lunes, 7 de mayo de 2012

LA LECCIÓN FRANCESA


Francia, el 52% de sus ciudadanos con derecho al voto, ha demostrado que no el dinero, el poder económico, no lo puede todo. Pese a la amenaza de los mercados, que han afilado sus dientes estas dos últimas semanas. Pese a la presión de los sondeos que uno nunca sabe si reflejan la verdad o tratan de modificarla, los franceses han escogido a un candidato sin glamour ni grandeur que, sin embargo, cumplía con las expectativas de quienes están sufriendo la crisis, no sólo en Francia, sino en el resto de Europa.
Ahora le toca a François Hollande la difícil tarea de demostrar que hay otra forma de hacer las cosas. Le toca cumplir sus promesas de podar el árbol de la economía por la copa de los grandes patrimonios y las todopoderosas empresas, en lugar de hacerlo por las raíces de la gente, humilde o no, que cree en la solidaridad, en la justicia social y, sobre todo en la juventud. Hollande hizo hincapié anoche en su discurso de celebración que va a salvaguardar el Estado de Bienestar y esa sola frase abre grandes esperanzas para quienes estamos viendo cómo aquí lo desmantelan.
Falta por comprobar cómo los mercados que no tienen corazón o, si lo tienen, late a un ritmo distinto del de la gente, reciben con los brazos y las cotizaciones caídas a quien puede acabar con su imperio de chantaje y terror. De momento, lo que parece claro es que la victoria del socialista, la primera de la izquierda en 17 años, ha supuesto una inyección de esperanza entre tanto abatimiento sin salida.
Los franceses han conseguido cambiar el rumbo falsamente inexorable de las cosas. Lo han logrado en Francia y pueden lograrlo también en Europa.
Después de lo de ayer, a mí, a muchos españoles que no votamos a Rajoy o que le votaron con u programa falso y hoy se sienten estafados, se nos van a hacer muy largos los tres años largos de servilismo y dureza innecesaria que, sobre el papel, nos quedan por sufrir.

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domingo, 6 de mayo de 2012

¿VUELVE LA GENTE?


Si escribo "la gente" y no "el pueblo", es porque parece que, en tiempos como estos, de desprestigio de todo lo que tenga que ver con la política, algunas palabras adolecen de un exceso de connotaciones y de un pasado que las contamina.
Formo parte de una generación que creció añorando una libertad que nunca había tenido y fiándolo todo a la democracia y las urnas. Aún recuerdo el primer día, la primera mañana, en que me acerqué con mi papeleta a unas urnas en la confianza de que el pueblo, ahora sí, la gente nunca podría equivocarse. Luego, con el tiempo he llegado a darme cuenta de que no siempre es así o de que, mejor dicho, a la gente no siempre le dan todos los datos para que pueda elegir sin equivocarse.
Eso es lo que ha venido ocurriendo á lo largo de los últimos años, no sé si en Europa, pero sí, al menos, en España: se han dejado al alcance de la gente demasiadas armas, cargadas y peligrosas para quien no es capaz de ver las consecuencias de gestos tan simples como depositar un voto o apretar un gatillo.
La labor de aturdimiento y encanallamiento de las conciencias que ha venido llevando a cabo por la gran mayoría de las televisiones, de un modo perfectamente consciente, si no científico, ha trastocado cualquier sistema de valores que pudiera existir.
Como el esos programas que, en medio de gritos y gestos soeces, echan abajo el honor y la intimidad de "los famosos", en nuestra clase política se han instalado el tú mas, las mentiras y los insultos, a la búsqueda, más que del apoyo propio, el desprestigio y la estigmatización del otro.
Los españoles, hayamos votado o no al Partido Popular, hemos comprobado en nuestras carnes hasta qué punto es importante no dejarse llevar por chascarrillos y mensajes superficiales, porque nada de lo que prometió el PP en campaña se ha convertido en realidad, mientras que, muy al contrario, Rajoy ha llevado a cabo hasta límites insospechados aquello de lo que acusaba a su antecesor.
Hoy Francia elige al presidente de la república. Y tiene que escoger entre un sobreactuado Sarkozy y un discreto y sereno Hollande. Eso en la superficie. En realidad opta entre una Europa sometida a la dictadura del neocapitalismo insaciable que, como una enorme araña va atrapando a sus presas en sus redes, tendidas contra el sol para deslumbrarlas, y, luego, vaciarlas, dejarlas secas e inertes, mientras el monstruo se retira a descansar sobre las sedas de los mercados, bien tensas ellas, para detectar cualquier movimiento desesperado de una futra presa.
Esta noche, en Francia, puede ocurrir que vuelva al Eliseo, si no el pueblo, sí la gente. O, al menos, los problemas de la gente. Del voto de los franceses depende no sólo su futuro, sino el de toda Europa, tan atiborrada de audis, vacaciones exóticas y segundas residencias, para que deje de pensar en "pelotazos" y comience a hacerlo en que funcionen hospitales y las consultas, los colegios y las universidades y para que nunca más volvamos a caer en los mismos errores.


