jueves, 24 de diciembre de 2015

¿DE QUÉ ESTAMOS HABLANDO?


La foto de Emilia Gutiérrez para LA VANGUARDIA lo dice todo. Nada que ver, nada que decirse, uno y otro. No sé qué hace Mariano Rajoy recibiendo a Pedro Sánchez, tan pronto y sin hacer los deberes, y a todos los demás después ¿Acaso está ejerciendo de rey? ¿Acaso la confusión que tienen en el PP entre la Constitución y su conveniencia, que se evidencia cada vez que alguno de sus líderes abre la boca, les lleva a sumir papeles que no les corresponden?
Creo que no. Más bien apostaría porque todo esto forme parte de un calculado proceso de maceración de los votantes, especialmente los de izquierdas, que les lleve del entusiasmo por la derrota del autor de todos sus males a la resignación ante la presunta imposibilidad de desalojarle de La Moncloa ¿De qué estamos hablando? ¿Estamos jugando el juego que dictan "los mercados"? En cualquier otro país, quien pasa de pilotar el rodillo parlamentario a ser arrollado por las urnas, sin el consuelo, además, de apoyarse en la familia de la derecha, como le ha ocurrido a Rajoy, saldría escopeteado, no sólo de La Moncloa, sino de la presidencia de su propio partido. 
Sin embargo, aquí no. Aquí el personaje en cuestión anda en un "corta y pega" de conveniencias, con el apoyo explícito del ambicioso Rivera al que los dedos se le hacen huéspedes ante la posibilidad de tocar poder, diciendo digo donde dijo diego y tratando de forzar al PSOE, la otra pata de lo antiguo y corrupto que tanto odiaba, a apuntalar la a todas luces insuficiente mayoría que, él, está dispuesto a conseguir, con quienes hace un sólo cuarto de hora les despreciaban, la estabilidad tan ansiada por los mercados, la gran excusa del capital financiero (especulativo) y las grandes empresas, para continuar mangoneando en el futuro y lo poco que queda del bienestar de los españoles.
De qué estamos hablando, cuando, y yo me acuso de ello, estamos dejando a Pedro Sánchez cocerse en el jugo de su partido, mientras Rajoy, vive más o menos tranquilo en La Moncloa. Y, a todo esto, vamos cumpliendo las previsiones de los gurús del poder, que de momento es único, olvidando que, está vez, la victoria de la izquierda, emergente o no, nacional o nacionalista, ha sido indiscutible y plegándonos a las componendas que, para nosotros y nuestro futuro, han decidido los ambiciosos ejecutivos de las televisiones, los sesudos editorialistas de la prensa y algún que otro profeta de las ondas.
¿De qué estamos hablando, si España se ha retratado hace tan sólo cuatro días y ha salido en la foto peinada con la raya a la izquierda? ¿De qué estamos hablando? ¿Quizá de que cumplir la voluntad de los votantes no es del agrado de quienes llevan años saqueándoles, arrebatándoles sus viviendas, devaluando sus pensiones y sus salarios, deteriorando su sanidad y su educación y negándoles el futuro? Si es de eso de lo que hablamos, apaga y vámonos.
La situación no es muy distinta ni, mucho menos, peor que la que vivimos en 1982, con un PSOE triunfante y aún de izquierdas y un PCE, todavía muy influyente. No sólo fue posible el gobierno, sino que, además, abrió camino a una etapa de reformas, algunas buenas, otras dolorosas que dieron paso a una España distinta y mejor que aquella de la que veníamos. Ahora, cuando lo público ha sido borrado, prácticamente, del panorama, cuando lo sindicatos no se sabe qué defienden, cuando los medios de comunicación han dejado de estar en manos de periodistas, tratan de convencernos de que nuestro sueño, pese a haberlo conseguido, no es posible, ahora, precisamente ahora, tenemos que defenderlo con uñas y dientes, para no dejar que nos lo arrebaten, como nos han arrebatado casi todo lo demás. 
Quienes votamos a la izquierda, a las fuerzas de progreso, que dicen algunos, hemos ganado esta vez las elecciones. Entonces ¿de qué estamos hablando?


Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/

miércoles, 23 de diciembre de 2015

HASTA AHÍ PODÍAMOS LLEGAR... O NO


Ver para creer o, como dicen en mi barrio, "para mear y no echar gota". Porque quién iba a decirnos, después de la abrupta campaña -o sólo sobreactuada, ya no lo sé- que acabaríamos hablando con tanta naturalidad y en tantos ámbitos de la posibilidad de que el PSOE permitiese un gobierno, otro más, del desgastado y corrupto PP, con el "no decente" Mariano Rajoy a la cabeza.
De acuerdo en que el rompecabezas que ha dejado Papá Noel a la política española es de muy difícil solución. De acuerdo con que, en Bruselas, en la CEOE, en algún que otro sindicato y en el Parnaso socialista, pagado de sí mismo y por las eléctricas y operadoras de telefonía, se vería con buenos ojos un acuerdo que permitiese mantener la caldera caliente, sin el bochorno de acudir por segunda vez a las urnas, ahora sin máscaras, para deshacer este aparente empate, en el que, por ahora, la única salida es un "contradiós! fruto del acuerdo entre enemigos -o sólo adversarios- irreconciliables hace apenas tres días .
De acuerdo en que la otra solución, la del acuerdo entre partidos de izquierda y nacionalistas sería más lógico. Sin embargo, la diversidad y el número de los concurrentes lo harían inestable, amén de que alguno de los posibles firmante se han empeñado, curioso empeño, en cargarse de hipotecas y rodearse de campos de minas que ahora le imposibilitan cualquier movimiento de acercamiento a quienes ahora le serían necesarios para formar gobierno.
Abrumados por las encuestas, demasiadas y demasiado seguidas, e influidos por el entusiasmo de unos y otros, no supimos o no quisimos ver que existía la posibilidad de estas absurdas tablas, en las que la suma de los votos de la izquierda supera con creces a la de la derecha y, sin embargo, los escaños conseguidos impiden la formación de un gobierno de ese color, por más que se agote la gama del rojo en él. Hipnotizados más por nuestros que advertidos por la realidad, confiamos, al menos ese sería mi caso, en que, de uno u otro modo, otro gobierno fuese posible.
Pero no. En este mundo dominado por la especulación y la inversión fácil, ninguna empresa estaría dispuesta a que sus negocios, sus comisiones, sus sobornos, se fiscalicen desde las instituciones. Por eso y nada más que por eso, están dispuestos a echar el resto en los medios que controlan y a mover los hilos de las marionetas que pagan para crear el estado de opinión que permita la alianza PP, PSOE y Ciudadanos, que permitiría gobernar a Rajoy tras las consiguientes abstenciones en la investidura.
Lo malo -y menos mal que es así- es que el PSOE es un partido en caída libre, con un líder al que le ocurre otro tanto, que sabe que, si traiciona a sus electores, después de un calvario de fracasos, podría ir de cabeza a un papel prácticamente residual, si no a su desaparición, Y menos mal que es así, menos mal que donde más larga ha sido la mano de Pedro Sánchez, el Madrid descafeinado que ha dejado, más grande ha sido el fracaso, porque, de no ser así, igual se atrevería.
En cualquier caso y ante este panorama, la mejor solución sería, creo, barajar y dar cartas de nuevo, ir a unas nuevas elecciones que desatasquen este panorama que, en cualquier caso, ha despertado el interés de los ciudadanos por la política. Otra cosa, especialmente la traición del PSOE a sus votantes, permitiendo que siga en el gobierno el partido de los recortes, el de la troglodita "ley Wert", el de los intentos de limitar el derecho de las mujeres a decidir sobre su embarazo, el de la justicia para unos pocos, el de la corrupción, el de los sobres, el de la insolente y faltona Esperanza Aguirre, sería más que indignante. Hasta ahí podíamos llegar, señor Sánchez. Pero uno ta anda curado de espantos. Y, si no, ahí van dos ejemplos, porque ver a Mas y los suyos desabrochándose los pantalones, a punto de bajárselos ante las CUP o a Mourinho otra vezo en el banquillo del Real Madrid me descoloca y, curándome en salud como el propio Rajoy se cura a menudo, tengo que matizar a la gallega la firmeza de mi afirmación y dejarla en "Hasta ahí podíamos llegar... o no".


Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/

martes, 22 de diciembre de 2015

EL PERDEDOR


Nadie sabe a estas alturas quién es el ganador de estas elecciones. De hecho, el gobierno alemán ha verbalizado lo que todos pensamos al decir que no sabe a quién felicitar. Lo que, sin embargo está más que claro que hay un perdedor. No sé si el único, pero sí el más claro. Y ese perdedor, bien lo sabe él, no es otro que Pedro Sánchez.
Lo es y lo sabe, porque ha conseguido lo que hasta el domingo parecía imposible: quedar por debajo de los resultados de un desganado Rubalcaba que, en medio del ojo del huracán de la crisis, llevó al PSOE a sus peores resultados, a un suelo electoral que Pedro Sánchez ha perforado y con ganas el domingo.
Pero la desgracia del "apuesto" secretario general del PSOE no se queda a las puertas del partido, porque, dentro, sus "compañeros" han olido sangre y andan afilando cuchillos para hacerse con sus despojos, una vez que la gran ilusión de victoria que dudo que el mismo creyera, se ha desvanecido definitivamente y, por si fuera poco, sus compañeros le quieren en el altar del sacrificio, pero atado de pies y manos, imponiéndole unas condiciones que ellos mismos no han respetado.
Le imponen, como el ardoroso presidente extremeño, Fernández Vara, que no llegue a acuerdos con Podemos, a veces por haber apoyado la formación de Pablo Iglesias a Bildu, otras porque defiende el derecho de catalanes y vascos a ser preguntados sobre su deseo de pertenencia a España. Lo exigen y parecen querer olvidar y que olvidemos que ellos mismos han podido formar sus gobiernos apoyados por esa misma formación de la que ahora hacen anatema, Una postura que tiene mucho más que ver con la hipocresía que con la amnesia.
La verdad es que no envidio en absoluto  la situación de Sánchez, acosado por sus compañeros y por quienes, amigos y enemigos, desde  fuera del partido le exigen que, en aras de la gobernabilidad, que exigen los mercados y la troika, o como se llame ahora, franquee el paso a Mariano Rajoy para que pueda formar gobierno, el mismo Rajoy del que hace ocho días había dicho que no era decente para presidirlo. 
No le envidio y no sé lo que haría después de haber desbaratado el partido en Madrid, para cosechar con su nueva formación dos severas derrotas, primero en las municipales y autonómicas y, ahora, en las generales, desnaturalizando la representación del partido en el Congreso y dejando fuera a alguien como Eduardo Madina. No le envidio y sé que si alguien le ofreciese una ventana o una puerta, por las que desaparecer sin hacer ruido, las aceptaría sin pensárselo mucho.
Pobre Pedro Sánchez, marchitado antes de florecer, sometido a los parásitos y las malas hierbas de su propio jardín y azotado por los vientos de sus enemigos que pretenden inclinarle hacia su terreno, Pobre Sánchez, especialista en huidas hacia adelante, al que la única salida que le queda, si le dejan propios y extraños, es la de forzar unas nuevas elecciones en las que jugárselo todo a cara o cruz, haciendo bueno eso de "de perdidos al río", porque a este perdedor las cosas ya no le pueden ir peor.
Lo malo, otra razón para sentirse acorralado, es que Podemos está deseando esas nuevas elecciones, a las que las dos derechas se presentarían sin careta. En esa "segunda vuelta", probablemente los de Iglesias se "comerían" al PSOE y Ciudadanos, ya sin máscara, perdería todo el poder de  decisión que potencialmente tiene ahora. Pobre Sánchez, pobre perdedor.


Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/



lunes, 21 de diciembre de 2015

¡MANOS A LA OBRA Y A MOJARSE!


