martes, 8 de octubre de 2013

SIEMPRE PAGAMOS LOS MISMOS

 

Dice un amigo con palabras quizá heredadas de una madre castiza donde las haya, que "hay gente a la que no le huelen los pedos, o quizás algo más sólido, porque nacen sin culo" y estoy por darle la razón, porque, si n, no se explica que a quien ha actuado a todas luces temerariamente tengamos que indemnizarle de nuestro bolsillo el resto de la sociedad.

Estoy hablando, naturalmente, de la salvajada que ha supuesto, y era previsible que así fuese, la plataforma para la inyección de gas en el subsuelo marino frente a las costas del norte de Castellón. Un proyecto digno de un aprendiz de brujo, contra el que ya disparó todas las alarmas el ecologismo, tildado siempre de aguafiestas y enemigo del progreso, cuando lo suyo sólo es magia banca, ciencia blanca, frente a la magia negra y la ciencia sin escrúpulos del capitalismo más salvaje. Pero se nos olvida o no queremos ver que quienes se opusieron al almacén de gas frente a Vinaròs tenían tanto conocimiento científico y tanta información o más de la que tienen los ingenieros y geólogos del proyecto impulsado por la ACS de Florentino Pérez (70%) y una empresa canadiense. Entre otras, porque esas empresas tienen, y los ecologistas no, fuerza suficiente como para que este último dato, el de la titularidad de las empresas del proyecto, no aparezca en los medios de comunicación porque, claro está, es muy mala publicidad para el propietario de la española.

Cuando comenzó a instalarse la plataforma ya se conocía el riesgo cierto de movimientos sísmicos, puesto que se habían registrado en plantas similares. Aún así, el ministerio de Industria del último gobierno de Zapatero dio el visto bueno, para la inversión de mil doscientos millones de euros que aprovecharía un viejo pozo petrolífero abandonado.

Es cierto que entonces no se exigían los exhaustivos informes sobre el riesgo sismológico que ahora necesitarían, pero se aplicó la celtibérica máxima de que "aunque todo puede pasar, era muy difícil que llegase a ocurrir". Y, ante tan categórica regla  la cosa siguió adelante y los socios del proyecto comenzaron las obras e inyectaron los 1200 millones necesarios para convertir el pozo abandonado en un rentable almacén de gas natural con el que especular comprando el gas hoy y vendiéndolo mañana con el consiguiente beneficio mañana.

Pero la magia del aprendiz de brujo desató todas las fuerzas del infierno y la tierra, como predijeron los agoreros ecologistas, comenzó a temblar hasta alcanzar niveles de frecuencia e intensidad realmente preocupantes. Tanto, como para que la gente se echase a la calle con lo puesto, temiendo que la siguiente sacudida les echase la casa abajo. Ahora, ante las evidencias de cuál es la causa y cuáles los efectos y con un cierto retraso, se ha parado la inyección de gas y la fiscalía ha abierto una investigación sobre el asunto a la búsqueda de responsables que deberían hacerse cargo de los posibles daños.

Y en esas estamos, cuando llega el "Big One", otro terremoto en esta ocasión en la opinión pública, cuando, ayer, el ministro Soria dejó abierta la posibilidad de que el Estado indemnice a don Florentino y sus socios en una cantidad que rondaría los mil millones de euros, cercana al total del monto del proyecto, con lo cual, todo los españoles pagaríamos la osadía del empresario que, por lo que parece, si su empresa es del tamaño adecuado nunca sale perdiendo y sigue protegido por ese vergonzante silencio de la mayoría de los medios. Y es que, en el fútbol, donde existen escandalosas deudas a la Seguridad Social y a Hacienda, y en el resto de los sectores, si el que comete el error o la falta, insisto, es lo suficientemente grande, siempre pagamos los mismos, ni Florentino ni quienes autorizaron o no paralizaron el proyecto
 
 

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lunes, 7 de octubre de 2013

LIMPIAR LAS CALLES

 
 
