viernes, 4 de abril de 2014

LA CONDESA AGUIRRE Y LOS DE A PIE



Quién me iba a decir hace sólo setenta y dos horas, cuando andaba yo criticando los excesos policiales en las marchas ciudadanas por la dignidad y Esperanza Aguirre andaba precisamente en todo lo contrario, defendiendo a la Policía frente al alas protestas ciudadanas, que hoy el destino iba a barajar de manera tan grotesca nuestras posiciones.
Poco queda ya que decir sobre las circunstancias de un incidente que se produjo ante los ojos, imagino que atónitos de las decenas de ciudadanos que saliendo de su trabajo o de vuelta a él, transitaban por la Gran Vía poco después de la hora de comer. Sí hay, y hay mucho, que decir sobre el porqué de lo ocurrido, que no hay que buscar sino en la soberbia y la arrogancia de quien, ya desde la cuna, ha mirado por encima del hombro al resto de la Humanidad, poniéndose, eso sí, cualquier derecho ajeno, cualquier legalidad, por montera.
Esta "señora" lleva años en una borrachera de poder, altiva y soberbia, levantando su voz chulesca a todo aquel que se le pone por delante y no digamos a quien no tiene otro remedio que trabajar para ella o le falta el valor para no hacerlo. Lleva años haciéndolo y lleva años dando prebendas y canales digitales a todo un corral de estómagos agradecidos, dispuestos a reír sus gracias, sus medias verdades e, incluso, sus mentiras descaradas. Lleva años sin que nadie se atreva a toserle ni, mucho menos, desobedecerla. Lleva también años levantando el teléfono a cualquier hora, para irrumpir en "sus" tertulias o en las ajenas para contaminar con sus chascarrillos e insinuaciones cualquier asunto que en ellas se trate.
Esta "señora" siempre ha creído que es mejor ser leyenda que ejemplo y, por eso, siempre ha hecho su santo antojo, a sabiendas de que, contando con esa legión de medios amigos, o a veces esclavos, siempre podrá construirse una falsa realidad a su medida. Quizá por eso, como ya hiciera su ídolo y mentor José María Aznar el once de marzo de 2003, se pasó toda la tarde noche de ayer y parte de la mañana de hoy desmintiendo algo tan serio como un atestado policial, mintiendo e insultando a los agentes, como lo haría cualquier zoquete en la barra de un bar, con una copa de coñac barato en la mano.
Esta "señora", en su delirio habla de conspiraciones para "sacarle la foto" que acabaría en Al Yazira o en el New York Times, como si al New York Times o al canal árabe le importasen las infracciones de tráfico de la condesa. Y no es eso lo peor, lo peor es que en su colérica actitud de gato panza arriba lanza zarpazos contra unos agentes que no hicieron más que cumplir con su deber, acusándoles de machistas, de retenerla intencionadamente, cuando no demuestra el desprecio que siente lo peor de la nobleza ante sus lacayos.
Lo que esta "señora", acostumbrada a tener a la gente de uniforme a su servicio, no entiende es que la gente de uniforme está al servicio de todos los ciudadanos y de todos por igual. Lo que no entiende esta "señora" es que las leyes, que, acertadas o desacertadas, también ella ha contribuido a crear, están para cumplirlas y no para saltárselas o cambiarlas a voluntad.
Lo que ocurrió ayer con esta señora no es más que la consecuencia de ser quien es, un horrible personaje que, durante años, ha obtenido el favor de los votantes que, por candidez o miseria, que de todo hay, han confiado en quien nada tiene que ver con ellos, porque, abandonad toda esperanza, la condesa Aguirre nada tiene que ver con la gente de a pie. 
Sólo espero que el largo brazo de esta "señora" no alcance a los agentes de movilidad o  a los municipales que no hicieron más que cumplir con su deber, no como sus escoltas de la Guardia Civil que, al intentar mediar con ellos, como al parecer hicieron, se comportaron más como los porteros del palacio de la condesa que como servidores públicos. 


