miércoles, 10 de junio de 2015

CIUDADANOS Y LOS PACTOS


Da un poco de miedo pensar que un partido que apenas controló sus listas en estas elecciones, que un partido que, como los viejos estrategas, primero ocupa el territorio y luego ya verá, esté siendo tan decisorio en la formación de los gobiernos de comunidades y ciudades, dándoselos al PP o al  PSOE, según dónde y según les convenga, pero pactando siempre con los responsables de la corrupción que decían querer combatir antes de las elecciones.
Porque es más que casual que Ciudadanos opte por ser la pieza que falta para cerrar gobiernos como el de Andalucía o la Comunidad de Madrid y opte por serlo en solitario. Habrá que ver, si como han venido diciendo, dan ese apoyo desde fuera y habrá que ver que hacen tras las elecciones generales, cuando todo el pescado esté vendido y no quede nada que ocultar a los votantes. Ese será el momento clave. Hasta entonces, Ciudadanos cultivará la ambigüedad que tan buenos resultados le viene dando de momento.
Hay que tener en cuenta que Ciudadanos nació, cuando nació en Cataluña hace diez años, de una gran mentira, la de la supuesta opresión que las instituciones autonómicas ejercían y ejercen sobre quienes se sienten más españoles que catalanes y que, por los resultados obtenidos allí en estos diez años, no fue creída más que por una minoría. Aun así, lo que no se le puede negar a Rivera es su sentido de la oportunidad y un olfato muy especial para identificar problemas y brindarse para solucionarlos, más allá de que finalmente lo consiga.
También sería conveniente saber de dónde salió el dinero que permitió que un empleado de la Caixa se pagase una campaña tan agresiva como contradictoria, aquella en que, como en algunos anuncios de cosmética, posaba castamente desnudo, dejando sin despejar la incógnita de sus vergüenzas, que algunos identifican precisamente con esa financiación nunca desvelada, porque, como a la hora de resolver un asesinato, lo crucial es saber a quién beneficia el crimen.
Ahora, después de que la ambición perdiese a Rosa Díez, dejándole libre el camino para llegar a los descontentos de la derecha y el centro derecha, que no son otros que la derecha económica, la que no comulga con los hipócritas postulados morales y religiosos del PP, Rivera se ve, como un metafórico sereno, con el manojo de llaves que abre y cierra los portales de vecinos tan distintos como PSOE y PP, después de una noche de juerga en la que han perdido gasta el apellido.
También ha contado Ciudadanos, con muchos, demasiados, pies en la empresa con la inexperiencia pacata de Podemos, con resultados mejores que el partido de Rivera en algunas circunscripciones, que por inexperiencia u ortodoxia se ha dejado comer la merienda por los de color naranja, algo que, según se mire, les puede rentas por haber conservado la virginidad, del mismo modo que se puede volver contra ellos por no haber "tocado" poder.
De cualquier modo, salvo en Andalucía, donde todo se ha escrito y firmado ya y donde no creo que haya Tamayos escondidos, en el resto de ayuntamientos y parlamentos aún queda mucha tela por cortar y, dado el reparto de escaños y concejalías, todo es posible aún, más cuando, especialmente para algunos es mucho lo que hay en juego, incluso en lo personal.

De momento, lo que vemos o lo que nos cuentan, al menos, es que, en eso de pactar, Ciudadanos, un partido mucho más jerarquizado que Podemos, gana por goleada y que, si algo le está frenando, es la necesidad de conservar el disfraz que oculta sus verdaderos planteamientos económicos hasta las generales.


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martes, 9 de junio de 2015

¿DE QUIÉN ES EL TRABAJO?


