jueves, 16 de mayo de 2013

TUITEARSE ENCIMA

 

No aprenden. No entienden cuál es la magia -y el veneno- del tuit. Se piensan que los mensajitos de ciento cuarenta caracteres son a la conversación lo que la confidencia al oído y hay quien se pasa el día cotilleando y escribiendo chistes y ocurrencias en la pantallita, sin pararse a pensar que la oreja en que vierten su creatividad mal digerida tiene el tamaño del planeta y está permanentemente abierta, para bien y para mal. 

A veces pasa que uno no puede resistirse a la última genialidad que se le ocurre y cuando se le vienen encima las reacciones, cuando la ira ajena o el ridículo propio que desatan, inundan en apenas unos minutos su pantalla, ese uno cae en la cuenta de lo que acaba de escribir. Y se arrepiente y elimina el comentario y le gustaría no haberlo escrito nunca. A veces, la tormenta desatada es tal que acaban por eliminar la misma cuenta que han sido incapaces de administrar con cordura.

El último ejemplo de esto de lo que os comento lo dio ayer una diputada del Partido Popular en las Corts Valencianes, de estética marcadamente Barbie, por cierto, a la que no se le ocurrió otra cosa que hacer un chiste bastante malo, también por cierto, a propósito de la cifra que los diputados de Compromis exhibían en carteles y que no era otra que la del número de parados, 720.000, existentes en la comunidad valenciana. Una cifra ante la que Carmen Amorós, que así se llama la diputada tuvo la feliz idea de recomendar apuntar el número por si era el del gordo de la lotería.

El chiste en cuestión, tuiteado a los cuatro vientos, como se tuitea todo, probablemente iba dirigido únicamente a sus amigos y compañeros de grupo, pero se extendió rápidamente por la red y hurgó en tantas heridas que la cuenta de la barbiediputada se convirtió de inmediato en el orinal en que no pocos descargaron su ira. Es entonces cuando llegaron las lamentaciones y las quejas por sentirse agredida y vejada, como si no supiese cómo funciona el asunto, como si su caso hubiese sido el primero, como si no hubiese antecedentes de políticos, músicos o deportistas afectados por la reacción adversa de una sobredosis de twitter.

Elena Valenciano, Fátima Báñez, Toni Cantó o el arrancacabezas Sigfrid Soria son algunos de los sansebastianes de la política en España, asaeteados desde sus cuentas por haber asomado demasiado la cabeza en Twitter. El afán de notoriedad y el intento de conquista de nuevos "mercados" ha llevado a muchos políticos a abrir su cuenta en la comunidad del pajarito, sin darse cuenta de que el crecimiento exponencial de la audiencia y la extensión de la misma hasta ámbitos insospechados y no deseados, les coloca, con sus miserias, sus ridículos, sus salidas de tono y sus indiscreciones ante los ojos y los oídos de todos, con el riesgo añadido de que en la red no hay vallas, verjas ni antidisturbios que les protejan.

Tanto se ha extendido el uso de esta red social que la Real Academia de la Lengua ya ha incorporado al español  tuitear, tuit y muchas de las palabras con origen en ella. No sé si el verbo se admite en su forma reflexiva, pero parafraseando a un entrevistado que, al ser interrumpido por su propio teléfono móvil, habló de "haberse telefoneado encima" ante lo embarazoso de la situación, creo que no sería exagerado que Carmen Amorós y sus antecesores en el ridículo se tuitean encima. 
 
 

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miércoles, 15 de mayo de 2013

SAN ISIDRO GRIS

 
 
