jueves, 23 de mayo de 2013

ALUCINACIONES

 
 

Lo escribía esta mañana en mi muro: hay días en que, al encender la radio, cree estar sufriendo alucinaciones, porque qué pueden ser, si no, el asesinato del militar en Londres, los disturbios en Suecia, las declaraciones de apoyo de Ignacio González a Aznar, la negación de las críticas del caudillín a Rajoy hecha por la anodina ministra de Sanidad, la esgrima de éste para salir del mal trago de su encuentro con la prensa con sonrisas y bromitas socarrones, el presidente de Madrid, el único en apoyar a Aznar y perseguido como éste por la sombra de Gürtel querellándose contra la portavoz del PSM en la Asamblea por haber puesto voz a lo que piensan muchos madrileños o el brote, más virulento que nunca de la epidemia de violencia contra las mujeres. Todo difícilmente comprensible, difícilmente asimilable en una sociedad que se dice avanzada y del siglo XXI.

Y es que, a veces, uno tiene la sensación de que la vida se parece a una tediosa tarde de televisión en la que, al zapear, cada vez que se pulsa el mando a distancia, la pantalla responde con otra escena tan absurda e incomprensible como la que le precede y que acaba por borrarla de nuestro pensamiento, mientras permanecemos, con los ojos como platos pendientes de ese sorprendente televisor que es la vida.

De todo lo visto y oído ayer, lo que mayor impacto ha dejado en mí es ese salvaje y desasosegante asesinato en Londres de un soldado elegido al azar para ser degollado por dos musulmanes africanos como chivo expiatorio de los excesos de las grandes potencias en países como Afganistán o Iraq, sumidos en la violencia desde que Bush y Blair, con el apoyo del caudillín Aznar, emprendieron aquella injusta y equivocada guerra preventiva que aun hoy sigue engordando diariamente el balance de sus víctimas, la inmensa mayoría de ellos inocentes.

Hace seis años me tocó vivir la conmoción causada en Londres por los atentados del metro, a la que la policía británica respondió, al contrario de lo que ocurrió en España con el 11-M, con la histeria y los excesos que quizá aislaron un poco más a esa población marginada en la que brotan y crecen el odio y la violencia que lleva a lo de ayer. Aquí, los que tuvimos la oportunidad de hacerlo, nos esforzarnos en separar lo que, como el asesinato de ayer, fueron atentados sangrientos y crueles, pero aislados y atribuibles a un grupo marginal que nada tenía que ver con la generalidad de la comunidad musulmana que vive en nuestro país.

Quienes atentaron contra los trenes en Madrid se quitaron de en medio volándose cuando la policía se disponía a asaltar el piso de Leganés en que se escondían. Si tenían una explicación para lo suyo, se fue con ellos. Los autores del atentado de ayer, uno de ellos, con las manos llenas de sangre y todavía en ellas el hacha y el cuchillo con que apuñaló y degolló al soldado, habló, dirigiéndose a la cámara del teléfono móvil de una testigo, del ojo por ojo y diente por diente, al tiempo que pedía perdón a las mujeres que contemplaron su salvajada, pero recordando que otras mujeres, musulmanas como ellos, son testigos de la violencia que causan allí las tropas occidentales.

A más de uno le volverá una y otra vez al pensamiento la escena de ayer. Es dura, pero encierra una enseñanza; el terrorismo casi, por no decir siempre, es una respuesta, desmedida, injusta y cruel, no lo olvidemos, a una afrenta o una agresión previa, real o imaginada. Y no se necesita de infraestructuras sofisticadas y grandes sumas de dinero para cometer un crimen terrorista. Basta con un cuchillo y un hacha de cocina, quizá la ayuda de un compañero y mucho odio, siempre injustificado a la víctima.

De todas las alucinaciones que creí ver ayer, ésta es, sin duda, la más terrible. Pero se puede aprender de ella, no quemando mezquitas y asaltando los barrios de los africanos y musulmanes, sino, por el contrario, apoyando a su mayoría pacífica, ayudándoles en estos momentos de dificultades y dejando sin argumentos a quienes pretenden sembrar en ellas el odio que lleva a lo de ayer.
 
