jueves, 3 de mayo de 2018

EL MÉTODO RAJOY


Acabamos de confirmar por la Cadena SER lo que muchos sospechaban y otros, los que andábamos cerca de lo que se cocía, sabíamos, que el PP de Rajoy hizo lo imposible para torpedear el fin de ETA que el gobierno Zapatero, con Rubalcaba al frente, trataba de conseguir, en conversaciones con la banda, tan difíciles y, si queréis, repugnantes como necesarias. La actitud de Rajoy no era nueva en su partido. Ya en tiempos del ministro Corcuera, todavía con Felipe González al frente del gobierno, el P, con Álvarez Cascos a la cabeza, se opuso a los intentos de acercamiento al final, con aquella terrible campaña "por tierra mar y aire", que diría Cristina Cifuentes, echando a la gente a las calles, contra lo que parecía ese primer paso que era el acceso al tercer grado penitenciario de los presos etarras.
Aquellas conversaciones, como las de Argel, terminaron y como siempre que ETA rompía la baraja, lo hacía con atentados más terribles, más crueles si cabía.
Afortunadamente, aquellos tiempos estaban tocando a su fin. La profesionalización de las fuerzas de seguridad, la racionalización de sus métodos, el uso de la inteligencia, en todas sus acepciones, por parte de la Guardia Civil y la Policía, y el convencimiento de que el objetivo no era la venganza sino el fin de ETA, llevaron al agotamiento de la banda que, cansada ya y sin el relevo de dirigentes con la inteligencia política que se requería, perdida la épica que sin duda tuvo, alejada de las aspiraciones de la gente que un día la apoyó, sin esa imagen de luchadores por la libertad que llegaron a tener más allá de los Pirineos, llevaron a la banda, a la que sólo les quedaban los presos como reivindicación posible, a sentarse con el gobierno para la negociación definitiva.
Pero el PP seguía a la suya. Al PP, al que nunca le interesó la gente, salvo para hacerse con sus votos, le venía muy mal que Zapatero, con los pies ya en el umbral de la crisis, no le interesaba que el PSOE se apuntase el tanto de poner fin a los terribles años de ETA. Por eso utilizó hasta la náusea dolor y el rencor de las víctimas, apropiándose de ellas, para lanzarlos, desde la calle y desde los medios, contra quienes trataban de liberar a este país de la pesadilla que había lastrado sus pies durante tantos años. Y lo consiguieron, ya lo creo. No que ETA firmase "la paz", sino que los socialistas se presentasen con ese logro ante las urnas.
Hoy hemos sabido, la SER lo ha contado, que Rajoy estuvo al tanto de cada paso que se dio para ese final. También, que la lealtad que Zapatero tuvo para con él no se correspondió con la suya, porque combatió desde la calle y aún sigue haciéndolo, cualquier esfuerzo encaminado a que la sociedad, que tanto ha sufrido, asuma por fin el final.
Estoy seguro de que Rajoy estuvo más preocupado por la clasificación de "su" Real Madrid para la final de la Champions League que por la esperada disolución de ETA, lo mismo que el comisario político que ha puesto al frente de "su", nuestra, televisión, que dio ayer la noticia más esperada después de sesenta años de dolor y muerte, como un latiguillo al final de las informaciones que nos hablaban de los terribles años de la banda y no como el gran titular que la noticia merecía.
Ese es el método Rajoy, callar o esconder lo que no interesa, dejar de nombrar lo que molesta. Ayer mismo volvió a demostrarlo refiriéndose a la mayor crisis política a la que se ha enfrentado su partido como una de esas "cosas no tan bonitas, de las que no me acuerdo". Y lo decía, mientras se instalaba entre su vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, ministra de Defensa y secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, un clamoroso vacío parábola perfecta de ese otro vacío, ese "no futuro" que se ha instalado en su partido a base de acumular los problemas no resueltos y los cadáveres de sus más fieles servidores, enterrados en tiempo y silencio, en un armario que está ya a punto de reventar. Y todo porque lo importante so las elecciones y no las soluciones y España, los españoles, se reducen a los incautos espectadores de los telediarios de la Primera