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jueves, 3 de abril de 2014

MI TEORÍA SOBRE GÜRTEL


No sé si a vosotros os ocurre lo que a mí. El caso es que ayer, al leer los titulares atribuyendo al juez Ruz, el que instruye el sumario por los  papeles de Bárcenas, el convencimiento de que el extesorero metía la mano en la Caja B del PP, me sentí un poco gilipollas. 
¿Estamos hablando del mismo asunto? ¿Estamos hablando de un señor al que s ele han encontrado cuentas millonarias en varios países, cuantas a las que también accedían otros señores que ¡oh casualidad! ocuparon el mismo cargo que él ocupaba en el partido cuando le pillaron? ¿Estamos hablando de un señor al que el PP mantuvo, primero en el Senado y luego con un sueldo de ministro en el propio PP, mientras comenzaban a soltar pestes de él? ¿Estamos hablando de quien tiene a buen recaudo los papeles que pondrían boca arriba la sucia trama de financiación ilegal del partido? ¿Estamos hablando de que tiene todo el tiempo del mundo y de que puede llegar a tener mucho más para, desde su celda, reclamar la compañía en Soto del Real de muchos de sus excompañeros en la dirección del PP?
Somos las ruinas de un país en el que las elecciones de los últimos años se han ganado a golpe de talonario y promesa de obras públicas y en el que los talonarios se recargaban con los sobrecostes y las comisiones por la adjudicación de todas esas obras públicas.  Un país en el que los partidos de gobierno, a nivel nacional y autonómico, se han corrompido, enredados en la maquinaria de financiación ilegal que ellos mismos habían  creado para hacer frente a sus costosas campañas electorales. 
O es que acaso pensábamos que los polideportivos y las plazas de toros se llenaban gratis, que las comidas con la militancia, que los autobuses que llevaban a la militancia son gratis, que las banderitas son gratis, que las pancartas y los escenarios para los mítines, con atriles, forillos, tarimas y demás, los regalaban. Claro que no, aunque en el caso del Partido Popular había una especie de Papá Noel que, con sus enanos bigotudos, lo dejaba todo a mejor precio,  además de traer en el saco algún bolso, algún traje o algún peluco para las figuras.
Lo curioso es que el juez haga conjeturas sobre lo que el extesorero haya podido distraer de la caja B del Partido Popular y nadie haya abierto una causa contra el PP por llevar una doble contabilidad. Tendrían que explicármelo, porque yo solo no soy capaz de entenderlo ¿Cómo es eso? Tan incomprensible como sería acusar a alguien de robar de un cadáver el cuchillo con que lo apuñalaron sin preocuparse de quién ni por qué lo apuñalo. Da la impresión de que los jueces, y a la vista de lo que les pasa a algunos de ellos parece claro, siguen la consigna de las madres antiguas que decían aquello de "hijo mío, tú no te signifiques".
Parece que nadie quiere ver lo que resulta evidente que no es otra cosa que la de que los partidos políticos, ellos sí, han vivido por encima de sus posibilidades, manteniendo unas estructuras dignas de un ministerio, con centenares de empleados, pagando y pagándose unos sueldos de "las mil y una noches", costeando viajes y regalos para la prensa, manteniendo asimismo toda una cuadra de opinadores incondicionales... en fin. Y ya se sabe que cuando el dinero es vergonzante, cuando nadie puede reclamarlo, porque es ilícito, se convierte en vulnerable, Porque quien corta un traje saca también para un chaleco y quien organiza los viajes de toda una campaña, se las apaña para sacar un crucero o unas vacaciones en el Caribe o donde sea, para sí o para un amigo.
Lo malo es quien hizo todo eso tuvo y tiene poder como para andar tocándoles las narices a los policías de encargados de investigarlo. En fin señor Ruz. Lo que quiero decirle es que si es relevante y tiene indicios para probarlo, más relevante es para este país que existe esa caja B y que lo importante es que se proceda de una vez contra quienes sean responsables de que exista. Es mi teoría sobre Gürtel, una teoría que me lleva al borde de la depresión, porque no me cabe en la cabeza que lo que yo veo no lo vean los demás. Sobre todo, que no lo vea un PSOE tan necesitado de revulsivos. Pero, claro, a lo peor no se mueve porque también tiene mucho que callar. 