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sábado, 5 de mayo de 2012

DERROCHE POLICIAL



Una vez más, ante la página en blanco y echando un vistazo a la actualidad, sólo soy capaz de arrancar con la convicción de que algunas decisiones del Gobierno, si no fueran tan ofensivas e injustas, rozarían el ridículo más trágicamente jocoso.
Cómo es posible que un país que las está pasando canutas se convierta en el anfitrión del guateque más caro de cuantos son posibles en esta Europa abatida y renqueante. No me lo explico. No hubiese sido mejor llevarlo a Berlín o a cualquier balneario de Suiza, cerca de donde, al fin y al cabo, acaban nuestros euros.
No sé, tampoco me interesa tanto saber, de qué provincia española procede el secretario de Estado de Seguridad, señor Ulloa, pero, por su amor a los desfiles y los disfraces, tal parece que provenga del Alicante que se perfuma de la pólvora de los arcabuzazos, mientras escucha sus explosiones y el arrastrar de pies de los desfiles de moros y cristianos.
En algo así han convertido a Barcelona esta semana, en un Alcoy de anchas avenidas en el que los disfrazados prefieren el azul marino el negro antes que el colorido de los uniformes de las distintas comparsas. Un derrochador despliegue policial, entre ocho y nueve mil, a cargo de distintos cuerpos, por tierra mar y aire, en los tejados y en las cloacas, con el levantamiento de fronteras olvidadas que, al final, como balance final, no ha obtenido ningún resultado, porque no ha habido detenidos y los únicos incidentes registrados han sido los provocados por los mismos policías por su exceso de celo con la peligrosa prensa, testigo, incómodo siempre, de sus excesos.
Cuando, ayer, el secretario de Estado del ramo se puso al alcance de la prensa, se negó a revelar el único dato que podía interesar a un país que sufre cada día un nuevo zarpazo de las tijeras de sus gestores. Se limitó a compararlo con el de acontecimientos deportivos y a asegurar que fue menor que el despliegue policial de la pasada huelga general.
Por el contrario, ese mismo servidor público -al fin y al cabo es lo que es Ignacio Ulloa- se permitió aseverar ante los frustrados informadores que "sólo con seguridad vamos a conseguir salir adelante de esta situación crítica que atraviesan España y Cataluña".
"Sólo con seguridad". Acabáramos. Eso mismo es lo que pensaba aquel militar corto de talla y sanguinario que mantuvo a este país esposado y amordazado, amén de detenido en el tiempo durante cerca de cuarenta años. Al final, como la realidad es tozuda, no le sirvió de nada, porque, pese a que murió de manera miserable y encarnizada a manos de su yerno, su proyecto se deshizo como un azucarillo en el agua, antes de que su cadáver llegara a enfriarse.
Resulta más que sospechosa esta obsesión del PP por la seguridad. Sin ir más lejos, yo fui testigo del innecesario despliegue policial que se dispuso para la concentración de periodistas del jueves ¿Esperaban acaso que acabásemos a hostias entre nosotros o lo que temían es que los propietarios de los medios, no contentos con explotarnos y despedirnos, quisiesen agredirnos?
Es lo que tienen. Para ellos, la seguridad a defender no es la de los ciudadanos -que se lo pregunten, si no, a Baltasar Garzón- sino la de eso que llaman Estado o patria, según el escenario, pero que, al fin y al cabo no es más que el montante de sus intereses.
Por último y como de economía y eficiencia se trata, mal ejemplo nos ha dado el señor Ulloa, teniendo durante días, a pensión completa, en Barcelona a esos ocho o nueve mil policías, mossos d’Esquadra y guardias civiles, sin que se tenga noticia de que, sin detenciones, complots desbaratados o incidentes resueltos, haya servido para nada.
En fin un derroche policial y más en tiempos de penurias y recortes.



