pedro Sánchez quién otra cosa no tendrá, pero suerte tiene para dar y regalar.
No ha sido sólo una la causa de los decepcionantes, al menos lo son para mí, resultados de ayer. Creo que ha sido una fatal conjunción planetaria, del tamaño de aquella que anunciara Leire Pajín, la que guio la mano de muchos votantes y dejó a otros en casa o en la playa o la piscina. Han sido varias, ha sido la relatividad de las encuestas, ha sido el sobresalto del Brexit, ha sido el miedo a lo bueno que nos queda por conocer, hartos ya de o malo que conocemos, ha sido también el miedo egoísta a que lo invertido en bolsa se esfume, un medo que el parqué ya ha conjurado. Ayer vi muchas monjas en mi colegio electoral, monjas que no veo por la calle, vi también muchos ancianos que a duras puenas pueden moverse o saber quienes son. La ley les permite votar y no me quejo, pero ahora, sólo espero que alguien diga, como dijeron a propósito del Brexit que los viejos les han robaron ayer el futuro a nuestros jóvenes, especialmente a los que están en el extranjero y, una vez más, les han robado el voto.

viernes, 24 de junio de 2016

EL BREXIT COMO OPORTUNIDAD

Es difícil aún, a estas alturas, explicar, explicarse, los pros y los contras. las consecuencias, de la decisión tomada ayer por la mayoría de los ciudadanos británicos respecto a la permanencia de su país en la Unión Europea. Es difícil, entre otras cosas, porque, quedarse en argumentos como el populismo o el egoísmo o, simplemente, la Historia, es demasiado fácil. No puede ser que tantos millones de ciudadanos de la Europa más rancia se hayan equivocado y, aunque así fuese, debería prevalecer la máxima que dice que, en caso de duda, que prevalezca la democracia.
La única consecuencia que así, a vuelapluma, soy capaz de extraer es la de que quienes toman las decisiones viven, por desgracia, de espaldas a la gente. Tanto es así, que quienes detentan el poder a uno y otro lado del Canal de la Mancha no han sido capaces de prever lo que finalmente ha ocurrido.
Creo que es difícil e hipócrita atribuir el triunfo del Brexit a la xenofobia en un país tan multirracial y multicultural como el Reino Unido, que heredó del viejo Imperio Británico la Commonwealth, con sus ciudadanos y sus derechos reconocidos en la metrópoli.
Es más lógico pensar que los británicos estén cansados de que la inmigración, especialmente del Este de Europa, disparada con las sucesivas ampliaciones de la UE. haya supuesto una enorme merma en derechos y salarios del mercado laboral. Me da la impresión de que nos detenemos en exceso en las anécdotas chuscas, como la rebeldía ante la regulación del tamaño de los plátanos establecida por los burócratas de Bruselas, y nos olvidamos de otras muchas decisiones que afectan y cómo a nuestras vidas que, sin embargo, a menudo pasamos por alto.
Los británicos, que lo han sido todo en el mundo hasta hace poco, conservan un orgullo nacional que no es difícil despertar y que, además, es fácil de ofender y se les ha ofendido, como se ha ofendido a los griegos, a los portugueses y a tantos y tantos europeos, incluidos nosotros. Y, si los británicos, en su mayoría privilegiados respecto a otros europeos, han dicho no a la Unión Europea, habría que ir pensando en qué diríamos hoy nosotros ante una pregunta similar. No hay que ser un lince para ver que, en un referéndum similar, la respuesta hoy que Europa se ha convertido en una madrastra, no sería tan favorable como cuando Europa era una novia.
Es curiosa la apelación que se hizo al sentido común de los británicos mientras se esperaba su no al Brexit y cómo no se hace otro tanto ahora que han dicho no. El Brexit sólo ha fracasado en Londres, Irlanda del Norte y Escocia. Cualquiera que quiera verlo se dará cuenta de que quienes han dicho no a Europa han sido los trabajadores británicos, los habitantes de las zonas industriales, cada vez más desprotegidos ante las decisiones arbitrarias que se toman en los pulcros despachos de Bruselas y que, por contra, el sí se ha dado en las zonas que viven del comercio y del turismo europeos. 
Creo que el Brexit va a ser bueno, si las cosas se hacen como se deben hacer, va a ser bueno para que la Europa fosilizada, la que sólo vela por los intereses de sus grandes corporaciones, la Europa cruel, incapaz de percibir el sufrimiento de sus ciudadanos más humildes, la que nos da un pasaporte y poco más, a cambio de las riendas de nuestro destino, la Europa que ya no es la que soñamos, retome el control de su destino y vuelva a ser la Europa del Estado del Bienestar.
Creo también que, como en tantos otros asuntos, no se nos ha dicho toda la verdad y que, incluso en plana campaña electoral, la mayoría de los partidos políticos han preferido no "mentar a la bicha" y pasar de puntillas sobre el Brexit, cruzando los dedos a la espera de que la tormenta pasara. Pero la realidad y el deseo son cosas bien distintas y la realidad se ha impuesto, abriendo un descosido en el disfraz de eficiencia de eso que llamamos Europa, un descosido por el que se ve su feo culo.
No debemos olvidar que, si los trabajadores han dicho no a Europa y sí al Brexit, no es porque, de la noche a la mañana, se hayan vuelto nazis. Creo que, más bien, los trabajadores se han cansado de que los partidos tradicionales, incluidos los que se dicen socialdemócratas les den la espalda. Creo que lo único inteligente es hacer de la necesidad virtud y aprovechar este momento para transformar una manera de hacer política, de la que la Europa que han rechazado los británicos es una de las peores consecuencias. Es la gran oportunidad para que "nuestros hombres en Bruselas" cambien y, si no, para que abramos los ojos y seamos nosotros los que los cambiemos. 
Por eso y en contra de lo que muchos piensan, el sí al Brexit es nuestra gran oportunidad.

