martes, 3 de mayo de 2016

PERDER LA VIRGINIDAD


España es un país al que, como se cuenta por ahí que hacen algunos cirujanos plásticos con mujeres que han de ir vírgenes al matrimonio, le han reconstruido el himen para devolverle la virginidad perdida que tuvo cuando en tiempos ya lejanos se atrevió a dejarse llevar por sus pasiones, pero también y, sobre todo, por las necesidades de sus gentes. Una sangrienta guerra civil y una dolorosa posguerra, sumadas a una prudente transición, han grabado a fuego en el imaginario de los españoles que la unión de las izquierdas, lo que despectivamente se ha dado en llamar "frentepopulismo" lleva al caos y a la ruina.
Esa ha sido la sutil reconstrucción del himen a que ha sido sometida nuestra sociedad para que nunca más se atreva a bajar del caballo a los señoritos, para que no crea en sus propias posibilidades, para que agache a la cabeza y se deje guiar, como en la dictadura, por la gente de orden o por la que, al menos, trata de parecer de orden. Sólo en aquellos primeros años de democracia, en los que el PSOE se atrevió a dejarse apoyar por el Partido Comunista de Carrillo en aquellos ayuntamientos que tanto ilusionaron a los ciudadanos y tanto hicieron por ellos, se venció el miedo a perder la virginidad y se tuvo el coraje de doblar el brazo a la derecha, hasta entonces imbatible.
Y, pese a todo, no sobrevino el Apocalipsis, los autobuses siguieron funcionando, los parques siguieron regándose y en las escuelas hubo clase todos los días. Bien es verdad que quienes, como las sanguijuelas de la sangre de los mamíferos, habían vivido de los presupuestos de esos ayuntamientos no tardaron en arreglárselas para seguir haciéndolo mediante contratos vergonzantes, las primeras privatizaciones, que a algún concejal que se atrevió a denunciarlos le costaron la carrera.
Ese fue el comienzo. A partir de ahí, y poco a poco, el PSOE fue alejándose de la izquierda y de la dente hasta llegar a la situación actual en la que, claramente, ha preferido, si no unirse a la derecha para gobernar con ella, sí rechazar con todas las excusas posibles cualquier posibilidad de hacerlo con la izquierda. Pedro Sánchez o quien le tiene cogido por ahí mismo no han querido bajar al río con los pretendientes que le hacían ofertas desde la izquierda. Y para ello se dejó acompañar a todas horas por Ciudadanos, que, como buena carabina, no le ha dejado ni a sol ni a sombra a solas con todos esos desharrapados y melenudos que le pretendían, vistiéndola, además, con los adustos ropajes de un acuerdo áspero y maloliente, capaz de ahuyentar a cualquiera que pretendiese la preciada flor de su virginidad.
Todo eso nos ha traído a donde estamos, sin haber disfrutado de los pecados, que son placeres, del río. Y ahora estamos de nuevo cada uno por su lado, con Pedro Sánchez sólo y sin haber dado con el imposible de entregarse a la derecha, pero vistiendo los ásperos ropajes que le impuso la carabina que para él ha sido Albert Rivera, uno ropajes que le van a perseguir en cada debate, en cada debate, poniendo en duda todos y cada uno de los puntos de su programa.
Quienes hubiésemos preferido verle en el río, dejándose acariciar por quienes más se parecen a nosotros, deseamos con todas nuestras fuerzas que, por fin, se dé ese acuerdo entre todas las fuerzas de la izquierda que lleve a la sociedad española a atreverse a perder esa virginidad reconstruida para volver a soñar ese sueño interrumpido que a punto estuvo de hacer realidad aquella suma de fuerzas progresistas de las izquierdas y alguna derecha, capaz de volver a colocar a España y, por qué no también, a Europa sobre los raíles de la Historia. Quizá, si se consigue esa alianza, al PSOE no le quede más remedio que sumarse.
Nunca como ahora será posible perder esa virginidad y nunca como ahora será más necesario, para acabar con la desigualdad, la injusticia y los trágalas que nos vienen de la anquilosada y egoísta Europa y, ahora, de los poderosos Estadios Unidos.

