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lunes, 4 de julio de 2016

¿QUIÉN DIJO QUE SERÍA FÁCIL?


Los psicólogos saben de sobra que los individuos acostumbrados al éxito y la recompensa fáciles soportan mal la frustración y el fracaso, que acaban produciéndole ansiedad. Pues bien, no parece ser otra cosa lo que está sucediendo dentro de Podemos, en cuya dirección, el sorprendente fracaso en las urnas, al menos según lo que auguraba las encuestas, de su alianza con la Unidad Popular de Garzón, está generando demasiada ansiedad. Tanta, que parece que para Iglesias y sus compañeros la política sea una especie de videojuego en el que hay que pasar pantalla lo antes posible y como sea, porque, si no, la consola te devuelve a la salida con una música burlona de fondo.
Pese a lo que pueda parecer, sigo creyendo que, si no la mejor propuesta para el futuro de este país, si no la mejor actitud, en Podemos y sus aliados está el impulso transformador que sólo da la distancia con los poderes establecidos y que es imprescindible para sacarnos de este oscuro callejón en que nos han metido para que unos pocos, los de siempre, nos quiten lo que tanto sudor y tanta sangre nos costó conseguir.
Unidos Podemos, también el PSOE, deben entender que es el momento de dejar pasar a Rajoy, para que gobierne en minoría. Habrá llegado entonces el momento de dejar al PP cocerse en sus propias contradicciones y hacer una verdadera y eficaz oposición, la que, desde hace ya tantos años, están necesitando este país y sus instituciones. Va a ser difícil, sobre todo para algunos, renunciar a todos esos privilegios de tantos años, remangarse y patear las calles y los barrios, sin cámaras y sin figuración, para tomarle el pulso a este país, conocer sus necesidades y sus frustraciones y llevarlas al Parlamento.
Sólo así, la política volverá a ser cosa de todos, solo así esa gente dejará de quedarse en casa los días de elecciones, porque empezará a creer que no todos los políticos son iguales y que la política es cosa de todos. Sólo así, los políticos empezarán a entender que a la política se va a servir y no a defender privilegios o a hacer negocios. Sólo así, algunos volveremos a sentir aquel entusiasmo que sentimos en los primeros años de la democracia. Sólo así, podremos forzar a que el Parlamento y el gobierno cumplan con su función y nos protejan de eso que llamamos Europa o Bruselas y que en realidad no es otra cosa que la sublimación de esa gran coalición que, a cambio de unos cuantos sillones en la Comisión, lleva años recortando recursos y derecho a los ciudadanos.
Lo que toca ahora es dejar de lado el maquiavelismo de los pactos y ponerse a trabajar. Lo que queda es dejar de lado el tacticismo y comenzar a llamar de una vez a las cosas por su nombre. lo que queda es que Podemos deje de ver al PSOE como enemigo y que el PSOE vuelva a mirarse en su verdadera alma, dejándose de veleidades "patrióticas", dejando de dejarse, valga la redundancia, arrastrar por la estrategia del PP, porque la verdadera patria son los hombres que la forman, dejando de pintar líneas y muros donde sólo debería haber puentes.
Lo que toca es solucionar el problema del paro endémico que nos lastra, lo que toca es plantar las bases para que Cataluña y Euskadi dejen de ser un problema, lo que toca es dejar de utilizar el futuro de ambos territorios como arma electoral con la que desactivar al rival. Lo que toca es ponerse a trabajar de verdad y todos contra el verdadero enemigo de las clases populares. Lo que toca es hacer pedagogía y no demagogia, lo que toca es ser valiente y decir las verdades, aunque duelan, lo que toca es obrar por principios y no por intereses, por muy generosos que consideremos esos principios,
Lo que toca es trabajar y ganarse el sueldo, el iPhone, el iPad, los viajes y las dietas, lo que toca es penar más en los otros y en el bien común que en el propio o el del partido, o que toca es congraciarse otra vez con la gente... y quién dijo que sería fácil.

