miércoles, 1 de abril de 2015

TORPES E INSOLIDARIOS



Los argumentos dados ayer por el ministro Alfonso Alonso, condenado, no lo olvidemos, por malgastar el dinero de los vitorianos cuando fue su alcalde, para explicar la improvisada devolución a los inmigrantes cenados a la atención sanitaria primaria, exactamente los mismos con que, hace tres años, cuando era portavoz de su grupo en el Congreso, defendió la exclusión de los inmigrantes sin papeles de la atención sanitaria universal, sólo pueden ser interpretados como una siniestra broma. Una broma que da idea de lo que le importamos los seres humanos, con papeles o sin ellos, al Partido Popular y, más aún, lo que le importa nuestra salud.
La decisión de hace tres años, tomada por Ana Mato, la ministra pasmarote incapaz de contar los coches que guarda en su garaje, o por quien la aconsejase, ha llevado la desgracia a muchos de los ochocientos mil inmigrantes sin papeles que, hasta entonces, estaban cubiertos por el paraguas de la Sanidad Pública, el mismo que, con esa atención a los sin papeles, reforzaba la nuestra, y que, con la expulsión de tres cuartos de millón de usuarios, se ha vuelto más ineficaz e injusto.
Lo dijo ayer Alonso, con mejores palabras, pero con el mismo desparpajo con que sus compañeros anuncian las medidas más crueles y peregrinas. Los inmigrantes colapsan las urgencias, del mismo modo que, según su partido, especialmente Esperanza Aguirre, aseguraban que había que expulsarlos de las consultas porque las colapsaban. Pero ni una cosa ni la otra son ciertas, porque la verdadera causa de las urgencias, que sí se produce, está en la escasez de personal sanitario para atenderlas o en la falta de camas hospitalarias en que ingresar pacientes, diezmados unos y otros por los salvajes recortes de quienes, salvo cuando se trata de ellos o los suyos, son incapaces de ver el mundo como otra cosa que un estadillo de sumas y restas.
Las verdaderas razones para tan singular bandazo en una de las medidas estrella de este gobierno hay que buscarla en las ganas de agradar a esos egoístas que lo sustentan, a aquellos a los que, no les gustan los médicos ni los pacientes extranjeros, los primeros, porque son, dicen, los que obligan a emigrar a los médicos españoles, sin pararse a pensar que son los sueldos de miseria y los contratos de días o apenas semanas los que fuerzan que los médicos y enfermeras hagan sus maletas y se vayan en cuanto al turismo sanitario del que hablan, es tan falso como lo anterior, porque, yo que visito las salas de espera con una cierta asiduidad, no veo en ellas más que enfermos y en la misma proporción en que hay extranjeros que veo en las calles o en los comercios.
Están asustados. Son una secta y están asustados. Habían llegado a creer que negando la realidad, ésta se transformaría, que negando las advertencias del Consejo de Europa, los representantes de médicos y enfermeras o de Naciones Unidas, que, tapándose las orejas o repitiendo una y otra vez la salmodia de los argumentarios de la sede de Génova, la realidad acabaría transformándose en uno de esos folletos o en uno de esos publirreportajes con los que les gusta saturar los telediarios que controlan, Pero no, los pequeños egoístas que les votan comienzan también a indignarse. Y es que en las salas de urgencias de los hospitales, donde el único criterio es el de la gravedad, sus trajes y sus visones no soportaban la espera. Y no sólo eso. Ahora, hay más gente buscando el voto de esa gente. Albert Rivera, por ejemplo que propone en Ciudadanos algo parecido a lo que ahora acaba de aprobar, de la noche a la mañana, el gobierno más torpe insolidario que hemos tenido y que, al menos eso espero, no volveremos a ver en mucho tiempo. Pero, una cosa más, cuando hablo de torpes e insolidarios, no me quedo en el gobierno, extiendo el calificativo a todos los que les votaron y que, hasta hace poco, les defendían