En siglos pasados, las grandes revueltas, las guerras, se hacían por la tierra. Los dueños de la misma, aristócratas y burgueses terratenientes, asfixiaban tanto a sus aparceros, exigiéndoles las rentas y las cosechas, sin importarles si el tiempo había sido compasivo con ellas o inclemente, exprimiéndoles de tal manera que,  demasiado a menudo, la únicas salida eran la emigración o la revuelta.
Hoy las cosas son distintas, o quizá no tanto. Hoy las máquinas han sustituido al hombre en el campo, los grandes tráileres a las carretas y las grandes superficies a los mercados locales, pero la explotación sigue siendo la misma, aunque tenga lugar en otro escenario. Hoy, los hijos y los nietos de aquellos campesinos que dejaron el campo para buscar en la ciudad el pan que más el amo que la tierra les negaba, se encuentran con que la misma codicia, la misma crueldad, la misma dureza de los amos de antaño es la que les deja sin trabajo o recorta los salarios hasta hacer insoportable la esperanza para sí y para sus hijos.
También en las ciudades y en las fábricas en las que buscaron refugio quienes huían del hambre de la tierra que les vio nacer, las máquinas están sustituyendo la fuerza de trabajo y sirven de coartada o de amenaza para que los trabajadores vean reducidos sus salarios, cuando no arruinada su vida laboral. Tampoco escapan a esa ruina los hijos a los que quiso dotar del arma de la educación, invirtiendo sus ahorros en carreras que ahora son casi un obstáculo a la hora de encontrar trabajo. La codicia de los nuevos amos, parapetados tras la máscara de una sociedad anónima y obedeciendo las consignas de los mercados, con gobiernos que aparentemente elegimos todos, también nosotros, pero les sirven y obedecen a ellos, esa codicia, no tiene límites y, como los viejos dioses, a cada sacrificio que se les ofrece, exigen otro, más cruel y más sangriento.
Es lo que ocurre en España, donde, a pesar de que una gran parte de los trabajadores, cada vez mayor, está renunciando, incluso, a las conquistas que lograron sus padres: una vivienda, las vacaciones, una familia, el futuro, no son capaces de llegar a fin de mes con el salario que ganan, si es que tienen la suerte de ganarlo. Es lo que ocurre en un país que, como África, aunque sin pateras, manda a lo mejor de su juventud a ganarse la vida al extranjero, con pocas esperanzas de regresar y devolver a su país el esfuerzo llevado a cabo por todos en su educación.
Ancianos desatendidos, niños que pasan hambre, gente viviendo y durmiendo en las calles, viviendas que se deterioran día adía, en las que se pasa demasiado frío o demasiado calor, todo lo que nos duele a los de abajo, a los que estamos a pie de calle, parece ser invisible para nuestros gobernantes y, no digamos ya, para ese oráculo maldito en que se han convertido organismos antidemocráticos, como el FMI, gobernados por personajes corrompidos y siniestros que se permiten decirnos cuanta hambre y cuanta desigualdad podemos padecer.
Organismos que se permiten decirnos que esos salarios que no dan para llegar fin de mes deben bajar aún más, que deben bajar también las pensiones, que tenemos que  pagar do veces las medicinas que ya pagamos con nuestros impuestos, abaratar el despido y subir el  más injusto de los impuestos, el IVA. Quizá siguiendo una siniestra estrategia diseñada por quienes puentean o "sobornan" a los que elegimos para defendernos y gobernarnos, para convertirnos en un país de pobres y dóciles, en un silo de mano de obra barata para sus fábricas y para servirles en sus vacaciones. Un país en el que el trabajo digno no sea ya un derecho constitucional, sino unas migajas que, de vez en cuando, caen del mantel de sus grandes festines,
Pero los puestos de trabajo, como pedían los campesinos hace un siglo y antes que fuese la tierra, han de ser para quienes lo trabajan. No para esos codiciosos que lo exprimen y nos exprimen hasta la desesperación que, con suerte, lleva a la revuelta.