Soy de los que, en día de elecciones, día también de Rastro, madruga para atender como debo a esas dos obligaciones de buen ciudadano madrileño. Ya temprano se notaba en el ambiente que algo iba a pasar, porque el movimiento, aunque fluido, era mayor que el habitual. También estaban las monjas de las grandes ocasiones. Todas con sus sobres en la mano ya desde la puerta, porque la derecha, ya se sabe, en eso, es muy organizada y reparte con eficacia su material en conventos y asilos.
Nos jugábamos mucho y parece que, al menos los madrileños, no defraudamos, porque tres de cada cuatro acudimos a las urnas. Otra cosa ha sido el resultado, porque este Madrid de mis pecados sigue siendo más de derechas de lo que parece, porque la ciudad alegre y confiada de los vinos y las cañas tiene, para mi gusto un alma demasiado conservadora y la prueba es que, aquí, se ha castigado más al PSOE, aunque razones hay para ello, que al propio partido en el gobierno.
Al margen de lo que no deja de ser una contemplación centrípeta del propio ombligo, lo único que ha quedado claro es que este país, Madrid es otra cosa, está más escorado a la izquierda de lo que se nos quiere hacer creer. También, que el márquetin no lo es todo y que un rostro Calvin Klein y dos o tres nombres sonoros no garantizan los votos, del mismo modo que el modelo del anuncio no garantiza que te vayas a perfumar con la colonia que te regalan.
En los últimos años, unos y otros, PP y PSOE, se han empeñado en ser el centro y se han comportado como si sus votantes lo fuesen. Todo un problema de identidad, porque, al PP, los votantes de centro se le han ido, como se escapa el agua de un cesto, hacia la nueva derecha de Albert Rivera, menos corrupta y menso ultramontana que los de Génova 13, siempre que no rasques la pintura externa, y, al PSOE, se le han ido los votantes en tropel, precisamente por haberse sentido seriamente traicionados a lo largo de todos estos años, especialmente en los últimos. Votantes que, en su mayoría, se han ido a Podemos, en busca de una izquierda que ojalá se haga operativa y no les traicione.
Lo que también resulta evidente es que, si finalmente se forma gobierno, su principal misión sería la de hacer muchos cambios y que esos cambios deberían llevar a una reforma constitucional, porque se la reforma de la ley electoral, la posibilidad de que los catalanes decidan su futuro o, quién sabe, la deseable desaparición del Senado, precisarían de una importante reforma constitucional.
Lo del Senado es evidente, porque no es posible que, a nuestra costa, se estén dando la buena vida toda una serie de senadores y senadoras, con sus sueldos, sus viajes y sus dietas, personajes, y pido perdón por el ejemplo, tan deleznables como la alcaldesa del caloret valenciano, mientras el número de diputados es a todas luces insuficiente para representar la realidad política española.
Estoy seguro de que, con lo que nos cuesta el senado se podría aumentar en uno, dos o los que sean precisos, el número de diputados por provincia, con lo que los malditos restos de la regla D'Hont que asfixian a algunos partidos a la hora de obtener representación en provincias pequeñas, dejarían de favorecer a los grandes partidos y, especialmente, al de la derecha que, al menos hasta ahora, acudía en bloque a votar, en tanto que la izquierda cultiva más los matices y opta por diversas opciones a la hora de ir a las urnas.
También, insisto, sería el momento de hacer los cambios precisos para que vascos y catalanes puedan decidir si quieren seguir siendo españoles en el futuro y, de ser así, cómo querrían serlo. Algo que es mucho más importante de lo que parece, porque Podemos, que, con Izquierda Unida, defiende el derecho a decidir de vascos y catalanes, ha sido la lista más votada. Nada que ver, esto, con lo que mezquinamente Albert Rivera llama el referéndum separatista, porque lo que pretende la pregunta es saber si los ciudadanos quieren o no la independencia, para Cataluña y el País Vasco.
Está claro que formar un gobierno requerirá mucha imaginación y mucha generosidad y que algunos partidos se han creado más incompatibilidades de las que serían razonables. También, que los que lo tendrían más fácil serían quienes no han mostrado su intransigencia con las aspiraciones catalanas y que, entre ellos, estarían además los que quieren cambiar una ley, la electoral, que permite que, con parecido número de votos, un partido llegue a obtener casi el doble de escaños o que Unidas Popular Izquierda Unida, para obtener dos escaños necesite casi un millón de votos, en tanto que, a otros, el escaño les sale a sesenta mil votos.
No sé si con estos resultados habrá gobierno, lo que sí sé es que, si quienes lo formen quieren ganarse mi respeto, harían muy bien en atender estas dos reformas tan urgentes, porque elevarían de manera considerable la calidad de nuestra democracia. Así que ¡manos a la obra y a mojarse!


Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/

viernes, 18 de diciembre de 2015

MI VOTO


Hoy seré breve. Al menos eso pretendo, porque, cuando me pongo a escribir, nunca sé cuándo ni de qué manera voy a cerrar la página. Persigo la brevedad, porque lo que voy a tratar de hacer en estas líneas es tan simple, pero tan complicado a la vez, como decir cuál va a ser mi voto el domingo y explicar por qué va a ser ese y no otro.
Vaya por delante que ese voto, como viene siendo desde hace casi cuarenta años, lo que llevamos en democracia, va a ser para la izquierda. Y es que nunca he votado a la derecha ni al centro que, en el mejor de los casos, ha contaminado a la izquierda más ilusionante que llegó a tener este país y que no fue otra que el PSOE de 1982, el de aquel Felipe González brillante y todavía creíble, el de la subida de las pensione, la universalización de la sanidad y la enseñanza gratuita y obligatoria para todos. Un partido socialista al que yo, como muchos, fuimos perdonando la vida y los pecados por aquello del voto útil, por aquello de mejor estos malos, que son los míos, que los otros, los de la derecha. Y les fuimos perdonando incluso cuando comenzaron desmontar, porque ellos fueron pioneros en hacerlo, el estado de bienestar, permitiendo la entrada de la empresa privada en sanidad y educación, las dos grandes conquistas de sus primeros gobiernos.
Siempre voté a la izquierda. Quizá porque, como dicen algunos estudios, nuestro cerebro determina si somos solidarios y progresistas o conservadores y egoístas y a mí me tocó uno solidario, aunque creo que tiene más que ver con la educación que con la genética, el cerebro, como los músculos, se entrena y se le da forma, porque en mi familia lo más a la derecha que se vota es PSOE. Siempre voté a la izquierda y ya estoy mayor para cambiar. Es más, después de haber visto todo lo que he visto y de haber vivido lo que  he vivido, algunas coas muy de cerca, creo que estoy volviendo al punto de partida, para dar mi voto a la Unidad Popular de Alberto Garzón, un candidato, el más joven, al que se le trasparenta la ilusión y la honradez, digan lo que digan quienes tratan de criticarle, no por su pasado, que apenas lo tiene y es muy brillante, sino por el de su formación que, esta vez sí, creo que está dispuesta a cambiar.
Creo que voy a votar a Garzón y creo que no lo voy a hacer a Podemos, porque, desde que comenzó la campaña, Pablo Iglesias ha echado tanta agua al vino de sus primeros mensajes que, ahora, quizá puedan beberlo hasta los niños, pero ya no sabe a vino ni es capaz de despertar el brillo en los ojos de los primeros momentos. No me convence por eso y tampoco me convence, porque no hizo nada para reclamar la presencia de Izquierda Unida o UPyD en los debates. Quizá por la misma razón que no quiso coaligarse con la formación de Garzón, para que nadie perturbase su liderazgo y para no tener que compartir la utopía con nadie y menos, con nadie que tenga datos y experiencia.
Está claro, pues, que mi voto va a ser para Alberto Garzón, para Unidad Popular IU en el Congreso y quizá para quien presente podemos al Senado, cámara bastante inútil, salvo para el gesto, algo que se le da muy bien a la formación de Pablo Iglesias, y para el control del Gobierno.
Votaré a Garzón, porque si la gente busca un político joven, él es el más joven; porque, si lo buscan brillante, él es el más brillante y, porque, si lo quieren honrado, creo que no hay otro más honrado. También porque, pese a sus pecados, creo que suficientemente expiados, la izquierda, más allá de la socialdemocracia y de los movimientos emergentes y por comprobar, debe tener un sitio en el nuevo Congreso. Y más, si, como parece, nada va a poder hacerse sin pactos ni consensos.
Finalmente, le votaré, porque me emocionó verle a la entrada del teatro de La Latina, mi otro barrio, hablando a la gente que no pudo entrar al teatro  ya repleto para escuchar su mitin.
¿Veis? Quería ser breve y no lo he sido. Eso es lo único que hoy no he cumplido. En nada más os he mentido. 


Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/

jueves, 17 de diciembre de 2015

DOS HOSTIAS A RAJOY


Afortunadamente, lo de ayer quedó sólo en un susto. Menos mal, porque no quiero ni imaginarme hasta dónde podría llegar la maquinaria propagandística en su afán por salpicar con lo que sólo es obra de un pobre imbécil, descentrado le llama la Policía, a los rivales de Rajoy en estas elecciones tan cruciales. El puñetazo al presidente no ha tenido consecuencias, pero no por ello debe dejar de hacernos meditar sobre unas cuantas cosas.
La primera de ellas es que todo lo que se dice o se hace tiene consecuencias, que nada es gratis, que quienes toman algunas decisiones, por más que vivan en una burbuja segura e inexpugnable, en algún momento quedan fuera de ella y al alcance del puño de un enajenado o de algo peor. Por eso, por más que le preocupe a mi amigo Bernardo Pérez, que se acabe la fotogénica cercanía de la gente y los candidatos, creo que lo que ocurrió fue consecuencia de un flagrante fallo de su servicio de seguridad, acostumbrado quizás a vivir en el plasma y poco previsor a la hora de que su "protegido" se ponga al alcance de gente entre la que puede haber descerebrados sin control o gente que ha sufrido mucho, gente que ha perdido el trabajo, la casa o los ahorros y no se va a ver en otra igual para desatar su rabia.
Afortunadamente, el joven agresor pertenecía, que se sepa, al primer grupo, al de los descerebrados, y nadie debería sacar partido de la agresión, a favor o en contra del candidato o sus rivales. Y, si digo "debería", es porque ya hay quien ha intentado relacionar al muchacho con este o aquel partido, para, a continuación, atribuir la estúpida agresión al nivel de crispación que alcanzó el debate del pasado lunes entre el agredido y Pedro Sánchez.
Estoy hablando de esa gente que, como Miguel Ángel Rodríguez, dicen lo primero que se les viene a la cabeza, sin comprobar, sin que les importe, que lo que dicen sea verdad o mentira y lo repiten una y otra vez, cada vez más alto y cada vez más deprisa, para fijar en  quienes le escuchan, indefensos en su casa, la idea, el argumento que les interesa transmitir. Lo hizo ayer en Espejo Público, donde negó, entre risas y con sorna, la existencia de la mujer que se había quejado al candidato Sánchez de que a su marido le habían rebajado la ayuda a la dependencia que recibía, de cerca de cuatro cientos euros a poco más de treinta. Miguel Ángel Rodríguez, reía y pinchaba a sus compañeros de mesa, pidiendo que localizasen a la mujer, hasta que ésta apareció en el teléfono, no sólo confirmando la existencia de la carta, sino quejándose de que, frente a los apenas treinta euros que recibe su marido, el padre del presidente Rajoy esté atendido en La Moncloa por dos enfermeras que generan un gasto mensual de cinco mil euros.
Ésta sí que fue una verdadera hostia para Rajoy y para quienes hablan en su nombre emponzoñando el pensamiento de los españoles. Una hostia no buscada que, sin embargo, escocerá más al presidente y de la que poco partido podrán sacar sus corifeos y que no es más que la irrupción del mundo real en el mundo ficticio de las tertulias, en el que se cruzan medias verdades y mentiras, y que no quiero ni imaginar cómo encenderá la sangre de quienes se vean en situaciones parecidas a la de Carmen, que así se llama la mujer, gente agotada, desamparada y cansada de esperar una solución a sus problemas, que un día, aunque sólo sea en campaña, tienen al alcance de su puño el rostro de quien se permite rebatir lo expuesto en la carta, oficial por cierto, diciendo que, durante su mandato, se ha ayudado a decenas de miles de dependientes más.
Afortunadamente, insisto, el joven que agredió a Rajoy no parece atender a ninguna de estas razones, y, afortunadamente, Rajoy -él, que no los suyos- no quiere explotar el incidente. Afortunadamente, digo, porque quienes padecen ese desprecio institucional, esos agravios comparativos de los que hablaba Carmen , es más digna que todo eso y opta por dar a Rajoy la hostia que se merece, hostia metafórica, se entiende, el domingo en las urnas.


Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/

miércoles, 16 de diciembre de 2015

TANTO MONTA, MONTA TANTO...


