miércoles, 28 de marzo de 2018

OTRA VEZ LOS DOS HUEVOS DUROS"


Perdido, quizá para siempre, el voto al Partido Popular en Cataluña, debido en gran parte a la mala cabeza de Rajoy, que, con su desprecio a las legítimas aspiraciones de los ciudadanos que le movió a llevar a un Tribunal Constitucional a su favor el Estatut aprobado por el pleno del Congreso, dejó que el independentismo creciera en las urnas hasta límites que ni los independentistas esperaban en sus momentos,  con ese panorama de enfrentamiento en las calles y en los hogares, con el bloqueo en las instituciones, con las excursiones de los artífices del "procés" a los tribunales, las prisiones y el "exilio", con la calle del resto del país alzada en reivindicaciones contra su política basada en recortes que sólo han traído miseria, dolor y desigualdad a los que más necesitan del estado y riqueza a los de siempre, con ese panorama, y para defenderse con su verdadero enemigo en las urnas, Ciudadanos, Mariano Rajoy, in rubor ni vergüenza ha sacado a pasear al ministro Cristóbal Montoro en su versión hada madrina.
Jubilados y pensionistas, policías y guardias civiles y la gente que menos gana se habían echado a la calle, desmintiendo los clarines de la euforia económica del Gobierno, que sólo ha llegado a los que más tienen, y, claro, un fallo del sistema, todos esos desharrapados que nunca se hicieron un plan de pensiones y que lo poco que ganaron se lo gastaron en un piso para la vejez o para los hijos, también votan y, después de haber pasado tanto le han dado la espalda a Rajoy y su "milagro económico"-por cierto, el último lo hizo Rodrigo Rato- volviendo su mirada hacia la derecha emergente, sin pasado y más extrema en lo económico que el propio PP, pero mucho más maquillada.
Por eso la pugna electoral va a ser, en esta ocasión, entre PP y Ciudadanos, primero en ayuntamientos y en la mayoría de las comunidades autónomas, de aquí a un año y medio, y, luego, en las generales, si es que Rajoy y los suyos llegan vivos a ellas. Pero Ciudadanos no es un enemigo al uso, uno de esos fáciles de distinguir frente a los populares de siempre, Ciudadanos y el PP llevan, unos con más maquillaje que otros, el mismo mensaje, con la ventaja para Rivera de que los suyos nunca han gobernado y, por lo tanto, no han sido pillados en mentiras.
Mal socio el que no es más que una versión actualizada de sí mismo, mal socio, porque, además, conoce de sobra el mercado y se maneja en los medios de comunicación como el PP, cargado de culpas, cuando no de delitos, no puede hacerlo. Mal socio, también, porque es ventajista y, por lo que parece, cualquier cosa menos leal.
Ciudadanos ha decidido, finalmente, apoyar los presupuestos de Rajoy, que, no nos engañemos, son también y con este panorama más, los suyos. Pero lo hace "vendiendo" que esos presupuestos, en lo que tienen de cesiones ante pensionistas y en favor de la natalidad, son los suyos, que han ayudado a humanizar los números de Montoro. Ciudadanos presume, además, de la irresponsable bajada de impuestos que contribuirá a mermar las reservas y propiciará un aumento del déficit, el hasta ahora campo de minas que nunca había que atravesar.
Tan grande ha sido la sorpresa que la traición de Rivera ha causado en las filas del PP que el ministro de Hacienda se ha visto obligado a pujar en la subasta, aumentando en un punto la todavía miserable subida de las pensiones más bajas y elevando el límite para hacer la declaración del IRPF, además de rebajar al diez por ciento el IVA del cine que, como castigo al sector que más se significó en el "No a la Guerra" subieron al veintiuno.
Eso y mucho más, para desactivar la aparición triunfal de Albert Rivera colgándose medallas, otro "y dos huevos duros" preelectoral e
irresponsable, en este camarote de los Hermanos Marx, con el que unos y otros se juegan nuestro dinero y el de nuestros hijos, rebajando impuestos y aumentando pensiones y ayudas, lo que según el propio Rajoy sería "gastar lo que no se tiene" 
Una de dos, o Rajoy nos engañaba entonces, cuando destrozó nuestro estado de bienestar, o pretende engañarnos ahora. Aun así, no hay que preocuparse, porque a los huevos duros aún les queda mucho para estar listos y el PNV, dueño del cazo, aún no ha puesto el agua a hervir.