 

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miércoles, 22 de mayo de 2013

TERROR DEL MALO

 
No sé por qué lo hice, pero fue un error. Ayer tuve la debilidad de asomarme a la entrevista que se le hizo a Aznar en Antena 3 y os aseguro que fue un error, porque, pese a la trascendencia que se le quiera dar, no pasó de ser una película de terror de serie B, de aquellas que Jacinto Molina firmaba como Paul Naschy, en la que, para quien los quisiera ver, los trucos y la trama eran evidentes desde la primera escena.
Si algo saqué de tan incómoda sesión de terror, eso fue la sensación de que José María Aznar sigue siendo un enfermo obsesionado con pasar a la Historia y preso de un afán justiciero para con todos, porque en la escasa media hora que duró la entrevista no se salvaron ni los suyos, ni siquiera Rajoy, al que acusó de languidecer y de no cumplir el programa que le llevó a la Moncloa. Si algo me llamó la atención, como digo, es su obsesiva alusión a la Historia y su tácito rechazo a la Transición, de la que muchos objetivos -dijo- se han destruido.
También se puso medallas, tal y como solía, pintando su etapa al frente del gobierno como un oasis de riqueza y creación de empleo, sin que ninguno de los tres entrevistadores le insinuase siquiera que esa riqueza, incluidos los cinco millones d empleos que presume de haber creado, están en el origen de gran parte de los males que hoy padecemos, porque, con su liberalización del suelo y su apuesta por el monocultivo de la construcción, levantó un castillo de naipes que, para nuestra desgracia, no tardó en caer, llevándoselo todo por delante.
Ni siquiera en el día en que se había revelado que parte de la millonaria fiesta de celebración de la boda de su hija, yo sigo contando en pesetas, concretamente la iluminación fue regalo de Francisco Correa, responsable de la trama empresarial investigada como Gürtel, Aznar sintió el más mínimo asomo de vergüenza o de culpa. Por el contrario, como suele hacer, se revolvió contra aquellos que difundieron la información y lanzó una enigmática insinuación sobre el origen de la misma, lo que vendría a confirmar que tal revelación había sido la respuesta preventiva de quienes tenían la certeza de que la entrevista no iba a ser otra cosa que un ajuste de cuentas del ex presidente.
Tampoco hubo el más mínimo asomo de asunción de responsabilidades respecto a todo lo que se va conociendo del caso Bárcenas y el baile de sobres en los pasillos del partido que, pese a que pretende quedar al margen seguía presidiendo en los primeros y "fundacionales" años de la trama. Todo le era ajeno y, para demostrar su inocencia, echó mano de su mirada desconfiada y fría y de su afirmación de que todo está en sus declaraciones de la Renta y de que puede explicarlas, aunque no enseñarlas, porque -se defendió- son confidenciales.
No quiso hacer comentario alguno a la afirmación hecha esa misma tarde por Jaime Ignacio del Burgo de que los pagos a Calixto Ayesa, para los que periódicamente ejercía de correo -con lo fácil que es hacer una transferencia bancaria- tenían su visto bueno. Y  no sólo eso, porque negó haber tenido conocimiento de todo lo que a cada minuto que pasa se va sabiendo del asunto y, nos remitió, para explicarlo, a los ceses que, tras las evidencias del caso Naseiro, llevó a cabo en su partido, pero se le olvidó de que uno de los implicados, Eduardo Zaplana, llegó a ser ministro de sus gobiernos.
En posesión de la verdad y la inocencia absolutas, triunfador irredento y profeta de la derecha de siempre, José María Aznar, amén de dar caña a los partidos nacionalistas y de hablar del PSOE como un partido en descomposición, ocupó una gran parte de su tiempo en cargar contra Mariano Rajoy, al que acusó de estar acabando con la clase media y le reclamó una bajada de impuestos. Sin embargo no hubo el menor atisbo de dureza para con su amigo Miguel Blesa, del que dijo que (como todos) tuvo sus momentos buenos y malos.
Hizo una defensa de manual de la corona, sin mencionar para nada al rey Juan Carlos, con el que quedó patente que no se habla y descartó cualquier pacto de Estado para salir de los difíciles momentos por los que atravesamos y exigió a Rajoy el uso de la mayoría absoluta con que cuenta y que, por cierto, incluyó en la herencia dejada, pese a que llegó dos legislaturas después y en unas elecciones de cuya campaña quedó prácticamente al margen. Finalmente, para rematar, se ofreció  a asumir sus "responsabilidades" para con su país, para con su partido y para con él mismo, dando a entender que estaría dispuesto a ser el recambio de Rajoy, que esta pasada noche no ha debido conciliar muy bien el sueño.
Fue, como digo, una película de terror de serie B, del malo, una truculenta puesta en escena de quien, pese a admitir que pasa el 70% de su tiempo fuera de España y pese a no haber mencionado ni una sola vez Europa ni el resto del mundo, se ofrece como salvador de una España que dudo mucho que conozca y que, sin duda, está más cerca de la ensoñación imperial que de ella hacía cuando se sentaba en los pupitres del Colegio del Pilar y se manifestaba próximo a los postulados de la Falange.
 