viernes, 29 de abril de 2016

LOS PERROS DEL PP


¿Recordáis, supongo que sí, aquel vídeo que realizaron los publicistas del PSOE para la campaña de las generales de 1996, aquella que Felipe González no quiso disputar, para no perder ante su odiado Aznar? Eran otros tiempos y, probablemente, aún era otro el PSOE. Aquél vídeo fue muy criticado, porque, en él, aparecía varias veces, apenas décimas de segundo, un doberman ciego y enfurecido, dispuesto a clavar sus afilados colmillos en cualquiera que no fuese su amo. Yo sí lo recuerdo, y muy bien. Fue un intento, casi patético, de asustar a los electores con la posibilidad de que el PP llegase al gobierno. Pero llegó, con el apoyo de vascos y catalanes, los mismos que hoy, para Rajoy y los suyos, son poco menos que merecedores de anatema.
Fuimos muchos los que identificamos al perro de boca amenazadora con Francisco Álvarez Cascos, por entonces ariete parlamentario del Partido Popular, dispuesto a reventar cualquier intento socialista de, por ejemplo, lograr la paz con ETA. Cascos, por aquel entonces más delgado y menos abotargado que ahora, daba el tipo del doberman. Hoy, probablemente, de seguir Cascos como portavoz del PP su imagen hubiese sido la de un rottweiler, más compacto y fiero que aquel famosísimo doberman.
Viene todo esto a propósito de la intervención de ayer de Rafael Hernando, en el último pleno de esta ya fenecida legislatura. Y viene, porque, en su más pura tradición, el PP mantuvo como portavoz para ella al correoso y bronquista diputado por Almería, Rafael Hernando, aún recordado en Guadalajara, donde nació y fue conocido de joven como aguerrido extremista de la derecha, que el orden de los factores no altera el producto. Y es que toda aquella furia juvenil, aquel odio indisimulado a todo lo que tuviese aroma progresista, aquella intolerancia manifiesta, le ha sido muy útil al PP, como lo fueron los gurkas a los británicos en la guerra de las Malvinas, las tropas "moras" a Franco o la no menos sanguinaria División Reich a Hitler.
Ya desde los últimos escaños del hemiciclo, Rafael Hernando era el hooligan revienta plenos que, con sus broncas y pataleos, animaba, como ultra sur en la Carrera de San Jerónimo, animaba siempre a los suyos y trataba de acallar, también siempre, a los extraños. Algo que le dio fama entre los diputados y la prensa que les siguen, gasta el punto de que, cuando, en la pasada legislatura sustituyó al todavía ministro Alfonso Alonso como portavoz popular en el Congreso, todos tuvimos claro que el partido de Rajoy, al que ya le dimitían los ministros, se ponía las pinturas de guerra para lo que quedaba de legislatura.
Y así fue, porque Hernando no tardó en sacar los pies del tiesto, insultando y ofendiendo por aquí y por allá. Ofensas como aquella canallada de decir que los familiares de las víctimas del franquismo sólo se acordaban de ellas cuando había subvenciones de por medio. Una ofensa, una canallada, por la que no mostró el menor arrepentimiento, más bien al contrario, se reafirmó en ella, al insistir en que hubo víctimas que se lucraron con las subvenciones. Y no fue la única, porque este súper pijo con ademanes de asiduo a la taberna no ha perdido ocasión de mostrarse como el camorrista faltón que es.
Ayer, probablemente para poner un broche de cualquier cosa menos oro a su participación en esta tan efímera legislatura se mostró igual de despreciable al acusar a Alexandra Hernández, la diputada de Marea, de hacer una utilización política de las víctimas de la catástrofe ferroviaria de Angrois. Y no sólo eso, porque, fiel a su habitual marrullería, acusó a la diputada de Marea de ir codo con codo con los amigos de ETA, Todo ello, en actitud chulesca, con una mano en la cadera y apeándole el cargo al presidente Patxi López.
Y, todo, delante de una representación de los familiares de los ochenta y un fallecidos, que, desde las gradas reservadas al público, se indignaron ante las maneras de Hernando para rechazar la comisión de investigación parlamentaria que reclamaban Marea y otros grupos, hasta el punto de reclamar que no se les causase más dolor.
No cabe duda. Está claro que el Partido Popular defiende su territorio con perros de presa que ladran al menor movimiento de sus contrarios y que no dudan en dejar o al menos en intentar dejar la marca de sus colmillos en la dignidad de quienes se atreven a ponerles en evidencia.

