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jueves, 25 de junio de 2015

¿Y A LOS SASTRES, POR QUÉ?



La Fiscalía de la Audiencia Nacional, tan lenta para otros asuntos, ha "volado" a la hora de imputar al concejal de Ahora Madrid, Guillermo Zapata por los desafortunados tuits que intercambió hace más de cuatro años con el director de cine Nacho Bigalondo, dentro del contexto de un debate sobre los límites del humor negro. Antes de seguir y en este punto, quiero dejar claro que, si utilizo la fórmula "ha volado" y no cualquier otra más escatológica para expresar la prisa se ha dado la fiscal, formulas mucho más castizas y expresivas, alas que tendría derecho en uso de la libertad de expresión que la Constitución me reconoce, es porque no pierdo la esperanza de acabar siendo algún día concejal de un ayuntamiento, democrático y preocupado por los problemas reales de los vecino , como debería hacer el de Madrid, en lugar de ocuparse de asuntos explicados y solventados hace ya cuatro años, tal y como ha ocurrid con el que tan intensamente ocupa a la fiscal Blanca Rodríguez, al Partido Popular y sus aledaños.
Cree la fiscal que Irene Villa, objeto de uno de los inoportunos chistes reproducidos en los tuits del concejal, ha sufrido menosprecio, descrédito y menosprecio por parte de Guillermo Zapata y llega a esa conclusión, después de ampliar el alcance del chiste que tiene a la joven, mutilada por una bomba lapa colocada por ETA en el coche en el que viajaba, a todas las víctimas de la banda terrorista, y de consultar la doctrina del Supremo que en una de sus sentencias, dictada hace siete años, consideró que castigar delitos presuntamente similares no menoscaba el derecho a la libertad de expresión de sus autores, 
Lo que parece olvidar la fiscal o, por el contrario, lo tiene en cuenta al ampliar el alcance del chiste no sólo a Irene Villa sino a todas las víctimas de ETA -y digo yo que, ya puestos, por qué no hacerlo a todas las víctimas de todos los terrorismos- que la propia Irene Villa, en un gesto valiente que la honra, ha aceptado las disculpas de Zapata, e incluso se permitió demostrar su actitud positiva y su sentido del humor en el mismo ciberespacio, en el que, según el escrito de la fiscalía, fue ofendida con tanta gravedad.
Quiero pensar que, judicialmente este asunto no quedará en nada, como han quedado en nada otras denuncias similares de la asociación "Dignidad y Justicia", responsable de la demanda que podría poner a Zapata ante el juez. Algo que se repite con demasiada frecuencia y que deja claro que lo que se pretende con esta y otras acciones similares es, ahora que acabamos de pasar San Juan, es hacer ruido y levantar cortinas de humo que desvíen  nuestra atención de lo verdaderamente importante hoy que es el cambio vital que las elecciones han producido en los ayuntamientos de Madrid y otras grandes capitales de España.
Más valiera que esos esfuerzos en personal y medios de la fiscalía se empleasen en la persecución de todos y cada uno de los delitos que están aflorando y aflorarán tras la revisión de las cuentas y los contratos de tantos años, por parte de quienes acaban de llegar. Más valiera que se ocupasen de lo que es palpable e indignante, en lugar de ocuparse de intangibles, más si la víctima y el autor de la ofensa ya lo han resuelto públicamente.
Las prisa que se ha dado la fiscal y el enorme interés con que se han tomado la propia Fiscalía, el PP y el Gobierno, tiene poco que ver con la pasividad demostrada ante insultos tanto más graves de diputados, como el hoy portavoz popular, Rafael Hernando,  y otros dirigentes y cargos del PP, que, como dice la fiscal de Zapata, "menosprecian, desacreditan y humillan a las víctimas, en su caso, del terror franquista, y a sus familiares, que buscan sus restos, enterrados sin identificar, en una cuneta, en campo abierto o al pie de la tapia de cualquier cementerio, setenta y cinco años después de acabada la guerra.
La fiscal parece en este caso sólo preocupada por lo que afecta a Irene Villa, no tanto por los que afectan a las víctimas del Holocausto o a la joven Marta de Castillo. Y este hecho, la diferenciación entre víctimas de uno y otro lado, de uno y otro tiempo, me recuerdan otro chiste, más fino y, según me dijeron, judío que habla de dos amigos charlando y de que, en un momento dado, uno ellos dice "sabes que los nazis acabaron con cinco millones de judíos y seis mil sastres", a lo que el compañero replica "y a los sastres por qué". Pues eso, que  a veces creo que, para el Partido Popular, hay dos tipos de víctimas, las prescindibles, porque no dan rédito político, y las indiscutibles, porque sí son rentables.


