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jueves, 1 de junio de 2017

MANDÍBULAS DE CRISTAL


Mariano Rajoy se ha caracterizado siempre por rodearse de una escolta de consumados fajadores, encargada de protegerle y proteger a los suyos frente a las oleadas que la oposición, la prensa o la Justicia acabaría provocando su peculiar manera de gobernar la nación y su partido. Podríamos citar, por ejemplo, al ministro Fernández Díaz, a Federico Trillo, a José Ignacio Wert o al mismísimo Alberto Ruiz Gallardón, al que se le fue la mano en su afán de agradar a lo más ultramontano del PP.
Gente capaz de soportar día tras día las críticas, las portadas y los "canutazos" de la prensa allá donde iban, gente acostumbrada, como el mismo presidente, a conseguir sus victorias "a los puntos", gente que en más de una ocasión han ganado sus combates por el desfondamiento de sus rivales, siempre dispuesta a esperar sentada a que pase ante su puerta el cadáver de su enemigo.
Sin embargo, todo aficionado al boxeo sabe y los que, como yo, nos hemos cortado el pelo allá por los años sesenta en una peluquería de barrio, más, cuando la peluquería estaba a medio camino entre el Campo del Gas o la plaza de toros de Vista Alegre,  no ignoramos que un boxeador puede ser "fino estilista" o "consumado fajador", también, que lo que nunca puede permitirse es tener "la mandíbula de cristal", esa que permite derribar gigantes con un único y certero golpe, y ese es, por desgracia para él, el punto débil de alguno de los más leales servidores de las causas nos siempre nobles del señor Rajoy.
Le pasó con su amigo y protector de su padre José Manuel Soria. elevado al rango de ministro del reino en su categoría de Comercio, Industria y Turismo, hijo de un naviero canario, con amigos e intereses en el sector turístico, dispuesto a aguantar impertérrito el saqueo de las eléctricas a sus clientes, del que los "Papeles de Panamá" desvelaron un turbio rastro familiar y personal en ese mundo de ficción empresarial que, a la postre, es ese país desgajado de Colombia e inventado por los  Estados Unidos para asegurarse el control del canal que une Atlántico y Pacífico en Centroamérica. Soria que había cumplido a plena satisfacción, gracias a su temple y su cinismo, con los planes del PP en los sectores bajo su influencia, no fue consciente de que el pasado, por más remoto que sea en el tiempo y la distancia, siempre se empeña en volver y aflora cuando menos falta hace. Gracias a la interesante filtración, convenientemente elaborada por un pul de periodistas internacional, de los archivos de un despacho de abogados panameño, especializado en esconder capitales, supimos que Soria y su familia tuvieron una empresa en el país del canal, destinada a escamotear los beneficios de sus consignatarias del fisco español.
Fue un golpe certero que desconcertó al gobierno y al propio ministro Soria. Tanto que, quizá con el fin de ganar tiempo, comenzó por negarlo todo, con el respaldo de su amigo Rajoy, sin saber que todo lo publicado por El Confidencial estaba "atado y bien atado", lo que permitió a los medios jugar al gato y al ratón con un cada vez más balbuceante José Manuel Soria que, al final, pillado en todas y cada una de sus mentiras, algunas infantiles, se vio obligado a dimitir por eso, por mentiroso,
Ahora nos enfrentamos a algo parecido con el responsable de la Fiscalía Anticorrupción, nombrado por el ministro Catalá con todos los pronunciamientos en contra para verter sobre el engranaje de la Justicia la arena de los intereses del tambaleante PP, para retrasar y entorpecer, si no evitar, que el partido de Rajoy se cueca en el jugo de su corrupción en los tribunales. Y ha pasado que, cuando nos tenía acostumbrados a verle permanecer impertérrito ante las críticas de sus subordinados, la prensa, la oposición y la ciudadanía, una información de Infolibre puso al descubierto la existencia de una sociedad familiar en Panamá, con la que los Moix ocultaban la propiedad de un chalé en la sierra madrileña, algo incompatible no sólo ética, sino también estatutariamente con la carrera fiscal. 
La actitud de Moix, tratando de dinamitar la información cuando estaba a punto de ser publicada filtrando una versión interesada al periódico de Pedro José Ramírez, primero, y saltando de excusa en excusa, cada vez más infantiles, después, ha dejado al fiscal al pie de los caballos y pendiente de dimitir o ser cesado quizá hoy mismo "para no perjudicar a la institución" ya de por sí perjudicada por sus arbitrarias decisiones, desde que, en el ámbito de Madrid, fue desmontando, uno por uno, todos los asuntos que afectaban al PP y sus dirigentes que caían en sus manos.
Moix, como buen fajador que es, podría haber aguantado el chaparrón de las críticas a su gestión, pero ese gancho, directo a su mandíbula de cristal, tan parecido al que dejó a Soria tumbado sobre la lona, va a acabar con él. Habrá que saber que suculenta bolsa le tiene preparada Rajoy, como intentó darle a Soria, para pagarle tan buenos servicios prestados.

