martes, 4 de marzo de 2014

PROPAGANDA Y DESPILFARRO

 
 

El Gobierno anda empeñado estos días, antesala de la campaña de las elecciones europeas, en aquello que mejor se le da: la propaganda. Ayer, en uno de esos "marcos incomparables", el Guggenheim de Bilbao, Rajoy disfrazó de cumbre mundial lo que apenas era un acto propagandístico del Gobierno, destinado a "vender" a las grandes empresas allí presentes lo que ha hecho con nosotros desde que llegó al Palacio de La Moncloa hace ya más de dos años.

En el museo, Rajoy había desplegado el equipo económico del Gobierno, con Guindos a la cabeza y con la cada vez más sufriente y menos venerable presencia del rey. Y, frente a ese despliegue, apenas estaban representados aquellos que toman las decisiones en Europa. Ni siquiera ministros  de otros gobiernos. Estaba, eso sí, la temida y todopoderosa Christine Lagarde  -parece mentira, pero Rato nunca lo fue-que, si abrió la boca fue para enmendar la plana a Rajoy y sus mariachis, echando abajo la tan cacareada reforma laboral, que amén de ineficaz resulta barroca y mantiene el panorama laboral sembrado de multitud de modelos de contratos, a cual más oscuro y antisocial, diseñados por quienes se agarran como fieras a la parte ancha del embudo, dejándonos al resto colgados, como frágiles gotas del cada vez más estrecho mercado laboral.

Apenas estaban allí los embajadores destacados en Madrid, para los que aquello era "de obligado cumplimiento, aunque había presencia, eso sí, representantes de las grandes empresas con intereses en España, dispuestos a saber qué nuevo jirón de nuestra piel estaba dispuesto a ofrecerles el señor Rajoy.

No quiero ni imaginar el coste en combustible, en hoteles, en restaurantes, el del alquiler del museo, el de los servicios de traductores, el de los forillos y el de toda la parafernalia congresual de la que antes se encargaban los muchachos de la Gürtel. Mucho menos quiero saber qué sacaremos en limpio de todo esto, porque me temo que la respuesta es nada, porque nadie había allí que pudiese ofrecernos nada. Demasiado gasto, para tan poco beneficio. Sobre todo, si el eco que ha tenido lo que se nos "vendió" como un "mini Davos" español, no ha pasado de los titulares diametralmente opuestos que dejaron el propio Rajoy y la directora del FMI, la conversación entre el rey y el ministro De Guindos sobre lo que llovía en Los Ángeles, donde éste tiene una cuñada o la manifestación de protesta por el Foro, perfectamente justificada, pero arruinada por la violencia de un pequeño grupo de alborotadores y la torpeza de los mandos de la Ertzantza, incapaces de prever y mucho menos de controlar a los de siempre.


En fin que, si lo que pretendía Rajoy, era un abanico de telediarios gloriosos y primeras glamurosas, erro el tiro, porque la cosecha, y más en medio de la crisis de Crimea, no podía ser más raquítica y, además, contrarrestada con las imágenes de los incidentes y la conversación de chirigota entre el ministro y el monarca. Demasiado despilfarro con cargo al presupuesto, para tan poco glamour. O sea, propaganda, puritita propaganda.
 
 
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lunes, 3 de marzo de 2014

A JUGAAAAAR...

 
 
Hace ya tiempo que los otrora todopoderosos y respetados personajes  de la foto ya no se ríen como cuando fueron inmortalizados en ella para el panteón de los trúhanes. Eran otros tiempos, tiempos en los que, seguramente, bastaba levantar un teléfono o escribir un correo a la persona adecuada, para obtener el crédito urgente y salvavidas que permitía mantener pagar nóminas y mantener la ficción de una solvencia inexistente, mientras se coleccionaban coches de lujo y apartamentos en Manhattan.
 
