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martes, 8 de octubre de 2013

SIEMPRE PAGAMOS LOS MISMOS

 

Dice un amigo con palabras quizá heredadas de una madre castiza donde las haya, que "hay gente a la que no le huelen los pedos, o quizás algo más sólido, porque nacen sin culo" y estoy por darle la razón, porque, si n, no se explica que a quien ha actuado a todas luces temerariamente tengamos que indemnizarle de nuestro bolsillo el resto de la sociedad.

Estoy hablando, naturalmente, de la salvajada que ha supuesto, y era previsible que así fuese, la plataforma para la inyección de gas en el subsuelo marino frente a las costas del norte de Castellón. Un proyecto digno de un aprendiz de brujo, contra el que ya disparó todas las alarmas el ecologismo, tildado siempre de aguafiestas y enemigo del progreso, cuando lo suyo sólo es magia banca, ciencia blanca, frente a la magia negra y la ciencia sin escrúpulos del capitalismo más salvaje. Pero se nos olvida o no queremos ver que quienes se opusieron al almacén de gas frente a Vinaròs tenían tanto conocimiento científico y tanta información o más de la que tienen los ingenieros y geólogos del proyecto impulsado por la ACS de Florentino Pérez (70%) y una empresa canadiense. Entre otras, porque esas empresas tienen, y los ecologistas no, fuerza suficiente como para que este último dato, el de la titularidad de las empresas del proyecto, no aparezca en los medios de comunicación porque, claro está, es muy mala publicidad para el propietario de la española.

Cuando comenzó a instalarse la plataforma ya se conocía el riesgo cierto de movimientos sísmicos, puesto que se habían registrado en plantas similares. Aún así, el ministerio de Industria del último gobierno de Zapatero dio el visto bueno, para la inversión de mil doscientos millones de euros que aprovecharía un viejo pozo petrolífero abandonado.

Es cierto que entonces no se exigían los exhaustivos informes sobre el riesgo sismológico que ahora necesitarían, pero se aplicó la celtibérica máxima de que "aunque todo puede pasar, era muy difícil que llegase a ocurrir". Y, ante tan categórica regla  la cosa siguió adelante y los socios del proyecto comenzaron las obras e inyectaron los 1200 millones necesarios para convertir el pozo abandonado en un rentable almacén de gas natural con el que especular comprando el gas hoy y vendiéndolo mañana con el consiguiente beneficio mañana.

Pero la magia del aprendiz de brujo desató todas las fuerzas del infierno y la tierra, como predijeron los agoreros ecologistas, comenzó a temblar hasta alcanzar niveles de frecuencia e intensidad realmente preocupantes. Tanto, como para que la gente se echase a la calle con lo puesto, temiendo que la siguiente sacudida les echase la casa abajo. Ahora, ante las evidencias de cuál es la causa y cuáles los efectos y con un cierto retraso, se ha parado la inyección de gas y la fiscalía ha abierto una investigación sobre el asunto a la búsqueda de responsables que deberían hacerse cargo de los posibles daños.

Y en esas estamos, cuando llega el "Big One", otro terremoto en esta ocasión en la opinión pública, cuando, ayer, el ministro Soria dejó abierta la posibilidad de que el Estado indemnice a don Florentino y sus socios en una cantidad que rondaría los mil millones de euros, cercana al total del monto del proyecto, con lo cual, todo los españoles pagaríamos la osadía del empresario que, por lo que parece, si su empresa es del tamaño adecuado nunca sale perdiendo y sigue protegido por ese vergonzante silencio de la mayoría de los medios. Y es que, en el fútbol, donde existen escandalosas deudas a la Seguridad Social y a Hacienda, y en el resto de los sectores, si el que comete el error o la falta, insisto, es lo suficientemente grande, siempre pagamos los mismos, ni Florentino ni quienes autorizaron o no paralizaron el proyecto
 
 

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sábado, 18 de mayo de 2013

¿ESTÁS AHÍ, FLORENTINO?

 
 
Bien mirado, lo de anoche en el Bernabéu no ha sido lo peor que le ha pasado a Florentino Pérez en las últimas horas. Es más, pienso que ni siquiera fue esa su mayor preocupación mientras tuvo  que estar en el palco. Lo digo, porque apenas habían pasado veinticuatro horas desde que Miguel Blesa, el presidente de Caja Madrid, la caja que, con sus créditos galácticos, le ayudó a construir su imperio, había ingresado en prisión por la dudosa legalidad de alguna de sus operaciones.
Bien es verdad que, para entonces, Blesa ya estaba en la calle y pudo ver el partido desde casa tras recaudar en una mañana la minucia de dos millones y medio de euros, pero su ingreso en prisión y la frialdad con que fue acogida la noticia por el gobierno de la nación, así como por el de la Comunidad de Madrid, no auguraban nada bueno. Así que el hundimiento del equipo del que un día dijo que tiene grabada la victoria en su ADN -que sabrá este hombre de genética- y el estrepitoso fracaso del que un día calificó como el mejor entrenador del mundo y que ayer se esforzaba en sacar brillo  a un trofeo, el de la Supercopa, a dos partidos y con los equipos fuera de punto ya que se juega prácticamente en pretemporada, no eran quizá lo que más preocupaba al presidentes de la constructora ACS. Porque, es lo que tienen las mantas y las alfombras, que, una vez que se tira de ellas o se levantan, dejan las miserias al descubierto.
No hay que olvidar que entre Blesa y Florentino hay más de un paralelismo y que las atenciones de Blesa a los miembros del consejo de administración de Caja Madrid, créditos a "tutiplén"  a Díaz Ferrán, partidos y sindicatos, podrían equipararse a las atenciones del presidente del Real Madrid en "su" palco, en el que tenemos derecho a pensar que se ha fraguado más de una recalificación y más de un negocio, en contra de los intereses de madrileños y madridistas.
La gente habla y no para del negocio que hizo Florentino con la construcción de las cuatro torres que hoy ocupan lo que en su día fue la Ciudad Deportiva del Real Madrid, o el aberrante e irresponsable proyecto de convertir la gran explanada que existe frente al estadio en su fachada del Paseo de la Castellana en un centro comercial que convertiría el espacio por el que prioritariamente se desaloja el estadio en poco más que una calle comercial, por no decir un callejón.
Es lo que tiene haber tomado el Real Madrid como uno más de sus negocios y no el más importante, porque, si en la construcción existe el colchón de la banca y los gobiernos consentidores, en el fútbol, antes o después se enfrenta uno con la realidad de una mala noche, en la que los millones dejan de ser rentables. Pero el negocio del fútbol, que no el fútbol es así. Para eso se ha creado y se presume tanto de eso que ahora, en plena borrachera de lo cursi, se llama el "hospitality" del club, diseñado para el peloteo -sin balón- y los "pelotazos".
¿Dará la cara Florentino ante "el madridismo" por el fiasco de Mourinho? ¿Conseguirá evitar que, amén de haberle dejado el equipo -y el club- hecho unos zorros, no le deje, además, la caja tiritando?
Supongo que aún tardará en llagar ese sinceramiento- Habrá que esperar a que alguno de sus "negros" le escriba uno  de esos discursos-homilía que tanto le gustan que se empeña en leer con la entonación monótona de un triste cura de pueblo. Va a ser difícil, porque quedan pocas o ninguna incógnita que despejar y la gente está hasta el bombín de derrochar su fe en sueños imposibles y de recurrir a la evocación de un tiempo que, de momento, no parece que vaya a volver.
Mientras tanto, la pregunta ¿Estás ahí Florentino? va a repetirse hasta la saciedad.
 
 
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