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martes, 21 de mayo de 2013

LA BODA LUMINOSA

Foto: Ricardo Gutiérrez                                                              
 
 

Hubo un tiempo en que gobernó este país, por voluntad popular, no lo olvidemos, un presidente al que el Palacio de la Moncloa y los rincones de la Historia está claro que se le habían quedado pequeños. Bastaba con verle junto al rey Juan Carlos que, querámoslo o no, ostentaba y aun ostenta por mandato constitucional la jefatura del Estado. Parecía que, a José María Aznar, el protocolo le quedaba tan estrecho como a Rodrigo Rato los trajes y los despachos en la banca. Bastó con verle paseando por La Habana, junto a Fidel Castro y el monarca, con la chaqueta al hombro como un turista, saltándose a la torera cualquier norma del protocolo o cualquier atisbo de respeto a dos personajes que, por más discutibles que lo fuesen, eran dos jefes de Estado.

Ese era el personaje y el tal personaje tenía una hija que casar, Ana, que andaba ennoviada con uno de esos personajes que andan siempre revoloteando en torno al poder y que había llegado al entorno del entonces presidente desde las juventudes del PP y pronto se convirtió en uno de sus hombres de confianza. Alejandro Agag, que así se llama el hoy yerno del presidente, ascendió hasta la secretaría general del Partido Popular Europeo y, sólo unos meses antes de su sonada boda, abandonó la política para dedicarse a los negocios, como había venido haciendo su familia.

Curioso personaje este Agag que, como otros yernos ilustres, se ha movido en el entorno de deportes tan exclusivos como la Fórmula 1, haciendo de introductor de embajadores de su suegro con el "amo del circo", Bernie Eccleston, un híbrido de Drácula y Warhol, de nada recomendables tendencias filo nazis, que acabó por venderle a Valencia un carísimo gran premio, del que nunca se han visto los beneficios y sí, por el contrario, las carísimas facturas que hay que pagar en plena crisis. Hay quien dice que Agag ha sido en el entorno de Aznar y el del PP el engarce entre lo que está bien y lo que deja de estarlo y que fue gracias a él que personajes como Francisco Correa comenzaron a hacer negocios con las administraciones gobernadas por el PP.

Quizá por eso el presuntamente más alto responsable de la trama conocido no faltó a la boda imperial que el matrimonio Aznar Botella organizó para su hija Ana y su novio Alejandro, una boda digna de reyes que, voluntariamente o no, ayudaron a organizar funcionarios de la Presidencia del Gobierno, que contó con el necesario y costoso dispositivo de seguridad y que, pretendidamente, acabo siendo todo menos discreta.