Después de toda una vida persiguiendo estar en el poder, después de dos legislaturas de inquilina en el palacio de La Moncloa, después de entrar con calzador -convenientemente engrasado, eso sí- en la lista de Gallardón al Ayuntamiento de Madrid y después de acceder a la alcaldía tras incumplir éste su compromiso con los madrileños que el votaron -bendito incumplimiento, por cierto- a Ana Botella le ha sobrado media legislatura para demostrar que, en su caso, el cargo le venía demasiado grande a quien apenas ha sido un florero colocado allí en recuerdo a su marido.
Este 15 de mayo, las gaviotas reidoras del Manzanares ya no ríen y el desastre de gestión de la señora de Aznar es, como diría Iñaki Gabilondo, "de aurora boreal". Gallardón se llevó sus manías y neurosis del megalómano despacho que se hizo en Cibeles, pero dejó en él todas las irregularidades y todas las trampas que capaz de urdir en sus años en la alcaldía. Irregularidades y trampas que, sumadas a una gestión económica delirante, convierten al de Madrid en el ayuntamiento más endeudado  y más caro, para los ciudadanos, de España.
Botella ha tenido la desgracia -buscada, por otra parte- de heredar todo eso y de que muchas de las trampas de Gallardón se tornasen trágicas porque todo lo malo que pudo pasar pasó para convertir en tragedias lo que hubiesen sido sólo chorizadas, irresponsables, pero chorizadas. Las muerte de cinco jóvenes en la fiesta del pasado Halloween dieron a la alcaldesa la oportunidad de demostrar toda su torpeza desde el minuto uno, como ella misma diría, porque no quiso privarse de su puente en Lisboa y se limitó al protocolario pésame a las familias, cuando es estaban resquebrajando las columnas que sostenían su administración en Cibeles. Uno tras otro, sus "hombres de confianza" tuvieron que dejar el ayuntamiento al verse imputados en un asunto que el ayuntamiento trato de tapar en un principio y que no hizo más que sacar a la luz la incompetencia y los chanchullos que la carcomían.
Apenas semanas después, nos enteramos de que la M-30, una de las medallas que se colgó Gallardón y que terminó deprisa y corriendo para darle la alcaldía carecía de seguridad, algo que supimos después de la muerte de dos trabajadores que murieron en un caótico incendio de las instalaciones cuando, al parecer, trataron de ocultar por orden de su empresa la inexistencia o inoperancia de los sistemas anti incendio.
La torpe gestión de estos asuntos su escasa química con la gente y su falta de reflejos ante cualquier eventualidad y su afán por reducir su papel de alcaldesa a las meras funciones de representación han dejado claro que la Botella no era la persona indicada para presidir el ayuntamiento madrileño. A la señora Botella, doña Ana, aun le quedan años de ocupar el sillón de alcalde y, desde su partido, ya se lo están moviendo. La alcaldesa se aferra a él y ha ligado su destino a la consecución de los Juegos Olímpicos para Madrid, algo que, dadas las circunstancias, parece poco probable y se desvelará en septiembre.
Hoy, una encuesta publicada por EL PAÍS reverla que los madrileños ya no quieren al PP y que, de celebrarse elecciones ahora, el ayuntamiento pasaría de nuevo a la izquierda, como en los tiempos de Tierno y Barranco, fundamentalmente, gracias al crecimiento de Izquierda Unida. Y no es raro que así sea, porque en esta última legislatura las tasas, el transporte, la ORA, las multas y todo lo demás han convertido Madrid en una ciudad tan cara como si estuviese  en la Costa Azul, pero con un recorte en los servicios sociales, colegios, recogida de basuras y todo lo demás que la devuelven a los tiempos del franquismo.
 
 
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martes, 14 de mayo de 2013

COMO UN BARCO EN MANOS DE UN BORRACHO

Desde que, ya va para cinco años, la economía española comenzó a hacer agua, quienes estamos a bordo, o al menos yo, tenemos la sensación de que quien maneja el timón, arriba en en el puente es un capitán que, o está ciego y sordo, o está borracho. Cómo explicar, si no, todas las maniobras equivocadas que se vienen ordenando, mientras la nave, inexorablemente, se dirige hacia el desastre.
Cuando estalló la burbuja inmobiliaria y la nave comenzó a escorarse, los grandes constructores, los que viajan en primera clase, ayudados por la banca, corrieron a poner sus enseres -todos o casi todos en negro- a salvo en botes salvavidas que partieron a idílicas playas de paraísos fiscales, usando para moverse el combustible que tan necesario le era a la nave con problemas. El resto, lo que les pareció demasiado pesado o poco rentable, lo dejaron a bordo.
Mientras tanto el capitán ciego o borracho comenzó a desmantelar la misma nave, siguiendo las órdenes del armador que, sentado en su cómodo sillón en tierra firme, hace las cuentas de lo que costará salvar la nave y lo que podría sacar de ella como chatarra. Por eso el capitán comenzó a tirar por la borda elementos fundamentales del banco t a mandar marineros a la bodega del paro, cuando en éstas ya se apretaban los que trabajaban al servicio de los privilegiados pasajeros de primera clase y que no quisieron llevarse consigo.
Obsesionado por la sobrecarga, el armador siguió con lo suyo, ordenando arrojar más peso por la borda. Y el capitán, confundido y borracho de poder, decidió también deshacerse de la comida que regaló a los oficiales para que también se pusiesen a flote, alegando que su supervivencia era vital para todos. Y, claro, comenzó a usar la violencia para contener a quienes, algunos desde la primera señal de alarma, habían sido arrojados al fondo de las bodegas. Únicamente los más fuertes y mejor preparados para nadar se atrevieron a saltar por la borda de la frontera para ponerse a salvo por sus medios en un gesto que, desde el puente, se consideró fruto de su espíritu aventurero.
Mientras, el resto, con las máquinas paradas, sin apenas nada para llevarse a la boca, desalojados de sus modestos camarotes, esperamos en alta mar el milagro de la llegada de una ayuda que no sea interesada o quién sabe si de un motín que ponga fin a tanto desatino.
 