jueves, 28 de abril de 2016

OTRA VEZ LOS MISMOS


No. No quiero ser Perogrullo. Ya sé que, salvo que Iglesias y Garzón compartan lista, los candidatos van a ser los mismos que se presentaron el 20 de diciembre. Es evidente. lo que quiero subrayar, y lo hago porque me gustaría que se tuviese presente a la hora de volver a las urnas para votar, es que son, no ya los mismos que se presentaron, sino los mismos. esos mismos que han fracasado después de cuatro largos meses a la hora de tejer un gobierno con los mimbres que les dimos, También, que, si han fracasado, es porque, en el fondo, no querían acertar, querían fracasar para volver a repartir las cartas.
Son los mismos que, con unos resultados a todas luces decepcionantes, porque todos esperaban más, se han enfrentado a esa tarea de formar gobierno, pensando, más que en lo que representaban sus votos, en lo que pensaban que habían merecido y en lo que podrían estorbar a sus expectativas, a su público objetivo, las alianzas con formaciones que les disputan el espacio político y, por lo tanto, los electores. Son los mismos que, en su mayoría, han estado escondiendo sus cartas, jugando de farol con nuestro futuro.
Durante cuatro meses les hemos visto y escuchado en todas las televisiones, en todas las radios y en todos los periódicos, cada día, cada minuto, exponiendo el que, decían, era su pensamiento, sus planes y sus soluciones. Les hemos visto en cada telediario, en cada portada, en cada boletín, imponiendo sus condiciones, levantando empalizadas, cavando vetos para que los otros, sus hipotéticos socios en el gobierno no pudiesen siquiera plantearse ampliar la base del acuerdo para hacerlo posible.
Han sido demasiadas horas, demasiada su presencia en nuestras vidas, demasiados mensajes en todos los tonos posibles, demasiada doctrina t demasiada práctica, como para pretender que olvidemos lo que han dicho y hecho, pongamos a cero nuestro contador y borremos de nuestro pensamiento lo que ya sabemos de ellos y su comportamiento en el mundo real.
Por eso no quieren renunciar a la campaña, otra campaña, por eso están tan preocupados por hacerla, barata, pero hacerla. Porque necesitan como el aire que respiran poder justificarse ante sus votantes por todo lo que han visto y oído, porque necesitan borrar del pensamiento de los ciudadanos todas las miserias de que han sido testigos, porque necesitan que olviden los diegos y vuelvan a creer en los digos, porque, la verdad, la memoria echaría para atrás la voluntad de votar para resolver de una vez este embrollo.
Con qué cara irían a las urnas los que dieron su voto a los socialistas después de escuchar que Rivera y su Ciudadanos eran, no ya la derecha, sino la peor derecha y tendrían que volver a hacerlo ahora, sabiendo que la cosa no era para tanto y que el representante del IBEX 35, no sólo es un buen socio, sino mucho mejor que los compañeros de la izquierda.
Con qué cara irán a votar ahora quienes confiaron en Podemos y en su intransigente rectitud, después de ver que todo es negociable y todo tiene un precio, con qué ánimo se acercarán a las urnas quienes pensaron que votando a Ciudadanos votaban otra cosa distinta del PP y saben ahora de los esfuerzos denodados de Rivera por arrastrar al PSOE cautivo a esa gran alianza que ni al mismo Rajoy parecía apetecer mucho.
Creo que sólo los que votan a los pequeños, a los marginados den los debates, a los que apenas tienen fondos para hacer campaña, los que cruzan el país de punta a punta en autobús y furgonetas, pueden ir a las urnas con la cabeza alta. Han demostrado que están, que han estado, exactamente donde se les esperaba. Espero que todo esto no se nos olvide, que tengamos presente lo que han hecho, como se han comportado, unos y otros y que su nueva palabrería, la de la inevitable campaña, no saque de nuestra cabeza todo lo visto y oído a lo largo de estos meses.