viernes, 27 de abril de 2018

JUSTICIA PORNOGRÁFICA


Qué bien le hubiese venido a Cristina Cifuentes que la benévola sentencia dictada en por Audiencia de Pamplona contra esa asquerosa manada de machotes se hubiese hecho pública un día antes, porque así quizá la indignación que recorrió las calles y plazas de España hubiese ayudado a tapar su propia vergüenza, si es que en algún momento llegó a sentirla al verse como tuvo que verse por su mala cabeza y su soberbia y por no haber sabido parar a tiempo el escándalo que ella misma alimentó día a día.
La sentencia, insoportable para cualquier mente racional, limpia y ecuánime, "absuelve" a nueve años de prisión a esos cinco energúmenos que hace dos años se presentaron en una Pamplona en fiestas con el único fin de cobrarse alguna pieza, una joven, contra la que, después de acorralarla sublimar su evidente complejo de inferioridad frente a las mujeres. Insoportable, sin entrar siquiera en la baba que desprende el voto particular del magistrado Ricardo Javier González, que, por el contenido de su voto, más parece haber asistido a una sesión de cine "porno" que a la vista oral del juicio por delitos tan graves.
Cómo puede pensar un juez, un terminal del Estado, ese Estado que deposita en sus manos el destino de vidas y haciendas, que una mujer acosada y sometida por cinco hombres mayores y más fuertes que ella, en evidente estado de embriaguez, es decir, incapacitada temporalmente, puede sentir placer y disfrutar ante tamaña barbaridad. Qué formación ha recibido, en qué textos legales, en qué código ha encontrado argumentos para escribir, se supone que después de haber reflexionado sobre ello, lo que escribió ¿No será que ha visto demasiada pornografía y le ha dado el crédito que ha negado a la víctima de este caso?
Alguien debería hacer algo contra este juez, empezando por el Consejo General del Poder Judicial, porque junto a sus dos compañeros de tribunal, aunque él sobremanera, han ensuciado la imagen que los ciudadanos tenemos de la Justicia. Uno que, por trabajo, ha tenido que leer más de una sentencia, tiene a veces la sensación de que algunos magistrados son escritores frustrados, deseosos de pasar a la Historia, aunque sea la de la infamia, con la exposición de la argumentación de algunos de sus fallos que se vuelve especialmente tórridos y delirantes cuando tratan de la violencia contra las mujeres.
Es terrible que, en ocasiones como ésta, se eche en falta cualquier asomo de empatía hacia la víctima por parte de los jueces. A mí, que soy muy fantasioso, no se me ocurre otra cosa que imaginar a esos jueces rodeados por cinco energúmenos, el gorila de Brassens podría ser uno de ellos, dispuestos a sacar de cualquiera de ellos, sin más violencia que su número y su talla, el placer unidireccional que los machotes de la manada sacaron de su víctima. Y después, para ella, para esos jueces imaginados, la soledad, el desprecio y la crucifixión pública que sufrió la joven víctima que, a pesar de ser mujer no se conformó con llorar su dolor, sino que se atrevió a denunciar a sus agresores.
Afortunadamente y a pesar de la mente retrógrada de algunos jueces y legisladores, la calle tiene peso y cada vez más. Por ello confío en que, tras el terremoto de indignación que recorrió ayer de punta a punta las calles de España, esa sentencia se corrija en instancias superiores. Sobre todo, porque tras dar por bueno el relato que hace la víctima de lo que ocurrió en aquel portal en Sanfermines, un relato que nos ha sobrecogido ignora la acritud intimidatoria y potencialmente violenta de los agresores, para centrarse únicamente en la poca resistencia que la víctima, aturdida y paralizada por el miedo, les opuso. Un argumento, una coartada, legal o no, que deja en abuso lo que evidentemente fue una violación grupal, de esas de las que presumen sus descerebrados autores en vídeos que circulan por las redes.
Vídeos que sirven para alimentar la menta calenturienta de algunos pornógrafos que, luego, escriben sentencias.




