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miércoles, 21 de junio de 2017

NO SABEN NADA...


Hace unos cuantos años, demasiados, conocí a uno de esos personajes que siempre llevan un refrán o una vieja conseja en los labios. Fue en el zoo de Madrid, mientras preparaba con un amigo que allí trabajaba los finales de primer curso de esa carrera de Veterinaria que luego no seguí. Lo cierto es que, no recuerdo a propósito de qué, aquel hombre dejó caer una frase que, a lo largo de tantos años, he visto confirmarse en la vida una y otra vez: "lo importante no es no tener la culpa sino tener a quien echársela.
Ayer mismo, después de comprobar el descaro con que quienes estuvieron al timón de este país a lo largo de ocho años responsabilizaban de todo lo probado en el sumario de la "Operación Gürtel" al pobre Ávaro Lapuerta, uno de los tesoreros del PP implicados que, para fortuna de sus compañeros hoy en el banquillo tuvo la desgracia de sufrir a sus ochenta y tantos años un accidente vascular que le impide ser juzgado. Una circunstancia que, como ocurre a veces con las desgracias, ha conseguido unir a la familia popular, incluido el proscrito Luis Bárcenas, en torno a una estrategia de defensa que persigue hacer responsable, como a los niños en algunas casas, de todo lo robado ¡Perdón! quise decir ocurrido.
La estrategia de quienes ayer se sentaron ayer en el banquillo es clara. No sabían nada de nada, no lo sabían, no les constaba o no lo recordaban, alternativamente, para no aburrir al tribunal o con las tres excusas en bloque del siniestro ex ministro del Interior, Jaime Mayor  Oreja, al que sólo le faltó responder, como la no menos siniestra María Teresa Sáez, corresponsable del "Tamayazo" que dio el gobierno de la Comunidad de Madrid a Esperanza Aguirre, que en la comisión que investigó aquel escándalo en la Asamblea de Madrid, presidida, por cierto, por el recientemente salido de prisión Francisco Granados ¡cuánto delincuente junto! y para no equivocarse o para no cansarse, respondió con un "no a todo" lo que le iban a preguntar, antes, incluso, de que se lo llegasen a preguntar.
No sabían nada, no cobraron nunca ningún sobresueldo, no conocían a nadie, ignoraban el significado de las siglas que aparecían en los estadillos de Bárcenas, no sabían si las generosas donaciones de los empresarios que contrataban con la Administración las hacían por cariño al partido o por... -el frenazo dejó huellas- como le llegó a decir Beltrán Gutiérrez, el Bárcenas de Aguirre, al juez.
Increíble. Yo, por ejemplo, no puedo creer que un tipo tan listo como Rodrigo Rato, que, como hacen las sanguijuelas, allá donde fue a parar, clavó sus dientes para chupar y chupar de todo lo ajeno, fuese público o privado, que tuvo a su alcance. No me puedo creer que un tipo tan controlador y severo como Francisco Álvarez Cascos, el “general secretario del PP”, no estuviese al corriente de todo lo que se movía en el partido mientras fue secretario general con Aznar. No me puedo creer que no conocieran a algunos de los imputados, cuando todos se vieron, el HOLA lo confirma, en la boda de Ana Aznar y Alejandro Agag. Hace falta mucha fe, mucha complicidad o mucha estulticia para creer lo que dijeron ayer tan insignes testigos desde la silla que ocupará dentro de poco más de un mes Mariano Rajoy, cuya legendaria dislexia o lo que quiera que sea, puede llevarle, como en otras ocasiones, a decir lo que no quiere decir, sin plasma y con preguntas, muchas preguntas.
Quizá sea esa, la presencia de Rajoy ante el tribunal, la única esperanza de las acusaciones, porque el resto de los inquilinos de Génova 13 "no sabe nada" y lo digo con secasmo, porque saber lo saben todo y lo saben de sobra, como saben que su única escapatoria es negarlo todo.