miércoles, 27 de abril de 2016

TODOS (O CASI TODOS) MIENTEN


Nunca, así de duro, nunca, los cuatro grandes partidos españoles han tenido el más mínimo interés en formar un gobierno que representase a la mayoría de los españoles. Ni siquiera Pedro Sánchez, quien desde su endeblez dentro del partido que aparentemente dirige, se vio forzado a asumir el encargo del rey para intentar formar un gobierno, que, aunque lógico y posible, sumaban más los votos de la izquierda, tenía sobre sí la hipoteca impuesta por la vieja guardia socialista que le impedía pactar la consulta en Cataluña y recabar el apoyo de los nacionalistas. Una hipócrita imposición de quienes gobernaron la mayor parte del tiempo con el apoyo de los catalanes o vascos.
Pese a todo, a sabiendas de que con esa premisa era imposible un acuerdo y consciente también de la negociación era su última oportunidad, si no de salvarse como secretario general. sí de aumentar su popularidad, Pedro Sánchez se dedicó a escribir el guion de una película de Hitchcock, en la que todos somos testigos del crimen en la primera escena, en la que vemos el rostro del asesino y, pese a ello, se nos mantiene en vilo, haciéndonos creer que podemos estar equivocados. Pero, al final, todo queda como parecía al principio. Y lo vimos ayer con la cínica comparecencia de su portavoz, Antonio Hernando, que dijo aceptar la propuesta "in extremis" de Compromís, imponiendo una condición, la del gobierno monocolor socialista con independientes, una propuesta a todas luces inaceptable por el resto de hipotéticos socios.
Otro gran mentiroso ha sido Albert Rivera que ha pretendido hacernos creer que el suyo es un partido sin las afiladas aristas de la derecha "de toda la vida" pero que, en cuanto ha tenido que hablar claro, como ayer, se ha retratado como el partido de la derecha pura y dura que es, porque, más allá de sus resabios machistas o moralistas, siempre se ha colocado del lado del poder económico que para algo le ha financiado la expansión estatal, un milagro en el que han pasado de no tener militantes fuera de Cataluña ni bases perceptibles a obtener cuarenta diputados en toda España. De hecho, Albert Rivera fue ayer, antes incluso de que Felipe de Borbón concluyese su ronda de conversaciones, el encargado de hacer saltar por los aires, con su desprecio, la propuesta de los valencianos.
De Rajoy, poco que decir, porque ha seguido enterrado estos cuatro largos meses en el cieno de su charca, esperando al fracaso de sus adversarios, para sacar pecho y enseñar los dientes de su partido, podridos por la caries de la corrupción, viéndose vencedor otra vez de unas elecciones, las próximas, dominadas, salvo milagro, por la abstención.
Otra cosa es Podemos, o Pablo Iglesias, como queráis, y su juego del todo o nada, muy parecido al de Albert Rivera, lleno de vetos y obstáculos a cualquier acuerdo posible, en el que, por fin, ha mostrado su verdadera cara, alejándose de esa idílica transversalidad de ser el partido de los de abajo, mientras el desgaste del poder ha ido mostrando algunas de sus incoherencias y alguno de los vicios de los que llaman "casta". Su intransigencia, sus salidas de tono, sus purgas y sus cacicadas le colocan en las encuestas, a punto de arrancar la nueva campaña, con un desplome de su popularidad, cercana ya a la de Rajoy, alejada de la de aquella sangre nueva que tanta ilusión despertó en la política española, y parecida ya a la de los políticos "viejos". Además, no puedo quitarme de la cabeza que, de no haber lanzado esa OPA inaceptable a Izquierda Unida de cara a una alianza para las pasadas elecciones, hoy tendríamos ya gobierno y sería de izquierdas,
Todos, salvo quizá Izquierda Unida y quienes no aspiran a presidir nada, nos han mentido. Todos se han mostrado falsamente del centro, porque todos saben que quien no se decide, quien duda, quien se confiesa "apolítico" se cree de centro. Pero "el centro" aquello que se inventaron Suárez y sus socios fue apenas un espejismo en un desierto arrasado por la dictadura.
El centro no existe ni, mucho menos, los partidos de centro. Todos, o casi todos, nos han mentido y, ahora, tenemos que volver a las urnas, más sabios, porque todos o casi todos se han quitado la careta, pero, y eso es lo malo, vamos también más cansados.

