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lunes, 6 de octubre de 2014

TODO CUADRA



No creo que haya un sólo votante del PSOE y menos si estaba afectado por un desahucio o por la estafa de las preferentes que no torciese en gesto al escuchar a los diputados que había elegido con su voto hablar de la inseguridad jurídica que provocaría paralizar los desahucios o al comisario de Economía de la UE, Joaquín Almunia, hablar de la quita con que los afectados de las preferentes tendrían que pagar su codicia. Cómo no iban a hacerlo, si ellos o su partido estaban enganchados a la teta de una entidad que maquillaban con su presencia en los consejos de administración, pero que, en realidad, no era más que una cueva de ladrones que acabó con lo que nosotros creíamos una banca justa, a salvo de la codicia.
Y qué decir de las tibias reacciones de los sindicatos, si es que las hubo, a las sospechosas maniobras de la cúpula de la caja, alocadas y suicidas, mientras esos mismos pájaros se fijaban sueldos, bonus y pensiones escandalosas. Poco a poco lo vamos entendiendo todo, con la melancolía del enamorado que ha sido engañado o con la violencia del cornudo iracundo. Poco a poco nos vamos dando cuenta de que ese silencio, esa tibieza o esas sorprendentes reacciones tenían un precio que unos, los gestores de la caja pagaban, con nuestro dinero, eso sí, y otros, los consejeros en representación de partidos y sindicatos, cobraban sin el menor rubor para vergüenza y cabreo de quienes alguna vez creímos en ellos.
Hoy hemos sabido por EL PAÍS que Caja Madrid estaba comprando el silencio de PP, PSOE y, ojo, también IU, aportando un millón de euros anuales a las fundaciones de cada una de las formaciones, esas mismas que se utilizan para cobrar "impuestos revolucionarios" y pagar, con colaboraciones en publicaciones o bolos y conferencias, pagados a precios desorbitados, las correspondientes coimas a quienes se mostrasen dispuestos a alquilar su voz y su conciencia a los intereses de cada partido. Algo que, para aquellos que quisiesen verlo, flotaba en el aire, porque a nadie, salvo a quienes iban sobrados de ego o de ambición, podía parecer normal ni, mucho menos, justo.
Desde que saltó el escándalo, nos hemos enterado con detalle de las cantidades que han gastado todos y cada uno de los consejeros "comprados". Así hemos sabido que algunos, los menos y que se pueden contar con los dedos de una mano, no hicieron gasto con esas siniestras tarjetas o, si es que llegaron a hacerlo, resultó ridículo frente al de sus compañeros de consejo. Pero, aun así, pese a parecer tontos u honrados, tampoco dejan de ser culpables, porque tenían en su mano o, mejor dicho, en su bolsillo la prueba fundamental de un soberano escándalo que, pese a que "sólo" ha supuesto quince millones de euros, ha sido la llave con la que los cuarenta ladrones abrieron, para saquearla la cueva del tesoro de Caja Madrid.
Pero no pensemos que ya lo sabemos todo de este asunto, aún quedan por aflorar otros flecos de este asunto, otros procedimientos, mediante los cuales se ponía a buen recaudo la somnolienta conciencia de todos estos consejeros y algún que otro vocal, porque, si Blesa y compañía autorizaban mediante una llamada o una firma créditos blandos o a interés cero a amigos sin relación con la caja, qué no iba a hacer con estos consejeros de cuyos votos dependía sacar adelante sus planes.
Una vergüenza. Sobre todo, pensando en quienes han perdido su casa por no haber podido cumplir las condiciones firmadas en su hipoteca en un periodo de euforia económica ante quienes nunca les advirtieron de esas cláusulas ocultas en la letra pequeña, tan abusivas como la usura, que han acabado por dejarles en la calle. Ellos están pagando la crisis y otros han vendido a buen precio sus silencio para hacerlo posible. Ahora, todo cuadra.