miércoles, 13 de abril de 2016

COMO CAMPS, COMO ROLDÁN...

De todos los personajes cuyos nombres han aparecido hasta ahora en los papeles del despacho Mossack-Fonseca, el más patético sin duda, aunque seguido de cerca por Bertín Osborne, con sus malos modos y su nada santa indignación, es José Manuel Soria que, con su tozudez y su casi infantil modo de mentir, va de radio en radio, de televisión en televisión, siempre amigas, claro, desvelando poco a poco y a regañadientes la realidad que desde un primer momento denunciaban los papeles. Tanto ha mentido y en tantos sitios, que, de haber sido de madera, como Pinocho, no habría espacio en este mundo para contener su nariz.
Soria, como los malos estudiantes, evita el mal admitiendo la verdad "de a poquitos" y pasa del "ni yo ni mi familia tenemos nada que ver" a admitir que la empresa a la que se le vincula en los papeles fue fundada por su padre que tuvo en vida la mitad de las acciones. Pasó de la firma que figura al pie de los documentos se parece a la de mi hermano a admitir la relación, paso del "todo es una coincidencia, un error", un error que, por cierto, se repite tozudamente en Panamá y en Londres, a admitir que fue durante un tiempo administrador de las sociedades aludidas, aunque nunca asistió a ninguna reunió ni tomó decisión alguna.
Mentira tras mentira, datos que, sólo cuando se evidencian en pruebas tan solventes como las hojas del registro mercantil británico, se admiten y se admiten con excusas tan infantiles como que, si no lo había hecho antes, era porque no s e le había preguntado por ellos. Un tipo balbuceante de mirada huidiza, demasiado parecido, para mi gusto, a José María Aznar, del que parece un clon dos o tres tallas más grande, un tipo al que nadie se atrevería a comprarle un coche de segunda mano, que, para nuestra desgracia, es el ministro de la luz, el gas y el agua y, siempre, a favor de los poderosos que sientan a sus amigos y colegas, a los de su clase, en sus consejos de administración.
Y qué se podía esperar de quien pretende cobrar impuestos al sol, de quien, para desalentar a los que pretender independizarse de la tiranía de las eléctricas, les hace pagar cada kilovatio como si les llegase envuelto en celofán y, además, lo explica o, al menos, pretende hacerlo. Brillante carrera para un tipo gris donde los haya que, sin embargo, ignoraba que el pasado le aguardaba en los ficheros de un despacho de abogados en ultramar y que la prensa ya no es lo que era y la información, de un modo u otro, acaba por fluir libremente.
José Manuel Soria, acorralado por la verdad y sus propias mentiras, me recuerda al Francisco Camps de las mentirijillas sobre los trajes, al que sólo un tribunal complaciente libró de la condena, pero que tuvo que dimitir, para ver desde el Consejo Consultivo de la Generalitat como su partido se estrellaba en las autonómicas y como salían a la luz los chanchullos que tuvieron lugar bajo su gobierno.
También me recuerda quizá más todavía, a aquel Luis Roldan que peregrinaba por estudios y redacciones con su carpeta de excusas y aquella bolsita de cuero de contenido ignorado que siempre interponía entre él y sus interlocutores, más propia de un espía que de todo un director de la Guardia Civil, Roldán que juraba y perjuraba, nunca mejor dicho, su inocencia, acabó juzgado y en prisión tras una rocambolesca huida. Ahora, quien citara a la prensa en lujosos hoteles de París, parece que vive humildemente en un piso de mala muerte, 
Ese pequeño detalle, ese final, parece ser lo único que le separa del todavía ministro Soria y del ex presidente Camps: haber sido tan canalla y tramposos como ellos, pero no haber compartido una cuna noble que le pusiese a salvo de la desgracia final., Peri, en el fondo, Soria es como Camps, como Roldán...

