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miércoles, 22 de febrero de 2017

LA MANO, LA PATA Y LA PASTA


Que el Partido Popular se esfuerza en disfrazar la verdad o en disimular torpemente sus "pecados", como haría un colegial, que viene a ser lo mismo, no es ningún secreto. El lunes, el presidente de Murcia se descolgó con eso de que acudiría ante el juez para aclarar el feo asunto, añado yo, del auditorio de Puerto Lumbreras, como si aclarar y declarar fuesen sinónimos, como si el amor o los bienes pudiesen aclararse en vez de declararse. Ayer, los encargados de tratar de confundirnos con sus consignas de argumentario fueron Rafael Hernando, perfectamente coordinado con el coordinador Fernando Martínez Maillo, repitiendo casi al unísono que "no es lo mismo meter la mano que la pata", como si las acusaciones que pesan sobre Pedro Antonio Sánchez y otros como él fuesen simples errores y no las trampas a que nos tienen acostumbrados.
No es de recibo que pretendan hacernos creer que un alcalde, ministro o presidente de comunidad no sepan que hacen con el dinero de los contribuyentes ni, mucho menos, que no se rodeen de todo un ejército asesores que les indiquen qué pueden hacer, qué no y cómo. Pero, aun dando por buena la falta de malicia de los responsables de estos asuntos que acaban en los tribunales -yo tiendo ponerla en duda- lo que no estoy dispuesto a admitir es que los deslices de los políticos acaben por no tener consecuencias.
Esas decisiones, aunque sean simples errores sin mala intención, especialmente si tienen que ver con la caja, acaban repercutiendo en el bienestar de los ciudadanos, en su salud, en su educación o la de sus hijos, en su seguridad y en la asistencia que se debe a sus mayores. Así, por ejemplo, no puedo creer que un ciudadano de Puerto Lumbreras prefiera un auditorio municipal, pagado por encima de su coste y cerrado porque fue entregado por la constructora y recibido por el alcalde sin terminar, s disponer de aulas y profesorado para sus hijos o parques y residencias para sus mayores.
No. En estos asuntos no hay errores inocentes. Cuando se opta por la oferta más cara, por una oferta inverosímil o por recibir unas obras apresuradas, en las que lo único que parece importar es llegar a tiempo y cortar cintas o descubrir placas antes de las elecciones.
No puedo creer, por ejemplo, que el ministro de Fomento socialista José Blanco ola Xunta de Galicia sean inocentes y se vayan de rositas después de un accidente ferroviario, el del Alvia en Androis, con decenas de víctimas mortales, un accidente evitable si el tren y la vía hubiesen sido compatibles y las medidas de seguridad las precisas. Pero no. Había que cortar una cinta y llevar la alta velocidad o casi a Galicia antes de las elecciones.
Lo mismo que ocurrió con el tenebroso viaje del Yak 42, un avión inaceptable para traer a nuestros soldados a casa, viejo, mal mantenido, en manos de una tripulación agotada, cuyo único mérito fue el de ser el más barato y permitir a unos cuantos militares corruptos lucrarse, bajo la mirada no sé si cómplice de un ministro sin escrúpulos ni sentimientos.
Son sólo dos ejemplos, quizá los más descarnados, de que, en ocasiones, meter la pata puede ser tanto o más grave, casi criminal, que meter la mano en la caja, porque hay muchas maneras de lucrarse, no sólo llevándose la pasta, también deslumbrando a los vecinos con un auditorio caro e inútil, con un tren sin las medidas de seguridad exigibles o con un avión asesino. En ocasiones, sobre todo cuando el que lo hace ha sido elegido para gestionar lo de todos, meter la pata en asuntos de pasta puede llegar a ser más grave que meter la mano en la caja, pese a lo que diga el pulcro Albert Rivera, autor al parecer de la frase prestada al PP.