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jueves, 18 de septiembre de 2014

POR LA BOCA MUERE EL PEZ



Aunque pareciera que hoy sólo se pudiera hablar de referendos y consultas, de Escocia y Cataluña, yo prefiero detenerme en una noticia que, aunque en la mayoría de los medios ha quedado enterrada bajo el peso de esta imagen de una Europa que se descose, una noticia que no es otra que la transcendental decisión tomada ayer por el juez Andreu de la Audiencia Nacional de incorporar al sumario del caso preferentes los correos que el entonces todopoderoso Miguel Blesa dirigió a amigos y colaboradores a propósito de la gran estafa que se organizó desde la cúpula de Caja Madrid, colocando a sus clientes, la mayoría inocentes ahorradores, un producto financiero, más que tóxico, letal y podrido, con el que pretendieron taponar de mala manera los boquetes causados por su gestión, por los que se desangraba la solvencia y el prestigio de una institución con más de tres siglos de antigüedad.
Los correos, enviados y recibidos desde y en la cuenta de correo corporativa de Miguel Blesa como presidente de Caja Madrid, fueron exigidos por el juez Elpidio Silvia, dentro de la investigación abierta por la compra presuntamente fraudulenta de un banco en Florida y eran, a juicio de Silva, tan reveladores del modo de comportarse de este ejecutivo cuyo mayor mérito era su amistad con José María Aznar, que determinaron su decisión de mandarle a prisión por dos veces.
Inexplicablemente, Blesa salió de prisión, pero más inexplicablemente aún, su colega Andreu no quiso incorporar esos correos en los que se hablaba con tanta prepotencia del éxito de la tenebrosa operación de venta de los preferentes sólo comparable al desprecio con que se hablaba de los clientes estafados. Y tan evidente resultó la estafa que Bamkia ha devuelto a día de hoy la mayor parte de ese dinero obtenido bajo engaño de sus clientes.
Los comprometedores correos, publicados por el digital el diario, que hoy, por cierto, cumple dos apasionantes años, revelaban una personalidad, la de Blesa, servil con los amigos, especialmente con los poderosos, la insaciabilidad de éstos, que llegan, como el hijo de Aznar, a exigir el trato de favor que reclaman, y el desprecio de Blesa a sus empleados y clientes. Pero, inexplicablemente, salvo que consideremos la existencia de presiones o exquisiteces legalistas de esas que llevan a la justicia a "cogérsela con papel de fumar", si el investigado es poderoso, esos correos cuyo contenido todos pudimos conocer, no fueron incorporados a la investigación.
Ahora sí. Ahora esos correos han sido incorporados al sumario, en lo que las acusaciones consideran un vuelco en la investigación, ya que dejan en evidencia a Blesa que insistió ante el juez en que desconocía en 2009 el agujero en la entidad. Algo tan difícil de creer como que la caída de árboles en Madrid no tiene que ver con los recortes en el personal y recursos de jardinería llevado a cabo por la, alcaldesa de Madrid, por cierto también amiga de Blesa.
La única explicación que encentro a cambio de actitud del juez es la de que el panorama político que se abre, con un partido en el Gobierno, padrino de Blesa, que ve resquebrajarse su poder, con un ministro de Justicia desprestigiado, humillado y con un pie fuera del ministerio, y con una sociedad muy movilizada que hace tiempo ha dejado de callarse y que viene comprobando su fuerza con la marcha atrás dada por el gobierno en varios asuntos.
La España de hoy, pese a la caída en desgracia del juez Silva, tiene poco que ver con aquella España del caso Naseiro, en la que, por arte de birli birloque y la consiguiente ingeniería jurídica, tan temible como la de Calatrava o la financiera, nadie escuchó a Eduardo Zaplana y otros cargos del Partido Popular en Valencia repartirse las comisiones de los constructores por la adjudicación de obras en sus áreas de poder. En la España de hoy, hay correos electrónicos, medios para investigarlos y, sobre todo, hay una prensa libre, comprometida sólo con sus lectores, dispuesta a publicar cuantas tropelías se cometan desde el poder.
Haber escrito lo que escribió ese patán de zapato italiano y despacho panorámico en esta España de hoy demuestra una vez más que la prepotencia de los poderosos y el servilismo de quienes les rodean son malos consejeros, porque, al final y siempre, por la boca muere el pez.