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martes, 1 de abril de 2014

DÓNDE ESTUVO LA MEMORIA DE SUÁREZ


Dice con mucho sentido mi querido Fernando Delgado que hay gente que está deseando que se le mueran los amigos para (en la necrológica) hablar bien de sí mismos. Yo extendería la reflexión de mi amigo a las homilías de los funerales y a hablar mal de los enemigos o, con perdón, adversarios. 
Si escribo lo anterior, es porque pareciera que en el funeral celebrado ayer en la Catedral de la Almudena en recuerdo del presidente Suárez hubo de lo uno y de lo otro, porque, después de toda una semana de elogios boomerang elogios de ida y vuelta, al fallecido, faltaba la tétrica aparición del sanguinario Obiang, con tratamiento de indeseable y apestado, pero de presencia conveniente vete tú a saber para qué o para quién, responde a la necesidad del tirano de homologarse con los mandatarios de la metrópoli, el que quiso derribar a cañonazos el avión en el que Suárez viajaba a Malabo para mediar en la salida de la anterior dictadura.
Se habla, para justificar esa presencia, de la diplomacia, diplomacia fatalista me atrevería a decir yo, que impide que cada país designe a su representante en los actos a los que es invitado. Se dice eso y se olvida cómo el aún príncipe Juan Carlos acompañó al aeropuerto de Barajas, hoy Adolfo Suárez, al no menos sanguinario Augusto Pinochet, para que, una vez celebrado el funeral por el dictador Franco, su presencia no contaminase el acto de su coronación, en una misa también, por cierto.
Y, de misa a misa, no puedo dejar de subrayar cuán distintos eran los oficiantes de uno y otro funeral y, especialmente, aquella misa que no fue de coronación sino de entronización, el tenebroso y reptilineo (y no hay errata), cardenal arzobispo Rouco Varela, y aquel otro cardenal arzobispo Enrique y Tarancón, porque donde uno aplicaba bálsamo, mirando hacia adelante, el otro echa sal sobre la herida, mirando, muy al contrario, hacia el más oscuro de los pasados, un pasado que nos lleva a aquella dictadura terrible surgida de una guerra de más de tres años, que dejó centenares de miles de muertos, heridos y represaliados, algunos hasta la misma muerte del dictador.
Qué distinto aquel Enrique y Tarancón llenándonos de esperanza incluso a los no creyentes y no monárquicos, frente a este Rouco Varela, amargado, sectario y revanchista que nunca ha entendido que las cosas del césar son del césar y, de dios, sólo las de dios. Una vez más, el dictador Obiang y el cardenal Rouco, con sus protagonismos, casi clandestino uno y revestido de solemnidad el otro, consiguieron que olvidásemos para que estaban allí, que era no para otra cosa que no fuese despedir en el ámbito de su iglesia a quien nunca ocultó sus creencias.
Y todo lo anterior, todas esas vergonzosas contradicciones, por no hablar de un aspecto, no menos terrible, de lo que significó la ceremonia de ayer, como lo es el hecho de que, tanto éste como otros asuntos del protocolo del Estado, se resuelvan con una misa de rito católico, con una pompa, una mística y unas maneras que, no sólo nos recuerdan lo que a veces ignoramos, la enorme presión que aún ejerce la iglesia sobre la sociedad civil, sino que son aprovechados por el cardenal de turno para, cual Mourinho sotana, meter el dedo en el ojo del adversario.

No puedo verlo de otra manera y no puedo sino preguntarme dónde estuvo la memoria de Suárez.


