sábado, 15 de marzo de 2014

MONTORO, COMO GALLARDÓN


No hace falta mucha imaginación para deducir qué significado tiene en Chile, ignoro si en el resto de América Latina, el gesto que, inconscientemente o quizá no tanto, hace en la foto el ministro. Efectivamente, es lo mismo que aquí nos decimos cuando, sin ningún miramiento, nos golpeamos sonoramente el brazo, generalmente el derecho, por encima del codo, con la palma abierta de la mano del otro, mientras el puño del brazo golpeado permanece cerrado. Dicho de otro modo, lo que el ministro parece estar haciendo es mandarnos "a tomar por culo". Porque, aunque no lo pensase, tal parece que fuese ese el pensamiento del ministro cuando seleccionó a los miembros del comité de sabios que acaban de proponerle los ejes para la que pretende ser su gran reforma fiscal.
Sabios en qué o sabios de quién, porque o no tienen idea de cuál es el tejido social en España o, por el contrario lo saben muy bien y saben perfectamente qué es lo que quiere escuchar el Gobierno y la buena estirpe para la que, en el fondo, trabaja. Más que expertos economistas parecen simples contables de los de antes, los que cobraban la renta a los apareceros del "señorito", hubiese habido cosecha o no y, de paso, se llevaban alguna gallina, regalada, claro, o algún virgo, para sí o para el amo.
El retrato de la España que pretenden los contables del ministro se parece mucho al de la España de Galdós o de Felipe Trigo, esa España de señoritos siempre a caballo, siempre en calesa, y plebeyos lampando por sobrevivir. Nos saldrán ahora, como si lo viese, con que el informe no es vinculante para el Gobierno o con que sus conclusiones no son las suyas. Pero está claro que, cuando lo encargaron, y lo pagaron, sabían a quién se lo encargaban y qué le pedían. 
A estas alturas, ya no me cabe duda de lo que pedían. Y lo que pedían no es otra cosa, no puede serlo a la vista de los resultados, que un conjunto de medidas que, sobre el papel, les permita volver a anunciar en la próxima campaña de las europeas su falsa promesa de bajar los impuestos, como si el IVA no lo fuese, y compensando esa falta de ingresos, con la subida del IVA reducido o gravando la propiedad de la vivienda, pero sin tocar, eso sí, el impuesto de sociedades, el del patrimonio o el IBI de lis edificios que sigue rapiñando la iglesia católica española. O lo que es lo mismo, el resultado del partido sería una vez más Ricos, 1 - Pobres, 0.
Tal parece que a los expertos les hubiese contratado la duquesa de Alba o cualquiera de sus colegas o que, al menos, les hubiese sobornado para que no le tocasen "lo suyo", porque la señora duquesa no tributará por sus fincas o palacios, o no tributará más por ellos, también quedarían a salvo sus administradores, a los que suponemos bien pagados, porque el tipo máximo del IRPF que pagan, baja de golpe más de diez puntos, mientras que a los españolitos de a pie, los que viven de un sueldo apenas por encima del mínimo para tributar, la bajada del IRPF les supondrá poco más que un café o unas cañas al cabo del año, frente a los miles de euros que se ahorrarán los ricos.
Aunque, al final y en parte, el informe sólo sea un globo sonda, el intento, o invento, no lo sé, es perverso, porque pretende meternos el miedo en el cuerpo de manera que, luego, cualquier reforma menos rigurosa nos parezca un mal menor. Algo así como perder una uña, cuando te han advertido de que lo que podrías haber perdido era el brazo, todo un alivio si nos olvidamos de que la uña es nuestra y de que también la necesitamos.
Si tenemos la precaución de "echar las cuentas" veremos que lo que nos van a cobrar de más por todo vía IVA, que lo que tendremos que pagar por nuestra vivienda "por si algún día la vendemos", que lo que nos deducirán de la indemnización que nos den si nos despiden, qué vergüenza, sumado a lo que tendremos que pagar por los medicamentos, la escuela, las tasas universitarias, las judiciales o lo que perderemos en calidad de los pocos servicios públicos que nos dejen conservar supera y multiplica por cien o por mil esos míseros euros que nos van a rebajar del impuesto sobre la renta.
Otra vez la ley del embudo en su expresión más cruda, otra vez cavando en el lado de los humildes para ahondar y ensanchar la brecha que cada vez separa más la vida de los ricos y los pobres. Y, mientras tanto, el Estado haciendo dejación de su deber de perseguir a quienes defraudan o malversan e dinero público que reciben. Los directivos de la CEIM que se quedaban con el dinero destinado a la formación de los trabajadores no lo hubieran hecho mejor. Nos podríamos haber ahorrado el informe, hubiese bastado con dar atrás en la máquina del tiempo, porque lo que parece pretender Montoro es arrebatar a Gallardón el título de ministro más retrógrado del Gobierno, llevándonos directamente, no ya al franquismo, sino al siglo XIX. 