martes, 20 de diciembre de 2016

BAMBI Y LOS CAZADORES


Desde que se produjo el "cuartelazo" de la calle Ferraz, aquella insurrección orquestada desde el viejo y contumaz aparato del PSOE por la que se privó a la militancia del partido de su secretario general y de la defensa de lo que habían votado, me he preguntado qué hubiese sido del partido socialista y de la misma España, si Pedro Sánchez hubiese permanecido en el cargo para el que fue elegido. No lo sé ni lo sabré nunca. Lo que sí sé es que, con aquella maniobra tan zafia, el prestigio y la moral, del PSOE, en cualquiera de las acepciones de la palabra moral, está por los suelos
Quizá por ello y por la pérdida de imagen sufrida por el ya de por sí desprestigiado Felipe González, los nuevos gestores del PSOE andan empeñados en buscar en otra figura la autoridad moral de la que hoy por hoy carece el partido, Y, como tienen difícil encontrarla, no les ha quedado más remedio que buscarla en su trastero, de donde han sacado a un casi olvidado José Luis Rodríguez Zapatero, recién regresado de su discreta mediación en Venezuela, para pasearlo por España con el motivo que sea. Y el motivo no ha sido otro que una fecha, la de los diez años de la frustrada Ley de Dependencia, una ley que trajo muchas esperanzas y que incluso llevó a mucha gente con familiares dependientes a su cargo a tomar decisiones vitales que, con una escasa dotación presupuestaria, primero, y víctima de lo peor de los recortes, después se quedó en poco más que una voluntariosa buena intención que no llegó a pasar del papel. a la realidad.
Hace bien el PSOE en presentar, a pesar de la frustración que siguió a la ley, en recordar aquella primera legislatura de Zapatero, la del matrimonio entre ciudadanos del mismo sexo, la de la retirada de Irak de las tropas enviadas por el siniestro Aznar la del reforzamiento de la cooperación exterior o la de la también frustrada "Alianza de Civilizaciones", una legislatura de orientación claramente social, en cuya orientación, no me cabe duda, tuvo mucho que ver la vicepresidenta Fernández de la Vega.
Hace bien el PSOE en recordarla, porque aquel al que Guerra bautizó como Bambi y que llegó a la secretaría general del PSOE por una carambola del destino, en la que tuvo mucho que ver la inestimable colaboración del sector "inmobiliario" del partido, con José Luis Balbás a la cabeza, desde su despacho en el Palacio de La Moncloa, al que llegó también inesperadamente y gracias a las torpes mentiras de Aznar sobre el 11-M, se comportó con la inocencia de aquel tierno cervatillo al que los malvados cazadores dejaron sin madre. Y, pensando en las analogías entre Zapatero y el dulce protagonista de la cruel película de Disney, no dejar de pensar que esa inocencia del primer Zapatero corrió el mismo trágico fin que la madre del tierno Bambi.
De hecho, la segunda legislatura del segundo presidente socialista de España en estas cuatro décadas de recuperada democracia nada tuvo que ver con la primera. En ella hubo escándalos, corruptelas a todos los niveles, malos modos, desprecio a la ciudadanía. Por si fuera poco, cambió a aquella eficaz e independiente María Teresa Fernández de la Vega, por un siniestro José Blanco y sentó a la mesa del consejo de ministros u toda una serie de incompetentes de los que la estrella fue sin duda la inefable Leire Pajín. Pero, sobre todo, su gente llevó a cabo una política informativa empeñada en ocultar a la ciudadanía que estábamos ya de hoz y coz en la peor crisis económica que ninguno de nosotros pueda recordar, una crisis que se empeñó en no nombar, como Rajoy nunca nombra a Bárcenas, pero que sólo fue posible con la nada democrática modificación del artículo 135 de nuestra Constitución, convirtiendo en prioritario, por delante de la justicia social y por encima del bienestar de los ciudadanos, el pago de la deuda.
Ahora, a los diez años de su prometedora y frustrante ley, Zapatero se está dejando ver con lo peor del siniestro aparato de su partido y se entrega en cuerpo y alma a la dudosa causa de Susana Díaz, responsable de la fratricida y nada democrática defenestración de Pedro Sánchez, en aras de la salud de esa "gran coalición" formal o solapada que amenaza con prolongar unos años el sufrimiento de los españoles. 
En resumen, mataron a la mamá de Bambi y el cervatillo se pasó al bando de los cazadores que acabaron con ella. 

