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viernes, 24 de mayo de 2013

LA CAJA PODRIDA

 
Si ayer al levantarme alucinaba con la actualidad, esta mañana la sensación es de verdadera náusea y angustia. Me pregunto qué hemos hecho -o dejado de hacer- los españoles para merecer esto que nos está pasando. Leo en EL PAÍS que el juez Baltasar Garzón -para mí, con todas sus luces y sombras, sigue siéndolo- cree desde Bogotá que "es el momento de participar en política porque estamos asistiendo a un panorama bochornoso por parte del Gobierno" y no sólo por parte del Gobierno me permito corregirle, porque lo que estamos viviendo es una especie de apocalipsis democrático, en el que los ciudadanos, para expiar nuestros pecados pasados, asistimos al desmoronamiento sobre nuestras cabezas de todo aquello en lo que creímos, pero, desgraciadamente, no cuidamos.
Nos están quitando todo: la felicidad, el bienestar, la tranquilidad de nuestros ancianos, el futuro de nuestros hijos y, en algunos casos como el mío, nuestros ahorros.
Sin haberlo pretendido, por haber confiado en que Caja Madrid, la vieja Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid, a la que llevé mi primer sueldo, porque yo creía en lo público y prefería que sus beneficios fuesen a una obra social antes que a los bolsillos de un banquero, me embaucaron con la estafa de las preferentes, haciéndome creer que lo que hacía era colocar una parte importante de mis ahorros en un depósito a plazo fijo, el primero que hacía en toda mi vida, cuando en realidad lo que estaban haciendo era quitarme esos ahorros para tapar sus vergüenzas y devolver a otros clientes más  amigos, más influyentes y mejor informados lo que, ellos sí, conscientemente se habían jugado  en operaciones de alto riesgo.
Cuando empezó a correr el rumor de lo que estaba pasando, nadie lo podíamos creer, entre otras razones porque la prensa en la que también habíamos confiado guardaba un silencio cómplice y miserable que nunca le perdonaré. Uno trataba de tranquilizarse pensando que si Bankia, el engendro resultante de la fusión forzada de Caja Madrid y el resto de entidades, salía a bolsa era porque tenía algún atractivo para los inversores, pero como ocurrió con PRISA, la salida a bolsa no fue más que una huida hacia adelante y una oportunidad de negocio, de esas que tanto les gustan a los trileros de la política y los negocios, una trampa de los que realmente conocían la receta del pastel que estaban cocinando, para quedarse con el dinero de otros.
Las acciones se desplomaron y el Estado entró en la Bankia expoliada en manos de Miguel Blesa y Rodrigo Rato, hombres ambos del siniestro Aznar y del PP, y los que creemos que las leyes se hacen para ser cumplidas y que el Estado tiene como principal deber la defensa del bien común volvimos a confiar en que se daría una solución razonable a nuestras cuitas. Pero volvimos a equivocarnos, porque se nos sometió a una quita de lo depositado, primero, y a un canje posterior y forzoso, hoy, de la cantidad resultante en acciones de Bankia que, curiosamente, desde hace dos días no hacen más que desplomarse en la bolsa, con lo que lo que ahora tenemos -sin posibilidad de vender durante un tiempo- es ahora mucho menos de lo poco que nos habían dejado.
Hoy, el día del canje, me entero de que las acciones que se han vendido masivamente, provocando el hundimiento del valor de las acciones, son casi el triple de las realmente existentes y es entonces cuando me pregunto para qué cojones existe una Comisión Nacional del Mercado de Valores, al frente de la que está una ex ministra de Aznar. También me pregunto qué hacía el PP pagando al ex presidente de Caja Madrid Miguel Blesa, como supimos ayer y sigo creyendo cierto, pese al burdo desmentido del partido y de él mismo.
Ayer, a la fuerza ahorcan, solicité que se someta a arbitraje mi caso y lo hice con la intención de que, si, finalmente, no s eme devuelven mis ahorros acudiré a los tribunales, aunque tenga que gastarme en ello hasta el último céntimo que me quede. Si no lo he hecho ya es porque soy de los que creen que "pleitos tengas y los ganes" y porque mi padre, de casi noventa años, me acompaña en este calvario y, de momento, su salud me importa más.
Como sabéis, a veces soy muy mal pensado y estoy empezando a creer que la presunta torpeza de Blesa y Rato no son tales, tampoco los palos de ciego que andan dando el Gobierno y Goirigolzarri no hacen otra cosa que forzar la devaluación de los depósitos en preferentes hasta el valor que están dispuestos a devolver y que el arbitraje no es más que un "mareo" a los estafados para evitar que sus reclamaciones ante los tribunales colapsen la justicia.
En resumen, esta caja podrida nos ha dejado el saqueo sistemático del PP y sus amiguetes, con el consentimiento del PSOE, IU, CC OO, UGT, CEOE y todos los presentes en los consejos que presidían Blesa y Rato, no es más que el paradigma del saqueo a que ha sido sometido nuestro pobre país en todos estos años. Y una cosa más nada desearía más que verles a todos, acompañados por el ex gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, y la presidenta del CNMV, Elvira Rodríguez, sentados en un banquillo y, a ser posible, condenados.
 