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lunes, 31 de marzo de 2014

DEMASIADO TARDE


Demasiado tarde para que la familia socialista vuelva a aparecer unida. Demasiado tarde para escuchar en palabras de un líder socialista lo que los ciudadanos llevamos pensando y diciendo años. Fue ayer en el acto de presentación de su candidatura a las próximas Elecciones Europeas y estaban todos, incluso el siempre díscolo y malicioso Alfonso Guerra que debió moverse, porque no sale en la foto. 
Curiosamente, lo más aplaudido y, por ende, lo más repetido en los telediarios y las radios fueron las sabias palabras del cabeza de lista de los socialistas europeos, el alemán Martin Schulz, que no dudó en decir eso que muchos, demasiados para que no nos hayan hecho caso, llevamos diciendo en voz alta hace ya mucho tiempo,  demasiado para que no hayan caído en la cuenta hasta ahora. Lo que dijo, lo que hizo Schulz, fue levantar ante los ojos de políticos que llevan demasiado tiempo instalados en el poder el dilema que supone encontrar la causa del desastroso panorama del socialismo en Europa y, especialmente en España, averiguar quién ha abandonado a quién los votantes a los socialistas o los socialistas a los votantes.
Creo que, si es, si quienes compartieron con el ayer la tribuna son, un poco listos habrán sabido leer la dura respuesta que ayer mismo dieron los electores franceses a la política de austeridad y tente tieso puesta ahora en práctica por François Hollande, tan lejana de las promesas electorales que le llevaron en su día al Palacio del Elíseo. Y es que la abstención alcanzó en Francia cifras históricas y a nadie se le escapa ya que quienes se quedaron en casa fueron, fundamentalmente, potenciales votantes socialistas, especialmente los jóvenes, tan castigados por la crisis en el terreno laboral y en las aulas.
El PSOE lleva demasiado tiempo alejado de sus ideales fundacionales, los que buscamos en él quienes hasta ahora les votábamos. Lleva demasiado tiempo haciendo políticas "de Estado", mirando siempre hacia arriba, nunca hacia abajo y, claro, los de abajo se han olvidado de ellos porque, antes, ellos se olvidaron de los de abajo, quedándose en sus casas, volviendo la espalda a quienes antes se la volvieron a ellos o engañándose al pensar que, para aplicar las políticas de derechas, mejor la derecha.
Ahora, cuando apenas quedan semanas para la primera cita en la urnas desde que conservar Andalucía les dio un respiro, los socialistas españoles -no sé los catalanes tan enredados en lo suyo, que no es poco- cierran filas en torno a Elena Valenciano y echan el resto para hacer de un hipotético y más que difícil triunfo en ellas el saliente en la pared en que apoyarse para salir del pozo en el que ha caído.
Lo que ocurre es que dudo que alcancen ese triunfo y, lo que es peor, dudo que, si lo consiguen, abandonen sus vicios, esos que les alejaron tanto de la gente de los barrios, las fábricas y las aulas. De momento, ayer, a las puertas del mitin, un grupo de familiares de las víctimas de la tragedia de Angrois, el accidente de la falsa y electoralista Alta Velocidad  a Galicia, protestaron por la inclusión de José Blanco, responsable de incluir esa curva en el trazado, en la lista socialista al Parlamento Europeo. Un gesto solidario de la ejecutiva para con su compañero en apuros que a mí, por ejemplo, me aleja de su opción.
Es demasiado tarde ya para recuperar la confianza de los ciudadanos, pero peor aún que la tardanza es esa estrategia enfermiza de poner siempre a salvo a la "buena estirpe", a los "pata negra" del partido, que ponen en duda cualquier intento, más allá del que sabemos interesado, de recuperar a su electorado.
Demasiado tarde para que los votantes se acuerden de quienes se olvidaron de ellos.