martes, 26 de abril de 2016

DE ESFÍNTERES Y REJAS


No creo que los labios, demasiado complejos para serlo, puedan considerarse esfínteres. Aun así, pido licencia para hacerlos, puesto que, a veces, la ansiedad, el miedo o los excesos los hacen equiparables a otros músculos circulares que el apremio o las necesidades se encargan de relajar por más que sus propietarios se empeñen en cerrarlos. Lo cierto es que en estos últimos días una epidemia de algo parecido al miedo se ha desatado en unos cuantos investigados en la investigación de la trama Gürtel valenciana, miedo, si no pavor, a dar con sus huesos en prisión, algo poco prometedor para quien acostumbra a recibir en su yate, lucir trajes de corte impecable o consultar la hora en relojes que ni con el salario de toda una vida podrían pagarse otros.
El miedo y, si no el miedo, la necesidad de asumir la realidad que está a punto de caer sobre ellos ha soltado la boca de algunos empresarios valencianos poco o nada deseosos de envejecer en prisión, por cómoda que sea la que cárcel elegida, de ver crecer a sus hijos o sus nietos desde detrás de unas rejas, sobre todo teniéndolo todo y acostumbrados a "timarse" con los representantes del poder, a los que, de alguna manera, han tenido hasta hace bien poco en nómina,
El primero en abrirse al juez De la Mata fue el empresario Enrique Ortiz, el que guardaba en su yate las chanclas de la alcaldesa de Alicante, Sonia Castedo, con la que compartía copas y excursiones y con la que diseñaba o corregía a su gusto el futuro de algunas zonas de la ciudad. A Enrique Ortiz le han debido parecer demasiados los años de castigo que le esperaban y demasiadas las evidencias que habría contra él, especialmente sus sonrojantes conversaciones con la alcaldesa y, quizá por ello, ha decidido "hacer negocios", esta vez con la justicia, cambiando su colaboración por indulgencia.
Las rejas separan y hay quien las pone, por ejemplo, en sus ventanas, para separase del mundo que ve como amenaza, pero también las pone la sociedad para proteger a los de afuera de quienes considera una amenaza probada contra ella. Y para esta gente, acostumbrada a dar órdenes, verse los próximos años detrás de una reja sometido a unas reglas, compartiendo intimidad con desconocidos no debe ser plato de gusto.
Tampoco a Ricardo Costa, el dandi del PP valenciano, secretario general del partido en tiempos de Francisco Camps y hermano de "la mano derecha" de Rato en su etapa de ministro de Aznar, parece seducirle el panorama, Por eso ahora, viéndose ante la perspectiva de años de cárcel y sintiéndose quizá abandonado por aquellos a quienes tan bien y tan generosamente había servido, llenándoles de fieles y banderitas las plazas de toros y las explanadas de puertos deportivos y, de paso, también las urnas de los votos necesarios para sus mayorías.
Tan poco le gustan una y otra cosa, la perspectiva de la cárcel y el olvido de los suyos que, ni corto ni perezoso, se ha sentado ante el teclado y ha redactado un largo escrito en el que detalla al juez Costa los mecanismos de financiación del partido en Valencia, exculpándose de una responsabilidad que dice no haber tenido en los años investigados y descargando las culpas sobre la dirección nacional del PP, a cuya flor y nata pide tomar declaración. Ricardo Costa ha decidido dar rienda suelta a sus labios, supongo que porque no quiere "comerse" en solitario "marrones" que no son sólo suyos y, al hacerlo, ha hecho temblar los cimientos del partido al que tan fielmente ha servido, más, cuando lo que toca ahora son unas elecciones, otras, en las que lo peor que puede ocurrirle a Rajoy es verse más en entredicho, si cabe.
Si, acogiéndonos a la licencia, damos por bueno que los labios ejercen como esfínter, la relajación de los de Costa y los empresarios, cansados de callar ante lo evidente, puede desatar la de los personajes aludidos por uno y otros. Lo que me temo es que, cuando la justicia alcance a quien debería alcanzar y ante la posibilidad de verse entre rejas, los esfínteres que se van a relajar van a ser otros. Y, si es así, podemos pasar de escuchar "solos" a asistir a verdaderas obras corales.

