domingo, 7 de julio de 2013

ORGULLOSO

 

Algún día, los españoles nos sentiremos orgullosos de que ese malísimo gestor que fue José Luis Rodríguez Zapatero, con encuestas o sin ellas, diese el paso trascendental de hacer de España el primer país en legalizar el matrimonio, sacándonos del pozo de machismo e intolerancia en el que aparentemente estábamos, para dejarnos avanzar por la senda de los países más avanzados socialmente del mundo. Nos falta perspectiva aun para tomar conciencia de ello, pero, en pocas generaciones, llegará el día en que lo hagamos.

Que las calles de Madrid fuesen ayer el escenario, ya habitual, de la marcha, tan reivindicativa como festiva, de cerca de un millón de personas y lo fuese con alegría y tranquilidad es, meditémoslo, para sentirse muy orgulloso. Que un barrio de Madrid rompa con la costumbre de asociar sus fiestas al santoral, para hacerlas coincidir con la semana en que se conmemora la revuelta de los homosexuales neoyorkinos, que, en 1969, cansados de humillaciones y de tener que esconder su orientación sexual tomaron las calles del barrio de Stonewall, no deja de ser otro orgullo.

La calle cura muchas cosas y los colectivos homosexuales de todo el mundo, especialmente los españoles, lo entendieron a la perfección, entendieron que esconderse de la luz, de sus vecinos, les hacía más débiles y, sobre todo, que "normalizar" la convivencia era la mejor medicina contra la intolerancia. Por eso, el barrio de Checa se convirtió en su escaparate. Un ligar de tolerancia y fiesta, en el centro de Madrid que los homosexuales salvaron del mayor de los deterioros. 

Pero, con ser todo esto importante, lo más trascendente, quizás es el hecho de que hace ya mucho que en España, salvo excepciones, ser homosexual en España o tener un hijo que lo sea ya no es, como no hace tanto tiempo, una desgracia. Y eso, pese a que, como digo, la sociedad, la calle, había practicado la tolerancia hacia ellos que la opinión dirigida y el sistema les negaban. Aún recuerdo como, en el barrio en el que aún vivo, concretamente en el mercado que hay frente a mi casa, estaba Antonio "el platanero" un homosexual que regentaba una pequeña frutería especializada en aquellos plátanos de Canarias, tan difíciles de encontrar hoy. A aquel Antonio, lo adoraban las parroquianas. Les hablaba de su casa, sus cortinas, su vajilla, les daba sus recetas y, que yo sepa, salvo alguna de esas bromas, siempre a distancia, que los machistas, pobrecillos, se creen obligados a hacer, nunca hubo el menor incidente. Que yo sepa, fue feliz y tuvo pareja conocida.

Ese ha sido el problema. En España, pero también en la dulce Francia, como hemos visto no hace tanto, la derecha intolerante y, a veces, la no menos intolerante izquierda se han encargado de levantar con leyes y presuntas costumbres esos muros impenetrables con los que pretenden impedir, no ya que entremos o salgamos, sino que, incluso, veamos lo que hay al otro lado y, a veces, lo que hay dentro de nosotros mismos.

Contra eso es con lo que hay que luchar, contra la ceguera que no nos deja saber cómo somos en realidad. Por eso el día del orgullo ha estado dedicad este año a los jóvenes que sufren por no poder liberar su condición social. La cosa, desde luego no va bien, porque la Iglesia se ha salido con la suya y, con la proscripción de la asignatura que les hablaba de ello, a nuestros hijos se les ha privado de la oportunidad de conocerse.

Recuerdo que, cuando era joven, me planteaba, al igual que los padres, blancos y negros de "Adivina quién viene esta noche" si un hijo mío, que entonces no tenía, podría ser feliz. Hoy ya no me lo planteo. Hoy lucharía para que lo fuese bajo una piel blanca, negra o canela y tuviese la orientación sexual que tuviese libre y responsablemente.

Tenemos mucho que aprender de esta lucha, porque nos ha demostrado que, si realmente se pelea por ello, cualquier marginación o prejuicio acaba por caer antes o después. De momento, yo estoy orgulloso de ellos y, en asuntos como éste, del país en el que vivo.
 