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martes, 31 de marzo de 2015

MENUDO LÍO



La realidad es dura, pero, sobre todo, es complicada y, demasiado a menudo, cambiante, y , ahora, Podemos se está dando cuenta de ello. Y todo, porque hacer política es, sin dejar de lado los principios, adaptarse a esa realidad cambiante, pero, subrayo, sin abandonar los principios. 
Creo que ese es el misterio que pocos acaban de entender, creo que no haberlo entendido ha sido el mayor pecado de los socialistas, confundir el pragmatismo con la conveniencia, confundir lo que sólo son los intereses de algunos con los de la mayoría. Por eso, el partido que hace tres décadas consiguió ilusionar a todo un país ha visto como muchos de los que desde entonces les votábamos dejásemos de hacerlo, sin que hayan sabido ganarse el voto de nuestros hijos.
Por eso, por haberse dejado seducir por los consejos de administración, por haberse echado en brazos del poder económico, por haber aceptado los trágalas de la banca, hasta el punto de olvidar de dónde salen sus votantes, por haber confundido sus intereses y los de sus nuevos amigos con eso tan manido que llaman "el interés general", por cambiar hospitales y escuelas por aviones y carros de combate, por cambiar la pana por el traje y el autobús y el metro por el coche oficial, por sucumbir, en suma, a todos y cada uno de los encantos del poder y por haber llegado a entender y justificar lo que no tiene explicación ni justificación, el PSOE se ha visto abandonado por muchos de aquellos a los que había ido abandonando.
Ahora y salvando las distancias, es otro partido el que está consiguiendo que muchos desencantados recuperemos la ilusión perdida y volvamos a confiar, si no en los políticos, sí en la política. Ahora hemos encontrado una formación a la que sumar nuestros votos, una formación que algunos, como yo, queremos, si no como partido de gobierno, todo se andará, sí como el contrapeso necesario para que los partidos que aún siguen siendo mayoritarios no acaben haciendo de su capa un sayo.
Podemos se ve ahora en una difícil encrucijada, la de impedir o consentir en Andalucía el gobierno de la socialista Susana Díaz. Aunque en realidad sólo tiene en su mano permitir con su abstención que el PSOE vuelva a gobernar la comunidad más poblada de España, porque, tan difícil como conseguir que la señora Díaz acepte todas sus condiciones, sería explicar a sus votantes que ha impedido que una fuerza "más o menos progresista", con toda esa hipoteca de vicios y resabios, deje de gobernarla.
Por eso la aparentemente bien engrasada maquinaria de Podemos está dando tirones en esta primera cuesta de su viaje. Por eso las disonancias entre la "no tan grata" en Madrid, pero ganadora en Andalucía, Teresa Rodríguez y la dirección nacional están dando tanto que hablar, por eso han sonado tan distintos los discursos de aquí y de allá.
¡Menudo lío! Yo sólo espero que, de aquí a las elecciones de mayo y sin comprometer su discurso, Teresa Rodríguez, o quien sea, arranque de los socialistas andaluces las garantías suficientes como para que estos no acaben echándose en brazos de la derecha, por muy civilizada que sea, y consiga que, en las políticas que realmente interesan a la gente, las relativas a empleo, desahucios, sanidad, educación y asuntos sociales, el PSOE de ahora no se aleje de sus principios de siempre.