martes, 27 de marzo de 2018

DEMASIADAS TRAMPAS, NINGUNA SOLUCIÓN


Hace semanas que me pregunto quién ha dicho a los catalanes y en particular a los dirigentes de sus partidos independentistas que todo lo que han hecho y están haciendo no iba a tener consecuencias, que les iba a salir gratis. A veces les imagino en una burbuja a muchos metros del suelo, desde la que, al resto de los mortales, nos ven chiquititos y torpes. En cierto modo no les culpo, porque no siempre la respuesta que se ha dado a sus aspiraciones ha sido la más adecuada. Ha habido demasiados "a por ellos", demasiados boicots y demasiado desprecio cerril y ciego como para no sentirse ofendidos, pero, de ahí a pasarse por el arco del triunfo la legislación propia y ajena, desde la Constitución a su Estatuto, cambiando las leyes sobre la marcha, como, entre niños, el dueño de la pelota cambia las reglas del partido a su conveniencia.
La verdad es que los nacionalistas catalanes, porque ni Pujol ni Mas fueron nunca independentistas, a lo largo de los años se habían permitido negociar con ventaja frente a los distintos inquilinos de la Moncloa, socialistas o populares, tirando del extremo de la cuerda hasta que Rajoy, embarcado en una cruzada contra Zapatero desató el populismo más burdo, lanzando su campaña contra Cataluña , en la calle pidiendo firmas contra el Estatut, aprobado, refrendado y firmado por el rey Juan Carlos, que, finalmente fue "cepillado" por el Tribunal Constitucional.
A partir de ahí, pese a que en el Congreso los votos de los nacionalistas se sumaron a los del PP en sus proyectos más derechistas, la brecha abierta entre PP y CiU hizo imposible cualquier acuerdo de legislatura y unos y otros, Rajoy y Mas con los suyos, se echaron al monte populista con el peor de los descaros. Todo, mientras los catalanes, convenientemente aleccionados por los medios cada vez menos objetivos, comenzaron a sentirse maltratados y a culpar de las consecuencias de la crisis y los anticipados recortes que, por iniciativa de Mas, se adelantaron con especial dureza en Cataluña.
En ese clima, el president, acosado también por la corrupción de su partido y la de su mentor, Jordi Pujol, emprendió una huida hacia adelante, envuelto, ahora sí, en la bandera de la independencia, en la que trampeando las fechas de las elecciones y cambiando de siglas, como quien cambia de camisa, haciendo de la independencia y del procés, hasta entonces un mito, en el único objeto, en la coartada perfecta para calmar a la calle, soliviantada por sus duras medidas anticrisis.
Me duele decirlo, porque tengo familia y amigos en Cataluña, pero hace tiempo que no les reconozco. Se han vuelto tan ciegamente sectarios como los energúmenos del "a por ellos", comparten sin rubor y sin pararse a pensar, los "fakes" más inverosímiles, sin fecha, descontextualizados y manipulados, engordando la espiral de confusión y odio que confunde y ciega, incluso, a la gente, que la hay aquí y allá, de buena voluntad. 
Quizá por eso no son capaces de ver lo evidente: que detrás de cada paso dado, desde la ocupación sectaria de los órganos del Parlament de Cataluña, con Forcadell y con Torrent, la elaboración, sin luz y sin taquígrafos, de leyes sometidas a votación sin tiempo para ser estudiadas por la oposición, el abuso de una mayoría de escaños, propiciada por una ley demasiado imperfecta, contra una mayoría de la población, la aprobación por mayoría simple de la declaración de independencia, cuando para modificar el Estatut, que revocaba, eran necesarios dos tercios de la cámara, la convocatoria de un referéndum ilegal, sin censo y sin garantías, los oídos sordos hechos a las advertencias de los letrados del parlament y a los solemnes y reiterados avisos del Tribunal Constitucional, que, por escrito, advirtió de los delitos y las penas en que incurrirían quienes ignorasen sus resoluciones... 
En fin, toda una cadena de trampas y delitos, para los que se hicieron necesarias la ambigua tibieza de "los comunes", el empuje, en el parlament y en la calle, de la CUP y la perfecta y cara maquinaria de ANC y Omnium, siempre lista para llenar las plazas y avenidas de manifestaciones y concentraciones perfectamente coreografiadas con pancartas y consignas lujosamente serigrafiadas. 
Una serie de hechos escandalosos, perfectamente compensados por la torpeza del gobierno de Rajoy, especialmente su ministro Zoido y su represión desmedida, y por la dureza mostrada por los jueces, enviando a los dirigentes del procés a prisión, aunque ajustándose a la ley y con pruebas, haciendo que los villanos se volviesen víctimas Todo un "toma y daca" de unos y otros que ja conducido a que desde hace cinco años el gobierno de Cataluña no se ocupe de los catalanes.
Y en medio de todo, las "excursiones patrióticas" de Puigdemont y los suyos, que, creyéndose más listos que nadie y asesorados por quien no se corta a la hora de decir que nadie puede perseguir a su  president, llevan meses jugando al "a la manga riega, que aquí no llega" hasta que, Puigdemont fue detenido el domingo en territorio alemán, comprobando quizá en sus carnes, tan hechas ya a Bélgica, qué leyes y a qué gobierno respeta la Unión Europea que un día dijo tener de su parte.
Una sarta de mentiras tramposas que en absoluto buscan soluciones y una continua y absurda petición de soluciones, sobre todo, de diálogo, absurda porque ningún escenario mejor para ese diálogo que reclaman que el Parlament de Catalunya, abierto desde hace tres meses en esta legislatura, pero para uso exclusivo de su presidente de parte, Roger Torren, y sus teje manejes.