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viernes, 4 de mayo de 2012

BANQUEROS MALOS



No sé por qué criticamos tanto al ministro de Economía de Rajoy, aunque cada vez tengo menos claro que lo sea, porque parece que Rajoy, dada su falta de información y autoridad, es del ministro. No sé por qué le criticamos tanto, cuando lo que está haciendo es un excelente ejercicio de pedagogía política.
Está muy claro el porqué de la tardanza en asumir que la banca española tiene, no ya un problema, sino un verdadero problemón. De hecho, hasta que Mario Draghi, responsables del Banco Central Europeo, no ha venido a decírnoslo a la cara, el problema, era un secreto tan bien guardado como el de que, en París, casi siempre llueve. De Guindos lo hacía por pura pedagogía, lo hacía porque tenía muy claro que, evidenciando que el problema de España es el problema de sus bancos, ningún ciudadano hubiese aceptado, de hecho no los aceptan, los recortes que, a sus derechos y prestaciones, se les vienen haciendo desde hace tres o cuatro meses.
Probablemente, lo más difícil para De Guindos ha sido poner nombre a la última, desesperada y forzosa maniobra a aplicar sobre la banca. Después de negar hasta la saciedad que se iba a crear un banco malo con toda la mierda acumulada a lo largo de los años del ladrillo por unos directivos irresponsables que disfrutan hoy de indemnizaciones, pensiones y bonus suficientes para reflotar, no una, sino muchas empresas, después de ese ejercicio de ineptitud o de cinismo, o de las dos cosas, nos vienen ahora con eso de los "vehículos" para poner en ellos los activos tóxicos de cada banco, sacarlos de sus balances y deshacerse de ellos en cuanto fuese posible. NI banco malo, ni vehículos, cuando era pequeño, en casa de mi abuela, los había de loza, de hierro esmaltado y, en los últimos tiempos, también de plástico. Se llamaban orinales y servían para lo que servían.
Sabiendo lo que sabemos ahora, porque hasta ahora sólo lo intuíamos y ellos -ministros, gobernador del Banco de España y cerebros grises sobre panzas orondas de analistas y opinadores- lo negaban y nos tildaban de exagerados sólo por pensarlo, sabiéndolo de manera fehaciente, cómo íbamos a dejar que dinamitasen el estado de bienestar delante de nuestras narices.
Ahora, con la didáctica del ministro, podemos llegar a pensar que lo de la mierda de los bancos es sólo un problema más, cuando, en realidad, es el problema. De hecho, pocos o ningún medio de comunicación lo dice claramente. Pero, claro, por ejemplo, en la SER, la información económica la patrocina Bankia, uno de los bancos más afectados, y entre los que opinan hay personajes tan frívolos como una profesora de universidad que tuvo el frívolo descaro de interrumpir una de sus clases -ella misma lo dijo- para hablar del glamour de sus zapatos.
No es de extrañar, por tanto, que esos opinadores tachen de demagogo al vicepresidente andaluz por afirmar que la Junta no aplicará la reforma laboral a sus trabajadores, o que se haga otro tanto cuando alguien se atreva a comparar las indemnizaciones por despido a los trabajadores con las que se llevan los banqueros malos, responsables de todo este desaguisado que, si fuese por el estropicio causado, deberían ir a la cárcel o responder con su patrimonio de la que han organizado.
No hace falta un banco malo. Lo que hace falta es banqueros buenos y, a ser posible, a sueldo del Estado. Porque, si los ciudadanos vamos a pagar los platos rotos, lo justo es que nos quedemos con la vajilla.