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lunes, 3 de marzo de 2014

A JUGAAAAAR...

 
 
Hace ya tiempo que los otrora todopoderosos y respetados personajes  de la foto ya no se ríen como cuando fueron inmortalizados en ella para el panteón de los trúhanes. Eran otros tiempos, tiempos en los que, seguramente, bastaba levantar un teléfono o escribir un correo a la persona adecuada, para obtener el crédito urgente y salvavidas que permitía mantener pagar nóminas y mantener la ficción de una solvencia inexistente, mientras se coleccionaban coches de lujo y apartamentos en Manhattan.
 
Otros tiempos en los que llegamos a creernos los reyes del mambo, invitados a recoger las migajas de los grandes desfalcos organizados a la sombra del poder corrupto e aquí y de allá que, a cambio de financiación blanda, cuando no del perdón absoluto de las deudas hacían la vista gorda ante la orgía repugnante que se estaban pagando con nuestros ahorros.
Uno y otro coincidieron de nuevo en la prisión de Soto del Real, donde supongo que, si se cruzaron, no tendrían ya ganas de sonreír como entonces. Uno y otro acabaron allí por razones distintas. Díaz Ferrán, el otrora presidente de la patronal CEOE, que, por cierto, le mantuvo en el cargo hasta que se vio en el riesgo de celebrar sus consejos en prisión, por haber rapiñado su empresa de viajes, no sin antes haber arruinado antes las vacaciones de centenares de inmigrantes ecuatorianos, a sabiendas de que sus aviones no despegarían. Blesa fue a Soto, y por dos veces, a cuenta del celo, quizá excesivo, del juez Elpidio, convenientemente castigado ya por su osadía, que investigaba la compra, torpe si no tramposa, de un banco en Florida, con el dinero, claro, de los clientes de Cajamadrid.
En fin, minucias una y otra cosa, si se comparan con el asunto que les lleva hoy a la sede provisional de la Audiencia Nacional, en la calle Prim, donde van a ser interrogados como querellados junto a  otros "presuntos" canallas por haber estafado a miles de clientes de las cajas que formaron Bankia, sobre todo ancianos y desinformados con más buena voluntad que otra cosa que confiaron sus ahorros a empleados que, siguiendo las consignas y los sucios procedimientos dictados por la cúpula de las cajas, les hicieron creer que era un depósito seguro lo que acabó siendo aún peor que jugárselos a la ruleta.
Hoy, al final de la mañana, uno y otros, así como otros consejeros, entre los que no faltarán hoy, mañana y pasado, que vergüenza, representantes de Comisiones Obreras, UGT y del partido socialista. Unos y otros tendrán que responder de lo que, ya no cabe duda, no fue más que la rapiña del dinero de gente, en su mayoría humilde e inocente, para tapar las consecuencias del despilfarro, el amiguismo,  la codicia y la desvergüenza de quienes únicamente aportaban como aval para alcanzar sus puestos el favor de padrinos poderosos o ser la cuota que correspondía a patronal, partidos y sindicatos por practicar el "sano" y productivo oficio de ver, oír y callar.
Hoy les toca a los primeros, mañana al resto, hacer el paseíllo y sufrir la ira de quienes, amén de haber perdido sus ahorros, aunque los hayan recuperado todos o en parte, se han dejado en estos años de vergüenza y olvido, especialmente a cargo de los medios de comunicación, jirones de salud y dignidad que sólo se verán compensados con la condena de todos estos, de momento presuntos, delincuentes.
Hoy les toca a Blesa, Díaz Ferrán y el ugetista Martín Pascual, hacer el paseíllo de la ira y de la vergüenza, así que "señores", a jugar, que, con suerte y si hay justicia, la cárcel y el tener que hacer frente a la responsabilidad por el daños causado, les esperan.
 