viernes, 23 de marzo de 2018

¿A QUÉ JUEGAN?


El procés catalán va camino de convertirse en uno de esos culebrones televisivos que los guionistas alimentan artificialmente a base de lugares comunes y situaciones perfectamente previsibles, con el único objetivo de aguantar en la parrilla una semana más. Un capítulo a la semana que nunca resuelve la trama, porque de sobra saben que, cuando la trama se resuelva y llegue el desenlace, el trabajo se acaba y, para muchos de ellos, el destino va a ser la calle.
De momento, los soberanistas van salvando los muebles, capeando el temporal, sorteando el oleaje y las dificultades que les levanta la competencia, léase el Gobierno y la Justicia, léase el artículo 155 y la prisión. Sin embargo, ese "de momento" ese día a día, esa semana a semana, ese juego de acciones y reacciones puede llevar, está llevando, irremisiblemente al aburrimiento.
No hay más que ver el "ale hop" improvisado por el president del Parlament, Roger Torrent, con la convocatoria de ese pleno sobrevenido y celebrado ayer, de prisa y corriendo, tras conocerse que el juez Llarena, del Supremo, comunicará hoy a diputados y cargos del Govern investigados la decisión de procesarles o no, con las consiguientes entradas en prisión, un movimiento del juez que persigue, sin la menor duda, poner cruces sobre los presidenciables que Junts per Catalunya y ERC proponen.
El juego ha alcanzado tal nivel de perversión que ya resulta evidente que, en este ajedrez diabólico, digno del atormentado Bergman, lo menos importante es el bienestar de los catalanes, la continuidad de su autogobierno y el prestigio de las instituciones de este país.
Lo de ayer tarde rayó en lo que el ser humano puede soportar: largas horas de pleno pretendidamente solemne y trascendente que ni al mismo candidato a la presidencia le llegó a interesar, porque, como todo buen guionista sabe, cuando se conoce el desenlace, el capítulo se hace insoportable y Turull sabía de sobra que nunca obtendría los votos suficientes, porque un hombre de Pujol, un empleado le de Pujol según la CUP, jamás iba a tener los votos de la candidatura radical.
Por si fuera poco, no cuesta nada imaginar que Jordi Turull tenía su pensamiento fuera del salón de plenos, sabiendo como sabía y sabemos que estaba citado para esta mañana con el juez Llarena en su despacho del Supremo, donde le comunicará su procesamiento y, muy probablemente, su ingreso en prisión, con lo que la imagen, el gran titular, buscado por los soberanistas, de un president electo de la Generalitat fuese enviado a la cárcel por un juez "español" se desinfló por la abstención, mitad por coherencia, mitad por aguar la fiesta, haciéndose valer, de la CUP.
Lo único que sacamos ayer de los movimientos de unos y otros es que sólo quedan dos meses para salir del laberinto, porque, con el debate, echó a andar el reloj que descontará, minuto a minuto, los dos meses que faltan ya para tener presidente o nuevas elecciones.
Es verdad que entre tanto aburrimiento cabe la sorpresa, sorpresa como la que acaba de dar Marta Rovira, anunciando cuando debería comparecer ante el Supremo, que prefiere fugarse y salir de España, siguiendo los pasos de Puigdemont.
Pensaba concluir este texto diciendo que el procés estaba resultando tan aburrido que las cuitas de Cifuentes y su máster fantasma habían robado la primera plana de la actualidad al frustrado pleno de ayer, pero los guionistas han encontrado una salida al aburrimiento, poniendo en fuga a la ex diputada Marta Rovira. Un fogonazo, una traca, que alargará unos días la supervivencia del serial, al menos los que tarde en instalarse y explicarse en el destino que elija. Así que el juego, sea cual sea el que están jugando, de momento sigue.