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viernes, 14 de marzo de 2014

JUECES Y JUECES


Resulta inquietante -al menos a mí me resulta inquietante- que las imágenes de la ilustre señora juez doña Mercedes Alaya, camino de su juzgado, a las que ya nos tienen acostumbrados periódicos y telediarios puedan llegar a  servir para marcar el paso de las estaciones en Sevilla que, salvo su infierno veraniego, vive en una eterna primavera. Algo que confirma la teoría de Guillermo Cabrera Infante, según la cual, una mujer, para ser elegante, necesita, al menos, de dos estaciones. Pero más inquietante resulta aún comprobar que cada recorrido bajo los flashes de la juez que se corresponde con alguna de sus diligencias, se corresponde a su vez con algún hito en la vida del Partido Popular.
La verdad es que resulta chocante que una mujer tan sobria y tan discreta en el vestir gaste de diligencias tan estridentes, porque no cabe duda de que pedir a la ex consejera de Economía de la Junta de Andalucía y ex ministra de Fomento Magdalena Álvarez casi treinta millones de fianza civil como poco menos que autora intelectual del fraude de los ERE resulta tan llamativo como para que, desde hace casi cuarenta y ocho horas en este país no se hable de otra cosa. Más aún, cuando de lo que se acusa a la actual vicepresidenta del Banco Europeo de Inversiones es de haber diseñado desde su cargo en la Junta de Andalucía el reglamento, posteriormente aprobado por el Parlamento Andaluz, que, según la juez, permitió el fraude que investiga.
No cabe duda que la nueva vía abierta por la juez, de ser bienintencionada y no tiene por qué no serlo, nos conduciría ante un paradójico escenario, en el que los ministros y diputados o senadores, como legisladores que son, deberían asumir las responsabilidades derivadas de cualquier ley, decreto o reglamento que se viole para delinquir, Por ejemplo, como ayer apuntaba Iñaki Gabilondo, el Código de la Circulación. Está claro que, de extenderse la iniciativa de la señora Alaya, no quedaría un sólo político sin procesar ni ninguno de sus sueldos por embargar.
Pero, si resulta chocante la medida tomada por la instructora contra la señora Álvarez, más chocante resulta que lo haga contra una persona cuyo procesamiento fue ya revocado por instancias superiores y está aún pendiente de un nuevo recurso. Nos ería más prudente, me pregunto, que la juez esperase a que dicho se resuelva para dar ese triple salto mortal que ha dado. No sería mejor, vuelvo a preguntarme, que todas estas medidas y otras parecidas, sean revisadas por instancias superiores antes de ver la luz y hacerse, y con razón, con todos los titulares.
El caso es que el daño ya está hecho, porque en la cabeza de los ciudadanos de a pie, también con razón, no cabe que alguien pueda tomar una medida tan drástica sin la prudencia que se espera de alguien que tiene como cometido decidir sobre vidas y haciendas ajenas. Por eso, aunque ahora se vuelva a revocar el procesamiento de la ex ministra, habrá quienes crean que, por el río de Magdalena Álvarez, corría agua de los eres fraudulentos.
Qué distinto el caso de Mercedes Alaya del del Juez Elpidio José Silva, pasado por la trituradora mediática y judicial por haber osado mandar a la cárcel por dos veces al amigo de José María Aznar que se apropió mediante engaños de los ahorros de cientos de miles de jubilados para jugárselos en la jungla de los bonos basura en un intento nada desesperado de tapar el agujero de su gestión en Cajamadrid, como los malos alcaldes tapan los baches, con arena. Está claro que los jueces en la soledad de sus despachos o, ahora, frente al portátil, en sus casas, toman decisiones que pueden ser prudentes o escandalosas, acertadas o erróneas. Lo que no está tan claro es que dichas decisiones se vayan a encontrar con la objetividad de sus superiores ni mucho menos con la de la prensa.
Hay demasiados cadáveres de jueces en la cuneta de los medios y demasiados jueces en sus altares para pensar otra cosa. Está claro que, para el poder, hay jueces y jueces. 