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sábado, 6 de julio de 2013

COMO LA ARGELIA DE 1991

 

 

Cuándo entenderán los poderosos que la mayor demostración que cabe del poder es saberlo contener. Lo acabamos de ver durante las largas horas que Evo Morales estuvo, si no técnicamente secuestrado, sí inmovilizado en su avión imposibilitado de cruzar Europa. Fue, sí, una demostración del poder y la influencia de los Estados Unidos, pero fue, también, una situación vergonzante y ridícula para sus socios europeos que se plegaron como autómatas a los deseos de la nueva metrópoli.

Mejor nos hubiera ido, mejor les hubiese ido a los egipcios, si tal demostración de fuerza se hubiese empleado en contener al ejército en el golpe de Estado dado en Egipto, mientras Obama y Cía. se ocupaban de hacerle la vida imposible a Morales.

Se nos olvida, se le olvida a los gobiernos europeos y s ele olvida a muchos de nuestros medio de comunicación que ningún golpe de estado, y menos si es sangriento, se puede justificar, salvo que, como el del 25 de abril, que, en realidad, fue una revolución y no sangrienta, traiga la democracia al país en cuestión. Y, en Egipto, democracia ya había, con un gobierno salido de las urnas, no del gusto de Occidente, ni tampoco ahora de la mayoría de los egipcios, pero eso es algo que también pasa en España.

Me diréis que escribo lo que escribo porque no me ha tocado vivir allí, pero, lo cierto, es que, si lo hago, es porque tengo memoria y recuerdo perfectamente que las tibias justificaciones o el silencio cómplice con que se ha recibido la insurrección militar son, si no iguales, sí parecidas a las que se produjeron cuando en 1991, el gobierno argelino anuló, con el consentimiento tácito de Europa y EE UU, anuló las elecciones que había ganado en Argelia el Frente Islámico de Salvación, lo que provocó que una gran parte de los islamistas, descontentos, se levantaron en armas, creando el GIA, Grupos Islámicos Armados, dando lugar a una guerra civil que formalmente concluyó en 2002, pero que, en la práctica , sigue viva, mientras que gran parte del interior del país sigue siendo territorio vedado a los extranjeros.

Está claro que el terreno es más propicio en Argelia que en Egipto para la implantación de una guerrilla, pero mejor hubiese sido no dar tiempo al tiempo para que se reproduzca el fenómeno en el país que controla el canal de Suez, clave para el tráfico naval de medio mundo. De momento, ayer el ejército reprimió a los islamistas convocados por los hermanos musulmanes, de la única manera en que sabe hacerlo, con fuego real. El resultado, treinta muertos, treinta mártires que reforzarán la insurrección y las protestas.

No sé qué hubiese ocurrido, de seguir Mursi en el poder. Lo que sé es que esto pinta muy mal, porque pinta como la Argelia de 1991. Y, ante tal situación, insisto en lo que ayer recordaba en Facebook: que puede que a los militares se les llame, pero no se les vota. Y en  Egipto había un gobierno sin duda deslegitimado ante la población, pero legítimamente elegido en las urnas. Ahora, sólo cabe esperar que lo que venga sea menos largo y menos cruento de lo que fue la guerra civil en Argelia.
 
 
 

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viernes, 5 de julio de 2013

Y SI NO...

 
 
