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jueves, 11 de septiembre de 2014

DEMASIADOS ELOGIOS


Sé que no está bien visto hablar mal de los muertos y más si el finado está aún de cuerpo presente, pero lo las últimas horas con Emilio Botín me parece demasiado. Entre otras cosas, porque quienes lo hacen son cualquier cosa, menos coherentes, y porque se nota demasiado que quienes los hacen, o sus empresas, tienen la lengua o la pluma cautivas de un poder que en España, y en Occidente en general, es excesivo y, si no quita y pone gobiernos, que al menos lo intenta, sí, seguro, influye en sus decisiones.
No hay más que pararse a mirar en los consejos de administración del Santander o de las empresa por el participadas, para encontrarlos granados de ex ministros y es altos cargos de los diferentes gobiernos de uno y otro signo, Guillermo de la Dehesa (PSOE) y Rodrigo Rato (PP) ene l consejo del "banco rojo", qué ironía, sin ir más lejos. No hay más que recordar de qué manera tan indisimulada se libró al banquero desaparecido de una importante condena en la Audiencia Nacional en el tenebroso asunto de la cesión de créditos, tan tenebroso como el de las preferentes, en el que también participó su banco.
Y no sólo esos dos casos, también y más vergonzoso, para nosotros, y vergonzante, para el gobierno que lo dio, el indulto concedido por Zapatero en el último minuto del último consejo de ministros a Alfredo Sáenz, consejero delegado del banco de Botín, condenado por el Supremo a tres meses de prisión y, lo que es peor, a la inhabilitación para trabajar en el sector, que le hubiese obligado a dejar la vicepresidencia del banco.
Lo decía antes, con sus retiros dorados, con sus elogios zalameros a las políticas de los diferentes gobiernos, con los créditos para campañas electorales a unos y otros partidos, se compra la voluntad de muchos gobiernos y se encoge el corazón de otros. Entre otras cosas, porque los bancos han sido y son testigos mudos y colaboradores necesarios para la mayoría de los delitos de corrupción y no hay más que ver la remolonería con que responden cuando son requeridos por la justicia para investigar a sus clientes. Recuerdo que de pequeño me decían que hay que tener amigos hasta en el infierno, algo de lo que no se preocupan los banqueros, porque el infierno son ellos.
Se compran voluntades de políticos y se compran también las de los periodistas y los medios de comunicación. Y hay muchas maneras de hacerlo, una es la obvia la tan evidente y rancia del regalo en especie, tan practicada en tiempos en la que, recuerdo, por estar presente en la asamblea general de un banco, regalaban la estancia en un hotel de lujo y un ordenador, cuando había, como mucho, uno por calle. Otra es la concesión de créditos imposibles a intereses de risa. Otra, más sibilina, es la de patrocinar cursos y ciclos de conferencias en los que una charla de hora y media se paga como dos semanas de trabajo y coordinar un curso no quiero ni pensarlo.
Son años de servidumbres que acaban por levantar un muro protector en torno a quien las cultiva, otorgándole una especie de omertá y un control de daños en los telediarios y en las primeras que, en más de una ocasión, ha salvado el negocio. Son las miserias que llevan al elogio desmedido de personajes que, como Emilio Botín, practican santificándose lo que en otros sería considerado grave pecado; la usura, la mentira, el chantaje, la extorsión, etc.
Se nos ha dicho por activa y por pasiva que los grandes problemas de nuestro país han sido la destrucción del tejido industrial y la economía especulativa. Pues bien, ayer que tocaba cantar las excelencias del muero, se nos dijo que su mayor mérito había sido iniciar la transformación de la banca industrial en banca financiera, Ver para creer. Del mismo modo se contabilizó entre los méritos de Botín la rapiña, ese ejercicio de piratas de tierra firme que saqueaban cuantos barcos naufragan en sus costas y que Botín ha practicado en Reino Unido y América Latina, comprando baratos los restos de bancos hundidos por la crisis. Demasiados elogios, en fin, para quien como tantos y tantos héroes de la banca ha construido su prestigio sobre el sudor y el llanto, a veces también la sangre, de otros.



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sábado, 26 de octubre de 2013

LIQUIDACIÓN POR DERRIBO

 
 