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lunes, 30 de marzo de 2015

GENEROSIDAD


Tantas veces nos han contado, quizá demasiadas, por activa y por pasiva, que la transición española, con sus luces y sombras, con sus logros y frustraciones, sólo fue posible gracias a la generosidad del Partido Comunista de España y/o Santiago Carrillo que, por aquel entonces y pese a la histórica frase de Manuel Fraga, controlaba la calle, que, ahora que estamos a punto de iniciar la segunda o que , al menos, la estamos necesitando, echamos de menos la generosidad que en otro tiempo atribuimos a la, por entonces, izquierda más y mejor organizada.
Y es que, otra vez, es necesaria la generosidad del PCE, con o sin ese su uniforme de paseo que es Izquierda Unida, para permitir que, definitivamente, este país supere la triste y dolorosa etapa del bipartidismo. El PCE o IU, como prefiráis, tiene que llevar a cabo ese gesto de generosidad que sería dejar de ser cabeza de ratón para convertirse en cola o en una de las patas de ese poderosos león que puede llegar a ser la izquierda de este país, en el que pese a que los sueldos o las condiciones de trabajo y los salarios son tan penosos como entonces o peores, el capitalismo, ahora especulativo, y las empresas son mucho más voraces que entonces.
Izquierda Unida tiene que ser consciente de que es el último botón que contiene la expansión de  esa izquierda de clase, más allá de la socialdemocracia acomodada del PSOE, capaz de dar un vuelco al país. Los dirigentes de IU tienen que dejarse desabrochar para dar paso a esa izquierda sociológica que devuelva a los españoles el estado de bienestar olvidado o mal defendido por los socialistas. Y, cuanto más tarden en dejarse desabrochar, más crecerán las alternativas de la derecha maquillada, Pedro Sánchez recurre al tópico de la derecha civilizada para definirla, con la que su partido, con el aplauso del IBEX 35, sí se atrevería a pactar.
Izquierda Unida no debe tardar en acercarse a Podemos, más ahora que los herederos del 15-M no han cubierto en Andalucía sus expectativas y que, como reconoció -y le honra- Carolina Bescansa, han visto que su esfuerzo es insuficientes en solitario para liderar el cambio que este país necesita,
Ahora es un buen momento para que Alberto Garzón, el gran triunfador, no lo olvidemos, del debate sobre el Estado de la Nación, lidere el acercamiento a Podemos, sin las interferencias de ese reino de taifa en que se ha convertido la federación madrileña de IU.
Este fin de semana, los responsables de esa federación han tenido la oportunidad de dejar de ser esa Numancia suicida dispuesta a desaparecer con tal de no sumarse a la corriente de los días. Porque este fin de semana la intolerancia de la federación madrileña se ha mantenido en sus trece, frente a la decisión de la dirección nacional que desautorizó la candidatura con que pretende presentarse al ayuntamiento de Madrid, tras forzar la salida del candidato elegido en primarias, Mauricio Valiente.
Estoy seguro de que, al final, muchos militantes y, no digamos ya, votantes de IU seguirán los pasos de Tania Sánchez y Mauricio Valverde para acercarse y votar a la marca electoral con la que Podemos se presentará en Madrid y que el batacazo que se dará tanto egoísta como va quedando en la federación será doloroso y vergonzante. Está faltando generosidad, está faltando la grandeza de dar un paso atrás y dejarse de guerras sucias y miserias para defender el sillón de concejal o el escaño en la Asamblea.
Insisto. IU es el último botón que contiene la fuerza que viene y, si no se desabrocha a tiempo y con generosidad, la presión reventará el ojal en que se abrocha y se perderá. Mientras tanto quienes se han sentido tan cómodos en el bipartidismo, tan contentos.


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viernes, 27 de marzo de 2015