martes, 28 de junio de 2016

CASTIGOS


No hay vuelta de hoja. Los ciudadanos españoles han castigado con su voto o con su abstención a quienes desperdiciaron hace cinco meses la oportunidad de constituir un gobierno capaz de impulsar el cambio que este país, mejor dicho, la gente de este país, necesitan para vivir con dignidad, tanto como el aire que respira.
El cambio que reclamaba Pedro Sánchez en su campaña lo tuvo en su mano, ese cambio del SÍ que pedía, a gritos a veces, lo tuvo en su mano y prefirió decirle NO, porque él o sus padrinos  tuvieron miedo de emprenderlo con quien podían y prefirieron esconderse tras el escudo naranja que puso a su disposición Albert Rivera, con la esperanza de ser el lazo de esa "gran coalición" tan querida por las grandes corporaciones y por el estómago neo liberal de la UE que lleva tantos años comiéndose la merienda de los trabajadores y las clases medias de Europa.
Lo tocamos con la punta de los dedos, pero les dio miedo. Les dio miedo tener que ponerse manos a la obra para corregir tantas injusticias como se han "perpetrado" en este país desde que, va ya para cinco años, el Partido Popular tomó, por un ataque de cuernos de los españoles, las riendas de este país. Lo tuvimos en la pinta de los dedos y el PSOE tampoco Podemos tuvo la grandeza de compartir el nuevo diseño de este país con una fuerza emergente que sorprendió a propios y extraños tiñendo de morado una gran parte del hemiciclo del Congreso.
Pero tampoco tuvo Podemos la grandeza o la cintura necesarias para borrar sus "líneas rojas" o para no traspasar las de los otros, haciendo gala de una intransigencia que frustró el sueño de tantos con la vana esperanza, así se acaba de demostrar, de crecer y crecer hasta sobrepasar a los socialistas y así forzar un gobierno con su presidencia. Una intransigencia, la suya, que sumada a la de Ciudadanos conllevó el bloqueo a un pacto imposible, en el que los socialistas mostraron a las claras su cara más conservadora, que la tienen, y el peso que, también en el PSOE, tienen las grandes corporaciones.
Todos, en mayor o menor medida, han recibido su castigo en las urnas. Así, el PSOE de Sánchez ha abierto más la herida por la que se desangra, perdiendo cinco escaños más, a pesar de que mejora sus resultados en algunas provincias. Ha perdido Albert Rivera que se ha dejado casi la cuarta parte de sus diputados en esta "segunda vuelta" de aquellas elecciones de diciembre y ha perdido, sobre todo y a pesar de mantener sus escaños, la coalición Unidos Podemos que, a pesar de conservar el mismo número de escaños, se ha dejado un millón de votos en la "aventura".
Todos han perdido. Todos han tenido el merecido castigo a sus pecados en las urnas. Todos, menos el PP que, siguiendo la pauta de conducta de su líder, el inmutable Rajoy, ha recibido más de una veintena de diputados como premio a su inmovilidad, como las arañas, los reptiles y los pulpos reciben el premio de su presa tras horas de permanecer inmóviles en su rama, en su cueva o pagados al fondo, aguantando casi la respiración hasta que tienen a su víctima a su alcance y lanzan sobre ella su lengua pegajosa o envenenada, su aguijón o sus tentáculos.
El PP ha sido el único partido que no ha sido castigado en las urnas. Más bien al contrario. Por eso, tenemos que confiar en que su castigo sea de otra índole, por ejemplo, el castigo judicial a todos sus "crímenes", que son muchos y muy variados. Crímenes de corrupción, crímenes electorales o esos otros crímenes de Estado, los más odiosos, en los que pone a su servicio las fuerzas policiales o las de la Justicia a su servicio.
Un castigo merecido, en el que la prensa debiera jugar un papel primordial, aunque, después de escuchar al ministro Fernández Díaz y el indeseable director de la Oficina Anti Corrupción de Cataluña, pasando revista a sus huestes periodísticas, a uno se le desvanezcan las esperanza. Todos hemos sido castigados, nosotros también, porque hasta que no aprendamos que, por un escaño, la derecha moviliza asilos y conventos, y que, con la abstención, los primeros castigados somos nosotros, no habrá nada que hacer.

lunes, 11 de abril de 2016

¿QUÉ HAN HECHO CON NUESTROS VOTOS?