lunes, 31 de marzo de 2014

DEMASIADO TARDE


Demasiado tarde para que la familia socialista vuelva a aparecer unida. Demasiado tarde para escuchar en palabras de un líder socialista lo que los ciudadanos llevamos pensando y diciendo años. Fue ayer en el acto de presentación de su candidatura a las próximas Elecciones Europeas y estaban todos, incluso el siempre díscolo y malicioso Alfonso Guerra que debió moverse, porque no sale en la foto. 
Curiosamente, lo más aplaudido y, por ende, lo más repetido en los telediarios y las radios fueron las sabias palabras del cabeza de lista de los socialistas europeos, el alemán Martin Schulz, que no dudó en decir eso que muchos, demasiados para que no nos hayan hecho caso, llevamos diciendo en voz alta hace ya mucho tiempo,  demasiado para que no hayan caído en la cuenta hasta ahora. Lo que dijo, lo que hizo Schulz, fue levantar ante los ojos de políticos que llevan demasiado tiempo instalados en el poder el dilema que supone encontrar la causa del desastroso panorama del socialismo en Europa y, especialmente en España, averiguar quién ha abandonado a quién los votantes a los socialistas o los socialistas a los votantes.
Creo que, si es, si quienes compartieron con el ayer la tribuna son, un poco listos habrán sabido leer la dura respuesta que ayer mismo dieron los electores franceses a la política de austeridad y tente tieso puesta ahora en práctica por François Hollande, tan lejana de las promesas electorales que le llevaron en su día al Palacio del Elíseo. Y es que la abstención alcanzó en Francia cifras históricas y a nadie se le escapa ya que quienes se quedaron en casa fueron, fundamentalmente, potenciales votantes socialistas, especialmente los jóvenes, tan castigados por la crisis en el terreno laboral y en las aulas.
El PSOE lleva demasiado tiempo alejado de sus ideales fundacionales, los que buscamos en él quienes hasta ahora les votábamos. Lleva demasiado tiempo haciendo políticas "de Estado", mirando siempre hacia arriba, nunca hacia abajo y, claro, los de abajo se han olvidado de ellos porque, antes, ellos se olvidaron de los de abajo, quedándose en sus casas, volviendo la espalda a quienes antes se la volvieron a ellos o engañándose al pensar que, para aplicar las políticas de derechas, mejor la derecha.
Ahora, cuando apenas quedan semanas para la primera cita en la urnas desde que conservar Andalucía les dio un respiro, los socialistas españoles -no sé los catalanes tan enredados en lo suyo, que no es poco- cierran filas en torno a Elena Valenciano y echan el resto para hacer de un hipotético y más que difícil triunfo en ellas el saliente en la pared en que apoyarse para salir del pozo en el que ha caído.
Lo que ocurre es que dudo que alcancen ese triunfo y, lo que es peor, dudo que, si lo consiguen, abandonen sus vicios, esos que les alejaron tanto de la gente de los barrios, las fábricas y las aulas. De momento, ayer, a las puertas del mitin, un grupo de familiares de las víctimas de la tragedia de Angrois, el accidente de la falsa y electoralista Alta Velocidad  a Galicia, protestaron por la inclusión de José Blanco, responsable de incluir esa curva en el trazado, en la lista socialista al Parlamento Europeo. Un gesto solidario de la ejecutiva para con su compañero en apuros que a mí, por ejemplo, me aleja de su opción.
Es demasiado tarde ya para recuperar la confianza de los ciudadanos, pero peor aún que la tardanza es esa estrategia enfermiza de poner siempre a salvo a la "buena estirpe", a los "pata negra" del partido, que ponen en duda cualquier intento, más allá del que sabemos interesado, de recuperar a su electorado.
Demasiado tarde para que los votantes se acuerden de quienes se olvidaron de ellos.


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miércoles, 13 de marzo de 2013

HUMO NEGRO


 
Por lamentable que parezca, el PSOE parece empeñado en dar munición al PP y a quienes todavía le defienden, metiendo la pata una y otra vez, para sacarla cubierta de ese chapapote tóxico que sólo se da en los partidos en descomposición. Y el PSOE, por doloroso que resulte para quienes alguna vez creímos en él, lleva semanas con todos los síntomas de estarlo.

