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martes, 7 de febrero de 2012

CÁMARA OCULTA


Sé que, con lo que sigue, me meto en un berenjenal, pero lo tengo muy claro. La resolución en que el Tribunal Constitucional considera ilegítimo el uso de cámaras ocultas me tranquiliza.
De un tiempo a esta parte, especialmente con la evolución de la tecnología hacía la creación y abaratamiento de dispositivos de captación de imagen y sonido de pequeño tamaño y gran potencia, junto a la generalización del uso de Internet, ha abierto una enorme brecha en la protección de los derechos individuales.
Hoy en día y en apenas unas horas, se puede arruinar la imagen de cualquiera, tanto da que sea un personaje conocido como que lo sea anónimo. Resulta muy fácil y casi inmediato la ruina sumaria de la fama de una persona en un juicio paralelo, sin garantías y sin posibilidad de recurso, con sólo obtener y colgar unas imágenes o unas palabras inapropiadas obtenidas con una de estas micro cámaras oculta en el sitio más insospechado.
Resultaría cuando menos paradójico que las garantías que los jueces exigen a las diversas fuerzas policiales para que las informaciones que obtengan valor probatorio no fuesen así mismo exigibles a los medios de comunicación. Todos los que hemos trabajado en ello sabemos lo importante que es el contexto en que se obtienen las declaraciones o se producen los hechos. Y todos sabemos también que, fuera de contexto, se altera su significado. Creo que un caso que ilustra claramente lo que digo es lo ocurrido en el tratamiento periodístico del juicio por la desaparición y muerte de la joven Rocío Wanninkhof, en el que la acusada, Dolores Vázquez, fue materialmente "linchada" en informativos y tertulias, manipulando las imágenes de su actitud durante el juicio, interpretándolas en el sentido de su culpabilidad y que sólo cuando tras una revisión del caso fue absuelta se nos mostraron imágenes más "humanas" de ella.
Una cámara oculta en manos de un periodista ambicioso y sin escrúpulos es muy peligrosa, porque puede llevar a su "víctima “a una trampa de la que quizá no pueda salir. Y, si tal cosa ocurre con personajes "bragados" en política o en asuntos sucios qué no ocurriría con gente más desprotegida.
Es bueno establecer límites, porque siempre podemos saber dónde y cuándo estamos seguros y dónde y cuándo no. Sé que con esto me cargo todo un género periodístico y televisivo, pero creo que otra cosa será peligrosa.
El debate queda abierto.