jueves, 26 de abril de 2018

DE BLANCO PUREZA


Vestida de blanco pureza y a lomos de su enorme soberbia, con la cabeza bien alta, según dijo y unos minutos antes del mediodía, porque esas eran las órdenes de "su" presidente, Cristina Cifuentes se fue. Se presentó ante la odiosa prensa que la ha acosado de día y de noche, por tierra mar y aire, para decir adiós a tres años de mandato y más de un mes de suplicio, consecuencia en gran parte por su tozudez en el empeño imposible de negar siempre lo evidente.
Ayer nos desayunamos, ella también, al borde de la náusea con la miserable difusión de las imágenes de la todavía presidenta madrileña mostrando el contenido de su bolso a un empleado de la seguridad de un hipermercado, que encontró entres sus pertenencias dos tarros de crema que previamente había escondido en él, después de haberlos sacado de sus cajas. Fue la gota que colmó el vaso de la agonía en que Cifuentes, con el beneplácito de su partido, con Rajoy a la cabeza, se había empeñado. 
Resulta curioso y muy decepcionante que Cifuentes, al frente de la seguridad en Madrid en los peores momentos de la represión pos 15-M, implicada en el saqueo del Canal de Isabel II investigado en la Operación Lezo, implicada también en la presunta concesión irregular de la contrata de la cafetería de la Asamblea de Madrid, sorprendida en posesión de un máster obtenido irregularmente, sin asistencia a clase, sin exámenes y sin trabajo final, todo un máster a domicilio sin el más mínimo esfuerzo por su parte, un máster "fabricado" en el corrupto Instituto del Derecho Público, cuyos responsables han  falsificado firmas y actas para darle una coartada... resultaría muy decepcionante y casi chusco que esta señora se tuviese que marchar por la vergüenza de haber sido sorprendida hace siete años en el hurto de dos tarros de  crema en un hipermercado.
Resultaría chusco y decepcionante, si no fuese espeluznante que su partido la ha puesto donde ha estado todos estos años, a sabiendas de que esas imágenes se conservaban ilegalmente y podían ser utilizadas contra ella, unas imágenes que llevan años circulando en los móviles de algunos dirigentes del PP en la Asamblea de Madrid, unas imágenes que, en manos de sus enemigos podrían convertirse en un arma letal y en manos de quien la nombró, Mariano Rajoy, en el botón de autodestrucción que se incorpora a los misiles por si, como Cristina Cifuentes, acaban perdiendo el rumbo.
Da mucho asco y mucho miedo enterarse de que hay gente capaz de hacerle eso a un compañero, da mucho miedo ver que, ahora, Ciudadanos va a respaldar al sustituto de Cifuentes propuesto por el mismo partido que la eligió, la sostuvo contra viento y marea y la defenestró de manera vergonzante cuando le convino. Da mucho miedo, pánico, que Ciudadanos vaya a llegar al gobierno de Madrid con el apoyo de lo que quede del PP tras las elecciones. Da mucho miedo y, tengo que insistir, mucho asco.
A la vista de la trayectoria y, sobre todo, del final de Cifuentes uno tiene la tentación de sentir piedad por ella. Piedad por quien genéticamente parece incompatible con la verdad, de quien parece incapaz de dominar determinados impulsos, de quien, después de sacar los tarros de sus envases y de ponerlos en su bolso, ante la indiscreta mirada de las cámaras de vigilancia del hipermercado, después de todo eso, registro incluido, es capaz de decir que todo ha sido un error involuntario, traicionando con ello su maniobra de auto encubrimiento, porque ¿acaso hay algún error que sea voluntario?
Sentiría piedad por ella, pero no la siento, porque su soberbia, su altivez, su persistencia en el error, su egoísmo, su actitud sin el menor asomo de ética, su nulo arrepentimiento, su afán por culpar a los demás de sus errores, involuntarios como los de todos, fruto de la temeridad, pero involuntarios, su falta de empatía con toda la gente que se ha visto perjudicada, estudiantes incluidos, a consecuencia de la chusca manera en que ha gestionado el relato del origen de su chusco máster. Piedad imposible, porque, sólo de pensar que hasta ayer hemos estado en manos de este personaje y vamos a seguir estándolo en manos de su partido.
Se presentó de blanco pureza, lista para el martirio, sin pensar que el dios Rajoy era el instigador de ese martirio, se vistió de blanco pureza, pero se dejó puesta toda la soberbia de que fue capaz y no fue capaz de una lágrima, una sólo lágrima que la hiciese creíble.