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miércoles, 12 de marzo de 2014

EMPRESARIOS

Foto: EL PAÍS
 

Vaya país éste en el que nos h tocado vivir: un país para mear y no echar gota, que diría un castizo, un país en el que, a la hora de reformar la legislación laboral, el gobierno sólo escucha a la patronal y la reforma resultante es, como cabría esperar, un guante para los empresarios y una trampa para osos para los trabajadores, un país en el que el Estado de Derecho está convirtiéndose en una selva en la que cazan a su gusto los que menos escrúpulos tienen.

No digo yo que todos los empresarios que operan en España sean unos chorizos, pero, la verdad, es que, de un tiempo a esta parte, al menos sus dirigentes, aparecen tanto en las páginas que se ocupan de la corrupción, que alguna que otra organización empresarial debería plantearse el cambio de sede social a algún centro penitenciario.

De todos es conocida la historia de Gerardo Díaz Ferrán empresario carroñero que en gran medida construyó su fortuna hurgando en los despojos de empresas en dificultades, para "mondar" lo poco que de aprovechable quedase en ellas y abandonar después a su suerte a trabajadores y acreedores, una especie de Atila de los negocios que iba sembrando desolación y miseria allá por donde pasaba, mientras el botín que quedaba en sus manos, crecía y crecía. Díaz Ferrán cayó y cayó con estrépito, saqueando sin el menor remordimiento los sueños de muchos inmigrantes que sólo querían pasar las navidades en su tierra y que se vieron atrapados en las frías salas de un aeropuerto, sin explicaciones ni consuelo y con la burla del amigo de Esperanza Aguirre hoy encarcelado, al que sólo se le ocurrió decir que él no hubiese comprado un billete en su compañía.

Aun sabiendo eso, a la patronal española, a la que se supone la representación de los empresarios de este país le costó meses deshacerse de su malencarado presidente. Tal parece que o no veían lo que veíamos todos los demás o, si lo veían, compartían el credo de quien habían elegido. Algo gravísimo, porque por más que hablen de garbanzos negros, lo cierto es que parece que esos garbanzos son los que abundan en el cocido empresarial y, lo que es peor, a quienes los eligen no parece importarles demasiado verlos en el plato.

El último en caer, ayer mismo ha sido el empresario madrileño Alfonso Tezanos, directivo de la patronal madrileña y hombre fuerte, ahora repudiado, que las  esposas afean mucho, del presidente Arturo Fernández, imputado en la comercialización a todas luces fraudulentas de preferentes en Bankia, beneficiario de obscenos créditos de amiguete en Cajamadrid y pillado "in fraganti", pagando "en negro"  a los trabajadores de sus contratas, entre otras, la de la cafetería del Congreso.

Tezanos que no hace dos días negaba con desparpajo, la imagen de marca de los amigos de Esperanza Aguirre, ha sido pillado con unos cuantos millones de euros del dinero de todos, cobrados por impartir cursos de formación inventados. Curioso personaje éste que, en una reciente entrevista radiofónica, decía  que "saber, oír, comentar... no es tener conocimiento", que, de momento, cierra la lista de empresarios corruptos con cargos representativos.

Lo de éste último, esa estafa al Estado, que no es posible sin la cobertura de quien debería vigilar el buen fin de esos fondos, da qué pensar, porque, si rapiñaban el dinero destinado a la formación de parados, es lógico suponer que, a mayor cifra de parados, más oportunidades de negocio.
 