Nos llamaron a las urnas hace casi cinco meses y obedientes e ilusionados fuimos a ellas para dejar en ellas, impresa en un papel, la que creíamos mejor solución para nuestros problemas que son y no deberían ser otra cosa, los de la nación. Acudimos a las urnas cansados de que el gobierno que formó Rajoy con la mayoría absoluta que le habían dado once millones d españoles egoístas y ansiosos por tomar venganza de quien creían culpable absoluto de sus desgracias. Acudimos tristes y resignados y comprobamos que teníamos razón para ello, porque quienes, en lugar del "sálvese sólo quien, como yo, pueda", queríamos soluciones para todos nos quedamos sin nadie que nos defendiera. Nadie o casi nadie.
Habíamos padecido una legislatura injusta y dura, en la que las tijeras del recorte hicieron presa en los más débiles, en quienes apenas tenían instrumentos para defenderse, con los socialistas del PSOE inanes, no sé si por cansancio, por vergüenza o porque, de alguna manera, como aquel vil Joaquín Almunia que, bien acomodado en Bruselas, tuvo la desvergüenza de culpar a los preferentistas de la estafa que les había dejado sin ahorros, porque, dijo, deberán haber sabido que corrían un riesgo, Quizá por eso o quizá porque después de tantos años pisando moqueta y tocando maderas nobles ya no recordaban la frialdad del terrazo o la vulgaridad de la formica. Lo cierto es que taparon sus ojos, sus oídos y sus narices, para no ver ni oír ni, mucho menos oler el dolor, la injusticia y la miseria que el PP estaba sembrando entre los más humildes.
Yo les había votado y he de reconocer que quise creerles que, pastoreado por la prensa de orden, la que liquidó a la mitad de su plantilla después de hundir su cabecera, llegué a justificar esa pasividad, ese desapego de los problemas de todos. Pero, ensoberbecidos como estaban, no supieron ver lo que se avecinaba. Lo tuve claro aquella noche en que una gran marcha aisló el Congreso. Decenas de miles de ciudadanos, controlados a duras penas por los antidisturbios que se hicieron tan habituales como los leones que guardan sus puertas y los diputados socialistas en lugar, no ya de sumarse a quienes daban testimonio del dolor y la rabia de una sociedad abatida y despojada, sino de salir a la calle para saber de qué iba la protesta, prefirieron indignarse y salir de allí vergonzosamente escoltados por la misma policía que golpeaba a sus votantes.
Fue entonces cuando lo vi claro. Fue entonces cuando supe que el PSOE ya no tenía nada que ver conmigo y mis problemas. Fue entonces cuando crucé el punto de no retorno y decidí negarles mi voto para los restos. Llegó aquel veinte de noviembre y voté. Como muchos españoles cambié mi voto, lo llevé más a la izquierda o, simplemente, lo llevé a la izquierda, de donde nuca debí haberlo sacado. Y los resultados de aquella jornada, pese a que fueron injustos con la opción que yo voté, fueron esperanzadores, porque la suma, si no de la izquierda, sí del progreso, sumaban como para que este país tuviese el cambio que, tras cuatro años de dolor e injusticia, por fin se merecía.
Yo, como muchos, vi en Pedro Sánchez la argamasa con la que construir el muro que nos alejase del PP. Lo malo es que en esa argamasa había demasiada arena del saco de esos barones instalados en el egoísmo y la soberbia que, después de décadas gobernando en sus ínsulas baratarias, optan por su cómoda estabilidad junto al PP, frente a la ilusión y el cambio que venía desde su izquierda. Exceso de esa arena en el mortero que, al final, y antes de sustentar nada creíble se deshizo entre los dedos de quien no quiso ver que el único acuerdo posible lo era con la izquierda.
Ahora, si nada cambia en dos semanas, nos volverán a llamar a las urnas. Lo malo es para, cuando se nos llame otra vez a las urnas, se habrá quedado en el camino mucha de la rabia y la ilusión que hizo temblar a Rajoy. Lo malo es que muchos de quienes volvieron después de muchos años a las urnas o lo hicieron por primera vez se quedarán otra vez en casa y volveremos a lo de siempre, con palabras de arrepentimiento y propósito de la enmienda, eso sí, pero los de siempre, con su misma falta de sensibilidad, con su misma corrupción, con sus reformas laborales, con sus privatizaciones y sus saqueos, incluido el de la Seguridad Social, y, a mí, como a muchos otros, una pregunta nos rondará implacable: ¿Qué han hecho con nuestro voto?
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jueves, 24 de diciembre de 2015

¿DE QUÉ ESTAMOS HABLANDO?


La foto de Emilia Gutiérrez para LA VANGUARDIA lo dice todo. Nada que ver, nada que decirse, uno y otro. No sé qué hace Mariano Rajoy recibiendo a Pedro Sánchez, tan pronto y sin hacer los deberes, y a todos los demás después ¿Acaso está ejerciendo de rey? ¿Acaso la confusión que tienen en el PP entre la Constitución y su conveniencia, que se evidencia cada vez que alguno de sus líderes abre la boca, les lleva a sumir papeles que no les corresponden?
Creo que no. Más bien apostaría porque todo esto forme parte de un calculado proceso de maceración de los votantes, especialmente los de izquierdas, que les lleve del entusiasmo por la derrota del autor de todos sus males a la resignación ante la presunta imposibilidad de desalojarle de La Moncloa ¿De qué estamos hablando? ¿Estamos jugando el juego que dictan "los mercados"? En cualquier otro país, quien pasa de pilotar el rodillo parlamentario a ser arrollado por las urnas, sin el consuelo, además, de apoyarse en la familia de la derecha, como le ha ocurrido a Rajoy, saldría escopeteado, no sólo de La Moncloa, sino de la presidencia de su propio partido. 
Sin embargo, aquí no. Aquí el personaje en cuestión anda en un "corta y pega" de conveniencias, con el apoyo explícito del ambicioso Rivera al que los dedos se le hacen huéspedes ante la posibilidad de tocar poder, diciendo digo donde dijo diego y tratando de forzar al PSOE, la otra pata de lo antiguo y corrupto que tanto odiaba, a apuntalar la a todas luces insuficiente mayoría que, él, está dispuesto a conseguir, con quienes hace un sólo cuarto de hora les despreciaban, la estabilidad tan ansiada por los mercados, la gran excusa del capital financiero (especulativo) y las grandes empresas, para continuar mangoneando en el futuro y lo poco que queda del bienestar de los españoles.
De qué estamos hablando, cuando, y yo me acuso de ello, estamos dejando a Pedro Sánchez cocerse en el jugo de su partido, mientras Rajoy, vive más o menos tranquilo en La Moncloa. Y, a todo esto, vamos cumpliendo las previsiones de los gurús del poder, que de momento es único, olvidando que, está vez, la victoria de la izquierda, emergente o no, nacional o nacionalista, ha sido indiscutible y plegándonos a las componendas que, para nosotros y nuestro futuro, han decidido los ambiciosos ejecutivos de las televisiones, los sesudos editorialistas de la prensa y algún que otro profeta de las ondas.
¿De qué estamos hablando, si España se ha retratado hace tan sólo cuatro días y ha salido en la foto peinada con la raya a la izquierda? ¿De qué estamos hablando? ¿Quizá de que cumplir la voluntad de los votantes no es del agrado de quienes llevan años saqueándoles, arrebatándoles sus viviendas, devaluando sus pensiones y sus salarios, deteriorando su sanidad y su educación y negándoles el futuro? Si es de eso de lo que hablamos, apaga y vámonos.
La situación no es muy distinta ni, mucho menos, peor que la que vivimos en 1982, con un PSOE triunfante y aún de izquierdas y un PCE, todavía muy influyente. No sólo fue posible el gobierno, sino que, además, abrió camino a una etapa de reformas, algunas buenas, otras dolorosas que dieron paso a una España distinta y mejor que aquella de la que veníamos. Ahora, cuando lo público ha sido borrado, prácticamente, del panorama, cuando lo sindicatos no se sabe qué defienden, cuando los medios de comunicación han dejado de estar en manos de periodistas, tratan de convencernos de que nuestro sueño, pese a haberlo conseguido, no es posible, ahora, precisamente ahora, tenemos que defenderlo con uñas y dientes, para no dejar que nos lo arrebaten, como nos han arrebatado casi todo lo demás. 
Quienes votamos a la izquierda, a las fuerzas de progreso, que dicen algunos, hemos ganado esta vez las elecciones. Entonces ¿de qué estamos hablando?