jueves, 22 de marzo de 2018

IMPRESENTABLES


Ayer, extraño día de frío y viento en Madrid, lo que muchos madrileños sentimos fue bochorno, el bochorno de comprobar que nuestra sanidad, nuestra educación, nuestros mayores, están en manos de un personajes como Cristina Cifuentes o el bochorno de que el prestigio de la universidad, tan en duda últimamente, se deterioró ayer un poco más, tras la penosa actuación del "trío de la Rey Juan Carlos".
Nos habíamos desayunado con una impecable información del digital eldiario.es, según la cual, dos de las calificaciones que permitieron a la presidenta de la Comunidad de Madrid obtener un máster en derecho autonómico habían sido manipuladas por una funcionaria. La manipulación, evidente, no fue negada, incluso había sido admitida por la persona que entró en el expediente para cambiar las notas de "no presentado" a notable, pero, más allá de ese reconocimiento, no hubo más que silencio, horas y horas de un estruendoso silencio sólo roto por versiones y justificaciones balbuceantes, aceptables para el niño que ha roto un cristal con su balón, pero intolerables en un rector y dos catedráticos o en todo un gabinete presidencial.
Nada sería más fácil que presentar las actas, el trabajo que dice haber presentado a la universidad o las oportunas certificaciones de los pagos de las matrículas abonados a la universidad. Nada sería más fácil para quien presume una y otra vez de ser hija de un militar, general de Intendencia para más señas, que tener ordenados sus papeles personales tan bien como ordenado debe tener su bien surtido ropero. Nada sería más fácil y, sin embargo, el trabajo de fin de máster que en la universidad nadie recuerda, no aparece, quizá porque, en la época en que debería haberlo redactado y presentado ante la universidad, Cifuentes estaba al frente de los antidisturbios encargados de reprimir las protestas en contra los recortes impuestos por su partido.
Por si fuera poco, la comparecencia del rector y los dos catedráticos responsables de las materias en duda fue de lo más penoso que recuerdo. Los tres llevaban escrita en la cara la poca consistencia de lo que estaban diciendo, al tiempo que los gestos y los tropiezos en su discurso desmentían, como sólo puede hacerlo el lenguaje no verbal, sus aseveraciones. Un esfuerzo inútil, el de Cifuentes y los profesores, si previamente no coordinan, visto el resultado no lo hicieron, sus versiones. 
El espectáculo fue lamentable. Malo, muy malo, para la universidad que, ayer, en lugar de un lugar pulcro y respetable pareció más bien el obrador de una pizzería en día de partido. Quién puede fiarse ahora de una universidad cuyo rector plagia, que contrata a la gente por sus apellidos y sus afinidades políticas, que más parece una fábrica de puertas giratorias que un lugar de respeto y que, tartamudea a la hora de dar el paradero de un trabajo del que dependería el futuro académico de una presidenta de Comunidad que, pronto, puede quedar en paro.
No sabéis cómo me alegro de que mi hija haya pasado ya por la universidad y que la suya no fuese esa casa de "tócame Roque" que parece ser la Rey Juan Carlos, creada a imagen y semejanza del Partido Popular de "los buenos tiempos", llena de cargos del PP y viceversa, todo a cuenta de los impuestos de los madrileños.
El de ayer fue, como digo, un día de bochorno y que deje de serlo depende de los partidos de la oposición en la Asamblea de Madrid. Para ello, deben exigir todas las aclaraciones, explicaciones y responsabilidades que haya menester. Sólo así, con serenidad y rigor, podremos recuperar, yo al menos, la confianza perdida en ambas instituciones, la Rey Juan Carlos y la Comunidad de Madrid.
Cristina Cifuentes tardó más de catorce horas en aparecer y, cuando lo hizo, fue en terreno amigo, con control de daños asumido. No fue capaz de hacerlo en rueda de prensa, ni siquiera en un pasillo, para someterse a los "canutazos". Tampoco apareció su trabajo y dudo que lo haga, quizá porque una y otro no pueden presentarse en público, porque son eso: impresentables. El trabajo porque no parece haber existido nunca y la presidenta porque no tiene vergüenza.