Cuando la derecha habla de limpiar las calles siempre me echo a temblar, porque, por desgracia, a mis años sé de sobra a qué se refiere la derecha cuando habla del asunto. Sí hablan de recoger la basura y barrer las aceras, están hablando de los Soprano locales y, si lo hacen metafóricamente, peor, porque de lo que están hablando es de echar de las calles a quienes recurren a ellas como único medio de vida.
Hoy se conmemora el Día Mundial del Trabajo Digno y, como queriendo hacerle burla a la fecha, el Ayuntamiento de Madrid, el mismo que fuerza el cierre de conservatorios de barrio y escuelas de música poniendo el precio de las matrículas, se dispone a examinar a todos aquellos que pretenden ganarse la vida ofreciendo su música a los viandantes a cambio de la voluntad, que sólo algunas veces se traduce en unas pocas monedas.
Qué curioso que ese mismo ayuntamiento que se gastó nuestro dinero y el del denostado "Plan E" de Zapatero en la presunta peatonalización de la plaza del Callao para, a continuación alquilarla día sí y día no al mejor postor y llenarla de enormes carpas, camiones, andamiajes, pantallas y decibelios, muchos decibelios, se empeñe en perseguir a quienes, con un violín, una guitarra, o cualquier otro instrumento, únicamente pretenden  ganarse la vida de la única manera digna que les dejan.
Y es que la derecha de este país, a la que tan bien le ha ido con esa iglesia de la culpa, con la que tantos siglos lleva conviviendo y haciendo negocios, se ha especializado en eso en identificar culpas y culpables, en lugar de asumir responsabilidades. Por eso, ahora que Madrid recibe menos visitantes, porque las tasas del aeropuerto de Barajas son inasumibles para los muy perjudicados bolsillos de quienes a duras penas llegan a fin de mes sobreviviendo, si lo tienen, con un minijob de mierda o porque a los más pudientes les molesta ver la suciedad y la pobreza que, poco a poco, va cercando nuestras calles y plazas, ahora que los palos del sombrajo del Madrid Olímpico hace rato que se han caído, nuestros ilustres y bien pagados munícipes han decidido que la culpa es de los músicos que, según ellos, desafinan en las aceras.
Quizá lo único que quieren es elaborar un censo de músicos bien afinados y aseados a los que cobrar alguna tasa, con el que sus policías reflectantes puedan barrer al resto, a ser posible confiscando sus flautas y guitarras. Ana botella y su equipo han decidido que la culpa es de los músicos y se disponen a poner remedio a tanta infamia. Luego, cuando la basura siga agobiándonos en las aceras, irán a por los abuelos que afean la postal de sus plazas y a por los niños que juegan riendo y gritando en sus parques. Y, después, a por las parejas que se besan. Y llenaran los jardines de vigilantes con traje de pana y escopeta para perseguirlas. Nos devolverán, en fin, a esa España gris y muda que tanto perece gustarles.
Hoy, Madrid o, mejor dicho, quien dice representar a Madrid y los madrileños, lamiéndose las heridas que deja en su electorado su incompetencia, arremete contra los músicos, pero que nadie se duerma en los laureles, porque, antes o después, se convertirá en objetivo de esta gente y se le barrerá de las calles que, al final, acabaremos barriendo los vecinos bajo la amenaza de una multa.
 
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sábado, 5 de octubre de 2013

UN PLAN DIABÓLICO (2)

 
 

Llevo días dándole vueltas a la idea de que quienes mayoritariamente y al menos sobre representan a los ciudadanos españoles no pueden ser tan torpes como los vemos. A nadie se le escapa que, con la economía real, la de mis vecinos y tus vecinos, la del consumo diario, asfixiada cuando no paralizada por la falta de crédito y de trabajo, es imposible recaudar los impuestos que se necesitan para llenar las arcas de un Estado que cada vez acusa más la anemia de la falta de fondos y del que cada vez se demandan más ayudas.