lunes, 25 de abril de 2016

NO HAN HECHO LOS DEBERES


Vaya esto por delante: voten lo que voten los ciudadanos, hayan votado lo que hayan votado, son los únicos de esta historia que, desde el 20 de diciembre, no se han equivocado. El resto de los actores, o sea, la mayoría de los partidos, los medios de comunicación, las empresas de demoscopia, la bolsa, los empresarios y hasta los sindicatos se han visto atrapados por una mezcla extraña de ambición y ansiedad que se ha apoderado de su conciencia y les ha convertido en agentes perturbadores de un proceso que, después de cuatro meses, se ha revelado estéril.
A los partidos políticos españoles, después de décadas, les han cambiado el plan de estudios y han sido incapaces de aprobar la difícil pero fundamental asignatura del pacto, una asignatura nueva que se aprueba con horas de esfuerzo, diálogo y negociación. También y, sobre todo, con esa generosidad que les ha faltado a casi todos, pero sobre todo a quienes se han visto con posibilidades de entrar en un hipotético gobierno que la gente, los votantes, habrían querido de cambio.
Es evidente que esta asignatura no la aprobarán en esta primare convocatoria, porque se han mostrado incapaces de cumplir con todos esos requerimientos, especialmente el de la generosidad que, salvo honrosas excepciones les ha faltado a todos. Generosidad para poner a la gente y todos sus problemas por delante de las ambiciones personales y, sobre todo, por delante de esas canonjías conseguidas tras años en el poder.
Pensando en esto último y a la hora de repartir suspensos, creo que el primero de todos, más allá del que merece el PP, que ya venía dado por las urnas, tengo claro que los primeros merecedores de mis calabazas son los barones del PP, la vieja guardia que ha buscado en no sé qué esencias patrias y en no sé qué dogma unitario la excusa perfecta para atar de pies y manos a su candidato, Pedro Sánchez, impidiendo un acuerdo de izquierdas, el preferido por las urnas y las encuestas, que, no me cabe la menor duda, pondría en peligro todos esos privilegios, tanto en órganos consultivos y honoríficos de la administración, como en consejos de administración de empresas privadas, cuando no en negocios personales, a cara descubierta o enmascarados detrás de testaferros.
Merecedor de suspensos es también Albert Rivera que, una vez atrapado Pedro Sánchez en las redes de su acuerdo hizo lo imposible para arrastrar a su presa hasta ponerla al alcance de Rajoy o de quien quiera sea el que le sustituya, tal y como le habían encargado sus padrinos del IBEX 35. Y lo hizo con la ansiedad del cachorro que menea el rabo nervioso junto a su presa, esperando la recompensa, sin pararse a pensar que la presa está aún viva y la caza puede quedarse en nada.
También, cómo no, merece suspenso si no Podemos, que al fin y al cabo es la materialización, quizá en exceso sectaria, del hermoso sueño del 15-M, sí Pablo Iglesias que, en más de una ocasión, se ha mostrado demasiado ambicioso y demasiado individualista, improvisando decisiones y discursos que, luego, deben andar matizando, si no rectificando, a veces con cara de circunstancias, sus compañeros.
Creo que Iglesias, que ayer mismo volvió a verse como presidente, calcula mal, como calculó mal el Che Guevara, cuando creyó, no que el mar era el cielo, sino que la selva de Bolivia donde acabó sus días era la Sierra Maestra de Cuba. Creo que el ególatra que lleva dentro Iglesias le impide ver que con esas autoproclamaciones que quizá valgan en determinados escenarios, pero que, en la vida real, espanta más que atrae.
Por último y por obvio, el bochornoso comportamiento del PP, sometido a un personaje tan nefasto como Rajoy, inmovilizado como el conejo en la madriguera esperando a que los cazadores y sus perros le pierdan la pista y pasen de largo. Un partido lleno de vicios, que en otro país estaría disuelto por los tribunales y que aquí ni siquiera se han planteado, a pesar de tener a muchos de sus dirigentes en prisión o camino de ella.
Queda una semana de puro trámite, porque después de ver y oír al teatrero Antonio Hernando desde el PSOE o a Pablo Iglesias, dinamitando el menor atisbo de puente que pudiese quedar para conseguir el acuerdo. Queda una semana para que los partidos convocados por el ciudadano Borbón los hagan, pero me temo que ni han hecho ni van a hacer los deberes y deberíamos castigarles repitiendo nuestro voto en las urnas, en solitario o en coalición, para que, de una vez, los hagan. 