Otros tiempos en los que llegamos a creernos los reyes del mambo, invitados a recoger las migajas de los grandes desfalcos organizados a la sombra del poder corrupto e aquí y de allá que, a cambio de financiación blanda, cuando no del perdón absoluto de las deudas hacían la vista gorda ante la orgía repugnante que se estaban pagando con nuestros ahorros.
Uno y otro coincidieron de nuevo en la prisión de Soto del Real, donde supongo que, si se cruzaron, no tendrían ya ganas de sonreír como entonces. Uno y otro acabaron allí por razones distintas. Díaz Ferrán, el otrora presidente de la patronal CEOE, que, por cierto, le mantuvo en el cargo hasta que se vio en el riesgo de celebrar sus consejos en prisión, por haber rapiñado su empresa de viajes, no sin antes haber arruinado antes las vacaciones de centenares de inmigrantes ecuatorianos, a sabiendas de que sus aviones no despegarían. Blesa fue a Soto, y por dos veces, a cuenta del celo, quizá excesivo, del juez Elpidio, convenientemente castigado ya por su osadía, que investigaba la compra, torpe si no tramposa, de un banco en Florida, con el dinero, claro, de los clientes de Cajamadrid.
En fin, minucias una y otra cosa, si se comparan con el asunto que les lleva hoy a la sede provisional de la Audiencia Nacional, en la calle Prim, donde van a ser interrogados como querellados junto a  otros "presuntos" canallas por haber estafado a miles de clientes de las cajas que formaron Bankia, sobre todo ancianos y desinformados con más buena voluntad que otra cosa que confiaron sus ahorros a empleados que, siguiendo las consignas y los sucios procedimientos dictados por la cúpula de las cajas, les hicieron creer que era un depósito seguro lo que acabó siendo aún peor que jugárselos a la ruleta.
Hoy, al final de la mañana, uno y otros, así como otros consejeros, entre los que no faltarán hoy, mañana y pasado, que vergüenza, representantes de Comisiones Obreras, UGT y del partido socialista. Unos y otros tendrán que responder de lo que, ya no cabe duda, no fue más que la rapiña del dinero de gente, en su mayoría humilde e inocente, para tapar las consecuencias del despilfarro, el amiguismo,  la codicia y la desvergüenza de quienes únicamente aportaban como aval para alcanzar sus puestos el favor de padrinos poderosos o ser la cuota que correspondía a patronal, partidos y sindicatos por practicar el "sano" y productivo oficio de ver, oír y callar.
Hoy les toca a los primeros, mañana al resto, hacer el paseíllo y sufrir la ira de quienes, amén de haber perdido sus ahorros, aunque los hayan recuperado todos o en parte, se han dejado en estos años de vergüenza y olvido, especialmente a cargo de los medios de comunicación, jirones de salud y dignidad que sólo se verán compensados con la condena de todos estos, de momento presuntos, delincuentes.
Hoy les toca a Blesa, Díaz Ferrán y el ugetista Martín Pascual, hacer el paseíllo de la ira y de la vergüenza, así que "señores", a jugar, que, con suerte y si hay justicia, la cárcel y el tener que hacer frente a la responsabilidad por el daños causado, les esperan.
 
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sábado, 1 de marzo de 2014

PREGUNTITAS

 
 