Sin saberlo, la presencia de Francisco Correa en la boda de El Escorial ha acabado por convertirse en una pesada hipoteca para la familia Aznar, porque el "paseíllo" camino de la ceremonia del polémico personaje fue durante mucho tiempo la imagen más repetida en las crónicas sobre la trama. Y no sólo eso, porque la sombra de las relaciones entre Correa y la familia Aznar -los yernos, que se lo digan si no al rey, son también familia- es como un campo minado del que no terminan de aflorar sorpresas.

La última, la aparición, dentro de una caja olvidada durante dos años, de la carpeta que contenía la factura, por valor de más de treinta y dos mil euros, de los gastos de iluminación del festín pos ceremonia organizado en la finca de un amigo de la familia Aznar. Unos gastos que Alejandro Agag, el novio, describe como un regalo de su amigo y testigo del matrimonio, pero que figuran en la factura como cargo a la trama encausada por la justicia y que, en realidad, era un regalo para los Aznar, porque de sobra es sabido que las bodas las pagan los padres de los contrayentes.

¡Qué mal gusto! Porque otra cosa no es hacer un regalo a un amigo a cargo de tu empres y qué paradoja, también, que el yerno de Aznar pueda devolverle a Francisco Correa el honor de haber sido su testigo de su boda  siendo testigo en el juicio que, antes o después, acabará celebrándose contra él. De ese modo tan luminosa boda, treinta y dos mil euros son muchos euros en bombillas, puede acabar arrojando luz sobre este caso que tiene al PP y sus dirigentes contra las cuerdas.
 

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lunes, 20 de mayo de 2013

.. Y AUTOPISTAS SIN COCHES

 
Si en las circunstancias actuales no resultase tan trágica, esta frase que tantas veces he escuchado a Iñaki Gabilondo. "los economistas, a veces, predicen el pasado", podría resultar incluso graciosa. Pero en medio de tanto dolor y tanta miseria es difícil esbozar siquiera una sonrisa en todo aquello que tiene que ver con el dinero, el trabajo o el bienestar.
Hoy he amanecido con la reseña del primer informe independiente sobre la crisis que azota desde hace más de un lustro a los países de la Unión Europea, especialmente a los del sur. Un informe que viene a concluir que quien ha diseñado las medidas contra la crisis no ha tenido en cuenta o no ha sabido evaluar -quizás no ha querido hacerlo- las consecuencias que iban a tener sus planes en el empleo.
Una vez más se demuestra con ello que la Economía se diseña en los despachos tal y como ensayan las guerras los estados mayores de los ejércitos en salas con grandes mapas, soldaditos y maquetas, con resultados que, luego, en nada se parecen a la realidad. Algo que se repite una y otra vez porque se descarta el sufrimiento de la tropa o el de los parados y que resulta tan claro como que, de tenerlos en cuenta, nadie iría a la guerra, porque nadie la declarar si tiene la más mínima sospecha de que la va a perder.
Quienes toman las decisiones, las toman en la soledad de sus despachos, desde el pedestal de su soberbia, con el oído regalado, y ojalá fuese sólo el oído, por aduladores interesados que acuden al ascua que se quema en ellos para arrimar las sardinas de sus negocios. Cómo explicar, si no, todas esas grandes obras públicas, llevadas a cabo al abrigo de lo público, presuntamente para beneficio de los ciudadanos, y que, al final, se revelan como grandes fiascos, planificados con cálculos exagerados y nada realistas que han sembrado nuestro paisaje de trenes de alta velocidad vacíos, circulando por líneas que han resultado redundantes, tan vacíos como demasiadas estaciones de esas líneas. Trenes de alta velocidad vacíos y ruinosos, mientras se cierran líneas que, no sólo pasan por el territorio, sino que se detienen en los pueblos y llevan y traen de ellos la vida tan necesaria para cualquier comarca de cualquier país que se tenga por tal.
Pero no se trata sólo el AVE, convertido en cartel electoral casi único, como el dispendio en fiestas se convierte en algunos pueblos en el mayor logro de los alcaldes avispados. También encontramos, en Castellón y Murcia, sendos aeropuertos que no han visto y probablemente nunca vean un avión en sus pistas, construidos "a lo loco", con cargo al dinero de todos y a mayor gloria del político de turno, que nunca acaba por pagar de su bolsillo estos desmanes presupuestarios.
Y llegamos al capítulo de las carreteras, concretamente al de las desoladoras autopistas radiales y de peaje, sembradas en torno a Madrid, redundantes en muchos casos con autovías de acceso libre, hijas de los delirios faraónicos del PP madrileño, construidas mediante concesión por empresas privadas que se hubiesen forrado en caso de que hubiesen resultado como esperaban, pero que incluían, para ellos, la salvaguardia de la responsabilidad patrimonial del Estado, que, ahora que se ha desvelado lo ruinoso de la inversión, tendrá que hacerse cargo de estas autopistas sin coches, puesto que sus concesionarios harán uso de la "dación en pago", ante la imposibilidad cobrar la deuda de quienes las explotan.
Curioso concepto de justicia éste, de quien perdona la deuda a los poderosos concesionarios de estas obras mal planificadas y no acepta la misma dación en pago de quien, al igual que ellos, tampoco acertó con los cálculos de futuro. Está claro que el Gobierno prefiere hacerse cargo de autopistas sin coches, antes que permitir que las víctimas de desahucios salden su deuda con los bancos entregando el piso que no pueden pagar.
 