De todas las cifras que cada día atormentan nuestras conciencias pintándonos un panorama cada vez más desolador, el que, para pintar el futuro de nuestros hijos no hay más color que el negro, las que más me preocupan son las que tienen que ver con las pensiones. Todos hemos hablado, y con razón, de esa miserable subida del 0,25%, pero parece que nos asalta el miedo o el pudor a la hora de hablar de otra cifra aún más preocupante y que no es otra que la de  los "sablazos" que ha tenido que dar ya el gobierno al Fondo de Reserva de la Seguridad Social, más de 18.000 millones de euros en los dos años, que serán 30.000 cuando concluya el ejercicio de 2014, lo que supondrá que en tres años se habrán consumido una gran parte del mismo que ya no crece al mismo ritmo que lo hacía cuando había trabajo y los trabajadores cotizaban o cuando, invertido en deuda española y con la prima de riesgo por las nubes, crecía día a día.

Si no se crean puestos de trabajo, sino todo lo contrario, mil ochocientos trabajadores de las contratas de limpieza del Ayuntamiento de Madrid van a ser despedíos, esos mil ochocientos despedidos pasan de cotizar a percibir subsidios, con lo que las cucharadas que la ministra Báñez toma de ese Fondo de reserva serán más frecuentes y copiosas, lo que, de no cambiar las cosas, inevitablemente llevará a la quiebra del sistema un sistema que, con mucho esfuerzo, hemos venido levantando quienes a lo largo de todos estos años cotizábamos para él.

No puedo creer que sean tan torpes como para no darse cuenta de ello. No puedo creer que no vean que "sale a cuenta" invertir dinero público en la creación de empleo, cuyos beneficiarios pasarían de perceptores de subsidio a cotizantes, pagarían impuestos y consumirían cada uno a la medida de sus posibilidades. Y, como no lo puedo creer, tengo que pensar que no es torpeza, sino malicia o más que eso, perversión.

Una mente perversa, en el gobierno o por encima de él y, en este punto, no olvidemos que el ministro de Economía proviene de Goldman Sachs, uno de esos odiosos bancos de inversión supranacionales que arremeten contra países poniendo todas sus malas artes al servicio de sus codiciosos socios y del que han formado parte ministros como nuestro De Guindos o hasta tres secretarios del Tesoro, una mente perversa que, insisto, no contenta con haber conseguido una rebaja de salarios cercana al 30% en casi toda Europa, la precarización del empleo con la proliferación de los odiosos "minijobs" y la poda salvaje del Estado de Bienestar, quiere pulverizar ahora la seguridad social española y otros sistemas similares para ofrecer el complemento de sus fondos de pensiones que, además de aumentar sus beneficios, los de la mente perversa, pondrán a su disposición los ahorros de quienes se los puedan permitir para usarlos como ariete contra nuevos países.

No pueden ser tan torpes, no. Trabajan conscientemente o como tontos útiles -a algunos les resultará muy fácil- al servicio de quienes han urdido ese plan diabólico en el que somos a la vez objetivo y munición. O sea, carne de cañón.



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viernes, 4 de octubre de 2013

MORIR DE POBRES

 
 