miércoles, 25 de abril de 2018

CHIRINGUITOS Y FUEGO AMIGO



Cualquiera que se hay movido en las inmediaciones del poder, más si lo ha hecho, como yo, desde la privilegiada posición que, al menos aparentemente, tiene la prensa, sabe de sobra lo que, a los líderes políticos, especialmente a los que están en el poder, les preocupa su propia imagen y el control de los medios, para amortiguar, desviar o, simplemente, tapar cualquier información que pudiera ser nociva para esa imagen.
Normalmente, quien se ocupa de ese control tiene la doble ventaja de gozar de la confianza del líder y disfrutar del poder que otorga la administración del dinero público que acaba en los medios en forma de publicidad institucional que, pese a que, por ley, debería adjudicarse de manera objetiva suele darse como premio o negarse como castigo a quienes son o dejan de ser dóciles con ese poder.
Sin embargo, el poder de quien ostenta ese cargo va mucho más allá, porque su proximidad al "jefe" o la "jefa" roza la intimidad y, ya se sabe, quien está presente en los momentos más discretos tiene la potestad añadida de guardar y administrar secretos, los secretos de las relaciones que mantienen, las filias y las fobias, los chanchullos y las miserias que suelen acompañar al poder y a quien lo ejerce.
En la Comunidad de Madrid, durante muchos años el control de los medios le ha correspondido a una mujer, Isabel Gallego, de la total confianza de Esperanza Aguirre, extendido más tarde a su sucesor Ignacio González, caída en desgracia con el ascenso de Cristina Cifuentes, martillo de corruptos, y, también, implicada, mucho, en la investigación que se sigue contra la trama de corrupción establecida por Francisco Granados y destapada en la llamada Operación Púnica. Una trama consecuencia de la sofisticación que llegó el poder en Madrid, invirtiendo ingentes cantidades de dinero público que se desviaba de obras y contratas, dinero que se empleaba en la mejora de la imagen pública de líderes y consejeros del partido en Madrid, dinero de cuyo destino y origen sabía mucho la señora Gallego.
Pues bien, ahora que vienen mal dadas, las palmas de la loa se vuelven cañas con las que defenderse de los adversarios o, simplemente, agredirlos. Y la señora Gallego, de la total confianza de Esperanza Aguirre y su sucesor, Ignacio González, no quiere "comerse" sola este marrón y, para ponerse a salvo, ha decidido hurgar en el baúl de sus recuerdos, selectivamente, eso sí, poniendo a disposición del juez datos fundamentales y pistas sobre lo que ha calificado como chiringuitos y que no son otra cosa que los proyectos, empresas públicas, fundaciones y presupuestos de los que determinados consejeros de uno y otro gobierno obtenían los fondos con que pagarse el maquillaje reputacional que necesitaban.
Ayer mismo pudimos escuchar un fragmento de la grabación de la declaración en la que señalaba a sus excompañeros. Ayer pudimos escuchar como, uno tras otro, iba señalando los chiringuitos en que cada uno de ellos había convertido los organismos que quedaban a su alcance.
Debe ser algo congénito en la gente del PP, porque el senador Agramunt, que presidió la Asamblea del Consejo de Europa convirtió aquel cargo, lo supimos ayer por un informe del propio consejo, en su propio chiringuito desde el que, a cambio de viajes, vacaciones, electrónica y prostitutas, hizo lo posible para dar por buenas unas dudosas elecciones en Azerbaiyán.
Ya por último y mientras escribo esto, me entero de que Cristina Cifuentes no sólo recibe regalos, sino que se los hace: dos cremas de belleza robadas en un supermercado cercano a la Asamblea en la que mintió hace unos días. En fin, para mear y no echar gota.
Habrá que ver quién, en este sálvese quien pueda, en este aflorar de chiringuitos y choriceos ha hecho su particular fuego cruzado con las imágenes de la ya no tan presunta inocente.