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domingo, 19 de mayo de 2013

PARAÍSOS INFERNALES

 
 

Imagino a los europeos, especialmente a los que nos ha tocado vivir la crisis en el castigado sur como prisioneros ahogándose mientras permanecen encadenados al fondo de una piscina que se va llenando poco a poco, al tiempo que sus guardianes se mueven entre ellos recogiendo todo aquello de lo que van deshaciendo en un intento desesperado de permanecer a flote y respirar, tan desesperado es, que cada bocanada de aire necesaria para sobrevivir supone un doloroso desgarro para el cuerpo que se pretende salvar.

Lo más doloroso, éticamente hablando, es que el botín reunido con nuestros despojos y con el rescate pagado por quienes han acabado jugando el juego de los carceleros acaba perdiéndose en territorios sin ley que hemos acabado llamando "paraísos" fiscales y que, en realidad, son los lugares en los que se acopian los materiales y los planes para construir nuevas piscinas con grilletes en las que ahogar y expoliar nuevos pueblos.

Un botín que asciende a más de veintitrés billones de euros, la mayoría de procedencia inconfesable de orígenes inconfesables que no pagan impuestos, quedan al margen de cualquier regla o supervisión y, para más inri, aparecen y desaparecen en "los mercados", sacudiéndolos para así recoger una y otra vez el botín de nuestra ruina y volver a empezar, como si se tratase de la imposible tarea de llenar una enorme jarra de cerveza a la que acaban siempre robándole la espuma.

Hace ya mucho tiempo que vengo diciendo que el origen de la crisis está en eso, en la desaparición de nuestra riqueza en esa espuma, el beneficio, que no se reinvierte como antes para crear nueva riqueza en el país donde se ha originado y que se evapora ante nuestros ojos para acabar llegando, con el auxilio consentido de bancos paradójicamente legales, a esas islas malditas en las que, como los carroñeros, esperará el olor de nuevas víctimas en dificultades.

Todo esto viene a cuento de que de aquí a tres días, Europa celebra una cumbre en la que estudiará medidas para terminar definitivamente con el secreto bancario que, como un gran sumidero, permite drenar la riqueza de algunos países, entre ellos el nuestro, hacia esos odiosos paraísos. La reunión del miércoles no será el primero, ni será el último intento de hacerlo y dudo que tenga éxito, porque hace ya tiempo que la economía, como una enorme sanguijuela, vive parasitando la política, a la que ha desvirtuado mediante el control y la creación de la opinión pública. De modo que, si no me equivoco, todo acabará como mucho en un mero gesto.