Escuchaba esta mañana un comentario sobre el horror que junto a la isla italiana de Lampedusa ha costado ya -y por desgracia sólo de momento- la vida de doscientas personas que trataban de llegar a  suelo italiano o, mejor dicho, europeo. Doscientas personas -no inmigrantes, no refugiados políticos o económicos, no africanos, no subsaharianos, simplemente seres humanos, hombres mujeres y niños- que podrían llegar a ser más de trescientos de conformarse la cifra de embarcados proporcionada por los supervivientes de la barcaza incendiada... escuchaba, decía, un comentario que no puedo más que suscribir y que nos ponía ante la evidencia de que el horror de las últimas horas con tantas decenas de cadáveres sobre el muelle y en el mar, con pocas esperanzas de recuperarlos, se nos pasará en cuanto de trescientos ahogados pasemos a solo dos o tres en alguna de nuestras playas. En nuestras playas o, por qué no, en nuestras calles.
Digo esto último, porque ayer aquí, en España y bastante tierra adentro, en la hermosa Sevilla, murió un ciudadano polaco de apenas veinte años que, pese a haber pasado por el Hospital Virgen del Rocío en un estado de extrema debilidad y pesando sólo treinta kilos, no quedó ingresado y murió a las pocas horas en un albergue de la ciudad.
Qué nos está pasando. Por qué consentimos, ahora que aún no somos pobres del todo, lo que jamás consentimos en los peores años de la posguerra. Por qué tragamos con leyes que nos impiden cumplir con el rasgo más elemental del ser humano, la compasión, la solidaridad, Hoy a todos se nos llena la boca de condenas a Berlusconi, el monstruo creado por la desidia y el gusto por el autoritarismo y el feísmo de quienes ahora dicen aborrecer de él, y a sus leyes, esas leyes que impiden a pescadores y navegantes auxiliar a quienes quieren alcanzar las costas italianas. Se nos llena la boca de condenas a Berlusconi y se nos olvida que en España tenemos leyes similares que impiden auxiliar y dar cobijo a quienes ya están en tierra.
Leyes que aplauden "las gentes de orden" porque, "si no hacemos algo, esto se va a convertir en un coladero" y España se va a llenar de "negros y moros" que nos van a "quitar" el trabajo. Y duermen tranquilos, porque, si quienes mueren ahogados en el mar o de hambre en Sevilla, quienes de lo que mueren es de pobres, se hubiesen quedado en su país, en su casa, y qué es un país, qué es una casa, hoy estarían vivos o, al menos, estuviesen vivos o no, no habríamos visto sus cadáveres.
Hoy que se conocerá la sentencia del caso Malaya, la obra de ese otro monstruo que fue Jesús Gil, hoy que quienes aplaudirán al que echó a "los pobres, los chorizos y las putas de las calles de Marbella", para esconder en ella a los capos de las mafias rusas e italianas y poner a su disposición de lujo... esos mismos que encumbraron al monstruo que planeó e hizo posible el desfalco abuchearán a los condenados y aplaudirán sus penas.
Y, todo, a la espera de que crezcan nuevos monstruos con corbata o sahariana que de nuevo vuelvan a enseñarnos a odiar y despreciar a quienes, al final, dejaremos morir de pobres.
 
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jueves, 3 de octubre de 2013

UN TIPO LISTO

 
 