viernes, 22 de abril de 2016

FUERA DE LUGAR


Lo peor que le puede ocurrir a alguien, la peor maldición que puede caer sobre cualquiera de nosotros es la de creernos con derecho a decidir sobre los demás, a repartir etiquetas de buenos y malos, la de mandar al altar o a la hoguera, a veces, ambas cosas a un tiempo, a cualquiera que se interponga en nuestro camino. Y dicho esto, confieso que me asusta la posibilidad de estar cayendo en este pecado de que os hablo.
Al margen de la simpatía que pueda despertar en mí el personaje de Pablo Iglesias, los que me seguís sabréis que es más bien poca, y de que soy consciente del bien y el mal que ha hecho y hace la prensa a su partido, Podemos, debo deciros que lo de ayer en la facultad de Filosofía de la Complutense fue intolerable, y nadie puede pretender poner en evidencia a alguien ante de un auditorio como ese sin que lo hecho tenga consecuencias. Y lo que hizo Pablo Iglesias, denostar a Álvaro Carvajal, redactor de EL MUNDO, acusándole de "someter" la objetividad de sus informaciones sobre Podemos al "gusto" de la empresa editora para salvar su puesto de trabajo, delante de cientos de estudiantes, fue algo muy feo, muy feo y miserable.
Yo no sé si, en esa filípica, más propia de un capellán de colegio de monjas aleccionando a los niños del diablo y sus pecados, en la que puso de vuelta y media a Carvajal, había mucha verdad o poca. Yo no sé si es cierto eso de que el mismo Carvajal o fuentes próximas a Álvaro Carvajal, como no dudó en parodiar, le confesó su necesidad de llevar a la primera únicamente informaciones negativas para Podemos. Me extrañaría que así fuese. Más bien me inclino a pensar que Iglesias tiende a pensar que cada medio es un Fort Apache como el suyo, en el que el que manda en el fuerte decide lo que se dice y lo que no. Pero, en cualquier caso, creo que Iglesias, como siempre que se siente arropado por un auditorio a favor, se creció y se vio en la necesidad de ser resultar gracioso, gracioso y justiciero.
Lo que quizá no esperaba, porque no es costumbre que lo hagan, es que la prensa le dejase con la palabra en la boca. Tan sorprendido por esa conducta solidaria que él mismo predica, que por unos instantes se vio el miedo en sus ojos, la voz le tembló y balbuceó una excusa, la de todos, la de siempre, la que, en lugar de admitir el error propio, busca culpabilizar al otro, "me temo que he sido malinterpretado". Rajoy, Rivera, Sánchez, Soria, Granados, Bárcenas o el sentencioso Bono no hubiesen dicho otra cosa.