jueves, 23 de junio de 2016

EL CATÁLOGO


Entre las muchas sorpresas que nos ha dejado esta campaña, vídeos, chistes, canciones o debates, hay una que lo ha vuelto todo del revés, algo que, como a esos abrigos de los abuelos en el pueblo a los que se les ha dado demasiado la vuelta y ya no aguantan una compostura más, ha dejado en evidencia toda la podredumbre del sistema, en especial la de un partido, el PP, que encarna a un tiempo los peores vicios de esta democracia y del antiguo régimen.
Ese nuevo elemento que ha aparecido en la campaña es un catálogo y no es el que al modo IKEA ha editado Podemos para explicar su programa y los costes de sus promesas. No, el catálogo es el que se contiene en la bomba informativa difundida por el diario Público con la publicación de las obscenas conversaciones de ese buey de la política que es el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, con el magistrado director de la Oficina Antifraude del Parlament de Cataluña, pendiente ya de un cese, que muchos reclamamos también para el ministro.
El que se revela en tan descabelladas conversaciones es un catálogo de las peores marrullerías que se puedan imaginar en la actividad política, más propia de sopranos o corleones que de un ministro y un magistrado de un país que, se supone, vive en democracia desde hace cuatro décadas, un desplegable con los tejes y manejes de que es capaz un gobernante para embarrar hasta la náusea la imagen de sus adversarios políticos.
Entre la panoplia de triquiñuelas desplegada por uno y otro está la apelación hecha, creo recordar que por el magistrado, al grupo Planeta, con medios en prensa, radio y televisión, entre ellos Antena 3 o La Razón, hasta la "gestión" ante la Fiscalía para que "afine" algunos de los asuntos tratados en las conversaciones, ignorantes de que estaban siendo grabadas, vete a saber cómo en tan siniestro despacho. Eso y las prisas indisimuladas del ministro para que algo que puede tardar tres semanas en desarrollarse esté listo para ya porque "es un torpedo bajo la línea de flotación del investigado". Un despliegue de medios por tierra, mar y aire, más que consentido, promovido y provocado por el ministro que, es público y notorio, no duda en poner al servicio de su partido o de su causa medios que el Estado ha puesto a su disposición para la defensa de la ley, que al parecer le importa un bledo, y de los ciudadanos que le importan otro tanto.
Probablemente contaminado por el conocimiento de los arrebatos místicos del ministro que presume de aparcacoches celestial, me lo imagino vestido de cruzado, sucio y sudoroso, conduciendo a la batalla contra el infiel catalán a sus huestes policiales, auxiliado por el magistrado felón que, muy a sabiendas de lo que se juega, le entrega los planos de la fortaleza independentista, señalándole sus pasadizos y puntos flacos.
Lo que no hay que olvidar bajo ningún concepto es que el cruzado Fernández Díaz no ha dado pie con bola en ninguna de sus incursiones en terreno enemigo, porque, por hache o por be, cada campaña que emprenden él o su "policía patriótica" acaba en desastrosas derrotas que, como siempre, acabamos pagando los de a pie, los de abajo. Tampoco hay que olvidar que el ministro buey, siempre dispuesto a embestir, más con su peso que con su cabeza, tiene un pastor para y por el que se mueve. Y ese ministro que, como siempre, se ha enrocado ante la tratada de su ministro y amigo, limitándose a negarlo todo, quién sabe si "salvo alguna cosa", y a esperar que llegue la noche del domingo, en la certeza "mariana" de que el tiempo todo lo cura y sus votantes todo lo perdonan.
A estas alturas y aún estupefacto por haber tenido que escuchar en sus voces lo que siempre había sospechado, mi única esperanza es que quienes como yo lo han escuchado no den su voto a quien se sirve de estas marrullerías, que ninguno de los partidos que ayer se sintieron escandalizados den su apoyo al partidos de Rajoy y Fernández Díaz, por más que se vuelva del revés o se abra en canal y que, claro, el gobierno que se forme tras los necesarios acuerdos tenga bien presente el catálogo de suciedades, el mapa de las cloacas del Estado, desplegado por el ministro para estar vigilantes e impedir que vuelvan a repetirse tamañas aberraciones.