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jueves, 13 de febrero de 2014

QUE LO PAGUEN DE



Ayer supe por fin que en cuestión de horas ingresarán por fin en mi cuenta los ahorros que me fueron escamoteados mediante el engaño de las preferentes. Fui de los que se sometieron al arbitraje ofrecido por Bankia y, si lo hice, fue porque tenía claro que, dada mi deficiencia visual, que me incapacita para leer documentos en papel y que la de las preferentes, que yo creó siempre un depósito, era mi primera inversión en más de treinta años de cliente de Caja Madrid. Y si me sometí al arbitraje es porque tengo un sentido estricto de la justicia y no dudaba que se reconocería el engaño, como finalmente ha ocurrido.
Habrá entonces quien piense que debo estar satisfecho y que mis problemas con las preferentes terminan aquí. Nada más lejos de la realidad, porque, si he podido recuperar todo lo estafado, como bastantes de los estafados por entidades ahora intervenidas es porque dichas entidades han sido rescatadas con los miles de millones de euros que nos dejó Europa y que acabaremos pagando todos los españoles. De no ser así, las cajas saqueadas por los Blesa, Rato y compañía se habrían desecho como un azucarillo en el agua y sus clientes hubiésemos quedado compuestos y sin ahorros.
Lo que quiero decir es que lo que se me ha devuelto lo están pagando o lo van a pagar todos los españoles que cumplen con sus obligaciones fiscales y que no estoy dispuesto a consentir que, mientras tanto, los verdaderos causantes de esa ruina, Miguel Blesa, por ejemplo, disfruten del lujo asiático que se han comprado, rapiña a rapiña, con todo lo que desviaron en comisiones, dietas, bonus o favores a empresas, si no propias, de amigos, hasta dejar las Cajas que se les encomendó gestionar como un castillo de naipes en medio del vendaval de la crisis.
Ayer se conocieron las peticiones fiscales para los directivos de la Caja de Ahorros del Mediterráneo por haber arruinado dolosamente, según el fiscal y los abogados que representan a los nuevos propietarios, la boyante caja que se perdió en un mar de dietas inventadas, créditos a familiares y amiguetes e inversiones a todas luces fraudulentas. Es la primera de las gestiones de cajas que llega al banquillo y fue, según los responsables de deshacer el enorme desaguisado, lo peor de lo peor. Y me parece poca cárcel, que ni siquiera llegarán a cumplir si son condenados, para quienes acabaron con los ahorros, la salud y la seguridad en la vejez de miles de humildes clientes. No olvidemos que hace unos días murió una de ellas mientras esperaba entrar a la sala en la que se vería el juicio por la reclamación de sus ahorros.
Poca petición para él y poca la que, me temo, habrá para Miguel Blesa, el mismo que empleaba la mayor parte de su jornada en atender las peticiones de favores de sus amigos o en justificar la imposibilidad de hacer los demasiado descarados que los órganos de control de la Caja no le permitían.
¡Que lo paguen! Que les hagan devolver hasta el último céntimo de su botín, para que, ni ellos ni sus herederos disfruten de lo que se les robó a esos ciudadanos a los que despreciaron hasta el punto de robarles el futuro.

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viernes, 17 de mayo de 2013

BLESA Y EL MAL AJENO

 
 

Cuántas veces habré escuchado eso de que no se debe desear el mal ajeno. En cualquier caso, seguro que han sido demasiadas, porque, como consejo, tiende a beneficiar a truhanes que, como el flamante inquilino de la cárcel de Soto del Real, Miguel Blesa, han amasado su obscena fortuna repartiendo ruina y dolor entre ciudadanos y trabajadores sin culpa ninguna en sus desmanes.

No sé si me movía el deseo de justicia o el de venganza, pero os aseguro que, cuando ayer me enteré de la orden de prisión contra quien, por deseo expreso de José María Aznar, ocupó la presidencia de la segunda caja del país, me sacudió un arrebato de alegría que me llevó a compartir tan buena noticia con amigos y familiares. Lo cierto es que, con el encarcelamiento de Blesa, ayer vi colmado uno de mis más firmes deseos de los últimos meses.