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miércoles, 23 de diciembre de 2015

HASTA AHÍ PODÍAMOS LLEGAR... O NO


Ver para creer o, como dicen en mi barrio, "para mear y no echar gota". Porque quién iba a decirnos, después de la abrupta campaña -o sólo sobreactuada, ya no lo sé- que acabaríamos hablando con tanta naturalidad y en tantos ámbitos de la posibilidad de que el PSOE permitiese un gobierno, otro más, del desgastado y corrupto PP, con el "no decente" Mariano Rajoy a la cabeza.
De acuerdo en que el rompecabezas que ha dejado Papá Noel a la política española es de muy difícil solución. De acuerdo con que, en Bruselas, en la CEOE, en algún que otro sindicato y en el Parnaso socialista, pagado de sí mismo y por las eléctricas y operadoras de telefonía, se vería con buenos ojos un acuerdo que permitiese mantener la caldera caliente, sin el bochorno de acudir por segunda vez a las urnas, ahora sin máscaras, para deshacer este aparente empate, en el que, por ahora, la única salida es un "contradiós! fruto del acuerdo entre enemigos -o sólo adversarios- irreconciliables hace apenas tres días .
De acuerdo en que la otra solución, la del acuerdo entre partidos de izquierda y nacionalistas sería más lógico. Sin embargo, la diversidad y el número de los concurrentes lo harían inestable, amén de que alguno de los posibles firmante se han empeñado, curioso empeño, en cargarse de hipotecas y rodearse de campos de minas que ahora le imposibilitan cualquier movimiento de acercamiento a quienes ahora le serían necesarios para formar gobierno.
Abrumados por las encuestas, demasiadas y demasiado seguidas, e influidos por el entusiasmo de unos y otros, no supimos o no quisimos ver que existía la posibilidad de estas absurdas tablas, en las que la suma de los votos de la izquierda supera con creces a la de la derecha y, sin embargo, los escaños conseguidos impiden la formación de un gobierno de ese color, por más que se agote la gama del rojo en él. Hipnotizados más por nuestros que advertidos por la realidad, confiamos, al menos ese sería mi caso, en que, de uno u otro modo, otro gobierno fuese posible.
Pero no. En este mundo dominado por la especulación y la inversión fácil, ninguna empresa estaría dispuesta a que sus negocios, sus comisiones, sus sobornos, se fiscalicen desde las instituciones. Por eso y nada más que por eso, están dispuestos a echar el resto en los medios que controlan y a mover los hilos de las marionetas que pagan para crear el estado de opinión que permita la alianza PP, PSOE y Ciudadanos, que permitiría gobernar a Rajoy tras las consiguientes abstenciones en la investidura.
Lo malo -y menos mal que es así- es que el PSOE es un partido en caída libre, con un líder al que le ocurre otro tanto, que sabe que, si traiciona a sus electores, después de un calvario de fracasos, podría ir de cabeza a un papel prácticamente residual, si no a su desaparición, Y menos mal que es así, menos mal que donde más larga ha sido la mano de Pedro Sánchez, el Madrid descafeinado que ha dejado, más grande ha sido el fracaso, porque, de no ser así, igual se atrevería.
En cualquier caso y ante este panorama, la mejor solución sería, creo, barajar y dar cartas de nuevo, ir a unas nuevas elecciones que desatasquen este panorama que, en cualquier caso, ha despertado el interés de los ciudadanos por la política. Otra cosa, especialmente la traición del PSOE a sus votantes, permitiendo que siga en el gobierno el partido de los recortes, el de la troglodita "ley Wert", el de los intentos de limitar el derecho de las mujeres a decidir sobre su embarazo, el de la justicia para unos pocos, el de la corrupción, el de los sobres, el de la insolente y faltona Esperanza Aguirre, sería más que indignante. Hasta ahí podíamos llegar, señor Sánchez. Pero uno ta anda curado de espantos. Y, si no, ahí van dos ejemplos, porque ver a Mas y los suyos desabrochándose los pantalones, a punto de bajárselos ante las CUP o a Mourinho otra vezo en el banquillo del Real Madrid me descoloca y, curándome en salud como el propio Rajoy se cura a menudo, tengo que matizar a la gallega la firmeza de mi afirmación y dejarla en "Hasta ahí podíamos llegar... o no".