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lunes, 8 de junio de 2015

GATO BLANCO, GATO NEGRO


Ayer domingo, mientras me preparaba pasar someterme al suplicio del sol de justicia que desde hace días luce sobre Madrid, al escuchar al director de AS, Alfredo Relaño, en la SER fuera de su horario habitual, pensé algo del desayuno, el tomate de la tostada o la leche del café, me había sentado mal, porque le escuché decir que, pese a las corruptelas destapadas en la FIFA por el FBI, el organismo que rige el fútbol internacional organiza bien los campeonatos del mundo y que en los partidos que organiza aparecen niños con "mensajes", atribuyendo, además, a los Estados Unidos una intención perversa en la investigación que perseguiría quitar a la Rusia que pretende quedarse con Crimea la organización del mundial 2018.
Menos mal que no defendió la celebración del mundial de Qatar, donde habría que jugar a cuarenta grados a la sombra y donde los estadios en que se celebrarán los partidos bajo un sol como el que padecemos estos días en el centro de la península, se construyen a marchas forzadas y con mano de obra que soporta inseguridad, riesgo de accidentes y condiciones de trabajo cercanas al esclavismo, como si de unas nuevas pirámides se tratase. Una decisión tan absurda, la de conceder el mundial a Qatar, que sólo la corrupción y una suma de intereses bastardos la justificaría.
Sin embargo, Relaño se mostró tan pragmático como los votantes del PP que, mientras se mantuvo  la bonanza de la burbuja inmobiliaria, miraron para otro lado y no quisieron ver la maquinaria corrupta y antidemocrática en que se ha convertido el partido que "todavía" gobierna España. Como aquellos que han votado al PP hasta ahora o como ese Felipe González que regresó de China entusiasmado por el proverbio delos gatos que le había enseñado Deng Xiaoping, gatos de los que no importaría el color siempre que cazasen ratones.
Pues bien, señor Relaño, señor González, señores votantes del PP, claro que importa, si no el color del gato, sí que, además de cazar ratones, no se coma lo que hay en nuestra despensa. Y me temo que los ratones de los que hablamos, aquí y en la sede de la FIFA en Suiza, llevan unos cuantos años, por no decir décadas, comiéndose el queso y las galletas de la despensa común, mientras les aplaudimos embobados, sin importarnos la calaña de quienes recaudan y gastan, sea en el fútbol o en el Gobierno. Y no hay más que ver al personaje que se ha encaramado a la presidencia del fútbol español, un tipo hosco y malencarado, al que, ni siquiera como primo lejano de los padres de uno de los contrayentes, querríamos en una boda.
Llevábamos demasiado tiempo embobados con obras faraónicas que no nos podemos permitir, con una economía basada en la especulación y el crédito que nos hizo creer que éramos los reyes del mambo y, a la postre, nos ha dejado con una mano delante y otra detrás, cuando no en la mismísima calle, después de toda una vida trabajando para pagar un piso que ahora es, como el beneficio, de los bancos y los banqueros que, junto a los políticos que con nuestro voto, eso sí, se lo han consentido, verdaderos responsables, junto con nuestra ceguera, de la desgracia.
Quizá Relaño tuviese razón al decir que la FIFA organiza mejor que el COI, quizá también la tenga al pensar que lo que interesa al FBI es arrebatar el mundial a Rusia. Quizá muchos españoles han vivido en los años pasados una época de lujo y caprichos que no esperaban, Quizá, Pero eso no justifica tanto abuso ni puede llevarnos a ignorar que, en nuestra casa, más de uno y de dos gatos, demasiados gatos, no eran del color apropiado.