No podía ser, iba contra la razón y el equilibrio, que quien presidió Caja Madrid durante los años de la burbuja inmobiliaria, quien perpetró o permitió que se perpetrasen errores tales como el de poner casi todos los huevos de esta entidad, llena de prestigio y que contaba con la confianza de cientos de miles de madrileños que creíamos en sus fines sociales, en la cesta del sector inmobiliario, incluso cuando ya daba claros síntomas de estar al borde del estallido.

No podía ser que quien contrató con ciudadanos de a pie hipotecas imposibles de asumir, quizá para hacerse perdonar la concesión de créditos no menos imposibles a amigos como Díaz Ferrán y otros, unas veces para tapar agujeros y otras para sacar adelante los pelotazos del monocultivo inmobiliario, implantado por Aznar en España. No podía ser que se fuese de rositas quien hundió Caja Madrid con añagazas y trampas contables, mientras se llenaba los bolsillos con bonus e indemnizaciones.

Hoy hay decenas de miles de clientes de lo que fue Caja Madrid que han perdido todos sus ahorros mediante una estafa organizada, en la que se abusó de su confianza haciéndoles creer que, lo que en realidad eran bonos basura, era un depósito a cinco años. Hoy hay miles de familias que han perdido el hogar que no podían pagar, pese a que en la caja les hicieron creer que sí. Hoy también hay miles de empleados de Bankia que van a ir a la calle, porque, después de la debacle causada por Blesa, es imposible, dicen, mantener sus puestos de trabajo.

Por eso no podía irse de rositas este señor que tenía pensado casarse en menos de un mes -habría que saber por qué a los amigos de Aznar les da por casarse después de liarla- con una empleada de la caja que -dicen- sigue llamándole presidente. No podía ser que disfrutase de todos los millones ganados o saqueados -eso lo dirán los jueces- durante catorce años. No podía ser que desapareciese en cualquier playa, sin más preocupación que asistir a fiestas o darlas él mismo o mejorar su swing en el campo de golf.

Hubiese demasiado duro, muy duro, para quienes en este país hemos perdido algo por su culpa. Sé que no tardará en reunir los dos millones y medio de euros que le piden, porque él tiene de donde sacarlos y tiene amigos que se los presten. Sé que quizá la decisión del juez se quede de momento en un buen susto para el compañero de pupitre de Aznar. Pero el camino es largo y amen del asunto de la compra ruinosa y tramposa del banco quebrado en Florida, tiene pendientes la concesión de un crédito difícil de justificar a su amigo y, desde ayer, compañero en la prisión de Soto, Gerardo Díaz Ferrán, y la querella presentada contra él por la comercialización de preferentes.

Probablemente no sea bueno desear el mal ajeno. No lo sé. Pero cuando el objeto de ese perverso deseo ha causado, a su vez, tanto daño, aunque no sea bueno, os aseguró que resulta muy higiénico. Y más si esos deseos se ven colmados y, como da a entender el titular del diario económico Cinco Días, Miguel Blesa sólo es el primero.

 
 
 

sábado, 23 de marzo de 2013

ESPAÑA COMO CHIPRE

 
 