martes, 24 de abril de 2018

VALLS Y RIVERA


Lo que me quedaba por ver: España exportando lo mejor de su juventud a Europa, al tiempo que aquí nos llegan un "apestados" de la política europea, Manuel Valls, fracasado al frente del gobierno que presidió en Francia, para ser el cartel de Ciudadanos para Barcelona en las próximas municipales. La pirueta, sin alma como casi todo lo que hace, se la debemos a Albert Rivera, el rey del casting, que, después de llenar sus listas de chicas, todas guapas, todas iguales, parece dispuesto a fichar, como si de un brillante delantero se tratase, a la gran esperanza de la política francesa, lesionado, "chupando" banquillo y buscando desesperadamente otro equipo, otra liga, por los que pasear su más que evidente cojera.
Manuel Valls, nacido en Barcelona, es la prueba más evidente de la desintegración del socialismo en Europa. Llegó a la jefatura del gobierno francés desde el ministerio del Interior y después de llevar a cabo una de las políticas de inmigración más repugnantemente duras en Europa, que nada tenía que ver con la idea de Francia como tierra de asilo. Valls es, que no lo olviden los barceloneses, el ministro del interior de los campamentos de Calais, el que permitió la detención, casi un secuestro, de una escolar inmigrante y adolescente, en el autobús en que acudía a clase, por gendarmes armados, en una escena que en mi cabeza, lo siento, se confunde con el intento de asesinato de la hoy premio Nobel Malala Yousafzal, que recibió un disparo en la cabeza del talibán que pretendía impedir que, siendo mujer, recibiese la misma educación que reciben los niños en Pakistán.
Está claro que yo jamás daría mi voto a un personaje como ese que, después de haberse quitado la máscara, revelándose como un reaccionario emboscado en la izquierda, se transmuta en el candidato de la derecha más sospechosa para la alcaldía de la ciudad de Barcelona.
Mal vamos si nuestra política local, la única a la que pueden acceder los ciudadanos extranjeros de la Unión Europea, se convierte en el cementerio de elefantes a que van a morir los viejos elefantes de la política europea, porque éste es viejo antes de tiempo y está caduco en un país, el suyo, en el que ya nadie le cree. Me pregunto qué puede buscar, más allá de un empleo fijo y con prestigio para cuatro años, un personaje que ha ocupado el segundo escalón del poder en Francia. No encuentro explicación a sus aspiraciones, como tampoco la encuentro para un fichaje como éste, por más que el autómata Rivera lo pretenda como si fuese el de una estrella, sobre todo porque Valls tiene pasado y un pasado nada defendible, porque el camino que ha seguido hasta ahora está sembrado de cadáveres, entre ellos el del Partido Socialista Francés.
Quizá sea yo el que está equivocado y Rivera no haga más que obedecer a esos jeques de la política que, como los que están arruinando parte del fútbol europeo. Fichan y fichan, Rivera es en sí mismo uno de esos fichajes, el primero, y levantan estructuras como Ciudadanos para que se encarguen de velar por sus intereses que, por desgracia lo veremos, nunca son los nuestros. Rivera apareció un día en el panorama político catalán, casi sin antecedentes, sin pasado, pero sí con un evidente respaldo, bastante oscuro y siniestro -el capital y la banca son siempre siniestros- como si quienes fracasaron con la Operación Roca a finales de los ochenta pretendiesen, esta vez, hacer bien los deberes.
Valls y Rivera, Rivera y Valls, un tándem nacido del márquetin que sobrevuela la política española de esa manera que todos sabemos. Ojalá los barceloneses no se dejen engañar por ellos.