miércoles, 21 de marzo de 2018

CIFUENTES, TRAMPOSA


Cristina Cifuentes, la impasible, la que nada sabía, la que nada decidía ni hacía, en medio del charco de corrupción en que se convirtió la Comunidad de Madrid en manos del PP, Cristina Cifuentes, la sucesora de Ignacio González y Esperanza Aguirre en el gobierno y en el partido, a estas horas debe  estar dando gracias por ser española y no alemana, porque lo que hoy revela eldiario.es, la burda falsificación de notas con la que obtuvo un martes hace tres años, es un asunto muy feo, tan feo como para que en Alemania, el modelo a seguir en Europa, los ministros dimiten por cosas parecidas.
Resulta que Cifuentes, además de hacerse la rubia, aprueba y con notable, sin presentarse al examen. Para qué va a presentarse, si, al final, una funcionaria, accediendo ilegalmente a su expediente cambia los "no presentada" por rutilantes "notables", proporcionándole un máster en derecho autonómico que no merecía y que inmediatamente fue a recoger, para luego fotografiarse con la funcionaria felona, que la "benefactora" no dudó en usar como foto de perfil en las redes sociales. 
El asunto, perfectamente documentado, tuvo lugar en una universidad pública, la Rey Juan Carlos, cuyo anterior rector se vio envuelto en un escándalo de publicaciones hechas a base del despreciable "corta y pega", recurso de vagos, malos estudiantes y algún que otro literato. El marco perfecto para una "aventura" impropia de quien ha ostentado importantes cargos en el Partido Popular, el gobierno de la nación y, ahora, la Comunidad Autónoma de Madrid.
La funcionaria implicada, que accedió al sistema informático irregularmente, porque nada tenía que ver con aquel máster, ha reconocido su participación en la trampa, lo que podría llevarle a perder su carrera en la administración, pero se ha excusado diciendo que seguía instrucciones de un profesor al que no ha querido identificar. Un reconocimiento de poco mérito, porque, por suerte o por desgracia, cualquier intervención en los sistemas informáticos, más cuando son el soporte de documentación, deja una huella que permita saber quién y desde dónde comete la intrusión.
Lo de la presidenta Cifuentes es ya harina de otro costal, sus explicaciones, que no excusas, porque no reconoce su trampa, son de primero de Antoñita la Fantástica, porque insiste en haber aprobado las dos asignaturas en convocatorias posteriores, a pesar de que no consta que se hubiese matriculado para ello. Pero a ella, que ayer mismo se defendió de los interrogatorios de Podemos, Ciudadanos y Podemos en la comisión que investiga la financiación irregular del PP, como si de una Agustina de Aragón rubia se tratara, sorda y vociferante ante preguntas más que incómodas.
Cristina Cifuentes debería pensar ya en su dimisión, porque, en adelante, difícilmente se va a poder confiar en quien mente de forma tan descarada y tan a la desesperada. Ahora, una vez sabido todo lo relativo al escándalo de sus notas, va a ser muy casi imposible creerla en otros asuntos. En Alemania se dimite por cosas como estas y no sólo en Alemania. Aquí parece que no, pero no debería ser así, porque lo último que necesitamos es una presidenta tan ambiciosa y tan tramposa.

