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martes, 6 de noviembre de 2018

EL SOCIO, EL JEFE Y LOS CANALLAS


Hace siglos que los matrimonios, sobre todo entre familias poderosas, más que uniones sentimentales acaban siendo alianzas de poder o absorciones entre familias en el mundo de la empresa y el de María Dolores de Cospedal con Ignacio López del Hierro es un claro ejemplo de esto que os digo, porque, a la vista está, esa unión "santificada" hace nueve años, parece más una comunión de intereses entre la secretaria general del Partido Popular y su pequeño "Florentino" sevillano Ignacio López del Hierro, llegado de la política, con cargos en la UCD, al mundo de los negocios, en el que le faltan los días para sentarse en los consejos de administración a  los que pertenece.
Parece claro que el más beneficiado en esa unión ha sido el empresario, puesto que su posición y su influencia en el mundo de los negocios floreció desde que él y la “número dos” del Partido Popular. decidieron "juntar las meriendas". Sin embargo, costaba imaginar que, en una estructura tan sólida y tan presuntamente impenetrable como la de ese partido, el marido de una de sus dirigentes llegará a alcanzar tanto poder e influencia, sobre todo si ese poder y esa influencia se consiguen sin ostentar otro cargo que el de ser el consorte de la secretaria general.
López del Hierro, que en su día tuvo poder político y económico en Castilla La Mancha, donde con UCD fue gobernador civil de Toledo y consejero de  la intervenida Caja de Ahorros de Castilla La Mancha, se comportó como un mentor, si no como un padre, con su esposa mientras fue presidenta de la comunidad castellano manchega y cuentan que, de algún modo, supervisaba sus ruedas de prensa, algo que resultaba, por demasiado evidente, poco o nada estético, más cercano al papel de "madre de la Pantoja" que al de un marido respetuoso con el trabajo y las capacidades de su esposa, algo que al verse reflejado en la prensa, especialmente en EL MUNDO, provocó las iras de uno y otra.
Lástima que el tiempo que es lo que más dura de esta vida haya acabado poniendo al descubierto el papel de cada uno en ese matrimonio y más lástima que haya sido "gracias" a las grabaciones del comisario rata que, abusando de la confianza que evidentemente tenía con la pareja, registró para la historia más negra de la política española "los negocios" que se traían entre manos, especialmente López del Hierro y él, mientras contrataban la destrucción de pruebas de la trama Gürtel que, pese a sus esfuerzos acabó finalmente con las presidencias de Rajoy en el Gobierno y el PP, o el espionaje a Javier Arenas, rival y enemigo, de Cospedal o Alejandro Pérez Rubalcaba, hermano del por entonces ministro del Interior y autor, según este trío siniestro, de las filtraciones de la investigación sobre la trama a la prensa.
Quien se haya molestado en seguir el serial del que cada día  os medios nos dan cuenta de un nuevo capítulo se habrá dado cuenta de que la relación existente entre el comisario afortunadamente y desde hace tiempo encarcelado y el matrimonio era propio de algo más que "comercial", porque existía entre ellos, especialmente entre comisario y empresario, una confianza tal que llevó al comisario a traicionarse, revelando más o menos cuál era el método seguido para hacerse con las conversaciones y los mensajes de sus víctimas, una revelación que da prueba de la desesperación del comisario que, quizá dándolo todo ya por perdido, pone en peligro de su fuego amigo a quienes le facilitaban todo ese material a cambio de dinero.
Relajados estaban también cuando, como en una película de Agatha Christie, cargada de estrellas, asignan al final, con planos de esas estrellas los papeles, refiriéndose a la secretaria general del PP como "el socio" y, sin duda, a Mariano Rajoy como "el jefe". Todo un magnífico reparto para una serie de final incierto, a veces "Pepe Gotera y Otilio", a veces "Mortadelo", pero siempre con la gravedad de un Le Carré carpetovetónico. Un magnífico reparto que encabezan el socio, el jefe y estos dos canallas.