Hace ya unas décadas, aunque parece que hace siglos, el payador argentino Atahualpa Yupanqui se hacía sus "preguntitas sobre dios", preguntas que quedaban todas sin respuesta, has que llegaba la última estrofa, ésta "¿Que dios vela por los pobres? / Tal vez sí, y tal vez no. / Pero es seguro que almuerza / en la mesa del patrón. Hoy quedan ya pocas preguntitas que hacer sobre dios, porque dios y su idea están de capa caída. Por eso, me permito jugar con los versos y p cambiar a ese dios en cuestión de Yupanqui por nuestros políticos, que cada vez más, ellos sí, están más en cuestión.
Decidme, si no, qué conclusión puede sacar uno de la actitud de la ejecutiva del PSOE, Ferraz, como se suele decir, cortando las alas a los socialistas navarros y catalanes a la hora de tomar decisiones que afectan, y seriamente, a su ámbito territorial. Asistimos desde hace meses al, a mi modo de ver, bochornoso bloqueo socialista a cualquier consulta a los catalanes sobre su futuro y asistimos ahora al no menos bochornoso y mucho más escandaloso espectáculo de ver cómo desde la sede central de Madrid se coarta al Partido Socialista de Navarra, qué ironía, para que no presente esa moción de censura que desalojaría del gobierno autonómico a la presidenta Barcina, la que en su día se "forró" con las dietas de la Caja de Ahorros de Navarra y, ahora, da cobertura a la más que intervencionista e interesada consejera de Hacienda, denunciada con pruebas por tratar de intermediar por empresas que habían sido clientes de su asesoría fiscal i "eran muy importantes parea Navarra".
Piensan en Ferraz que apoyarse en los votos de Bildu para conseguir sacar adelante la moción de censura sería hacer el juego al PP, que desbarataría la campaña socialista para las elecciones europeas denunciando la colaboración de los socialistas con los "socios" de ETA y es por eso que me pregunto si los votos de los navarros que apoyaron, libre y legalmente, a Bildu en las últimas elecciones que se celebraron en Navarra tienen alguna tara, alguna peste, que impida sumarlos en lo que no deja de ser un juego democrático, o sean votos de segunda con una letra pequeña o una regla no escrita por la que se impide que sirvan para ayudar a  formar gobiernos estables.
Mientras sigamos creyendo en el fantasma de un terrorismo ya desactivado, ETA acaba de ratificar su decisión irrevocable de abandonar la violencia, mientras sigamos haciendo creer que creemos, mientras haya partidos que dejen de aplicar la lógica democrática por el miedo a salir retratados junto a quienes, insisto, han sido elegidos con todas las de la ley, estaremos en manos de quienes manejan a la perfección ese chantaje castrante que les permite seguir cabalgando en el machito al que se subieron hace ya tantos años.
En este caso, esa obcecación, añadida a la nula intención de la señora Barcina de dimitir va a impedir que los navarros puedan decidir sobre su futuro en unas elecciones anticipadas, ahora que, a todas luces,  han perdido la confianza en su gobierno. Hay que comenzar a obrar por decencia y no por conveniencia. Hay que tomar decisiones valientes y hay que atreverse a explicarlas. Sólo así desactivaremos a esos fantasmas que sólo viven con y del aliento del pasado. 

En Cataluña es el miedo de uno y otros, porque estoy convencido de que tampoco Mas quiere una consulta clara, a saber qué decidirían realmente los catalanes sobre su futuro, después de haber sido correctamente informados sobre él. Yo, lo he dicho muchas veces, y, lo admito, sin conocer de primera mano la situación catalana, probablemente no votaría a favor de la independencia como parece reclamarse desde la Generalitat, pero, sin ningún lugar a dudas, lucharía por el derecho a la consulta a los catalanes y para los catalanes. 
 
Eso es algo que no puedo entender. Qué miedo puede haber a la una decisión libre y responsable, por qué los españoles, seamos de dónde seamos, pensemos cómo pensemos, vamos a tener que ser tutelados eternamente por ese dios, esos partidos, que, lejos de escuchar y atender a las necesidades y anhelos de sus votantes "es seguro que almuerzan en la mesa del patrón". 
 
 
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jueves, 27 de febrero de 2014

CATALUÑA Y EL DENTISTA



Pido perdón, en primer lugar a todos los que se puedan sentir ofendidos por la comparación. Pido perdón y aclaro que en absoluto creo que Cataluña y su gente sean una muela podrida. Más bien al contrario creo que es una pieza fundamental y armónica en la dentadura de España. Lo que creo que sí es comparable es la gestión que se hace de una y otra. 

Cualquier molestia que nos pueda producir una pieza es ante todo, y como tal debe interpretarse, un síntoma de que algo va mal. Cualquier fisura, cualquier pequeño orificio en el esmalte, no son sino puntos débiles por los que pueden entrar y en los que pueden acumularse los problemas que llevarán irremediablemente a la pérdida.