Me diréis que llego tarde, pero ocurre que me he visto obligado a elegir y por eso esta entrada, dedicada al señor Botín -nuca un apellido fue más adecuado- a Bill Gates, Carlos Slim, y el resto de buitres que revolotean las ruinas e lo que un día fue la España alegre y confiada y ya no lo es, llega con un cierto desfase, pero no llega tarde, porque el fenómeno al que aludo en ella lleva tiempo produciéndose en un país cuyos empresarios se volvieron locos pensando que todo lo que tocaban acabaría convirtiéndose en oro y, para decepción de estos nuevos midas y para desgracia nuestra, acabó en algún paraíso fiscal o convertido en papel mojado y frágil. No hay más que ver como, por la codicia o la locura suicida de quienes en ellas tomaban las decisiones, empresas prestigiosas y solventes, yo trabajaba en una, han acabado descapitalizadas, financiera, profesional y moralmente, además de haber caído en manos de fondos carroñeros que las compran, como algunas navieras compran pecios o barcos a punto de hundirse, para desguazarlas y vender lo que de valor quede en ellas.
Ha sido Botín, de gira por Nueva York, la capital del mundo financiero, quien ha dado el pistoletazo de salida, quien, con los ministros del gobierno a coro, con Luis de Guindos a la cabeza, ha comenzado a cantar a pleno pulmón el aparentemente desinteresado afán de inversores de medio mundo por regar con su dinero el desolado panorama español. Aunque bien es verdad, y lo callan, que quienes compran participaciones en empresas españolas o quienes se están haciendo con gran parte del patrimonio inmobiliario de nuestro país. Personajes con mucho capital acumulado con negocios diversificados que esperan la mejor ocasión para comprar barato lo que, nadie me lo puede quitar de la cabeza, han contribuido a arruinar.
Lo sé, porque eso ha pasado en nuestros pueblos y ciudades y pasa y pasará en las mejores familias, cuando la interesada solidaridad de algunos se ofrece para comprar a precio de liquidación lo que quien está al borde de la emigración o el desahucio deja detrás. Y duele saber que uno de ellos ha sido el otrora admirado Bill Gates que ha destinado trece millones de su enorme fortuna a comprar el 6% de la constructora FCC.
Curioso que, embarcados en la ola de euforia que ha recorrido los medios hayan sido pocos quienes han subrayado el dato más importante del asunto y que no es otro que comprobar lo barata que se vende España, porque debería preocuparnos que una de las constructoras más importantes del país del cemento y del ladrillo está valorada sólo en 225 millones de euros. No, no me gusta esta lluvia de dinero, por más que a Emilio Botín le encante. Pero, claro, lo suyo es tan comprensible como lo mío.
Yo estoy asistiendo, ya desde fuera, a la liquidación de una gran empresa que ahora está en manos de uno de esos fondos que eufemísticamente llaman "de capital-riesgo", mientras él ha construido gran parte de su imperio comprando bancos a precio de saldo en economías que, como ahora la nuestra, estaban entonces en liquidación por derribo.
 
 
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viernes, 18 de octubre de 2013

EL CHOCOLATE Y EL LORO

 
Empapado aún por la baba que destila el obispo portavoz de la Conferencia Episcopal Española, Juan Antonio Martínez Camino, que, al estilo de los César Vidal y Pío Moa, se las ha arreglado para darnos una lección de "su" historia y ha perdido el tiempo, oro en la radio, desoyendo, cuando no reinterpretando a su gusto y sin ningún respeto, las sencillas y claras palabras del papa y arremetiendo contra el matrimonio igualitario, sin dedicar un solo segundo, ni dar oportunidad para ello, a hablar de la pobreza en que viven millones de personas en este país que gobiernan sus amiguetes y que tan poco parece interesarle.
Tenía que decirlo, porque, aunque mi intención al comenzar a escribir esta entrada, este tipejo, cínico y mentiroso, me pone "de los nervios". Pero vamos a ello, porque tiene bemoles (cojones) que fuese precisamente ayer cuando se conocieron las nuevas intenciones de meter, no ya las tijeras, sino toda una cizalla a lo que es de todos, pobres y ricos, para compensar un déficit que sigue esperando a que los ricos pongan de su parte para enjugarlo, pagando por su patrimonio o sus empresas o a que la iglesia de Martínez Camino, que tiene otros ingresos, o los Ejércitos sufran solidariamente y también los recortes que padecemos los demás.
Doce millones de pobres en España, tres de ellos con menos de trescientos euros al mes, apenas diez al día, no conmueven a Martínez Camino, ni mucho menos a Emilio Botín que ayer, entre carrera y carrera de Fórmula 1, se paseó por Nueva York, para decir a los cuatro vientos que el dinero llueve sobre España. Pues claro que llueve e dinero. Del mismo modo que llueve sobre los puestos de libros de El Rastro o de la cuesta de Moyano, porque qué mal ha de pasarlo alguien que se ha pasado toda una vida haciendo una biblioteca, algo personal e intransferible, que tanto habla de uno, para verla desguazada libro a libro sobre el suelo o, en el mejor de los casos en un mostrador improvisado. 
No es sólo una estampa que sirve de metáfora perfecta para mostrar lo que está pasando en España.
El dinero de los fondos buitre, el de las mafias, el de quienes quieren pasar un tranquilo retiro en nuestras costas, en viviendas compradas a precio de saldo, el de empresas que meten su cuchara en la herida de familias acogotadas, incapaces de hacer frente a sus deudas, para hipotecarles y quitarles lo poco que les queda... ese es el dinero que llueve sobre España. Y, mientras nos lo quitan todos, el colchón del Estado de Bienestar que durante tantos años hemos pagado, también lo están saldando y nos, cuando nos quedamos sin trabajo, sin vivienda, enfermos o incapaces siquiera de emigrar, ya no nos queda nada más que la calle y la caridad.
Cuando nos está pasando todo esto nos enteramos de que el Gobierno ha prometido a Bruselas, sin que le importe haber venido diciendo hasta ayer mismo lo contrario, recortar 17.500 millones de euros más, de aquí a 2015. Algo que no proclaman a los cuatro vientos como lo de que España ya no tiene problemas porque es un ejemplo para el mundo. No sé qué va a ser de estos señores cuando pierdan el gobierno, que lo perderán. Tendrán que emigrar a alguno de sus paraísos o se verán obligados a llevar escolta el resto de su vida, porque es mucho el daño que han hecho y muchos quienes viven desesperados por su culpa.
De siempre se ha dicho, en una perogrullesca lección de Economía, que recortar en determinados gastos, los que afectaban a quienes los hacían, gastos de protocolo, comidas viajes en primera, hoteles de cinco estrellas, era ahorrar en el chocolate del loro. Pues bien estos señores que han venido a desmantelar España en cuatro años se han quedado con el loro, con nuestro chocolate y, de paso, con el pan.
 
 
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