martes, 5 de abril de 2016

EL DINERO Y LAS REGLAS


Tiene toda la razón Íñigo Errejón cuando lo dice. Que los que tienen mucho dinero se pueden permitir saltarse las reglas es una obviedad, pero no por ello hay que dejar de decirlo y darlo por sabido. No hay más que ver la nómina de los titulares de las sociedades "offshore" desvelada en los "papeles de Panamá", una nómina que afecta sólo a los clientes de un despacho, el de Mossack y Fonseca, con doce jefes de Estado o primeros ministros, ciento veintiocho políticos, sesenta y un familiares de estos, además de futbolistas y actores y creadores. Cientos, miles, de nombres entre os que no está el de ninguno de los vecinos de mi calle, ni siquiera el del comerciante más próspero.
Lo más curioso es que, nada más hacerse pública la lista de algunos españoles pillados en ello y tras las primeras reacciones de "santa" indignación, comenzaron a llover las exculpaciones y las excusas, Excusas que casi iban todas en la dirección de "fue hace mucho tiempo" o la de "esas sociedades no han tenido nunca o hace mucho tiempo que no tienen actividad", excusas curiosas cuando de todos es sabido que esas sociedades cuestan dinero y que, si se compran, incluso con sedes vacías, es para algo, porque nadie se compra un apartamento al que nunca va a ir o que no va a alquilar.
Lo que no nos dicen es que todas esas sociedades fantasmas son algo más que oficinas destartaladas y llenas de polvo. lo que deberían decirnos es que son verdaderas pantallas o, mejor dicho, espejos con los que despistar o marear a las haciendas de los países de origen de las fortunas, las que abren a los contribuyentes de a pie una paralela por un "quítame allá diez euros" y pierden el rastro de quienes realmente defraudan y sangran el país en la sala de espejos de los paraísos fiscales que, como ideó el genial Orson Wells para la última escena de "La dama de Shangai", multiplican hasta el infinito el objetivo, haciendo imposible acertar al verdadero blanco, dejando a salvo a la dama y su marinero.
Y es que la cosa no es tan sencilla como parece. Hace falta una sofisticada red de sociedades y otra no más sencilla de testaferros profesionales que permite ocultar los patrimonios y esconder a sus verdaderos propietarios. Y para qué tanto esfuerzo y tanto coste. Supongo que hay muchas razones, pero no se me quita de la cabeza que, si hay tantos jefes de Estado no es precisamente para obras de caridad. Más bien me inclino a pensar que, para ellos, son como la lata en que se esconde la sisa de la compra, ese dinero de difícil justificación que se va acumulando y que resulta tan útil cuando vienen mal dadas y hay que cerrar la puerta por fuera.
Por eso estoy esperando una explicación de Pilar Borbón o de la Casa Real que la justifique y nos aclare el porqué de unas cuentas que se abrieron y se cerraron coincidiendo con momentos clave de la vida de su familia, especialmente relacionados con las fechas de principio y fin del reinado de Juan Carlos, su hermano.
Supongo que, como a toda persona decente, la sacudida que en mí han producido las revelaciones de estos "Papeles de Panamá" me ha llenado de indignación y preguntas. Preguntas como la de por qué no se investiga sistemáticamente a quienes acuden a estos despachos, a quienes ponen sus deberes para con hacienda en manos de asesorías y despachos de abogados especializados en derecho financiero que, a cambio de carísimas minutas, ahorran a estos contribuyentes a base de ingeniería y triquiñuelas una importante parte de los impuestos que corresponderían a la riqueza obtenida de o en nuestro país y que deberían revertir en el bienestar de sus conciudadanos.
Preguntas a las que, me temo, nadie dará respuesta, porque hay demasiados intereses creados y, lo que no es menor, porque hay mala conciencia, especialmente en el PSOE que ha hecho y deshecho leyes a la medida de los poderosos, unas veces directamente por encargo de los poderosos que tan generosamente les tratan, a ellos, no a sus votantes, y otras forzados por la presión externa sobre la deuda que hacen esos fondos de inversión y esos bonos que se alimentan del dinero que unos pocos esconden en sociedades fantasma en paraísos fiscales que "venden" despachos como el de Mossack y Fonseca.
Como dice Errejón, el dinero ayuda a saltar las reglas que debieran ser para todos y quienes se las saltan y quienes les ayudan a hacerlo debieran saber que todo tiene un límite y que, cuando lo único que queda es el miedo, el miedo también acaba por perderse.