Llevamos ya una semana escandalizados por lo que está pasando en Chipre y acojonados porque lo que está pasando en la isla mediterránea pueda llegar a pasar en España y no nos damos cuenta de que lo de Chipre lleva años pasando en España, porque qué otra cosa es sino la quita tramposa con que la mayor parte de la banca española ha enjugado el agujero que dejaron en ella la tan manida burbuja inmobiliaria y la rapiña de sus directivos conchabados con el silencio cómplice y sobornado de partidos y sindicatos.
Me estoy refiriendo, claro, a la estafa de las preferentes, por la que la práctica totalidad de la banca española confiscó mediante engaños o directamente "por la cara" los ahorros de decenas de miles de clientes, la mayoría ancianos, jubilados o recién despedidos que pretendían estirar su finiquito para afrontar con un poco más de tranquilidad los años del paro o la corta jubilación. No hubo piedad para atraparlos en la red y no la ha habido ahora para decidir sin rubor y sin más que, ale hop, sus cien son desde hoy sesenta.
Cuando la banca, salpicada por el estallido en plana cara de la burbuja inmobiliaria, comprendió tarde y mal que acababa de romperle el cuello a la gallina de los huevos de oro, decidió que lo siguiente era recapitalizarse lo antes posible y a costa de lo que fuese. Y, como ya sabéis, la recapitalización fue a costa de sus clientes, porque nadie mejor que ellos para saber quién tenía ese dinero que, cada minuto que pasaba, necesitaban con más premura para taparse el culo que el parón de la construcción les había dejado al descubierto.
Para todos aquellos a los que se les ofreció "el producto" la cosa tenía sentido. El interés que se les daba a cambio de "depositar" sus ahorros, era superior, porque el banco o la caja lo necesitaban para remendar el desgarrón por el que asomaban tanto solar ahora baldío y tanta hipoteca impagada. Tenía su lógica. También a ellos, cuando habían pedido un crédito, les habían cobrado sus buenos intereses y les habían exigido garantías.
Ese fue el peor de los fallos, todos confiamos en esos bancos y esas cajas que llevaban toda una vida en el barrio, cuyos empleados tomaban café con nosotros y hacían reformas en la sucursal cada dos por tres -yo, por ejemplo, sólo la hago cuando la necesito y puedo pagarla- y, por si fuera poco, eran según miembros del gobierno, el gobernador del Banco de España y bastantes políticos, seguros y solventes.
Creo que no hace falta recordar el calvario que están viviendo los que ahora llaman "preferentistas", sueños frustrados, bodas de hijos retrasadas o minimizadas, apuros para llegar a fin de mes, algo tan terrible como la imposibilidad de comprar con un dinero que pensabas que era tuyo y que, sin embargo, estaba inmovilizado "a perpetuidad" sin tu saberlo, pudor para admitir públicamente que han sido engañados, manifestaciones, abogados etc. hasta llegar a el terrible anuncio de ayer, en el que, con la frialdad de quien maneja balances e ingeniería financiera, se les comunicó que parte de sus ahorros había dejado de ser suya, en función del banco que les engañó, como si ser cliente de uno u otro equivaliese a jugar o no la combinación acertada de la Bono Loto.
Lo que están haciendo es un atraco mucho peor que si fuese a mano armada, porque se llevó a cabo abusando de la confianza de las víctimas. Nadie se mete con sus ahorros en una callejón oscuro y sin embargo se fía de quien lleva atendiéndole toda la vida y le cuenta las condiciones de un depósito que, a la postre, no son tales, porque hay una trampa escrita en unas líneas ilegibles enterradas entre decenas de folios.
Lo de Chipre lo justifican porque allí se pagaban pocos impuestos y los bancos eran "un poco así". Y, sin embargo, los que ahora les castigan y antes les vendieron los coches de lujo, los viajes y los yates, callaron porque, hasta que reventó, la isla fue para ellos un paraíso en el que hacer negocios. Lo de aquí es casi peor, porque pagábamos nuestros impuestos y nadie nos contaba la mierda de banca que teníamos.
Lo de las preferentes es parecido a lo que les ha caído encima a Chipre, un corralito, aunque lo de aquí parece ser un corralito con una tremenda pedorreta final. La que supone, por ejemplo, la hiriente campaña publicitaria de una compungida Bankia que, después de habernos abandonado en el infierno y sin que nadie pague por ello, nos promete ahora el paraíso
 
 
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jueves, 29 de noviembre de 2012

EL RESCATE DE BANKIA

 
 

Hubo un tiempo en el que, en cada rincón de este país, brotaban las sucursales de bancos y cajas como ahora florecen los comercios chinos y las fruterías. Dicho de otro modo, en este país los bancos pasaron de esperar la llegada de los clientes a ir a buscarlos a la puerta de sus casas, para convencerle de que podía cambiar de piso con una cómoda hipoteca, para facilitarle el crédito con el que pagar sus vacaciones o un coche nuevo, más potente y, a ser posible, alemán y, cómo no, para ofrecerle eso que eufemísticamente llamaban "productos financieros", con los que le aseguraban, podría rentabilizar sus ahorros.