 
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sábado, 13 de abril de 2013

(EL DIARIO) EL PAÍS Y LAS PREFERENTES

 
 

Hoy, mi entrada se va a limitar a una sola pregunta, mejor dicho, a  dos preguntas

¿Por qué el diario EL PAÍS niega a sus lectores, o, al menos, no da el relieve adecuado, a la información revelada por eldiario.es sobre la existencia de un informe secreto de la Comisión Nacional del Mercado de Valores en el que se denuncian prácticas irregulares en la comercialización de participaciones preferentes y subordinadas a pequeños inversores de entre sus clientes, a los que, además de ocultarles información en la operación de venta, se les revendió ese "producto financiero" hasta entonces en poder de clientes más expertos y profesionalizados, al mismo precio que pagaron éstos, pese a su depreciación en el mercado secundario?

¿Por qué EL PAÍS fue uno de los últimos, si no el último, medio de comunicación en informar de la estafa de las preferentes y no lo hizo hasta varios días después de que la estafa fuese ya un clamor popular?

Ese informe da un vuelco a la situación de los clientes de Bankia  afectados por el fraude, porque, según los abogados que lo manejan, que piensa llevar el asunto a la Audiencia Nacional,obligaría a la entidad a devolver el importe y convertiría en responsables civiles subsidiarios a las directivas de Bankia, sus cajas matrices y la CNMV.

Sólo se me ocurre una respuesta para ambas preguntas, y es ésta: EL PAÍS se debe más a sus clientes y acreedores, Bankia entre otros, que a la verdad y a sus lectores.

 
 

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miércoles, 12 de diciembre de 2012

DESPIDOS EN BANKIA

 
 