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viernes, 5 de junio de 2015

UN HEDIONDO CAMPO DE MINAS




Existe un desarreglo mental perfectamente descrito y reconocido que es el síndrome del acumulador compulsivo. Un trastorno, parecido, pero distinto al síndrome de Diógenes,  por el que el individuo que lo padece acumula en su vivienda objetos sin valor aparente para otros, hasta el punto de hacer difícil, cuando no imposible, el uso del espacio de la vivienda.
Los hay que acumulan, ropa, libros, periódicos, discos, figuras o cualquier tipo de objetos. Y los hay que, como Esperanza Aguirre o el PP, acumulan en su espacio vital corruptos, imputados o no, que a causa de sus problemas con la justicia, no hacen sino dificultar sus movimientos en el espacio común de la vida pública, hasta el punto de atar de pies y manos, no ya al que ha traído y acumulado toda esa corrupción, sino a quienes pretenden convivir con él.
La trastienda del Partido Popular, en especial en Valencia y Madrid, está llena de mercancía en mal estado, corrupta, a punto de corromper todas las existencias, mercancía que ha echado por tierra el prestigio y la buena fama del "tendero" y que ha provocado la fuga de sus "clientes" en un goteo que al principio fue más o menos intenso y que ahora fluye a borbotones. Pero el tendero, que no quiere perder lo invertido en la mercancía corrupto, se limita a tratar de echar fuera esa mercancía y lo hace alterando la fecha de caducidad, como hizo ayer con la dimisión de los consejeros Salvador Victoria y Lucía Figar, a sabiendas de que esas renuncias solo servirían para que Ciudadanos se avenga a dejar paso a que Cristina Cifuentes sea investida presidenta de la Comunidad de Madrid.
Hubo ayer quien lanzó las campanas al vuelo al considerar que, con las dimisiones se había superado el obstáculo. Sin embargo, Albert Rivera, que puede ser todo menos tonto, sigue rondando los cebos que le lanza el PP, sin llegar a morder el anzuelo, porque sabe, como todos, salvo, al parecer, el PP y quien lo dirige que Figar y Victoria no son los únicos presuntos corruptos en el Partido Popular de Madrid y que, en la misma lista que la candidata Cifuentes le pide que apoye hay más de uno y de dos nombres que en breve se pueden ver escritos en papel judicial.
El PP, porque le ha venido muy bien para sus objetivos, se ha llenado de corruptos, que lo han sido unas veces por su propio interés y otras por el del partido.  Corruptos y presuntos corruptos que, por ser los amos del cotarro o por estar al menos en sus cercanías han ocupado, elección tras elección, sus candidaturas, pensando siempre en los paseos militares que, hasta hace dos semanas habían sido las elecciones y en que era mejor llevar ya corruptos en ellas que tener que enseñar  a corromperse a los recién llegados.
Lo malo es que el paseo militar se convirtió, como admitió en su abrazo con Castellanos la inefable Rita Barberá, acabó en hostia, en una hostia monumental, añado yo, que les ha está llevando a tener que pedir permiso para gobernar incluso allá donde han sido la lista más votada. Y, por ese vicio tan arraigado que tenemos de mirarlo todo desde el ombligo de Madrid, lo que está en el punto de mira de Ciudadanos, y de todos, es esa lista de Cifuentes elaborada por Esperanza Aguirre, en la que ya hay quien señala próximos imputados. Por eso, Rivera, que, como digo, es listo, exige que el acuerdo a que llegue con la candidata lleve también la firma de Aguirre como presidenta del partido en Madrid.

Buena estrategia la del líder de Ciudadanos -más sabiendo que las dimisiones de ayer no fueron  obra de Aguirre, sino de Rajoy- que posiblemente sólo busque excusas de cara a no verse en el trance de quitarse la careta a las generales, para no dar su visto bueno a la lista de Cifuentes, una lista que, dicen, sería un hediondo campo de minas que es mejor no pisar.


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miércoles, 3 de junio de 2015