viernes, 29 de abril de 2016

LOS PERROS DEL PP


¿Recordáis, supongo que sí, aquel vídeo que realizaron los publicistas del PSOE para la campaña de las generales de 1996, aquella que Felipe González no quiso disputar, para no perder ante su odiado Aznar? Eran otros tiempos y, probablemente, aún era otro el PSOE. Aquél vídeo fue muy criticado, porque, en él, aparecía varias veces, apenas décimas de segundo, un doberman ciego y enfurecido, dispuesto a clavar sus afilados colmillos en cualquiera que no fuese su amo. Yo sí lo recuerdo, y muy bien. Fue un intento, casi patético, de asustar a los electores con la posibilidad de que el PP llegase al gobierno. Pero llegó, con el apoyo de vascos y catalanes, los mismos que hoy, para Rajoy y los suyos, son poco menos que merecedores de anatema.
Fuimos muchos los que identificamos al perro de boca amenazadora con Francisco Álvarez Cascos, por entonces ariete parlamentario del Partido Popular, dispuesto a reventar cualquier intento socialista de, por ejemplo, lograr la paz con ETA. Cascos, por aquel entonces más delgado y menos abotargado que ahora, daba el tipo del doberman. Hoy, probablemente, de seguir Cascos como portavoz del PP su imagen hubiese sido la de un rottweiler, más compacto y fiero que aquel famosísimo doberman.
Viene todo esto a propósito de la intervención de ayer de Rafael Hernando, en el último pleno de esta ya fenecida legislatura. Y viene, porque, en su más pura tradición, el PP mantuvo como portavoz para ella al correoso y bronquista diputado por Almería, Rafael Hernando, aún recordado en Guadalajara, donde nació y fue conocido de joven como aguerrido extremista de la derecha, que el orden de los factores no altera el producto. Y es que toda aquella furia juvenil, aquel odio indisimulado a todo lo que tuviese aroma progresista, aquella intolerancia manifiesta, le ha sido muy útil al PP, como lo fueron los gurkas a los británicos en la guerra de las Malvinas, las tropas "moras" a Franco o la no menos sanguinaria División Reich a Hitler.
Ya desde los últimos escaños del hemiciclo, Rafael Hernando era el hooligan revienta plenos que, con sus broncas y pataleos, animaba, como ultra sur en la Carrera de San Jerónimo, animaba siempre a los suyos y trataba de acallar, también siempre, a los extraños. Algo que le dio fama entre los diputados y la prensa que les siguen, gasta el punto de que, cuando, en la pasada legislatura sustituyó al todavía ministro Alfonso Alonso como portavoz popular en el Congreso, todos tuvimos claro que el partido de Rajoy, al que ya le dimitían los ministros, se ponía las pinturas de guerra para lo que quedaba de legislatura.
Y así fue, porque Hernando no tardó en sacar los pies del tiesto, insultando y ofendiendo por aquí y por allá. Ofensas como aquella canallada de decir que los familiares de las víctimas del franquismo sólo se acordaban de ellas cuando había subvenciones de por medio. Una ofensa, una canallada, por la que no mostró el menor arrepentimiento, más bien al contrario, se reafirmó en ella, al insistir en que hubo víctimas que se lucraron con las subvenciones. Y no fue la única, porque este súper pijo con ademanes de asiduo a la taberna no ha perdido ocasión de mostrarse como el camorrista faltón que es.
Ayer, probablemente para poner un broche de cualquier cosa menos oro a su participación en esta tan efímera legislatura se mostró igual de despreciable al acusar a Alexandra Hernández, la diputada de Marea, de hacer una utilización política de las víctimas de la catástrofe ferroviaria de Angrois. Y no sólo eso, porque, fiel a su habitual marrullería, acusó a la diputada de Marea de ir codo con codo con los amigos de ETA, Todo ello, en actitud chulesca, con una mano en la cadera y apeándole el cargo al presidente Patxi López.
Y, todo, delante de una representación de los familiares de los ochenta y un fallecidos, que, desde las gradas reservadas al público, se indignaron ante las maneras de Hernando para rechazar la comisión de investigación parlamentaria que reclamaban Marea y otros grupos, hasta el punto de reclamar que no se les causase más dolor.
No cabe duda. Está claro que el Partido Popular defiende su territorio con perros de presa que ladran al menor movimiento de sus contrarios y que no dudan en dejar o al menos en intentar dejar la marca de sus colmillos en la dignidad de quienes se atreven a ponerles en evidencia.