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martes, 11 de marzo de 2014

MISERABLES

 
Me cuesta creer que diez años después de aquello aún queden personajes tan inmorales como para mantener, aún hoy y con lo que ya sabemos, que la salvajada de los trenes de Atocha no fue como realmente fue. Me cuesta creer que José María Aznar, Ángel Acebes, Pedro José Ramírez, Ignacio González, María Dolores de Cospedal y tantos y tantos políticos dispuestos a cambiar mentiras tan dolorosas por unos cuantos escaños, no sé cuántos miles de ejemplares vendidos o no sé cuántos  telespectadores más… no sé, insisto, cómo todos esos personajillos tan inmorales, tan miserables, son capaces de mirarse al espejo cada mañana, a sabiendas de que llevan diez años sembrando odio y dolor con sus mentiras.
Hemos tenido que esperar diez años para escuchar a miembros de un gobierno del Partido Popular, ayer Fernández Díaz y hoy Ruiz Gallardón, aceptar como buena la autoría señalada por la sentencia judicial, dejando de lado la insidiosa y terrible "teoría de la conspiración". Han hecho falta diez años para ello y ha hecho falta casi tanto tiempo, para que, al dejar de soplar con el fuelle de la mentira, por fin las familias de víctimas, las propias víctimas supervivientes, puedan otra vez llorar unidas por el que, pese a quien pese, fue el mismo dolor, ese dolor causado por unos fanáticos incapaces de ver el día siguiente a su salvajada, tanto que apenas esperaron en este mundo para verlo. 
Aún hoy escucho a determinados periodistas defenderse incómodos, excusarse detrás de presuntas pruebas y detrás del respaldo de lectores y audiencias fáciles de manipular. Ellos saben que lo que hicieron no tiene nombre, que con su ignominia multiplicaron el dolor causado por las bombas con la amargura del desprecio de quienes sólo quieren creer "su" verdad o, a lo sumo, la que les dan, ya masticada, aquellos en quienes quieren creer.
El calvario sufrido por una mujer, Pilar Manjón, escogida como blanco del odio mediático de la caverna porque tuvo tanto dolor y tanto valor como para decirles a la cara, al autor intelectual de la mentira, al que nos habló de montañas y de desiertos lejanos, y a los diputados de la comisión de investigación del Congreso, lo que muchos, entonces, ya estábamos pensando. Por eso aún no la han perdonado. Por eso quienes no perdieron familiares, sólo prebendas y poder ni la perdonan ni la perdonarán nunca.
Ayer, en el Teatro Real, y hoy, ahora, en la catedral de Madrid, las víctimas vuelven a estar juntos. Eso es hoy, diez años después, lo más importante. Ojalá ese sea el primer paso para que este país cure por fin la enorme herida que, ese día, hoy hace diez años, comenzaron a abrir unos miserables, y no me refiero a quienes pusieron las bombas, muertos ya o condenados, en la credibilidad de quienes nunca deberían mentir a la sociedad y en la capacidad de creerles de los ciudadanos.

Cuando uno ve cómo se juega con la verdad de unos hechos comprobados, con el dolor y la dignidad de las víctimas, cuando, como recordaba el juez Gómez Bermúdez, no se parte de la ignorancia, sino de la mala fe, una sola palabra me le viene a la boca para referirme a ellos: MISERABLES. Es duro, pero es así.
 
 
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lunes, 10 de marzo de 2014

ESTIRPES

 
 
El que acabamos de dejar atrás ha sido un largo fin de semana de reivindicaciones y de reflexiones. Arrancó el sábado con la conmemoración del Día Internacional de la Mujer y concluyó ayer con, entre otras la concentración en Madrid en pro de la Cultura. Son tantos los motivos por los que hay que colocarse enfrente del Gobierno cada fin de semana, cada día, que, metidos en harina, se nos olvida que, no hace tanto, las cosas no eran así.

Sin temor a repetirme, porque no es descuido el hacerlo, sino insistencia, vuelvo a subrayar que todo lo que nos está pasando responde a un plan diabólico, un plan diabólico destinado a devolver a los de siempre, a "los de buena estirpe", lo que, más mal que bien, la restitución de la democracia nos dio a todos los españoles la oportunidad de disfrutar y compartir.