LUZ Y TAQUÍGRAFOS

Al PP, al igual que a CiU, le gustaría sufrir, que sufriésemos, en silencio, como si de unas rebeldes hemorroides se tratase, la corrupción. Lo tienen muy claro como claro lo dejó el propio Rajoy en Sitges, cuando este fin de semana, atribuyó su hostia electoral, quién sabe si "hundimiento", a la corrupción, pero, sobre todo, al martilleo incesante de los medios al informar sobre ella.
Quizá por ello, los populares y los catalanes de CiU se pusieron de acuerdo ayer en el Congreso para aliviar a los corruptos y a otros presuntos delincuentes la llamada "pena de telediario", esa que sufre todo aquel que, como Rato, es sacado de su domicilio en medio de agentes, previa convocatoria a la prensa, o acude a los juzgados con fecha y hora prefijadas. Se pusieron de acuerdo para prohibir la toma de esas imágenes que, desde hace unos meses ocupan las portadas de la prensa y los telediarios. Uno y otro partido se comportaron con su decisión como esos jinetes, los picadores, por ejemplo, que tapan limitan la visión de sus caballerías, no para evitar que se asusten, sino para que, en medio del susto, den con los huesos del que las monta en tierra.
Al PP y también a CiU les preocupa menos la corrupción que el ruido que provoca o el efecto que ese ruido provoca en la ciudadanía. Al PP, está claro, no le preocupa que unos cuantos de sus consejeros en Madrid, Valencia, Murcia, Baleares o Castilla y León, estén imputados, Si no, creo yo, no estarían en sus cargos o formarían parte de sus listas electorales. Lo que les preocupa es que quienes se han quedado sin vivienda, sin trabajo o sin futuro relacionen el saqueo pertinaz de lo público, los abusos, las corruptelas y los contratos "de favor" que se firman con los amigos y padrinos del gobierno, con quienes aparecen una y otra vez en tertulias y telediarios, entrando y saliendo de los juzgados.
Yo mismo podría decir que no es justo someter a quienes aún no han sido condenados a humillarse ante los flashes y las cámaras cada vez que acuden, y son muchas, a un juzgado. Sin embargo, esto que tanto preocupa ahora al PP y a CiU, ni es nuevo ni es exclusivo de la política, porque la "pena de telediario" la sufren cuantos rengan la desgracia de aparecer en una investigación o un sumario, sin que nadie ponga a salvo su presunción de inocencia o el respeto que cualquier ciudadano merece.
Podría decirlo y lo pienso, sin embargo me parece que lo de CiU y su socio en la propuesta, el PP, actúan con una cierta hipocresía, puesto que, cuando los reos de esa condena catódica han sido otros, no sólo no se han apiadado de ellos o han salido en defensa de sus derechos, sino que han jaleado el escarnio y lo han utilizado sin pudor como munición para sus adversarios.
Al PP no le gusta que  el mismo día nos enteremos de la imputación de dos consejeros en funciones de los gobiernos de Aguirre, Salvador Victoria y Lucía Figar. Como tampoco le gustara que apenas unas horas después de conocer estas últimas imputaciones, nos enteremos de que el marido de esa consejera, famosa por haber abandonado la enseñanza pública en Madrid, en favor de la privada, especialmente la confesional y especialmente la relacionada con el Opus Dei,  Carlos Aragonés, que fuera jefe de gabinete de Aznar, olvido mencionar en la declaración de actividades que todo diputado debe entregar al Consejo, pese a formar parte de la comisión de Cultura de la cámara que forma parte del consejo de administración de la editorial Rialp, ligada también al Opus Dei.
No sé por qué soy tan desconfiado, porque seguro que si el PP o hace será, como todo lo que hace, por nuestro bien. Y, si nos quita el martillo, es para que no nos machaquemos los dedos con los que hemos de votar, aunque, tal y como están las cosas y cuando la Audiencia Nacional vuelva a su sede en la acera de enfrente de Génova 13, será más rentable cavar un túnel que una uno y otro edificio, mientras tanto, luz y taquígrafos.