Siempre hay, siempre se encuentran, y yo doy fe de ello excusas para no acudir al dentista, siempre encontramos algo más importante que hacer, cualquier otra urgencia a la que responder, antes de tomar la heroica decisión de pedir hora al dentista y visitarle. Es caro, el dolorosos y es incómodo hasta en el calendario y, por eso, es siempre una decisión que podemos posponer hasta que, por desgracia, llega un momento en el que el incómodo, el fatídico momento, se hace irremediable.

Es fácil ponerse a pensar en si la pieza es indispensable o no, en que si cambiando la manera en que masticamos podemos soslayamos el dolor u el riesgo. Son excusas que, al final, no conducen a nada bueno, porque todo en el cuerpo humano es equilibrio, la boca y la dentadura también, y, si se rompe ese equilibrio, nos precipitamos a males mayores.

Lo mejor es, cuando el problema es sólo una caries que no amenaza a la estructura de la pieza, darle solución saneando y sellando el agujero para conjurar con ello males mayores. Hay que evitar a toda costa que la masticación evasiva o la resistencia al dolor, con o sin analgésicos, nos hagan perder las buenas maneras, la tranquilidad y la sonrisa. Estas cosas, las de las caries y el incendio nacionalistas se sabe cómo empiezan, pero nunca se sabe cómo pueden llegar a acabar.

Rajoy, aplicando su vieja receta del "aquí no pasa nada", no ha querido en el debate sobre el Estado de la Nación que acaba de concluir, mirar de frente a Cataluña. Tiene que sentarse y ponerse a negociar, porque el inmovilismo que viene practicando desde hace décadas quizá le haya dado buenos resultados, pero a él, sólo a él, porque a los españoles, su pereza, su falta de coraje, su estrategia "dontancredista" nos está yendo muy mal. Rajoy, una vez más, ha decidido, y lo ha hecho por todos nosotros, que el dolor es soportable y que la visita al dentista puede esperar, lo que no deja de ser un error y grave que pagaremos todos.

Rajoy puede fingir que todo está bajo control. Rajoy puede hacernos creer que Cataluña no es tan importante. Puede enseñarnos a "comer por otro lado" y darnos alguna que otra pastilla de demagogia para superar el dolor. Pero, mientras haga eso, la caries de la sensación de injusticia seguirá minando la pieza y ahondando en el problema que, sí, existe y se agrava por momentos.

Ayer, Rajoy volvió a despreciar la oportunidad de sentarse en el sillón del dentista para establecer el tratamiento que devuelva la funcionalidad y la sonrisa a nuestra boca. El conflicto, de momento sólo dialéctico, con Cataluña es esa cita que esquivamos con el dentista. Quizá vayamos saliendo del paso, pero, si no tomamos pronto las decisiones adecuadas, llegarán el dolor insoportable, la extracción y la hemorragia. Quizá así lleguemos a calmar nuestra boca, pero ya no será la misma. 
 
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miércoles, 26 de febrero de 2014

DE QUÉ PAÍS HABLA

 
 

No temáis, ayer no seguí, mucho menos en directo, el arranque del debate sobre el Estado de la Nación. No es la primera vez que lo hago y os confieso que, desde aquella tarde del 23 de febrero de 1981, cualquier debate parlamentario carece de emoción, estando como están sometidos al guión de esos enanitos de Santa Claus que escriben los discursos del líder de turno, como si fuesen los juguetes que reparte el de la barba blanca, tan brillantes como frágiles.

No escuché el debate, como tampoco escuché la intervención de Rubalcaba, que, mal que me pese, lleva escritas en su pasado todas las réplicas a sus acusaciones. No los escuché, porque la experiencia me dice y me confirma que mereció la pena ahorrármelo, como podía haberme ahorrado la increíble "Operación Palace" de Évole, a la que faltó como advertencia de lo que nos esperaba la enervante cabecera del show de Benny Hill.