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martes, 22 de diciembre de 2015

EL PERDEDOR


Nadie sabe a estas alturas quién es el ganador de estas elecciones. De hecho, el gobierno alemán ha verbalizado lo que todos pensamos al decir que no sabe a quién felicitar. Lo que, sin embargo está más que claro que hay un perdedor. No sé si el único, pero sí el más claro. Y ese perdedor, bien lo sabe él, no es otro que Pedro Sánchez.
Lo es y lo sabe, porque ha conseguido lo que hasta el domingo parecía imposible: quedar por debajo de los resultados de un desganado Rubalcaba que, en medio del ojo del huracán de la crisis, llevó al PSOE a sus peores resultados, a un suelo electoral que Pedro Sánchez ha perforado y con ganas el domingo.
Pero la desgracia del "apuesto" secretario general del PSOE no se queda a las puertas del partido, porque, dentro, sus "compañeros" han olido sangre y andan afilando cuchillos para hacerse con sus despojos, una vez que la gran ilusión de victoria que dudo que el mismo creyera, se ha desvanecido definitivamente y, por si fuera poco, sus compañeros le quieren en el altar del sacrificio, pero atado de pies y manos, imponiéndole unas condiciones que ellos mismos no han respetado.
Le imponen, como el ardoroso presidente extremeño, Fernández Vara, que no llegue a acuerdos con Podemos, a veces por haber apoyado la formación de Pablo Iglesias a Bildu, otras porque defiende el derecho de catalanes y vascos a ser preguntados sobre su deseo de pertenencia a España. Lo exigen y parecen querer olvidar y que olvidemos que ellos mismos han podido formar sus gobiernos apoyados por esa misma formación de la que ahora hacen anatema, Una postura que tiene mucho más que ver con la hipocresía que con la amnesia.
La verdad es que no envidio en absoluto  la situación de Sánchez, acosado por sus compañeros y por quienes, amigos y enemigos, desde  fuera del partido le exigen que, en aras de la gobernabilidad, que exigen los mercados y la troika, o como se llame ahora, franquee el paso a Mariano Rajoy para que pueda formar gobierno, el mismo Rajoy del que hace ocho días había dicho que no era decente para presidirlo. 
No le envidio y no sé lo que haría después de haber desbaratado el partido en Madrid, para cosechar con su nueva formación dos severas derrotas, primero en las municipales y autonómicas y, ahora, en las generales, desnaturalizando la representación del partido en el Congreso y dejando fuera a alguien como Eduardo Madina. No le envidio y sé que si alguien le ofreciese una ventana o una puerta, por las que desaparecer sin hacer ruido, las aceptaría sin pensárselo mucho.
Pobre Pedro Sánchez, marchitado antes de florecer, sometido a los parásitos y las malas hierbas de su propio jardín y azotado por los vientos de sus enemigos que pretenden inclinarle hacia su terreno, Pobre Sánchez, especialista en huidas hacia adelante, al que la única salida que le queda, si le dejan propios y extraños, es la de forzar unas nuevas elecciones en las que jugárselo todo a cara o cruz, haciendo bueno eso de "de perdidos al río", porque a este perdedor las cosas ya no le pueden ir peor.
Lo malo, otra razón para sentirse acorralado, es que Podemos está deseando esas nuevas elecciones, a las que las dos derechas se presentarían sin careta. En esa "segunda vuelta", probablemente los de Iglesias se "comerían" al PSOE y Ciudadanos, ya sin máscara, perdería todo el poder de  decisión que potencialmente tiene ahora. Pobre Sánchez, pobre perdedor.


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lunes, 21 de diciembre de 2015

¡MANOS A LA OBRA Y A MOJARSE!