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jueves, 3 de mayo de 2012

LIBERTAD DE EXPRESIÓN


Mucho han cambiado las cosas desde que hace ya más de treinta años pise por primera vez la emisora en la que desarrollé toda mi vida profesional como periodista. Cuando lo hice, apenas hacía unos años que este país había recuperado la democracia y, sin embargo, hacía muchos más que el pensamiento de los españoles crecía y se transformaba gracias a una prensa que, pese a las multas, a la cárcel y a la violencia de los de siempre, nunca dejó de sentirse libre.
Hoy, las cosas son distintas y los españoles que vivimos aquello, los que comenzamos a comprar el periódico familiar por unos céntimos de peseta, sí de peseta, sentimos que nos falta el aire cuando contemplamos el panorama actual de la libertad de expresión que, desde 1993, se celebra cada tres de mayo, se celebra en todo el mundo.
La asfixia que sentimos se acrecienta cuando tomamos conciencia de que, como reza la declaración del 3 de mayo como Día Internacional de la Libertad de Expresión, "una prensa libre, pluralista e independiente es un componente esencial de toda sociedad democrática". Y nos falta el aire, porque hace tiempo que, además de lo anterior a una gran parte de la prensa española le falta algo tanto o más primordial: el compromiso con la verdad, del mismo modo que a la sociedad española se le puede reprochar que no proteja como merece y necesitamos esa verdad tan imprescindible.
Desde hace demasiados años, los periodistas han dejado de tener el control de su trabajo. Hace tiempo que el capital ha metido su hocico en las cabecera de los periódicos, no precisamente con buena intención, con lo que los medios han dejado de informar para sus telespectadores, oyentes o lectores, para entregar sus cámaras, micrófonos y rotativas al poder.
En contra de lo que muchos piensan, la libertad de expresión no consiste en que cada uno cuente lo que quiera y cómo quiera. La primera línea de defensa de la libertad de expresión es la defensa de la verdad que, por más que se empeñen algunos, sólo puede ser una. Pero, claro, en este país, mentir, exagerar, ocultar, deformar o cualquiera otra forma de faltar a la verdad se consiente. Y se consiente hasta el punto de que el Gobierno que está desmantelando el Estado de Bienestar en España, el que está podando los derechos de los ciudadanos hasta dejarlos tan mochos como lo estaban en el siglo XIX, se alzó hasta la mayoría absoluta en el parlamento, con un programa electoral y unas promesas que, no sólo nada tienen que ver con lo que están haciendo, sino que, en la mayoría de los casos, lo que hacen es justo lo contrario de lo que dicen.
Por todo lo anterior, a nadie le extraña que el periodista, que es quien, con su oficio, su empuje, su tesón y su curiosidad marcaba la diferencia en los medios, sea hoy la pieza menos valorada de los mismos. Pocos son ya los jóvenes que, mucho mejor de lo que yo lo estaba cuando comencé en esto, no pueden ni imaginar que ese trabajo que están desarrollando les va a dar de comer y les a permitir desarrollar una carrera profesional a lo largo de su vida.
Mal pagados, mal considerados laboralmente estos eternos becarios se usan y se tiran como se usan y se tiran los recambios de las fregonas, porque es fácil encontrar nuevos becarios a estrenar, sin resabios, sin espíritu crítico y, lo que es peor, sin compromiso. Sus compañeros más expertos están dejando de verles como una amenaza o como los chicos de los recados, los "comemarrones" o la "carne joven" de las fiestas, porque, aunque tarde, se están dando cuenta de que defender los derechos de los que llegan es defender los suyos propios. Es una lástima que, tan avispados ellos, no hayan sido capaces de verlo antes. Ahora es, quizá, demasiado tarde.