No lo escuché, pero me bastaron el resumen radiofónico y alguna que otra opinión para comprobar que, como el especial de Évole, hubiese encajado más en la ficción que disfrazado de informativo, porque lo que trató de contarnos Rajoy con esa oratoria antigua y sobreactuada, con ese horrible castellano que habla, no por gallego, sino por vago, es inverosímil para todo aquel que, como él, no sea de buena estirpe, para todo aquel que no pise algo más que la moqueta de los despachos y los salones o el césped de los jardines.

Se nota que hace mucho que el presidente no se cruza con un español de carne y hueso. Se nota que hace mucho que nos e cruza con alguien que, más allá de esa informalidad forzada del sport y de los mítines de los domingos, no use corbata. Se nota demasiado que su día a día apenas tiene que ver con el del resto de los mortales.

¿Cómo si no puede atreverse a decir que hemos doblado el Cabo de Hornos? No tiene más que mirar atrás para ver que se ha dejado en las escolleras y en las heladas aguas del estrecho de Magallanes a más de la mitad de la tripulación. Parados sin esperanzas de volver a trabajar, niños mal alimentados a los que se les ha quitado la única comida ordenada del día, estudiantes universitarios que han tenido que dejar las aulas ante el efecto combinado de la subida de tasas y el recorte de becas, incapacitados desasistidos, enfermos que pagan por estarlo, carreteras abandonadas,  jardines abandonados, calles sucias, aeropuertos llenos de jóvenes y no tan jóvenes en busca de futuro... náufragos, en fin, de una travesía en la que, como en la del Titanic, sólo la primera clase tiene derecho a subir a los botes.

La España que ayer pintó Rajoy poco tiene que ver, como siempre, con la realidad. Sí tuvo que ver con la España real la que pintó Rubalcaba, pero su esfuerzo llega tres años tarde y me temo que será baldío, porque apenas tiene ya credibilidad, siquiera entre los suyos. Y es que su pecado no fue ya el de haber formado parte del último gobierno Zapatero, el del desastre económico, el de otra España irreal que se dejó envolver en la música de la orquesta, mientras el barco se hundía y el agua le llevaba al cuello. Su peor pecado ha sido el de, por mala conciencia, por oficio o por coincidencia, no supo ponerse del lado de la gente y defenderla, mirándose el ombligo, en vez de mirar las vergüenzas al descubierto de quienes le habíamos votado.

No sé de qué España hablaba ayer Rajoy. Ni siquiera sé qué pretende con esas ofertas de fin de temporada -tarifa plana y falsa rebaja de impuestos a los más débiles- con que trata de engatusar a los  votantes crédulos, porque, si realmente quiere reactivar la economía, mejor le iría, nos iría, si se decidiese a rebajar el IVA.

Con esa "tarifa plana a la Seguridad Social " para nuevos empleos que tanto me recuerda a los engatusadores telefónicos, va a conseguir que quienes quieran deshacerse de un trabajador de cincuenta años lo puedan cambiar por dos de veinticinco, mientras se siguen desangrando las arcas de la Seguridad Social, porque, no lo olvidemos, la cuota que pagan los empresarios no es otra cosa que una parte del salario del trabajador que se difiere para su jubilación. Y, en cuanto a eximir de hacer la declaración de la renta a quienes no superen los 12.000 euros de ingresos, en la práctica ya era un hecho, pero me temo que hará que más de uno se crea beneficiado, sin pensar en que la rebaja, por pequeña que sea, se hace a costa de recortar en educación, sanidad y no sé cuántas cosas más.
Por eso no sé de qué España habla Rajoy, quizá de eses país al servicio de "la estirpe buena" de la que hablaba en su artículo del Faro de Vigo del 83. Tampoco sé si Rubalcaba es el líder que necesita este país para salir de este maldito agujero.