Soy de los que, en día de elecciones, día también de Rastro, madruga para atender como debo a esas dos obligaciones de buen ciudadano madrileño. Ya temprano se notaba en el ambiente que algo iba a pasar, porque el movimiento, aunque fluido, era mayor que el habitual. También estaban las monjas de las grandes ocasiones. Todas con sus sobres en la mano ya desde la puerta, porque la derecha, ya se sabe, en eso, es muy organizada y reparte con eficacia su material en conventos y asilos.
Nos jugábamos mucho y parece que, al menos los madrileños, no defraudamos, porque tres de cada cuatro acudimos a las urnas. Otra cosa ha sido el resultado, porque este Madrid de mis pecados sigue siendo más de derechas de lo que parece, porque la ciudad alegre y confiada de los vinos y las cañas tiene, para mi gusto un alma demasiado conservadora y la prueba es que, aquí, se ha castigado más al PSOE, aunque razones hay para ello, que al propio partido en el gobierno.
Al margen de lo que no deja de ser una contemplación centrípeta del propio ombligo, lo único que ha quedado claro es que este país, Madrid es otra cosa, está más escorado a la izquierda de lo que se nos quiere hacer creer. También, que el márquetin no lo es todo y que un rostro Calvin Klein y dos o tres nombres sonoros no garantizan los votos, del mismo modo que el modelo del anuncio no garantiza que te vayas a perfumar con la colonia que te regalan.
En los últimos años, unos y otros, PP y PSOE, se han empeñado en ser el centro y se han comportado como si sus votantes lo fuesen. Todo un problema de identidad, porque, al PP, los votantes de centro se le han ido, como se escapa el agua de un cesto, hacia la nueva derecha de Albert Rivera, menos corrupta y menso ultramontana que los de Génova 13, siempre que no rasques la pintura externa, y, al PSOE, se le han ido los votantes en tropel, precisamente por haberse sentido seriamente traicionados a lo largo de todos estos años, especialmente en los últimos. Votantes que, en su mayoría, se han ido a Podemos, en busca de una izquierda que ojalá se haga operativa y no les traicione.
Lo que también resulta evidente es que, si finalmente se forma gobierno, su principal misión sería la de hacer muchos cambios y que esos cambios deberían llevar a una reforma constitucional, porque se la reforma de la ley electoral, la posibilidad de que los catalanes decidan su futuro o, quién sabe, la deseable desaparición del Senado, precisarían de una importante reforma constitucional.
Lo del Senado es evidente, porque no es posible que, a nuestra costa, se estén dando la buena vida toda una serie de senadores y senadoras, con sus sueldos, sus viajes y sus dietas, personajes, y pido perdón por el ejemplo, tan deleznables como la alcaldesa del caloret valenciano, mientras el número de diputados es a todas luces insuficiente para representar la realidad política española.
Estoy seguro de que, con lo que nos cuesta el senado se podría aumentar en uno, dos o los que sean precisos, el número de diputados por provincia, con lo que los malditos restos de la regla D'Hont que asfixian a algunos partidos a la hora de obtener representación en provincias pequeñas, dejarían de favorecer a los grandes partidos y, especialmente, al de la derecha que, al menos hasta ahora, acudía en bloque a votar, en tanto que la izquierda cultiva más los matices y opta por diversas opciones a la hora de ir a las urnas.
También, insisto, sería el momento de hacer los cambios precisos para que vascos y catalanes puedan decidir si quieren seguir siendo españoles en el futuro y, de ser así, cómo querrían serlo. Algo que es mucho más importante de lo que parece, porque Podemos, que, con Izquierda Unida, defiende el derecho a decidir de vascos y catalanes, ha sido la lista más votada. Nada que ver, esto, con lo que mezquinamente Albert Rivera llama el referéndum separatista, porque lo que pretende la pregunta es saber si los ciudadanos quieren o no la independencia, para Cataluña y el País Vasco.
Está claro que formar un gobierno requerirá mucha imaginación y mucha generosidad y que algunos partidos se han creado más incompatibilidades de las que serían razonables. También, que los que lo tendrían más fácil serían quienes no han mostrado su intransigencia con las aspiraciones catalanas y que, entre ellos, estarían además los que quieren cambiar una ley, la electoral, que permite que, con parecido número de votos, un partido llegue a obtener casi el doble de escaños o que Unidas Popular Izquierda Unida, para obtener dos escaños necesite casi un millón de votos, en tanto que, a otros, el escaño les sale a sesenta mil votos.
No sé si con estos resultados habrá gobierno, lo que sí sé es que, si quienes lo formen quieren ganarse mi respeto, harían muy bien en atender estas dos reformas tan urgentes, porque elevarían de manera considerable la calidad de nuestra democracia. Así que ¡manos a la obra y a mojarse!


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miércoles, 16 de diciembre de 2015

TANTO MONTA, MONTA TANTO...