Dicen que no hay peor tonto que el que no sabe que lo es. Yo añadiría que aún es peor el que se rodea de gente sin la decencia suficiente para señalarle todas las tonterías que dice o hace cada día. Llevo meses diciéndole que, este país y el mundo en general, está tomado por inútiles que sólo se rodean de tipos más inútiles, incapaces de decirles que el traje nuevo del emperador en realidad no existe. Lo malo es que eso, que nos dejaría en manos del azar y la torpeza de nuestros gobernantes, no es del todo cierto, porque a estos inútiles que elegimos, unas veces de un color y otras de otro, los manejan tipos "listos" y sin escrúpulos a los que no les duelen prendas para explotar, esquilmar y degradar países y ciudadanos.
Tomemos como ejemplo lo que está pasando frente a las costas de Castellón y Tarragona o, mejor dicho, lo que está pasando en tierra "poco firme" a consecuencia de los trabajos de una empresa, al parecer propiedad total o parcial de Florentino Pérez, que desde 2010, y esto es importante, porque aún gobernaba Zapatero, está inyectando gas para su almacenaje en un viejo campo petrolífero submarino con el fin de almacenarlo. Esas operaciones, que fueron denunciadas por movimientos vecinales y ecologistas de la zona, provocan desde hace varias semanas movimientos sísmicos en la zona de intensidad más que preocupante y perfectamente perceptibles en pueblos y ciudades.
No hace falta echarle mucha literatura al asunto para imaginar el caso que hicieron a toda esa gente que protestaba los empresarios, autoridades y expertos de parte interesados en el proyecto. Seguro que su respuesta fue ese "las probabilidades de que ocurra lo que dicen son mínimas" o el consabido "nunca ha pasado nada", ocultándonos que mientras exista la más mínima probabilidad lo que puede ocurrir acaba ocurriendo y que las cosas que acaban pasando siempre ocurran por primera vez la primera vez que pasan.
Rajoy es de esos tipos que se repite y nos repite lo que él y quienes tiran de los hilos que le mueven las cosas que les conviene que oigamos. Saben que es un vicio muy extendido el de querer ver la realidad con más optimismo del que sería prudente y, por eso, estimulan las declaraciones en que se minimizan los riesgos en busca de la tranquilidad de la buena gente que le permite hacer y deshacer a su antojo.
Rajoy es todo un especialista en esas cosas. La ambigüedad y las mentiras presuntamente blancas son su especialidad. Lo dejó claro cuando Aznar le puso al frente del dispositivo con el que se pretendió enjugar y minimizar las consecuencias de la salvajada que fue el hundimiento del Prestige. Fue en aquella ocasión cuando dijo que la carga del petrolero estaba segura y que lo que salía de sus bodegas apenas eran unos "hilillos de plastilina". Ya vimos en pocos días en qué quedaron aquellos hilillos y la catástrofe que vivió la costa gallega, de la que algunos, cercanos al partido de Rajoy, no dudaron en sacar partido.
Más tarde se permitió afirmar ante los micrófonos, como quien habla en un bar o al final de una comida con una copa en la mano que un primo le había dicho que lo del cambio climático no era cierto ni tan preocupante. El pobre primo, físico en Sevilla, tuvo que dar explicaciones y quitar importancia a unas declaraciones de su primo listo que dijo lo que dijo para salir en defensa de la postura negacioncita de su hoy adversario Aznar, quien, por cierto, dijo lo que dijo a sueldo de quienes maldito el interés que tienen en que la gente tome conciencia de los riesgos que corre el planeta. Hoy son pocos quienes dudan de que el planeta se está calentando y de que, si no hacemos algo al respecto vamos a convertir en inhabitables muchos territorios que hoy ocupamos.
Ayer, el experto en desastres que es don Mariano Rajoy tuvo el descaro o la inconsciencia de decir en la ciudad de Fukushima, a sesenta kilómetros de la central averiada, que los temores sobre ella son "infundados". No sé qué cualificación tiene nuestro presidente para hacer tales afirmaciones, tampoco sé por qué o a cambio de qué lo dijo. Lo que sé es que decir lo que dijo en el mismo viaje en el que ha contado lo bien que va España y a los españoles nos ha vendido a precio de saldo y, sobre todo, después de sus grandes predicciones científicas resulta toda una temeridad, porque como ya dejó escrito ya va para cuatro siglos Juan Ruiz de Alarcón "en la boca del que mentir acostumbra, es la verdad sospechosa".
Un tipo listo este Rajoy y tipos listos quienes le asesoran y ni siquiera fueron capaces de explicarle cuál es la forma correcta de saludar al emperador.
 
 
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miércoles, 2 de octubre de 2013

¿A CADA CERDO LE LLEGA SU SAN MARTÍN?

 
 