Ya están aquí los treinta y tantos mil millones de euros para reflotar la banca, de los que Bankia se va a llevar la parte del león. Ya están aquí los fondos y ya están aquí los ajustes en Bankia y esos ajustes no le van a gustar al silencioso colectivo de sus trabajadores, entre otras cosas porque cinco mil de ellos se van a ir a la calle con sólo un poquito más de lo que les reconoce la Reforma Laboral. Pero no termina ahí la cosa, porque, además, los que conserven su puesto de trabajo verán reducido su salario en un cuarenta por ciento. Vamos que la marea de la crisis también alcanza a los que están a ese lado del mostrador y no sólo a los que estamos en éste.
La cosa es muy grave y no precisamente para los trabajadores de banca en su conjunto, quizá sí para estos mismos trabajadores tomados uno a uno, porque no todos son responsables del desastre que han vivido las casas. Yo viví en mis primeros años de profesión la que, nos dijeron, iba a ser la última reconversión bancaria. Fue hace treinta años y en ella tuvo mucho protagonismo el líder de la UGT de Banca, el canario Justo Fernández, que consiguió movilizar a un sector tradicionalmente dócil.
Pero aquellos tiempos pasaron y desde entonces es difícil recordar algún conflicto laboral en la banca, al menos en las cajas, que haya trascendido a la opinión pública.
Los convenios aprobados en el sector habían sido hasta ahora la envidia del resto de trabajadores, con alguna excepción como la de los controladores aéreos y los pilotos de líneas aéreas. Calendarios más que especiales, prejubilaciones muy ventajosas y a edades muy tempranas, salarios altos, facilidad en la obtención de créditos y, por si fuera poco, acceso a información privilegiada.
La patronal bancaria lo hizo bien, porque reconvirtió el que había sido un colectivo combativo en un conjunto de empleados dóciles que, sin apenas dificultad, fue sustituyendo por cajeros automáticos. De ahí a convertirlos en comerciales había sólo un paso y lo dieron convirtiéndoles en embaucadores de clientes, especialmente en los años locos de la burbuja inmobiliaria y los juegos de manos en los que lo que te vendían como depósito acababa convertido en la odiosa estafa de las participaciones preferentes.
Me duele decirlo, pero, de todos los colectivos cercados por el fuego de la crisis, es de los empleados de banca, especialmente los de lo que fue Cajamadrid y hoy es Bankia, es el que menos pena me da. Quizá su destino hubiese sido otro si se hubiesen negado a prestar su colaboración necesaria en lo que, si no ha sido delito, aún está por ver, ha sido a todas luces inmoral.
Ahora les llega el frío y el rechinar de dientes y no van a contar con el apoyo que están teniendo los médicos, los enseñantes y hasta los jueces. La gente no les quiere. Les ha querido y se ha fiado de ellos, pero ya no les quiere, al menos yo no les quiero, porque mi padre y yo mismo somos víctimas de sus estafas.
Me temo que no será así, pero me gustaría que entre los cinco mil despedidos estén todos esos que por una comisión, una palmadita del jefe o, simplemente, para alcanzar los objetivos impuestos por la empresa, no dudaron en llevar a cabo prácticas inmorales, abusando de la confianza depositada en ellos por sus clientes y la buena voluntad de la gente.
Me encantaría, como dice Rajoy que le hubiese encantado revalorizar las pensiones, que las cosas no fuesen así, pero así son. Por eso, me encantaría también que, como hace el monje que, porque se va del convento, se caga dentro, alguno de esos trabajadores haga aflorar información sobre lo que han sido las malas prácticas de sus empresas y que, a ser posible, esa información sirva para convertirlos en compañeros de partida de parchís de Díaz Ferrán en la prisión de Soto del Real. Sería precioso y emocionante.
 