martes, 20 de marzo de 2018

¿ARDE LAVAPIÉS?


Cinco días después de la muerte del trabajador senegalés Mame Mbayé, por fin vieron la luz unas imágenes, las del desesperado intento de reanimación al que le sometieron en plena calle varios policías municipales, que aclaraban en gran medida lo sucedido y desmontaban los bulos que la irresponsabilidad o la maldad de algunos incendiaron las calles de un barrio tan acogedor y amable como el de Lavapiés. El esfuerzo de los policías madrileños dista mucho de la imagen que, de ellos, en este caso concreto, se estuvo dando durante horas y debería avergonzar a más de uno.
No llego a entender qué nos está pasando, qué mal nos aqueja para que nos hayamos vuelto incapaces de reflexionar antes de reaccionar, incapaces de distinguir la realidad, incapaces de rechazar lo que no es sino una bola de medias verdades, intereses y odios que rueda por las malditas redes, mientras nos cuesta demasiado confiar en quienes con las debidas precauciones sólo tratan de explicar lo sucedido desde los datos contrastados. 
Cuando ayer vi a los policías municipales, hasta siete, atendiendo al infeliz Mame, lo primero que se me vino a la cabeza fue esta pregunta ¿por qué esas imágenes han tardado tanto en ver la luz? No sé quién las grabó en su teléfono móvil ni en qué ha estado pensando durante estos cuatro largos días para retener un documento que, como ese, ayuda a explicar lo que pasó y, sobre todo, a devolver a las calles de Lavapiés la tranquilidad perdida.
Me cuesta entenderlo. Más, si como pudimos ver, otras imágenes bien distintas, las de la espeluznante agresión de un miembro de los antidisturbios de la Policía Nacional, que dejó inconsciente de un porrazo a un hombre, también inmigrante, que nada había hecho ni estaba oponiendo resistencia a los policías. Gracias a esas imágenes y a la labor del periódico eldiario.es, el herido pudo ser localizado e identificado en el hospital al que fue conducido por la propia policía después de haberle atendido en un portal y llevado a una comisaría, sin que el hospital fuese informado de la causa del traumatismo cráneo encefálico que padecía.
Lo sucedido me lleva a pensar que ha habido intereses creados o malicia al ocultar tanto tiempo las imágenes del intento de reanimación de Mame, más viendo las consecuencias que las versiones que circulaban sobre su muerte estaban soliviantando los ánimos en las calles de Lavapiés y atrayendo al barrio a los profesionales del destrozo, no importa de qué ideología. dispuestos a quemar y romper con saña, vete tú a  saber para qué o por encargo de quién. Sin embargo, lo que aún no consigo explicarme es qué está pasando en el ayuntamiento madrileño, mejor dicho, en la coalición que lo gobierna, que a veces parece tener el enemigo en casa, especialmente cuando sus concejales dan pábulo a versiones no contrastadas y los difunden sin medir las consecuencias o, sería aún peor, considerándolas y utilizándolas en esa guerra particular que, con barricadas y todo, han llevado a la casa que debiera ser de todos.
Por eso ayer, una vez más, la alcaldesa Manuela Carmena se vio obligada a templar gaitas, quizá para evitar que la díscola Rommy Arce, que demasiado a menudo recuerda a la CUP del Parlament de Cataluña, rompa la unidad del grupo de Carmena a pocos meses de unas nuevas elecciones.
Lo sucedido en Lavapiés, que muchos creímos vivir agrandado y exagerado en nuestros televisores, estuvo a punto de romper la convivencia de un barrio en el que, desde hace décadas conviven gentes de distintas nacionalidades, razas, religiones y clases sociales, un barrio humilde, acogedor y castizo, sobre el que revolotean desde hace unos años los buitres de la especulación.
Hace unos días pudo arder Lavapiés. Fue muy triste, pero consuela saber que a la mañana siguiente y en las horas sucesivas, la solidaridad y la convivencia resurgieron de las cenizas de esa noche triste, porque, aforunadamente, la convivencia no ardió en Lavapiés. 