Hace días que de la sede de la calle Ferraz sale humo, un humo negro y espeso que no presagia nada bueno. Un humo que nada tiene que ver con el de la Plaza de San Pedro en Roma, porque aquí nadie parece dispuesto a cambiar nada, porque, aquí, la cúpula socialista parece haberse encerrado a cal y canto, como aquellos "últimos de Filipinas", empeñados en la defensa de una causa imposible, y todo por no haber salido fuera del reducto a ver qué pasaba en el mundo.

No. No es el humo de una elección, es el humo numantino de quien no quiere admitir la realidad y decide echarse a la hoguera y echar en ella a todos sus votantes, usando como combustible las miserias de las que les creíamos a salvo y que, por desgracia, llevaban tiempo creciendo en su patio trasero. Y, la peor de todas, ese autismo del líder y dos o tres más, que les vuelve incapaces de saber lo que está bien y lo que está mal, porque hace tiempo que no saben lo que quiere la gente y, fundamentalmente, porque no parece interesarles. Tal parece que tomaran las decisiones jugando a la ruleta rusa, con una única bala en el tambor, que, una y otra vez, acaba enterrada en su sien.

El primer tiro se lo dio a propósito de la intención del PSC de ser coherente en Cataluña y Madrid, prohibiendo a los diputados catalanes votar a favor de la moción que proponía en el Congreso de los Diputados el reconocimiento del derecho de los catalanes, no ya a decidir, sino a expresarse sobre su futuro. La poca cintura de los "sabios" de Ferraz, ninguna, para ser exactos, y el miedo atávico al nacionalismo español montaraz de algunos de sus líderes que, en lugar de hacer pedagogía, tan necesaria como escasa, se pasan en la suerte de varas con el toro catalán, para poder lucirse en las particulares lidias autonómicas, y acabarán consiguiendo la escisión del socialismo catalán, con la previsible consecuencia de dar la puntilla a cualquier intento de remontada electoral en Cataluña.

El segundo tiro fue la increíble historia de la ignominiosa moción de censura en Ponferrada, sobre la que pretenden creer que Alfredo Pérez Rubalcaba no sabía nada, pese a que estaba en toda la prensa, también la nacional, y que, ahora lo hemos sabido, fue motivo de un escrito de protesta firmado por cuatrocientos militantes y simpatizantes que entró en la sede de Ferraz cuatro días antes de que se consumase tan miserable operación. Enterados tenían que estar y capear las consecuencias entre la opinión pública a la que se quieren ganar con la excusa de que el perro se comió el cuaderno de los deberes, porque otra cosa no ha sido tratar de defender la cándida ignorancia de Rubalcaba y hacer el paripé de la falsa dimisión no aceptada del secretario de Organización, Oscar López, que ha dejado a uno y otro con el culo al aire y tambaleándose en los pasillos de la planta noble de Ferraz.

Y, cuando parecía que nada podía ir peor, ayer se supo que el fiscal pedirá el procesamiento del que fuera "hombre fuerte" de Zapatero y ex ministro de Fomento, José Blanco -un personaje tan siniestro como Alfonso Guerra, pero mucho más torpe- por un presunto tráfico de influencias en la concesión de licencias a un amigo personal del ministro. La comparecencia de Blanco, ayer en el Congreso, proponiendo una solución procesal más digna de un abogado tramposo que de un político honesto, ha dado al PP, acosado y aturdido por el asunto Bárcenas, la munición que estaba esperando para el contraataque.

En fin, mierda y humo negro. Eso es lo que sale de Ferraz. Y mientras tanto, los ciudadanos que un día confiaron en quienes ahora se encierran allí, huérfanos de líderes creíbles y de una opción que oponer al desastre que ha organizado el PP en apenas año y medio de gobierno. Si el PSOE pretende salvarse y ayudar a salvarnos, que se deje de miserias, convoque ya un congreso extraordinario, del que salga realmente renovado y desde el que recupere poco a poco el espacio que no ha sabido gestionar.



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