lunes, 23 de abril de 2018

CAMISETAS Y PITOS

Pocas cosas hay más peligrosas, quién lo duda, que una camiseta o una bufanda de color amarillo. Todo el mundo sabe que las carga el diablo, que, con ellas, se puede subvertir a todo un país y que ese color tan estridente queda feo en la grada de un estadio. Además, desde hace siglos sabemos, porque los romanos nos lo enseñaron, que, con muchas piedrecitas, aparentemente insignificantes, se puede escribir y se pueden componer imágenes, imágenes que, en el caso que nos ocupa, la final de la Copa del rey en el nuevo Metropolitano, podían herir la sensibilidad de Felipe VI o, más fácil de creer, la de las almas sensibles a las que ofende el ejercicio de la libertad de expresión.
Quizá por ello, el despliegue policial de la tarde noche del sábado en los alrededores del estadio tenía entre sus fines el de encontrar y requisar sin orden ni concierto varios miles de peligrosas camisetas y bufandas de color amarillos que sus propietarios, pacíficamente, fueron depositando en contenedores sin que, que yo sepa, les fuese firmado recibo alguno por ellas, como si de un cortaúñas o un frasco de perfume más voluminosos de los permitido requisado en un aeropuerto se tratara. Una medida arbitraria que sólo es posible adoptar cuando previamente se ha domesticado a la ciudadanía para que, en aras de una presunta seguridad, ante cualquier medida de este tipo y bajo el chantaje de que, de no mostrar la docilidad requerida, perderán su avión o la final tanto tempo esperada.
¿Dónde han ido a parar todas esas prendas incautadas, dónde van a parar los cortaúñas de Barajas? ¿Se queman, se destruyen o se donan a una ONG para que los distribuya en países necesitados? No lo sé ni creo que lo llegue a saber nunca, pero he ahí un bonito reportaje para el que quiera desarrollarlo, un reportaje digno de "Equipo de Investigación" de La Sexta. Mientras tanto, creo que el safari del sábado sólo responde a un calentón, otro, del ministro Zoido que, una vez más, ha conseguido salir en las portadas y las cabeceras de los telediarios por todo lo contrario de lo que pretendía. No sé si el ministro sevillano es consciente de ello, pero lo de la caza del culé de amarillo ha tenido el mismo efecto que lo del crucero disfrazado de Piolín: le ha puesto en evidencia otra vez ante propios y extraños, dejando claro que en ese ministerio algunas decisiones se toman sin meditarlas demasiado.
Lo que no pudieron evitar Zoido ni el coro de comentaristas y correveidiles de siempre es que el himno español se llevase otra sonora, valga la redundancia, pitada, pese a los esfuerzos del DJ del estadio que subió el volumen del himno hasta límites peligrosos para los tímpanos o de los cantores del "lolo lolo", empeñados de acallar los pitos.
¿No se dan cuenta de que la principal función de los símbolos, y el himno es uno de ellos, es el de ser pitados o abucheados, ni de que pitar a un himno o una bandera es una sana manera de descargar toda esa adrenalina que, de quedarse dentro, entonces sí, puede transformarse en violencia? ¿Cuál será la próxima ocurrencia? ¿Quizá colocar bozales a quienes lleven escrito en la mirada que piensan pitar al himno, la bandera o al rey o amputarles uno de los labios, para que no puedan silbar, como en la Edad Media se amputaba un par de dedos a los prisioneros para impedir que pudiesen volver a disparar un arco el resto de sus vidas?
Lo del sábado fue tan ridículo como crueles eran las salvajadas medievales y, además, completamente ineficaz, porque, aunque el árbitro y sus ayudantes fueron los únicos que pudieron "pasar" legalmente camisetas amarillas, irónicamente fue el color escogido para pitar la final, y silbatos, el "ruido" de la patochada policial aún resuena. 
Por cierto, hubo justicia poética, porque el ministro Zoido, conocido sevillista, no acabó bien la noche, porque tuvo que ver a su equipo del alma derrotado por un humillante 0-5