miércoles, 22 de junio de 2016

EL MINISTRO MÁS INDIGNO


Cuentan, el mismo lo cuenta, que, como Saulo en el camino de Damasco, Jorge Fernández Díaz, el más indigno de los ministros del Interior que en España han sido, tuvo, durante un viaje a Las Vegas, una iluminación que, según él,  le devolvió a la fe, aunque, visto lo visto, me inclino a pensar que quienes realmente se le aparecieron fueron los fantasmas de Sam "Ace" Rothstein o Nicky Santoro, los personajes que interpretan Robert de Niro y Joe Pesci en la película "Casino", porque, a la vista de sus métodos, está más cerca de los mafiosos de Scorsese que de la del apóstol de los gentiles.
La conversación grabada hace dos años, a saber cómo y por quién en el despacho del ministro, entre el propio Jorge Fernández Díaz y Daniel de Alfonso, responsable de la Oficina Anti Corrupción de Cataluña, se parece mucho a aquella otra grabada a Esperanza Aguirre y su entonces mano derecha, hoy repudiado y en la cárcel, Francisco Granados, en un acto público, cuando pensaban que los micrófonos estaban cerrados, en la que la entonces todopoderosa presidenta madrileña preguntaba a su Joe Pesci que tenían contra aquel al que se referían como "hijoputa" y que muy probablemente no era otro que su entonces rival Alberto Ruiz Gallardón.
Lo uno y lo otro, la incitación del ministro a quien debe velar por la honradez de los cargos públicos en Cataluña para buscar trapos sucios en los asuntos privados o públicos de los políticos catalanes y sus familias y el servicio de espionaje montado por Granados contra sus compañeros de partido y de gobierno, son expresiones de una de las más degradadas y degradantes expresiones de la política, la llamada política, o guerra, de dosieres, un modo de hacer política, el de mirar en la basura y el cesto de la ropa sucia de adversarios o amigos, no para llevar lo encontrado ante un juez, sino para dárselo a un periodista de confianza o, en ocasiones, dejándolo a buen recaudo, restregárselo por las narices al adversario que, ante la amenaza de hacerlo público, se vuelve dócil como un perrillo.
De eso se trata, de rastrear las cloacas no para limpiarles de suciedad para que corra por ellas el agua clara que todo lo limpia, sino para encontrar esas "joyitas" que luego se regalan, sin decir su origen, claro, o se venden al peso a amigos circunstanciales y periodistas "de cabecera". Formas de hacer política y de hacer periodismo de las que hemos tenido sobrados ejemplos durante los últimos años y ejemplos de políticos y periodistas, se me ocurren unos cuantos, que ensucian una y otra actividad, porque, no hay que olvidarlo, los periodistas y los medios que "aceptan" dosieres también suelen estar dispuestos a frenar y desmentir la difusión de informaciones que perjudiquen a sus fuentes.
Esto es tan sucio como parece, pero volvamos a nuestro ministro, todo un ejemplo del uso partidista de los medios que el Estado, los ciudadanos, hemos puesto en sus manos. dispuesto siempre a poner en manos del Inda de turno dosieres sobre la financiación de Podemos o sobre los líderes del proceso para la independencia de Cataluña a quienes, unas veces con verdades y otras con insidias tratan de desactivar, embarrando su nombre y su trayectoria ante sus electores.
La conversación del ministro con un cargo nombrado por el Parlament de Cataluña, señalándole los objetivos, valorando sus pesquisas y dándole poco menos que instrucciones para seguir buscando, es, cuando menos, espeluznante. Pensar que el mismo ministro que condecora imágenes de la virgen en cualquiera de sus representaciones, el que condecora una y otra vez a quienes apalean a inmigrantes en las vallas de Ceuta y Melilla, para devolverlos magullados y a veces inconscientes a los gendarmes marroquíes, el que manda a los antidisturbios contra quienes protestaron pacíficamente en las calles, el que recibe en su despacho a corruptos como Rato, es el personaje que dice en las grabaciones que ayer difundió Público y que todos hemos podido escuchar que "quien tú ya sabes", o sea Rajoy, está al corriente, es para echarse a temblar.
Jorge Fernández Díaz es, como digo, el ministro más indigno que ha pasado por Interior. Pero Rajoy, que ha tenido innumerables oportunidades de cesarle y no lo ha hecho, y quienes el domingo voten al candidato Fernández Díaz, que se vuelve a presentar, son tan indignos como él.