Cuánto me gustaría que la respuesta a la pregunta del titular fuese sí, pero teniendo en cuanta la resistencia que ha ejercido la justicia valenciana a sentar en el banquillo al que fuera presidente de la Diputación de Castellón y todopoderoso hombre del PP en esa provincia, entenderéis que ese titular vaya entre signos de interrogación y que aún no las tenga todas conmigo como supongo que les ocurre a la gente de bien.
Carlos Fabra, hijo, nieto y padre de quienes desde hace quizá más de un siglo han hecho de su capa un sayo en Castellón, es un personaje siniestro más digno de las páginas de "El jueves" que de los telediarios, vestido siempre con el uniforme de "Martínez el Faca", grosero y faltón, prepotente y matón, al que hasta ahora le ha importado siempre un pito la opinión pública, porque sabe bien que esa opinión se puede fabricar y comprar.
Cómo, si no, iba a comportarse como lo ha hecho durante décadas, cómo ha podido pretender hacernos creer que semana sí y semana no le tocaba la lotería que, curiosamente, cobraba su chófer y hombre de confianza. Fabra ha conseguido hacer creer todo este tiempo a los castellonenses, no en su honradez, que bastante poco parece importarle que crean en ella, sino que nada de lo que ocurriese en la provincia, para bien o para mal, ocurría sin su consentimiento.
Algo de eso debía haber, cuando su caso ha pasado por más de una decena de jueces y fiscales que, como encerrados en una ratonera, hacían lo posible para abandonar la plaza y, con ella, el caso que se había enredado en su destino. Algo debe haber cuando, para poder sentarle en el banquillo, en más de una ocasión, el Tribunal Supremo ha tenido que  ha tenido que intervenir para enmendar la plana a la justicia valenciana, la misma que absolvió a Camps y dio un vergonzante carpetazo a la investigación sobre el accidente del metro de Valencia.
Algo debe haber de cierto en la leyenda que acompaña a un tipo que ha sido fundamental para la dirección de su partido, controlando con su influencia los congresos provincial, regional y por ende nacional. Algo debe haber de verdad, cuando el señor Fabra, como Bárcenas en tiempos ya casi olvidados, ha sido puesto como ejemplo y ha merecido la defensa cerrada que de él han hecho Aznar y Rajoy. Algo debe haber, cuando, a una llamada suya, se abatía cualquier barrera legal interpuesta entre la legalidad y los negocios de su esposa.
Es el poder omnímodo ejercido desde la cuna, del que también disfruta su hija Andrea, capaz de gritar en sede parlamentaria un "que se jodan" dirigido a los pensionistas, paganos y amortiguador, en gran medida, de las consecuencias de la crisis. El poder de quien, con distintos uniformes, aunque con las mismas ideas han venido dirigiendo en provecho propio los destinos de sus conciudadanos.
Pero haría mal el señor Fabra en pensar que eso va a ser así para siempre, haría mal en tensar la cuerda, porque, en democracia, cualquier cuerda, por resistente que parezca, también se rompe si se la tensa demasiado. Haría bien Fabra en mirarse en el espejo del todopoderoso Berlusconi que pasa por sus horas más bajas porque, al final, le abandonan también los suyos. Y es que, pese a que ya nació en lo más alto del poder de Castellón y pese a haber dejado, como un faraón, su pirámide liza y de cemento, sin aviones que la pisen, con estatua fallera para que el recuerden, a Carlos Fabra parece que le ha llegado su San Martín. Ojalá sea así. Si no, me va a ser difícil volver a confiar en la justicia.
 
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martes, 1 de octubre de 2013

EL CAMINO INVERSO

 
 


Yo fui uno de esos niños que jugaba en medio de los estercoleros y que fabricaba espadas de madera con un par de tablillas de un cajón de fruta y una cuerda o un clavo. Fui un niño de esos que sentados en el escalón del portal de casa se pasaba horas contando -y exagerando- las películas vistas o las profesiones de sus tíos, hasta que alguien dejaba callado al resto, no porque fuera médico o ingeniero, sino policía y, a veces, "de la guardia de Franco". Fui de esos niños que estudió en un colegio de barrio, con aulas abarrotadas en las que, en invierno, se encendían una o dos estufas de butano, con lo que se hacía difícil no adormilarse con esa mezcla de tedio y aire viciado. Fui un niño que conoció el metro con bombillas, los autobuses con suelo de madera y las escupideras en los ambulatorios, un niño que, en verano, campaba libre en el pueblo con los abuelos y que era feliz jugando al tejo con otros niños en la plaza. Fui un niño que conoció los "teleclubs" de Fraga, un niños que heredaba ropa y algún que otro libro del primo o el hermano mayor. Fui un niño que iba de excursión o a comer al campo, a tomar el sol, con sus padres y hermanos en un modesto "seiscientos" sobrecargado.