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sábado, 29 de marzo de 2014

POR PELOTAS


Nada hay tan peligroso para un país como un gobierno dispuesto a utilizar los recursos del Estado al que debería servir para hacerlos servir en beneficio propio y eso es algo, quizá  lo único, en lo que este gobierno que tenemos -por más que nos pese tenerlo y lo que hace- ha demostrado empeño y destreza. 
Tenemos un equipo económico dispuesto a hacernos limpiar con nuestro asco y nuestro dinero la enorme cagada que fue tejer en torno a la ciudad de Madrid toda una red de innecesaria, por duplicadas, autopistas de peaje, diseñadas para que los propietarios de audis, mercedes o lujosos todo-terreno, tan inútiles como las mismas calzadas, pudiesen vivir a cincuenta kilómetros de la plebe, en sus lujosas urbanizaciones o pasar fines de semana en las playas, valencianas en el caso de Madrid, sin tener que soportar los embotellamientos que cada día, laborable o festivo, tienen que tragarse los "pringaos" de siempre.
Esa cagada, que no lo fue para quienes ganaron con ella elecciones y dinero Gürtel o un futuro pos político en bancos y constructoras, la vamos a limpiar de nuestro bolsillo TODOS los españoles, incluidos los que nunca pasamos por ellas,  porque el gobierno no parece dispuesto a que salga de las concesionarias o de las constructoras que nos vendieron el paraíso, mientras se relamían pensando en un negocio redondo, en el que sólo contarían para los beneficios y nunca para las pérdidas.
La mitad de la "pasta" que el Gobierno pretende dedicar a tapar las pérdidas de sus amiguetes bastaría, según Cáritas, para sacar a medio millón de españoles de la pobreza severa en la que, por su culpa, la del Gobierno, viven. El dato, tan real y tan cierto como que es el resultado de contemplar las estadísticas del equipo económico del ejecutivo sin beber, fumar o esnifar lo que esnifan el PP y sus monaguillos, no ha gustado lo más mínimo, es más, ha cabreado a una de las fuentes, el ministro Montoro que protege con uñas y dientes la fábula de la España triunfante que como el ave Fénix remonta el vuelo sobre las cenizas de la crisis y el llanto de los que han quedado en el camino.
No le gusta y arremete contra Cáritas como di del diablo se tratara y les acusa de exagerar, cuando lo que quizá esté haciendo la ONG católica es ver las cifras sin prejuicios y, al contrario que el Gobierno, al menos leste gobierno, escuchar y atender a las víctimas de tanto despropósito.
Está claro que ese es uno de los puntos fuertes de la gente de Rajoy: leer la realidad con las orejeras que se ponía a las caballerías para que no viesen los lados del camino y, con ello, lo que pudiera asustarle. Lo malo es que, ayudado de una prensa y unos medios que han olvidado para qué nacieron y para quién deberían trabajar, pretende colocar también esas mismas orejeras al resto de la sociedad. Al gobierno no le gusta escuchar a la sociedad, ni que la propia sociedad se escuche y se reconozca en sus quejas. Eso sería muy peligroso, porque el millón largo de ciudadanos que estuvimos hace una semana en las calles de Madrid podría multiplicarse y eso, claro, amenazaría a la marca España, asustaría e incomodaría a los turistas que acuden por millones a consumir las "relaxin' cups of coffee" de los alrededores de la Plaza Mayor o a cazar la libélulas gigantes que "calza" nuestra alcaldesa en su solapa.
Estoy seguro de que, si Ana Botella quiere alejar las manifestaciones del centro de Madrid es porque alteran el hábitat de sus monstruos de solapa. Por eso, de acuerdo con el inquilino del despacho que queda debajo del reloj de la Puerta del Sol, con ático en Marbella, y con el apoyo inestimable del ministro de la porra está de acuerdo con que se defienda a sangre y fuego ese territorio que es la calle, aunque sea a costa de la tranquilidad y la seguridad de cientos de miles de manifestantes. Por eso siembran el entorno de cualquier manifestación con policías disfrazados de radicales que se comportan unas veces como una cosa y otras como la otra. 
Por eso este señor, el ministro de la porra, ha pasado sigilosamente por encima de los quince ahogados en el Tarajal de Ceuta o por los heridos de los incidentes del pasado sábado. Por eso resulta tan peligroso dejar las cuestiones que afectan a la seguridad y los derechos de los ciudadanos en manos de quienes echan mano de la fatalidad o la providencia a la hora explicar sus fallos o encontrar soluciones. Por eso es tan peligroso tener ahí a alguien que lo arregla, o estropea, todo "por pelotas". 
De momento, hoy sabemos que uno de los manifestantes del sábado, sobre el que no pesa ninguna acusación, porque no puede haberla, ha perdido la visión de un ojo a causa del impacto de una pelota de goma lanzada por la Policía mucho tiempo antes del final fijado para la concentración, ya que los médicos que le atendieron fijaron en el parte de asistencia las nueve y cuatro minutos como hora de ingreso en el puesto de socorro.
Con todo ese material, harían muy bien los organizadores de las marchas en denunciar a la Policía y sus responsables ante la justicia, en lugar de dar la palabra a inconscientes boquirrotos. Si no, acabaremos reduciéndolo todo a una cuestión de pelotas. Y en eso ganan ellos, porque las que dejan ciego, las pagamos todos, pero las dispara su gente.