martes, 21 de junio de 2016

SU MIEDO, NUESTRA ILUSIÓN


¿Quién dijo miedo? Yo lo digo. Yo digo que tienen miedo. Miedo a soltar de entre sus manos a este país al que desde hace ya demasiados años tienen cogido por el cuello Miedo a que, en esa Bruselas que ha dejado de ser sueño para volverse pesadilla, cada vez sea más difícil imponer normas que sólo benefician a unos pocos a costa de todos los muchos que vivimos al sur de sus designios. Tienen miedo a que su pensamiento deje de ser ley y haya que discutirlo entre todos, en lugar de imponerlo desde sus injustas mayorías.
Tienen miedo. Pero no sólo es el PP quien lo tiene., No cabe duda de que, puesto que, si realmente hay un cambio a partir del domingo son ellos los que más tienen perder, son Rajoy y sus maquinarias, como sanguijuelas, de llevarse, ellos y sus amigos, la parte del león de nuestros impuestos y, con ella, nuestros sueños y nuestras aspiraciones de vivir en un mundo más igual y más justo. Tiene miedo el PP, ya viejo y conocido, y lo tiene Ciudadanos, el bastón con que disimular esa evidente cojera que le han dejado tantos años de vicios al caminar, y lo tiene también el PSOE que, desde que González se negó a asumir, en 1996, aquella gran derrota del que fuera el partido del cambio y que, en justicia, era a él a quien realmente le correspondía.
El miedo del PSOE es un miedo distinto. es miedo a dejar de ser en España la única izquierda capaz de gobernar. es el miedo a perder su posición hegemónica, a que la suya sea la única imagen externa de esa izquierda. Miedo a perder el poder que da que te perciban como la única fuerza capaz de mediar entre el poder y las clases populares, un grave error que ya está pagando Pedro Sánchez, porque creerse tal cosa supone ignorar que el poder reside en el pueblo -o la ciudadanía, como queráis- t eso, como estáis viendo, se paga.
Una sabia sentencia dice que no se puede pretender tener razón sólo por haberla tenido. Y ese es el gran problema del PSOE que se le paró el reloj de la autocrítica en tiempos en los que el balance de su gestión, viniendo de donde veníamos, sólo podía ser positivo. Ese y, además del de no haberse empeñado en perseguir en sus filas la limpieza y la honradez que predicaba, el de haberse alejado de la calle, de la gente de verdad, lo que le condujo a no entender en su momento las voces que llegaban de ella, voces que cristalizaron en el 15-M.
Unos y otros se olvidaron de la gente, demasiado preocupados por "su" gente y, por eso, estamos donde estamos, unos y otros. Los unos sufriendo, atemorizados por el suelo que cede bajo sus pies, y los otros, nosotros, deseando que llegue la noche del domingo para ver en que quedan tanto miedo y tanta ilusión juntos. Será interesante ser testigo de esas horas, ver hasta dónde llegan uno y otra, ver en qué queda esta confrontación, esta operación matemática en la que no hay resto posible, porque su miedo es nuestra ilusión, su miedo a que se acaben sus "chollos" es nuestra ilusión por que todo cambie. Un miedo y una ilusión que ya son difíciles de ocultar.