En todo ese tiempo han sido pocos, tan pocos que se pueden contar con los dedos de una mano, los empleados de esos bancos y esas cajas que dejaron sus empleos, abrumados por los engaños y abusos a que se estaba sometiendo a los clientes. Si me esfuerzo, puedo llegar a recordar apenas dos casos de estos y uno más de un director de una sucursal de una caja catalana que, a posteriori y jubilado, tuvo la decencia de denunciar todos estos mecanismos miserables con los que se embarcaba en créditos e hipotecas imposibles de asumir o se les enredaba miserablemente en oscuras operaciones como el peloteo de las preferentes que, reclamadas por clientes advertidos, se colocaban a pobres incautos como, por ejemplo, yo. Todo, bajo la batuta y la mirada impasible de personajes tan siniestros como Blesa o Rato o ciegos sordos y mudos, bajo la cómoda venda que se pusieron representantes de los partidos de izquierda y sindicatos, a cambio de unas retribuciones de fábula que les llegaban puntualmente por el tremendo esfuerzo de decir sí a todo en esos consejos de administración en que debieran haber fiscalizado tanto desmadre.

No sé de ninguno de esos consejeros que haya devuelto -él, su partido o su sindicato- ese dinero recibido a cambio de tanta anuencia. Tampoco sé de ningún directivo que haya tenido la decencia de, si no suicidarse, que para eso hacen falta valor y decencia, sí retirarse a orar al desierto repartiendo entre los pobres todo lo trincado en bonus, jubilaciones e indemnizaciones.

Frente a todos estos actores, responsables del mayor de los crímenes posibles que es matar la ilusión de todo un país, están sus víctimas, que no son otros que los desahuciados, los que han tenido que cerrar su pequeña empresa o su tienda por falta de crédito o los que Goirigolzarri -me preocupa saber escribir ya de corrido este apellido- llama "preferentistas".

Acabo de escucharle y dice que esos preferentistas van a perder el 40% de lo que pensaban que era un depósito a un plazo de cinco años -así a mí me lo vendieron- y resultó ser una ruinosa inversión de alto riesgo menos segura que la ruleta rusa. Pero lo que ha añadido Goirigolzarri es que lo que dejen en su poder no es dinero, sino acciones de una entidad quebrada, nacionalizada y rescatada, cuyas acciones no correrán, salvo milagro, mejor suerte que el resto de lo invertido.

Ya por último quiero señalar que Bankia va a despedir a 6.000 de sus empleados, muchos de los cuales participaron activamente en el tinglado, bien a cambio de comisiones por cada operación o bien aceptando la presión de unos objetivos sólo posibles a base de engatusar a sus clientes. Va a haber esos despidos y me entero de que van muy probablemente, a los privilegiados empleados de la banca responsable de la burbuja inmobiliaria y, con ella, de la crisis, los desahucios, las preferentes y el crédito cero que ha dejado sin trabajo a tantos y tantos españoles... a todos esos que vieron con conocimiento de lo que veían y dejaron hacer lo que dejaron hacer con ciudadanos inocentes no se les aplicarán las miserables condiciones de la Reforma Laboral, porque deben ser de otra clase u otra raza o, simplemente, porque saben demasiado

Estoy esperando a que los sindicatos de la banca denuncien aunque sólo sea una parte de todo lo que se ha hecho ante sus narices estos años, pero me temo que se van a callar como muertos y que el rescate de Bankia lo vamos a pagar los de siempre y, algunos, hasta tres veces.

Moraleja: en España hay ciudadanos de primera y de segunda. Y, a este respecto, tengo un amigo que dice que, en este país, se mata poco y mal ¿a ver si va a resultar que tiene razón?

 
Moraleja: en España hay ciudadanos de primera y de segunda. Y, a este respecto, tengo un amigo que dice que, en este país, se mata poco y mal ¿a ver si va a tener razón?


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