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martes, 2 de junio de 2015

LA FALTA DE COSTUMBRE



Desde que, hace una semana conocimos los resultados de las elecciones municipales y los  gobiernos autónomos del "café para todos", no haceos otra cosa que cábalas sobre el color que tendrán alcaldes y presidentes cuando, dentro de unos días, se formen los gobiernos y consistorios resultantes de la voluntad de los ciudadanos. Cábalas que, en contra de lo que venía siendo habitual, ya no conducen a lo que hasta ahora se había resuelto con un simple trámite, sino que desembocan en negociaciones, las más de las veces  complicadas.
Curiosamente y pese a que la facilidad con que las mayorías absolutas han resuelto es en gran parte culpable de la corrupción y el despilfarro que hemos padecido en los últimos años, parece que se nos quiere transmitir inquietud y desconfianza. La inquietud y la desconfianza inducidas por aquellos a los que, para sus negocios, siempre les viene mejor hacer sonar su melodía con un  único solista que teniendo que "afinar" toda una orquesta.
Sin embargo tenemos que superar esa inquietud, ya os digo que inducida, porque el resultado no es en absoluto preocupante, sino que es el que viene siendo habitual en la mayoría de los países de nuestro entorno, salvo aquellos en los que, como Francia, resuelven la incógnita con una segunda vuelta a la que concurren los dos candidatos resultantes de una negociación entre partidos que, finamente, se ha de someter al voto de los ciudadanos.
Por desgracia, las mayorías resultantes de la aplicación de la ley D'Hondt, y del dopaje de los créditos bancarios, las donaciones interesadas o, simplemente, las corruptelas de quienes llegan al poder para quedarse mucho tiempo en él, son las que han propiciado, bien es verdad que con el aplauso cómplice de muchos ciudadanos desinformados, el gasto inútil y suntuoso que ha disparado la deuda, si no han llevado a la ruina, a muchos ayuntamientos.
Es muy fácil, cuando se dispone de una mayoría absoluta, llevarse la sede del ayuntamiento al más suntuoso de la ciudad, mientras se dejan las calles sin barrer y se cierran instalaciones deportivas por la falta de un personal que previamente se ha despedido, se deja sin ayudas a miles de familias en dificultades o se dilapida el patrimonio en edificios, solares y viviendas sociales que tantos años tanto dinero salido de  os impuestos de los ciudadanos costó reunir.
Pongamos que, en esto último, hablo de Madrid, pero no es una situación exclusiva de la capital, porque se viene repitiendo en otras muchas ciudades, al igual que los privilegios, los amiguismos, los concursos amañados, el enchufismo en la contratación de personal, los viajes suntuosos y tantos y tantos vicios tan asentados en una democracia que ya no es joven, pero aún padece el sarampión que padecen los nuevos ricos, las más de las veces sin serlo.
La impaciencia y la inquietud que tratan de inocularnos los medios de comunicación, voz de su amo de la gran empresa, no son más que la impaciencia y l inquietud de quien quiere cerrar cuanto antes balances negocios, algo que no ocurría cuando los ayuntamientos eran en sí mismos proveedores de servicios, con plantillas que, estuviese quien estuviese al frente del consistorio, seguían cumpliendo sus funciones desde sus puestos de trabajo, sin vivir al albur de que un nuevo gobierno rescindiese el contrato que los atendía.
No debemos inquietarnos. La mayor o menor dificultad en alcanzar acuerdos debe garantizar ante todo la solidez de los gobiernos resultantes y, sobre todo, que el color resultante se parezca al color dela ciudadanía que, en gran parte del país es de un rojo más o menos subido, porque los españoles, siempre que les han dado opciones que apoyar, se han colocado en la izquierda o en el progresismo.
No hay que preocuparse. Por el contrario, hay que dejar que las negociaciones fructifiquen en pactos que sean buenos para los ciudadanos que hace ya tiempo que se los merecen  No debe haber la más mínima inquietud. No hay peligro, sólo falta de costumbre.