Antes aquí y ahora, por desgracia, en otros países, los dictadores combatían a quienes luchaban por la libertad de expresión y a quienes trataban de ejercerla con el miedo a la cárcel, a la tortura o, incluso, a la muerte. Hoy lo hacen, no los dictadores, sino quienes ejercen el poder en cualquiera de sus formas, ya sea político o económico, fomentando otros miedos: el miedo al paro, a ser desterrado a un pasillo o a quedar sepultado en el olvido. Antes, si iban a por ti, te quedaba el honor de convertrte en un héroe o, en el peor de los casos en un héroe. Hoy, en lo que te conviertes es en un mero apestado del que, pronto nadie se acuerda y nadie defiende

En fin, lectores, que paséis un feliz "Día Internacional de la Libertad de Expresión", un derecho que, si no estamos para celebrar,  estemos al menos para defenderlo o reconquistarlo.

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miércoles, 2 de mayo de 2012

EL PACTO DE URDANGARÍN


Está muy bien evitar la cárcel a la gente de bien, arraigada y con domicilio conocido. La prisión, la privación de libertad, el rancho, los horarios, la disciplina, las frías comunicaciones regladas, los sórdidos locutorios y el desolador vis a vis son el peor de los castigos para cualquiera, mucho más para quien ha conocido la lana de las alfombras de los palacios.
Por eso veo muy bien que el yerno del rey y su socio Diego Torres esquiven la prisión. No será plato de gusto e, incluso, sería muy complicado garantizar u seguridad y la de sus familias si es que alguna vez acudiesen a visitarles. No sólo se evitarían situaciones complicadas, sino que en época de vacas flacas, los contribuyentes nos ahorraríamos "una pasta".
Como todo el que está medianamente informado he tenido noticias de que Iñaki Urdangarín y el que fuera su socio andan en negociaciones con el tribunal para evitar el banquillo pactando una condena inferior a dos años a cambio de admitir la culpa y devolver lo obtenido ilícitamente. Lo más curioso del asunto, más allá de la maniobra que, por lo que sé, es accesible a cualquier imputado que cuente con un buen abogado, es que el movimiento conjunto del duque de Palma y su socio llega tras el contraataque de Diego Torres, haciendo públicos una serie de correos electrónicos que, de ser aceptados como prueba, comprometerían el papel de la infanta Cristina e incluso el del rey en el caso.
Listo este Diego Torres o simplemente cansado de tener que "comerse un marrón" que no es sólo suyo. Con su golpe de mano ha vuelto a unir su destino al del duque y, si todo va bien -para ellos, claro- ni uno ni otro tendrán que verse entre rejas, como si de vulgares chorizos se tratara, porque si algo ha quedado claro es que no son vulgares.
Ahora, queda por saber cuánto le costará al duque escapar a la cancela. Se habla de que la cantidad a la que habrán de hacer frente "solidariamente"" Torres y él asciende a tres millones y medio de euros, con lo que la parte ducal alcanzaría el millón setecientos cincuenta mil. O sea, una pasta.
Y cabe preguntarse también de dónde va a salir, si se logra el acuerdo, tal cantidad de dinero. Ya hay quien hace cábalas y habla de la Casa Real y hay quien piensa que saldrá de alguna cuenta secreta de esas a las que fueron a parar los 10 millones desviados por la pareja -Torres y Urdangarín, se entiende- a lo largo de su fructífera sociedad.
En ambos casos, la respuesta me produce sarpullido, porque, si sale de la familia política de Urdangarín, de alguna manera sale de nuestros propios bolsillos, algo más que frustrante. Pero, si sale del capital colocado por los encausados en paraísos fiscales ¿quién nos asegura que ese inmenso "pastizal" no ha servido para que los malditos mercados acosen al Reino de España, encareciendo su deuda y llevándonos a la situación en la que estamos.
En fin que siempre pagamos los mismos. O, como dice mi amigo Ángel, de Ávila para más señas, "no hay que luchar contra el destino, porque el que nace tostón, muere gorrino".