Se acerca la hora de la verdad y, a quienes juegan la partida de estas trascendentales elecciones, no les queda más remedio que ir enseñando sus cartas, las que tendrán que poner sobre la mesa a partir del lunes 21, cuando se haga patente la imposibilidad de formar, como hasta ahora, un gobierno con un sólo partido. Y, la verdad, es de agradecer que la incertidumbre final y la deriva de las encuestas estén propiciando que, por primera vez en muchos años estemos conociendo de antemano, si no lo que puede ser, sí lo que resultará imposible.
Entre lo que ha cambiado a lo largo de esta campaña, están el hieratismo de Rajoy, su eterno juego de adivinanzas y acertijos y su distancia con los medios. De repente hemos descubierto a un presidente que se deja interpelar y que, por primera vez, admite lo que a todas luces resulta evidente, y que es el hecho de que, aunque el suyo sea el partido más votado, no va a poder formar gobierno en solitario y necesitará, para su investidura, de los votos o la abstención, según los resultados finales, de al menos un partido grande y quién sabe si alguno más pequeño, porque, "cosas veredes, amigo Sancho", a veces, la política hace extraños compañeros de viaje y, si no, que les pregunten a Tsipras, a la hora de sacar adelante su primer gobierno, o a Junts pel sí, en el desiderátum de formar el suyo.
Pues bien, lo que vimos ayer hizo que más de un veterano periodista tuviese que frotarse los ojos al ver a Mariano Rajoy, sentado entre periodistas en el autobús de campaña, admitiendo ante ellos, no sólo que no podrá formar gobierno en solitario, sino que, para formarlo, no recurrirá al "mezquino y ruin" Pedro Sánchez ni a los demonizados universitarios de Podemos. Luego, si ha echado cuentas y ha manifestado esas reservas, los únicos "socios" posibles son, claro, Albert Rivera y sus Ciudadanos.
Parecería evidente y bastaría con ver el comportamiento de los "naranjitos" en la Madrid, donde se retratan cada vez que pueden, votando junto a los populares de Cifuentes en todo lo que tiene que ver con derechos y libertades, la reforma del estatuto de Telemadrid, por ejemplo, o en "oportunidades de negocio". Pero he escrito "parecería" y no "parece". Y lo he hecho con toda la intención, porque me da que Rajoy y su partido no pueden cambiar tanto en tan poco tiempo y que la franqueza de Rajoy, ayer, corresponde a una estrategia de identificación entre su partido y el de Rivera, para debilitar a este último y convertirlo en un socio más fácil y más débil.
Resulta curioso que la campaña pretende acabar con el bipartidismo, consciente o inconscientemente, se esté jugando, como el mus, por parejas y que, en esa partida, las trampas entre compañeros estén al cabo del día, porque qué otra cosa podría ser, de ser cierta, esa estrategia o qué otra cosa puede ser la actitud de Pablo Iglesias, criticando farisaicamente a Pedro Sánchez por haber llamado indecente a Rajoy, cuando tal afirmación está y ha estado a cada minuto en boca de sus votantes.
Está claro que uno y otro, Rajoy e Iglesias, se sienten crecidos tras las encuestas y buscan evitar la fuga de votos hacia su "pareja" en la partida. Está claro que no van a decir la verdad hasta que hablen las urnas, que no van a soltar prenda sobre posibles préstamos y alianzas, porque, unos y otros, tienen ahora más que perder que lo que pueden ganar, algo que entendieron Pedro Sánchez y sus asesores y por eso optaron por la salida en tromba en el debate del lunes,
Quien no tiene nada que perder y todo por ganar es Alberto Garzón, que, a pico y pala, diciendo la verdad y haciendo gala de una honradez rara en este mundo de la política, ha cavado el túnel que ha permitido a su Unidad Popular asomar en las encuestas y quién sabe si algo más. Por eso se sintió libre a la hora de analizar la actitud de Sánchez en el debate, sin hacer en él una sangre innecesaria.
En cuanto a lo de Rajoy ayer, como digo, me pareció, por extraño, una estrategia, pero quizá me esté equivocando. En cualquier caso podría ser, porque cada vez está más claro que tanto monta, monta tanto el PP como Ciudadanos.


Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/