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martes, 19 de abril de 2016

EL PROBLEMA ES LA OBEDIENCIA


Lo vi escrito en una pared, en una pintada ácrata que, como casi todas las consignas de quienes creen más en el hombre que en el sistema. era clara, sencilla e inapelable. Se me vino al pensamiento tras conocer la valiente decisión de la fiscalía de Santiago de Compostela que, tras estudiar la demanda presentada por familiares de seis enfermos de hepatitis C, fallecidos después de que la Consellería de Sanidade les negase "por razones presupuestarias" el costoso tratamiento son Sovaldi prescrito por sus médicos. No sé en qué basará la defensa de los dos altos cargos de la Xunta investigados, pero no hay que ser muy despierto para suponer que, como los guardias civiles que asaltaron el Congreso de la mano de Tejero, alegaran la obediencia debida con la misma naturalidad que Cristóbal Montoro achacó a la compra de tan carísimo como eficaz medicamento parte de la desviación del déficit y, con ello, tratarán de marcharse "de rositas".
Quien hizo la pintada tiene toda la razón, nuestro problema no es la crisis, nuestro problema, nuestro mayor problema es la obediencia, esa obediencia ciega, cuando no interesada, a quien toma decisiones obedeciendo a su vez a quien las toma obedeciendo las injustas consignas que vienen de Bruselas. Pero, claro, una carrera política es una carrera política y no hay que echarla a perder por tener un poco de humanidad a la hora de tomar decisiones tan graves.
Supongo que será eso lo que aleguen pero, al menos a mí, me va a costar creerles, porque no me cabe en la cabeza que todo un director general de  Asistencia Sanitaria y toda una subdirectora general de Farmacia, con juramento hipocrático o sin él, puedan tomar una decisión como esa a sabiendas de que estaba en juego la vida de ocho seres humanos, Estos altos cargos se saltaron sus propios protocolos, supongo que para obtener el "bien mayor" de cuadrar las cuentas, una decisión injusta a todas luces que les coloca ahora bajo la acusación de prevaricación.
Se da además la circunstancia de que un enfermo de Lugo salvo la vida porque la doctora que le atendía antepuso la salud de su paciente al protocolo y "puenteó" a los dos altos cargos investigados, escribiendo repetidamente a la entonces consejera que, finalmente, autorizó el tratamiento. No sé qué podrán estar pensando los médicos que atendieron a los seis pacientes fallecidos, pero seguro que, de poder hacerlo, ahora mandarían el procedimiento al carajo.
Obedecer no siempre es bueno, obedecer, entiéndaseme, reglamentos y normas injustas, obedecer a quienes se refugian detrás de un escritorio, dos o tres secretarias y un cargo para quedarse sordos y ciegos ante la injusticia, obedecer a quien es incapaz de librar de los presupuestos el dinero necesario para salvar seis vidas y se lo gasta en una campaña publicitaria, no siempre necesaria, no siempre honrada.
A quien únicamente hay que obedecer siempre es a la propia conciencia, una conciencia educada en el respeto por el bienestar de los demás, sea cual sea su origen, una conciencia que nunca se plantee qué pierde y que gana en cada decisión, una conciencia clara que permita sostener ante el espejo lo que se dice en público, una conciencia que, por las noches, nos deje cerrar los ojos y dormir. 
Supongo que, para el fiscal que ha pedido que se investigue a estos altos cargos de la Xunta, lo más fácil hubiese sido obedecer las viejas maneras y someterse a ese dejarse llevar que, hasta ahora, ha garantizado una carrera plácida, quizá aburrida, pero con final feliz. Sin embargo, ha tomado la valiente decisión de salirse del carril y nos ha demostrado que, a veces, el problema está en obedecer sin pararse a pensar si la norma que obedecemos es justa.