Y si, al final, nunca se construye Eurovegas. Y si, al final, los hospitales públicos concedidos a empresas privadas, son peores y más caros. Y si, al final, el metro de Madrid vuela hacia manos privadas. Y si, al final, el deterioro de las escuelas y universidades públicas es tan grande que se convierten en guetos para quien no tiene dinero para pagarse una enseñanza "decente". Y si...
El gobierno de la Comunidad de Madrid ha sido, desde que está en manos del PP, y especialmente desde que pasó a presidirlo Esperanza Aguirre, una mezcla extraña de "país de las maravillas" y patio de Monipodio de los neoliberales, empeñados en descubrir y aprovechar, en beneficio propio, claro, cualquier oportunidad de negocio que se les ponga tiro. Privatizar y gastar han sido en todos estos años transcurridos desde que Tamayo, Sáez y los cuarenta constructores, o los que fuesen, frustraron la oportunidad que tuvo la izquierda de recuperar el gobierno que en su día perdió Joaquín Leguina.
Desde entonces y con el mayor descaro, el gobierno madrileño ha hecho de la propaganda el eje central de sus preocupaciones. El culto a la personalidad tejido en torno a la presidenta, tratándonos de hacer creer que era una mezcla bizarra entre Robín de los bosques y Belén Esteban, una acariciadora de niños profesional, besadora de señoras, cuando, en realidad, su alta cuna y su feliz matrimonio con un conde jamás le privaron de esa lengua de verdulera y ese colmillo retorcido de matón del hampa que con tanto tino ha sabido manejar en ese mundo de hombres que ha sido la política madrileña de los últimos años.
La condesa ha pretendido hacernos creer que nos quería a todos los madrileños hablando inglés desde la escuela y jugando al golf como príncipes. Pero, en realidad, lo que ha hecho ha sido construir campos de golf, declarados ilegales, por cierto, para permitir hacer negocios a sus allegados, a costa de los parques, polideportivos o zonas verdes que podían haber sido los terrenos que ocupan. Eso en cuanto al deporte que le entusiasma, porque, en cuanto a lo del inglés, ojalá nuestros hijos supiesen lo que deben saber, aunque fuese en español, en lugar de tener que aprender Biología, Física, Química, Matemáticas o Historia y Literatura españolas con profesores "importados" que ni siquiera manejan el español con corrección. Pero, y si, al final, a lo que debería haber sido un parque en el centro de Madrid se convierte en un recinto vallado, al que nunca tendrán acceso los jubilados y los niños del barrio. Y si, además, nuestros hijos se convierten en "peones" con inglés, pero poco capacitados, para servir en barras y mesas o listos para exportar como mano de obra barata.
Los hospitales van a ser, nos dicen, más limpios, más amplios y más modernos en manos privadas. Y a mí no me salen las cuentas, porque que me expliquen cómo es posible seguir dando lo mismo o más, con menos dinero y permitir el lucro, que para eso están en el negocio, de los concesionarios. Y si, en realidad, se explotase -aún más- al personal, se les pagase en un fijo, bajo, y complementos con los que se primase, como parece que pretenden, la restricción de pruebas, la orientación a la consulta de especialistas y demás "frivolidades".
La condesa, y ahora su paje, nos prometieron el oro y el moro en Eurovegas. Usaron para ello todas las artimañas posibles, apelando incluso a ese tara genética malsana que tenemos los madrileños que nos hace creer que lo que es malo para los catalanes es bueno para nosotros, nos hablaron de cientos de miles de puestos de trabajo, de turistas, de los casinos como nuevo motor de nuestra economía. Y nos hablaron de algunos escollos a salvar que no son otra cosa que la garantía de que en este negocio, como en el juego, la banca siempre gana, y que, para hacerlos posible habrá que dejar acceder a familias enteras, menores incluidos, en los resorts del complejo, habrá que permitir fumar, saltándose la ley, en hoteles y locales cerrados, con lo que provocarán sin duda la rebelión de la hostelería y, por tanto, acabarán con la eficacia de la ley, habrá que hacer aeropuertos donde no caben y, por si fuera poco, habrá que modificar leyes impositivas para que la empresa goce de ventajas fiscales y para que los jugadores, si es que ganan, paguen los impuestos de esas hipotéticas ganancias en sus países de origen. 
En fin que veo Madrid -perdón por la imagen- como un inmenso culo del que alguien quiere meter algo para sacar de él todo el partido posible y largarse. Pero, y si, al final, como comienza a parecer, Eurovegas no se llega a hacer. Me alegraría, porque esa es de todas las promesas de esta gente la que con más ganas deseo que quede incumplida.
 
 
 