EL SOLITARIO, LOS AVIONES Y EL FISCAL



En general, tememos tanto a la muerte que la hemos borrado de nuestras vidas. Frente a la actitud de otros tiempos, en los que morir resultaba algo habitual y, por tanto, natural, en nuestro siglo, no  nos preparamos para el trance final de la vida, sino que, como no podemos esconderla de ella, lo que hacemos es esconderla, sacarla de nuestras vidas y la de los nuestros. La gente ya no se muere, la gente desaparece.
Por eso, porque la muerte es "un bien escaso", traficamos con ella. La usamos, o la usan otros contra nosotros, envuelta en grandes palabras para aterrorizarnos o para justificar, con el terror que produce en nosotros, cosas que de otro modo nunca admitiríamos. Por ejemplo, Esa renuncia que hacemos a nuestra dignidad y nuestros derechos cada vez que, por ejemplo, traspasamos la línea de embarque de un aeropuerto, sin pensar que nos ponemos en manos de gente que, en el mejor de los casos, dispone de nuestras vidas en lo que para ellos no deja de ser una rutina más o menos deseada.
A bordo de un avión una palabra más alta que otra o un mal gesto hacía uno de sus tripulantes, no digo ya, si es el comandante, puede suponer nuestro desembarque inmediato del avión, Guardia Civil mediante, con las consiguientes miradas de odio de nuestros compañeros de pasaje, para los que pasamos de ser compañeros de viaje a convertirnos en problema.
Por eso cedemos, por eso nos descalzamos, dejamos que nos vean desnudos, que nos cacheen, que nos hagan llegar al aeropuerto dos horas antes de un vuelo que apenas dura una, por eso dejamos que midan pesen y radiografíen nuestro equipaje, por eso dejamos la luma de uñas que, por descuido o por necesidad llevamos encima... por eso, tras los atentados de 2011 en Estados Unidos, se decidió convertir las cabinas de los aviones en un fortín que el lunes se volvió trampa, sin pararse a pensar, salvo en los Estados Unidos, en las consecuencias que podía tener encerrar o permitir que se encierre un piloto.
La paranoia, el miedo a verse como víctima en el escenario de un atentado, a convertirse en coartada para un plan diabólico, nos llevó a aplaudir algo tan irracional como para facilitar las circunstancias para que una persona, el lunes Andreas Lubitz, manejase fríamente los controles para echar al suelo un avión con ciento cincuenta personas a bordo. La paranoia y el ánimo de lucro desmedido que parece regir los destinos del mundo hoy día, esa ambición que lleva a colocar a quienes serían poco más que becarios en una redacción a tener entre sus manos toneladas de vida y metal en sus manos.
Porque el copiloto del avión estrellado no era mucho más que un becario con 630 horas de vuelo , un becario con dos años de antigüedad en la compañía que, en la redacción que yo he conocido, podría seguir aún en prácticas, cobrando un sueldo de risa y soportando el mismo estrés que cualquiera de sus compañeros consagrados.
Algo a lo que lleva la precarización de nuestras vidas, algo que hace que, a cambio de pagar menos por los pasajes acabemos en manos de tripulaciones mal pagadas, mal formadas y, como hemos visto ayer, mal seleccionadas. Todo en aras de la rebaja de costes, probablemente, la causa de que, en la siniestra cabina de ese avión, una verdadera habitación anti pánico, pudiese quedarse solo uno de los pilotos.
Ahora, en aras de lo políticamente correcto, comienza a criticarse al fiscal, a mi juicio, ejemplar en su actuación, porque, para algunos, lo fácil es culpar al piloto, pero, siento decirlo, no me explico cómo se deja abierta la posibilidad de que un piloto que tuvo que interrumpir su formación a consecuencia de una depresión se quede solo a los mandos de un avión. Un piloto cuya mayor ilusión en la vida había sido, desde que era un niño, volar y en cuyo horizonte asomaba el cierre de la empresa para la que, por fin, volaba. Demasiado estrés para un alma solitaria, demasiado poder, el de la soledad de la cabina, para dejarlo en sus manos.
Se critica ahora al fiscal francés por su premura en exponer sus conclusiones, un funcionario de comportamiento ejemplar que tuvo el detalle y la cordura de exponérselas a la familia antes que a la prensa y que pese, a lo que parece una evidencia, en ningún momento aseguró que la suya fuese la única verdad.
Evidentemente, quedan aún muchas cosas por explicar. Por ejemplo, por qué hubo que suspender 30 vuelos de la compañía tras el accidente, suspensión que Germanwings, que había dejado abierta la posibilidad de que alguien con antecedentes psiquiátricos se quedase solo a los mandos de uno de sus aparatos, atribuyó a su estado de ánimo.
Espero que, a partir de ahora, nadie pueda encerrarse en solitario en esa caja fuerte en que han convertido la cabina de mando de un avión, espero que se extremen los controles psicológicos de las tripulaciones y espero que, a partir de ahora, los pasajeros dejemos de ser, para las compañías y para las autoridades, una carga peligrosa que, antes de sentarla en la butaca, hay que desactivar.
Ayer, tuvimos dos sorpresas de muy distinto signo y las dos a un tiempo: la de un piloto que pasó en segundos de víctima a verdugo y la de un fiscal impecable que, con serenidad y pulcritud, nos ayudó en ese tránsito.