Fui un niño que pudo ver como todo aquello quedaba atrás, como el metro que acabó llegando a su barrio, ya sin bombillas, después de largos meses en que la calle principal, la que, para los más viejos, seguía siendo "la carretera". Un niño que conoció los huertos junto al Puente de Toledo y el río Manzanares recién canalizado, niño que  jugaba a sus orilla, cuando sobre el trazado, desnudo de cemento y asfalto, de lo que sería la M-30 y entonces era apenas un proyecto de nombre tan oficial y rimbombante como Avenida de la Paz, se jugaba al fútbol y se rodaban películas de acción. Fui un niño que vio crecer el Estadio del Manzanares, desde los descampados, hoy parques y parkings que rodean los cementerios, junto a cuyas tapias jugaban los niños de día y practicaban el amor furtivo, o lo que fuese, las parejas de noche. Fui un niño que conoció los bocadillos de pan y mantequilla, a veces con una onza de chocolate, un niño que estrenó el tulipán, un niño de una familia que, para festejar los domingos, comía pollo asado en casa, primero, y luego traído de la calle. Fui un niño que, cuando las cosas empezaron a ir mejor, iba con su familia a comer "con los tíos" a un restaurante económico y agobiante llamado redundantemente "El Bulevar", la calle en donde estaba, Alberto Aguilera, lo fue un día, para luego ir a un cine de estreno o, si el tiempo acompañaba, a comer un helado en el Rosales.

Fui, en fin, un niño que, como su país, fue a mejor, porque pudo asistir al regreso, en principio sólo de vacaciones, a los emigrantes y los exiliados, con sus coches y sus potentes radios, para no perderse las emisiones de "La Pirenaica". Un niño que pudo ir a la universidad, como sus tres hermanos, que hizo su carrera, se casó, encontró trabajo, tuvo una hija, una moto de segunda mano, luego otra a estrenar y después un coche. Un niño grande que, cuando encontró trabajo, dio rienda suelta a su pasión por la música y los libros. Un niño al que todo le fue a mejor durante muchos años y que estaba, y sigue estándolo, orgulloso de que su hija, en lugar de un título como su padre o su madre tuviese dos. Un niño hombre que creyó que su hija, mucho más brillante y preparada que él, iba a tener una vida mucho más cómoda y feliz que la suya. Y menos mal que su hija al menos es feliz, porque, si no, no sabe en qué se convertiría su rabia, ahora que ve cómo el mundo, el país, que le ha tocado vivir está haciendo el camino inverso al que hizo el suyo. Un país al que ayer, de golpe y porrazo, los presupuestos han devuelto a 1988, cuando, si no éramos ricos, manteníamos la ilusión de serlo y de ser felices. Un país en el que la frontera entre encontrar o no trabajo está en euro o los euros con que comprar el billete de autobús para acudir a la correspondiente entrevista. Un país en el que, como relataba ayer Concha Caballero en EL PAÍS, el futuro de muchos de nuestros jóvenes, "sobradamente preparados" depende de tener o no tener el dinero para el puto autobús que les lleve a la Universidad y, lo que es peor, el ministro del ramo, su querida secretaria de Estado de Educación no se lo dan, quizá porque esta última tiene declarado un patrimonio que se acerca a los quince millones de euros.

No sé si un gobierno de pobres nos mantendría en la senda del futuro. Lo que sé es que este gobierno de ricos y tramposos que pretende hacernos creer que  estos presupuestos de regresión lo son de recuperación, nos está obligando a hacer el camino inverso. Y habrá que hacer algo, porque todavía estamos a tiempo de eviar que nuestros hijos tengan que vivir lo que nosotros tuvimos que vivir.




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