lunes, 5 de enero de 2015

MI CARTA A LOS REYES



Queridos reyes magos, perdón por las prisas de última hora y por la ausencia de mayúsculas, pero es que últimamente no se las pongo ni a dios, os escribo la carta que hace ya muchos años os debía. Yo, como casi todos los españoles y no me refiero a gobierno ni a la mayoría de los diputados, este año he sido bueno, demasiado bueno, diría yo, casi gilipollas y os pido perdón otra vez por el taco, porque me han hecho, nos han hecho, de todo y en todas partes. Pese a eso y porque, después de cotizar durante casi un cuarto de siglo, disfruto de una pensión de incapacidad suficiente para subsistir y ayudar a subsistir a los míos, apenas pido nada para mí y sí mucho para quienes tengo cerca y para este país hasta ahora abandonado a su suerte por quienes han sido elegidos y cobran, y cómo cobran, para velar no por las patrias ni por los símbolos, sino por los ciudadanos, todos, que son lo único que debiera importarles.
Por eso os pido, en primer lugar, que no os gastéis el dinero en carísimos juguetes pata esos señores de uniforme a quienes les gusta jugar con soldaditos, aviones, barcos, cañones y misiles. Tampoco en cascos porras, escudos, pistolas y pelotas de goma para quienes juegan a defender a los malos de los buenos, Preferiría, si me aceptáis el consejo, que empleaseis toda esa pasta, que es mucha,  en hacer llegar el Sovaldi o cualquier otra medicación que les cure, a los enfermos de hepatitis C, que, sin él, empeorarán su estado hasta llevarles a la peor de las muertes. Os ruego, de paso y encarecidamente, que les hagáis ver que, pese a lo que piensan, se duerme mejor con el respeto de los ciudadanos y la satisfacción que con una cuenta en Suiza o en cualquier otro paraíso fiscal o con el culo puesto en el consejo de administración de unos laboratorios o uno de esos "fondos buitre" de batas de colores que tratan de apoderarse de la magnífica sanidad de la que disfrutábamos y que, con nuestras cotizaciones y nuestros impuestos hemos pagado todos. 
También os pido, queridos reyes, que echéis un vistazo a la justicia, poniendo carbón, donde haga falta, por ejemplo en la fiscalía del Tribunal de Cuentas para que de una vez por todas meta mano a los partidos políticos, en cuyos números, dice, lleva años viendo irregularidades, pero no para ahí la cosa, porque también os pido un juzgado -el que tenía u otro nuevo- para el juez Elpidio Silva al que le quitaron el suyo los vecinitos de arriba porque molestaba grandemente a los gamberretes de sus amigos, especialmente a un tal Miguelín Besa, al que encerró dos veces en el cuarto oscuro. También te pido algo, lo más caro, para el juez Ruz: tiempo. Tiempo para que él, que es muy aplicado, pueda hacer todos los deberes que tiene pendientes y sentar en el banquillo a cuanto sinvergüenza ha pasado todos estos años por su juzgado, tenga los padrinos que tenga, se llame como se llame u ocupe los cargos que ocupe.
Te voy a pedir, yo, que no creo en dioses ni en iglesias, que conserves la salud de este buen jesuita argentino que, con el nombre de Francisco, ocupa el sillón de Pedro, que no las habitaciones de sus antecesores Y, de paso, un buen coscorrón, vale el de los peregrinos de la catedral de Santiago, para ese ser desagradable, apellidado Rouco Varela, que, durante años, solo ha vivido para dividir a los españoles y para meterse en lo que no debe de la vida de los ciudadanos. El coscorrón es para que, del golpe, se le recoloquen las pocas ideas que debe albergar su atormentada cabeza y aprenda a ser coherente con la doctrina y la vida que trata de imponer, a sus feligreses y a los que no lo son, mientras él vive como un pacha, a costa del dinero que la iglesia católica debería destinar, y más en estos tiempos, a quienes más necesitan en lugar de pagar el lujoso tren de vida del cardenal jubilado.
Para Jorge Fernández Díaz, el ministro de la porra, las concertinas y las devoluciones en caliente, os pido un buen susto. Un susto como el de ponerle solo y sin papeles, tan calvo y tan blanquito, en la frontera de cualquier país africano con problemas -ya sabéis, ébola, guerra, persecuciones religiosas o hambre- para que compruebe la que sin duda es proverbial hospitalidad africana.
Para Wert, no se me ocurre nada, salvo obligarle a llenar y vaciar una y otra vez las carboneras de su amado, protegido y condecorado Colegio del Pilar y, por ir acabando, que sé que esta noche andáis muy atareados, prefiero que el regalo se lo hagan todos los españoles desengañados y ahora parece que avergonzados por haberle votado en 2011 y todos los que se quedaron en casa o votamos otras opciones que también han acabado defraudándonos.
En fin, queridos reyes, esta es mi carta de este año. Espero no haberos molestado y que no os resulte difícil atender mis peticiones. Por cierto, como os veo con barba y por si sois hipsters, os dejo un cup cake  y un gin tonic de Fever Tree y ginebra premium, con ensalada en el vaso, para cada uno.
Que tengáis buena noche y gracias.


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