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lunes, 1 de junio de 2015

TODOS TIENEN RAZONES



Pareciera como si este fin de semana hubiese escogido por todos para acabar teniendo razón. La han tenido, por ejemplo, los agoreros que, ya desde hace semanas, cuando se vio que el Barça sería uno de los finalistas de la Copa hoy del rey, que lo fue del generalísimo y también del presidente de la República, comenzaron a poner vendas sobre una herida aún no abierta o, quién sabe, si a echar sal sobre otra mal cerrada. Todos ellos, políticos de uno y otro signo, periodistas y algún que otro deportista, pusieron el foco sobre lo que iba a durar un minuto antes de que Messi y los suyos comenzasen a hacer magia sobre el césped, un minuto apenas en medio de dos días de magnífica convivencia entre seguidores del Athletic de Bilbao, no todos vascos, no todos nacionalistas, y los barceloneses, no todos del Barça. no todos nacidos en Cataluña y  no todos "soberanistas".
Un sólo minuto de casi tres mil de convivencia que está siendo aprovechado por los oficiantes de la confusión y el odio, para colocar su mensaje aquí y allá, para llevar el agua del incidente a su molino y para preparar la polémica del próximo año, porque muy difícilmente no será el Barça uno de los finalistas de la próxima edición.
Lo de la noche del sábado fue otra profecía auto cumplida, porque quienes amenazaron con sanciones ¿de qué tipo y a quiénes? sabían perfectamente que sus amenazas aumentarían las expectativas sobre la pitada y las ganas de pitar de quienes estaban dispuestos a hacerlo. Tenían razón, porque al centrar la atención de los medios sobre esos hipotético minuto de ruido, difuminaban el aspecto deportivo de una final que a más de uno le hubiese gustado jugar o de la hostia electoral (Rita dixit) de hace sólo una semana y de la que aún siguen lamiéndose las heridas, temerosos de los que se les viene encima o, por decirlo mejor, lo que se les ha hundido bajo los pies.
Tuvieron también razón, echando el resto en la pitada, quienes esperaban un refrendo a su "proceso" en las municipales, una esperanza frustrada por la consolidación de las alianzas de izquierda, alianzas transversales, para las que el bienestar de los ciudadanos están por delante de sus sentimientos y de sus aspiraciones nacionalistas. Quizá por eso llenaron los accesos al campo de silbatos y vuvuzelas cuatribarradas para que los poco habilidosos no se quedasen con las ganas de pitar.
Pero también tenía razón Jesús Gallego, director del Carrusel Deportivo de la SER, cuando ayer, al abrir su programa, se preguntaba a quién habría que sancionar por la pitada, porque no está claro si debería ser a cada uno de los noventa mil espectadores presente, algunos de los cuales seguro que no silbaron, o a los responsables de ambos equipos, al propietario del campo, cedido a la federación para el encuentro, o a la propia federación, organizadora del partido y distribuidora de veinte mil de las localidades. Difícil pregunta, sin duda.
Tiene razón el gobierno, encelado con el asunto, porque "políticamente" cree que le beneficia. al dirigir la investigación y las posibles sanciones hacia las plataformas soberanistas que regalaron silbatos a quienes acudían al campo, como si no se pudiese pitar sin pito o silbar sin silbato. Más bien creo que sabe que haría el ridículo y provocaría un terremoto, sancionando al Athletic, mayoritario en las gradas, o al Barça, y no digamos ya, multando a la Real Federación de Fútbol de España.
También tuvieron razón, cómo no, quienes potaron, quizá les faltó educación, pero razones íntimas u sentimentales seguro que no les faltaban, incluso si lo que trataban de hacer era pasar el rato soltando aire y adrenalina, porque, sin duda, les amparaba el derecho a la libertad de expresión. Probablemente y según dicen algunos, les faltó educación, porque faltaron al respeto al himno y, dicen, aunque eso habría que verlo, al resto de los españoles. Sí faltaron, si es que le faltaron, a un respeto impuesto, el de escuchar en silencio el himno, uno de los símbolos del Estado, que quizá representa a una forma de estado no deseada. Pero creo que estaban en su derecho, porque el respeto no se impone, se gana.
Como solución propongo que el rey no asista a la entrega de la Copa que ahora lleva su nombre, que se suprima la obligatoriedad de hacer sonar el himno para recibirle, que las finales se jueguen sólo en estadios de territorio no nacionalistas o que se prohíba la participación de equipos de esos territorios cuyos seguidores podrían no respetar el himno.
En fin todos quieren tener razón, la razón, pero lo que tienen, en realidad, son razones.


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