 
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lunes, 13 de mayo de 2013

MAYORÍAS

 
 
Andan ahora loe medios de comunicación -y con ellos los partidos- enredados en sondeos acá y allá, sobre esto y lo otro, con la intención de medir la profundidad de la herida que está dejando la crisis en el electorado español, algo que resulta casi tan absurdo como pedir una analítica para un cadáver.
Basta con asomarse a las calles y plazas, con abrir las orejas a algo más que telediarios elaborados al dictado para darse cuenta de que a los partidos, especialmente a los dos mayoritarios, la gente de la calle, la de verdad, los quiere más bien poco.
Siempre he escuchado, y así lo creo, que la mayoría social de este país es de centro-izquierda, en el que, sin embargo, también es cierto que, cada cierto tiempo, la derecha gana con demasiada facilidad.
Qué ocurre entonces. Por qué, entonces, una mayoría de centro-izquierda, progresista, acaba estando bajo gobiernos, no ya de derechas, sino muy conservadores y, para algunas cosas, ultraconservadores.
Creo que la respuesta está en la pobreza de las alternativas que se ofrecen ante las urnas a los votantes de izquierda.
Dicho de otro modo, esa indiscutible mayoría de centro izquierda, al final, acaba teniendo apenas tres opciones ante las elecciones: PSOE, IU y abstención. Si sumamos estos tres factores, obtendremos un retrato de esa mayoría, incluso corrigiendo el dato de  la abstención que, sin duda, al que habrá  que descontar una parte aunque mínima de abstención llamémosla pasiva. En otros países esa alternativa la ofrecen los verdes y sus coaliciones, por la izquierda, o los liberales por el centro derecha, pero en España hemos perdido demasiado tiempo cultivando el voto útil que en último extremo ha acabado haciendo coraza en el bipartidismo que, querámoslo o no, está en el origen de nuestros males.
La soberbia del Gobierno y la pasividad resignada de la oposición socialista, sólo tienen sentido si se  graban en piedra los resultados arrojados por la foto fija, que otra cosa no es, de las elecciones. Pero hay que tomar conciencia de que este país en crisis, no sólo económica, está cambiando y mucho. No hay más que hacer las cuentas de las movilizaciones de la semana que concluyó ayer para comprobar que hay una mar de fondo en la que se expresa el descontento y la frustración de más de dos años de deterioro generalizado, fundamentalmente económico y social, pero causado por otro más grave que es el deterioro de la misma democracia.
Ahora que afloran y se perdonan menos los casos de corrupción, escuchamos que quienes fomentan esa carcoma, las grandes empresas que contratan con la administración, pagan a cualquier partido que gobierne, lo que explicaría que su propósito no sería favorecer a uno frente a otro, sino conseguir que todos acaben dependiendo de sus "donaciones". Ese ha sido el peor de los males, la hipertrofia de los partidos que, al final, los pone en manos de los de siempre.
Por eso es necesario que toda esa fuerza que ha salido a las calles se articule en un partido, una coalición, algo, para reconstruir esa mayoría de centro-izquierda que este país tiene y devolverle el poder y, desde él, rehacer el traje constitucional para que nunca, nunca, vuelvan a repetirse los atropellos ni los vacíos de poder frente a Europa que  tanto daño nos han hecho.
 
 
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domingo, 12 de mayo de 2013

VOTANTES Y GENTE

 
 