Iglesias que, como esta mañana le reprochaba Pepa Bueno, ofició su "auto de fe" contra Carvajal el mismo día en el que su periódico, EL MUNDO, anunciaba un ERE que diezma aún más la redacción del diario, sin hacer alusión alguna al mismo, aunque está claro que en su cabeza rondaba la difícil situación por la que atraviesan el periodista y sus compañeros. Ni una palabra de crítica a la editora de EL MUNDO, todo se quedó en la humillación al débil y gilipolleces sobre lo afortunados que son los periodistas que le siguen por tener la suerte de informar sobre quien es el objeto de su deseo.
No sé qué esperaba Iglesias tras su diatriba, quizá lo que pretendía era inocular en sus fieles la vacuna contra cualquier información crítica para con él o su partido que apareciese en la prensa, algo que, de hecho y como he podido comprobar esta misma mañana, va surtiendo efecto. Incluso ha calado entre sus fieles la pésima excusa de que los periodistas que se marcharon no habían entendido que eso era un acto académico y no una rueda de prensa, como si en un acto académico, cupiese el linchamiento o la difamación. Pero es que éste no era más que la presentación de un libro que, muy probablemente, Podemos había incluido en las convocatorias que remite a los medios, para mayor gloria de su líder.
He sido periodista muchos años y nunca me he visto en una parecida, aunque sí he oído hablar a otros compañeros de cosas parecidas, pero los protagonistas eran Manuel Fraga, Carlos Fabra, Esperanza Aguirre, Rita Barberá, Mourinho o Luis Enrique, exponentes todos de la casta y la caspa, También he sido profesor de Universidad y sé que en ella cuecen las mismas habas que en todas partes y que algunos profesores que se las dan de colegas acaban recordando antes o después que el poder, el que dan las actas, lo tienen ellos,
Para mí, que Iglesias cree que la vida, el mundo real, es una enorme facultad o, mejor dicho, una asamblea continua tan fácil de manipular, como lo eran y supongo que lo siguen siendo aquellas en las que yo participaba y a veces colaboraba en la manipulación, aunque entonces pensábamos que lo que hacíamos era sólo convencer y concienciar a los compañeros.
Creo que Pablo Iglesias, su soberbia y su divismo son y han sido el mayor obstáculo para la unidad de la izquierda y creo que alguien debiera decirle a este señor que somete obviedades a referéndum y toma con nocturnidad y alevosía decisiones drásticas, que está fuera de lugar, que la vida real es otra cosa, que el paternalismo está bien en los curas y para los alumnos de primero, que el mundo está lleno de problemas reales y que haría bien en disculparse más y mejor por lo de ayer, porque estaba fuera de lugar y fue una irritante metedura de pata. Alguien de su entorno debiera decírselo. Si no, me tremo que Posemos acabará siendo un partido secta sin futuro.