Leer que el responsable de la concesionaria de Coca Cola en España sentencia, sin inmutarse, en una entrevista “hemos ganado muchísimo dinero, aunque últimamente no tanto” no debe sorprendernos, sí indignarnos, pero nunca sorprendemos. Lo que dice y lo que están haciendo, cerrar con la mayor de las desvergüenzas, una planta, la de Fuenlabrada, en Madrid, porque, con ella, no ganan todo lo que quisieran, aunque ello condene al paro, la emigración o la ruina a centenares y sus familias, algo que hace no tanto no hubiese sido posible, pero que, con las sucesivas reformas laborales, las del PSOE y la del PP, es ya posible y, sobre todo, rentable.

De un tiempo a esta parte, se nos está despojando de derechos que creíamos inamovibles. Y, si esto es así, lo es porque no hemos sabido o no hemos querido defenderlos. Nos hemos abonado al fatalismo, a ese "las cosas son así, es por nuestro bien" o a ese hipócrita y cruel "habéis vivido por encima de vuestras posibilidades" para dejarnos atracar a cara descubierta, poniendo en la mano del atracador el arma con que nos apuntaba. Lo de la Coca Cola es paradigmático, porque los responsables del cierre se permiten ahora disfrazarse de generosos ofreciendo a sus víctimas como si fuese un regalo lo que hace menos de dos años eran derechos garantizados.

Se está desmontado, no ya el Estado de Bienestar, sino el propio Estado de Derecho, negándose a los que menos tienen el acceso a la justicia, encareciendo de forma salvaje las tasas, se está negando a los más débiles el acceso a la educación, universitaria y de niveles inferiores, estableciendo, como hace décadas, colegios de primera y de segunda, para alumnos de "la buena estirpe" y de las otras, con el añadido sarcástico de que ahora estamos pagando todos lo que ni siquiera el franquismo se atrevió a cobrarnos.

Están intentado desmontar con mentiras y trapacerías lo que era el mayor orgullo de los españoles, la sanidad pública. Echaron el resto en Madrid y no lo consiguieron porque, por una vez, se consiguió que todos los estamentos afectados se uniesen para impedirlo, Y, como siempre que,  además de la fuerza de la razón se pone sobre la mesa la de la fuerza de la unidad, tuvieron que marcharse con el rabo entre las piernas a sus despachitos o escaños de consolación, los que tenían garantizados de antemano, acabase la cosa como acabase.

Se han cargado la tímida ley de dependencia que con más poesía que eficacia pretendía compensar a quienes estaban librando al Estado de la penosa "carga" de la asistencia a los dependientes. Se la han cargado y lo han hecho dentro de ese plan diabólico del que os hablo, porque, como decía este fin de semana la socialista Soraya Rodríguez -ya era hora de escucharles algo sensato- los que quieren es que las mujeres, porque casi siempre son ellas las que cuidan, se queden atadas a sus seres queridos en casa, sin acceder al mercado laboral para, con ello, ahorrarse el coste de la asistencia y, de paso, las pensiones que generaría su trabajo.

Del mismo la reforma gallardoniana de la regulación del aborto no es sólo ideológica, creo que el que en tiempos fuera faraón de Madrid no tiene ideología, sino ego y servilismo interesado, porque creo que lo que persigue es que las mujeres que haciendo uso de su libertad decidiesen no seguir adelante con sus embarazos se rindan ante las dificultades y paran hijos no deseados o no oportunos en sus vidas, que ´las dejarían en la cuneta de sus vidas, haciéndolas renunciar al progreso social y personal al que tienen derecho. De paso, esos hijos que carecerían de la vida que toda madre desea para ellos, engrosarían la legión de peones, la mano de obra barata con que sueñan los que siguen a caballo después de tantos años y que siguen mirándonos con desprecio, porque no somos de la estirpe buena, la suya.

Nada es inocente. Ninguno de los pasos dados por este gobierno y me temo que alguno de los dados por los anteriores, van encaminados a devaluar, ya que no pueden la moneda, nuestras vidas, mientras ellos, los de la estirpe cantada por Rajoy en sus artículos del Faro de Vigo, siguen ensanchando sus fincas y sus bolsas, acosta de las nuestras.
 