Se acerca la hora de la verdad y, a quienes juegan la partida de estas trascendentales elecciones, no les queda más remedio que ir enseñando sus cartas, las que tendrán que poner sobre la mesa a partir del lunes 21, cuando se haga patente la imposibilidad de formar, como hasta ahora, un gobierno con un sólo partido. Y, la verdad, es de agradecer que la incertidumbre final y la deriva de las encuestas estén propiciando que, por primera vez en muchos años estemos conociendo de antemano, si no lo que puede ser, sí lo que resultará imposible.
Entre lo que ha cambiado a lo largo de esta campaña, están el hieratismo de Rajoy, su eterno juego de adivinanzas y acertijos y su distancia con los medios. De repente hemos descubierto a un presidente que se deja interpelar y que, por primera vez, admite lo que a todas luces resulta evidente, y que es el hecho de que, aunque el suyo sea el partido más votado, no va a poder formar gobierno en solitario y necesitará, para su investidura, de los votos o la abstención, según los resultados finales, de al menos un partido grande y quién sabe si alguno más pequeño, porque, "cosas veredes, amigo Sancho", a veces, la política hace extraños compañeros de viaje y, si no, que les pregunten a Tsipras, a la hora de sacar adelante su primer gobierno, o a Junts pel sí, en el desiderátum de formar el suyo.
Pues bien, lo que vimos ayer hizo que más de un veterano periodista tuviese que frotarse los ojos al ver a Mariano Rajoy, sentado entre periodistas en el autobús de campaña, admitiendo ante ellos, no sólo que no podrá formar gobierno en solitario, sino que, para formarlo, no recurrirá al "mezquino y ruin" Pedro Sánchez ni a los demonizados universitarios de Podemos. Luego, si ha echado cuentas y ha manifestado esas reservas, los únicos "socios" posibles son, claro, Albert Rivera y sus Ciudadanos.
Parecería evidente y bastaría con ver el comportamiento de los "naranjitos" en la Madrid, donde se retratan cada vez que pueden, votando junto a los populares de Cifuentes en todo lo que tiene que ver con derechos y libertades, la reforma del estatuto de Telemadrid, por ejemplo, o en "oportunidades de negocio". Pero he escrito "parecería" y no "parece". Y lo he hecho con toda la intención, porque me da que Rajoy y su partido no pueden cambiar tanto en tan poco tiempo y que la franqueza de Rajoy, ayer, corresponde a una estrategia de identificación entre su partido y el de Rivera, para debilitar a este último y convertirlo en un socio más fácil y más débil.
Resulta curioso que la campaña pretende acabar con el bipartidismo, consciente o inconscientemente, se esté jugando, como el mus, por parejas y que, en esa partida, las trampas entre compañeros estén al cabo del día, porque qué otra cosa podría ser, de ser cierta, esa estrategia o qué otra cosa puede ser la actitud de Pablo Iglesias, criticando farisaicamente a Pedro Sánchez por haber llamado indecente a Rajoy, cuando tal afirmación está y ha estado a cada minuto en boca de sus votantes.
Está claro que uno y otro, Rajoy e Iglesias, se sienten crecidos tras las encuestas y buscan evitar la fuga de votos hacia su "pareja" en la partida. Está claro que no van a decir la verdad hasta que hablen las urnas, que no van a soltar prenda sobre posibles préstamos y alianzas, porque, unos y otros, tienen ahora más que perder que lo que pueden ganar, algo que entendieron Pedro Sánchez y sus asesores y por eso optaron por la salida en tromba en el debate del lunes,
Quien no tiene nada que perder y todo por ganar es Alberto Garzón, que, a pico y pala, diciendo la verdad y haciendo gala de una honradez rara en este mundo de la política, ha cavado el túnel que ha permitido a su Unidad Popular asomar en las encuestas y quién sabe si algo más. Por eso se sintió libre a la hora de analizar la actitud de Sánchez en el debate, sin hacer en él una sangre innecesaria.
En cuanto a lo de Rajoy ayer, como digo, me pareció, por extraño, una estrategia, pero quizá me esté equivocando. En cualquier caso podría ser, porque cada vez está más claro que tanto monta, monta tanto el PP como Ciudadanos.


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jueves, 11 de junio de 2015

PODEMOS, PERO... ¿QUEREMOS?



A veces tengo miedo de acabe despilfarrándose todo ese entusiasmo que hace menos de tres semanas, aunque parecen ya siglos, llevo a las urnas a millares de ciudadanos que hasta ahora, por comodidad, por derrotismo o por conveniencia, hasta entonces habían optado por quedarse en casa. La ausencia de acuerdos entre fuerzas de izquierda como PSOE, Compromis Izquierda Unida o Podemos, sola o en compañía de otros, para ponerse de acuerdo en desterrar al PP del poder desde el que ha causado tanto daño no es sólo deprimente, sino que puede obrar como el anticuerpo que nos devuelva de nuevo a los años del bipartidismo y el voto útil.
Quienes se están sentando estos días a negociar el gobierno de trece comunidades autónomas y la mayoría de los ayuntamientos de España deben tenerlo presente y deben anteponerlo a cualquier otra circunstancia, porque los ciudadanos han puesto en sus manos los instrumentos para desalojar al PP y, si no lo hacen, en las próximas generales, van a pagar muy caro, con l sangría de gran parte de los votos recibidos para ello. Porque no hay que olvidar que, para muchos votantes o al menos para mí, el deseo de acabar con más de dos décadas de hegemonía del Partido Popular, con su retahíla de recortes, injusticia, corrupción y desigualdad social.
Cuando uno escucha al presidente en funciones de Asturias de rencores entre las fuerzas políticas de la izquierda que impiden el acuerdo y que tales rencores podrían llevar a la reedición de los gobiernos conservadores en importantes ayuntamientos asturianos, a uno le entran ganas de llorar. No puede ser que las ambiciones o los rencores priven a tantos ciudadanos de materializar sus deseos de cambio, porque, para eso, mejor aceptar que, por ley, sea elegido alcalde o presidente el candidato de la lista más votada.
Mucho me temo que también en esto pesan más las pequeñas realidades de los despachos y cenáculos que la gran realidad de la ciudadanía. Y cuando digo esto pienso en la gente con la que me cruzo cada día en la calle, con la que hablo en las salas de espera de las consultas de mis médicos o en las colas del mercado la panadería, no necesariamente ni sólo de quienes acuden a las asambleas de Podemos, que son sólo una parte de quienes hemos votado a Podemos y aquellos para quienes dice que quiere gobernar Podemos.
El partido nacido de las aspiraciones del 15-M, demasiado rígido para mi gusto, va camino de acabar por otras vías como el movimiento "cinco estrellas" -aquí una marca de cerveza- de Beppe Grillo, que ha conseguido ocupar una importante cuota de representación en Italia, representación que, al final, no se materializa en nada. No me gustaría que Podemos acabase en eso, siendo una secta de ideales irrealizables, una reserva de irreductibles, aislada de la realidad.
Yendo aún más lejos, sería bueno que, más allá de sus cálculos de marca, los dirigentes de Podemos fuesen capaces de ver que, allá donde la formación ha unido su candidatura a la de otras fuerzas de la izquierda, algunas con una trayectoria más extendida que la suya en el tiempo, los resultados han sido mejores, convirtiéndola en algunos sitios en la primera o segunda fuerza más votada, Seguro que así mejoraría y mucho sus resultados y se convertiría en una verdadera opción, no sólo de querer, sino también de poder.
Pablo Echenique, el líder de Podemos en Aragón, lo ha visto claro y por eso ha hecho público un manifiesto, "Abriendo Podemos", con planteamientos no por pragmáticos menos revolucionarios que pretende abrir a la izquierda y a la sociedad españolas la idea que sirvió para iniciar el cambio. Sólo así, con las candidaturas populares que proponen los firmantes del manifiesto, quedaría claro que Pablo Iglesias y sus compañeros, además de poder transformar la sociedad desde la pluralidad, quieren hacerlo.