Si realmente fuesen honrados, que no lo son, el mayor pecado de los gobiernos de este país y de casi todos los países es el confundir -intencionadamente, por cierto- votantes con gente, porque, para su desgracia, votantes y gente no son la misma cosa. Los confunden y acaban gobernando a la gente en nombre de sus votantes. Pero en el pecado llevan la penitencia, porque, al final, a la gente, que a veces, cada cuatro años, es votante y no siempre del mismo partido, acaba por cansarse de soportar recortes, subidas y abusos y se convierte en marea, activa o de fondo, que en el mejor de los casos aguarda con impaciencia una nueva convocatoria electoral, para dejar claro al gobernante que, cuando le votó, también era gente -ilusa, confundida o como queráis- y no solo un votante al que esgrimir para justificar arbitrariedades.
Eso es lo que le está pasando últimamente, y de golpe, a los populares en el gobierno de la nación y en el de algunas autonomías. Así, la reforma de la legislación del aborto, defendida por Alberto Ruiz Gallardón como un gallito pedante y díscolo, puede que se haya diseñado atendiendo a un programa y a unas alianzas ideológicas diseñadas para una fecha concreta, el 20 de noviembre de 2012, al que, es verdad, dieron su voto varios millones de votantes, las más de las veces, como en los contratos con los bancos, sin haber leído la letra pequeña. Y vete tú ahora desde tu burbuja de cristal blindado a decirle a una mujer, con trabajo o sin él, atravesando dificultades económicas o no, que tiene que dar a luz un niño que viene con malformaciones, porque eso es lo que quieren la iglesia católica, que tanto colaboró en el acoso a Zapatero y ahora quiere su parte. Os aseguro que, salvo excepciones, esa mujer no comparte la mística cruel del ministro de Justicia.
Otro tanto ocurre con la educación. Porque pocos o ninguno de los votantes del PP contaban con los recortes en educación que han expulsado, o casi, a sus hijos de las universidades y que, con el agravamiento de la crisis, les están empujando también hacia una escuela pública sistemáticamente deteriorada por gobiernos como el madrileño. Y qué decir del descomunal rechazo que ha cosechado el ministro Wert en todos los charcos que ha pisado, la huelga y las marchas de los últimos días lo dejan bien claro.
Y qué decir de la Sanidad, recortada, encarecida y privatizada o privatizable allá donde está en manos del PP. Aquí en Madrid y en menos de una semana, alrededor de un millón de personas han dejado por escrito y con su nombre su apoyo al sistema público que los gobiernos populares están empeñados en desmantelar. Porque está claro que quieren tocar lo que funciona para entregárselo a sus amigos mediante un trile de cifras que nunca son claras o ciertas.
Y así podríamos seguir citando la reforma laboral que ha llevado al desmido a miles de trabajadores, también votantes del PP algunos, o la reforma del las pensiones y lo que te rondaré morena, que diría un castizo. Todo en nombre de los votantes, pero sin pensar en la gente. Y hacen mal en gobernar así, porque votantes puede haber millones -un mal día lo tiene cualquiera- pero, para días, los que tiene una legislatura y la gente, que es mucha más que todos los votantes de todos los partidos, también cuenta y estamos viendo cómo. De momento, ninguna de las leyes estrella del programa de Rajoy ha visto la luz y, por más que digan lo contrario o pongan excusas, ha sido por la presión y el malestar de la gente.
 
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sábado, 11 de mayo de 2013

TRES COMIDAS

 

Ayer, después de escribir el "A media luz" del día y mientras, escuchando la radio, me preparaba para salir de casa, me quedé enganchado a la entrevista que Gemma Nierga le hacía a una mujer joven, madre soltera de dos niñas, Nerea y Tatiana, que le contaba las dificultades con que, sin trabajo, sólo con la "ayuda familiar" de los servicios sociales,  y la del padre de las niñas, también en paro, se enfrenta cada día a la hora de dar de comer a sus hijas.

Lucía Medina, que así se llama la joven madre, contaba como estuvo a punto de no acudir a la entrevista en el Palacio de San Telmo de Sevilla, porque esa mañana le había "salido" una casa para limpiar por veinte euros y que los necesitaba. Afortunadamente pudo aplazar la faena unas horas y gracias a ello nos enteramos de cómo muchas noches se enfrentaba a una nevera vacía o con un único huevo con el que hacer una tortilla francesa con la que dar de cenar a las pequeñas, mientras ella, como tantas noches se iba a la cama sin tomar bocado o con medio vaso de leche.

Lucía contó también como sus hijas, especialmente la mayor, de ocho años, era consciente de todo y, en ocasiones, cedía su propia ración para la pequeña y cómo, pese a todo, estaba contenta por poder conservar a sus hijas con ella, para que no tuviesen que pasar por lo que ella pasó cuando sus padres tuvieron que entregarla a una institución, porque no podían cuidar de ella. Lucía contó también que vivía pendiente del móvil, esperando una llamada que le ofreciese los trabajos con los que sacar el dinero necesario para llenar la nevera. También agradeció la medida adoptada por el gobierno de Andalucía para garantizar, a través de la red de comedores escolares, que cualquier niño pueda hacer las tres comidas diarias que necesitan.