 
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viernes, 7 de marzo de 2014

DEL EBRO PARA ABAJO

 
 

La verdad es que nunca llegué a creer que llegase a quebrarse la voluntad de los votantes del PSN, la capacidad de decisión de un partido, se supone que maduro y colocado sobre el terreno, hubiese de estar supeditada a los miedos e intereses, ya no sé si lícitos, de quienes se arrogan la interpretación de la voluntad de los hipotéticos votantes del resto de España. Nunca pensé que llegue a darse un final tan ridículo y descarnado, pero ese ha sido el final que ayer se ha dado.

Acabo de escuchar al secretario general de los socialistas navarros, Roberto Jiménez, asumir, con una sumisión y un fatalismo dignos de mejor causa, la prohibición de apoyar cualquier moción de censura contra la pseudopepera Yolanda Barcina que les fue impuesta ayer desde algún despacho de la calle de Ferraz, donde tienes su sede  la ejecutiva nacional, perdón, federal, del PSOE. El acatamiento de Roberto Jiménez, probablemente encomiable, de la disciplina federal se ha enturbiado, como las aguas de un río crecido, cuando no, sé si con ganas, ha tratado de justificar la decisión de Rubalcaba y su ejecutiva, diciendo que "del Ebro para abajo" las cosas se ven de otra manera.

Quizá Jiménez tenga razón, quizá lo que ocurre es que "del Ebro para arriba" se tiene más conciencia de lo que realmente ocurre. Quizá allá se tiene más claro que quienes votan a Bildu, como pasaba en otros tiempos con los comunistas, no tienen cuernos ni rabo. Quizá "por encima del Ebro" a esos votantes navarros, tan malditos y agresivos como los inmigrantes que unen sus fuerzas y sus cuerpos en Ceuta y Melilla, son más peligrosos, ahora que, de alguna manera, han señalado el camino a ETA, que cuando eran ellos quienes transitaban por donde ETA o quien estuviese tras ETA quería.

Nos hemos pasado décadas diciendo a quienes apoyaban o daban a entender con su silencio que comprendían y consentían la violencia terrorista que ese no era el camino, que el camino estaba en las urnas y en la confrontación de las ideas en los parlamentos, para, ahora que lo hacen, asustarnos de su fuerza y negarles el pan y la sal democráticos. Toda una esquizofrenia que, al final, no es tal, porque sólo es consecuencia de la habilidad de quienes insisten en agitar el fantasma de ETA, ahora que ya se está desvaneciendo, para seguir arrimando el ascua a su sardina, repartiéndose sillones en consejos de administración y engañando a quienes se limitan a lanzar una mirada simplista sobre los telediarios.

Entiendo al señor Jiménez, pero también entiendo que lo mejor que podría hacer es dimitir y abrir en canal su partido. Las crisis mal solucionadas acaban siempre por aflorar, como los muertos mal enterrados. Navarra, España, están necesitadas de pedagogía, están necesitadas de que alguien tenga el valor de llamar a las cosas por su nombre, de contarle a los ciudadanos que la política es algo más que los políticos y sus intereses, de explicarles que los votos de Bildu también valen. Tanto como valieron en su día los de los herederos del franquismo que tanto dolor y tanto atraso trajo a España.

Pero me temo que va a ser difícil. Sobre todo porque hay demasiados esqueletos en los armarios. En Ferraz consideran que participar en una moción de censura que podría apoyar Bildu les perjudicaría en las encuestas. Yo les digo que no más que aquella reforma de la constitución a escondidas y en cuarenta y ocho horas propiciada por el obediente Zapatero que nos ha traído aquí. También les invito a repasar el álbum familiar y a rescatar aquellas fotos, quizá ya teñidas por el sepia de los años, en la que un Txiki Benegas, con menos kilos y más pelo, sujetaba una pancarta en la que se leía "Nafarroa Euskadi da", o lo que es lo mismo, Navarra es Euskadi. Porque, si ellos han cambiado, por qué no los demás.