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jueves, 27 de marzo de 2014

OTRA VEZ LA BOTELLA


Ayer no pude menos que indignarme al escuchar a la alcaldesa de Madrid, que su dios confunda, recitando de carrerilla, otra vez y como en la fiesta de fin de curso de los colegios de postín en los que se educaron ella y sus amiguetes, el papel que alguien, mucho más listo y más taimado que ella, le había escrito con el revuelto de daños y gastos que, según ella, nos costará a los madrileños la marcha por la dignidad del pasado sábado.
Me indigné, porque exhibir esas cuentas apenas setenta y dos horas después de celebrada, primero, por más de un millón de ciudadanos y reventada después por unas cuantas decenas de ellos, que contaron con la inestimable colaboración de los ineptos mandos policiales, cuando aún no han rendido, al menos con una difusión equivalente las de lo que nos costó el fiasco olímpico o, lo que es aún peor, las aquella agobiante Jornada Mundial de la Juventud Católica que paralizó Madrid y lo llenó de orines y desperdicios a mayor gloria de beatos y beatas, corderos de dios y, sobre todo, el morral de sus pastores, a costa de la cartera y la tranquilidad de todos los madrileños, creyentes o no.
Recuerdo este "evento", como les gusta bautizar estas cosas a los pijos, porque, entre las innumerables ocurrencias de los organizadores, estuvo la de saldar el precio del metro para los jovencitos de mochila, sin ninguna limitación, con lo que los madrileños que regresaban de sus trabajos se dieron de bruces con un metro a reventar y al borde de su seguridad, en el que ancianos y mujeres embarazadas eran arrastrados o aplastados por aquella marea amarilla de adolescentes cantarines, algunos en éxtasis más alcohólico que místico.
Aquello sí que nos costó a los madrileños y no sacamos nada a cambio de una ciudad paralizada durante tres días, con actos montados a veces a escondidas que inutilizaron para el tráfico toso el centro de Madrid. Pero también nos cuesta cada uno de los partidos o los conciertos que paralizan los alrededores de los estadios, con bula para aparcar en aceras o en medio de la calzada, sobre todo para los primeros, durante los cuales los policías municipales hacen escandalosa dejación de sus funciones, consintiendo, incluso a costa de otros conductores, los excesos de la gente que acude al estadio, cómoda e insolidariamente, en coche.
La alcaldesa es la tonta útil e inmejorablemente pagada de alguna cabeza pensando del PP que sabe qué hace ya tiempo que la calle no es suya y, también, que ni siquiera pueden invocar ya esa mayoría silenciosa abducida por el televisor o los periódicos del "régimen". Ana Botella es una pieza más de la maquinaria de su partido, empeñada, ahora que nos han quitado casi todo, en quitarnos también el derecho a protestar.
Al día siguiente de la marcha que fue cívica y pacífica hasta que la Policía decidió reventarla, desalojando el acto central media hora antes de su final previsto, se celebró otra marcha en contra del aborto, convocada desde las páginas de la prensa "fiel", sin que, a estas horas sepamos cuánto nos costó a los madrileños que, esta vez sí, les dejamos solos.
Otra vez la Botella, ahora quiere la alcaldesa echar del centro de Madrid a quienes protestan. Quiere, al parecer, resucitar la vieja idea del manifestódromo, del que nunca se acordaron cuando de lo que se trataba era del acoso y derribo de Zapatero, quiere que nos manifestemos sin que se nos vea y sin hacer ruido "porque perjudicamos la imagen de la capital". Y lo dice la misma señora que nos puso a todos en ridículo con su invitación en inglés de mil palabras, o menos, y declamación de ursulina, invitando a los guiris a tomar café en un sitio donde, entre burdos Bob Esponja o mickis de disfraz sucio, se toma cualquier cosa menos café, aunque, eso sí, a precio de champán francés. 