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jueves, 4 de julio de 2013

INDIOS Y AMERICANOS

 
No sé si en los últimos años ha sido así, porque sólo he tenido una hija que, para su bien, jugaba con su gato, con sus clicks y con sus barbies y se pasaba horas observando a las hormigas, pero en mi infancia se jugaba mucho a "indios y americanos" y supongo que, si ya no es así, es porque, ahora, los niños tienen ordenadores, videoconsolas y móviles con acceso a internet. Si fuese así, sería una lástima, porque de aquellos juegos se aprendía mucho y, sobre todo, se aprendía a elegir, a tomar partido, porque, de ser indio o americano, dependían muchas cosas. Por ejemplo ganar o perder.
Creo que, si se hiciese un estudio sobre la inclinación política que después han tomado los indios y los americanos de la infancia, tendríamos a los indios entre los románticos e inconformistas, mientras que a la "gente de orden", a los que gustan de ganar siempre, habría que buscarlos entre los de lazo y pistola. No es una invención, de hecho, don Álvaro Cunqueiro, ese señor de bronce que toma el sol cuando lo hace y vigila, sentado en su banco de piedra, quién entra y quién sale de la catedral de su Mondoñedo natal, escribió de niño un cuento en el que los indios, los rebeldes oprimidos, hablaban cómo el gallego. Quizá por eso, pese a sus primeros escarceos falangistas, acabó eligiendo, como su amigo Torrente Ballester, ser un indio sabio y brillante en una España llena de americanos de camisa azul.
Pues bien, lo que les pasa a las personas, también les ocurre a los países. Ayer tuvimos un vergonzoso ejemplo de cómo los grandes mandatarios, aquellos a los que no les tiembla el pulso a la hora de dejar sin plumas a sus paisanos, sobre todo si no son tan poderosos como sus amigos, se humillan y se pliegan, con o sin alambicadas excusas, a los deseos del poderoso James Stewart de turno, aunque sea negro y presuma de haberse criado con los indios. Ayer unos cuantos países de la vieja Europa -a otros les cupo la suerte de no haber estado en la ruta del avión del presidente boliviano- jugaron con los nervios de Evo Morales y los de los ciudadanos a quienes representa, negándole el uso de su espacio aéreo, siguiendo las instrucciones del socio que les espía con descaro, que, para que no cunda el ejemplo, no quiere dejar sin castigo, al infiel Snowden, que decidió dejar el fuerte y contar a los cuatro vientos los manejos del Séptimo de Caballería.
Hoy es cuatro de julio y estoy seguro de que, entre presumir de la captura del analista felón o verle a salvo y con asilo en un país latinoamericano, Obama optó por lo primero y, con un gesto tan inusual como irresponsable, se permitió presionar a sus socios, forzar el aterrizaje del avión de Morales en Viena y pretender una inspección del aparato, que goza de la misma inmunidad que una embajada, a la búsqueda del fugitivo.
A lo largo de la tarde, me sentí avergonzado y ofendido. Avergonzado y ofendido, porque, una vez más, pudimos comprobar que los americanos siguen persiguiendo a caballo a los renegados y que los orgullosos y pudientes ganaderos de Europa se ponen a su disposición para capturar al "delincuente" Snowden, mientras que miraron para otro lado cuando, tras los atentados de las torres gemelas, sus espacios aéreos y sus aeropuertos vivieron el trasiego de decenas de aviones que llevaban en sus cabinas a centenares de ciudadanos secuestrados, para ponerles un mono naranja y arrojarles, sin ningún tipo de garantía, al vergonzante agujero de Guantánamo.
Ayer me forzaron a tener que volver a escoger en el viejo juego y, no lo dudéis, elegí, a sabiendas de que me va a tocar perder, estar con Evo Morales, estar con los indios una vez más.
 
 
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miércoles, 3 de julio de 2013

PLEITOS TENGAS...

   
                      