Pedagogía sinceridad y decencia en lugar de conveniencia. Esa debe ser la receta, arriba y abajo del Ebro, quizá así conjuremos de una vez a los fantasmas de otros tiempos y, de paso, a quienes los agitan. De momento, el puño del logotipo del PSN-PSOE se me antoja que, más que empuñar la rosa, aplasta las siglas del partido de los socialistas navarros.

jueves, 6 de marzo de 2014

EL PERDÓN ES EL CAMINO

 
 

Acabo de escuchar la entrevista que, en la Cadena SER, Pepa Bueno ha hecho al etarra arrepentido Iñaki Rekarte. Un testimonio duro y emotivo que me reafirma en la idea de que el perdón es el único camino para alcanzar la paz, la personal y la de todo un país. También, que el rencor es cansado, muy cansado, porque el rencor exige, no sólo recordar continuamente la ofensa, sino exhibirla ante los demás y transmitirla, a veces a los hijos. Dice Rekarte en su entrevista que, tras entrevistarse, con un familiar de una de sus víctimas aprendió que "hay que ser buena persona".

Cuando digo que el perdón es el camino, lo que quiero decir es que es necesario, como sé que es muy duro, darlo, pero, sobre todo, que es muy duro y necesario pedirlo. Tan duro, como debe ser quedarse solo en la noche, cerrar los ojos y recordar que se lleva a las espaldas la muerte de tres semejantes y la no vida de una veintena más. Iñaki Rekarte ya ha saldado sus cuentas con la justicia, mejor dicho, con los tribunales, fue uno de los beneficiados con la anulación de la doctrina Parot, pero llevaba ya tiempo disfrutando del tercer grado después de repudiar "la lucha armada", la violencia ciega y cruel de la que participó, y de pedir perdón a la familia de sus víctimas.

Rekarte cuenta en la entrevista que se decidió a dar el paso cuando nació el mayor  de sus hijos. Y sé que habrá, cómo no, quien quiera encontrar en esa decisión una salida por la que escapar a la vida tal y como la entienden los ciudadanos "normales". Habrá quien quiera ver en ello una estrategia de borrón y cuenta nueva que le permita "resetear" una vida que no le ha sido grata. No hay más que buscar sus fotos para comprobar que, de la sonrisa de aquel joven risueño de hace unos años, apenas queda nada. Su mirada taciturna y melancólica deja claro que el proceso ha debido ser largo y difícil y que en él, que causó muerte y dolor, han triunfado el amor y la vida. No hay más que oírle hablar de sus hijos y de su compañera.

Habrá quien piense que lo que ha hecho Rekarte, lo que está haciendo prestándose a que se divulgue su caso y colocándose bajo los focos, es simplemente un trámite. Yo estoy convencido de que no es así, quizá tan difícil como lo fue en su día el paso dado por "Yoyes" para regresar a su Ordicia y a la vida y para, al final, morir asesinada de la mano de su hijo, bajo las balas de quienes habían sido sus compañeros. No es fácil. No, no es fácil enfrentarse a un tiempo a la vida real y deseable, al tiempo que al pasado, al rencor de los adversarios y al odio y la incomprensión de aquellos a quienes creías defender. 

A veces, esas cosas acaban mal. Sobre todo, cuando la decisión es heroica y demasiado personal. Sobre todo,  cuando sabes que, a cambio de ese pedazo de vida de esa maternidad, de esa infancia feliz que todo ser humano bien pensante debe desear para sus hijos, te expones a ser utilizado, a ponerte en el escaparate de una política, la de la reinserción que, en el caso de Yoyes, no estaba aún madura. Por eso deseo con todas mis fuerzas que a Iñaki Rekarte la vaya bien, que a la vía Nanclares, con la que alcanzó la libertad y su paz le vaya bien también. Sólo si el perdón triunfa sobre el del rencor, sólo si los hijos de Rekarte pueden mirar a la cara a su padre y a quienes fueron sus víctimas, la paz será posible.

Sé, insisto, lo difícil que es hacer el camino íntimo y personal que lleva a cambiar ese rencor por perdón. Imagino lo difícil que habrá sido para Iñaki colocarse la etiqueta de "traidor", aceptar enfrentarse a la mirada de una de sus víctimas y pedirle perdón, volver a su tierra no como el héroe que quizá algún día soñó ser, sino como un villano o un cobarde egoísta que ha pasado por el aro.


Muy difícil ha debido ser, desde luego, entre otras cosas, porque la organización a la que entregó su juventud se desmorona. Pero hay un camino, el del perdón. El camino que quizá hubiese necesitado Paul Bergman, el navegante que condujo al Enola Gay sobre Hiroshima, el mismo que, cuarenta años después de aquella "hazaña", se colgó, quitándose la vida.
 
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