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martes, 25 de marzo de 2014

DESMEMORIA


Recuerdo, qué curioso comenzar así una entrada que he titulado "Desmemoria", cómo mi profesora de francés en el bachiller, Madame Ivette, nos aliviaba las clases haciéndonos leer artículos de una revista semanal francesa de aquellas que años después comenzaron en España a divulgar la Historia., una revista que, a finales de los sesenta, aún no tenía incómodos equivalentes en nuestro país. Recuerdo lo difícil que fue conseguirla, directamente en la distribuidora de la calle de la Reina, y recuerdo un artículo que me dio que pensar y que, de vez en cuando me viene a la cabeza. Ni de lejos sospechaba yo entonces que me dedicaría al periodismo y, sin embargo, aquel artículo versaba sobre la facilidad con que los medios transforman la realidad en sus audiencias.
El artículo estaba basado en una encuesta en la que, tras el multitudinario entierro del cómico Fernandel, el primer acontecimiento de masas retransmitido en directo por la aún entonces televisión en blanco y negro, se preguntaba a los encuestados si estuvieron en las calles de París al paso del cortejo. El curioso resultado no deja de sorprenderme aun hoy. Resulta que, al cabo de unos meses, una gran parte de los preguntados no era capaz de precisar si estuvo o no estuvo en las calles o vio el entierro en un televisor y, más curioso aún, gente que no estuvo allí afirmaba fehacientemente que fue uno de los miles de parisinos que se echaron a la calle.
Por qué traigo esto a colación. Está claro que si lo hago es para señalar que la memoria es muy débil, tanto como para que se borren o nos borren con facilidad recuerdos de lo vivido, como para que se fijen en ella recuerdos inventados. Algo que desde hace tiempo viene ocurriendo en España, y de lo que las largas horas que llevamos ya invertidas en la despedida de Adolfo Suárez se han convertido en paradigma, porque, de alguna manera, consciente o inconscientemente, intencionadamente o no. nos están cambiando la memoria.
Nos están hablando de la transición como un periodo de vino y rosas, cuando, pese al importantísmo y corajudo papel jugado por Adolfo Suárez en aquellos años, el aparato franquista siguió campando a sus anchas y la Policía y la Guardia Civil mostraron su peor cara, con manifestantes muertos en las calles, con torturas en comisaría y con algo tan espantoso como la matanza de los abogados del despacho de la calle Atocha. Y qué curioso que haya tenido que ser una joven estudiante que ni siquiera había nacido por aquel entonces la que haya puesto esta mañana en la radio los puntos sobre las endebles íes de nuestra memoria.
Se han dicho muchas cosas y no siempre ciertas, He escuchado, por ejemplo, elogiar a Suárez por haber sabido dimitir, cuando el pueblo dejó de estar conforme con su gestión. Nada más lejos de la realidad, porque si Suárez dimitió fue para tratar de evitar el golpe de estado que ya estaba en marcha y que, pese a su sacrificio, siguió adelante.
También he escuchado encendidos elogios, melosamente acríticos, de quienes no hicieron sino soltar hiel sobre su figura mientras estaba en el poder. Y la realidad no es ni una cosa ni otra., porque Suárez tuvo muchos aciertos, como también tuvo muchos errores y, aunque el resultado fue aparentemente bueno, podía haber sido otro o no ha sido tan bueno como quieren hacernos creer.
Para lo que si han servido tantas horas dedicadas al presidente fallecido y a aquellos tiempos ha sido para que podamos establecer diferencias, diferencias que dan vértigo y que confirman que, si no cualquier tiempo pasado fue mejor, sí, al menos, cualquier líder pasad tuvo más grandeza.
Hoy me ha sabido mal que, desde la izquierda y la derecha, todos se hayan echado sobre Artur Mas, un oportunista donde los haya, que se atrevió a decir que Suárez no hubiese dejado pudrirse el conflicto con Cataluña como lo está dejando pudrirse Rajoy -si las palabras no son exactas, ese es el espíritu de lo que dijo- y creo que fue tan inoportuno como certero y mucho menos demagogo que el succionado Margallo, que dijo sin inmutarse que Suárez habría hecho lo mismo que su jefe Rajoy.
En fin, lo que quiero decir es que la memoria es flaca y que, al igual que la radio,  la televisión y la prensa fijan con su omnipresente contaminación del lenguaje, horribles palabros de los que no nos defiende ni la Real Academia, la radio, la televisión y la prensa deforman groseramente la realidad y fijan recuerdos falsos o alterados en nuestra memoria, convirtiéndola en desmemoria. También que, como he escuchado a alguien que ahora no recuerdo. Los líderes políticos de este país, como otras muchas cosas en él, han ido de mal en peor.


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