 
Hablan de ese "pleitos tengas y los ganes, como una de las más terribles maldiciones que recoge el refranero. Y no me extraña, porque cualquier pleito, por sencillo y leve que parezca, supone siempre un desgaste, incluso para el que sale con bien del trance. Y, si eso les ocurre a los ciudadanos de a pie, imaginaos qué puede ocurrir con personajes relevantes, más si se trata de políticos. Pese a todo, no hay que olvidar que hay toda una fauna de personajes que ha hecho del territorio judicial su hábitat perfecto. Gente dispuesta a pleitear por todo, gente con tiempo y dinero para, como quien juega al póker sobrado de resto, sabe que hay que apostar, porque, antes o después, le llegará la racha.
Lo que está claro es que, si quien es llevado ante el juez es un político o un famoso, el morbo se multiplica y, lo que para cualquier ciudadano sería una sucesión de trámites interminables y de declaraciones, se convierte en un serial, una novela por entregas, que, a las redacciones, les permite prever el calendario de la actualidad, al tiempo que tenerla localizada geográficamente. Así, resulta curioso, que por ejemplo, hubiese toda una legión de redactores y cámaras desplegados junto al portal del domicilio de Luis Bárcenas, por si entraba o salía de él, con la única compensación para los hombres de a pie que allí estaban, de poder narrar si entraba o salía y si estaba contento o cabreado.
¿Qué harán, ahora que Bárcenas está en una celda de Soto del Real, me pregunto, esos centinelas, esos jóvenes periodistas? ¿Habrán trasladado sus reales a la entrada de la cárcel?
Hay jueces y abogados que controlan muy bien las interferencias de los medios de comunicación en los procedimientos en que están inmersos. Garzón lo descubrió pronto y, por ellos, apuntalaba en la prensa, mediante las correspondientes filtraciones, cada paso que daba en la instrucción, algo que, durante un tiempo le dio muy buen resultado, pero que, con el tiempo, acabó perdiendo eficacia, porque de entonces a acá todos hemos aprendido y las tácticas de Garzón, que incluso han sido perfeccionadas, están ya al alcance de casi todos.
Filtrar a la prensa amiga cada paso de la instrucción es sólo una parte del juego. Hay otra, sobre todo cuando se investiga a "presuntos" con cargo político o allegados, que es, como en el juego de las damas, dar los pasos justos para avanzar sin que el aforamiento de algún implicado le expulse del tablero. Lo hizo con habilidad Garzón, que investigó a conciencia los alrededores del, por entonces, senador Luis Bárcenas, sin llegar a tocarle, para que el caso no saltase al Tribunal Supremo, como le hubiese correspondido. Y lo acaba de hacer ayer la jueza Alaya, la que investiga el asunto de los ERE de Andalucía, que se ha cuidado muy bien de "ir" a por cualquier personaje aforado, para no perder el control sobre el sumario.
Autos espectaculares, con razón o sin ella, que interfieren en la vida política de este país y que, para nuestra desgracia, permiten marcar los tiempos y las consecuencias de sus decisiones. La trama Gürtel, ahora caso Bárcenas, al PP y el asunto de los ERE al PSOE andaluz, están alterando y lo están haciendo seriamente, la vida política de este país. Y, mientras, los tiempos se van extendiendo, los sumarios se destripan y novelan en crónicas y en tertulias. Y eso lleva a que la sociedad otorgue y quite razones y esas instrucciones se crucen con procesos electorales, en los que el público, como en un terrible "Gran Hermano", otorgue en las urnas  a diputados y concejales actas de inocencia.
La justicia, quién va a negarlo, es un derecho y es necesaria para la higiene de un país, pero debe ser más rápida y más discreta, porque, si no, ese "pleitos tengas y los ganes" se convierte en realidad.
 
 
 
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martes, 2 de julio de 2013

DE QUÉ HABLAN LOS POLÍTICOS

 
Algo hemos hecho mal cuando la terrible consecuencia de este tercio de siglo de democracia es que los políticos, que deberían ser nuestros representantes, han construido entre sus vidas y las nuestras un muro de micrófonos y cámaras que, no sólo les protege de cualquier exigencia de responsabilidad, sino que les impide ver la misma realidad. Es triste, pero es así. De lo que dicen los políticos, que, por desgracia, casi nunca es lo que piensan, apenas nos ocupamos unos pocos. Da miedo saberlo, pero, a la mayoría de los ciudadanos les da igual, no ya lo que piensan, sino, incluso, lo que dicen.
Es el resultado de la sobresaturación de las solemnes "chorradas" a que nos someten con la ayuda de los medios. Por eso, cuando un telediario arranca con sus rostros en pantalla, difícilmente consigue atraer la atención hacia la pantalla de la parroquia de un bar. Han conseguido transformar su mensaje en poco más que un encefalograma plano. Hablan tanto y tan vacío y tan lejos de la realidad que su mensaje se ha convertido en otro ruido de fondo que, como el del tráfico en las ciudades y autopistas, hemos aprendido a neutralizar.
Creo que mucha culpa de esto la tenemos quienes nos hemos dedicado o nos dedicamos a esto. Hacer información, fundamentalmente en el Congreso, Asambleas o Ayuntamientos, se ha convertido en coser una especie de colcha de parches, en la que lo que importa es lo llamativo del colorido de esos parches que son las frases de diputados o concejales, más que el que la colcha cumpla su función de abrigar a los destinatarios, que son los ciudadanos.
Algunos, los más listos, lo saben y han aprendido a dejar caer ante los micrófonos sus parches más chillones, sin importar los digos y los diegos, con la mayor incoherencia y el mayor aplomo, llenando los oídos de la gente de perogrulladas no siempre coherentes y buscando en el alma cándida de la gente la tierra en que sembrar su propia existencia.
Dos ejemplos claros de lo que digo están en Miguel Ángel Revilla, ex presidente bisagra de Cantabria -unas veces a derechas y otras a izquierdas- que, después de practicar como el que más la técnica de las butades y los gestos, ha devenido en estrella televisiva, convertido parabién de las audiencias y los shares en una especie de oráculo para todo, que lo mismo da una receta de cocina que "arregla" la economía del país. Sin entrar en comparaciones imposibles, sí hay que subrayar que este señor ha hecho al revés el camino que ya hiciera aquel obsceno Jesús Gil de Tele 5 que luego se hizo con la alcaldía y el dinero de Marbella.
El otro ejemplo -y que me perdonen quienes creen en ella- es Rosa Díez que siempre ha sabido que una buena frase ante un micrófono vale más que horas y horas de enmiendas y que, desde hace ya tiempo, ha buscado ponerse bajo los focos olvidando lealtades y lo que haga falta para convertirse en la gran esperanza -no va con segundas- blanca de la política española. Rosa Díez sabe hablar cuando le interesa y callar cuando no. Sabe también que, si los medios no van a ella, ha de ser ella la que vaya a los medios. Recuerdo una conversación con ella, hace ya años, en la que nos doraba la píldora por darle la voz que en otros sitios se le negaba -entonces estaba aún en el PSOE- y recuerdo también muy bien que le dije que éste país sería mejor cuando los medios de comunicación nos ocupásemos de lo que hiciesen los políticos y no de lo que hacen.
En esas estamos todavía y quizá porque lo saben los dirigentes del Partido Popular han optado por no hablar de la prisión de Bárcenas. Han optado, incluso, por ignorarlo. Saben de sobra que aquellos de lo que no hablan los políticos no existe.
 
