Debe ser duro lo del ministro Montoro. Debe ser muy duro
levantarse cada mañana para encontrarse con esa cara en el espejo, mientras se
escuchan en la radio los balbuceantes "chascarrillos" con que ha
tratado de explicar su última fechoría. Debe ser muy duro, salvo que se carezca
de moral.
Cómo, si no, puede explicarse que quien perdona a los
delincuentes que roban lo que es de todos, porque esquivar a Hacienda no es
otra cosa, se permita decir con la mayor de las solturas que hay que subir el
IVA que, por ejemplo, también grava la leche del desayuno, la harina o el pan
con que subsisten muchos y los pañales de los bebés y sus abuelos, porque hay
quien no lo paga y, para compensar esa carencia, nada mejor que apretar más las
tuercas a quienes están "cazados" por el sistema.
Sólo se puede ser más inmoral si, simplemente, se carece de
moral, lo que, bien pensado, no deja de ser una magnífica vacuna para pasar por
la vida sin que nos afecten los crímenes de unos ni el dolor de otros. Una
vacuna que tiene virtudes anestesiantes, que controla las náuseas que a
cualquiera le producirían algunas cosas y que, además, borra de la memoria
culpas y responsabilidades.
Qué suerte la de Montoro y otros como Montoro. Qué suerte,
decir una cosa y la contraria sin que pase nada. Entre otras cosas, porque tan
amorales como Montoro son los responsables de los medios de comunicación que
tragan y tragan como un enorme sumidero todas las imposiciones de los partidos,
especialmente del que está en el gobierno, y admiten sin pestañear todas estas
tropelías.
Sólo hay una cosa peor que estar gobernados por personajes
sin moral y sin conciencia. Esa cosa es que lo hagan en medio del silencio de
quienes todos pensábamos que cumplirían el papel de ser la conciencia crítica
de la sociedad.
A este paso, unos pocos pagarán la cuenta de todos,
especialmente la de los ricos, los estafadores, los saqueadores de bancos con
llave de la caja, los defraudadores y todos los mafiosos que revolotean sobre
los que van cayendo en el largo camino de la crisis. Esos pocos serán quienes
tengan la suerte de cobrar una nómina y quienes todavía puedan comprar pan,
huevos y aceite.