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martes, 1 de mayo de 2012

A HACER EL GAMBERRO


Si algo lamento este 1º de mayo es no poder salir a las calles de Madrid a "hacer el gamberro", que diría la indeseable y pendenciera presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. Pero mi salud, una herida abierta en un pie, me conseja no caminar demasiado y, mucho menos, arriesgarme a ponerme bajo un chaparrón que me obligue a pisar más charcos de los que acostumbro pisar.
Lo lamento porque, desde que la democracia volvió a este país, y no precisamente de la mano de quienes ahora pretenden darnos lecciones de ella, mientras nos meten la mano en la cartera, ningún 1º de mayo ha sido tan necesario que las calles se llenen de trabajadores, con y sin trabajo, pensionistas y, sobre todo, jóvenes, para decirle al Gobierno que NO, que este país no quiere suicidarse por más que quienes llegaron al poder desde el todo vale de la mentira y el acoso le tengan ya tejida y al cuello la soga para hacerlo.
No puede ser que este Gobierno, elegido ingenuamente gracias al voto de muchos ciudadanos que ingenua o interesadamente creyeron sus mentiras imposibles, pretenda que las dentelladas de la crisis sólo alcancen los tobillos de la gente más humilde y necesitada. Todo, absolutamente todo lo que vienen haciendo desde hace cuatro meses, ha perjudicado a los mismos. A las grandes fortunas, a la banca que sigue taponando la salida a la crisis, a la iglesia católica, perro guardián de unos valores trasnochados e interesados que consagran la servidumbre del ser humano a los poderosos, a todos esos, no les ha tocado ni un pelo de la ropa.
Mientras, al resto les ha recortado los ingresos y las prestaciones a las que tiene derecho después de años de cotización y lucha, mientras, una mentira más, les ha subido los impuestos, el transporte, la luz, los medicamentos, las tasas universitarias y un largo etcétera de gastos que acabarán por asfixiarnos.
Y no sólo eso. Haciendo gala de una especie de sadismo calculado, el presidente guadiana que tenemos se permite el lujo de anunciarnos que, cada viernes, nos sorprenderá con un nuevo recorte y, parece además, que con la venta de gran parte de lo que es el patrimonio de todos los españoles. Han venido a liquidar la nación para ponerla en manos de sus amigos y están dispuestos a hacerlo cuanto antes, por si no llegan al final de la legislatura.
Nunca como hoy será necesario llenar las calles, porque los populares, cada vez más impopulares, se han propuesto llegar a la orilla del déficit cero en la que les espera Angela Merkel, agarrando por el cuello a todo el que encuentren en su camino, hundiéndole en el fango.
No hace tanto, el secretario general de los socialistas, Alfredo Pérez Rubalcaba, ha equiparado a los ministros de Rajoy como un hatajo de pollos sin cabeza que corren enloquecidos sin saber a dónde. Yo más bien creo que, como digo, son como esos inconscientes que se lanzan al agua sin saber muy bien lo que es nadar y sin conocer la profundidad del río y que, mientras salen del aprieto, se agarran al cuello del que pillan y lo ahogan.
Hoy es 1º de mayo y hoy, insisto, más que nunca, es tiempo de echarse a la calle, que, como escribio Celaya, ya es hora de pasearnos a cuerpo. En otras palabras ya es hora de ir a la calle a"hacer el gamberro", mal que les pese a Aguirre y los que son como ella.


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