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jueves, 26 de marzo de 2015

CUÁNDO APRENDEREMOS



Seguimos dando el espectáculo. Parece que una y otra vez, catástrofe tras catástrofe, tragedia tras tragedia, seguimos empeñados en "tomar la antena" a la primera de cambio, convirtiendo el dolor de las víctimas y sus familiares en un penoso espectáculo de sesión continua que los políticos, unos por  propia iniciativa y otros arrastrados por el "qué dirán si no" se suman a la interminable cadena de condolencias, todas iguales, todas protocolarias, todas vacías y todas con la afectación requerida para el caso, para "cumplir" con los electores y, de paso, llenar la escaleta de telediarios y programas de radio y, sobre todo, mantener la tensión de la antena en esas largas horas, a veces días, en las que la información, la verdadera información, la que explica el cómo y el por qué suceden las cosas, no acaba de llegar.
Pero esa es sólo una parte, a mi modo de ver lamentable, de la enfermiza manera en que se tratan en los medios, nuestros medos, asuntos como el de la tragedia aérea de los Alpes. Y, si me atrevo a decir lo que digo es porque, lamentablemente, supongo que por decisión de quienes los dirigen, los medios, la mayoría de los medios olvidan su obligación moral de hacerse transparentes ante los hechos y se colocan en medio del escenario, adquiriendo un protagonismo odioso por innecesario, convirtiendo el propio despliegue, se supone que necesario, en protagonista de la noticia: ofrendas florales, minutos de silencio, misas o despegues de helicópteros.
Lo estamos viviendo estos días, por ejemplo en el telediario de las nueve de la 1, que vi el lunes y en el que una infografía con el rostro de todos y cada uno de los corresponsales y enviados especiales en cada uno de los "escenarios de la tragedia" se convirtió en uno de los titulares del informativo, del mismo modo que el despliegue se convierte en algunas radios en motivo de autobombo, recogido en "cuñas" que recogen la secuencia de los momentos informativos de la misma, cuando aún no han sido rescatadas las víctimas.
El caso es aplicar protocolos, poner en marcha la factoría informativa, repitiendo "una vez más" la secuencia de entrevistas a los especialistas, pilotos, psicólogos, etcétera. Para explicarnos otra vez en qué consiste el duelo o para elucubrar sobre las causas de un accidente que, sin supervivientes, no podrá explicarse hasta que pueda estudiarse el contenido de las cajas negras que registran parámetros y conversaciones de los últimos minutos del vuelo y que, por cierto, empiezan a filtrarse y a dar sus frutos.
Pero todo esto sería incluso inocente y bienintencionado si lo comparamos con la presencia de todos esos paparazzi que persiguen a los familiares por los pasillos del aeropuerto, obligándoles a ponerse a cubierto de quienes sólo quieren lágrimas y dolor para traficar con ellas para que quienes las consigan adornen con ellas sus telediarios. 
No sé cómo se hacen estas cosas en otros países, pero me permito creer que no será peor, porque, si no, vivir sería una verdadera mierda. Yo no sé si se dan cuenta de que todos estos despliegues de redactores, micrófono en mano ante el escenario apropiado, que, uno detrás de otro, repiten la misma salmodia en sus crónicas, a todas horas y en todos los programas, producen el efecto contrario al que debería perseguir la verdadera información, pero lo único cierto es que es eso lo que está ocurriendo.
Hoy, después del tedio, doloroso, pero tedio, llega  a nuestras pantallas y a nuestros aparatos de radio el suspense que ha traído la revelación publicada por el New York Times en las últimas horas, según la cual uno de los pilotos que momentos antes del accidente había salido de la cabina y pese a que lo intentó, incluso golpeando la puerta, no pudo volver a entrar en ella.
Ahora, setenta y dos horas después del accidente, ese dato que habrá de ser confirmado y explicado, transformará el relato de los hechos, pero me temo que no para bien, porque lo convertirá en una novela de suspense y dará pie a todo tipo de especulaciones morbosas. Y yo, que he dedicado mi vida a trabajar en y para la información, seguiré preguntándome mientras tanto ¿cuándo aprenderemos?