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miércoles, 10 de junio de 2015

CIUDADANOS Y LOS PACTOS


Da un poco de miedo pensar que un partido que apenas controló sus listas en estas elecciones, que un partido que, como los viejos estrategas, primero ocupa el territorio y luego ya verá, esté siendo tan decisorio en la formación de los gobiernos de comunidades y ciudades, dándoselos al PP o al  PSOE, según dónde y según les convenga, pero pactando siempre con los responsables de la corrupción que decían querer combatir antes de las elecciones.
Porque es más que casual que Ciudadanos opte por ser la pieza que falta para cerrar gobiernos como el de Andalucía o la Comunidad de Madrid y opte por serlo en solitario. Habrá que ver, si como han venido diciendo, dan ese apoyo desde fuera y habrá que ver que hacen tras las elecciones generales, cuando todo el pescado esté vendido y no quede nada que ocultar a los votantes. Ese será el momento clave. Hasta entonces, Ciudadanos cultivará la ambigüedad que tan buenos resultados le viene dando de momento.
Hay que tener en cuenta que Ciudadanos nació, cuando nació en Cataluña hace diez años, de una gran mentira, la de la supuesta opresión que las instituciones autonómicas ejercían y ejercen sobre quienes se sienten más españoles que catalanes y que, por los resultados obtenidos allí en estos diez años, no fue creída más que por una minoría. Aun así, lo que no se le puede negar a Rivera es su sentido de la oportunidad y un olfato muy especial para identificar problemas y brindarse para solucionarlos, más allá de que finalmente lo consiga.
También sería conveniente saber de dónde salió el dinero que permitió que un empleado de la Caixa se pagase una campaña tan agresiva como contradictoria, aquella en que, como en algunos anuncios de cosmética, posaba castamente desnudo, dejando sin despejar la incógnita de sus vergüenzas, que algunos identifican precisamente con esa financiación nunca desvelada, porque, como a la hora de resolver un asesinato, lo crucial es saber a quién beneficia el crimen.
Ahora, después de que la ambición perdiese a Rosa Díez, dejándole libre el camino para llegar a los descontentos de la derecha y el centro derecha, que no son otros que la derecha económica, la que no comulga con los hipócritas postulados morales y religiosos del PP, Rivera se ve, como un metafórico sereno, con el manojo de llaves que abre y cierra los portales de vecinos tan distintos como PSOE y PP, después de una noche de juerga en la que han perdido gasta el apellido.
También ha contado Ciudadanos, con muchos, demasiados, pies en la empresa con la inexperiencia pacata de Podemos, con resultados mejores que el partido de Rivera en algunas circunscripciones, que por inexperiencia u ortodoxia se ha dejado comer la merienda por los de color naranja, algo que, según se mire, les puede rentas por haber conservado la virginidad, del mismo modo que se puede volver contra ellos por no haber "tocado" poder.
De cualquier modo, salvo en Andalucía, donde todo se ha escrito y firmado ya y donde no creo que haya Tamayos escondidos, en el resto de ayuntamientos y parlamentos aún queda mucha tela por cortar y, dado el reparto de escaños y concejalías, todo es posible aún, más cuando, especialmente para algunos es mucho lo que hay en juego, incluso en lo personal.

De momento, lo que vemos o lo que nos cuentan, al menos, es que, en eso de pactar, Ciudadanos, un partido mucho más jerarquizado que Podemos, gana por goleada y que, si algo le está frenando, es la necesidad de conservar el disfraz que oculta sus verdaderos planteamientos económicos hasta las generales.


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