Mostrando entradas con la etiqueta esteban González Pons. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta esteban González Pons. Mostrar todas las entradas

viernes, 19 de junio de 2015

LA PAELLA, TARDE Y SIN APERITIVOS



No sé si la frase es de Manuel Vicent o si se la escuche a él citando a otro escritor valenciano, pero lo cierto es que, como consejo, la idea es muy sabia. Decía Vicent, eso sí lo recuerdo, que para hacer una buena paella en el jardín, lo mejor es tardar mucho y, sobre todo, no servir aperitivos. Y tenía toda la razón, porque, siguiendo el consejo, lo que es seguro que a todo el mundo el arroz le parecerá exquisito y no quedará un grano en el plato.
Algo así ha debido pensar Marrano Rajoy cuando, con ese miedo existencial que le acompaña, se ha visto obligado a efectuar cambios en el partido y en el gobierno. Sin duda, le ha debido parecer que, retrasando los cambios y su anuncio, cualquier cambio, por pequeño que sea, a la ya muy hambrienta prensa, le parecerá grande. Y lo ha debido pensar, porque la paella que ha servido don Mariano, tras veintidós días de espera alrededor del fuego está  más que sosa, le ha quedado corta de sofrito y, para disgusto de los comensales, apenas tiene tropezones.
Mucho fuego para nada y muchas excusas de los ayudantes del cocinero que ya andan por las ondas vendiendo un arroz incomible, porque los cambios enunciados ayer por Rajoy en su partido no pasan de ser una rectificación de última hora y a la desesperada, cuando el arroz ya se ha pasado y cualquier cosa que le pongas es incapaz ya de dar sabor al guiso.
Unos cambios que se limitan al nombramiento de unos cuantos vicesecretarios, alguno de los cuales, como Pablo Casado, ya estaba ejerciendo sus nuevas funciones y un flamante responsable de campaña, Jorge Moragas,  jefe de gabinete de don Mariano, su hombre de confianza y responsable de la presión sobre la novia del primogénito de Pujol que acabó facilitando las pistas que pusieron en marcha el caso, propiciaron la caída del ex "molt honorable", de paso, acabaron con la cohesión de CiU y, en cierto modo, con el empuje del proceso soberanista, rematado en las pasadas elecciones con el auge de Ciudadanos y Podemos.
Pocos cambios y poco más que de chapa y puntura para tratar de vender como nuevo un coche que no anda y pierde aceite por todas sus juntas. Un coche, el Partido Popular, que, en las pasadas elecciones del 24 de mayo, quedó al borde del siniestro total, hasta el punto de que al mayor simulador que ha pasado por la política española no le ha quedado más remedio que reconocer la enorme pérdida de poder que ha supuesto, apartándole, por ejemplo de las alcaldías de icho de las diez capitales más importantes del país. Pocos cambios, conservando,  además, como se conservan los viejos muebles de la abuela, a Javier Arenas y María Dolores de Cospedal, tocados ambos por la tenaz carcoma de la corrupción y más que amortizados por el desprestigio entre los ciudadanos. Y, por si fuera poco, elevando al número tres del partido a un personaje, Fernando Martínez Maíllo, que vive el mismo limbo que Chaves y Griñán, de una imputación por determinar, en esta ocasión por una presunta administración desleal de Caja España.
Y, a cambio de estas novedades, amén del "puenteo" de Cospedal, las cabezas de Carlos Floriano y Esteban González Pons, que, hasta ahora, en estilo palmero, uno, y jesuítico el otro se ocupaban del día a día de la comunicación del partido. Dos peones sacrificados, los únicos, a los que cabría culpar de los recortes y la corrupción, si, como reconoció ayer Rajoy, el batacazo en las urnas es hijo de esos recortes y de esa corrupción.
De momento, la paella de los cambios en el partido, tarde y sosa, pero todos nos la comemos, como en las fiestas camperas, a falta de otra cosa mejor. Habrá que ver que ha dejado el chef Mariano para el postre del Gobierno, aunque, conociéndole poco cabe esperar más que los consabidos café, copa y puro, algunos exquisitos y con premio como la embajada para que Wert no pierda el contacto con su pareja.


Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/

martes, 20 de mayo de 2014

EL BUEN PAÑO, EN EL ARCA SE VENDE



Vaya por delante que ni el PSOE ni mucho menos Elena Valenciano son mi opción para las elecciones del domingo. Lo que ocurre es que, después del "selfie" que el viernes se hizo el candidato Arias Cañete, con el tedioso debate a dos como fondo, resaltando todo lo rancio que es su pensamiento y la carcunda que le rodea, todos en el PP se han puesto a bucear en las redes para "chivarse" de cualquier desliz que la candidata haya podido tener en ellas. De momento, ya han encontrado y exhiben como un despojo del  enemigo conseguido en la batalla el tuit de Valenciano preguntándose y preguntando si hay alguien más feo que el magnífico delantero francés Ribery que, desde luego, es cualquier cosa menos guapo.
Lo exhibió Esteban González Pons, ese señor que tanto me recuerda a Manolín, el niño pelota que había en todas las aulas siempre dispuesto a vigilar y denunciar a sus compañeros cuando el profesor se ausentaba, en el debate a seis que la preocupación por mi salud mental me aconsejó no ver anoche, y hoy, cuando he visto la foto en la prensa, lo primero que he hecho es preguntarme que a qué viene el cartoncito. Está claro que subrayar los defectos de los otros no está bien y que hacer escarnio de la fealdad del futbolista con la cara cruzada por una fea cicatriz no es nada edificante. Pero, de ahí a tratar de equiparar la desafortunada broma de Valenciano con el exabrupto machista, repetido hasta tres veces, con el que dejaba claro que, para él y por definición, las mujeres son intelectualmente inferiores a los hombres o, al menos, a él mismo.
Si el personaje de Vargas Llosa preguntaba en su "Conversación en la catedral" en qué momento se jodió el Perú, ni el Partido Popular ni mucho menos Cañete tiene que preguntarse en qué momento se jodió su campaña. Está claro que fue el viernes 16 en un plató de Antena 3, con todo a favor y ante centenares de miles de espectadores.
Desde entonces, el Partido Popular anda empeñado en salvar los muebles y en poner a salvo el escaso prestigio que aún le queda, apelando a datos tan inverosímiles como infumables. Ha sacado de nuevo al "manolín" del que os hablaba, hoy número dos de la lista y, ahora, según parece, única voz autorizada de la candidatura, el mismo Esteban González Pons que, antes de las generales, dijo, sin agarrarse al atril y sin caerse, que se proponían crear tres millones de puestos de trabajo, cuando en realidad a mitad de legislatura, el número de parados ha crecido en cerca de millón y medio. Ha vuelto "Manolín" González Pons y lo ha hecho para decirnos que a España ya la llaman "la Alemania del sur" por lo que crece. Y yo no hago más que asustarme, porque su capacidad para predecir el futuro al revés es de proporciones bíblicas.
También Rajoy, ante el descontrol de su candidato, ha tenido que bajar a la arena de la campaña. Y lo ha hecho para advertirnos que votar a los partidos pequeños es "tirar" el voto, como si haber votado durante tanto tiempo a su partido y a su franquicia para muchas cosas, el PSOE, no lo hubiese sido.
Una y otra cosa, los castillos de fuegos artificiales alimentados con la pólvora de unas estadísticas más que increíbles, los sofisticados chivatazos sobre el hooliganismo de Elena Valenciano, las apelaciones al voto útil de la derecha y la igualdad entre PP y PSOE que revelan, por más que las cocinen, las encuestas, no son más que un alarmante síntoma de que se están deslizando por la pendiente.
Por todo eso, el Partido Popular se empeña en esconder a su candidato, del que sospechan que puede volver a "cagarla" en cualquier momento. Sólo le dejan intervenir en mítines y con papelitos delante, conscientes y temerosos, más que él mismo, de que "como sea el mismo" volvería a liarla. Rajoy que con su escandalosa pachorra justificó la demora en designarle como candidato, diciendo que lo mejor, como el postre, se deja para el final, será capaz de decirnos ahora, con ese "mejor" candidato vilipendiado y con la campaña arruinada que "el buen paño, en el arca se vende, pero no hay que olvidar que esta "pieza" tiene ya un heremoso lamparón. Allá él.


Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/





sábado, 13 de julio de 2013

LA MEMORIA DE LOS MUERTOS

 
 
Aún recuerdo estremecido la tarde de aquel 13 de julio de hace dieciséis  años. Era sábado como hoy y en todo el país se guardaba ese silencio expectante de quienes todavía creíamos en el milagro del sentido común, de quienes pensábamos que no lo harían, que ETA no cumpliría la amenaza de asesinar a Miguel Ángel Blanco, sencillamente, porque no les convenía. Pero, ya se sabe, cuando un maltratador anuncia sus intenciones, lo peor es que, en su cortedad, se ve obligado a cumplirlas.
Cumplieron su amenaza y mataron a Miguel Ángel Blanco, el joven concejal de Ermua secuestrado días antes, y, con ello, desataron una tormenta que a punto estuvo de llevárselos por delante. Aquella tarde noche, la indignación de la gente fue mayor que su miedo o su pasividad. Y donde se hizo más evidente fue en Euskadi, donde el calambrazo de aquella muerte inútil sacó a la gente a la calle, unida y sin banderas, por primera vez en mucho tiempo. Aquel disparo seco en la nuca del joven concejal del Partido Popular consiguió la unanimidad en la repulsa y  a muchos nos hizo creer que habría un antes y un después de aquello.
Tras esos primeros momentos de indignación, en los que los atemorizados atemorizaron durante horas a quienes durante tanto tiempo les habían atemorizado, alguien "tomó el control" y restableció "el viejo orden", aunque ya nada volvió a ser lo mismo. Miguel Ángel murió horas después de haber sido localizado en un bosque. A las cuatro y media de la  exactamente del 13 de julio de 1997.
Dieciséis años después, en Sueca (Valencia), los que hubieran sido compañeros de Blanco le recordaron en la cena con que anualmente celebra el PP el fin del curso político. Allí estaban Alberto Fabra, presidente de la Comunidad Valenciana, José Manuel García Margallo, ministro de Exteriores metido a inspector de aviones y Esteban González Pons, vicesecretario de Estudios y Programas del PP y origen, gracias a su verbo inoportuno, de más de una polémica. Y, como cabía esperar, tampoco esta vez defraudó a su público. Y lo hizo al recordar a Miguel Ángel Blanco como ejemplo de militante del PP, en oposición al desde hace tan sólo unos días, los que han pasado desde su ingreso en prisión.
González Pons dijo exactamente que 'El PP no es Bárcenas, es Miguel Ángel Blanco'. Y lo dijo olvidando o, más bien, queriendo hacernos olvidar lo que Arantza Quiroga, la flamante presidenta del PP vasco decía hace sólo unos días, que el asunto Bárcenas le parece vomitivo y que evidencia que, mientras los dirigentes del PP vasco "iban temblando a los plenos", otros estaban "para otras cosas". Tampoco quiso acordarse de lo que Bárcenas contó a Pedro José Ramírez, cuando el antecesor de Quiroga, Antonio Basgoiti, dijo algo parecido a lo manifestado por ésta: “Al día siguiente llame a ese niñato y le dije: ¿sabes quién os pagaba el dinero de la protección a los concejales del País Vasco. ¡Pues era yo quien os daba el dinero!”.
Enterarse de estas cosas pone los pelos de punta y le lleva a uno a preguntarse de quién han estado más cerca estos años los dirigentes del PP, si de Miguel Ángel Blanco y otros como él o del hoy repudiado Luis Bárcenas. No me gusta, nunca me ha gustado que en política se haga uso de los muertos. NI para arrojárselos al adversario ni, como anoche, para parapetarse tras ellos. Ahora que la violencia parece una pesadilla cada vez más lejana, hay que ir acostumbrándose a respetar a los muertos y, sobre todo, su memoria.
 