 
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lunes, 1 de julio de 2013

PREDICAR CON EL EJEMPLO

 
Nadie que se dedique a la política en un país civilizado y democrático se dejaría hacer en su sano juicio una foto como aquella de hace casi veinte años, para la que posó Javier Arenas, sonriente y ufano, en el Hotel Palace con un limpiabotas esmerándose en lustrar sus zapatos sentado a sus pies. Nadie lo haría, salvo que lo encontrase lo más natural del mundo. Y algo de eso debía haber, por la información que, desde ayer, podemos leer en eldiario.es. Según este medio, fuentes del PP admiten que el que fuera durante muchos años presidente del PP andaluz y eterno candidato de ese partido a la presidencia de la Junta de Andalucía, muy ligado a Luis Bárcenas, hoy en prisión, al que unía una estrecha amistad, era cliente habitual del lujosísimo hotel madrileño, con cargo a las arcas del PP, al igual que los cuantiosos "complementos" que cobraba como gastos de representación, a pesar de que el partido de la calle Génova también se hacía cargo de  las facturas de comidas y cenas en lujosos restaurantes que el que fuera secretario general de la mano de Rajoy les presentaba.
Sé que, para quienes se dedican a él, el oficio de limpiabotas no resulta tan humillante y que ejercerlo en algunos establecimientos puede llegar a ser bastante rentable gracias a las suculentas propinas de algunos clientes. También sé que algunos limpiabotas -"limpias" en Madrid y "boleros", por ejemplo en México- llegan a desarrollar una filosofía equiparable a la de los bármanes que acaban siendo una especie de confesores de sus clientes. Aún así, siempre he considerado que tener los ojos a la altura de la entrepierna del cliente y las manos renegridas de los tintes y el betún no debe ser plato de buen gusto.
Por eso la torpeza de Arenas al dejarse fotografiar, creo recordar que para EL PAÍS, fue evidente, pues estaba a punto de convertirse en candidato a la presidencia andaluza y a participar en los ataques de su partido a las peonadas que permitían,  permiten y permitieron, también durante su etapa de ministro de Trabajo, sobrevivir a  cientos de miles de trabajadores del campo andaluz. Pero ya se sabe que la verdad suele ser la primera víctima de cualquier campaña electoral.
Me indignó en su día la foto de marras y me indigna más aún que he sabido que don Javier, cómo a él le gusta, con el tratamiento por delante, llegó a gastar dos mil euros en la cuenta de un restaurante en un solo día, lo que querría decir que, aunque fuesen veinte los comensales, el cubierto a cien euros por comensal. Me indigno y me indigna, porque son estos señores los que, cuando todo se fue a pique por culpa de otros amigos y compañeros de pupitre, trataron de convencernos de lo que pasó pasó porque habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades.
Son torpes y amorales, se permiten darnos lecciones y consejos, pero jamás en la vida predicarían con el ejemplo, porque, hacerlo, es muy sacrificado.