He de confesar que -soy de lágrima fácil- me emocione y no tuve necesidad de aplicarme colirio. Pero también he de decir que lo que quizás me emocionó más y al mismo tiempo me llenó de orgullo fue comprobar con qué naturalidad, sin fatalismo, y llena de dignidad contaba Lucía su historia, sin melodramas, sin mendigar, explicaba que lo que quería evitar a toda costa era que sus hijas pasasen por lo que ella pasó cuando tuvo que separarse de sus padres.

No me explico cómo, ante historias como ésta, que, desgraciadamente, son demasiado habituales y no sólo en Andalucía, haya quien se atreve a criticar las medidas sociales -esta y la de la expropiación temporal a los bancos de viviendas vacías procedentes de desahucios- y a acusar a la Junta de hacer chavismo. Está claro que el mundo de quienes hacen estas críticas no va más allá de su lujoso portal o de las verjas de su jardín. Está claro que para no saberse causa de la misma son incapaces de ver la desigualdad y la injusticia.

Os decía que la historia de Lucía me atrapó. Tanto me atrapó que acabé contándosela a los amigos con los que como los viernes. Charlamos mucho sobre el asunto, nos preguntamos cómo contarían Azcona y Berlanga estos tristes años que nos toca vivir y, cuando después de unas horas, nos despedíamos surgió, entre letra y letra de tango y bolero, aquel poema impresionante de Gabriel y Galán, "El embargo", que mis amigos -todo un lujo- Rodolfo Serrano y Pepe Regueira se atrevieron a recitar en su castúo original y que prometí colgar hoy en mi muro de Facebook.
 
Pero lo que, al final, importa de esta historia es que, por vez primera en muchos años, un gobierno hace en España una política social realmente de izquierdas: garantizar, por ejemplo, que todos los niños andaluces, también los hijos de los parados y los desahuciados puedan comer tres veces al día.
 
 
 

viernes, 10 de mayo de 2013

QUE DIMITA O QUE LE CESEN

 
 

El ministro Wert se quejaba el otro día de haber recibido un "pisotazo" de una periodista. Curiosa queja, sobre todo viniendo de quien, desde que llegó a su despacho no ha hecho otra cosa que pisar callos, porque, no ha quedado ni uno a salvo, en todos y cada uno de los departamentos que dependen de su cartera. Y es que desde que llegó a su despacho se las arreglado y no sé como para enfrentarse con tirios y troyanos en todo aquello que ha tocado. A día de hoy, José Ignacio Wert tiene el más que curioso mérito de haber conseguido poner de acuerdo a toda la comunidad educativa, CONCAPA incluida, aunque, eso sí, en su contra.

A veces pienso que el ministro cree vivir todavía en una de esas tertulias de las que era tan habitual, en las que, por desgracia, lo que se premia no es la capacidad de consensuar y llegar a acuerdos, sino que, por el contrario, acaba por tener mayor caché el contertulio que provoca mayor enfrentamiento, porque, dicen, lo que prima es el espectáculo. Por si fuera poco, Wert, un tanto repelente y tan dado a las citas como a los desplantes, debe creerse todavía en un plató o un estudio de radio de los que, tras el enfrentamiento verbal, por más acalorado que fuese, se sale para tomar un café o una cerveza en la Gran Vía.

La reforma educativa, como tantas otras reformas emprendidas por este gobierno, pretende mantener, si no ensanchar, el foso que separa a quienes lo tienen todo de quienes necesitan de la redistribución de riqueza del Estado para alcanzar la justicia social y el bienestar a los que, según la Constitución, tiene derecho. Por decirlo de otro modo, todos y cada uno de los pasos dados por el ministro parecen encaminados a expulsar de institutos y universidades a quienes carezcan del pedigrí de una buena cuna. Es terrible, pero es así, después de más de tres décadas de democracia, Wert parece dispuesto a devolvernos a los tiempos del dictador en los que la educación era privilegio de unos pocos, al que, mediante concesiones tan humillantes como tener que pasar por el seminario accedían también los humildes.

Hoy debería haberse aprobado la reforma Wert, la octava de la democracia. Pero, definitivamente y un día después de la mayor huelga de la comunidad educativa en España y pese a que estaba en la agenda del mismo, tendrá que esperar. Toda una afrenta, por más que se quiera vestir de otra cosa, para este ministro gallito que, como los miura, el mismo lo dice, se crece en el castigo, que, si fuese menos superficial y más honrado debería pensar en dimitir, porque el cargo del viene grande. O, de no hacerlo, debería ser cesado para evitar que el deterioro del panorama educativo no vaya a más.

De la ciencia, cultura y el deporte que también caen bajo su influencia, ya habrá tempo de hablar, porque, me temo, también en unas y otro seguirá pisando callos.
 
 
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