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lunes, 7 de octubre de 2013

LIMPIAR LAS CALLES

 
 
Cuando la derecha habla de limpiar las calles siempre me echo a temblar, porque, por desgracia, a mis años sé de sobra a qué se refiere la derecha cuando habla del asunto. Sí hablan de recoger la basura y barrer las aceras, están hablando de los Soprano locales y, si lo hacen metafóricamente, peor, porque de lo que están hablando es de echar de las calles a quienes recurren a ellas como único medio de vida.
Hoy se conmemora el Día Mundial del Trabajo Digno y, como queriendo hacerle burla a la fecha, el Ayuntamiento de Madrid, el mismo que fuerza el cierre de conservatorios de barrio y escuelas de música poniendo el precio de las matrículas, se dispone a examinar a todos aquellos que pretenden ganarse la vida ofreciendo su música a los viandantes a cambio de la voluntad, que sólo algunas veces se traduce en unas pocas monedas.
Qué curioso que ese mismo ayuntamiento que se gastó nuestro dinero y el del denostado "Plan E" de Zapatero en la presunta peatonalización de la plaza del Callao para, a continuación alquilarla día sí y día no al mejor postor y llenarla de enormes carpas, camiones, andamiajes, pantallas y decibelios, muchos decibelios, se empeñe en perseguir a quienes, con un violín, una guitarra, o cualquier otro instrumento, únicamente pretenden  ganarse la vida de la única manera digna que les dejan.
Y es que la derecha de este país, a la que tan bien le ha ido con esa iglesia de la culpa, con la que tantos siglos lleva conviviendo y haciendo negocios, se ha especializado en eso en identificar culpas y culpables, en lugar de asumir responsabilidades. Por eso, ahora que Madrid recibe menos visitantes, porque las tasas del aeropuerto de Barajas son inasumibles para los muy perjudicados bolsillos de quienes a duras penas llegan a fin de mes sobreviviendo, si lo tienen, con un minijob de mierda o porque a los más pudientes les molesta ver la suciedad y la pobreza que, poco a poco, va cercando nuestras calles y plazas, ahora que los palos del sombrajo del Madrid Olímpico hace rato que se han caído, nuestros ilustres y bien pagados munícipes han decidido que la culpa es de los músicos que, según ellos, desafinan en las aceras.
Quizá lo único que quieren es elaborar un censo de músicos bien afinados y aseados a los que cobrar alguna tasa, con el que sus policías reflectantes puedan barrer al resto, a ser posible confiscando sus flautas y guitarras. Ana botella y su equipo han decidido que la culpa es de los músicos y se disponen a poner remedio a tanta infamia. Luego, cuando la basura siga agobiándonos en las aceras, irán a por los abuelos que afean la postal de sus plazas y a por los niños que juegan riendo y gritando en sus parques. Y, después, a por las parejas que se besan. Y llenaran los jardines de vigilantes con traje de pana y escopeta para perseguirlas. Nos devolverán, en fin, a esa España gris y muda que tanto perece gustarles.
Hoy, Madrid o, mejor dicho, quien dice representar a Madrid y los madrileños, lamiéndose las heridas que deja en su electorado su incompetencia, arremete contra los músicos, pero que nadie se duerma en los laureles, porque, antes o después, se convertirá en objetivo de esta gente y se le barrerá de las calles que, al final, acabaremos barriendo los vecinos bajo la amenaza de una multa.
 
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