Y sin embargo algo habrá que hacer, porque la Unión Europea calcula que, cada año, un billón de euros sale de sus fronteras formales para acabar en paraísos, algunos de los cuales, curiosamente quedan dentro de las de países miembros. Sería un sueño que toda esa riqueza -uno de cada diez euros en circulación- aflorase y tributase. Sólo con ello pondríamos fin a la crisis. No sé a qué esperamos para acabar con tan infernales paraísos, las nuevas islas del tesoro, refugio de  piratas ¿Quizá a tener el permiso del señor Botín?
 
 

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sábado, 18 de mayo de 2013

¿ESTÁS AHÍ, FLORENTINO?

 
 
Bien mirado, lo de anoche en el Bernabéu no ha sido lo peor que le ha pasado a Florentino Pérez en las últimas horas. Es más, pienso que ni siquiera fue esa su mayor preocupación mientras tuvo  que estar en el palco. Lo digo, porque apenas habían pasado veinticuatro horas desde que Miguel Blesa, el presidente de Caja Madrid, la caja que, con sus créditos galácticos, le ayudó a construir su imperio, había ingresado en prisión por la dudosa legalidad de alguna de sus operaciones.
Bien es verdad que, para entonces, Blesa ya estaba en la calle y pudo ver el partido desde casa tras recaudar en una mañana la minucia de dos millones y medio de euros, pero su ingreso en prisión y la frialdad con que fue acogida la noticia por el gobierno de la nación, así como por el de la Comunidad de Madrid, no auguraban nada bueno. Así que el hundimiento del equipo del que un día dijo que tiene grabada la victoria en su ADN -que sabrá este hombre de genética- y el estrepitoso fracaso del que un día calificó como el mejor entrenador del mundo y que ayer se esforzaba en sacar brillo  a un trofeo, el de la Supercopa, a dos partidos y con los equipos fuera de punto ya que se juega prácticamente en pretemporada, no eran quizá lo que más preocupaba al presidentes de la constructora ACS. Porque, es lo que tienen las mantas y las alfombras, que, una vez que se tira de ellas o se levantan, dejan las miserias al descubierto.
No hay que olvidar que entre Blesa y Florentino hay más de un paralelismo y que las atenciones de Blesa a los miembros del consejo de administración de Caja Madrid, créditos a "tutiplén"  a Díaz Ferrán, partidos y sindicatos, podrían equipararse a las atenciones del presidente del Real Madrid en "su" palco, en el que tenemos derecho a pensar que se ha fraguado más de una recalificación y más de un negocio, en contra de los intereses de madrileños y madridistas.
La gente habla y no para del negocio que hizo Florentino con la construcción de las cuatro torres que hoy ocupan lo que en su día fue la Ciudad Deportiva del Real Madrid, o el aberrante e irresponsable proyecto de convertir la gran explanada que existe frente al estadio en su fachada del Paseo de la Castellana en un centro comercial que convertiría el espacio por el que prioritariamente se desaloja el estadio en poco más que una calle comercial, por no decir un callejón.
Es lo que tiene haber tomado el Real Madrid como uno más de sus negocios y no el más importante, porque, si en la construcción existe el colchón de la banca y los gobiernos consentidores, en el fútbol, antes o después se enfrenta uno con la realidad de una mala noche, en la que los millones dejan de ser rentables. Pero el negocio del fútbol, que no el fútbol es así. Para eso se ha creado y se presume tanto de eso que ahora, en plena borrachera de lo cursi, se llama el "hospitality" del club, diseñado para el peloteo -sin balón- y los "pelotazos".
¿Dará la cara Florentino ante "el madridismo" por el fiasco de Mourinho? ¿Conseguirá evitar que, amén de haberle dejado el equipo -y el club- hecho unos zorros, no le deje, además, la caja tiritando?
Supongo que aún tardará en llagar ese sinceramiento- Habrá que esperar a que alguno de sus "negros" le escriba uno  de esos discursos-homilía que tanto le gustan que se empeña en leer con la entonación monótona de un triste cura de pueblo. Va a ser difícil, porque quedan pocas o ninguna incógnita que despejar y la gente está hasta el bombín de derrochar su fe en sueños imposibles y de recurrir a la evocación de un tiempo que, de momento, no parece que vaya a volver.
Mientras tanto, la pregunta ¿Estás ahí Florentino? va a repetirse hasta la saciedad.
 