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lunes, 24 de febrero de 2014

EXORCIZAR EL 23-F

Está claro que los tiempos están cambiando- Es evidente. Ahora que los ciudadanos, escaldados en el agua hirviendo de la crisis, comenzamos a desconfiar del verdadero valor de una democracia que en demasiadas ocasiones no pasa de formal, comenzamos también a poner en duda, si no la veracidad de lo que ocurrió hace treinta y tres años y un día, sí la del significado que, de alguna manera, se nos impuso de lo que pasó.
Tuve dos ocasiones de comprobar esto que os digo. La primera a las diez de la mañana, en la radio, cuando en el programa que tan brillantemente dirige Javier del Pino en la SER, Jacinto Antón, uno de sus colaboradores habituales contó su propio 23-F, vivido desde la compañía de policía militar que el comandante Pardo Zancada llevó al congreso, cuando era ya evidente que Tejero se había quedado solo. Jacinto Antón, junto a un compañero de armas de aquellos días, contó cómo vivieron aquellas horas en que unos simples soldados de reemplazo se vieron obligados a acudir a ciegas a lo que pretendía ser un golpe de estado y cómo se dieron de bruces con "el ejército de Pancho Villa" encarnado por los guardias de Tejero.
Antón habló de cómo algunos mandos acabaron llorando y otros borrachos, del saqueo de la cafetería y los despachos del Congreso, de que, aunque afortunadamente no pasó nada, pudo haber pasado cualquier cosa con unos jóvenes soldados tan poco preparados como asustados y armados hasta los dientes, de cómo un sólo disparo podía haber desencadenado una masacre y habló, sobre todo, de las cosas que pasaban por la cabeza de unos soldados llevados a la mili a la fuerza y aún más a la fuerza a participar en un golpe de estado.
Sin embargo, lo más llamativo de la historia de Jacinto Antón fue el corolario final. Días después de que su compañía hubiese regresado al cuartel sin consecuencias, fue arrestado por llevar un par de calcetines azul marino que no se correspondían con los negros que impone la uniformidad. Antón comentaba con sorna que le arrestaron por llevar esos calcetines y, paradójicamente, se fue de rositas después de haber participado en un golpe de estado.
La otra prueba de lo que os digo la ofreció La Sexta con la emisión de un documental "basado en hechos irreales", en el que se nos contaba, con la complicidad de periodistas, diputados y cineastas, que el golpe del 23-F no fue sino una farsa concertada por todos los partidos para reforzar en los ciudadanos los sentimientos a favor de la democracia. Una especie de vacuna contra el golpismo, como acabó siendo el golpe de Tejero, pero premeditada y pactada por todo el arco parlamentario.
La presencia de Iñaki Gabilondo, Fernando Ónega, Joaquín Leguina, Jorge Verstringe, Felipe Alcaraz o José Luis Garci, contribuía a dar credibilidad a algo a todas luces inverosímil, pese a algunos desbarres, especialmente de Verstringe que lo hacían increíble. Sin embargo, en ningún momento, salvo al final, se advertía de que todo era una farsa, con lo que algunas almas cándidas u obligadas a madrugar se irían a la cama pensando que la Operación Palace realmente existió y en que todo aquello fue una pantomima.
A estas horas ya sé que Évole ha reforzado su leyenda de héroe del periodismo y la democracia. Yo, sin embargo, abrigo mis dudas. No creo que sea bueno disfrazar de verdad lo que no es más que un programa de ficción en el que los actores han sido sustituidos por los protagonistas reales de aquella historia, convencidos para interpretar un guión que la deforma, llevándola hasta el esperpento. Que conste que reconozco el esfuerzo de producción y relaciones públicas que ha supuesto la elaboración de esta "película". En cuanto al mérito y la oportunidad de emitirlo como se emitió, tengo mis dudas.
La idea no es original. De hecho y que yo sepa, ya lo hizo el francés William Karel que, en 1990, rodó para el canal Arte "Operation Lune", en la que Kissinger, Rumsfeld, la viuda de Kubrick y un sin fin de personajes reales, contaron como se rodó en los estudios londinenses de Kubrick una "toma de seguridad" del alunizaje, por si este fracasaba, de cuyo rodaje se extrajeron las fotos finalmente difundidas del acontecimiento. Unas intervenciones que se daban por buenas hasta el final del documental, en que se desvelaba la farsa.
No me gustó, insisto, la forma en que se emitió el documental de Évole, sin anestesia. El único mérito que le reconozco es el de que, como la intervención de Jacinto Antón, en "A vivir, que son dos días", contribuye a exorcizar y desdramatizar aquel negro episodio de la reciente historia de España.
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viernes, 21 de febrero de 2014