lunes, 19 de marzo de 2018

LA BRUJA SIGUE SUELTA


Cuando, tras el funeral por su hijo, Patricia, la admirable madre de Gabriel Cruz, nos hablaba de "la bruja" y nos pedía que la sacáramos de nuestras cabezas, qué poco imaginaba el poco caso que le iban a hacer, especialmente algunos de quienes la acompañaban en la catedral, porque apenas iban a tardar horas en sacarla a pasear para, en contra de la función de reinserción que la Constitución otorga a las penas de prisión, mantener su abominable prisión permanente revisable.
Es incuestionable que, si en algo el PP es el primero, amén de corruptelas y recortes sociales es en el la utilización partidistas de las víctimas y su dolor y, por ello, no iba a dejar escapar la oportunidad de sacar partido a las lógicas movilizaciones y las lágrimas vertidas por el triste final pobre Gabriel, regando con ellas su "cruzada" populista en pro de una pena tan injusta como inútil que en nada acrecienta la seguridad de los ciudadanos, especialmente de los niños, pero sí actúa como activador de los más bajos instintos, tan necesarios para sus intereses, ahora que las encuestas le están dando la espalda.
Si el estado se ha dotado de leyes y de un complejo, aunque no siempre eficaz, aparato judicial es para evitar, por un lado, la ley del talión, los linchamientos y la imposición de la ley del más fuerte. Nadie debería actuar en caliente y por venganza contra los autores de un crimen por execrable que sea y, por eso y para eso se legisla con mayor o menor acierto para aplicar a los culpables castigos proporcionales y, sobre todo, que dejen al reo la oportunidad de redimirse.
Eso que debería estar claro para todos y que todos nuestros representantes políticos deberían estar obligados a explicar a los ciudadanos no siempre, no parece nada claro para muchos de ellos ni para los opinadores de la nada, siempre dispuestos a incendiar la calle, pidiendo venganza, a cambio de unos cuantos cientos de euros la sesión, creando un estado de opinión más cercano a los escenarios de las novelas del oeste que a un país europeo con cuarenta años de democracia a sus espaldas.
Gran parte de la culpa de esto que nos ocurre la tiene el PP que, ya en los tiempos más terribles de ETA, aprendió de la utilidad de las víctimas y sus familiares como ariete para empujar a sus rivales políticos a territorios en los que no querían entrar, convirtiendo a esas víctimas en ciudadanos con más voz y, si hubiesen podido, con más voto para influir en determinadas decisiones.
Ahora, sin otra intención que cabalgar sobre el populismo más irracional y vengativo, el PP vuelve a azuzar a las víctimas y a quienes creen serlo contra la racionalidad y, por qué no decirlo, contra esa constitución que dicen defender. Nada ganamos con el mantenimiento de esa pena cruel y medieval que está camino de ser abolida. Nada ganan ellos tampoco, salvo hipnotizar con el debate a quienes apenas les creen ya.
La condena a perpetuidad, que otra cosa no es esa cínica prisión permanente revisable, es tan inútil para disuadir al criminal como lo es la pena de muerte. Las cifras son incontestables y es absurdo que se trate de mantener en un país que pudo acabar con el terrorismo etarra sin ella y en el que se siguen cometiendo y se cometerán crímenes horrendos con ella. La bruja, la verdadera bruja, la que lleva a la venganza ciega, sigue, por desgracia, Patricia, dentro de las cabezas de toda esa gente que se deja arrastrar en el torbellino de las informaciones morbosas y los intereses más miserables. La bruja de la venganza irracional y los intereses más oscurs corre por la calle y son algunos políticos quienes la llevan de la mano.