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lunes, 12 de marzo de 2012

EL CORRALITO ESPAÑOL Y SUS CÓMPLICES


El pasado sábado y gracias a un reportaje de  Informe Semanal, el veterano programa de la, todavía y pese a Cristóbal Montoro más objetiva  de nuestras televisiones, la 1 de TVE, centenares de miles de españoles se enteraron de que, engañados por sus bancos, habían perdido todo control sobre sus ahorros, al invertirlos embaucados con añagazas que se repiten en todos los casos, en un producto, las participaciones preferentes, que, sin saberlo, quedaba a perpetuidad en manos de la entidad. Había nacido el corralito español.
Todo esto ocurre cuando ha pasado apenas una década desde que el presidente argentino, Fernando de la Riva, decretó las restricciones a la libre disposición del capital depositado en los bancos de para evitar –así  lo justificó- que el pánico descapitalizase la banca y colapsase el sistema.
Gente de toda condición se despertó aquel día mucho más empobrecida de lo que se había ido a la cama la noche anterior, porque en una economía “dolarizada” gran parte de los depósitos  y los créditos se efectuaban en la moneda norteamericana.  La prohibición se mantuvo vigente varios meses y concluyó con una reforma del cambio peso dólar que, en la práctica, supuso una devaluación del cuarenta por ciento de los depósitos.
Raro era el día que los telediarios y los periódicos abrían sus ediciones con las imágenes de ciudadanos indignados, cuando no desesperados, a las puertas de los bancos cerrados a cal y canto. Finalmente, aquella medida supuso la caída de dos gobiernos y una paralización de la ya renqueante economía argentina, de la que se beneficiaron algunas multinacionales, varias de ellas españolas, que aprovecharon las rebajas para hacerse con lo mejor del sistema productivo argentino.
Pues bien, ahora, casi una década después aquí en España, con el silencio cómplice de la misma prensa que abría ediciones con el caso argentino, la banca española ha levantado su propio corralito, mucho más perverso y taimado, en torno a los ahorros de más de un millón de españoles.
Todo tiene su origen en la burbuja inmobiliaria que produjo el recalentón de la economía española y que llevó a los carísimos gestores de las entidades a poner todos sus huevo en la cesta del ladrillo, entrampándose en suelo, promociones y viviendas que reflejaba en sus balances a precio de un mercado sobrevalorado artificialmente que acabó desinflándose y dejando un enorme agujero en sus cuentas.
Se intuía que la banca española no era tan solvente como decían sus responsables o como afirmaba Miguel Ángel Fernández Ordóñez, encargado de vigilarla, mientras empleaba sus apariciones públicas en regañar a los trabajadores, reclamando la bajada de los salarios. Pero, como la realidad es contumaz, Bruselas, pese al denodado esfuerzo de las autoridades y la prensa de aquí, acabó señalando la enfermedad de la banca española y exigiendo para ella un tratamiento de choque.
Fue entonces cuando los bancos y cajas cerraron el grifo del crédito, comenzaron a recibir ayudas de la Administración y emprendieron una loca carrera para captar fondos, sin  importar dónde ni cómo. Y alguien decidió que el dónde era en su cartera de clientes y el cómo, emparedando sus ahorros.
Todos –Caja Madrid, hoy Bankia, La Caixa, BBVA, Santander, etc.- lo hicieron y lo hicieron a conciencia. El producto trampa era el mismo y la estrategia también, por lo que cabe pensar que un cerebro gris, por encima de todos ellos, tuvo la idea, diseñó el plan y hasta dio cursillos a los empleados encargados de entrampara  sus clientes.
Se inventaron las participaciones preferentes ¿suena a cliente VIP y a propiedad, verdad? Pues no. Porque, en lugar de tomar tú una parte del banco, es el banco el que toma –y para siempre. Aunque ese dato está más que oculto- parte de tus ahorros. La estrategia de captación es propia de las sectas o de quienes practican el timo de la estampita: llamada a casa del director de la sucursal, “date prisa” porque sólo es para unos pocos y el plazo se acaba mañana… o pasado” te dicen, te presentas y, como siempre, te aturden como trileros y te dicen que, a los cinco años, puedes recuperar la inversión. En fin que sales de allí como si fuese el rey del mambo.
Pasan los meses y los intereses se van pagando. Nada te hace sospechar den dónde te has metido. Entre otras cosas, porque nadie dice nada. La prensa convencional, la de mayor tirada, no dice nada o, al menos, no lo dice en primera. Sí comienza a habar de ello la prensa especializada, pero ¿quién la lee? Y, claro, uno se lo explica porque los medios de comunicación atraviesan graves dificultades, los bancos y cajas se gastan una pasta en publicidad, les tiene pillados por los huevos -perdón, por los créditos- y, aunque se empeñan en aparentar lo contrario, son de moral “distraída”
Pero la marea de afectados desconcertados, entre los que hay ancianos, disminuidos, analfabetos, jubilados, parados y, en general,  gente humilde y confiada va creciendo. Algunos se están organizando a través de ADICAE para presentar, si cabe, una demanda colectiva por lo que a todas luces es un engaño. Y uno espera que así sea y que, no sólo se restituya a los engañados el control sobre sus ahorros, sino que se castigue a todos los actores que han intervenido en esta tragedia. Los directivos de las entidades, sus directores locales y empleados, colaboradores necesarios en el embaucamiento, el gobernador del Banco de España, la Comisión Nacional del Mercado de Valores que no advirtió con publicidad  suficiente de lo que estaba pasando y, si fuera posible, esa prensa engañosa que oculta las noticias que afectan negativamente a su caja.
Ahora, algunas entidades, tras comprobar que a Bruselas tampoco le sirve esta tramposa captación de fondos, pretenden canjear las participaciones preferentes por acciones, y lo hace en un momento en que la bolsa, especialmente algunos valores, se tambalea cada mañana.
En fin, practicas tercermundistas, propias de dictaduras en una democracia que presuntamente se ha dotado de mecanismos de control y persecución de acciones irregulares y delitos. Lo que tengo claro es que, de no encontrar una solución y pronto, más de un banquero y más de un bancario va a necesitar escolta, porque creo que va resultar cierto lo que ley en un cartel del 15-M que "es más delito fundar un banco que atracarlo".



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