 
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viernes, 17 de mayo de 2013

BLESA Y EL MAL AJENO

 
 

Cuántas veces habré escuchado eso de que no se debe desear el mal ajeno. En cualquier caso, seguro que han sido demasiadas, porque, como consejo, tiende a beneficiar a truhanes que, como el flamante inquilino de la cárcel de Soto del Real, Miguel Blesa, han amasado su obscena fortuna repartiendo ruina y dolor entre ciudadanos y trabajadores sin culpa ninguna en sus desmanes.

No sé si me movía el deseo de justicia o el de venganza, pero os aseguro que, cuando ayer me enteré de la orden de prisión contra quien, por deseo expreso de José María Aznar, ocupó la presidencia de la segunda caja del país, me sacudió un arrebato de alegría que me llevó a compartir tan buena noticia con amigos y familiares. Lo cierto es que, con el encarcelamiento de Blesa, ayer vi colmado uno de mis más firmes deseos de los últimos meses.

No podía ser, iba contra la razón y el equilibrio, que quien presidió Caja Madrid durante los años de la burbuja inmobiliaria, quien perpetró o permitió que se perpetrasen errores tales como el de poner casi todos los huevos de esta entidad, llena de prestigio y que contaba con la confianza de cientos de miles de madrileños que creíamos en sus fines sociales, en la cesta del sector inmobiliario, incluso cuando ya daba claros síntomas de estar al borde del estallido.

No podía ser que quien contrató con ciudadanos de a pie hipotecas imposibles de asumir, quizá para hacerse perdonar la concesión de créditos no menos imposibles a amigos como Díaz Ferrán y otros, unas veces para tapar agujeros y otras para sacar adelante los pelotazos del monocultivo inmobiliario, implantado por Aznar en España. No podía ser que se fuese de rositas quien hundió Caja Madrid con añagazas y trampas contables, mientras se llenaba los bolsillos con bonus e indemnizaciones.

Hoy hay decenas de miles de clientes de lo que fue Caja Madrid que han perdido todos sus ahorros mediante una estafa organizada, en la que se abusó de su confianza haciéndoles creer que, lo que en realidad eran bonos basura, era un depósito a cinco años. Hoy hay miles de familias que han perdido el hogar que no podían pagar, pese a que en la caja les hicieron creer que sí. Hoy también hay miles de empleados de Bankia que van a ir a la calle, porque, después de la debacle causada por Blesa, es imposible, dicen, mantener sus puestos de trabajo.

Por eso no podía irse de rositas este señor que tenía pensado casarse en menos de un mes -habría que saber por qué a los amigos de Aznar les da por casarse después de liarla- con una empleada de la caja que -dicen- sigue llamándole presidente. No podía ser que disfrutase de todos los millones ganados o saqueados -eso lo dirán los jueces- durante catorce años. No podía ser que desapareciese en cualquier playa, sin más preocupación que asistir a fiestas o darlas él mismo o mejorar su swing en el campo de golf.

Hubiese demasiado duro, muy duro, para quienes en este país hemos perdido algo por su culpa. Sé que no tardará en reunir los dos millones y medio de euros que le piden, porque él tiene de donde sacarlos y tiene amigos que se los presten. Sé que quizá la decisión del juez se quede de momento en un buen susto para el compañero de pupitre de Aznar. Pero el camino es largo y amen del asunto de la compra ruinosa y tramposa del banco quebrado en Florida, tiene pendientes la concesión de un crédito difícil de justificar a su amigo y, desde ayer, compañero en la prisión de Soto, Gerardo Díaz Ferrán, y la querella presentada contra él por la comercialización de preferentes.

Probablemente no sea bueno desear el mal ajeno. No lo sé. Pero cuando el objeto de ese perverso deseo ha causado, a su vez, tanto daño, aunque no sea bueno, os aseguró que resulta muy higiénico. Y más si esos deseos se ven colmados y, como da a entender el titular del diario económico Cinco Días, Miguel Blesa sólo es el primero.