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miércoles, 25 de marzo de 2015

REMANENTE


En este triste día, se hacen eco las crónicas del anuncio hecho ayer por la alcaldesa de Madrid de que el ayuntamiento que preside dispone de que, gracias a su gestión, dispone de un remanente de 369 millones de euros, con los que podrá emprender obras urgentes y amortizar una parte de los intereses la deuda, en la que su "queridísimo" antecesor, Alberto Ruiz Gallardón, dejo enfangada a la ciudad, añado yo.
Ese, el practicado por Ana Botella y una gran parte de los gestores de lo público, aquí y en todo el mundo, que reservan siempre una parte de los ingresos de aquello que administran en lanzar a última hora los fuegos de artificio con los que aturdir y entontecer a los votantes en las semanas previas a las elecciones en las que han de revalidar sus cargos.
Ana Botella ha hecho lo mismo que hacen algunas familias que pasan estrecheces todo el año para así poder hacer una innecesaria reforma de la cocina con la que presumir ante las amistades o, como reza la letra de "A felicidade", la hermosa canción de Jobim y Mores que abre "Orfeo negro", el magnífico retrato del carnaval de Río en la que se nos cuenta cómo como los cariocas soportan resignados a lo largo de todo el año la miseria y las privaciones que le permiten disfrutar o aparentar que disfrutan los tres días que dura la felicidad de la fiesta.
No me explico cómo esta mujer que no ha pasado estrecheces en su vida se permite tan hiriente gesto en una ciudad de aceras rotas y calzadas llenas de baches, con niños deficientemente alimentados y ancianos desasistidos, con operaciones ruinosas, con la venta inmoral de viviendas de alquiler social a fondos buitre que echan a la calle a los inquilino, scon autobuses que cada vez pasan con menos frecuencia, pero flamantes, como las marquesinas bajo las que se les espera, porque alguien cercano a ella, saca beneficio del cambio.
No sé cómo se atreve a hacer ese anuncio presumiendo de haber bajado los impuestos a ciudadanos para quienes, en su mayor parte, la bajada apenas supone unos euros, mientras los que pierden en la limpieza de sus calles, la conservación de los parques en los que pasan su jornada de parados, o las ayudas sociales suponen mucho más.
Es la consabida política economicista llevada a cabo por todas las administraciones de este partido que lleva veinte años sirviéndose bajo la mesa los pedazos más suculentos de la tarta y repartiendo a los "paganos" que somos todos nosotros, las migajas si es que reparten algo. Es la política que toma a la ciudadanía como una columna más del estadillo de sus cuentas, sin alma, sin necesidades y sin sentimientos, convertidos en parte de una división si de lo que se trata es de repartir miseria y de una multiplicación ciega e injusta, si de lo que se trata es de recoger impuestos.
Es esa política del que no pone cara ni vida a quienes administra y que es capaz de resumir sus cuatro años de gestión, salpicados de huelgas, de tragedias vividas desde la lejanía de un spa portugués, como la del Madrid Arena, de escándalos, de aire cada vez más sucio, de colas cada vez más largas, para poder comer, de enfermedades que creíamos olvidadas, de bibliotecas, instalaciones deportivas y conservatorios cerrados, en las consabidas columnas del debe t el haber, en las que aparece un remanente de 369 millones de euros, con los que rapar algunos baches, aligerar la deuda y, sobre todo, hacer campaña. 
Mientras, los carroñeros, los nicolases y sus amigos, a chupar del bote.