viernes, 20 de abril de 2018

GRACIAS, DOCTOR MONTES


De todas las fechorías cometidas por el PP a lo largo de su historia, la peor de todas, al menos para mí, es esa muerte civil, afortunadamente frustrada por la justicia, que pretendió para Luis Montes, el jefe del Servicio de Urgencias del Hospital Severo Ochoa de Getafe, y sus compañeros, a los que acusó poco menos que de acabar con la vida de sus pacientes, cuando lo único que pretendían era aliviar el sufrimiento de sus pacientes. Y, todo, con el único fin de allanar, mediante el desprestigio de la Sanidad Pública, el camino al expolio de ésta, perfectamente planificado y acordado con grandes empresas del sector, sin importarles el sufrimiento de esos enfermos terminales que, a causa de la vil persecución que, en la prensa y en los juzgados, sufrieron Motes y los suyos. se vieron privados de su derecho a esperar la muerte sedados, por el miedo de otros facultativos a ser acusados, como él, poco menos que de exterminar a sus pacientes.
Ayer, Luis Montes murió inesperadamente camino de un acto de la Asociación por una muerte digna que, desde que se vio obligado a dejar su carrera, presidía. Murió d un infarto sin que, a sus verdugos sin sayón, de corbata y cuello blanco, se les hubiese pasado por la cabeza pedir perdón, ni a él y ni a todos aquellos pacientes que, durante años, tras esa caza de brujas tan injustamente desencadenada, se vieron condenados a morir exhibiendo su dolor interminable, sufriendo y haciendo sufrir a los suyos, por habérseles negado esa muerte digna y tranquila a la que todo ser humano tenemos derecho.
Afortunadamente, la campaña del PP madrileño no duró mucho en el tiempo, en cuanto se hicieron con el botín lo dejaron y la sociedad se impuso, se está poniendo, poco a poco a esos falsos prejuicios que, en el caso de las denuncias contra el doctor Montes, ocultaban sólo codicia, perfumada de olor a incienso y rancias sotanas. Afortunadamente, se han dado pasos legales para dar seguridad jurídica a los sanitarios que asisten en el dolor a los enfermos terminales, afortunadamente, cada vez se da más importancia a los cuidados paliativos en la sanidad española, afortunadamente, cada vez más, los sedantes sustituyen a los "santos" óleos en la cabecera de los moribundos, afortunadamente el PP y sus miserias no pudieron con la dignidad y el ejemplo de Luis Montes, afortunadamente.
Gracias a Montes y otros como él, que saben diferenciar el grito y la desesperación de la vida, morir en un hospital o en casa con los tuyos es mucho más fácil, más humano. Gracias a ellos, que han entendido y nos enseñan que ayudar a morir es también curar, aliviar el sufrimiento, mi madre pudo despedirse de sus hijos en su cama del hospital, despacio, cogiéndonos las manos y diciéndonos lo mucho que nos quería. Afortunadamente, con el mismo cariño pudimos decirle adiós y su muerte fue una exaltación de su vida y no una tragedia. 
Ahora que ya he pasado por ello no puedo explicarme cómo un ser humano puede negarle a otro ese derecho a un buen morir. Y no sólo eso, también dudo que toda esta gente tan llena de poder, dinero e influencias sea capaz de privar a los suyos, de privarse a sí mismos de ese derecho. Sería tan fácil caer en la trampa de desearles esa misma muerte cruel, inhumana, que, con su injusta campaña contra el doctor Montes, forzaron a tanta gente. lo sería, pero mejor es no hacerlo, aunque lo merezcan, pero no podemos ponernos a su nivel, porque no podemos desear a otros lo que no queremos para nosotros ni para nuestros seres queridos.
Por eso, en este momento, sólo quiero dar las gracias a Luis Montes y a otros que, como él, dan cada día ejemplo de sabiduría y humanidad.