martes, 30 de octubre de 2018

Y, AHORA, COSPEDAL


Quien cría un perro de presa nunca puede estar seguro de que, al final, por hambre, por miedo o sólo por instinto, ese perro que pretendía lanzar contra sus enemigos no acabe revolviéndose contra él. Es exactamente eso lo que le está ocurriendo al PP y, por qué ocultarlo, a quienes han estado alguna vez en el poder. 
Cuando uno se presta al juego de valerse de las ratas para que le traigan información que le conviene para defenderse o atacar a sus enemigos nunca podrá estar seguro de que la rata vuelva a ese enemigo con informaciones parecidas, para fines similares y simétricos, tampoco de que en el nido de la rata se acumule, perfectamente clasificada, toda la basura recopilara en sus excursiones.
Ayer supimos, aunque decir confirmamos sería más preciso, que el siniestro comisario Villarejo se reunió también con la cúpula del PP, concretamente con la secretaria general del partido de la calle Génova, en ocasiones personalmente, en otras, utilizando al marido de María Dolores de Cospedal, Ignacio López del Hierro, para. utilizando la información privilegiada a la que tenía acceso desde su puesto en la Policía, orientar a la dirigente del PP en la estrategia a seguir en os casos de corrupción que cercaban al partido, específicamente la trama Gürtel o el caso Brugal que implicaba al presidente de la diputación de Alicante y al exministro Eduardo Zaplana.
En ese contexto, la rata comisario, informo a López del Hierro de cómo consiguió retrasar la entrega al juez de  un informe policial durante casi un mes, lo que resultaba oro molido dentro de la estrategia de la defensa del PP, que buscaba desesperadamente la prescripción de os delitos por los que estaban siendo investigados el partido y sus dirigentes, algo mucho más comprometedor que los comentarios inoportunos de la ministra de Justicia en aquella bochornosa sobremesa grabada por la rata Villarejo hace nueve años, cuando las posibilidades de que Dolores Delgado llegase a ser ministra eran poco menos que remotas.
La técnica del comisario hoy encarcelado era parecida a la de los pesqueros que lanzan sus redes con pesadas planchas que las hunden hasta el fondo marino arrastrándolas por él, como si materialmente lo arasen, levantando y conduciendo hacia la red todo lo que él había, peces, corales o mariscos, para, una vez a bordo, clasificar lo pescado, quedarse con lo más valioso y devolver al mar lo inútil.
Eso ha hecho Villarejo durante años, pasear al arrastre sus micrófonos y sus artilugios grabadores por todos los mares políticos que le interesaron, para "congelar" en sus archivos todo lo que le pudiera servir para chantajear a sus víctimas o, parece mentira que lo pensase, para defenderse de lo que se le podría venir encima en caso de caer en desgracia o ser descubierto.
Un proceder, el de este policía corrupto y miserable, que no nos cuesta imaginar después de haberlo visto en la ficción, pero que, aun así, asquea, al menos a mí me asquea, hasta la náusea. Imagináos la sordidez de la escena revelada hoy, con María Dolores de Cospedal, esperando a Villarejo, llegado directamente al garaje de la sede del PP en un cocha discreto, si n pasar por ningún tipo de control, para no dejar constancia de su visita, y llevado al despacho de la entonces secretaria general del PP, en la planta noble del edificio, aislada del resto y en obras, en una zona solitaria en la que sólo Rajoy y ella tenían despacho, una garantía de la clandestinidad del encuentro, Rajoy no estaba, para hablar de lo que sin duda hablaron.
El encuentro con Dolores Delgado y el juez Garzón tiene la excusa de que, por aquel entonces, no se conocían las actividades del policía, de hecho lo publicado de lo dicho allí es poco comprometedor para las "víctimas" de la grabación, pero los encuentros y las conversaciones que tuvo con Cospedal y su marido no tiene excusa, porque eran perfectamente conscientes, por lo que les estaba contando, de la catadura moral y la traición a sus funciones que estaba llevando a cabo el comisario.
Lo que no llego a entender de la estrategia de Villarejo publicando estos audios es qué pretende, porque de la conversación con López del Hierro hasta yo deduzco delitos y graves. Para qué lo hace entonces, s el PP no está en el gobierno y no creo que vaya a estarlo a corto plazo. No sé, quizá sea sólo venganza, contra todos y contra el sistema del que, en vez de servirle, se sirvió.
Lo intentó primero con la ministra de Justicia y no coló, ahora con Cospedal, quizá porque fue el apoyo imprescindible para que Casado llegase a la presidencia del PP, ese Pablo Casado, tan boquirroto habitualmente, que ayer, de repente, se quedó mudo.