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martes, 24 de marzo de 2015

CONJUGAR EL VERBO DIMITIR



Escucho a Iñaki Gabilondo describir a Rajoy como aquejado de una enfermedad mental que le impide percibir la realidad y, mucho más, asumir responsabilidades y, una vez más, tengo que darle la razón. Sin embargo, no puedo coincidir ni coincido, salvo que sea un sarcasmo, en que alrededor de él haya esa buena gente que él invoca para que le lleven al médico. Esa buena gente de la que habla Iñaki, lo acaba de dejar por escrito el juez Ruz, cobró sobresueldos, se reformó el despacho y ganó su escaño con el dinero que los españoles pagamos de más en contratas, obras y compraventas de las que se han venido beneficiando los generosos donantes del Partido Popular.
No puede ser que, en apenas veinticuatro horas, el partido que con mano o con dedo de hierro preside Rajoy se hunda estrepitosamente  en Andalucía y no pase nada y no puede ser que un juez deje por escrito todas las irregularidades, punibles o no, por arte de birlibirloque, por prescripción o por falta de legislación, que ha encontrado tras dos años de investigación en las cuantas del Partido Popular a lo largo de dieciocho años de cajas B, C y las que hicieran falta, desde que Rosendo Naseiro, un joven  Zaplana y no sé cuántos más se librasen por los pelos y artimañas legales de ir a la cárcel por financiar ilegalmente hace ya veinte años el partido. No puede ser que se sepa todo eso, puesto negro sobre blanco, y no pase nada, porque según Rajoy y las buenas personas que le rodean, en las conclusiones del juez no hay nada nuevo.
Nadie asume responsabilidades, nadie dimite ni, mucho menos, hace nada por moverle la silla a quien antes de ayer los andaluces y dentro de nada el resto de los españoles señalarán en las urnas como los responsables de todo el sufrimiento que vienen soportando desde hace más de tres años, sin que mi sus sueldos ni sus chollos se hayan visto afectados en la misma medida, nadie. Es más, hay quienes, como la señora Villalobos, va repitiendo el mantra ensayado con su marido en la alcoba, tan increíble como el de que el de ayer fuese un día radiante en Madrid, de que la verdadera derrotada el domingo fue la confirmada presidenta Susana Díaz.
No tienen vergüenza. Nadie asume nada y nadie se marcha a su casa. Quizá, porque llevan demasiado tiempo viviendo de esto, cobrando sueldos y dietas los más "decentes" y haciendo sus negocietes más de uno y más de dos. Se han acostumbrado al poder y no son capaces de volver a ser ciudadanos de a pie, como tú, lector, o como yo. Pero n es algo que pase sólo en el PP. Ni siquiera es algo que ocurra sólo en los partidos en el poder. También pasa en los que aspiran a tenerlo. No hay más que ver lo que ´le cuesta a la vieja guardia de Izquierda Unida levantar el culo de las sillas y alguna poltrona que vienen ocupando desde hace años y le pasa de manera especial a Rosa Díez, incapaz de asumir el tremendo error cometido al rechazar la mano tendida antes de las elecciones por Ciudadanos.
No hubiese sido el mismo el resultado de las andaluzas del domingo si Izquierda Unida - Los Verdes se hubiese integrado en la candidatura de Podemos, como no hubiese sido el mismo el reparto de escaños, si el partido creado por Rosa Díez a su imagen y semejanza hubiese hecho un ejercicio de humildad y se hubiese sumado al tirón de Ciudadanos.
Al final va a tener razón la madre de Arguiñano que, tal y como me contó una vez el cocinero, le decía que la que había sido consejera de Turismo en Euskadi no era capaz de vivir sin coche oficial, porque, si no era completamente acertado ese análisis de la amá de don Karlos, sí se parece mucho a la realidad. Y es que la tránsfuga , en tiempos socialista, es incapaz de asumir que su negativa a la alianza con Ciudadanos va a acabar con ese partido cuyas siglas responden cada vez más a "Unos Pocos y Díez", porque, papa ella, lo importante es estar en lo alto, aunque solo sea de un bordillo.
Rosa Díez se empeña en no dar su brazo a torcer, en no asumir su grave responsabilidad en la derrota y en no marcharse a casa discretamente, mientras su partido se desmorona. La enseñanza, triste para quienes creían en el proyecto, está en que, al final serán los militantes de base los que busquen asilo en las filas de Ciudadanos, más necesitado que nunca de cuadros y candidatos para asumir el éxito del domingo y los éxitos por llegar. De momento, algunos miembros de la dirección ya han dimitido y, como la diputada Irene Lozano,  han pedido que Rosa Díez haga otro tanto

Quizá la única en entender lo que pasó anoche fue la responsable de Política, Carolina Bescansa, que, pese a haber ganado quince escaños partiendo de la nada y con el esfuerzo de sus militantes, asumió implícitamente la necesidad de buscar nuevos socios en su asalto al cielo del poder, Mal nos va a ir a los españoles si tras un terremoto político como el del domingo nadie se atreve a conjugar verbos tan normales como dimitir o asumir responsabilidades.


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