 
Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/

lunes, 3 de junio de 2013

FALTA HUMANIDAD

 
 
Difícilmente puede haber algo más frustrante para un padre de familia que ver partir a sus hijos con el hatillo en busca de un futuro que la familia no le puede dar. Por eso, si, como pretenden que creamos, la patria es -eso nos cuentan con grandilocuencia- una madre protectora para sus hijos, en estos días aciagos, la patria y sus gestores deberían sonrojarse de vergüenza al ver como lo más granado de su juventud se ha visto obligada a hacer las maletas, ahora con ruedas y no de madera o cartón como las de sus abuelos, para ir en busca del futuro que aquí se les niega.
Al menos eso pensaba yo hasta que ayer escuché al inefable Esteban González Pons, una especie de supositorio grasiento y escurridizo que el Partido Popular, su partido, carga cada fin de semana con el principio activo de lo peor de su ideología para que nos lo administre hierática y cínicamente, con su cansina voz de fraile, ante los micrófonos y las cámaras de turno. Lo digo porque este prodigio de la naturaleza que es el vicesecretario general de Estudios y Programas nos dio ayer toda una lección de geografía al hacernos saber que salir de España para buscar trabajo, si es a Europa, no es ir a trabajar al extranjero, sino quedarse en casa.
Toda una lección para un paleto como yo que sólo a duras penas podría hacerme entender en Francia y una parte de Bélgica y todo un mito que se viene abajo para alguien que, después de tantos años, aun siente mariposas en el estómago cuando cruza, aunque sea sin necesidad de detenerse, cualquier frontera.
Qué distinta la fábula que nos contó ayer González Pons del realismo social de Enrico Letta, primer ministro italiano, que, casi al mismo tiempo, pidió perdón a los italianos que se han visto obligados a emigrar y que atribuye tal desgracia a las políticas de gobiernos que "durante años han eludido sus responsabilidades". Las palabras de Letta no eran un dislate improvisado sino que formaban parte de la carta de respuesta del jefe de gobierno italiano a otra carta, publicada el día anterior, en la que un ciudadano se quejaba de que sus amigos hubiesen tenido que, para encontrar trabajo, han tenido que marcharse de "país moribundo, sin esperanza y sin futuro".
Qué distinta, insisto, la actitud de Letta de la de nuestros gobernantes que una y otra vez insisten en disfrazar la realidad envolviéndola con palabras tan falsas como vacías, para hacernos creer que los problemas no lo son, sin darse cuenta de que, con ello, no sólo impiden hallar una solución para los mismos, sino que aumentan el dolor y la frustración de quienes los sufren en sus carnes.
Estoy seguro de que aquí, en España, ningún político lee las cartas al director de los periódicos, pese a que la experiencia me dice que muchas de ellas dicen más de la situación del país que todos los telediarios del día. Para qué leerlas, para qué contestarlas, si disponen de sus púlpitos electrónicos para impartir doctrina siempre que quieran. Para qué entrar en un debate que nunca ganarían. Cómo no ignorar la reflexión de un ciudadano en solitario, si se han acostumbrado a menospreciar cuando no a ignorar huelgas y manifestaciones multitudinarias.
Es mucho más práctico ensanchar los límites del país, de "casa", hasta donde sea menester. Es mejor encomendar la solución a la virgen del Rocío y disfrazar la frustrante necesidad de emigrar de nuestros jóvenes como "espíritu aventurero", sin pararse a pensar que, con su salida de España, estamos perdiendo el dinero y el esfuerzo que ellos y, con ellos, todos nosotros hemos invertido en su formación.
A veces cuesta mucho sentirse parte de un país en el que los gobernantes no sienten ni padecen por lo que les ocurre a los ciudadanos. A veces echo de menos un poco de humanidad en quienes nos dicen que todo lo hacen por el bien común. Cómo se nota que la mayoría de quienes están en política, cuando salen de ella tienen  siempre una poltrona en la que descansar su culo. Falta sensibilidad y falta humanidad, porque falta el realismo valiente que hace falta para desarrollarlas.
 
 
Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/