TEATRO Y SILENCIO

 
 

Si se cumplen los pronósticos, la llamada Comisión Internacional para la Verificación del Alto el Fuego de ETA podría anunciar hoy algún paso significativo de la banda en su camino hacia el abandono definitivo de las armas. Esta información, que hace apenas tres años hubiese merecido titulares a cinco columnas y abrir telediarios, hoy apenas tiene trascendencia. Y es así porque los humanos nos acostumbramos a lo bueno, lo placentero, y olvidamos con demasiada facilidad lo malo.

Quién nos iba a decir, a nosotros que hemos oído estallar las bombas de ETA o hemos tenido que ver los cuerpos de las víctimas de sus artefactos o sus balas, que el final de la violencia, salvo para los que sufren sus secuelas, iba a ser así, lento y, en cierto modo, plácido.

Y, sin embargo, era lógico que así fuera. Así lo fue el del IRA en Irlanda del Norte. Y eso que aquel conflicto, con el que ETA ha querido siempre equiparar al que ETA aún mantiene que sigue vivo en Euskadi, fue más largo y más trágico, aunque tengo claro que, para cada una de las víctimas, el dolor, su dolor, es único, y aquí, en Euskadi, no tenía que ser de otra manera. Al final de un conflicto tan largo y tan imbricado en la sociedad, como lo han sido uno y otro, aquí y allá, la paz llega después de un acuerdo, cerrado a la luz o discretamente, que cada una de las partes debe representar.

En esas estamos ahora, en la escenificación del final de ETA, asistiendo a los aspavientos, llenos de intransigencia, de uno y otro, aspavientos que no buscan otra cosa que masticar el acuerdo para que sus fieles lo asimilen y disfruten de una plácida digestión de algo que, hasta hace no tanto, parecía imposible de roer.

La verdad es que, salvo la agitación estimulada por el TDT Party y la indignación de las víctimas que, a mi juicio,  tan erróneamente se está llevando al primer plano, la sociedad está asimilando ese final soterradamente pactado sin darse cuenta, como la cicatriz de una vieja herida que sólo se nos manifiesta cuando la vemos o nos la hacen ve, porque mientras eso no ocurre, la normalidad diluye indignaciones y da tiempo para razonar fríamente los pros y los contras del proceso.

Hace ya unos años, cuando José Luis Corcuera era ministro, él o alguien de su entorno, ahora no lo recuerdo exactamente, en un  momento en que los golpes a ETA eran frecuentes, en lugar de "tirar" de un triunfalismo de manual, me hizo ver que la solución no podía ser sólo policial y me lo hizo ver con esta pregunta "de qué se trata, de vengarse de ETA o de acabar con ETA", En aquel momento lo entendí perfectamente: se trataba de acabar con ETA y con el dolor que produce.

Ayer mismo, el ministro Fernández Díaz, el mismo que lleva dos semanas escenificando excusas para justificar la salvajada de la plata del Tarajal en Ceuta, hablaba con desprecio del "teatro" que, para él, suponen las ceremonias de los verificadores y los comunicados. No era consciente el ministro de que algunos pensamos que lo suyo, si es que lo está haciendo bien, también debe ser puro teatro. El final de una tragedia que ha costado más de mil muertos y muchos más heridos en el cuerpo y en el alma, debe llegar como parece estar llegando éste: con silencio y una gran dosis de teatro, porque, para la sociedad, para nuestros hijos, aunque una y otros no sean hoy, o no sean nunca, conscientes de ello, lo importante no es la venganza, sino el final de ETA. Aunque, claro está, no hay que dejar de pensar en el rédito electoral que, sobre todo al PP, le ha dado su intransigencia con ETA y eso ese lastre es difícil de soltar.
 
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