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miércoles, 25 de enero de 2012

TÚ ME ACOSTUMBRASTE


Acababa de compartir en Facebook "Tú me acostumbraste", ese deliciosao bolero que escribiera Frank Rodríguez y que se hizo inmortal en las voces de Elena Burke, Olga Guillot o Chavela Vargas, cuando, al abrir la edición digital de EL PAÍS, me he dado de bruces con la noticia de que Google ha decidido -por su cuenta, claro- unificar las bases de datos de todos sus usuarios, sin que a estos les quede otra que "tragar" con las nuevas condiciones, porque, como las lentejas, o las tomas o las dejas.
Al enterarme, no he podido más que recordar los versos del bolero, que le vienen como anillo al dedo a los gestores de Google.  
"Tú me acostumbraste, a todas esas cosas,
Y tú me enseñaste, que son maravillosas,
Sutil, llegaste a mí, como una tentación,
Llenando, de inquietud, mi corazón,
Yo no concebía, como se quería,
en tu mundo raro, y por ti aprendí,
Por eso me pregunto, al ver que me olvidaste,
Porque no me enseñaste, cómo se vive, sin ti” 
Google ya nos tiene en sus brazos, entregados. Es el dueño de la maquinaria que difunde nuestros blogs, del sistema operativo de nuestros móviles "android", conoce nuestros hábitos de búsqueda... y conoce a la perfección qué música nos gusta, qué leemos, dónde pasamos nuestras vacaciones, con quién nos relacionamos o qué nos interesa en política, religión, cultura o deporte, como sólo un amante celoso conoce los hábitos y las debilidades del objeto de su delirio.
Google acaba de decirnos eso de si no sois míos no seréis de nadie. No sé por qué, pero me he puesto un poco nervioso.
 

viernes, 20 de enero de 2012

CASTRAR A UN TIGRE


Al FBI no le gusta la circulación libre de la información, Ya pasaba en tiempos de ese ser contradictorio y a menudo despreciable, Edgar Hoover, que, con la ley y el orden como excusa, anduvo, por ejemplo, husmeando la bragueta de Martin Luther King.
La poderosa Oficina Federal de Información acaba de cerrar Megaupload, uno de los portales de descargas en la red con mayor volumen de tráfico, y dicho cierre ha desatado de nuevo el debate larvado de un tiempo a esta parte sobre todo lo concerniente a la propiedad intelectual.
El cierre de Megaupload puede ser sólo el principio de una ofensiva mayor que lleve al cierre de instrumentos de comunicación tan importantes hoy día como Google o, por qué no, Youtube, Twitter o el mismo Facebook.
Resulta curioso que la razón aducida para el cierre es la de que los responsables del portal se lucraban con el tráfico de archivos generadores de derecho de autor. Yo me pregunto entonces para cuándo el cierre de Movistar, Orange, Vodafone y cualquier otro operador de telefonía que viven de la circulación de megas y megas de música, cine, literatura e información, pública o privada, por sus canales de distribución de Internet a cambio de importantes mensualidades.
Yo, que he tenido cerca y he sufrido el mal entendido negocio de la música, tengo que rebelarme contra este abuso que, de ir más allá o, simplemente, de no dar marcha atrás, nos llevará de nuevo a la tiranía de las discográficas que deciden qué debemos consumir, dónde y cuándo, cono ocurría no hace tanto, cuando los sobres, los favores y la cocaína tenían más que decir sobre éxitos o fracasos que el libre juicio de los consumidores de esos productos musicales.
Internet y todas las herramientas que han crecido y se han extendido en ella han roto el embudo a través del cual los propietarios de las industrias culturales decidían que autores publicaban, cuánto tiempo permanecían sus libros en los estantes o cuando quedaban descatalogados. Eso por no hablar de las fronteras que nos impedían conocer otras músicas, otras literaturas u otro cine.
El embudo ha dejado de serlo y, ahora, nadie o casi nadie decide qué debe gustarnos.
Los éxitos no los decide la cadena de turno y, en esencia, las obras de un autor o un músico consagrados tienen las mismas oportunidades en la red que la de un desconocido.
La música, la literatura y el cine han evolucionado en estos últimos años como no lo habían hecho nunca y ha sido gracias a la red y a que la red impide el control absoluto de la distribución. Si sigue adelante esta barbaridad, si se cierran los canales donde los usuarios cuelgan y retiran lo que quieren difundir o conocer, volveremos a las tinieblas. Eso, sin olvidar que esos espacios de libertad sirven también para que quienes carecen de ella puedan conquistarla.
A quienes ostentan el poder, que se parecen demasiado entre ellos, no le gustan los rugidos ni la agresividad del tigre. Por eso quieren castrarlo. Ahora bien, si lo hacen, lo que tendrán ya no será un tigre. Quizá lo que ocurre es que es precisamente eso lo que pretenden.

viernes, 2 de diciembre de 2011

BENDITAS REDES

Sí ¡benditas redes! Quién me iba a decir hace sólo unos años, cundo, como casi todos, vivía alegre y confiado en una sociedad aún más alegre y confiada, que ese "invento" de las redes sociales, creado por y para jóvenes, para al que atribuía -tics de viejo "progre" que todavía le persiguen a uno- toda una serie de perversaintenciones de control sobre la sociedad.
Qué equivocado estaba. No porque quienes lo persiguiesen no lo hayan intentado ni vayan a seguir intentándolo, sino porque la "herramienta" es tan simple y tan liviana que hace imposible su control absoluto y, mientras quede abierto un resquicio para la libertad, por él va a salir a borbotones.
La principal virtud de las redes sociales -yo uso facebook y lo uso con bastante intensidad, es que han doblado el mapa, convirtiéndolo en una bola de papel en el que todas las coordenadas coinciden en una, poniendo en contacto a quienes, en la realidad, están separados por miles de kilómetros y, centenares de escalones en la sociedad.
Lo bueno de esta nueva manera de comunicarse es que se extiende como y con la fuerza del agua, que cuando intentan frenarla se refuerza en la presa y rompe los muros con que quieran retenerla. Lo mejor es que, por más que intentemos maquillarnos y emboscarnos en ella, y todos lo hacemos un poco, al final acabamos por asomar fuera del disfraz o el escondite y aparecemos más desnudos y más ciertos de lo que pensábamos.
A mí, las redes me han devuelto amigos, me han permitidosegur sintiéndome útil, cuando "los que dicen saber" te apartan de un plumazo de tu trabajo, tus ilusiones y tus compañeros, y, sobre toso, me han regalado felices sorpresas que no era capaz de imaginar.
Y, cómo no, ha roto las puertas que los dueños del parchíshan pretendido poner al campo abierto de la cultura. Nunca hemos tenido mayor acceso que ahora a las ideas, la música, la literatura y el arte. Nunca la belleza ha estado, como ahora, en la punta de nuestros dedos, nunca la hemos tenido tan cerca y nunca ha sido tan nuestra.
A los jóvenes, en momentos en que ser joven es lo más difícil, les ha dado una tribuna para expresar sus angustias, para divertirse, para crear, reís y gritar. También, la lucidez para saber que también ellos tienen el derecho y el deber de intentar cambiar el mundo y la fuerza para hacerlo.
Por todo ello ¡benditas redes!

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